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Regreso al 2003, la Biblia electoral de CFK y la inflación como gran ordenadora del FdT

Regreso al 2003, la Biblia electoral de CFK y la inflación como gran ordenadora del FdT

El candidato que fue el proyecto es, esta vez, el modelo. Un deja vú del 2015, quizá con el mismo desenlace: la derrota y la posterior dispersión del peronismo. El mandamiento lo forjó, desde Viedma, Cristina Fernández de Kirchner y podría, en esa extravagancia política que es el Frente de Todos (FdT), completarse -en una remake blue- con Daniel Scioli como postulante último.

No parece, al explorar esa ficción probable, que ocho años después el embajador contemple pedir que su vice sea Carlos Zannini. La fórmula, según el tiempo histórico, demanda que se complete con una dama. Como ejercicio imaginario ¿a quién, si pudiese, pediría Scioli como número dos? ¿A quién, si llegase a ser candidato, elegiría como compañera Sergio Massa? "La elección está más fácil que el 2015", lo escucharon decir a Scioli que expone, desde su silencio, dos registros: nunca se embarró en la interna tóxica del FdT y aunque formó parte del frente no estuvo lo suficientemente cerca del dispositivo de poder como para enchastrarse con los tropiezos del gobierno.

Al margen de esa anécdota, este viernes la vice dictó la pautas de su Biblia electoral: enumeró los asuntos, y el abordaje, que debe abrazar cualquier dirigente que pretenda convertirse en su bendecido como candidato. Es un menú que repite hace tiempo pero que incorporó un dato que sus socios del FdT deberían escuchar con atención: la idea de fragmentación política. Quizá no es Perú -un país donde los últimos cinco presidentes no pudieron terminar su mandato y fueron presos- el espejo donde debe mirarse la política argentina, porque la referencia a la dificultad para construir mayorías tiene un correlato local que se expresa en el nivel de tensión interna, cada vez menos disimulada, en las dos coaliciones de poder, el FdT y Juntos por el Cambio (JxC).

Los consultores normalizaron un dato que hace un año era novedoso: ningún candidato, salvo Cristina, retiene plenamente los votos de un eventual rival de una PASO. ARESCO, en su informe de febrero, detectó que mientras en las primarias las dos coaliciones -sumando varios candidatos- superan los 30 puntos y dejan a Javier Milei tercero, con algo más de 20, cuando se mide la general, el panorama es de tercios casi iguales: es decir, los dos frentes pierden votos y Milei crece.

Opina Argentina, la consultora de Facundo Nejamkis, hizo una encuesta presencial domiciliaria de alcance nacional, y detectó un fenómeno parecido. Lo más impactante, y se detecta en muchos sondeos, es que si la fragmentación que sugiere Cristina derivase en la ruptura de las alianzas y de ahí surgiera un escenario electoral parecido al del 2003, con varios candidatos por distintos espacios, Milei está casi muy cerca de garantizarse una butaca en el balotaje.

El 2003, más allá de la efeméride de los veinte años de kirchnerismo, es una referencia que se volvió recurrente en los análisis electorales. En Casa Rosada, invocan aquel tiempo para describir los dos caminos posibles de Alberto Fernández. "Hay que ver si decide ser Duhalde o decide ser Menem". Lo primero supondría oficiar de ordenador para ayudar a otro candidato. Lo segundo, lanzarse a la aventura de su reelección. "Las dos cosas, no puede ser", completa el interlocutor y advierte, además, que tampoco tiene certeza del resultado de esa elección. ¿Está, Alberto, todavía a tiempo para ser Duhalde?

Con Cristina, hay una diagonal. En su diatriba pública insiste con el diálogo, aun reduciendo el temario a dos o tres cuestiones medulares donde no debería haber muchas diferencias con otros espacios políticos, pero ese planteo no se contradice con la tesis de la fragmentación. Aquella dispersión del 2003 fue la puerta mágica para que Néstor Kirchner se convierta en presidente, con el apoyo determinante de Duhalde. Casi todo lo que vino después, con Néstor y con Cristina, fueron movimientos de ampliación electoral, de la Concertación Plural del 2007 a la última escala con el FdT en 2019.

No hay que irse lejos demasiado lejos para ver postales de la fragmentación y los ordenamientos desordenados: en Tierra del Fuego se rompió JxC, como en Neuquén y en Tucumán, mientras en San Luis el peronismo de Adolfo Rodríguez Saá negocia una pacto con Claudio Poggi, ex socio de los hermanos, cuando estos eran socios, que se convirtió en puntual del macrismo. Alberto Rodríguez Saá no cayó en la tentación de poner en la boleta su apellido, a través de su heredero, "El Albertito", algunos entienden que lo hace porque proyecta una derrota.

Hay una lectura, que circuló mucho luego de su renunciamiento de diciembre pasado, respecto a que la vice enterró la ilusión moderada porque no le dio resultado ni en términos políticos ni en términos judiciales. En Río Negro, implícitamente, validó el acuerdo entre el peronismo K, que encabeza Martín Doñate, y el partido provincial de Alberto Weretilneck, lo que se interpreta como un mensaje para que esa apertura se ensaye a nivel nacional. Hay diferencias notables. En Río Negro, el PJ es un socio importante pero no mayoritario de Weretilneck, a nivel nacional al cristinismo le cuesta encontrar aliados.

Pero si la frustró el giro hacia el centro -por los magros resultados- y eso, como se repite en La Cámpora, la condena a no intentar otro experimento de señalar un candidato, no parece un recurso insólito proyectar un regreso al 2003 donde sus +/- 30 puntos de intención de voto la ponen, sin escalas, en el balotaje. El riesgo, con su alta negatividad, es repetir el derrotero de Carlos Menem. El riojano es, en varios aspectos, un espejo donde Cristina no quiere mirarse. También se recurre al ex presidente para decir lo que no: que a la vice le espanta la idea de languidecer, como Menem, en una banca del Senado.

Un consultor, que trabaja para varios gobernadores y para Horacio Rodríguez Larreta, repite una frase para describir la encerrona electoral de Cristina. "Mide 30 en las PASO, 31 en la general y 32 en el balotaje". Entre Cristina y Alberto, que coinciden en la lectura -y recomendación- de la economista Mariana Mazzucato, y en las diversas terminales del panperonismo, se abraza a Javier Milei porque se lo señala como el candidato perfecto para un balotaje si, como suponen, en la hora final predominara la cordura del votante.

