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La mano del asesor presidencial, clave en dos decisiones económicas cruciales de las últimas horas: la concesión de la Hidrovía y la autorización de la compra de Movistar Argentina por Clarín/Telecom. Zonas inexplicables de la convivencia entre el gobierno y el gigante de las telecomunicaciones.
El conflicto entre Karina Milei y Santiago Caputo actúa como un motor de la acción de gobierno.
Desde las elecciones de medio término, en octubre pasado, la crónica narra la determinación de la secretaria general de la Presidencia para arrinconar al asesor privilegiado, alguna vez, vértice del “triángulo de hierro”. La inquina mutua se traduce en desplantes, denuncias penales, rienda suelta a agravios que encuentran emisarios que los filtren y operaciones con indudable factoría de inteligencia.
La pelea de fondo es por la ocupación de terminales de decisión y el manejo de presupuestos. En el robo sistemático expuesto en la Agencia de Discapacidad, la saga Adorni y las negociaciones con las provincias, siempre hay una versión surgida de despachos oficiales que explica lo ocurrido como una esquirla de la disputa central.
En teoría, la hermana de Milei tiene las de ganar. Testigos de la relación fraternal indican que prima el maltrato mutuo, pero que la posición de autoridad reside en Karina. “El Jefe” y “Dios”, definió el mandatario. Habrá que creerle.
La ofensiva de Karina en el último semestre incluyó la remoción de la gente de Santiago del Ministerio de Justicia y el consecuente manejo del nexo con los tribunales federales de Comodoro Py, una guerra inconclusa por la SIDE y hasta tabiques físicos en Casa Rosada para que los periodistas acreditados no puedan tener contacto con el asesor. “El Jefe” y los Menem se especializaron en gozar sus victorias en fotos oficiales en las que Santiago pierde toda el aura de Peaky Blinders que intenta construir.
Sin embargo, hay áreas de negocios que el asesor no suelta. La impeorable gestión en Salud de Mario Lugones, padre de un socio del asesor, no parece en riesgo de ser ocupada por un karinista. ARCA y la Secretaría de Inteligencia, un tándem temible, siguen bajo la órbita de allegados al “hermano de la vida” de Milei.
Esta semana, dos decisiones gubernamentales coronaron ganadores económicos de los más importantes del ciclo Milei. No se explicarían tal como acontecieron sin la mano de Santiago Caputo.
El jueves, el Ejecutivo confirmó que la belga Jan de Nul y su socia local Servimagnus, de la familia Román, tendrán a su cargo durante los próximos 25 años la vía navegable Paraná-Paraguay, por la que se transporta el 80% de las exportaciones argentinas. La facturación anual promedio ascenderá a US$628 millones.
Durante dos años, circularon versiones sobre terminales políticas y económicas tanto del consorcio ganador, como del que resultó el principal competidor, encabezado por la también belga Dredging Environmental and Marine Engineering (DEME).
La licitación fue objeto de un intenso lobby empresarial y diplomático, y de una puja politica que alguna vez llevó a Santiago Caputo a advertirle a Mauricio Macri que no se quedaría con la hidrovía.
Según una insistente versión proveniente tanto en ámbitos políticos como empresariales, el factor Caputo aparece a través de la firma Neuss, mencionada como contratista cantada para las tareas de dragado.
Soda Neuss Belgrano fue fundada en 1891 por un inmigrante alemán. En el siglo siguiente, la firma amplió sus negocios, y a mediados de la década de 1990 se asoció a la francesa Thales para el control del espectró radioeléctrico, una de las privatizaciones más venales de los años de Menem. Fue uno de sus picos de fama. En 2020, plena pandemia, Jorge Neuss, nieto del primer emprendedor, volvió a los titulares cuando asesinó a su esposa, Silvia Saravia, y luego se suicidó, en su casa del barrio privado Martindale.
Tres años después del homicidio, Milei llegaría a la Presidencia, y dos de los hijos de la pareja, Patricio y Juan, encabezarían una expansión acelerada. Asaco su cercanía a Santiago Caputo, nacida en la adolescencia compartida en Martindale, les despertó el interés de hacer más negocios con el Estado.
Con la empresa Edison, los Neuss y sus socios ganaron licitaciones de dos centrales hidroeléctricas en el Comahue y se transformaron en accionistas de la transportadora eléctrica Transener. Firmas emblemáticas nacionales, como la generadora de electricidad Genneia, de los Brito; Newsan (electrodomésticos), de Rubén Cherñajovsky y Luis Galli; e Inverlat (Havanna), de Guillermo Stanley y el exfuncionario PRO Federico Salvai, sintieron una súbita propensión a asociarse con los herederos de la fábrica de soda para participar en licitaciones.
Coincidentemente, los Neuss son aportantes centrales de la Fundación Faro, el sello recaudador del divulgador antifeminista Agustín Laje, que en la divisoria de aguas entre Karina y Santiago, se cuenta del lado de éste.
La oficialización de la concesión de la Hidrovía tuvo lugar el jueves, en simultáneo con la aprobación de la compra de Movistar Argentina por parte de Telecom Argentina, el brazo de telecomunicaciones e internet del Grupo Clarín.
Hace meses, Telecom anticipó, en conversaciones informales con proveedores y empleados, que la aprobación de la compra de Movistar Argentina sería inminente. Horas después del dictamen de la Autoridad de la Competencia que dio el visto bueno con condiciones, llegó la confirmación oficial para todo el personal, en un texto de innegable sabor a tarea cumplida.
Desde que la empresa de Clarín anunció la compra de la filial argentina de Movistar/Telefónica a cambio de US$1.245 millones, en febrero de 2025, Luis Caputo encabezó la objeción a la operación en los términos que pretendía el gigante de medios y telecomunicaciones.
