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Comienza el conteo de votos para definir entre la candidata de izquierda Jeannette Jara y el ultraderechista José Antonio Kast

Comienza el conteo de votos para definir entre la candidata de izquierda Jeannette Jara y el ultraderechista José Antonio Kast

A las 19.30 habrá definiciones. Las encuestas previas a la veda ubican a Kast con ventaja y se espera un resultado rápido.

Chile elige entre Jeannette Jara y continuar con el legado de Gabriel Boric o virar a la extrema derecha con José Antonio Kast

Con las urnas cerradas desde las 18.00 horas, comenzó este domingo el conteo de votos de la segunda vuelta presidencial en Chile, una elección marcada por la polarización política y la expectativa por un escrutinio ágil. El balotaje enfrenta a la candidata de la izquierda, Jeannette Jara, con el referente de la ultraderecha, José Antonio Kast, quien llega como favorito según los sondeos difundidos antes de la veda electoral.

El proceso de conteo sigue el mecanismo tradicional del país: los votos son extraídos de las urnas, exhibidos públicamente y leídos en voz alta por los vocales de mesa, mientras el cómputo se anota en pizarras y se carga en tiempo real en la plataforma digital del Servicio Electoral (Servel). De acuerdo a estimaciones oficiales, los resultados consolidados podrían conocerse alrededor de las 19.30 horas.

La jornada electoral definirá al sucesor del actual presidente de izquierda, Gabriel Boric, en un contexto político tenso y con alta participación ciudadana. Durante el día, Kast fue señalado como el principal candidato a imponerse, aunque desde ambos comandos llamaron a esperar el recuento oficial.

En la antesala del escrutinio, la portavoz del comando de Kast, Mara Sedini, se refirió al eventual rol de primera dama en caso de un triunfo del republicano, una figura que fue suprimida durante la actual administración. “Estoy segura de que Pía Adriasola va a cumplir un rol social potente desde donde ella quiera participar”, afirmó.

Los primeros datos oficiales que se conocerán corresponden al voto en el exterior, que reúne a poco más de 160.000 electores sobre un padrón total de casi 15,7 millones de personas habilitadas para votar. Aunque su peso es limitado en el resultado final, marcarán el inicio formal de una noche clave para el futuro político de Chile.

La SIDE empuja una reforma de alto voltaje y vuelve a disputar el control de la inteligencia criminal y militar

La SIDE empuja una reforma de alto voltaje y vuelve a disputar el control de la inteligencia criminal y militar

Bajo la conducción de Cristian Auguadra, el Gobierno evalúa disolver la DNIC y la Inteligencia Militar para centralizar el sistema bajo la órbita de la SIDE. El plan revive un intento fallido de 2024, choca con Seguridad y Defensa y encuentra respaldo en la nueva Política de Inteligencia Nacional.

La reconfiguración del sistema de inteligencia que impulsa Javier Milei empezó a mostrar su verdadero alcance. Bajo la nueva conducción de Cristian Auguadra, la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) avanza con un diagnóstico severo sobre el estado del organismo y vuelve a empujar una decisión que promete abrir un conflicto interno de alto voltaje: absorber las direcciones nacionales de Inteligencia Criminal y Militar para concentrar bajo su órbita directa el control operativo y la información sensible del Estado. No es un giro técnico ni una discusión abstracta. Es una disputa por poder real, con antecedentes recientes y resistencias activas.

En ese marco, el eventual desmantelamiento de la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal (DNIC), que depende del Ministerio de Seguridad, y de la Dirección Nacional de Inteligencia Militar (DNIM), bajo la órbita del Ministerio de Defensa, aparece como uno de los ejes más sensibles del rediseño que el Ejecutivo proyecta hacia 2026. La iniciativa se inscribe en los primeros pasos de Auguadra al frente del organismo, con el mandato explícito de ordenar el esquema desordenado que habría dejado la gestión de Sergio Neiffert, y reaviva una discusión que el propio oficialismo ya había ensayado sin éxito apenas iniciado el gobierno de La Libertad Avanza.

La sede central de la SIDE, en 25 de Mayo 11, a metros de la Casa Rosada.

En marzo de 2024, cuando la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) todavía existía, el entonces interventor Silvestre Sívori, hombre de extrema confianza del exjefe de Gabinete Nicolás Posse, intentó avanzar con una iniciativa que ya entonces encendió alarmas internas: unificar físicamente ambas áreas en la sede histórica de la SIDE, sobre la calle 25 de Mayo. La medida fue presentada como una mudanza administrativa destinada a “eliminar barreras” y mejorar la coordinación frente al terrorismo y el narcotráfico.