Milei, a quien desde Río Negro la vice le dedicó varios párrafos -que luego el libertario respondió por Twitter-, se recorta como una pieza clave para la supervivencia peronista. Es determinante para darle competitividad al FdT en las provincias y los municipios. Un sondeo del Observatorio Social de la Universidad de La Matanza midió a Fernando Burlando como candidato libertario y detectó que tiene mejores indicadores que los que tiene José Luis Espert. El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, define si separa o no la elección local de la nacional porque si vota en la misma fecha la presencia de Milei le da fortaleza a un candidato libertario para la gobernación y modifica el mapa electoral que, sin esa variable, parece conducir a la victoria de Rogelio Frigerio.

"La prioridad de Cristina van a ser las listas de legisladores. Y ahí va a ser muy purista: no puede regalar espacios y que ocurra como en el 2016". Lo dice un operador camporista al mismo tiempo señala que la vice debe ser candidata. Subyace algo que desde el anuncio del acuerdo con el FMI, en el verano del 2022, flota en el mundo K: que la presidencial de este año está perdida. Por eso las listas legislativas son determinantes para mantener un espacio de resistencia a partir del 11 de diciembre de este año. Es la pieza clave para que la oposición no consiga una hegemonia legislativa como la que tuvo, entre el 2005 y el 2010, el kirchnerismo.

Cristina decidió, hace tiempo, no mencionar al presidente como un modo de quitarle trascendencia. Deslizó, desde el Senado, una ironía sobre los off y en Viedma revitalizó el menú que, afirma, debe concentrar la agenda: renegociación del acuerdo con el FMI, recuperación del salario y, en otro rango, reforma del Banco Central. Todo lo contrario a lo que hizo, o dejó de hacer, Fernández.

Son expedientes que figuran, hace rato, en la fractura entre los Fernández. La descripción de la vice los ordena pero no los revela: ningún trabajador necesita un cuadro de la variación salarial para saber que sus ingresos pierden ante la inflación. Fue una de las razones, entre otras tantas, de la derrota electoral del 2021.

Esta semana, el INDEC publicará la inflación de febrero -según los datos que circulan en el gobierno "será parecida a la de enero", que fue de 6%. Marzo-, que estacionalmente es siempre complicado, tampoco proyecta un indicador mejor. Recién en abril podría volver la tendencia bajista, aunque mínima. Una lectura en el FdT es que en mayo podría haber una inflación con un 4 adelante. Un punto más que el "3 coma algo" que prometió Massa pero, al menos, un tobogán con poca pendiente pero hacia la baja.

Massa reconfiguró, con rapidez, los términos y condiciones: la baja de inflación dejó de estar en el centro de su oferta política, de ser el corazón de su plan, para revalidar la idea de que su aparición impidió un estallido económico y social. Massa juró como ministro entre versiones de una asamblea legislativa. Esta semana, el tigrense despejó el horizonte de la deuda en pesos. En febrero, luego del 6% de enero, la imagen positiva de Massa en la provincia de Buenos Aires cayó 4 puntos.

Mayo es el deadline: si para entonces, la inflación no registra al menos dos meses de baja y, en la construcción hipotética, no empieza con un 4, Massa tendrá dificultades objetivas para ser candidato. Pero qué pasa si puede serlo. "Si le dan los números para ser candidato ¿a quién va a poner como ministro? Sergio sabe que no puede ser ministro de Economía y candidato a presidente", apunta un funcionario.

La vice, que es determinante en la lectura de sus seguidores, le hizo un guiño político al ministro. Simplificó que el problema de la inflación es por la falta de dólares. Ya no es, como antes, producto de la inacción en el control de precios o consecuencia del voluntarismo de Martín Guzmán que negociaba con el mundo empresario. Es decir: la inflación dejó de ser un problema de gestión económica, como sostenía cuando el ministro era Guzmán, para sostener que es un factor estructural y, en cierta medida, exógeno.

Pudo mencionar el efecto de la sequía y su impacto, directo, sobre las reservas. El último informe de Ecolatina proyecta, en base a las estimaciones de las bolsas de Comercio de Rosario y de Buenos Aires, que la producción de los principales tres cultivos (soja, maíz, trigo) se desplomaría entre el -33% y el 37% respecto a la campaña pasada. De esta forma, la cosecha valorizada a precios promedio de exportación (FOB) para estos cultivos se hundiría entre USD 15.500 y USD 17.000 M. Advierte, el análisis, que escenarios de mejora climática, podría haber nuevas correcciones a la baja. Y agita un fantasma: que la escacez de divisas presiona sobre la táctica de Massa de devaluación progresiva, el crawling peg.

Si la falta de dólares, como dice Cristina, es el insumo del que se nutre la inflación, es difícil el cálculo que quiere ver una inflación con un 4 adelante en mayo. Para la vice ni el déficit -aunque aceptó hablar de que el equilibrio fiscal es virtuoso- ni la emisión monetaria son factores inflacionarios como si lo es la restricción externa. Massa piensa diferente: el ordenamiento fiscal se convirtió en una pieza esencial de su plan. Y si, claro, duerme obsesionado por las reservas. Y, además, juguetea peligrosamente con eso que la vice define como riesgo de catástrofe: que enfriar la economía para bajar la inflación derive en una estanflación.

La inflación de mayo se conocerá a mediados de junio, diez días antes del cierre de listas. Un escenario sin baja de precios puede anular, de un plumazo, a Massa y también a Alberto Fernández si es que, para entonces, sigue en carrera. Se instaló, por default, la idea de que el presidente resolverá en la primera quincena de mayo cuál será su destino electoral. No hay certeza alguna de que sea así. Nada ni nadie lo corre.

"Alberto podrá ser o no. Lo que si es claro que habrá un candidato del Gobierno, un candidato del PEN que, seguro, competirá contra un candidato de Cristina", apuntan en Casa Rosada. Tiran nombres, hipótesis: "Scioli versus Wado, Sergio contra Capitanich". Aparece, como siempre, un matiz: así como el cristinismo dice que si Alberto es candidato no puede haber PASO, del mismo modo que si Cristina decidiese competir no parece que nadie se animara a una primaria contra ella, ¿no vale la misma regla para Massa? Es decir: si se configura el escenario que lo convierte en competitivo, ¿Massa no tiene también derecho a pedir ser candidato "de unidad"; aunque eso no implique ser candidato único?

En otra línea de tiempo, si el escenario económico no se despeja siquiera parcialmente, la figura que se recorta con más nitidez es Scioli. Pero, en ese escenario, el ex gobernador puede cargar con el mote de ser el mejor candidato para perder.