Más allá de versiones sobre sus motivaciones, el ministro se apoyaba en criterios anticoncentración. La acusación de Milei titulada “La gran estafa”, fijada en su perfil de Twitter, de que Clarín forjó su expansión sobre la base del robo y la extorsión alimentó la especulación de ciertos observadores de que el gobierno estaba dispuesto a sostener la pelea.
Los números de la fusión hablan por sí solos. Telecom Argentina y la ex-Movistar Argentina suman 40 millones de líneas móviles —58% del mercado argentino—, 5,8 millones de clientes de banda ancha —50%—, 3,8 millones de hogares con TV paga —40%—, y más de tres millones de líneas fijas —75%—. Apenas se agudiza la mirada en el reparto del mercado en provincias y ciudades específicas, la prevalencia se transforma en dominio.
Caputo transmitió que pisaría sobre seguro para evitar cautelares eternas que Clarín suele conseguir en tribunales federales. Así, el gobierno conformó la Autoridad Nacional de la Competencia (ANC), con integrantes electos por concurso y ratificados por el Senado.
Mientras, los contenidos del Grupo Clarín seguían alternando segmentos hiperoficialistas con otros críticos y artillería pesada contra la voraz sociedad Adorni-Angeletti, y el tuit agraviante de Milei seguía allí.
Una dinámica singular de amor-odio de la que no dan cuenta ni el gobierno ni Clarín, y que da lugar a sospechas fundadas sobre una segunda realidad debajo de publicitados encuentros y desencuentros
De la letrina en que el Soez transformó sus redes sociales, no se salvaron unos cuantos periodistas de Clarín, ni siquiera algunos que explicitan amplias coincidencias con el ultra. Al mismo tiempo, el mandatario mantuvo su preferencia por segmentos del Grupo o de su socio La Nación para disparar a sus anchas en charlas amenas, como si estuviera en su casa: una dinámica singular de amor-odio de la que no dan cuenta ni el gobierno ni el emporio comunicacional, y que da lugar a sospechas sobre una segunda realidad debajo de publicitados encuentros y desencuentros.
Unos tres meses atrás, la confianza que reinaba en Economía de que se impondrían severos criterios anticoncentración se vio resquebrajada. Otra vez, la mano de Santiago Caputo.
El asesor intervino a través del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), una de las terminales que maneja.
La ANC terminó por aceptar casi en su totalidad un dictamen de ENACOM de marzo pasado. La compra de Movistar por parte de Telecom quedó condicionada al desprendimiento de 6 millones de clientes de telefonía móvil —15% de los 40 millones resultantes de la fusión—, 211.400 abonados a banda ancha en apenas 28 localidades —3,6% de los 5,8 millones— y devolución de 130 MHz del espectro radioeléctrico.
Si se cumple la desinversión pautada, el país quedaría con dos operadores principales de comunicaciones móviles (Telecom y Claro), más el tercero —muy rezagado— que surja de la compra de los 6 millones de abonados de los que deberá desprenderse la empresa de Clarín; uno de telefonía fija (Telecom); dos hegemónicos de TV paga (Telecom y DirecTV) y un actor principal en banda ancha fija (Telecom), muy por delante de los competidores. Ninguna economía relevante de América Latina exhibe una realidad similar.
Para Martín Becerra, investigador del Conicet y docente de políticas de comunicación en universidades públicas, el dictamen tiene una lectura inequívoca: victoria de Clarín y capitulación de Milei.
Becerra introduce la variable de las condiciones agobiantes que impone la economía ultraderechista y se hace una pregunta básica. “Más allá de las módicas cláusulas de desinversión que impone la ANC, ¿qué empresa se verá tentada de invertir en una economía recesiva, con las familias en pleno recorte de gastos, si además debe competir con un actor que ya cuenta con una altísima penetración en el mercado e infraestructura mayorista y minorista, en lo que se conoce como última milla, lo que supone una amplia ventaja comercial?”.
En Telecom Argentina, la mirada es distinta. Transmiten que lo decidido por la autoridad regulatoria es una remediación excesiva, porque pierde la perspectiva real del negocio. En el argumento de la firma, la lectura no debe posarse tanto en las porciones del mercado argentino, sino en la naturaleza de una industria en plena transformación.
Las grandes plataformas de streaming —Netflix, Youtube— y la inteligencia artificial demandan un ancho de banda exponencial, que pone en estrés la infraestructura de las empresas de telecomunicaciones y las obliga a una exigente inversión anual.
“Esas empresas tienen enormes márgenes de ganancia y se desentienden por completo de la infraestructura necesaria para que circulen los contenidos”, dijo una fuente de Telecom Argentina.
Además, en la firma hermana de Clarín ponen el foco en la identidad de los competidores. Por ejemplo, Starlink, de Elon Musk, que en menos de dos años logró un millón de clientes para internet satelital, sobre todo en zona rural, y Claro, del mexicano Carlos Slim, uno de los grandes jugadores globales del rubro, que queda ahora como único competidor en telefonía móvil, con 40% del mercado.
Por fuera de ellos, los otros nombres que tallan fuerte en el negocio son DirecTV, del Grupo Werthein —con importantes terminales en el gobierno de Milei—, con cerca del 35% del mercado de TV paga, y Telecentro, la empresa de cable de Alberto Pierri, con cerca de 6% de market share. Ambos son mencionados como probables compradores de los segmentos de los que ahora debe desprenderse Clarín.
Para Becerra, aunque es un dato que plataformas como Netflix y Youtube tienen un volumen de facturación y ganancias muy superior al de una empresa de telecomunicaciones como Telecom Argentina, el interés de los usuarios por los contenidos en streaming aumenta la dependencia de proveedores de banda ancha, por lo tanto, el negocio es compartido.