Pero aquel planteo abrió una discusión política y jurídica que nunca terminó de resolverse y el tema quedó latente, a la espera de un contexto más favorable. Desde el entorno de Patricia Bullrich advirtieron en ese momento que, si la integración dejaba de ser edilicia para volverse orgánica y funcional, resultaba inevitable modificar la Ley de Inteligencia, algo que el oficialismo hasta ahora nunca impulsó, ni siquiera en julio de 2024 cuando decidió relanzar el organigrama de la SIDE mediante un DNU.

Cristian Auguadra, titular de la SIDE.

La nueva Política de Inteligencia Nacional

Un año después, ese debate vuelve, pero sin eufemismos. Ya no se trata de compartir oficinas ni de coordinación logística: el objetivo es subsumir estructuras, vaciar de poder a las direcciones nacionales y verticalizar el sistema de inteligencia bajo una conducción única. En Balcarce 50 el diagnóstico es contundente. La fragmentación del sistema, profundizada durante la gestión de Neiffert, habría derivado en mandos dispersos, superposición de funciones y competencia interna. “Cuando la inteligencia se reparte en compartimentos estancos, cada estructura empieza a jugar su propio partido y el control se diluye”, describe una fuente con trayectoria en la SIDE.

Se trata de un movimiento que encontró respaldo formal apenas dos días después del desplazamiento de Neiffert, cuando el Gobierno publicó el Decreto 864/2025, que establece la Política de Inteligencia Nacional. El documento, de 34 páginas, fijó por primera vez en más de dos décadas un marco doctrinario explícito para el sistema de inteligencia (que incluye tanto a la SIDE como a ambas direcciones ministeriales) y trazó un diagnóstico lapidario: décadas de deterioro institucional, fragmentación operativa y vulnerabilidad frente a amenazas internas y externas. En los hechos, el texto funcionó como sustento conceptual para una ofensiva que ya estaba en marcha.

En ese esquema, la DNIC y la DNIM aparecen como estructuras paralelas que ahora el Gobierno busca subordinar. El modelo que se menciona en los despachos oficiales es el estadounidense, con una conducción central fuerte que articula y condiciona al resto de las agencias.

La inteligencia criminal fue históricamente una herramienta clave del Ministerio de Seguridad y su progresivo vaciamiento ya provocó fricciones abiertas con la gestión de Bullrich. En sectores del oficialismo creen que ese obstáculo podría allanarse con la llegada de Alejandra Monteoliva, una ministra con menor peso político propio y una posible mayor predisposición a aceptar un rediseño de mandos.

En Defensa, en tanto, la Inteligencia Militar representa un núcleo especialmente sensible del ministerio y de las Fuerzas Armadas. Avanzar sobre su estructura implica redefinir el vínculo entre la inteligencia civil y la militar, una frontera que en la Argentina siempre fue delicada. Hasta el momento, tras la jura de Carlos Presti al frente de la cartera, no se conoce quién encabezará el área.

Javier Milei toma juramento del teniente general Carlos Presti como nuevo ministro de Defensa, primer militar en el cargo en democracia.

El futuro de los CICRE

La polémica en torno a la DNIC, de hecho, ya se expresa en los hechos. Durante los últimos meses, el Ministerio de Seguridad avanzó en una reubicación —y en algunos casos desarticulación— de los denominados Centros de Inteligencia Criminal Regionales (CICRE), los nodos territoriales que concentran información sensible sobre narcotráfico, trata de personas y clanes delictivos en puntos estratégicos del país. En la práctica, se trató de una recentralización geográfica que debilitó el esquema federal de inteligencia criminal construido en los últimos años.

Bullrich y Monteoliva, ex ministra y flamante titular de Seguridad, en un acto en la Federal.

Según publicó Hugo Alconada Mon en La Nación, las decisiones incluyeron el cierre o mudanza de oficinas en Salta, Tierra del Fuego, Chaco, Córdoba y Mendoza, además del traslado forzado de personal con conocimiento del terreno y vínculos aceitados con gobiernos provinciales, juzgados federales, la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) y fuerzas de seguridad. También se ordenó el cierre de oficinas en Córdoba y Mar del Plata, esta última sostenida mediante un comodato, y reubicaciones de personal entre Buenos Aires y Rosario.