En el albertismo no se lee, con suficiente profundidad, el planteo de Cristina sobre la fragmentación. ¿Está descartado que, si Alberto insiste con ser, Cristina no repita el modelo 2017 y se concentre con un espacio propio, como Unidad Ciudadana? La fractura del FdT podría facilitar la fractura de JxC aunque el frente opositor tiene una motivación distinta a la del peronismo: la pelea, abierta, cruda y brutal, opera sobre la hipótesis de que aquel que sobreviva como candidato a la PASO es, de facto, el futuro presidente. Es la principal motivación para mantenerse unidos y lo que explica que Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich estén lanzados a una batalla por todo o nada. Un macrista define su método definitivo y dice que son dos "unabombers". "Esta es la última oportunidad de ambos: por biología para Patricia, porque Horacio no podría ser presidente fuera de un espacio de gestión. Mariu puede, en cambio, espera".

Ocurra o no, las atmósferas de ambas coaliciones son bien diferentes: la lógica de la disputa en JxC es por ver quien es el futuro presidente mientras la del FdT parece acotarse a cranear una derrota menos violenta.

PI

En medio de la crisis narco, Macri vuelve de Europa y prepara una visita sensible a Rosario

En medio de la crisis narco, Macri vuelve de Europa y prepara una visita sensible a Rosario

Del museo de Ferrari en Maranello, a la violenta realidad en Rosario. Luego de una nueva estadía por Europa, Mauricio Macri prepara su pronto desembarco en el país con un movimiento político de impacto ya en agenda: hará una presentación de su libro “Para qué” en la ciudad santafesina, en medio de la crisis de inseguridad que atraviesa la ciudad por el narcotráfico y alimentando su incógnita electoral.

La cita de Macri en Rosario está prevista para el lunes 20 en el hotel Puerto Norte, a la vera del río Paraná, según supo elDiarioAR de fuentes amarillas que operan en la provincia. Detrás de la exposición del libro está la Fundación Libertad, un think tank que promueve el liberalismo socioeconómico y que tiene como referente global al Nobel Mario Vargas Llosa. 

Son viejos conocidos del ex mandatario: Macri estuvo en su sede por primera vez a fines de 2001. Y en enero pasado el grupo fue uno de los promotores de la presentación de “Para qué” en Mar del Plata, lo que obligó al ex mandatario a suspender momentáneamente sus vacaciones en Villa La Angostura.

La visita de Macri a Santa Fe estaba prevista originalmente para el 27 de febrero, pero se pospuso por su gira europea: viajó a París, Francia, para la entrega del premio The Best a Lio Messi; a Maranello y Bolonia, Italia, para dar conferencias sobre liderazgo, y a Zurich, Suiza, ocupado en su cargo de presidente de la Fundación FIFA. Está previsto que el ex mandatario arribe a Buenos Aires en las próximas horas.

Su relación personal con el astro de la Selección argentina le dio la oportunidad a Macri de compartir públicamente una foto suya con el campeón del Mundo, postal que el kirchnerismo intentó en vano cuando el equipo regresó de Qatar. Ahora, con la trastienda del mensaje mafioso que recibió Messi y el ataque al supermercado de la familia de su pareja, Antonela Roccuzzo, el jefe del PRO puede dotar de volumen personal su discurso en la presentación de su libro.

Por eso el eje principal de su visita a Rosario versará sobre el narcotráfico. “Va a hablar del libro, pero quiere involucrarse en la discusión sobre el tema narco. Decir principalmente qué hay que hacer”, confió un dirigente de trato directo con él. Macri cree que las medidas que tienen que tomarse deben ser “con mayor severidad o fortaleza, porque la situación ya es insostenible”, comentó uno de sus exégetas.

Tanto el PRO como el resto de las fuerzas de Juntos por el Cambio desconfían de la reciente decisión de Alberto Fernández: el refuerzo de más gendarmes y la movilización del Ejército para tareas de “urbanización” en barrios humildes. El reclamo opositor generalizado es que el Gobierno llegó tarde y sin un plan integral.

En ese sentido, Macri defenderá lo actuado durante su gestión: con Patricia Bullrich al frente del ministerio de Defensa envió 3.000 agentes de la Gendarmería. Ahora la ex funcionaria –lanzada como precandidata presidencial– propone emular aquel operativo y reforzarlo con las Fuerzas Armadas teniendo cierto rol de control policial en las calles –lo que pone en jaque las leyes de Seguridad Interior y de Defensa–. elDiarioAR ya expuso la nueva interna en el PRO sobre ese punto, porque Horacio Rodríguez Larreta coincidió en que haya mayor presencia de gendarmes, pero que los militares se desplieguen en el control de las fronteras.

“Lo que diga Mauricio en Rosario será un guiño a Patricia”, adelantó una de las fuentes consultadas al tanto de la agenda del ex mandatario, sabiendo lo inevitable de que su exposición tenga una lectura electoral. Es que Macri todavía no definió cuál será su rol en la contienda de este año: si será candidato o si se inclinará públicamente en favor de algunos de los competidores amarillos. 

Por ahora, el fundador del partido se mantiene equidistante de los competidores opositores, pero ha dado claras señales de tener mayores simpatías con la ex ministra de Seguridad, aunque también con María Eugenia Vidal, a quien visitó en su flamante bunker en Retiro apenas dos días antes de viajar a Europa. Con Larreta es con quien más tiene diferencias, que van de lo personal a lo político, según admiten incluso cerca del alcalde porteño.

“Él cree que Horacio lo cagó”, remarcó un operador de la campaña del jefe de gobierno. El distanciamiento entre ambos tendría como origen el 2021, cuando Larreta habría hecho un movimiento de pinza que no le cayó nada bien al ex presidente: por un lado, cuando puso como primer candidato a diputado en Buenos Aires a Diego Santilli; y, por otro, porque no lo acompañó cuando tuvo que presentarse en un juzgado de Dolores en la causa por supuesto espionaje ilegal a los familiares de los submarinistas que murieron en el hundimiento del ARA San Juan. 

Hasta por lo menos la primera semana de abril, Macri no explicitará su jugada electoral. “Mauricio viene administrando muy bien su incógnita hace dos años, no la va a revelar ya mismo”, explicaron a su lado. Sin embargo, en su entorno no ven la posibilidad de que se presente nuevamente para un “segundo tiempo”. “No va a jugar”, consideró un allegado de Macri y de Bullrich. La ex ministra ya avisó que mantendrá su postulación juegue –o no– su jefe político.

Lo mismo piensan en el larretismo, aunque admiten que la ambivalencia del ex presidente tiene impacto en su campaña. Por eso Larreta busca un posicionamiento más centrista, para tratar de no depender solamente del electorado amarillo, que puede resultarle fiel al ex presidente. “Mauricio está de vacaciones, reaparece, se va de viaje, vuelve. Juega a las diagonales, hace lo que quiere. Entonces, la cancha se le vuelve resbalosa a Horacio, porque tiene muchos condicionantes”, analizó un operador del jefe de gobierno. 

