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El presidente de EE.UU. arrancó su intervención en el foro de Davos cargando contra sus supuestos aliados europeos. "Algunos son amigos míos y no quiero ofenderles, pero están irreconocibles. Y no en el buen sentido de la palabra. "No va en la buena dirección", apuntó.
“Europa no va en la buena dirección”. Así arrancó Donald Trump su intervención en el foro económico de Davos. El presidente de EE.UU. bromeó incluso: “Hay algunos enemigos por aquí”. Trump llegó a Davos en plena tensión creciente por su ambición anexionista sobre Groenlandia, territorio de Dinamarca, un aliado de la OTAN, así como con Canadá.
“Algunos son amigos míos”, dijo Trump sobre los líderes europeos, “y no quiero ofenderles, pero están irreconocibles. Y no en el buen sentido de la palabra. ”No va en la buena dirección“, apuntó.
El presidente de EE.UU. cargó contra las políticas migratorias europeas, pero también energéticas, centradas en el “engaño del cambio climático”.
“Nosotros hemos quitado molinos de viento y hemos abierto plantas de energía”, apuntó Trump, en relación con la reapertura de minas de carbón así como de su política extractiva masiva.
Para el mandatario, Europa debe “corregir su dirección” y advirtió que si Estados Unidos cae, Europa caerá con ellos, y que si, por el contrario, los norteamericanos avanzan los europeos los seguirán, en un esfuerzo de vincular los intereses comunes a ambos lados del Atlántico pese a las tensiones a propósito de Groenlandia.
Asimismo, criticó la “sabiduría convencional” que ha dominado Estados Unidos y Europa que ha llevado a un aumento del gastos público y “inmigración masiva sin control y infinidad de importaciones extranjeras”.
“Amo Europa y quiero que a Europa le vaya bien, pero no está avanzando en la dirección correcta”, insistió el mandatario, que recordó sus raíces europeas frente a la élite trasatlántica congregada en Davos.
Además, Trump criticó políticas de energías renovables, el bajo gastó de defensa en la OTAN y dijo que la única manera de conseguir cosas es esa alianza es usar “excesiva fuerza”, pero aseguró que “no lo voy a hacer”.
El presidente de EE.UU. afirmó también que quiere entablar “negociaciones inmediatas para la adquisición de Groenlandia”, que Estados Unidos es el único país del mundo que puede garantizar su seguridad y recordó que durante la II Guerra Mundial defendieron ese territorio en nombre de Dinamarca.
Antes de viajar a Davos, Trump insistió en su deseo de anexionar Groenlandia, un asunto que preocupa mucho en el seno de la Unión Europea (UE) y de la OTAN, de los que Dinamarca es país miembro, y al ser preguntado sobre hasta dónde estaría dispuesto a llegar para adquirir la isla, respondió diciendo “ya lo verán”.
Y también restó importancia a las posibles represalias de Europa, varios de cuyos líderes y de la UE han respondido con enfado a las amenazas del republicano y han sugerido que podrían optar por suspender el acuerdo comercial suscrito con Washington el pasado verano o utilizar el instrumento anticoerción de los Veintisiete, también conocido como la “bazuca” comercial.
El presidente estadounidense llegó a la ciudad alpina en helicóptero con varias horas de retraso sobre lo previsto inicialmente, después de que el avión presidencial, el Air Force One, sufriera una pequeña avería al salir del país y tuviera que volver a Maryland.
En su discruso, Trump lanzó un ultimátum a los aliados europeos de la OTAN: “Pueden decir sí, y lo agradeceremos mucho; o pueden decir que no y lo recordaremos. Una América fuerte y segura significa una OTAN fuerte, y esa es una de las razones por las que trabajo cada día para garantizar que nuestro ejército sea muy poderoso”.
