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Milei, Comodoro Py y la prensa del "me dicen", un eje que pone en riesgo valores democráticos esenciales

Manifestantes atacados por la Policía con gas pimienta se abrazan, en las inmediaciones del Congreso, el 12 de junio de 2024

La detención de al menos 33 manifestantes, vendedores ambulantes y transeúntes en la tarde en que el Senado trató la ley Bases encuentra en un documento oficial una prueba primaria y reveladora del peligro que representan el Gobierno de Javier Milei y el fuero penal federal de Comodoro Py para la democracia.

Cuando los detenidos llevaban una noche privados de la libertad y muchos de sus familiares desconocían su paradero, el Ministerio de Seguridad difundió la imputación efectuada por el fiscal federal Carlos Stornelli. La historia de contubernios entre ese emblema de Comodoro Py y Patricia Bullrich aporta nuevos capítulos.

En el texto del jueves, Stornelli escribió que el objeto procesal de su denuncia radicaba en “el conjunto de acciones y conductas, en algún caso bajo posible forma organizada, tendientes a incitar la violencia colectiva en contra de las instituciones, a imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza…, infundiendo un temor público y suscitando tumultos o desórdenes, a la vez de erigirse en un posible alzamiento en contra del orden constitucional y la vida democrática”.

Esas hipótesis, que suponen penas de varios años de cárcel, fueron esbozadas por el fiscal que compartió con Bullrich la intermediación con el falso abogado y espía ilegal condenado por extorsión Marcelo D’Alessio. Este panelista del programa Animales Sueltos —hoy condenado y detenido— se valía de sus probados intercambios con Bullrich y Stornelli para amedrentar a sus víctimas.

Una mujer protege su rostro por el efecto de los gases lanzados por la Policía en las inmediaciones del Congreso, el 12 de junio de 2024

La ilustración de Stornelli

El fiscal reconoció en su presentación ante la jueza María Romilda Servini de Cubría que debía construir las pruebas y delimitar responsabilidades, pero, “a título ilustrativo”, aportó indicios. “Evocaré distintos fragmentos de reportes periodísticos y publicaciones oficiales, de los cuales se desprenden circunstancias relacionadas con los eventos y que entiendo pertinente tener en cuenta”.

Los fragmentos fueron tres: un mensaje en X de la Oficina del Presidente y sendas notas de los portales de Clarín y La Nación.

El posteo en X fue un típico texto desorbitado y provocador en los que incurre a diario el Presidente ultra y sus cuentas oficiales. “La Oficina del Presidente felicita a las Fuerzas de Seguridad por su excelente accionar reprimiendo a los grupos terroristas que, con palos, piedras e incluso granadas, intentaron perpetrar un golpe de Estado…”.

Las notas citadas de los dos principales multimedios del país reproducían partes del ministerio de Bullrich y del Gobierno de la Ciudad, sin la menor distancia de la versión oficial. Nada nuevo.

Un fiscal federal no es un empleado del Gobierno ni le debe obediencia. Si Milei o el estratega Santiago Caputo alegan un “golpe de Estado” y actos de “terrorismo”, sin ningún indicio al respecto, no tiene por qué acudir presuroso a solicitar detenciones

Ese material le valió a Stornelli la petición de prisión preventiva e indagatoria a los 33 detenidos y la imputación, “prima facie”, de lesiones, daño, incendio, intimidación pública, resistencia a la autoridad, incitación a la violencia colectiva, atentado al orden constitucional y contra la autoridad, con el probable agravante introducido en la ley antiterrorista.

Una manifestante pasa delante de una formación policial durante el debate por la ley Bases en el Senado, el 12 de junio de 2024.

La sordidez de la mano estatal plagó la jornada en que los bloques oficialistas y un puñado de senadores seducidos con prebendas aprobaron la ley Bases, pero el texto de Stornelli, por sí sólo, demuestra que el derecho a la protesta, constitutivo de la vida democrática, está amenazado en la Argentina de Milei.

Un fiscal federal no es un empleado del Gobierno ni le debe obediencia. Si Milei, el vocero Manuel Adorni o el estratega Santiago Caputo deciden alegar un “golpe de Estado” y actos de “terrorismo”, sin ofrecer ningún indicio al respecto y ni siquiera formular una denuncia formal en esos términos, un representante del Ministerio Público Fiscal no tiene por qué acudir presuroso a solicitar detenciones bajo esas figuras.

Antes, su tarea podría ser investigar si el Presidente y sus adláteres incurrieron en denuncias falsas contra sus adversarios políticos, al alegar actos de “terrorismo” sin certezas. Y más aun, le corresponde indagar sobre las posibles violaciones a los derechos humanos perpetradas por fuerzas de seguridad, cuya venalidad quedó filmada al arremeter contra manifestantes pacíficos y dejar hacer a encapuchados que aparecieron de la nada, se tomaron varios minutos para volcar e incendiar un auto y se marcharon sin que nadie los perturbara.

En segundo orden, multimedios que desbordan oficialismo en espacios centrales y en notas editoriales tienen derecho a informar del modo que les parezca, pero su versión no es prueba ni indicio de nada. Su abordaje de hechos públicos, difundidos durante el día a través de múltiples pantallas de televisión y redes sociales, es tan válido como el de otros medios que informaron de modo muy distinto, como elDiarioAR.

La secuencia involucra al Gobierno de Milei, los medios oficialistas y el fuero federal:

  • El Gobierno anega el área de la manifestación con un despliegue infernal de fuerzas policiales que, en sí mismo, amedrenta.
  • Bullrich implementa un protocolo que procura delimitar el espacio de una manifestación multitudinaria que, por su propia naturaleza, no puede circunscribirse a fronteras estrictas.
  • Con la excusa del protocolo, las fuerzas de seguridad avanzan sobre manifestantes que se perciben pacíficos, sin la menor intención de producir incidentes. En el ataque de los policías a un grupo de diputados y dirigentes sociales y sindicales, quedó registrado cómo las fuerzas de Bullrich, en lugar de prevenir desmanes, los provocan.
  • Funcionarios del Gobierno, como el director de Comunicación Digital, Juan Pablo Carreira, o el diputado bonaerense con acceso privilegiado a Casa Rosada Agustín Romo agitan desde sus cuentas personales o con pseudónimos. Otros, como el médico Daniel Parisini, tuitero de las filas libertarias que se presenta como Gordo Dan, pareja de la contratada en la Subsecretaría de Políticas Universitarias Belén Casas y probable socio del canal de streaming Blender, atizan la violencia con sadismo. Pronto, Parisini podría asumir responsabilidades de otra escala.
  • “Me dicen” guía la acción periodística que está de moda. Llegan peligros en ciernes vía whatsapp y se reproducen en pantallas y redes sociales. El “terrorismo” está al acecho, informa el presentador con la mirada orbitando entre el celular y la cámara.
  • Disparados los incidentes, la versión de los portales de Clarín, La Nación e Infobae es unánime: grupos de izquierda y piqueteros atacan a la Policía con piedras y bombas molotov e incendian autos.
  • Como si hubiera zona despejada para lograr una imagen con destino a ser tapa de diarios y portales, un grupo de encapuchados vuelca un vehículo de una radio de alta audiencia y lo incendia. Los autores se toman todo el tiempo que necesitan y parten sin que nadie los moleste. Orlando Morales, cronista de Cadena 3, relata que los atacantes no pertenecían a ninguna agrupación y actuaron de modo extraño, con saña e impunidad. Luego, las autoridades de la Ciudad y del ministerio de Bullrich explicarían que no trató de complicidad sino de cautela, ante el riesgo de intervenir y causar males mayores. Son las mismas fuerzas policiales que arrojaron gas sobre el rostro de adultos mayores y detuvieron a un hombre, su hija y su nieta, que trataban de proteger las empanadas que vendían, acusados por Milei y Stornelli de probables actos de terrorismo.
  • Puestas en el lugar de víctimas y custodias del orden, las fuerzas policiales recrudecen una cacería con decenas de detenidos al caer la tarde.
  • Entran en acción el fiscal Stornelli y la jueza Servini de Cubría.