También tiene rol de titiritero en las sombras. Macri puso a muchos de sus laderos a trabajar en las campañas de Bullrich y Vidal. A los diputados Hernán Lombardi y Federico Angelini, por caso, los encomendó personalmente para que sostengan a la ex ministra. Al legislador porteño Darío Nieto –quien supo ser su secretario privado– lo ubicó en el armado de la ex gobernadora, al igual que a Federico Suárez. Y Fernando de Andreis –ex secretario general de su presidencia– es parte de la escudería de Jorge Macri para la Capital Federal.

Y se involucra a la distancia en el armado del PRO. La semana pasada le envió desde Zúrich un fuerte respaldo a la salteña Inés Liendo, quien ya confirmó que quiere ser candidata a gobernadora por Juntos por el Cambio. Es un desafío para el radicalismo, que tiene como postulante al diputado Miguel Nanni. En Salta fueron eliminadas las PASO. 

“Quiero decirles que tienen la suerte inmensa, inmensa de contar con Inés Liendo en el equipo. Es una verdadera guerrera y está trabajando para transformar la provincia de Salta”, le dedicó Macri en un video personal que le llegó a la dirigente amarilla, hija de un coronel y nieta de Horacio Liendo, ministro de Trabajo y del Interior en la última dictadura cívico-militar. 

En estos días también se habría involucrado en la interna en Tucumán, donde la coalición opositora quedó al borde de la ruptura porque no hubo acuerdo para definir un único candidato. Trascendió que Macri puso como embajador suyo a José Cano para interceder en la discusión entre Germán Alfaro –intendente de San Miguel y aliado del PRO– y el diputado radical Roberto Sánchez. “Mauricio es más estratega político ahora que cuando era presidente. Juega gratis. Y sobre su candidatura, juega a esperar”, lo definieron en la sede del gobierno porteño.

Quizás es el panorama poco alentador de las encuestas lo que lo libera de la carga del “deber ser” como presidenciable. Según una reciente encuesta online de D’Alessio-Berensztein, Macri ni siquiera es el dirigente opositor mejor posicionado. Tiene un 37% de imagen positiva, frente a un 51% de Bullrich, que es la figura más valorada entre los votantes de JxC. A ella le siguen Luis Juez y Ricardo López Murphy.

De acuerdo al Observatorio Social de la Universidad Nacional de La Matanza, Macri tiene 34,2% de opinión positiva, y se ubica detrás de Larreta (49,5), Bullrich (45,2) y Javier Milei (38,1). Cuando ese centro de estudios preguntó virtualmente si las elecciones a Presidente fueran hoy, el 8,9% respondió que lo elegiría. Perdería en una interna con Larreta (10,9) y Bullrich (10,8). Además, su presencia o no tendría cierto efecto en las PASO: con él, JxC recogería 35,4%; sin él, 36,1%.

Si se sostiene la hipótesis de que Macri funciona como espejo de Cristina Fernández de Kirchner, el ex presidente le ganaría a la vice en un mano a mano de segunda vuelta. Un 44,34% lo votaría en un balotaje frente a la vice (35,54), según un estudio de la consultora Escenarios. Pero en el PRO se recoge cierto consenso de que Macri no actuará de acuerdo a lo que haga la titular del Senado. Con tantos precandidatos amarillos deseosos de arrebatarle el poder al kirchnerismo, no hay en el universo opositor un “operativo clamor” que pida por él. 

“Yo creo que está para otra cosa. En Qatar se lo vio como pancho por su casa”, consideró alguien que lo conoce personal y políticamente. La aspiración de consagrarse como presidente de la FIFA sería una alternativa para un futuro, pero no próximo. El jueves Gianni Infantino será reelecto por tercera –y última vez– al frente del principal cargo del mundo del fútbol. Estará hasta 2027, el mismo año en que acaba el mandato del próximo presidente argentino.

MC

La travesía de Milei choca con el mercado de las candidaturas provinciales y, aun así, se consolida en todo el país

La travesía de Milei choca con el mercado de las candidaturas provinciales y, aun así, se consolida en todo el país

Si el comercio de órganos y niños es lícito, ¿por qué no lo sería la compra-venta de candidaturas políticas? En esa línea, cuando Javier Milei dice que se reserva los nombres de sus aliados en las provincias para evitar que Horacio Rodríguez Larreta los compre, al economista libertario se le podrá reprochar poca confianza en la gente que se le ofrece en el mercado de la política, pero no incoherencia. Para Milei, son comercializables las personas, partes de sus cuerpos y su pertenencia partidaria.

Tampoco se le debería atribuir recelo paranoico al candidato presidencial de La Libertad Avanza (LLA). El reclamo airado para que Larreta guarde un poco las formas a la hora de adquirir lealtades ya recorrió de Gerardo Morales a Patricia Bullrich, de Facundo Manes a Carlos Maslatón. Todos, a su turno, pidieron públicamente fair play, pero ninguno fue tan claro como Martín Lousteau cuando explicó entre risas, por televisión, el mecanismo de acumulación política del Jefe de Gobierno porteño (“todo lo que puede comprar, lo compra, y todo lo que puede vender en términos inmobiliarios, lo vende”). La crudeza del diagnóstico no le impidió a Lousteau dejarse convencer pocos meses más tarde de que la gestión del PRO en la Ciudad no tenía defectos.

Sin embargo, un consultor que cobra tan caro en dólares como Milei exhibe una falencia en el razonamiento. Aunque él guarde el nombre de sus candidatos provinciales hasta cinco minutos antes de la oficialización de las listas, aquel que esté dispuesto a comercializarse se ocupará de ir a golpear la puerta del dueño de la chequera, y el daño que le provocaría a LLA sería mayor.

Una razón más simple subyace en la reticencia de Milei de mostrar sus cartas en las provincias: no encuentra nombres que muevan el amperímetro. La historia democrática reciente demuestra que los liderazgos que surgen de los medios o las redes, o buscan nacionalizarse a partir de un éxito en una ciudad o una provincia, encuentran dificultades estructurales. Los investigadores Gabriel Vommaro y Mariana Gené dan cuenta en su reciente libro El sueño intacto de la centroderecha (Siglo XXI) que el referente del PRO en Córdoba hasta 2011 no sabía siquiera dónde quedaba la redacción del diario La Voz del Interior.

En el caso de la LLA, la identificación personalísima del sello con su rockstar es exacerbada, y a ello se suma una desconfianza constitutiva de la personalidad del líder (por debajo de su hermana, Karina, y los cinco perros con los que habita, parece no creer en nadie). Muchos dólares, abundancia de tele y redes, notable carisma y poca política para construir en las provincias, salvo en un par de distritos.