Milei dice que apuesta a abrir las fronteras de Argentina a los motores de la Inteligencia Artificial. En sus viajes por el mundo para buscar premios berretas, también logró fotos con tecnoemperadores que dicen admirar su impulso a un mundo sin reglas.
Se verá cuánto del encandilamiento del ultraderechista con las nuevas fronteras tecnológicas se traduce en inversiones, y si, eventualmente, al país le queda algo útil en cuanto a trabajo y desarrollo, o sólo se transformará en un enclave de ganancias extraordinarias que se cobrarán en otra geografía.
Por ahora, el Presidente reconfigura un mercado con un ganador tan tradicional y argentino como Clarín.
Es probable que, sin mucho más para conseguir en este turno, la relación del multimedios con el gobierno ultraderechista carezca de incentivos para mejorar. Hay indicios para pensarlo.
En tiempos de Carlos Menem, cuando Magnetto y Ernestina Herrera de Noble lograron remover los obstáculos legales para transformar la empresa en un multimedios, con acceso a la propiedad de Canal 13 y Radio Mitre, la relación con aquel mandatario se volvió conflictiva.
Unos 17 años más tarde, los Kirchner le concedieron a Clarín la fusión de Cablevisión y Multicanal, clave para la expansión posterior a la banda ancha. De inmediato, comenzó una guerra que todavía hoy sigue dividendo en parte las aguas de la política argentina.
Sólo con Mauricio Macri, quien le dio al Grupo vía libre para hacer pie en Telecom Argentina y multiplicar varias veces el volumen del negocio, la relación continuó en armonía hasta hoy.
La cultura y el prisma económico de Clarín y Milei tienen inocultables puntos de desencuentro.
En primer lugar, porque el negocio de Telecom Argentina es muy sensible al mercado interno. Una economía vigorosa, con crecimiento del consumo en todos los segmentos sociales, es crucial para el mayor uso de la conectividad en general. La apuesta al crecimiento del PBI vía exportaciones del agro y Vaca Muerta, más los negocios financieros, no parece la mejor receta para que los hogares populares de Buenos Aires, Córdoba y Rosario cuenten con ingresos suficientes para adherirse a un canal premium de la TV paga y sumen prestaciones al celular para navegar más.
El tiempo dará su veredicto. Por lo pronto, Adorni mintió tanto, le quemó tanto la plata, se dejó secudir de tal manera por los colchones línea superior, la cascada y los resorts caribeños, que se ganó legítimamente el prime time de TN hasta que alguien diga basta.
SL

Nunca, desde la creación del cargo hace 32 años, un ministro coordinador estuvo tan cerca de enfrentar una moción de censura por parte del Poder Legislativo, un mecanismo previsto en la Constitución de 1994. La paradoja es que tampoco hubo un Presidente tan decidido a blindarlo.
Entre el juego de la gallina con los aliados y la presión opositora, Milei pone a prueba el blindaje sobre Adorni
La figura del jefe de Gabinete nació hace 32 años con una promesa ambiciosa: introducir una dosis de parlamentarismo en el hiperpresidencialismo argentino. La Constitución reformada en 1994 imaginó un funcionario con peso político propio, responsable ante el Congreso y sujeto, llegado el caso, a una herramienta excepcional: la moción de censura. Tres décadas después, ese mecanismo nunca fue utilizado. Ninguno de los más de veinte jefes de Gabinete que pasaron por el cargo desde 1995 llegó a estar tan cerca de enfrentarlo. Manuel Adorni podría ser el primero.
La paradoja es todavía más grande si se observa la otra cara del fenómeno. Nunca antes un ministro coordinador había sido jaqueado desde el Congreso y blindado al mismo tiempo por un presidente con la intensidad con la que Javier Milei decidió sostener a Adorni. Mientras la oposición explora caminos parlamentarios para desplazarlo, los aliados piden tomar distancia y una parte del propio oficialismo reconoce que el caso se volvió demasiado costoso, el Presidente y Karina Milei se mantienen inamovibles: lo consideran inocente. Incluso, en privado, algunos funcionarios deslizan una hipótesis tan extrema como reveladora del clima político actual: si el Congreso consiguiera removerlo, Milei podría volver a designarlo en el mismo cargo.
La escena condensa una contradicción que atraviesa toda la historia de la Jefatura de Gabinete. Con el impulso clave de Raúl Alfonsín, el cargo fue concebido como una suerte de primer ministro argentino, un primus inter pares capaz de asistir al Presidente en la administración general del país y rendir cuentas ante el Congreso. En el diseño de 1994, esa figura debía funcionar como una válvula institucional: una manera de ordenar la gestión, de repartir responsabilidades y de atenuar la concentración de poder presidencial. En la práctica, sin embargo, la política argentina terminó convirtiéndolo en un ministro de confianza del Presidente, expuesto al desgaste cotidiano, con responsabilidades transversales y una autonomía siempre condicionada por la voluntad del jefe del Ejecutivo.
Los números ayudan a dimensionar esa distancia entre el diseño constitucional y la práctica política. Desde la creación efectiva del cargo, en julio de 1995, hubo 20 jefes de Gabinete distintos. Algunos duraron años. Otros apenas días. El promedio histórico ronda los veinte meses, una cifra que revela hasta qué punto la volatilidad fue una marca de origen. El área nunca logró consolidarse como una institución con reglas propias. Dependió siempre de la personalidad del presidente de turno, de la fortaleza política del ministro coordinador y del espacio real que cada administración decidió otorgarle.
Carlos Menem inauguró la figura con Eduardo Bauzá y luego Jorge Rodríguez. Fernando de la Rúa tuvo a Rodolfo Terragno y Chrystian Colombo, pero la crisis de 2001 convirtió al cargo en una estación de paso: durante las presidencias interinas desfilaron Humberto Schiavoni, Jorge Obeid y Antonio Cafiero, algunos por apenas unas horas. Eduardo Duhalde designó primero a Jorge Capitanich y luego a Alfredo Atanasof. En 2003, Néstor Kirchner, en cambio, optó por una continuidad excepcional: Alberto Fernández fue su único jefe de Gabinete y siguió durante la primeta mitad del primer año de mandato de Cristina Kirchner, hasta que la “crisis del campo” lo empujó a dejar su puesto.
