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En una semifinal destinada a quedar en la memoria colectiva, el campeón del mundo derrotó 2-1 a Inglaterra con una remontada deslumbrante y se clasificó para la final del Mundial, donde el domingo buscará revalidar el título en Nueva York.
En una tarde histórica, cuyas secuencias el futuro exhibirá en loop hasta saberlas de memoria, Argentina, el campeón del mundo, el cuadro de Lionel Messi, el genio crepuscular cuyo equipo ha venido cincelando el ciclo futbolístico más grande de su rica historia, es otra vez finalista de un Mundial. La inolvidable, emocionante victoria ante Inglaterra por 2 a 1 lo coloca nuevamente en una final. Será el domingo a las 16 en Nueva York.
Bailan los argentinos en Atlanta. Saben que la victoria adquiere una relevancia de una profundidad desconocida hasta aquí, no solo porque se ganó un partido con una carga simbólica extraordinaria, sino porque se logró con los mejores argumentos posibles, con un fútbol superlativo desplegado a partir de verse otra vez en el piso.
Desde entonces, desde que Inglaterra abrió el marcador, Argentina sometió a su rival, que quedó reducido a una mueca, el eco lejano de lo que tanto asustaba. Fueron cuarenta minutos eléctricos y llenos de fútbol en los que los británicos -que llegaron como favoritos- solo se dedicaron a revolear la pelota, a encallarse cerca de su área, a esperar. Todo ese ciclo de dominio entra derecho al museo de nuestros mejores recuerdos.
Antes había habido un partido muy distinto, de una respiración contenida, aquietada. Ese primer tiempo fue como una pulseada pero jugada solo con los dedos. Nadie se animaba a entregarse del todo, sabiendo que era mucho lo que había para perder. Era un duelo de colmillo y filo, de miradas torvas y roces. Esperable por cierto: una semifinal del Mundial tiene este tipo de ingredientes, una coreografía de gestos hostiles y pocas jugadas elaboradas.
La tensión se sentía en la atmósfera cargada del Atlanta Stadium: de las tribunas caía un murmullo permanente y pesado, como el rumor que antecede a una avalancha. Cada tanto se producía un estallido, pero por cosas nimias: una gambeta, una posición ganada en la cancha, un córner que se cedía. Poco, muy poco. El partido era una bomba que nadie desactivaba, estaba ahí, viva, con sus cables al aire pero con ninguno de los dos equipos con capacidad para desactivarla.
Hasta el cooling break parecía un poco más Inglaterra, con amenazas mas latentes por sus costados, peligro encarnado tanto por Spence, su lateral izquierdo, como por Rogers, su delantero por la derecha.
Luego de ese primer corte, el campeón apareció en escena. Fue a través de Messi, como no podía ser de otro modo. El genio de Rosario se sacó a dos ingleses de encima y otros dos lo bajaron. El estadio rugía. El ídolo mundial había dicho presente. Tras el tiro libre, hubo un rebote y tomó la pelota Enzo Fernández, cuyo disparo salió muy cerca del ángulo derecho de Picksford. Enzo también avisaba. La sangre le hervía a todos pero él tenía el pie caliente. Era el primer tiro al arco del partido. Iban 32 minutos de juego. Nunca en la historia de las eliminaciones de Mundial dos equipos habían tardado tanto en llegar a un disparo.
Era un partido de momentos, o peor: de micro momentos. La pelota se escondía, esperando el menor descuido rival, que no aparecía. Todo era así, con los nervios agarrotándolo todo.
El segundo tiempo arrancó con una gran jugada de Julián Alvarez que Picksford sacó al córner en el primer palo. Había colaborado en la elaboración el jornalero Giuliano Simeone, cuyo atolondrado rastrillaje no tuvo nada de glamoroso, es cierto, pero le dio rédito al equipo en situaciones puntuales.