La estrategia nacional le fue encomendada al gestor Carlos Kikuchi, una mente noventista cuyo empleo de mayor relieve en el pasado fue haber sido vocero de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía. Karina Milei supervisa y lleva la contabilidad. Desde la oficialización de este esquema, hace un año, llueven los reclamos por manejos arbitrarios tanto de jóvenes rebeldes surgidos de la vida política virtual como de una vieja guardia de derecha que olió sangre, intentó llevarse su tajada y le cortaron la mano.

Hasta ahora, el logro más visible de Kikuchi fue montar la oferta de LLA en Tucumán sobre Fuerza Republicana, partido que lidera Ricardo Bussi, heredero político del terrorista de Estado que fue su padre. Esa alianza encuentra razones en el olfato de Kikuchi, pero también en aquel antiguo contrato que se dejó pagar el economista anticasta para asesorar a Antonio Domingo Bussi en la Cámara de Diputados de la Nación, más de dos décadas atrás.

Como ocurrió en casi todas las expediciones a las provincias en 2022, Milei causó sensación en la Plaza Alberdi de la capital tucumana en septiembre pasado, y allí recalará nuevamente el 8 de mayo, una semana antes de las elecciones de gobernador. Las encuestas señalan que la imagen del economista supera por mucho al tradicional segmento bussista que ha resultado esquivo para el peronismo y la UCR. Algunas, como la de la consultora Zubán Córdoba, ubican al postulante presidencial de LLA a la cabeza de las preferencias en Tucumán bajo determinados escenarios. La dimensión de ese apoyo, que se solapa con votos peronistas, ratifica para el encuestador Gustavo Córdoba que Milei dejó hace meses de ser un fenómeno meramente porteño-juvenil.

En su origen, el PRO tucumano sumó a referentes del partido fundado por el represor Bussi, pero no logró despegar. JxC cobró cuerpo en Tucumán con el renacimiento de la UCR y una escisión del peronismo que gobierna la capital provincial, alianza extraña que, muy probablemente, este año quedará en suspenso para las elecciones del 14 de mayo.

En cada elección tucumana, un sector de la UCR agarra la calculadora, simula tomar aceite de ricino y esboza una alianza con Fuerza Republicana como única forma de vencer al peronismo. Pero Raúl Alfonsín clama desde el cielo y Bussi hijo mantiene la pureza de su propuesta, decisión que algunos atribuyen a una mano discreta del oficialismo peronista. El 7% a 15% de los votos que cosecha Fuerza Republicana desde hace años (ocho legisladores provinciales en la actualidad) resulta clave para que el peronismo ratifique una hegemonía que sólo se vio interrumpida por un mandato de Bussi padre entre 1987 y 1991.

Cuánto ayudará Milei a Bussi para pegar un salto en la Legislatura y los concejos deliberantes, y en qué medida la estructura de Fuerza Republicana beneficiará al libertario en las elecciones nacionales está por verse. Por lo pronto, las candidaturas locales quedaron bajo la órbita de Bussi, informa el periodista David Correa, lo que disparó una nueva ola de quejas del incipiente movimiento tucumano que se había visto seducido por el Milei que reina en las redes sociales.

En las legislativas nacionales de 2021, el sello oficial de Milei tuvo una buena elección en Capital Federal (17%) y, en el interior, sólo consiguió sobresalir en La Rioja con un Menem (Martín, hijo de Eduardo) a la cabeza de lista para la cámara provincial (11,5%).

Otro distrito en el que Milei hizo pie este año es Neuquén, que vota el 16 de abril. El periodista Carlos Eguía, cara visible del mileísmo provincial, busca las firmas necesarias para anotar legalmente al partido del libertario en la provincia patagónica. Por lo pronto, Eguía dijo a elDiarioARce que la cosecha de voluntades marcha bien, sobre todo en las tomas, como llaman en Neuquén a los barrios más precarizados. La oferta provincial neuquina se llamará La Libertad es Cumplir.

Gracias a su programa matutino por su propia radio, Cadena 1, su actuación televisiva y algún Martín Fierro, Eguía tiene un recorrido en la vida pública neuquina. A comienzos de febrero, abrió su emisión diaria con una agria denuncia de compra millonaria de candidaturas, se declaró asqueado y renunció a la carrera electoral, decisión que revirtió a la media hora —cuenta— por pedido de sus bases. Maslatón, adversario de Milei, atribuyó el desmanejo al armado comercial del eje Kikuchi-Karina, pero luego Eguía aclaró que la oferta dineraria para vaciarle las listas provino de las huestes del diputado nacional Rolando Figueroa, el disidente que amenaza la hegemonía de seis décadas del Movimiento Popular Neuquino (MPN). Según el periodista-candidato, la estrategia comercial-electoral de Figueroa cuenta con el auspicio de Larreta.

Eguía jugó con Elisa Carrió en las elecciones legislativas nacionales de 2021. Intentó anotarse en la primaria de JxC, la nomenklatura del macrismo y parte de la UCR se lo impidieron, y el armador carrioísta Maximiliano Ferraro le abrió las puertas a una lista disidente por la Coalición Cívica. Eguía alcanzó 14% de los votos, casi todos en el área de Neuquén capital. Este año, Cadena 1 amplió sus repetidoras a toda la provincia, por lo que el periodista tiene confianza en expandir su zona de influencia. Tendrá candidatos propios en NQN Capital, Centenario, Cutral-Co, Plaza Huincul, Zapala, San Martin de los Andes y Chos Malal, entre otras jurisdicciones.

El pase de Eguía desde Carrió a Milei tiene su lógica por las características de la construcción política de ambos líderes nacionales. El libertario y la liberal cristiana tienen en común el hiperpersonalismo de sus armados partidarios, la autopercepción como outsiders del establishment y la tendencia a explicar la política con teorías conspirativas. Difieren en un punto crucial. Milei despierta sus mayores olas de entusiasmo en plazas del país a las que acuden jóvenes varones convocados por Instagram, Tik Tok y YouTube. Carrió se siente como en casa en confiterías, salones e iglesias de Barrio Norte o Alta Córdoba a los que concurren, sobre todo, mujeres adultas más propensas a ver TN, escuchar Radio Mitre y leer La Nación que a armar spaces en Twitter.

La pelea de fondo en Neuquén será entre la tradición inexpugnable del MPN, con el actual vicegobernador Marcos Koopmann como postulante, y el citado disidente Figueroa, que armó una amplia alianza llamada Comunidad, que incluye a fragmentos del peronismo, el PRO oficial y otras expresiones de centroizquierda. La disputa por el tercer puesto será entre el peronista de izquierda Ramón Rioseco (Frente Neuquino de Todos), Eguía (La Libertad es Cumplir) y el diputado nacional y empresario agrícola Pablo Cervi (JxC, aunque sólo con la UCR y la CC), quien arriesga eventuales filtraciones hacia la oferta libertaria y la de Figueroa. El Frente de Izquierda y los Trabajadores tiene en Neuquén a una de sus principales fortalezas electorales, por lo que también entra en liza.