La expresidenta tuvo una relación mucho más cambiante con el cargo. Entre 2008 y 2015, pasaron por la Jefatura de Gabinete Sergio Massa, Aníbal Fernández, Juan Manuel Abal Medina, Jorge Capitanich y otra vez Aníbal Fernández. Mauricio Macri eligió el camino opuesto, más en línea con el primer Kirchner: Marcos Peña permaneció durante los cuatro años de mandato y se convirtió en el segundo ministro coordinador que más duró de la historia, después justamente de Alberto Fernández, quien fuera el único jefe de Gabinete en llegar a ser presidente. A partir de 2019, una vez sentado en el Sillón de Rivadavia, Fernández volvió a la lógica de la rotación y acumuló tres nombres: Santiago Cafiero, Juan Manzur y Agustín Rossi.
Desde 2023, Javier Milei ya suma tres jefes de Gabinete en apenas dos años y medio de gestión: Nicolás Posse, Guillermo Francos y Manuel Adorni. Es una secuencia que ilustra también la singularidad de su administración. Posse cayó abruptamente tras la primera gran crisis interna del Gobierno, en medio de acusaciones por supuesto espionaje interno. Francos ocupó el cargo como una figura de transición, respaldado por su experiencia política y su capacidad de negociación con gobernadores y opositores dialoguistas. Mientras que Adorni llegó como una apuesta completamente distinta, mucho más asociada a la construcción comunicacional que a la coordinación tradicional de la gestión.
El artículo 101 de la Constitución establece que el jefe de Gabinete debe concurrir periódicamente al Congreso para informar sobre la marcha del Gobierno y que puede ser interpelado para el tratamiento de una moción de censura. También prevé que puede ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de cada una de las cámaras. Pero como nunca fue utilizado, el mecanismo arrastra zonas grises. ¿Alcanza con que una sola cámara lo interpelle o deberían hacerlo ambas antes de votar la remoción? ¿Qué ocurre si una cámara avanza y la otra no? ¿Puede un Presidente volver a nombrar al mismo funcionario después de que el Congreso lo haya censurado? La Constitución no lo prohíbe expresamente. La política, hasta ahora, nunca necesitó responderlo.
Ese vacío práctico es parte del problema. La moción de censura fue pensada como una herramienta de control parlamentario, pero nació en un sistema que nunca dejó de ser presidencialista. En la Argentina, el jefe de Gabinete no gobierna como un primer ministro. No forma una mayoría parlamentaria propia, no cae cuando pierde apoyo legislativo ni conduce al resto de los ministros con autoridad autónoma. Es, en definitiva, un subordinado presidencial con obligaciones especiales ante el Congreso. Por eso la eventual remoción de Adorni no sólo pondría a prueba al funcionario. Pondría a prueba un mecanismo constitucional que lleva tres décadas dormido.
El caso expone, además, una anomalía política. La Jefatura de Gabinete fue creada para descargar responsabilidades del Presidente. En teoría, debía ser el cargo que absorbiera parte del desgaste de la gestión, ordenara los conflictos administrativos y funcionara como puente entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. En la práctica actual ocurre casi lo contrario. Milei está destinando una porción creciente de su capital político a sostener a su jefe de Gabinete. Lo que debía proteger al Presidente terminó siendo protegido por el Presidente.
¿Por qué Milei invierte tanto en Adorni? La pregunta recorre la Casa Rosada desde hace semanas y nadie ofrece una respuesta única. Algunos lo explican por la confianza personal. Otros por la lealtad absoluta del funcionario hacia Javier y Karina Milei. Hay quienes agregan un componente ideológico: el Presidente no parece mirar con la misma gravedad que otros sectores políticos la existencia de ahorros no declarados, en la medida en que los interpreta como una defensa de los ciudadanos frente al Estado. Pero también aparece una razón más simple y más política: correr a Adorni ahora sería leído como una concesión ante la oposición, ante los aliados y ante incluso Patricia Bullrich, la dirigente oficialista que más viene empujando una salida.
La presión de la exministra de Seguridad es un dato central. La senadora no rompió con el Gobierno ni se plegó a la estrategia del kirchnerismo, pero dejó claro que considera el caso como una “omisión ética” y que el tema debe ser resuelto. Su incomodidad expresa algo más amplio: una parte de los aliados del oficialismo no quiere quedar pegada a una defensa cerrada del jefe de Gabinete. El PRO y sectores de la UCR buscan despegarse sin aparecer alineados con el kirchnerismo, mientras que los gobernadores observan el costo de involucrarse en una discusión que no controlan.
Adorni, mientras tanto, quedó en una zona extraña. Sigue blindado por el Presidente, pero perdió centralidad política. Conserva el cargo, pero su agenda quedó condicionada por su defensa. Esa es otra diferencia con sus antecesores. Adorni llegó al cargo desde la comunicación, como una de las caras más reconocibles del mileísmo, y ahora enfrenta una discusión que afecta justamente su principal activo: la capacidad de explicar. No parece casual, en ese contexto, que el Gobierno haya designado al economista y diputado libertario Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial, en un movimiento que busca aliviar parte de la exposición cotidiana que hasta ahora recaía sobre el jefe de Gabinete.