El redespliegue implicó además el traslado de los coordinadores regionales: el NOA pasó de Salta a Buenos Aires; el NEA, de Chaco a Iguazú; la Patagonia Sur, de Ushuaia a Bariloche; la Patagonia Norte, de Neuquén a Bariloche; y el área Buenos Aires, de Mar del Plata a La Plata. Para varias fuentes del sistema consultadas por elDiarioAR, el resultado fue una pérdida de anclaje territorial y de conocimiento local.

La reestructuración coincidió con el regreso de Ramiro Anzit Guerrero a la Inteligencia Criminal, un funcionario de máxima confianza de Bullrich cuyo paso anterior por el área durante el gobierno de Mauricio Macri había terminado con un sumario administrativo. Al menos dos funcionarios que intervinieron en aquel expediente figuran ahora entre los desplazados, un dato que alimentó suspicacias internas.

Ramiro Anzit Guerrero, titular del área de Inteligencia Criminal del Ministerio de Seguridad.

Desde el Ministerio de Seguridad rechazaron que se trate de una desarticulación y hablan de un “redespliegue” orientado a fortalecer las llamadas “zonas calientes”, bajo planes como Güemes en el NOA, Bandera en Rosario o Guacurarí en el NEA. Pero puertas adentro del mundo de la inteligencia, varios leen estas decisiones como una señal política: el debilitamiento progresivo de la DNIC como estructura autónoma, en un contexto donde la SIDE vuelve a reclamar centralidad operativa.

La flamante Política de Inteligencia Nacional funciona así como respaldo doctrinario de una estrategia que combina diagnóstico técnico y decisión política. Aunque no menciona explícitamente la eliminación formal de la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal y de la Inteligencia Militar, deja claro que el Gobierno busca ordenar, concentrar y controlar el sistema bajo una conducción fuerte. En ese marco, la coexistencia de direcciones nacionales bajo distintos ministerios aparece como una anomalía a corregir.

A diferencia del ensayo de 2024, algunas voces en la Casa Rosada admiten que no hay forma de avanzar sin abrir un conflicto político. La virtual decisión oficial implica redefinir quién concentra el poder informativo del Estado, quién queda subordinado y bajo qué reglas. Por lo tanto, lo que está en juego ya no es un organigrama, sino el control de la inteligencia como herramienta política en el corazón del Gobierno.

PL/MG

Escenas de una acelerada transferencia de ingresos de pobres a ricos en pleno desarrollo

Escenas de una acelerada transferencia de ingresos de pobres a ricos en pleno desarrollo

La oda al "heroísmo" empresarial se impone en el debate público. Soluciones vandálicas ante problemas inexistentes y desfinanciamiento planificado del Estado. Del héroe emprendendor al héroe evasor. Paraguay, la Meca laboral. Bullrich logra el aplauso fácil en una convención de Techint y un clamor de Rocca: "Trump nos muestra el camino para frenar a China" .

Patricia Bullrich es una política experimentada, con calle, que sabe encontrar el aplauso ante ciertas audiencias. El jueves pasado, sentada a la derecha de Paolo Rocca, jugó casi de local en el encuentro Propymes que anualmente organiza el Grupo Techint, el gigante siderúrgico, constructor y petrolero que emplea a 25.000 personas y contrata o vende a unas mil pequeñas y medianas empresas.

La senadora de La Libertad Avanza desgranó desde el escenario del centro de convenciones de Recoleta el proyecto de reforma laboral que Javier Milei acababa de firmar. Su óptica contribuyó a alimentar el imaginario de la audiencia: los empresarios (grandes, medianos y pequeños) son “héroes” que luchan en la tormenta económica argentina, resisten al Estado voraz y padecen a trabajadores que tratan de esquilmarlos con su holgazanería intrínseca, sus avivadas fingiendo enfermedades o su traición para hacerles juicio. En el ideario libertario que prima en la política y el mundo empresarial de hoy, toda regulación a contratar y despedir es mala, todo impuesto merece ser eliminado (“no podemos hacerlo de golpe, pero vamos en esa dirección”, dijo Bullrich), todo juez laboral es un parásito y todo sindicalista es corrupto, al menos hasta que un rayo lo transporte mágicamente al lado de las fuerzas del cielo.

La exministra de Seguridad eludió con picardía la media docena de veces en que Rocca, a su lado, pidió elevar aranceles ante las importaciones chinas, bajo el eufemismo de “desarrollar política industrial”. El titular de Techint procuró tocar una fibra sensible en el Gobierno del Soez: “Trump nos muestra el camino” sobre cómo imponer aranceles de 50% a la oferta china.