La política tradicional asume que el tejido en las provincias es una condición sine qua non para dar pelea en una elección nacional. El aparato y la militancia locales resultan fundamentales para que el mensaje llegue a los barrios, animar a la gente a ir a votar y fiscalizar las urnas. Armadores de las últimas cuatro décadas como Alberto Fernández, Emilio Monzó, Carlos "Chacho" Álvarez, Eduardo Bauzá o Enrique Nosiglia no habrían concebido iniciar una campaña electoral sin tener calibrada la realidad de Cipolletti, La Banda o Concordia. Cuánto de ese paradigma sigue vigente es algo que la experiencia de Milei podría poner a prueba.

La realidad política brasileña es incomparable a la argentina por varias razones, pero ello no impide echarle una mirada. En 1990, un outsider derechista pasó de la pantalla televisiva de Globo al Palacio Planalto con un crecimiento vertiginoso en pocas semanas. A los dos años, cayó por su propio peso. La política argentina se mediatizó en los noventa, pero estuvo lejos de aquel extremo.

El ejemplo reciente de Jair Bolsonaro aporta una novedad con algún paralelismo más factible hacia la aventura de Milei. En 2018, con similar vértigo al de Collor de Melo, el capitán ultraderechista, cuyo ámbito de influencia había sido por décadas algunos enclaves de Rio de Janeiro, escaló hasta los cincuenta millones de votos en primera vuelta y 57 millones en el ballottage. Se presentó a la Presidencia con un sello alquilado, algo más o menos habitual en Brasil. Los medios poderosos de San Pablo, Río de Janeiro y Porto Alegre tomaron su ascenso con cierta distancia, sin rechazarlo. El éxito de Bolsonaro fue subterráneo, se esparció por las redes sociales y traspasó barreras socioeconómicas, ideológicas y partidarias. En su caso, el precario armado territorial, basado sobre compra de estructuras y colectoras oportunistas, no obstaculizó la victoria. Brasil llevaba cuatro años de recesión, Luiz Inácio Lula da Silva estaba preso, y tanto el PT como los golpistas que habían derrocado a Dilma Rousseff, con su imagen pública por el piso.  

Hay otros espejos en el que Milei se puede mirar. El liberal chileno (enésimo en su país) Franco Parisi no pisó Chile durante la campaña por un problema legal. Con presencia virtual, cosechó 13% de los votos en 2021. José Antonio Kast, un ultraderechista que repitió sin gracia "viva la libertad, carajo", pasó al ballottage y se llevó por delante a toda la derecha pinochetista y moderada. Algún punto de contacto también guarda LLA con la formación española Vox, nacida de la crisis por corrupción del Partido Popular y la reacción conservadora ante el avance de Podemos, los indignados anticapitalistas y las olas feminista y lgbt.

La avanzada de Milei no se parece por entero a ninguno de los ejemplos citados, pero tiene un poco de todos ellos.

Los estudios de la consultora Synopsis advierten que la corriente de Milei se alimenta en un 40% de un voto liberal de derecha reconocible en la tradición argentina. A ello se suma un 30% que encuentra en LLA la atracción de lo nuevo y otro 30% que ve en Milei un vehículo de la antipolítica.

El prototipo del votante de Milei —dice Lucas Romero, director de Synopsis— es un hombre blanco, menor de 30 años y nivel socioeconómico y educativo de medio a alto, lo que no excluye, desde ya, un caudal de adhesión en otras identidades del electorado. El 35% de los probables votantes de LLA proviene de sufragantes por JxC en 2019, mientras que el 11% optó por los Fernández, y el resto son jóvenes que acudirán a las urnas por primera vez y ciudadanos que eligieron a Roberto Lavagna, José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión hace tres años.

Con ese mapa, es lógico que la proyección de Milei quite el sueño a JxC. De allí derivan los tironeos en una coalición que entiende que, para ganar la Presidencia, deberá sumar los votos de LLA en una segunda vuelta, pero no puede arriesgarse a una seducción al votante de ultraderecha de tal grado que complique su propia cosecha en el primer turno. Si la inflación baja y el peronismo lleva de candidato a Sergio Massa u otro centrista, una candidatura dura en JxC —de Patricia Bullrich o Mauricio Macri— perdería un margen menor pero costoso a la hora de consagrar un ganador el 22 de octubre, dice Romero.

Allí entran a jugar las mil especulaciones sobre el huevo y la gallina, el vaso medio lleno o medio vacío y la manta corta. Los sondeos coinciden en ubicar a JxC en un primer escalón, cerca del 30%, aunque con una baja sensible con respecto a 2021. Unos puntos más atrás, las encuesta anotan al Frente de Todos o lo de que él surja, en una adhesión que resiste contra viento y marea la vocación destructiva de sus principales líderes. En tercer lugar, en torno a 20%, asoma LLA. Así las cosas, el podio —con todo lo prematuro e incierto que resulta anticipar el voto en este contexto— aparece achatado entre el primero y el tercero, con varias alternativas sobre la mesa, incluida la posibilidad de un triunfo de la ultraderecha.

Tanto Synopsis como Zubán Córdoba enfatizan dos aspectos centrales: el economista libertario dejó de ser un fenómeno del área metropolitana de Buenos Aires y la adhesión a él tiene un alto grado de resiliencia ante propuestas temerarias como la venta de órganos, las dudas razonables sobre cuánto cobra Milei la charla de treinta minutos con inversores y el endurecimiento del tono hacia LLA por parte del mainstream mediático.

“Cuesta encontrar provincias o ciudades donde Milei no mida”, describe Romero.

Mientras se desvivían por cerrar la lista de Cipolleti, La Banda o Concordia, los armadores ochentistas, noventistas y del siglo XXI habrían dado rienda suelta a la ilusión si un consultor les deslizaba esa frase. 

SL

La hegemonía imposible según Cristina Kirchner

La hegemonía imposible según Cristina Kirchner

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner demostró en el último tiempo que posee mayor capacidad para el análisis antes que para las efectividades conducentes que debería provocar la acción política. Se siente más cómoda y en su zona de confort en las “clases magistrales” —como la que brindó el viernes en la Universidad Nacional de Río Negro— antes que en los escenarios barrosos de disputa política  —como la última Asamblea Legislativa—. Se mueve como un pez en el agua en las exposiciones de tinte académico, frente a públicos muy predispuestos al festejo de la chicana fácil, el golpe propinado por una indirecta hábil o los gestos con doble o triple sentido.