El presidente de EEUU también dudó de la lealtad de sus aliados de la OTAN, incluso cuando la única vez que se activó la cláusula de defensa colectiva fue tras activarla Washington después del ataque a las Torres Gemelas, que llevó a la invasión de Afganistán. “Pero el problema con la OTAN es que nosotros estaremos ahí por ellos al 100%, pero no estoy seguro de que ellos estarían ahí para nosotros si les pidiéramos ayuda”, dijo Trump, obviando la invasión de Afganistán: “Alemania, nos están atacando, estamos siendo atacados por tal y tal nación. Y no estoy seguro de que estarían ahí. Sé que nosotros estaríamos ahí para ellos. No sé si ellos estarían ahí para nosotros. Así que, con todo el dinero que gastamos, con toda la sangre, el sudor y las lágrimas, no sé si estarían ahí para nosotros”.
“Tengo un enorme respeto tanto por el pueblo de Groenlandia como por el pueblo de Dinamarca, un enorme respeto”, dijo Trump, “pero todos los aliados de la OTAN tienen la obligación de ser capaces de defender su propio territorio. Y lo cierto es que ninguna nación o grupo de naciones está en condiciones de garantizar la seguridad de Groenlandia, salvo Estados Unidos, cuyo poder es mucho mayor de lo que la gente cree. Creo que eso quedó claro hace dos semanas en Venezuela”.
“Solo Estados Unidos puede proteger esta gigantesca masa de tierra, este gigantesco trozo de hielo, desarrollarlo y mejorarlo y hacer que sea bueno para Europa y seguro para Europa y bueno para nosotros”, sostuvo Trump: “Y esa es la razón por la que busco negociaciones inmediatas para discutir una vez más la adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos, al igual que hemos adquirido muchos otros territorios a lo largo de nuestra historia, como han hecho muchas de las naciones europeas, no hay nada de malo en ello”.
Y agreó: “Todo lo que Estados Unidos pide es un lugar llamado Groenlandia, donde ya lo teníamos como fideicomisario, pero que devolvimos respetuosamente a Dinamarca no hace mucho, después de derrotar a los alemanes, los japoneses, los italianos y otros. En la Segunda Guerra Mundial, se lo devolvimos. Todo lo que queremos de Dinamarca es seguridad internacional y mantener a raya a nuestros enemigos potenciales, muy peligrosos; es esta tierra en la que vamos a construir la cúpula dorada más grande jamás construida. Estamos construyendo una cúpula dorada que va a defender Canadá”.
En este punto, lanzó un ataque al primer ministro canadiense, Mark Carney, quien hizo un discurso en defensa del derecho internacional y las reglas en Davos en oposición a Trump: “Por cierto, Canadá recibe muchos regalos de nosotros, deberían estar agradecidos, pero no lo están. Ayer vi a su primer ministro. No se mostró muy agradecido: Canadá vive gracias a Estados Unidos, recuerda eso la próxima vez que hagas declaraciones, Mark”.

Las declaraciones del presidente estadounidense sobre la dependencia de la Alianza Atlántica reavivaron el debate sobre el equilibrio de poder entre Washington y Europa, y provocaron una respuesta que marcó un punto de inflexión en el discurso europeo.
El Foro Económico Mundial de Davos volvió a ser escenario de tensiones geopolíticas luego de que Donald Trump afirmara que “la OTAN no es nada sin Estados Unidos”, una frase que sintetiza una visión histórica del vínculo transatlántico basada en la supremacía militar y política de Washington. La declaración no pasó inadvertida y encontró una respuesta directa en la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien expuso los límites de esa lógica.
“Perfecto. Entonces Europa cerrará las bases estadounidenses, romperá los acuerdos comerciales preferenciales y, para que el mensaje llegue, también boicoteará a McDonald's”, ironizó Meloni, en una intervención que combinó sarcasmo y advertencia política. Más allá del tono, el mensaje fue claro: Europa no está dispuesta a aceptar una relación basada en la subordinación.
El intercambio puso en evidencia una discusión de fondo que atraviesa a la OTAN y a la política internacional desde hace años: el reparto de responsabilidades en materia de defensa y el costo político de la protección militar. Para Trump, la seguridad europea aparece como una carga unilateral asumida por Estados Unidos. Para varios líderes europeos, en cambio, se trata de una alianza entre socios con intereses y capacidades propias.