Hasta que llegó el gol que lo cambió todo. El de Gordon, quien lo consiguió ganándole la espalda a Molina, el costado más vulnerable del equipo en lo que va del Mundial. Había sido una jugada larga y rápida en la que Tagliafico había rechazado la pelota a medias. Atribulados, los dos laterales, un karma de este equipo desde hace años, estuvieron involucrados en la jugada.
Pero el tanto despertó al campeón, que reaccionó y arrinconó a su rival. Todo pasó a ser del equipo de Messi, que incluso jugó, por momentos, en modo ya no 2022, sino 2012, porque hizo apiladas dignas de su tiempo de esplendor, no porque los tiempos actuales no lo fueran, sino porque descolla por otras vías. Un centro suyo terminó con un cabezazo de Nico González -había ingresado por Paredes- que fue salvado por Picksford.
Todo era de Argentina, que con dos cabezazos -una vía que se revelado como un atributo inesperado- casi convierte. Uno fue de MCAllsiter -al palo- y otro de Nico Gonzalez. El campeón merecía el empate. Pero Inglaterra transitaba su propia cruzada: un fuerte que parecía inexpugnable.
Desesperado, Scaloni quemó las naves: entró Lautaro Martínez por Tagliafico. Antes había ingresado De Paul, que enseguida tomó contacto con la pelota y generó claros, distribuyó pases se asoció con Fernández, que jugó de cinco y tuvo un segundo tiempo consagratorio. Pero el fuerte británico no cedía.
Hasta que cayó el imperio. Otra vez Enzo, el de los goles importantes, el que no había jugado mal pero había rendido por debajo de sus posibilidades hasta aquí, marcó el empate. Un derechazo combado que dibujó una elipsis preciosa, tocó la red e ingresó de lleno en la historia contemporánea.
Qué decir entonces del segundo gol, el de la victoria, el que barnizó de épica la inolvidable tarde de Atlanta. Conmovedor como ha sido hasta aquí, a sus 39 años, Lionel Messi tomó la pelota sobre la derecha del ataque y se desmarcó de un defensor al que le lleva 20 años, 20 años de gloria, por otra parte. Nico O´Reilly tenía un pedazo de leyenda delante suyo y se rindió a sus pies, la dejó pasar. El centro de derecha del rosarino cayó como una emboscada en el corazón del área, donde aparecía Lautaro Martínez. El cabezazo del Toro viajó a la red y se convirtió de inmediato en postal: ese gol será visto decenas de veces por las futuras generaciones.
Había sido tal el dominio de Argentina durante el segundo tiempo que Inglaterra ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, mucho menos aún de elaborar alguna jugada aceptable, digna de la jerarquía de sus jugadores. Desaparecidos Bellingham y Kane, el equipo de Tuchel se rindió ante la grandeza argentina, que ni siquiera le cedió una chance de empate.
Cuando el árbitro marcó el final, el Atlanta Stadium pareció levitar, suspendido en el aire por el hito futbolístico que había sucedido en el césped. Guiado por la sabiduría de su capitán, el campeón había vuelto a demostrar que no piensa bajarse de la cima. El domingo en Nueva York irá a defender lo que le pertenece. Su fuego sagrado, el rojo de sus corazones rojos, quema y arde como sus triunfos.

Los dirigidos por Scaloni siguen haciendo historia. Los autores de los goles fueron Enzo Fernández y Lautaro Martínez.
La Selección argentina le ganó 2-1 a Inglaterra, tras estar en desventaja, en un partido épico, emotivo y para el infarto y se metió en la gran final del Mundial 2026, donde se enfrentará con España.
En un encuentro disputado en el Mercedes Benz Stadium de Atlanta, el conjunto británico se había puesto en ventaja a través de Anthony Gordon, a los 10 minutos del complemento, pero los dirigidos por Lionel Scaloni lo dieron vuelta gracias a los goles de Enzo Fernández, a los 40, y Lautaro Martínez, a los 47.