En Viedma se dedicó a reivindicar a los tres gobiernos kirchneristas anteriores y a criticar más o menos abiertamente al actual como si fuera una profesional del comentario político y no la vicepresidenta de la Nación.

El laberinto en el que se encuentra —y del que no se sale tan fácil “por arriba”— la conduce a una paradoja: al lamentarse recurrentemente de su propio Gobierno, no hace otra cosa que ratificar su dificultad para presentar una alternativa política. Cuando afirma “yo avisé”, elípticamente confiesa “no pude, no quise, no supe hacer nada para evitar las consecuencias”. Pareciera que invierte de manera abismal la famosa tesis: los políticos se han dedicado a transformar de diversas maneras el mundo, pero de lo que se trata es de comentarlo.

Al margen de sus contradicciones, el resultado no es neutral: si las denuncias  no se traducen en una orientación política diferente, operan inmediatamente como una “cobertura por izquierda” para la hoja de ruta que aplica el Gobierno. El diagnóstico sobre el deterioro del salario, el empleo precario, la inflación indomable, la espada de Damocles de la deuda, el látigo del Fondo Monetario Internacional o el problema fiscal se transforman en diatribas impotentes sin responsables claros, mientras la política real sigue su curso y profundiza las consecuencias gravosas que el mismo discurso denuncia. Ya sea de la mano del “caprichoso” Martín Guzmán o del ahora confiable “Sergio” (Massa).

Si se dejan al margen las filminas con pretensiones pedagógicas y las citas de autoridad que fueron desde el francés Montesquieu a la economista italiano-norteamericana Mariana Mazzucato, el tema que atravesó la exposición fue el gran problema “teórico” que apasiona al Frente de Todos: la interna. 

La sombra terrible del innombrable (Alberto Fernández) apareció cuando la vicepresidenta aclaró que ella sí podía mostrar en público su celular o cuando afirmó: “Miren, creo que he dado muestras de un pragmatismo cuando se trata de los intereses del país que bueno, ya no sé qué más debería hacer”. En el subtexto se leía: “He dado muestras de un pragmatismo extremo que hasta puse como candidato a Alberto Fernández”.

Un (des)trato muy diferente al recibido por Massa a quien se refirió en tres oportunidades por su nombre de pila (“Sergio”) y destacó que tomó “cartas en el asunto” por el “festival de importaciones” que en alguna otra conferencia había denunciado apuntando a uno de los tantos albertistas caídos en desgracia: Matías Kulfas.

En Casa Rosada festejaron —como premio consuelo— que no haya hablado de candidaturas y más explícitamente de la “terca” postulación de Alberto Fernández que es el blanco del kirchnerismo en la recta final hacia el cierre de listas. En el cristinismo celebraron que haya comenzado a mostrar las cartas de lo que creen que será un nuevo conejo que saldrá de la galera.

Cuando hacia el final de la exposición, Cristina Kirchner introdujo la cuestión de la “hegemonía” comenzó a evidenciarse el tamaño de su esperanza.

La curiosidad teórico-política fue la oposición entre “hegemonía” (a la que agregó el adjetivo de “democrática”) a “consenso”, cuando una cosa presupone ampliamente la existencia de la otra.

La vicepresidenta afirmó que “se puede gobernar bajo dos formas: por hegemonía democrática, en un Estado constitucional, o por consenso… acordando las fuerzas políticas el modelo de país y hacia dónde vamos. Ahora, si no tenemos hegemonía democrática y tampoco tenemos consenso, «bueno papito, que te ayude tu hermano».

El concepto de hegemonía tiene un largo itinerario en el pensamiento político contemporáneo e incluso desde los tiempos de la Grecia antigua. No estuvo exento de un riesgo recurrente del que son víctimas las nociones con “demasiado uso”: que al intentar explicar todo, no expliquen nada. La hegemonía como mero ardid discursivo, como práctica cultural, como puro consenso sin coerción; la hegemonía como autonomía absoluta de la política, como pura manipulación mediática; el significante vacío y el vacío de un significado. La hegemonía como sinónimo de la simple articulación de un actor cualquiera en condiciones cualesquiera que le permiten atar con alambre por un breve periodo de tiempo lo que está estructuralmente quebrado.

Como definición general se puede afirmar que la constitución de una hegemonía tiene lugar cuando una clase dominante (o una fracción de clase) se torna dirigente. Es decir, logra esa combinación “virtuosa” de coerción y consentimiento porque, además, tiene la posibilidad de otorgar concesiones materiales a las clases sobre las que ejerce su hegemonía. Con estas condiciones consigue −por un periodo de tiempo− transformar sus intereses particulares en relativamente universales. (La hegemonía imposible, Capital Intelectual, 2022)

Es parcialmente cierto —como afirmó la vicepresidenta— que durante algunos años entre 2003 y 2015 existió una especie de hegemonía. Algunos consideran que tempranamente, en el año 2008, comenzó un proceso de desagregación de la coalición político-social que le había dado sustento. Como sea, todos coinciden en considerar definitivamente quebrada a la coalición en 2012 (las manifestaciones más contundentes fueron las rupturas de Hugo Moyano y de Sergio Massa que ganó las elecciones en la provincia de Buenos Aires en 2013).

El consenso sin hegemonía del que habló la vicepresidenta en Río Negro (deberíamos suponer que, además, sería menos “democrático” que la forma anterior) se parece mucho a los pactos entre las fuerzas políticas tradicionales y los factores reales de poder, un mecanismo al que Antonio Gramsci (que algo sabía de este tema de la “hegemonía”) bautizó como “parlamentarismo negro”.

No una articulación político-social para algún tipo de transformación, sino un acuerdo para rediscutir las condiciones de una deuda no “ideológica” que de cualquier manera hay que pagar; un compromiso para adaptar la orientación económica del país al “bimonetarismo” que se impone por su propio peso y un pacto para conseguir dólares a través de un extractivismo hardcore.

En síntesis, una nueva apuesta por el extremo centro que podrían expresar —con matices— tanto un “Sergio” (Massa) como un “Horacio” (Rodríguez Larreta). Con estas definiciones se entiende la “ferocidad” de la pelea con Alberto Fernández que no tiene su fundamento esencialmente en diferencias políticas: Cristina Kirchner considera que con la elección del actual presidente cometió un error personal y no conceptual. Eligió al hombre equivocado para la tarea correcta, erró en su forma de acertar. Por eso ahora propone hacer extremo centro, pero por otros medios.

La vicepresidenta postula un consenso no hegemónico para la supervivencia del sistema político y para evitar la tan temida “fragmentación” más allá de sus consecuencias sociales. Por eso Perú fue evocado en su discurso más por el peligro de la fragmentación política que por las posibilidades que abre la inédita movilización social. Una vez más, la crisis vista desde la perspectiva del orden y no como condición de posibilidad de otra cosa.