La cocina de Comodoro Py

Con el amparo del macrismo, Stornelli maniobró para que las causas por presunta extorsión que lo involucraban junto al falso abogado D’Alessio fueran tramitadas en Comodoro Py, su casa.

Semanas atrás, la Corte Suprema confirmó la absolución del fiscal porque en una apelación faltaba una fotocopia. Los jueces federales no encontraron pruebas que confirmaran que la dupla Stornelli-D’Alessio se proponía plantarle droga a la expareja de la mujer del fiscal, ni que pretendían orquestar una cámara oculta contra Juan Manuel Ubeira, abogado defensor de una de las presuntas víctimas de la extorsión. Todo ello surgió de los peritajes del celular de D’Alessio, pero las pruebas no conmovieron a los colegas de Stornelli.

Marcelo D'Alessio, Carlos Stornelli y el gobernador salteño Gustavo Sáenz, en el balneario CR de Pinamar, el 8 de enero de 2019.

En Comodoro Py, voces que se mantienen a salvo del rumbo tóxico que tomó el fuero coinciden en definir a Stornelli como un fiscal sólido en sus argumentos jurídicos, que en el pasado se sometió a los vaivenes de la política sin ser del todo previsible para las distintas camadas que pasaron por la Secretaría de Inteligencia.

Desde la causa Cuadernos, —otro capítulo de la relación tóxica entre espionaje, medios, política y los tribunales, cuando quedó expuesta su relación con D’Alessio y el periodista de Clarín Daniel Santoro—, “Stornelli se pintó la cara”, describe un juez de los que reconocen solvencia técnica en el fiscal. Stornelli pasó a ser totalmente previsible, “porque su prioridad fue sellar las alianzas que necesitaba para defenderse”, explica la voz.

Los caminos de Servini

El caso de Servini de Cubría es distinto. La jueza, de 87 años, una de las más antiguas de Comodoro Py, “es apta para todo servicio”, indica un abogado que lleva causas en el juzgado nacional en lo criminal y correccional federal número 1.

En esta ocasión, la magistrada decidió aceptar el precario criterio expuesto por Stornelli. El viernes por la noche ordenó liberar a 17 de los 33 detenidos, sin desvincular a ninguno de la causa ni desescalar los presuntos delitos de los que se los acusa.

La mayoría de quienes quedaron detenidos en cárceles federales fueron inculpados prima facie por tirar piedras, prender fuego a un tacho de basura o pegar una patada a un policía. Esta última acción fue adosada a la contadora y funcionaria del Ministerio de Economía María de la Paz Cerruti, quien cruzó una calle cartera en mano y fue sometida por media docena de policías. ¿Terrorismo?

La jueza que adopta este criterio es la misma que el 20 de diciembre de 2001 se plantó en Plaza de Mayo para frenar la cacería policial disparada por el Gobierno de Fernando de la Rúa en su despedida. “Vine porque me enteré de que había represión policial y no sé quién dio la orden”, encaró la magistrada a los policías. Se trata de la misma Servini de Cubría que abrió la única vía que encontraron víctimas del franquismo para conseguir una reparación ante la impunidad reinante en España, también la “Burú burú budía” del menemismo que intentó censurar a Tato Bores y la que designó a Luis Barrionuevo como interventor del Partido Justicialista cuando le vino bien al Gobierno de Mauricio Macri.

“No es cautiva de nadie, pero debe favores a medio mundo. Segunda y tercera generación de su familia transitan varios pasillos de tribunales”, narran en el edificio de Retiro.

Comodoro Py puro: los 16 detenidos (a uno de ellos le asignan la portación de una granada de gas lacrimógeno) y los 17 liberados ahora quedan sometidos a un tortuoso camino de peritajes y recursos procesales, llevados a cabo por los mismos jueces, fiscales y camaristas que mecen parsimoniosamente otros expedientes por años, a conveniencia de alguna causa innombrable.

“Tanto la represión y las detenciones arbitrarias posteriores a la marcha, como el uso de figuras relacionadas con la tipificación de 'terorismo' y 'golpe de Estado', sumadas a la judicialización posterior, aplicando desproporcionadamente varias de esas figuras, buscan tener un chilling effect sobre la sociedad para que no salga a la calle a reclamar por sus derechos”, sintetiza Gastón Chillier, miembro de la red internacional de derechos humanos INCLO.

El rastro de Bullrich

La secuencia de represión indiscriminada y acusaciones por delitos graves en fuero federal remite inexorablemente a las protestas del 14 y 18 de diciembre de 2017 contra la reforma previsional que llevó a cabo Macri. También entonces, en dos jornadas, hubo instancias de zona liberada, desmanes de grupúsculos de izquierda y alborotadores de Inteligencia, decenas de manifestantes heridos (varios perdieron un ojo por balas de goma) y detenidos. El macrismo agrupó esas protestas bajo el título “14 toneladas de piedras”. Los arrestados el 18 de diciembre fueron liberados de inmediato, pero los del 14 quedaron a merced del hoy fallecido Claudio Bonadio.

El juez llegó a argumentar que quienes portaban bicarbonato o limones para contrarrestar el efecto de los gases eran sospechosos de delitos similares a los que ahora agitan Stornelli y Servini de Cubría. Entre aquellos hechos de siete años atrás y los de esta semana, hay un factor común: la ministra de Seguridad, Bullrich.

El entonces juez Claudio Bonadio cenó con Sebastián Eskenazi en La Pecora Nera, un restaurante de Recoleta, en octubre de 2018

Bonadio procesó a 33 personas y mantuvo en prisión durante varias semanas a seis. Entre ellas, a Esteban Rossano, un chico de 19 años que iba a jugar al fútbol. Que llevara una remera en la mochila fue un indicio que llevó al juez a sospechar y dejarlo en prisión durante 42 días. Está escrito. Su padre, Pablo Rossano, vendedor ambulante en un puesto cercano a la estación de trenes de Morón, llevó adelante la lucha hasta que logró la liberación. Pablo murió a los pocos meses a raíz de una crisis diabética.