Si el Congreso avanza, Adorni podría convertirse en el primer ministro coordinador interpelado con riesgo real de censura. Si el Congreso no avanza, el Gobierno habrá ganado tiempo, pero no necesariamente habrá cerrado la crisis. Si Milei lo sostiene, reforzará su autoridad presidencial pero seguirá pagando el costo de una controversia prolongada. Si lo corre, concederá una victoria política a quienes vienen pidiendo su salida. Si lo removieran y lo volviera a nombrar, abriría una discusión constitucional todavía más delicada. El juego está en proceso y tiene final incierto.
PL/MG

El petróleo baja pero a un nivel mayor a la preguerra. El combustible local se abarataría levemente a partir de agosto y el tipo de cambio se eleva un poco por la desaceleración de la exportación, compensada por la caída del riesgo país. La Argentina surge como proveedor seguro de hidrocarburos al mundo, pero hay dudas por el desarrollo del país.
El fracaso de Trump en Irán lastra su presidencia
El presidente de EE.UU., Donald Trump, puede resultar imprevisible, pero tiene un incentivo para respetar el acuerdo de paz que acaba de firmar con Irán: las elecciones legislativas de medio término de noviembre próximo, que había comenzado a perfilársele mal por el encarecimiento del combustible en una sociedad tan dependiente del auto grande y propio. El final del conflicto depende no sólo de ambos países sino también de lo que haga el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Pero en caso de sostenerse la tregua, provocará impactos económicos en el mundo en general y en la Argentina, así como el inicio de la guerra los había tenido también.
El barril de petróleo Brent, antiguo yacimiento escocés cuyo precio sirve de referencia en países como la Argentina, había arrancado 2026 en US$60, un nivel que si se perforaba podía ralentizar inversiones en yacimientos como Vaca Muerta. Con el inicio de los bombardeos de EE.UU. e Israel sobre Irán y la respuesta iraní atacando instalaciones de hidrocarburos en el Golfo Pérsico y cerrando el estrecho de Ormuz, por donde salen y entran los buques de la zona, el crudo llegó a tocar los US$120, el doble que a principios de año. Ahora está en US$80, 33% menos que en el peor momento del conflicto bélico, pero 33% más que cuando el mercado ni imaginaba que se desatara semejante guerra con parate productivo en la región que produce la mitad del petróleo mundial.
Cuando comenzaron a tronar las armas hubo quienes interpretaron que se trataba de una buena noticia económica para la Argentina, dado que se ha convertido en un país exportador de petróleo y gas gracias a Vaca Muerta y la construcción de gasoductos y oleoductos. Pero otros advirtieron que un conflicto que encarecía el combustible y todos los otros derivados del crudo, como los fertilizantes, iba a elevar la inflación local y global y, por tanto, iba a ralentizar la actividad económica criolla y planetaria, al tiempo que los capitales especulativos huirían de mercados emergentes, como el nuestro, para refugiarse en los ricos y seguros. ¿Ahora se desandará todo ese camino y ocurrirá lo contrario? En parte sí, en parte no.
“En qué valor se estabiliza el valor internacional del crudo en los próximos meses va a depender de la velocidad de la recuperación de la producción en Arabia Saudita, Irak, Kuwait y el resto del Golfo Pérsico y por la velocidad con que se recupere el almacenamiento a nivel internacional”, señala el consultor Nicolás Arceo. China, Japón y Corea del Sur, por ejemplo, evitaron el colapso de sus mercados gastando sus reservas de petróleo importado.
En EE.UU, el galón (3,70 litros) de nafta subió de US$2,80 a principios del año hasta US$4,55, un 62%, y ahora bajó a 2,90, 3% más que antes de la guerra. En la Argentina, en cambio, el gobierno libertario optó por no seguir los vaivenes tan bruscos del mercado y entonces la estatal YPF remarcó el litro de nafta un 30%, de $1.500 a $2.000, pero desde abril aplicó un buffer (amortiguador) por el que estabilizó el precio en la cumbre del barril, lo que se compensará ahora que se abarató la materia prima.
“La baja en el precio local del combustible más lento, que no se debería verificar en el corto plazo. Dependiendo de la evolución internacional, debería empezar a bajar recién en agosto o septiembre”, apunta el economista Arceo. Sus colegas Juan Francisco Pisano, analista financiero, y Orlando Ferreres, consultor, coinciden en que así como el encarecimiento del petróleo impulsó la inflación argentina en los meses anteriores, incluidas las tarifas de luz y gas, la merma del barril puede contribuir a la desinflación que se inició en mayo y que viene explicada también por la contracción monetaria. De todos modos, Ferreres advierte que todavía las tarifas de luz, gas, agua, colectivo y tren deben aumentar más para cubrir sus costos y dejar de depender de subsidios y de ahí que espera que la inflación cierre el año en 31,8%, apenas por encima de la de 2025.
En los primeros cinco meses del año, la Argentina aumentó sus exportaciones de energía un 33%, medidas en dólares. Es que subió 44% su valor y además se aprovechó la escasa oferta de Medio Oriente y la mayor cotización para enviar al exterior 8% más volumen. Eso explica por qué en mayo se batieron récords de exportaciones y superávit comercial en el país. Dado que se espera que el barril continúe por encima del nivel inicial del año, Arceo pronostica que la balanza energética elevará su saldo positivo de US$7.800 millones el año pasado a más de 10.000 millones en 2026.
Y eso que se espera que a partir de ahora ingresen al país menos dólares de exportaciones petroleras que en el comienzo del año porque ya pasó el pico de la cotización y de la escasez en el mercado mundial. “Cada suba de US$10 del Brent equivale aproximadamente a US$1.300 millones de exportaciones adicionales en términos anuales, y viceversa”, calcula Pisano.
“El aumento del precio internacional les otorga a las petroleras un flujo de caja adicional en torno a los US$5.500 millones, lo cual va a potenciar y permitir acelerar los niveles de inversión”, sostiene Arceo. Es decir, no pareciera necesitaran que el Gobierno haya incluido la extracción de crudo y gas en el Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI).