A 50 años del triunfo de Héctor Cámpora y con un Perón conciliador y unitario flotando en el ambiente politizado gracias al libro taquillero de Juan Manuel Abal Medina que lo puso a circular (Conocer a Perón. Destierro y regreso. Planeta, 2022), Cristina Kirchner postula un vidrioso consenso para el país de la hegemonía imposible.

Aprender a repetirse

Tamara

Recordaba que la película Julie and Julia (Nora Ephron, 2009) me había gustado mucho, pero no recordaba tanto por qué, o quizás cuando la vi por primera vez me entusiasmó por razones distintas que las que se me ocurrieron la semana pasada cuando volví a verla en un avión. Lo que más presente tenía en la memoria era el modo en que está filmada la comida, contada por una persona que la disfruta, que la retrata como solo se puede retratar lo que se ama. Pero quizás porque cuando la vi en el cine tenía otra edad es que no registré algunas de las cuestiones que esta vez me llamaron más la atención.

Julie and Julia cuenta dos historias en un montaje paralelo: la de Julia Child (Meryl Streep), una suerte de Doña Petrona gringa que llevó la gastronomía francesa a las cocinas de las amas de casa “sin tiempo y sin sirvientes”, y la de Julie Powell (Amy Adams), una chica que pasó de promesa literaria de su universidad a treintañera frustrada en un trabajo burocrático. En un intento por salir de la meseta emocional, Julie decide empezar un blog con una premisa muy concreta: cocinar todas las recetas del libro más famoso de Julia Child en el lapso de un año y no morir en el intento. Mientras la película nos muestra cómo fue que Julia Child se metió en los hogares de los estadounidenses, vemos a Julie entrar en una especie de obsesión. Tiene que hacer todas las recetas, incluyendo las langostas que van vivas a la olla, el pato que se compra entero y se corta en casa y una sección de áspics que ninguna persona debería haber vuelto a tocar después de 1970. Tiene que hacerlas, además, tal cual como Julia las hacía: los mismos caldos, las mismas salsas untuosas, las mismas cantidades de manteca.

Ahora que soy grande y que yo también quiero dedicarme a escribir (me dedico, teóricamente, pero es una de esas profesiones en las que no se abandona nunca la sensación de ser aspirante, o a mí no me ha tocado todavía) vi en la película un tema que antes no había leído. Julie insiste en la disciplina, insiste en la copia exacta: insiste, textualmente, en que lo más importante que Julia le enseñó fue a cocinar. No a inventar recetas: a cocinar, a hacer lo que otro ya probó y sabe que funciona. A diferencia de lo que se supone que es el punto de escribir, cocinar no se trata de hacer cosas nuevas todas las veces: muchas veces se trata de hacer exactamente lo mismo. Que la receta salga igual a como le salió a su autor, que salga igual a la foto del libro, que salga igual todas las veces que el restaurante la sirve; llegar todas las veces al cierre, me dice una amiga cocinera, a la misma hora y con las mismas tareas terminadas. Julie estaba en un momento en el que no podía escribir nada: no había nada que ella pudiera crear, ninguna cosa a la que pudiera dar nacimiento desde cero. Lo que la sacó de ese estado en un sentido fue probar con algo distinto: seguir reglas, una rutina, una inmersión en la mismidad y en el abandono total y absoluto de la pretensión de originalidad. Pienso que la satisfacción que dan los rituales y las tradiciones viene de la libertad que da liberarse de la obligación de ser novedad en un mundo donde lo nuevo parece ser lo único que importa, borrar la propia subjetividad en una época en la que lo único valioso es lo que se puede firmar.

Es gracioso: para Simone de Beauvoir, parte de lo opresivo de las tareas del hogar —aunque rescata que la cocina puede tener un componente creativo— es el hecho de que no dejan una obra permanente, que todos los días hay que hacerlas todas de vuelta. Entiendo a lo que va y tiene toda la razón, pero lo que a mí —y supongo que a Nora Ephron también— me resulta liberador de cocinar no es la parte creativa: es juntamente que se trata de otra cosa, de hacerse parte de una tradición y de algo que se ha hecho pero que tiene valor igual, que no deriva su importancia únicamente de su inexistencia previa. Por supuesto que los grandes cocineros pueden crear recetas emblemáticas, pero ni cocinar en casa ni cocinar profesionalmente consiste sólo en la invención: la manteca no necesita ser algo distinto de lo que es, es absolutamente perfecta como es. La cebolla hay que aprender a picarla de la manera que ya tenemos, la manera que te enseñan en las escuelas de cocina: la humanidad ya llegó a la cúspide en lo que respecta a picar cebolla, no hay nada que inventar y cualquier cosa que se te ocurra seguramente será peor, así que lo mejor que se puede hacer es dejar de intentar distinguirse, aprender, sumarse a una cadena anónima e infinita de personas que hacen lo mismo, de la misma forma, una y otra vez. Eso que para Simone de Beauvoir era la condena de Sísifo en el siglo XXI puede ser el nirvana, e incluso la subversión, la forma de salirse del imperativo individualista y abrirse a lo colectivo, a aquello de lo que no puedo vanagloriarme yo sola.

 No había prestado atención, la primera vez que vi la película, al hecho de que tanto Julie como Julia tienen unos maridos espectaculares: tipos amorosos, dulces y divertidos que las apoyan en todo. Pienso que aprender a cocinar y aprender a vivir con alguien se parecen en esto: pasados los enamoramientos no se trata, yo creo, como dicen algunos gurús del amor, de “mantener la llama” a través de falsas novedades, disfraces de conejita y escapadas a la playa. Lo que hay que aprender a valorar, lo difícil, lo contracultural, es la repetición, como un actor de teatro que goza de decir el mismo texto todas las semanas con las mismas inflexiones, parando en las mismas marcas, llegando a los mismos lugares. A mí, personalmente, siempre me costó todo esto: seguir recetas al pie de la letra, hacer los ejercicios de guitarra, sostener una pareja. Pero por eso mismo los intentos de hacerlo, los míos y los de otras personas, me resultan tan conmovedores: la voluntad genuina de hacer las cosas bien sin inventar nada, tener que hacerlas una y otra vez porque no se acumulan, sino que se comen, se acaban. Es por eso que me repugna y me deserotiza el lenguaje de los proyectos para hablar de los amores. Lo interesante de la experiencia de querer a alguien, pienso yo, es que no es un proyecto, que no va a convertirse en algo distinto de lo que es, que hay que hacerlo de nuevo, igual, todos los días. 

TT