Escarmiento

Los agitadores de Milei afirman que los tiempos cambiaron. Que su líder no es Macri y no retrocederá. Los llamados a la represión son enarbolados a toda hora por el Gobierno y sus terminales mediáticas.

El mandatario ultraderechista lleva contadas media docena de manifestaciones masivas en su contra, motivadas en causas sindicales, feministas, de derechos humanos y universitarias. La aguerrida Bullrich elige cuándo y con qué intensidad actuar. Frente a la comunidad universitaria y el movimiento de derechos humanos que salió a las calles el 24 de marzo, mínima presencia policial y protocolos laxos. Las protestas de desocupados, asambleas populares y organizaciones sociales —es decir, los trabajadores y los más humildes— aparecen como las más vulnerables al rigor de un Gobierno destinado a “destruir al Estado desde adentro”.

Funcionarios que obedecen a Caputo difunden que podría ocupar un lugar en la AFI el citado Parisini, el “Gordo Dan” de redes que pregona muertes, venganzas y fuego

Llevar a cabo una redistribución regresiva del ingreso de la magnitud que se propone Milei sin protestas es un objetivo osado. El propósito pone en riesgo la vida democrática.

Otras armas

No es el único trazo en ese sentido. Los relatos sobre el creciente dominio de diversas áreas del Ejecutivo por parte del asesor Santiago Caputo se multiplican. Reemplazos intempestivos, hackeos de celulares, seguimientos, mensajes anónimos y denuncias de cajas negras conforman una narrativa subterránea, que cuando asoma a la superficie, encuentra eco en altercados dentro de la prensa oficialista. El falso episodio del intento de intrusión en un domicilio de Sandra Pettovello, que encontró a unos denunciando y a otros desmintiendo, fue un ejemplo.

La reorganización de la Agencia Federal de Información tras la salida del defenestrado Nicolás Posse habilita un juego de nombres. Funcionarios de la línea de Caputo difunden que el citado Parisini, el “Gordo Dan” de redes que pregona muerte, venganza y fuego, podría ocupar un puesto clave. Ello es recibido como una hipótesis probable y/o un alarde propio del goce cruel que varios le atribuyen al temible asesor de Milei.

Fernando Seresevsky dejó de ser jefe de Gabinete de Pettovello porque, –según dijo– tenía planeado acompañar la gira de los Ratones Paranoicos, grupo del que es manager. Para la ministra de Capital Humano, significó la pérdida de su mano derecha y uno de los pocos funcionarios de confianza.

Javier Milei y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello

En reemplazo de Seresevsky fue designado Lucas Fernández Aparicio, hombre cercano a Guillermo Dietrich y Jorge Triaca. No hay mayores exponentes de “la casta” y de los verdaderos intereses de Mauricio Macri que esos dos exministros de Cambiemos. El expresidente da un paso adelante para intervenir en áreas por las que puja desde que Milei ganó las primarias presidenciales.

En despachos oficiales circula una versión, hasta ahora no probada, sobre el motivo real de la salida de Seresevsky, que daría cuenta de métodos delictivos para dirimir internas.

El tándem Santiago Caputo-Karina Milei tiene en Guillermo Francos a un ejecutor y en Pettovello a un blanco de primer orden.

Si la mejor amiga de Milei deja intervenir su megaministerio por hombres de Macri, podría leerse como una táctica defensiva: juntar fuerzas ante un enemigo en común. 

SL/DTC

Los gobernadores, un polo de poder aliado que obliga al Gobierno a la negociación permanente

Los gobernadores, un polo de poder aliado que obliga al Gobierno a la negociación permanente

La agónica discusión en el Senado de la ley Bases y el paquete fiscal reconfiguró el mapa de los gobernadores, que se convirtieron en articuladores claves para la aprobación. Con poca convicción y mucho más de conveniencia, la mayoría de los mandatarios jugó para sus propios intereses, constituidos en un polo de poder aliado a la Casa Rosada que obligará al Gobierno a la negociación permanente.

Una de las fotos que deja la ajustada aprobación en el Senado es la consolidación del radicalismo que gobierna. Son cinco representantes que lograron mantener la cohesión del bloque de la UCR a pesar de la solitaria jugada del presidente del partido, Martín Lousteau, de votar en contra y facilitar el quórum. Se trata de Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco), Gustavo Valdes (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe), este último con asteriscos. Todos actuaron con poder de veto frente a los senadores, que les respondieron sin pestañear. 

Los únicos atisbos de rebeldías radicales los jugaron los sin techo: Maximiliano Abad (Buenos Aires) y Pablo Blanco (Tierra del Fuego). El fueguino facilitó la aprobación de las facultades delegadas que tanto había cuestionado en los días previos. Si votaba en contra, como hicieron los otros dos senadores radicales, el artículo se caía. Tuvo que desempatar Victoria Villarruel. El intento de desmarque terminó siendo anecdótico. 

Ese muro de poder de los gobernadores de la UCR será clave de cara al futuro. A nadie se le escapa que los votos están para que, como ocurrió en la cámara de Diputados, se apruebe también en el Senado una nueva fórmula de movilidad jubilatoria y la recomposición de los haberes por la pérdida de los primeros meses del año. Fue un proyecto del bloque radical.

El único de los gobernadores que está en situación más complicada es Pullaro. Necesita recursos y es amigo personal de Lousteau. Le debe mucho en su ascenso a la gobernación. El santafesino quedó en medio de la polémica cuando trascendió que no había firmado el comunicado de Juntos por el Cambio en el que sus colegas reclamaban la aprobación de la ley. Tiene un problema adicional. No maneja a los senadores de su propia provincia. Poco para negociar en un contexto económico complicado. Le queda coquetear con los opositores, como hizo con Axel Kicillof. Parece poco.

Guillermo Francos junto a los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Hugo Passalacqua (Misiones), Raúl Jalil (Catamarca) y Carlos Sadir (Jujuy). El debate de estos seis meses parió a la liga del “peronismo amigo”.

Los radicales y los provinciales le impusieron cambios sustanciales al Gobierno. Muchos del Pro mastican bronca por la nula negociación partidaria. Aprobaron todo como si fueran gobierno. 

La UCR se llevó a último momento la quita de Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino y los medios públicos de la lista de empresas a privatizar. 

Los partidos provinciales tuvieron también un rol clave. Martín Llaryora se movió para sacar concesiones en tándem con los radicales. El martes, en la cena de Conciencia en la Bolsa de Comercio, que congregó a buena parte de la dirigencia nacional, se mostraba muy activo para conseguir que se mantuviera la moratoria previsional. El Gobierno lo hizo y se garantizó así el voto de la senadora Alejandra Vigo. Lo mismo hizo Alberto Weretilneck, que aportó el apoyo de Mónica Silva, aunque se desmarcó en Ganancias y Bienes Personales. Era cantado. Lo mismo hicieron en el debate en Diputados.  