Por el contrario, la guerra no sólo les mejoró los valores del barril y del gas, también reforzó el posicionamiento de Vaca Muerta como proveedora segura de hidrocarburos. Es un proceso que había comenzado en 2022 con la invasión rusa de Ucrania, pero se potenció ahora. Hace una semana, en el festejo por el Día del Periodista el presidente de YPF, Horacio Marín, aseguró que ya tiene todo el gas natural licuado (GNL, el que se exporta por barco) contratado a largo plazo para vender a Europa, aunque también Asia lo demanda. La Argentina comenzará a exportar GNL en 2027, comenzando por Alemania.
El negocio del crudo se maneja con pedidos de corto plazo y durante la guerra de Irán en una petrolera local recibieron peticiones de la costa oeste de EE.UU., Singapur y otras naciones asiáticas, todas regiones que antes nunca lo habían hecho. En otra compañía argentina comentan el interés europeo y japonés por el gas y en una multinacional hablan de exportar más gas natural por gasoductos a Chile y Brasil.
“Así como el inicio de la guerra nos beneficiaba, el fin de la misma, con la posible caída del precio del petróleo y otras commodities como las agropecuarias, seguramente nos perjudicará un poco”, advierte Ferreres. No obstante, el campo, mientras espera que dentro de dos meses baje el gasoil, se ilusiona con un descenso de los fertilizantes, que en su mayoría produce el Golfo Pérsico, y que se llegue a tiempo para la siembra de trigo, que comenzó en mayo pero finaliza en julio.
Por eso, algunos economistas prevén que suba un poco el dólar, que estaba bastante barato en términos históricos. De hecho, en el último mes se elevó de $1.410 a $1.480, un 4,9%, bastante más que la inflación y que el rendimiento del plazo fijo o las billeteras virtuales. Sin embargo, a la vez que el aumento de las exportaciones petroleras crecerán a menor ritmo que en la primera mitad del año, también se espera el ingreso de divisas por el canal financiero por la menor inflación mundial que puede derivar en menores tasas de interés internacionales y, por tanto, en mayor apetito por mercados emergentes. Una entrada semejante contrarrestaría el impacto de los envíos del crudo y sostendría el tipo de cambio bajo.
“Un clima internacional más relajado, con menor inflación internacional por la caída de los precios del petróleo, facilita a los bancos centrales la baja de los tipos de interés, lo que hace que el Tesoro argentino pueda colocar deuda internacional, si así lo quisiera, más barata”, observa Pisano. El riesgo país estaba arriba de los 500 puntos básicos a principios de mes y bajó a 429. En la medida en que se reduzca por debajo de los 300, el ministro de Economía, Luis Caputo, prevé colocar deuda en los mercados internacionales para afrontar los abultados vencimientos pendientes en 2026 y 2027. De esta manera, ingresarían divisas y, al mismo tiempo, se liberaría financiamiento local que hasta ahora va al Estado y que en adelante iría al sector privado para impulsar el crecimiento económico.
Pero al menos dos integrantes de la Academia Nacional de Ciencias Económicas advierten en privado que también puede ocurrir que no se alineen los planetas y que el riesgo país se mantenga alto. Y que en caso de que efectivamente baje se consolidará un modelo económico basado en la producción de materias primas agrícolas, mineras y energéticas, con un tipo de cambio bajo, que alienten el consumo de productos y servicios importados, en detrimento de los locales, con altos costos para los alimentos, la industria y la construcción privada, con destrucción de empleo de calidad, creación de puestos de trabajo precarios, sin suficiente inversión en capital humano e infraestructura, y con los sectores más rezagados de la economía sosteniendo un Estado desfinanciado por las actividades más pujantes pero que menos tributan por el RIGI y si se aprueba en el Congreso, por el Súper RIGI.
AR/MG

Lo que ocurrió con la falsa noticia sobre Jorge Messi dejá al descubierto como muchos canales de streaming que viven en esa lógica de Instagram en la que todo tiene el mismo valor: una muerte, una anécdota estúpida sobre sexo, un chivo, un caso de corrupción, una denuncia de violencia.
Nunca posteo cosas importantes en Instagram; me refiero a cosas serias, reivindicaciones políticas, reclamos, homenajes o declaraciones. A quién le importa, dirán ustedes, y yo les juro que digo lo mismo; lo llamativo es que le termina importando a mucha gente. Un femicidio, un escándalo, una efeméride, lo que sea: en un mundo sin intimidad, en el que se espera que una muestre todo lo que dice, hace y piensa, no mostrar es no decir, no hacer, no pensar. Es común, entonces, que ante lo que se entiende como un “silencio” (“no posteaste nada sobre esto”), una persona medianamente pública reciba una catarata de comentarios indignados. Escribo columnas, libros, a veces, si me invitan y creo que sirve para algo, hablo en algún medio o doy una charla, o una entrevista. “No postear”, sin embargo, se lee como una marca de indiferencia, e incluso de soberbia; de estar “más allá”.