“La cruda realidad es que si Washington quiere hablar como si la protección fuera un favor en un solo sentido, Europa puede responder como un socio con influencia, no como un dependiente que pide permiso”, señalaron fuentes cercanas al debate. En ese marco, la reacción de Meloni fue leída como un gesto inusual de firmeza en un continente que, históricamente, ha evitado confrontar de manera directa a Estados Unidos.
El cruce en Davos dejó al descubierto un cambio de clima. Frente a discursos que plantean la dependencia como argumento de poder, Europa empieza a ensayar respuestas basadas en límites, autonomía y reciprocidad. Para muchos analistas, más allá de los nombres propios, el episodio refleja una redefinición inevitable del vínculo transatlántico en un mundo cada vez más fragmentado y multipolar.
NB

Mark Carney reconoce que las reglas internacionales se aplicaron historicamente de forma asimétrica y llama a los países medianos a colaborar en un mundo gobernado por los intereses de los grandes poderes. No se mostró muy agradecido: Canadá vive gracias a Estados Unidos, recuerda eso la próxima vez que hagas declaraciones, Mark", respondió el presidente estadounidense. El discurso entero de Carney.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, suscitó el aplauso de los grandes empresarios transnacionales, políticos y comentaristas reunidos en la nueva edición del Foro Económico Mundial, que se celebra en Davos (Suiza). Con un discurso pragmático, el líder canadiense dio el martes por finiquitado el “orden internacional basado en reglas” al que apelan los países occidentales, tras reconocer que está sustentado en un relato que en parte siempre ha sido un “mentira”, y llamó a las potencias medianas a coordinarse para sobrevivir entre los grandes poderes.
Donald Trump le respondió este miércoles en su discurso ante el Foro Económico Mundial de Davos: “Por cierto, Canadá recibe muchos regalos de nosotros, deberían estar agradecidos, pero no lo están. Ayer vi a su primer ministro. No se mostró muy agradecido: Canadá vive gracias a Estados Unidos, recuerda eso la próxima vez que hagas declaraciones, Mark”, apuntó el presidente estadounidense.
La intervención de Carney se entiende en el contexto del giro declaradamente imperialista del presidente estadounidense, Donald Trump, que en 2025 especuló con la posibilidad de anexionarse Canadá —con menos vehemencia de la que expresa actualmente por Groenlandia— y cuyas amenazas arancelarias condicionaron las elecciones en el vecino del norte, en las que el liberal Carney, del mismo partido que el ex primer ministro Justin Trudeau, salió victorioso.
“Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían a sí mismos cuando les conviniera. Que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor dependiendo de la identidad del acusado o de la víctima”, señaló Carney, que reconoció que tal “ficción” resultaba útil, pues “la hegemonía estadounidense, en particular, contribuyó a proporcionar bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los marcos para la resolución de disputas”.
Pero hoy la situación es definitivamente otra, y ya no valen artificios retóricos, planteó. “Llamemos al sistema por su nombre: un periodo en el que los más poderosos persiguen sus intereses utilizando la integración económica como arma de coacción”, denunció, en clara referencia a Trump, a quien no mencionó por el nombre.
Al presidente de EEUU no parecen haberle sentado bien las palabras de Carney, a quien ha lanzado un ataque en su intervención en Davos. “Por cierto, Canadá recibe muchos regalos de nosotros, deberían estar agradecidos, pero no lo están. Ayer vi a su primer ministro. No se mostró muy agradecido: Canadá vive gracias a Estados Unidos, recuerda eso la próxima vez que hagas declaraciones, Mark”.
Carney comparó la situación actual con la que denunciaba en 1978 el dramaturgo checo Václal Havel, que posteriormente sería primer ministro del país. El orden comunista seguía en pie, según defendía Havel, porque los ciudadanos corrientes participaban en el sistema pese a saber íntimamente basado en una mentira; la situación actual vendría a ser hoy análoga.
En el discurso hubo una denuncia del uso interesado de las instituciones internacionales: “Las grandes potencias comenzaron a utilizar la integración económica como arma. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. No se puede ”vivir la mentira“ del beneficio mutuo a través de la integración cuando esta se convierte en la fuente de la subordinación”.