En otro escenario quedó Rolando Rolo Figueroa, de Neuquén, después del escandaloso avance del nombramiento en la Unesco de la senadora Lucila Crexell. Cuentan quienes estuvieron al tanto de la negociación que se trata de un acuerdo de Rodrigo de Loredo. El lugar de Crexell, de irse, lo ocupará el actual diputado radical Pablo Servi. Hay sospechas de que el gobernador, en plena negociación con el Gobierno, filtró el dato después de que la senadora firmara el dictamen del oficialismo antes de tiempo. En el voto de Crexell  se interesaron también gobernadores como Ignacio Torres (Chubut) y Marcelo Orrego (San Juan) que se movieron desde el Pro para garantizar la sanción. También Rogelio Frigerio (Entre Ríos). 

Con menos poder de fuego en el Senado (sólo tienen seis representantes), a los gobernadores del Pro se les abrió una grieta por Ganancias. Torres mandó a votar en contra. Frigerio a favor. Será a todo o nada en el regreso del proyecto a Diputados. 

Martín Llaryora (izquierda) se movió para sacar concesiones en tándem con los radicales. En la foto, junto a Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe).

Los últimos cambios anunciados por el Gobierno en la mañana definitoria se consiguieron gracias al portazo que dieron los senadores por Santa Cruz, José Carambia y Natalia Gadano, que en un giro dramático después de haber firmado el dictamen del oficialismo, decidieron no dar quórum y votar en contra en general. A sabiendas del nerviosismo de la Casa Rosada, hubo contactos de ellos con los radicales para avisarles que aprovecharan la movida para negociar algo más. La desesperación del Gobierno era palpable esa noche. 

El sinuoso accionar de los santacruceños terminó por transparentar la relación del gobernador Claudio Vidal con la Casa Rosada: necesidad y conveniencia. No dieron quórum, votaron en contra en general y se retiraron, para facilitar que no cayeran, por ejemplo, las facultades delegadas. Igual, el voto del radical Blanco, a favor, rebalanceó el riesgo. 

Vidal les había pedido a los dos senadores que al menos se abstuvieran. Coordina, pero no los maneja. Vienen de polos opuestos. El mandatario, de origen sindical, fue aliado del kirchnerismo en 2015 Alicia Kirchner fue gobernadora. Carambia siempre estuvo en la vereda de enfrente. Se juntó con Vidal en las últimas elecciones y juntos derrotaron al kirchnerismo. Comparten ideas, pero desde orígenes distintos. Ahora, Vidal pone demasiado en juego en la relación con Javier Milei: desde las represas con fondos chinos paralizadas, hasta la caída del acuerdo por el traspaso de los pozos maduros de YPF a la provincia. Bastante claro el doble juego. Espera que le cumplan. Carambia se encargó de negociar directamente con Santiago Caputo, a quien conoce de cuando hacía campaña junto a Eduardo Costa y el asesor presidencial los asesoraba. 

El sinuoso accionar de los senadores santacruceños terminó por transparentar la relación del gobernador Claudio Vidal con la Casa Rosada: necesidad y conveniencia.

Mientras tanto, el debate de estos seis meses parió a la liga del “peronismo amigo”. Son los representantes de Osvaldo Jaldo (Tucumán), el primero en acercarse a Milei, Raúl Jalil (Catamarca) y Gustavo Sáenz (Salta), que volvieron a jugar con el Gobierno en el Régimen Especial para Grandes Inversiones (RIGI) y votaron a favor del regreso de Ganancias con los senadores que les responden. Tienen menos poder de fuego, pero el que tienen, lo usan. Deberían preguntarse en el Instituto Patria por qué se le fugan legisladores en el articulado que más cuestionaron Cristina y Máximo Kirchner. También con la vuelta de Ganancias. Podrían ser claves también esos votos en Diputados para el regreso de la cuarta categoría. 

Impotente, el kirchnerismo dueló antes de tiempo. Llegó a la sesión sin haber podido conseguir el senador, uno solo, que le faltó para bloquear el tratamiento. Debería haber sido Martín Lousteau. La abstención sólo podían buscarla en los votos negativos. Hubo contactos, de Máximo Kirchner y de Eduardo Wado de Pedro, pero no alcanzaron para convencer al porteño. 

Testigos de esa madrugada se mostraban sorprendidos de ver a gran parte de los 33 senadores de Unión de por la Patria en los sillones del Salón Rosado del Senado, resignados y sin margen de maniobra. “Jugaron a que la ley no saliera en general y después abandonaron la pelea en particular”, contaron desde otros bloques. 

El kirchnerismo llegó a la sesión sin haber podido conseguir el senador, uno solo, que le faltó para bloquear el tratamiento.

Es verdad que no tenían nada para ofrecer, a juzgar por cómo se movió el Gobierno para conseguir adhesiones. Será tema de la Justicia. “Ni circulaban”, contó un dirigente para graficar la escasa rosca. Al menos, se juramentaron fidelidad en la votación general, sin fisuras. Es el único logro en el magro resultado que puede exhibir el peronismo. 

Con este nuevo mapa, el Gobierno no necesita a los peronistas más cercanos a Cristina. Está claro que con los aliados que construyó en el largo debate de la ley Bases le alcanza. También sabe que no los puede soltar. Es muy finito. Los gobernadores tienen un as en la manga: la media sanción a la recomposición de las jubilaciones. Suficiente amenaza con la garantía de los dos tercios en el Senado que evitaría el veto presidencial.  

MV/DTC

Balances y desbalances de la nueva Argentina basada

Balances y desbalances de la nueva Argentina basada

Como esos boxeadores que reaccionan cuando les están por cantar nocaut, Javier Milei logró remontar la peor crisis política de su gestión con cuatro victorias que le devolvieron la iniciativa y convirtieron a la que se fue una de sus mejores semanas como presidente: la inflación de mayo abajo del 5%, la media sanción en el Senado de la Ley Bases, la prórroga por un año del swap con China y la venia del FMI a la octava revisión trimestral del programa que firmó Martín Guzmán para refinanciar el megapréstamo de 2018 a Mauricio Macri. Si el blue no hubiera vuelto a saltar a cerca de $1.300 el viernes a última hora, habría sido el fin de semana soñado para celebrar sus primeros seis meses en el poder. 

Cada uno de esos hitos tuvo sus costos, pero el nubarrón en el que lo habían metido la razzia interna que eyectó a Nicolás Posse y el escándalo de la comida en Capital Humano se disipó en pocas horas. Ni siquiera la brutal represión y la cacería de manifestantes frente al Congreso ―que el PRO avaló como si Patricia Bullrich siguiera al frente del partido― volvió a ensombrecer el horizonte. Sobre la campana y con un agónico desempate, minutos antes de despegar hacia Europa, Milei consiguió reafirmar lo más importante para los mercados: que la situación no se le fue de control.  