Quiero ser clara: no es por proteger mi intimidad que no subo ese tipo de posteos. De hecho sí pongo fotos de mi hija, por ejemplo, o de mi novio o mis amigas. Es sobre todo porque soy anticuada, soy solemne, y no me acostumbro a este mamarracho que vivimos en el que en el mismo soporte y en el lapso de treinta segundos veas las fotos del casamiento de alguien, una publicidad de zapatos, una protesta contra un genocidio y un plato de fideos moñito. Me encanta la banalidad: mi Instagram, justamente, es un festín de banalidad. Pongo cosas de mi trabajo, fotos saliendo a comer con mis amigas, muchas fotos usando ropa que me gusta, mi hija hamacándose en la plaza, alguna actriz de Hollywood diciendo una frase que me resulta interesante, pavadas de toda clase. Pero por eso mismo me resulta incómodo mechar, en el medio de todo eso, algo serio. Puedo hacer una excepción si se trata de convocar a alguna marcha, algún evento en lo que la difusión en tiempo real es importante, pero es eso, una excepción. Lo que pasa con la banalidad, o con la boludez, que es lo mismo, es que tiene un efecto impregnante sobre todo lo que lo rodea. Creo que con lo serio, lo solemne o lo sagrado sucede lo contrario: un comentario ceremonial en un ámbito liviano destaca, resalta, genera una sensación de extrañeza, pero no vuelve importante lo liviano. En cambio, lo liviano, justamente, aliviana: por eso nos gustan los chistes en los funerales, porque le sacan seriedad a un evento que nos gustaría que fuera menos serio. Nos permiten pensar, por un rato, que todo fue en joda, que esto no está pasando en serio. Ese efecto aplanador de lo ligero, lo ridículo o lo boludo puede ser fantástico, en un contexto de calidez: pero así suelta, silvestre, la mezcla de lo banal con lo serio es cínica. Banaliza. Le resta importancia a lo importante. Es lo que antes se solía llamar una falta de respeto, y hoy no tiene nombre porque ya ni nos llama la atención. Al contrario: a mucha gente le parece bien. Mirá qué admirable, se acordó de meter un reclamo por los femicidios en el medio de sus vacaciones en la playa.
Creo que ya está todo dicho sobre la falsa noticia de la muerte del padre de Messi, pero ayer leí en X algo que me llamó la atención: el periodismo siempre ha cometido errores; periodistas formados, con muchos productores trabajando y gente supuestamente entrenada en el chequeo de información. Pero Dolina, por caso, no hablaba de ciertas cosas en el medio de sus monólogos divertidos. Si estábamos boludeando, estábamos boludeando. El problema de los canales de streaming, o uno de ellos, al menos, es que viven en esa lógica de Instagram en la que todo tiene el mismo valor: una muerte, una anécdota estúpida sobre sexo, un chivo, un caso de corrupción, una denuncia de violencia. Todo da exactamente igual, y lo que eso termina significando no es que todo es importante, sino que nada es importante. Es un efecto que parece ser una forma de la buena onda y en realidad es una forma del cinismo: una variante de ese optimismo cruel del que hablaba la teórica Lauren Berlant. Es eso lo que nos incomoda del asunto de la muerte en Luzu, incluso más allá del chequeo o de la verdad o falsedad de la noticia. Es bueno que nos incomode; significa que nos queda algo de esos pudores anticuados, esos filtros de otra época que nos dicen que no toda formalidad es una paquetería que hay que sacarse de encima, que los límites entre una cosa y otra cumplen una función que va más allá de lo ceremonial, que no puede ser que todo sea siempre una tremenda boludez.

Una exposición que sumerge al público en el yacimiento de petróleo y gas más grande de Argentina forma parte de un movimiento de ‘artivismo’ cada vez más extendido
Seis músicos, vestidos con mamelucos de trabajo, tocan ritmos intrigantes desde un andamio. Debajo, una pantalla muestra una torre de perforación petrolera en funcionamiento frente a una pileta de lona, representando los estanques donde se almacena el agua necesaria para la fracturación hidráulica.
Todo esto sucede en Geonnitus, una instalación artística y audiovisual que busca dar vida a Vaca Muerta, el mayor yacimiento de petróleo y gas no convencional de Argentina y uno de los más grandes del mundo.
El arte se ha inspirado en la naturaleza desde tiempos inmemorables: se cree que un mural de 11 mil años de antigüedad que representa un volcán en Çatalhöyük, en la actual Turquía, es la pintura paisajística más antigua del mundo.
A medida que la magnitud de la crisis climática se vuelve abrumadora, un movimiento creciente de artistas latinoamericanos está utilizando su obra para recuperar una sensación de control. Geonnitus, que se expuso en marzo en el Centro de Experimentación del Teatro Colón en Buenos Aires, forma parte de esta corriente que se pregunta: ¿puede lo que la especie humana le está haciendo a la naturaleza traducirse en arte?
Geonnitus se presentó durante ocho noches de marzo. En 2024 y 2025 ya había tenido funciones en otra locación. El proyecto fue ideado y producido por Proyecto ECO ECO, de Marina Aizen, Pablo Schanton y Daniel Borrelli Azara; y creado y dirigido por los artistas Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D’Angiolillo y Leonello Zambon.
Hay trombones, cornos, una tuba y percusión. Pero Geonnitus no se queda solo en los sonidos de la industria extractiva, sino que estos se mezclan y enlazan con los sonidos de la naturaleza y la población: el viento patagónico, animales como cabras y aves, el chirrido de una hamaca, la música que escuchan quienes trabajan en la zona.
“Geonnitus es un neologismo sobre los ruidos que aturden a la tierra: el tinnitus del que padece nuestro planeta”, se lee en el programa de la instalación. “Es casi un réquiem a la tierra”, dice Aizen, periodista y figura central del proyecto.
Durante los últimos quince años, Vaca Muerta ha ocupado un lugar central en el debate público en Argentina. Sus defensores destacan su potencial para impulsar el crecimiento económico y generar empleo. Las críticas, en cambio, se centran en los impactos ambientales de la extracción de hidrocarburos, los sismos asociados al fracking y la necesidad de avanzar hacia una transición energética basada en energías renovables.
Es en medio de estos discursos donde nació Geonnitus: “La idea de mostrar el impacto del fracking a través del arte surgió para desmarcarnos de los encuadres establecidos por la prensa, la industria e incluso las ONG: tratar de tener un lenguaje propio que pueda hacer sentir los efectos de la explotación de hidrocarburos no convencionales”, asegura Aizen.