Ante este estado de cosas, lo que toca a los poderes medianos, como Canadá, es colaborar entre sí, vino a decir Carney. Y en este marco se explica el reciente acuerdo anunciado la semana pasada con el líder chino, Xi Jinping, en materia de comercio energía, agricultura y alimentación, con el que aspira a que las exportaciones canadienses al país asiático alcancen los 3.000 millones de dólares.
“En un mundo marcado por la rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por obtener favores o unirse para crear una tercera vía con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos”, defendió.
elDiario.es

El mandatario argentino mantuvo un breve encuentro con el presidente de la Confederación Suiza, Guy Parmelin, en el Centro de Convenciones de Davos-Klosters en un intercambio que duró algunos minutos, y luego disertó en el Country Strategy Dialogue on Argentina ante CEO’s globales, en el marco del Foro Económico Mundial.
El presidente Javier Milei cumple agenda desde Davos, donde se reunió con ceo‘s de bancos y saludó a su par de Suiza, Guy Parmelin, en la previa a su exposición en el Foro Económico.
La delegación presidencial aterrizó el martes, pasado el mediodía, y se prepara para cumplir una serie de actividades que tendrá hasta el jueves, que emprenderá su retorno al país.
Este miércoles, el mandatario saludó a su par de la Confederación Suiza, Guy Parmelin, en el Centro de Convenciones de Davos-Klosters en un intercambio que duró algunos minutos, y luego disertó en el Country Strategy Dialogue on Argentina ante CEO’s globales, en el marco del Foro Económico Mundial.
Asimismo, asistió a un encuentro con autoridades de bancos y firmas financieras globales que contó con la participación de la directora Ejecutiva de Citigroup, Jane Fraser; la presidenta y CEO de Franklin Resources, Jenny Johnson; el chairman de BTG Pactual, André Esteves; el CEO de Lord Abbett, Doug Sieg; la directora internacional de BlackRock, Rachel Lord; la presidenta y CEO de TIAA, Thasunda Brown Duckett; y el presidente del BBVA, Carlos Torres Vila.
El jefe de Estado se mostró escoltado por el canciller, Pablo Quirno; y los ministros Luis Caputo (Economía) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado).
La agenda continúa este miércoles con la actividad central de la visita programada para las 11.45 (hora argentina) cuando pronuncie su discurso en el Foro Económico de Davos que se celebra del 19 al 23 bajo el lema “El espíritu del diálogo”. En Balcarce 50 saben que el evento tiene llegada global y aspiran a amplificar las palabras del libertario.
Por su parte, el mandatario iniciará la mañana del jueves a las 10.30 con la firma del acta fundacional del Consejo de la Paz impulsada por su par de Estados Unidos, Donald Trump, en Davos. Se trata de un organismo que apuesta a bregar por la paz en el mundo, con especial particularidad en la Franja de Gaza.
En Casa Rosada se jactan de que la Argentina fue de los primeros países en ser invitados por el republicano que hizo extensiva la convocatoria al resto del mundo, incluso a China y a Rusia.
Como actividades finales, Javier Milei deberá dar una serie de entrevistas, la primera con la agencia de noticias Bloomberg y luego con The Economist, ante la editora en Jefe, Zanny Minton Beddoes.
A las 18 (14 en la Argentina), el vuelo especial que transporta al libertario y la comitiva, que cuenta con agenda propia, emprenderá el regreso al país. El aterrizaje será el viernes 23 de enero a las 6.
Con información de NA.
IG

El Presidente expone por tercera vez en el Foro Económico Mundial con guiños a Trump y un discurso que busca proyectarlo como referente regional. El jueves participará de la ceremonia de firma del Consejo de la Paz impulsado por el presidente estadounidense.
Javier Milei llegó al Foro Económico Mundial de Davos con un discurso ya definido y una hoja de ruta clara. En la Casa Rosada anticiparon que no habrá sorpresas ni cambios de último momento: sobre el principal escenario global, el Presidente volverá a desplegar un mensaje reconocible, aunque con una ambición mayor. Esta vez, el objetivo no es solo incomodar al auditorio ni reafirmar su identidad libertaria, sino proyectarse como referente regional de una derecha liberal-conservadora en ascenso.