El presidente Javier Milei, llegando a la Cumbre por Ucrania en Suiza. Esta semana Milei consiguió reafirmar lo más importante para los mercados: que la situación no se le fue de control.

Lo que sigue corriendo es el tiempo. Agotada la luna de miel, transcurrida ya una octava parte de su mandato, el Presidente necesita mostrar que la baja de la inflación se sostiene y que no fue a costa de una masacre en términos de actividad, como denuncian el peronismo y los sindicatos. Ahora que salió la ley, se quedó sin “ratas” a las que culpar por la depresión económica que generó su shock devaluatorio inicial. 

‘Toto’ Caputo tomó nota y avisó que “se terminó la era de la tasa real negativa”. Fue un mensaje al FMI, que criticó la política monetaria del primer semestre para licuar los ahorros en plazo fijo y migrar la deuda del Banco Central al Tesoro. Sin esa garantía no iba a aprobar el desembolso de U$S800 millones. Pero también es una forma de plantar en el mundo de los negocios la idea de una vuelta de página, un parteaguas hacia un segundo semestre que ya empieza a formar parte de la mitología urbana de la derecha criolla. 

El problema es que las tasas de interés positivas, el dólar clavado y el atraso de los salarios tras el cimbronazo del verano son un combo imposible para el mercado interno y las Pymes, donde se genera el 80% del empleo. Y a eso se sumarán los efectos de la ley, que todavía no se sabe si saldrá con los cambios del Senado o como la aprobó Diputados. 

¿Cuál será su costo fiscal definitivo? ¿Hasta dónde hará falta una segunda ronda de ajuste del gasto para compensar los impuestos que dejarán de pagar los sectores más acomodados? ¿Atraerá realmente nuevas inversiones gracias a las generosas concesiones del RIGI, que exceden en mucho lo tributario? Son preguntas clave que no fueron respondidas en el recinto. ¿Y si los incentivos del régimen son aprovechados por las compañías que igual iban a invertir y ni siquiera se produce un aumento neto del empleo ni la producción?

Si la carga impositiva se reduce 10 puntos, como estiman conservadoramente en el oficialismo, el fisco habrá resignado más de mil millones de dólares a cambio de nada.FwoTCOCW76Lm3YYDFQAAAAAdAAAAABAJ

Un informe de la consultora Aleph Energy arroja una pista sobre esto último. Muestra que el año pasado, las inversiones de las petroleras en upstream (exploración y producción hidrocarburífera) totalizaron U$S11.800 millones. YPF figura en la punta, lejos, con casi la mitad del total. Para este año hay previstos desembolsos por casi el mismo monto (U$S11.400 millones). Aleph estima que YPF invertirá U$S4.406 millones, Panamerican Energy (de los Bulgheroni) 1.600 millones, Vista (de Miguel Galuccio) 945 millones, Pluspetrol 881 millones, la francesa Total 580 millones, Tecpetrol (de Paolo Rocca) 523 millones, Shell 491, CGC (de los Eurnekian) 366 millones, Chevron 319 millones y Pampa (de Mindlin) 239 millones. Todas ellas podrían acogerse al RIGI, que exige invertir un piso de US$200 millones en los sectores seleccionados. Si la carga impositiva se reduce 10 puntos, como estiman conservadoramente en el oficialismo, el fisco habrá resignado más de mil millones de dólares a cambio de nada. Los desembolsos iban a ocurrir de todos modos. 

De ahí para arriba, el cielo es el límite. Y eso sin contar los beneficios que también representan para el gran capital el generoso blanqueo incluido en el paquete fiscal ni los eventuales negocios que surjan de las privatizaciones. 

Transferencias

Será la segunda gran transferencia de esta gestión de los sectores de menores ingresos a los más acaudalados. La primera fue la que generó la devaluación de diciembre, que empujó a cinco millones de personas debajo de la línea de pobreza y cuyos beneficiarios empiezan a aparecer en los balances trimestrales públicos presentados ante la Comisión Nacional de Valores (CNV). Lo mismo que hacía el régimen de alta inflación de los últimos años pero mucho más rápido. 

Telecom-Clarín, por caso, sextuplicó sus ganancias en términos reales en el primer trimestre respecto del mismo período de 2023. Le sirvió el decreto 302/24 de Milei, que anuló el de 2020 que declaraba “servicios públicos esenciales” y regulaba los precios de internet, la telefonía y la TV paga. Las alimenticias Arcor (Pagani) y Molinos Río de la Plata (Perez Companc) aumentaron 168% y 214% sus resultados netos respectivamente, siempre descontados los efectos de la inflación. En el mundo de la energía descollaron todas las distribuidoras eléctricas, Tecpetrol (mejoró 629% su resultado en términos reales) y Pampa (114%, a más del doble). También brilla el balance de Aeropuertos Argentina 2000, del antiguo jefe del Presidente: su resultado creció un 401% real. 

Telecom-Clarín sextuplicó sus ganancias en términos reales en el primer trimestre respecto del mismo período de 2023.

El economista Claudio Lozano publicó esta semana un informe sobre por qué esos balances resultaron tan abultados. En el caso de las alimenticias, argumenta que “la derogación del programa ‘Precios Cuidados’ permitió a los grandes operadores captar amplios márgenes de rentabilidad por vía de la fijación oligopólica de precios de los alimentos de la canasta básica familiar”. A los petroleros los benefició la devaluación y “la liberación del precio local del barril de crudo para alinearlo con la cotización internacional”. A los laboratorios “el abrupto incremento en el precio de los medicamentos, muy por encima del nivel general de precios de la economía”. En todos los casos las ventas se desplomaron porque los sueldos no lograron seguirles el tranco. Pero las ganancias vuelan porque los márgenes más que compensan esa caída. 

Los bancos también vieron trepar sus beneficios exponencialmente. El Galicia (Escasany, Ayerza y Braun) los cuadruplicó, de 58 mil a 244 mil millones de pesos de marzo de 2024. El Macro (Brito y Carballo) los quintuplicó y el Santander los triplicó. Según Marco Kofman, economista del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) rosarino, es porque a los bancos se les abarató fondearse. “Están pagando mucho menos por la plata que pueden usar para comprar bonos del tesoro y/o pases del Banco Central que, si bien rinden menos que antes, son más ‘baratos’ por esa misma razón”.

Dragones y galeras 

La inflación promete volver a trepar en junio. Así lo sugiere la suba de los alimentos de la última semana, del 1,5%, que midió la consultora LCG después de varias semanas casi en cero por el desplome de las ventas.

Milei y el presidente chino, Xi Jinping. El comunismo chino le salvó la vida a Milei y pateó un año para adelante el pago de los U$S4.900 millone del swap.