La Selección Nacional jugará por segunda vez consecutiva la final del Mundial, en esta ocasión frente a España, el próximo domingo a las 16:00 (hora argentina) en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
Por su parte, Inglaterra se medirá con Francia, un día antes pero a las 18:00 (hora argentina) por el tercer puesto en el Hard Rock Stadium de Miami.
El encuentro comenzó muy parejo, en un primer tiempo que fue un verdadero juego de ajedrez, con prácticamente ninguna jugada clara.
La única la tuvo la Argentina, con un remate desde afuera del área que pasó muy cerca del arco defendido por Jordan Pickford.
En el inicio del segundo tiempo Inglaterra se puso en ventaja a los 10 minutos en una jugada aislada, cuando el elenco albiceleste jugaba mejor y controlaba el desarrollo del cotejo.
Iban 10 minutos, cuando Gordon definió solo en el área chica tras un preciso centro bajo de Morgan Rogers que sorprendió a la defensa argentina.
Luego de ponerse en ventaja, Inglaterra quiso replegarse atrás con el objetivo de defender el resultado y la Selección Nacional comenzó a acechar el área rival con un coraje impresionante.
Allí fue cuando apareció la figura de Pickford, quien se lució con varias atajadas, sobre todo un cabezazo abajo que le sacó a Nicolás González, que hacían parecer imposible una remontada argentina.
Encima, Alexis Mac Allister no estaba de suerte y un cabezazo suyo de palomita y de arremetida se estrelló en el palo derecho ante la mirada del guardameta británico.
Sin embargo, la Selección argentina logró llegar a la igualdad a los 40 minutos del segundo tiempo a través de un tremendo remate desde afuera del área de Fernández, tras un pase atrás de Lionel Messi, quien se llevó la marca de varios ingleses.
No conformes con la igualdad, los vigentes campeones del mundo siguieron presionando y así consiguieron el gol del triunfo a los 47 minutos de la segunda mitad, cuando el “Toro” Martínez se impuso en las alturas con un gran cabezazo tras un centro preciso de Messi ejecutado con la pierna derecha. En esa misma jugada Mac Allister estrellaba otro tiro en el palo, pero ahora en el izquierdo.
Los minutos fueron corriendo y el elenco nacional se dedicó a aguantar los centros del equipo inglés hasta que terminó el partido.
De esta manera, la Argentina consiguió la clasificación a la gran final, donde se enfrentará con España, que este martes dio una cátedra de fútbol para derrotar 2-0 a la Francia de Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y compañía.
Mundial 2026.
Semifinal.
Argentina 2 – Inglaterra 1.
Estadio: Mercedes Benz Stadium (Atlanta).
Árbitro: Ismail Elfath (Estados Unidos).
Asistente 1: Corey Parker (Estados Unidos).
Asistente 2: Kyle Atkins (Estados Unidos).
VAR: Marco Di Bello (Italia).
Argentina: Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian “Cuti” Romero, Lisandro Martínez, Nicolás Tagliafico; Giuliano Simeone, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Lionel Messi y Julián Álvarez. DT: Lionel Scaloni.
Inglaterra: Jordan Pickford; Djed Spence, Marc Guéhi, John Stones, Reece James; Elliot Anderson, Declan Rice; Anthony Gordon, Jude Bellingham, Morgan Rogers; Harry Kane. DT: Thomas Tuchel.
Goles en el segundo tiempo: 10m Gordon (I), 40m E.Fernández (A), 47m. Lautaro Martínez (A).
Cambios en el segundo tiempo: 19m Nicolás González por Paredes (A), 27m Ezri Konsa por Gordon (I), Gonzalo Montiel por Molina, Nicolás Otamendi por Lisandro Martínez y Rodrigo de Paul por Simeone (A), 36m Lautaro Martínez por Tagliafico (A), 37m Dan Burn por James y Nico O´Reilly por Rice (I), 49m Ivan Toney por Stones y Marcus Rashford por Spence (I).