Milei arribó a Suiza enfundado en su mameluco de YPF tras un fin de semana de agenda internacional intensa. El sábado participó en Asunción de la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y el domingo por la noche partió rumbo a Europa junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. El Foro de Davos, que se desarrolla entre el 19 y el 23 de enero bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, marca su primera gran intervención internacional de 2026.
En su exposición de este miércoles, Milei insistirá en la defensa irrestricta del libre mercado, la propiedad privada y el sistema capitalista, pero el eje no será estrictamente económico. El mensaje tendrá un tono explícitamente cultural y político. “El Presidente va a plantear la necesidad de que el mundo occidental recupere el sentido común”, señalaron desde Balcarce 50. En ese marco, reaparecen la reivindicación de la familia, las tradiciones y la crítica a lo que el oficialismo define como los excesos del progresismo global.
El sesgo “anti-woke” vuelve a ocupar un lugar central. Cerca del Presidente explican que Davos es leído como una plataforma estratégica para proyectar ideas a escala global y diferenciarse de los consensos moderados que históricamente dominaron el foro. No se trata solo de exhibir resultados económicos o defender el programa de ajuste, sino de dar una batalla cultural en un escenario de máxima visibilidad internacional.
Ese posicionamiento ya tuvo consecuencias. En su intervención del año pasado, algunas formulaciones de Milei en el marco de su crítica a las políticas de diversidad sexual fueron interpretadas como una equiparación entre la homosexualidad y la pedofilia, lo que derivó en una ola de repudios y en una masiva movilización en Plaza de Mayo. En la Casa Rosada relativizaron entonces el alcance de esas expresiones, pero el episodio dejó una enseñanza que hoy vuelve a sobrevolar Davos: cada palabra del Presidente se amplifica y se convierte en un hecho político global.
En ese contexto se inscribe también el guiño explícito a Donald Trump. Milei no oculta su alineamiento con el líder republicano ni su intención de respaldar su mirada sobre el escenario internacional, incluida la situación en Venezuela. El mensaje que busca transmitir es nítido: Trump como figura central de un nuevo orden conservador-liberal y él mismo como su principal referencia en América Latina.
Ese alineamiento no quedará solo en el plano discursivo. Milei decidió ampliar su agenda en Suiza y sumó una actividad de alto contenido simbólico: este jueves participará en Davos de la ceremonia de firma del Consejo de la Paz impulsado por Trump, una iniciativa creada para promover una salida negociada al conflicto en la Franja de Gaza. En la Casa Rosada leen ese gesto como una señal política deliberada, que excede el foro económico y ubica al Presidente argentino dentro del entramado internacional que orbita alrededor del trumpismo.
La delegación presidencial que acompaña a Milei está integrada por los ministros Luis Caputo, Federico Sturzenegger y Pablo Quirno, además de Karina Milei, en una comitiva que combina el núcleo político del Gobierno con las figuras clave del programa económico. El martes, ya en suelo suizo, el Presidente mantuvo un encuentro con el emprendedor británico Maurice Ostro, referente del diálogo interreligioso y titular del Consejo de Acción Empresarial creado en 2020.
Para este miércoles, antes de su exposición en el foro, Milei tiene previsto un saludo protocolar con el presidente de la Confederación Suiza, Guy Parmelin, y su participación en el Country Strategy Dialogue on Argentina, una reunión cerrada con CEOs y directivos de grandes empresas y holdings internacionales, orientada a fomentar nuevas alianzas y facilitar el diálogo entre gobiernos y el sector privado. Más tarde, se reunirá con ejecutivos de bancos globales y con el presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, Børge Brende, en la previa a su disertación, que se dará luego de la intervención de Trump. Aunque se espera un cruce informal entre ambos, no hay pedido formal de audiencia bilateral.
El jueves, tras la firma del acta fundacional del Consejo de la Paz, Milei encarará una ronda de entrevistas con medios internacionales, entre ellos Bloomberg y The Economist, antes de emprender el regreso a la Argentina. El impacto de sus palabras y gestos empezará a medirse después, cuando el ruido del foro se traslade al tablero político, dentro y fuera del país, y Davos vuelva a funcionar como caja de resonancia de una estrategia que el Presidente busca proyectar más allá de las fronteras.
PL/MG