Dependerá mucho de lo que pase con el dólar, para el que hay buenas y malas noticias. La buena es que el comunismo chino le salvó la vida a Milei y pateó un año para adelante el pago de los U$S4.900 millones que Argentina usó del swap habilitado el año pasado. La mala es que los productores siguen sin liquidar sus granos, a la espera de una nueva devaluación. Al 5 de junio llevan vendido ‘con precio’ apenas el 17% de la cosecha. A la misma altura del año pasado, en plena sequía y con la perspectiva de un viraje a su favor de las reglas del juego, ya habían vendido el 21%. 

Entre los chinos, Milei genera una mezcla de fascinación y perplejidad parecida a las que despierta en Estados Unidos y Europa. Lo consideran una suerte de espasmo en la historia de un país joven que todavía no se puso de acuerdo sobre el tamaño óptimo de su sector público. “A nosotros también nos pasa. Hemos tenido en las últimas décadas momentos de ajuste y momentos de expansión del Estado”, explicó a elDiarioAR una fuente diplomática oriental. No le dan mucha importancia a la hostilidad de su discurso, del que se ríe una burocracia ultrapragmática que considera a la Guerra Fría cosa del pasado. Lo que no causa ninguna gracia son sus guiños a la isla de Taiwán. De eso quieren hablar personalmente. 

Como cliente, en todo caso, China ya empezó a tomar distancia. En lo que va del año cayó del segundo al cuarto lugar como destino de las exportaciones argentinas. Lo superaron Chile y Estados Unidos. Sigue primero Brasil, también impugnado por “comunista” por Milei, quien sin embargo le agradeció calurosamente al gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva el mes pasado, cuando liberó el barco de gas que permitió reactivar las estaciones de GNC. 

Los CEOs más poderosos de Estados Unidos se reunieron este jueves con Donald Trump. ¿Están dispuestos a volver a amarlo?

Son prejuicios fuera de moda en otras latitudes, aun en pleno avance de la ultraderecha. Los CEOs más poderosos de Estados Unidos, por caso, no dudaron en reunirse este jueves con Donald Trump bajo el paraguas de la Business Roundtable, que en 2021 le reclamaba “poner fin al caos y facilitar la transición pacífica del poder”. Estuvieron Tim Cook de Apple, Mary Barra de General Motors y Jamie Dimon de JP Morgan, entre otros. El diario The Guardian lo anunció así: “Peligroso para la democracia, bueno para las ganancias ¿Están las grandes empresas dispuestas a volver a amar a Trump?”.

El triunfo del conservador estadounidense es la gran apuesta geopolítica de Milei, que aguarda ansioso el supermartes 5 de noviembre. Ahora que tiene ley llega “basado”, dicen los libertarios en las redes. La solidez de esos cimientos la probará la próxima tormenta que sople. 

AB/DTC

Juliana Di Tullio pidió la expulsión de Scioli del PJ y en las redes le sugirieron una lista mucho más larga

La senadora Juliana Di Tullio, titular del bloque de Unión por la Patria.

La senadora y titular del bloque de Unión por la Patria, Juliana Di Tullio (Buenos Aires), pidió la expulsión del secretario de Turismo, Daniel Scioli, y de dos senadores peronistas no kirchneristas del Partido Justicialista. 

Así lo expresó Di Tullio en su cuenta de X: “Hoy, 16 de junio, día en que intentaron matar a (Juan Domingo) Perón con un bombardeo a Plaza de Mayo, exijo la expulsión de Scioli, Kueider y Espínola del partido justicialista en memoria de las de 300 víctimas de ayer y de hoy”.

Los representantes provinciales a los que hace referencia son Edgardo Kueider (Entre Ríos) y Carlos “Camau” Espínola (Corrientes), quienes acompañaron al oficialismo en la votación en general de la ley de Bases la semana pasada. 

En el caso de Scioli, es por haber aceptado integrar el Gobierno del presidente Javier Milei, tras la maniobra de inclusión al Gabinete nacional que propinó el ex ministro del Interior y actual jefe de Gabiente, Guillermo Francos

No hay que permitir que sus decisiones espúreas las realicen en nombre del peronismo. No en nuestro nombre”, finalizó Di Tullio. Se trata de una de las espadas con las que cuenta la ex presidenta Cristina Kirchner en el Senado. 

Otros apuntados

Rápidamente, el posteo de Di Tullio provocó una catarata de reacciones, muchas de ellas críticas con la senadora.

Por otra parte, numerosos simpatizantes del peronismo le sumaron nombres a la lista, sugiriendo que también deberían ser expulsados supuestos “traidores” y figuras involucradas en escándalos y causas judiciales.

DM con información de agencia NA

José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”

José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”

Lejos de las soluciones simplistas y cerca de las preguntas. Más interesado en pensar en la escucha como una forma de lectura que en las respuestas apresuradas. Con citas a nociones de Sigmund Freud y de Jacques Lacan y también a canciones de Charly García, Gustavo Cerati y John Lennon en quien encuentra un sorprendente costado freudiano. En su reciente ensayo La realidad por sorpresa (Paidós, 2024) el psicoanalista argentino José Luis Juresa elige el camino de los cruces inesperados para leer –o releer– nociones de la experiencia psicoanalítica que han sido muchas veces confundidas, mezcladas o materia de algún malentendido. Con ese material que pareciera a priori inoportuno, el psicoanalista, como señala su colega Alexandra Kohan en el prólogo de la publicación, transita senderos para construir un libro “escrito por alguien que está pensando, mientras escribe, la pulsión, el amor, el cuerpo, el deseo, la erótica de la vida”.

A partir de un intercambio por escrito, Juresa habló con elDiarioAR acerca de lo que se espera del psicoanálisis y de los psicoanalistas en tiempos de vértigo, de qué debería hacer esta práctica para mantenerse al margen del mercado y también de las resistencias que en algunos casos sigue suscitando.

– En el capítulo Memoria, podemos leer que el analista no se asume como “el curador”, sino como aquel que “da paso” y da tiempo al despliegue de las palabras del analizante. Al mismo tiempo, a lo largo de todo el libro podemos ver el rol central que la sorpresa tiene para el psicoanálisis. ¿Es posible seguir dedicándose al psicoanálisis y seguir reivindicando sus sorpresas en tiempos de búsqueda de soluciones rápidas, de discursos cada vez más precocidos y anclados en supuestas certezas?