El microcentro porteño recibió a miles de personas tras la victoria de la Selección en el marco del Mundial 2026, que permitió el acceso a la final con España el próximo domingo.
El microcentro porteño se convirtió este miércoles nuevamente en el principal escenario de celebración tras el nuevo logro de los dirigidos por Lionel Scaloni.
La Selección nacional dio vuelta un partido agónico, luego de que su rival se había puesto en ventaja en el inicio del segundo tiempo, con un tanto de Anthony Gordon.
Enzo Fernández y Lautaro Martínez dieron vuelta el marcador, luego de que el equipo buscara insistentemente el arco defendido por Pickford.
Incluso, algunos manifestantes se dirigieron a San José 1111, el domicilio de la ex presidenta Cristina Kirchner, para seguir festejando el triunfo mundialista, esta vez en el barrio de Constitución.
En rigor, el fenómeno que marca una nueva celebración ya había tenido lugar el pasado domingo 13 de julio, luego del encuentro de la albiceleste ante Suiza, donde el seleccionado sacó una diferencia de 3 goles ante 1 y había clasificado a semifinales.
La emoción de los jugadores y de los fanáticos quedó plasmado en las calles de la Ciudad de Buenos Aires y en cada rincón del país. No obstante, la celebración principal se ancló alrededor del monumento que, por seguridad, presenta una valla de contención redondeada alrededor.
Operativo policial extenso sobre los festejos en el centro de la Ciudad
Ante semejante movilización, se desplegaron 800 efectivos de la Policía de la Ciudad, además de funcionarios pertenecientes a las áreas de Orden Urbano, la División Despliegue de Intervenciones Rápidas (DIR) y patrullas en moto del Grupo de Apoyo Motorizado (GAM), junto con brigadas de la Superintendencia de Investigaciones y personal de las Comisarías Vecinales 1B y 1D.
Por lo tanto, autoridades de la Ciudad recomendaron a los automovilistas evitar por completo la circulación por la zona céntrica y desviar sus recorridos desde la altura de la Avenida Callao.
Los clásicos “Muchachos”, “El que no salta es un inglés” y “Olé, olé, olé, Messi, Messi”, junto con el nuevo tema de la Albiceleste “La cuarta estrella”, se mezclaron con bocinazos y banderas argentinas que cubrieron la Avenida 9 de Julio.
Con información de agencia NA

Luego del épico triunfo triunfo sobre Inglaterra que significó el pasaje a la final del Mundial, los jugadores mostraron una bandera de las Islas Malvinas, algo prohibido expresamente para los hinchas en el estadio.
La Selección sorprendió sobre el final mismo de la agónica victoria sobre Inglaterra, al desplegar sobre el campo de juego una bandera blanca con la inscripción “las Malvinas son argentinas”.
Previamente, se había dispuesto por los organizadores de encuentro llevado a cabo en Atlanta, Estados Unidos, que no pudieran ingresar simpatizantes argentinos que llevaran esa leyenda, algo suscripto por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.
Sin embargo, el plantel argentino, entre ellos el mediocampista Giovani Lo Celso, desplegaron la citada tela, con la inscripción malvinense. Leandro Paredes y Lautaron Martínez, luego consultados por esa decisión, bajaron el tono y evitaron mayores comentarios.
Incluso, en el marco del fervor generado por acceso a la final del Mundial, que se jugará este domingo desde las 18 en Nueva York, los jugadores saltaron con el cántico “el que no salta/es un inglés”, un verdadero hit desde el recordado partido de México 86, aquel de los goles de Diego Maradona.
Anthony Gordon había abierto la cuenta en el segundo tiempo para Inglaterra, y la Argentina, luego de mucho intentarlo, logró empatar por medio de un remate de afuera del área de Enzo Fernández, y luego un cabezazo de Lautaro. En las dos acciones, el pase correspondió a Lionel Messi.