El desafío de esta obra inmersiva era grande: lograr que los espectadores se adentraran en el mundo, para la mayoría desconocido, de la fracturación hidráulica en un rincón recóndito de la Patagonia argentina. “Geonnitus agrega una dimensión de paisaje, de daño, de ruido y de ambiente que ningún discurso ni palabra escrita u oral puede por sí sola alcanzar”, dice Aizen.
Un desafío similar enfrentó Petróleo, una obra de teatro del colectivo de autoras y actrices argentino Piel de Lava. Esta, la quinta creación del grupo artístico, se estrenó en 2018 y fue un éxito rotundo: estuvo en cartel hasta 2024 y en 2025 volvieron por unas pocas funciones. La trama tiene como protagonistas a cuatro empleados que conviven en un trailer a metros de un pozo de petróleo en la Patagonia.
La soledad, el viento, la incertidumbre de si hay o no más recursos que sacar de ese pozo, pero también el humor, son claves en la historia. En este caso, el punto de partida no fueron los hidrocarburos, sino el deseo de interpretar a varones y romper con ciertos estereotipos de género. “La idea del petróleo vino después, porque queríamos un mundo que fuera puramente masculino, y en el mundo del petróleo no hay mujeres”, dijo Pilar Gamboa, actriz, autora y parte de Piel de Lava al medio Infobae.
En Brasil, el autodenominado “artivista” Mundano afirma que su trabajo medioambiental surge de un sentimiento de impotencia ante la crisis. “En medio de toda esta crisis climática que estamos viviendo, es imposible no sentirme ansioso”, afirma. “Por eso le doy tanta importancia al arte, que es donde consigo sentirme menos impotente y dar rienda suelta a mis angustias respecto a nuestro futuro”.
Su obra busca crear a partir de la destrucción. Pinta con cenizas de los incendios forestales de la Amazonía, petróleo derramado en playas y barro recogido tras inundaciones en el sur de Brasil.
Así nació Cinzas da Floresta (Cenizas del Bosque, en español), una película documental que sigue a Mundano mientras viaja por Brasil recogiendo cenizas de incendios forestales para crear una obra de arte. El resultado final fue el mural O brigadista da floresta, la figura de un bombero voluntario que apaga incendios forestales, pintado en un edificio de São Paulo en 2021.
Desde entonces, Cinzas da Floresta también es un festival que reúne obras de distintos artistas realizadas con cenizas de incendios forestales. El pasado noviembre, la exposición itinerante se hizo presente en Belém, ciudad amazónica donde tuvo lugar la cumbre climática de Naciones Unidas COP30, con más de 300 obras.
También en la COP30, Mundano se unió a Greenpeace para exigirle a los líderes mundiales más acción por los bosques de todo el mundo. Con cenizas de incendios que afectaron durante 2024 a la tierra indígena Anambé, en la Amazonía, el artista creó una obra con el mensaje “COP30: Rise for Forests” (“COP30: de pie por los bosques”, en español). “He recorrido bosques quemados, y la tristeza que se respira allí es profunda. Por eso, durante los últimos cuatro años, he estado llevando estas cenizas como un llamado para convertir los bosques quemados en bosques en pie”, dijo Mundano desde la cumbre.
La música también puede ser el lenguaje para exigir mayor justicia climática. Ese es el caso de la canción Cielo Azul, proyecto musical que reúne a artistas de cinco países caribeños unidos por su cultura y el deseo de una transición energética justa.
“Queremos que esta canción conecte desde la identidad y la esperanza, pero también que active una conversación urgente sobre el futuro energético del Caribe. No es solo una canción, es una invitación a imaginar y construir otro camino”, afirma Carolina Sánchez, vocera de la Red del Gran Caribe Libre de Fósiles, una coalición de organizaciones de más de una decena de países que impulsó el proyecto junto al sello discográfico costarricense We Could Be Music.
Cielo Azul reúne a Bomba Estéreo (Colombia), J Noa (República Dominicana), Baha Men (Bahamas) y Walshy Fire (Jamaica), bajo la producción de Trooko (Honduras) en una mezcla de ritmos caribeños: champeta, cumbia, reggaetón, junkanoo, soca y hip hop. En su letra, el tema musical hace una advertencia: “que no solo nos quede la foto de lo lindo que era el Caribe”.
En un contexto de proliferación de proyectos de petróleo y gas en países como Guyana y Surinam, y exploración en Honduras, esta frase es un aviso de alerta.
“Estamos viendo un cambio claro: una nueva generación de artistas que no se conforma con hacer hits, sino que quiere que su música signifique algo. Cielo Azul es parte de ese movimiento”, explica Mia Paz Cambronero, fundadora y directora de We Could Be Music.
Incluso las organizaciones tradicionales están recurriendo al arte para complementar su labor y defender la causa climática de forma más creativa.
La ONG chilena FIMA, especializada en derecho y acceso a la justicia, lanzó una convocatoriade artes visuales y escritura creativa para Surgencia, una nueva revista anual que abordará la crisis climática desde el cruce entre el arte y la reflexión jurídica. La organización busca obras que trabajen sobre las decisiones de la Corte Internacional de Justicia sobre cambio climático y la responsabilidad de los Estados frente a la crisis, tras su dictamen en julio de 2025.
“Hay algo bello en la resistencia colectiva que se produce en torno a la crisis”, dice Ezio Costa, director ejecutivo de FIMA. “Incluso en la propia crisis y sus consecuencias puede haber belleza: ahí es donde intervienen los y las artistas con los filtros de sus observaciones”.
Aizen coincide con lo positivo de que haya nuevas miradas: “Nuestro proyecto surgió de la necesidad de incorporar nuevos lenguajes a la discusión sobre los hidrocarburos. Estamos trayendo, a través de prácticas artísticas, una nueva forma de ver Vaca Muerta”.
Este artículo fue publicado originalmente en Dialogue Earth.