– Esa es precisamente, a mi entender, la potencia del psicoanálisis: dar tiempo. No existe esa posibilidad en otros discursos. Quiero recordar que “discurso” en psicoanálisis equivale a lazo social. El discurso analítico es un lazo social en el que el tiempo está al margen de lo que el reloj y el mecanicismo capitalista reivindican como principios esenciales de su funcionamiento, que son la eficacia y la productividad. En esos términos, perder tiempo es un “pecado”. Para el psicoanálisis, en cambio, el tiempo del reloj literalmente no existe. Obviamente, nadie se queda en el consultorio un día entero hablando, pero podría pasar. Así como podría pasar quedarse unos segundos, y, de hecho, pasaba con Lacan, por ejemplo. El tiempo que nos interesa es el de la sorpresa de la aparición del sujeto del inconsciente, y allí, para Freud, no hay tiempo. Esto relaja la corrida y la permanente ansiedad en la que vivimos socialmente por no perder el tiempo, perseguidos por el reloj. Para el discurso analítico, perder el tiempo desde el punto de vista de la productividad capitalista redunda en una ganancia de saber acerca de algo que nunca se “aprehende” en por el apuro eficientista: saber vivir. Obviamente no es un saber de manual, es un saber singular que precisa tiempo para desplegarse y “armarse” como tal, tiempo que puede equivaler a una vida. Quiero decir que ese tiempo dedicado a esa exploración equivale a la vida, en los términos en los que la vida es “vivida” y no una mera expresión biológica.

– ¿Por qué cree que popularmente se espera de alguna manera que el psicoanálisis ofrezca una suerte de consuelo en lugar de sorpresas o preguntas nuevas?

– El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido, entre otras causas. Eso significa que el deseo no se detiene en un objeto que alguna vez tuvimos y ya no tendremos más, y la consiguiente pregunta –de interminable respuesta– acerca de quién se lo robó, quién me lo quitó, dónde se perdió, o cómo podría sustituirlo. Armamos una mítica en torno a un objeto que nunca estuvo, un destierro originario y una novela de nuestro andar por el desierto buscando el paraíso del que nos perdimos, el que nos correspondía, el que nos fue prometido y por algún tipo de problema personal no llegamos a reencontrar. Pero lo que hallamos en esos intentos es la falla de la identidad, nos reencontramos una y otra vez con la diferencia entre un supuesto “original” inhallable y aquello con lo que nos vamos topando en la vida y que descartamos en un permanente “no es eso”. ¿No será entonces que en lugar de consolarnos con que “no es igual, pero es parecido”, como si siempre tuviéramos que conformarnos con una vida falsa, deberíamos darnos cuenta de que en ese desencuentro con la identidad está la clave? La clave es esa diferencia, y eso es lo que se repite una y otra vez. No se trata de una falla del individuo por la que creemos que somos un fracaso o unos perdedores, sino que esa es la estructura en la que el deseo se fundamenta. El deseo no busca consuelo, solo busca desplegarse abriéndole los ojos al hecho de que no hay objeto que lo colme de manera definitiva y única. Esa sería la identidad, en el sentido de lo idéntico: tal o cual objeto es idéntico a mi deseo. No, lo que reencontramos una y otra vez es la diferencia por la cual la distancia entre lo buscado y lo hallado se mantiene. Hay que dejar de melancolizarnos en los consuelos con los que tendemos a pensar que podemos perfeccionarnos para dejar de tener esas fallas que nos impiden ser felices. La falla es el fundamento.

El discurso analítico es un lazo social en el que el tiempo está al margen de lo que el reloj y el mecanicismo capitalista reivindican como principios esenciales de su funcionamiento, que son la eficacia y la productividad.

– Uno de los puntos de partida del libro tiene que ver con lo que usted describe como “aparatos de memoria” externos, artificiales, extrahumanos. ¿En qué consisten? ¿Por qué por un lado resultan necesarios para las personas y, al mismo tiempo, son muchas veces las fuentes que generan malestar?

– Es imposible pensar la existencia humana al margen de la memoria. Esta tiene distintos soportes. En el libro escribo sobre los soportes “externos” en donde la humanidad, con el aumento de la complejidad de la organización social-económica, precisó poner la información en archivos como tablillas, papiros, papel, tinta, y ahora en el soporte digital. También necesitó desarrollar tecnologías de recuperación de la información, cada vez más veloces, como lo son ahora las computadoras, y pronto lo serán, aún más, las computadoras cuánticas. Esa es la memoria “externa”. Pero también habita en nosotros una memoria que tiene por soporte el cuerpo y que no se puede “dominar” y “administrar” tan fácilmente como la de los archivos externos. Es una memoria que se enlaza a las generaciones y a las culturas precedentes a la vida del individuo poseedor del cuerpo, de la que no tenemos cabal idea, y que solo “aparece” por sorpresa, por fuera del individuo y su intento soberano de dominación, e incluso aparece a su pesar. El cuerpo es un “territorio” paradojal habitado por una memoria indomable porque no está “organizada” y disponible como la de los archivos externos de los que hablaba antes, sino que es una memoria que se reescribe en el acto de leerse, no es una memoria antecedente, legible como un texto escrito en el papel, sino que es una aparición de lectura, la aparición de un poema como decantado de lo indecible, tal como lo son los poemas y el arte en general. Ese arte y ese poema decantado del acto analítico de leer a nivel del inconsciente más estructural, se integra a la vida del sujeto como un saber acerca de su propio “vivir”. Hay una relación íntima entre esa memoria y el lector, que es el analista. Las condiciones de ese leer son muy particulares, y las desarrolló muy bien hace más de 20 años el psicoanalista hispanoargentino José Slimobich, de quien fui su analizante y alumno. En el libro trato de profundizar en esto. Lo que aquí puedo decir, en el espacio de esta entrevista, es que hay una alienación entre esa memoria “externa” que nos somete a la velocidad de la información en servicio de la productividad y el rendimiento, que es una memoria del sistema, y esa memoria del cuerpo, que tiene otra temporalidad, como lo dijimos al principio. El analista es un lector de esa memoria del cuerpo, y se atiene a la relación entre la letra y el cuerpo.

Juresa también es co-autor de la novela

– En el libro se destaca a la noción de pulsión como uno de los conceptos centrales del aparato conceptual freudiano ¿Podría explicar por qué?

– La pulsión es una fuerza muy especial, ligada a la causalidad psíquica, quiere decir que es una “fuerza” con la que se explica la existencia humana y sus motivaciones para perdurar y persistir e insistir como tal. No es poca cosa. Freud la coloca como una fuerza en la frontera entre lo psíquico y lo corporal, o lo somático, para ser más precisos. La realidad humana –esto es una redundancia, la realidad es humana– se explica a través de esta fuerza. Tenemos a la física que aísla y explica la existencia de otras fuerzas de la llamada “naturaleza”, fuerzas que explican el movimiento de los cuerpos a escala macrocósmica y también a nivel de las partículas elementales del átomo. ¿Qué causa el movimiento de “los cuerpos” humanos y su realidad? Paradojalmente, la propia física de partículas encontró que la idea de la objetividad o de la realidad objetiva no existe, como si se acercara al psicoanálisis, a través de la mecánica cuántica, que es la teoría con la que funcionan todos los aparatos electrónicos que hoy dominan nuestra vida moderna. Por lo tanto, es interesante encontrar que de lo que hay que hablar, antes que de la “naturaleza”, es de “la realidad”, en la que la propia ciencia tiene su lugar, ya que también es un producto humano. Esto tiene consecuencias alucinantes que resuelven cuestiones absurdas, como la de aquellos analistas posteriores a Freud, que buscaban “objetivar” la realidad del ambiente del consultorio a través de una asepsia también absurda mediante la inmovilidad de los objetos que decoraban el consultorio, siempre los mismos, o la vestimenta del analista, siempre la misma, y su semblante, impertérrito y silencioso. Es un remedo un tanto absurdo de una “objetividad” imposible que el psicoanálisis ni siquiera requiere. Lacan fue tan “rebelde” a este absurdo que hasta quizás incluso sobreactuaba esa “rebeldía”, con los cortes de sesión breve, su gestualidad, tan distinta en cada caso que atendía. La realidad del análisis es una realidad “de a dos” en la que también cabe la realidad contemporánea. Nada que ver con la idea de una objetividad clásica.