La Dirección de Asesoramiento Financiero en las Investigaciones (DAFI) presentará este viernes al fiscal Pollicita un reporte sobre las presuntas inconsistencias entre ingresos y gastos de todo tipo, desde viajes hasta inmuebles. A partir de ese informe, en agosto se elevará un requerimiento de explicaciones al exjefe de Gabinete.
Entre la previa y el post de la semifinal del Mundial entre Lionel Messi y Jude Bellingham, cuatro contadores de la Dirección General de Asesoramiento Económico y Financiero en las Investigaciones (DAFI) del Ministerio Público Fiscal ultiman un informe sobre las sospechas de inconsistencia en la evolución patrimonial y los gastos del exjefe de Gabinete Manuel Adorni. El viernes se lo presentarán al fiscal de la causa, Gerardo Pollicita.
Desde que saltaron los escandalosos viajes, compras y decoraciones de inmuebles de Adorni a partir de marzo pasado, el juez Ariel Lijo y Pollicita vienen acumulando un buen número de datos sobre los modestos ingresos y las elevadas erogaciones del exfuncionario. Son la base de la causa de presunto enriquecimiento ilícito. En estos casos, se invierte la carga de la prueba: el ex funcionario es quien debe explicar que se ha enriquecido de manera lícita, que puede justificar desde los vuelos en jets privados hasta la casa del country Indio Cua, con cascada en la pileta incluida.
Con los datos que tiene Pollicita ya hay sospechas del presunto delito, pero necesita el peritaje de los profesionales contables. Una vez que lo reciba, lo estudiará durante la feria judicial de julio, que se extiende en las próximas dos semanas, y a principios de agosto formulará el requerimiento de explicaciones a Adorni. En ese momento, el exjefe de Gabinete deberá responder las preguntas y podrá justificar todas las presuntas inconsistencias. Sólo después el fiscal podrá pedir su declaración indagatoria.
En el expediente se acumulan tantas pruebas ya públicas en contra del también exvocero presidencial y vencedor de las elecciones locales porteñas de 2025 que llama la atención por qué y cómo el presidente Milei lo sostuvo tantos meses en el cargo. Pero en la causa Adorni nunca aportó documentos sobre el supuesto pendrive donde tendría una billetera de criptomonedas: aquello sólo quedó como declaración ante la prensa.
Una vez que se verifique el enriquecimiento ilícito quedará pendiente la pregunta de cómo financió sus gastos. De momento no hay pruebas. Sólo sospechas y versiones que van desde presuntos sobresueldos abonados por la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) o la Fundación Faro, con su listado secreto de donantes, hasta repartos de supuestas coimas como las descubiertas en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) o ganancias del lanzamiento de la criptomoneda $LIBRA, a cargo del propio Milei y que está siendo investigada por eventual estafa.
Adorni resistió la presión hasta que, una vez comenzado el Mundial, terminó renunciando. La Copa del Mundo no pudo tapar el caso. Pero su dimisión corrió el asunto de la agenda mediática. Además, el nombramiento de un nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, y un nuevo vocero, Adrián Ravier, menos hostiles y más dialoguistas, permitieron distender el panorama para el sueño reeleccionista del presidente en 2027. La inflación ha comenzado a ceder, pero aún persisten ciertas penurias económicas.
Santilli enfrenta el desafío de lograr el apoyo de los gobernadores a una catarata de proyectos de leyes, en medio de la caída abrupta de la recaudación tributaria y de los consiguientes giros de la Nación a las provincias. Ravier procura ofrecer respuestas, aunque este martes responsabilizó a la gente de endeudarse por falta de conocimientos sobre cómo gestionar su economía personal. Pero sin Adorni de por medio y con un índice de precios al consumidor (IPC) por debajo del 2% mensual, Milei sueña igual con gobernar hasta 2031.
AR/MC