Juresa, en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

– Otro malentendido que se desanda en el libro tiene que ver con el síntoma. Allí subraya que el psicoanálisis no se desespera por hacerlo desaparecer. ¿A qué se debe este malentendido? 

– Al mismo problema mencionado antes, lo de la eficiencia y la productividad. Si somos “profesionales de la salud” entonces ¿qué tenemos que “producir”? Salud. Por lo tanto, si los síntomas son la enfermedad, entonces lo que hay que hacer desaparecer de inmediato para producir salud son los síntomas. Ahora bien, si somos psicoanalistas, sabemos que la “salud” mental deviene de otra cosa que no es el inmediato y pragmático borrado de los síntomas, sino del despliegue de la verdad que el síntoma “cifra” como si se tratara de un jeroglífico, de una lengua muerta-viva que busca un cuerpo que la devuelve a la existencia actual, a una traducción que le permita desplegarse en las condiciones de la vida contemporánea. Los síntomas son como la expresión de una vida que no puede hacerse en el tiempo que nos toca vivir, una solución de compromiso entre las exigencias de esa imposibilidad y la de mis deseos de estar en el mundo que me ha tocado. ¿Cómo voy a querer borrar semejante joya arqueológica y antropológica? Los analistas, antes que “profesionales de la salud” – que legalmente lo somos, porque tenemos títulos habilitantes para poder ejercerlo – somos lectores de jeroglíficos, lectores de lenguas medio muertas y vivas, tal como la pulsión que Freud dividió entre pulsiones de muerte y de vida. Y que nos habitan mezcladas.

La realidad del análisis es una realidad “de a dos” en la que también cabe la realidad contemporánea. Nada que ver con la idea de una objetividad clásica.

– “Podemos ser nuestros propios devoradores, nuestros propios consumidores, organizar nuestra vida y nuestros movimientos en función de un desgaste medido por el consumo (...)”, según se puede leer en la conclusión del libro, mientras que el psicoanálisis se ocupa de “lo inconsumible”, “del carozo de la aceituna”, “de lo Real que se resiste al consumo”. ¿Qué hace que el psicoanálisis se mantenga al margen? ¿Cómo se sostiene sin convertirse en un producto más?

Gran tema. Es responsabilidad de los analistas no hacer que el psicoanálisis sea otro consuelo, es decir, otro producto para el consumo y la satisfacción de corto alcance que luego busca la renovación del producto, el cambio de envase, para repetir la acción de consumir. Para eso, los analistas se tienen que orientar por lo Real. Esto significa que el analista, por su deseo de analizar, pone lo simbólico en una relación de tensión con lo Real, es decir, con el límite por el que, afortunadamente, no se puede saber todo, ni prevenir todo, ni elaborar todo. El famoso concepto de “trauma” freudiano es estructural y tiene que ver con este límite. Fue por eso que Freud abandonó la teoría originaria del trauma ligado a algún tipo de abuso de parte de los adultos a los niños. El “trauma” está en el origen de la estructura psíquica, y es inanalizable en los términos de la reducción a cero de ese imposible –lo Real– por obra de un trabajo simbólico de elaboración que finalmente haga que se “sepa todo de uno mismo”. Eso sería retornar al individuo, cuando el psicoanálisis recupera al sujeto, es decir, a ese individuo dividido entre su conciencia y lo inabarcable de la historia que llega hasta la causa de su existencia. El individuo tiende, en cambio, a sentirse acabado y realizado cuando termina de construir una versión de su autonomía, de su origen “autosustentable”, y así no deberle nada a nadie, y considerarse a sí mismo artífice de su ser de individuo. Es absurdo. El individuo construye un mundo sin otros, en cambio el psicoanálisis se basa en la existencia previa de un Otro que es la lengua, y, como tal, el decantado de la historia y la evolución de la existencia humana.

Cada tanto asistimos a una especie de despedida o de certificado de defunción otorgado al psicoanálisis. ¿Por qué cree que ocurre esto? ¿Por qué considera que insisten esos discursos?

– Porque el psicoanálisis no se adapta a los discursos pragmáticos que hablan de resolver las cosas ya mismo, incluso antes de que los problemas existan. El ideal de ese pragmatismo, a ese nivel, es el de un mundo sin problemas, y lo que el psicoanálisis dice es que, en primer lugar, el mundo no existe, en el sentido de una redondez, de un conjunto en el que todo está adentro y nada afuera; al contrario, el psicoanálisis disuelve la idea de un adentro y un afuera para inaugurar un circuito de pensamiento, al que podríamos denominar “circuito pulsional” que recorre el adentro y el afuera como partes de una misma superficie. Paradójicamente, en ese “mundo” que lo globaliza todo y en el que hay cada vez más “mundo”, tenemos cada vez más problemas, que no son tales sino más bien son calamidades. Los problemas son parte de la vida, pero se los asocia a la calamidad, y el sentido más pragmático de la vida que promueven recursos del sistema como la publicidad, por ejemplo, es que una vida sin problemas es posible, un mundo de puro confort y comodidad. El deseo incomoda, y el deseo es el principio de la lectura freudiana. Renunciar el deseo genera depresión, y esa es, tal vez, la calamidad más extendida del mundo contemporáneo. Recuperemos la capacidad de tener problemas sin desesperar por resolverlos ya mismo, porque el apuro, la precipitación, la acción desmedida y autosuficiente, es decir, la acción por la acción en sí nos convierte en ratoncitos que no se enteran de que corren y corren solo para hacer girar la rueda, sin darse cuenta de que siempre están parados en el mismo punto, a pesar de toda la acción que despliegan. El psicoanálisis apuesta por dar el salto y vernos en dónde nos estábamos cansando y desgastando, en dónde movíamos la rueda del “mundo” sin que nosotros nos movamos un milímetro. Y eso es imperdonable para los que forman el “mundo”. Tal vez por eso, entre otras cosas, siempre está firmado y extendido el certificado de defunción del psicoanálisis, a la espera de que alguien lo tome de forma definitiva.

AL/MG