Por si quedaran dudas, los proveedores pymes que hicieron uso de la palabra casi no mencionaron el detalle de la caída de los ingresos de las familias o la infraestructura pública abandonada desde que asumieron los hermanos Milei. El núcleo de sus reclamos fueron los costos laborales —en sintonía con Bullrich— y China —en sintonía con Rocca—.

Un emprendedor de sembradoras que expuso en Propymes había sido corredor de motociclismo de alta competición en su primera juventud. “Tiene tanta adrenalina ir en una moto a 300 kilómetros por hora que manejar una pyme en Argentina”, bromeó. El joven abandonó el motociclismo y regresó a su empresa familiar en Arequito, en 2008, al borde de la quiebra. Desde entonces, creció hasta los 170 empleados, pese a “décadas pasadas de decadencia”, que se habrían terminado con Milei en la Casa Rosada. Todo —se sobreentiende— por mérito propio.

Rocca procuró tocar una fibra sensible en el Gobierno del Soez: 'Trump nos muestra el camino'

La hipótesis de que los caños que necesita Vaca Muerta provengan del país asiático, “desleal y predatorio”, hoy ocupa el primer lugar en la agenda de Techint, que tiene a su área de siderurgia en Ternium y Tenaris, de grandes obras en Techint Ingeniería y Construcción, y a Tecpetrol como buque insignia en gas y petróleo. Ese reemplazo ya está por ocurrir en una licitación por un gasoducto que lleva adelante Southern Energy, un consorcio liderado por Pan American Energy (PAE), la firma que encabezan los Bulgheroni como accionistas principales. “Invitaron a licitar a todos los chinos posibles. Una locura”, sintetizó en un diálogo informal una persona presente en el cóctel de cierre en Recoleta. Un rumor que recorre la industria es que Tenaris podría cerrar su planta SIAT en Valentín Alsina, ante la falta de demanda de tubos de acero.

Una fuente cercana al proyecto Southern Energy, que además de PAE tiene como socios a YPF, Pampa Energía y dos firmas internacionales, indicó a este medio que la licitación por el gasoducto de 480 kilómetros desde Vaca Muerta tiene hasta ahora a 15 oferentes de nueve países de América, Asia y Europa, y el resultado está abierto.

Hubo otro momento en que Bullrich se ganó el aplauso de la concurrencia. Por alguna lógica insondable, el Gobierno del Soez incluyó reformas impositivas en el paquete de la ley laboral. Una de ellas reincide en rebajas de impuestos a vehículos de lujo y a la compra de embarcaciones y aeronaves. Bullrich intentó alguna explicación productivista, pero trastabilló y acabó sincerándose: “Si alguien se quiere comprar un barco, que se lo compre, por supuesto”. Acaso había presentes unos cuantos empresarios pymes a los que les gusta navegar, porque nació la aprobación espontánea.

Patricia Bullrich dialoga con Paolo Rocca en la jornada Propymes organizada por el Grupo Techint el 11 de diciembre de 2025

La letanía sobre el heroísmo empresarial abarca todos los rubros, desde Vaca Muerta a las finanzas, y transcurre sin el más mínimo atisbo de mirada lateral o de indagación sobre por qué los ensayos “promercado” conocidos en Argentina han terminado en derrumbes sociales y económicos. Nada equipara, no obstante, la autoerección del monumento al esfuerzo individual que en julio o agosto de cada año se brinda la Sociedad Rural en Palermo, “la fiesta del hombre de campo”. “Hombre”, un dato cierto. La voz femenina es casi inexistente en las convenciones del mundo empresarial argentino.

Del emprendedor al evasor

Hay algo a revisar en el inconsciente de la elite económica argentina. “Héroes” es la palabra dominante en los encuentros empresariales, pero también es la que utilizó Milei para referirse a los evasores.

Se deriva una simbiosis de esa fricción en el plano de la representación política. En las pasadas elecciones, un grupo de gobernadores se presentó como “representantes del interior productivo”, defensores de la apertura, ávidos de ayudar a Milei “porque si le va bien a él, nos va bien a todos los argentinos”, pero sin desatender los intereses del pago chico. Nada demasiado nuevo bajo el sol, aunque parecía mejor organizado. Los gobernadores de Santa Fe y Córdoba se esmeraron en reclamar la baja de los impuestos al agro; los de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz lideraron el pedido de reducción de retenciones y otras cargas a hidrocarburos; y los de Jujuy, San Juan y Salta hicieron lo propio con la minería.

Tanta devoción sirvió de poco. A fin de cuentas, sus votantes —que casualmente, coinciden bastante con los que apoyan a Milei— desatendieron la oferta de representación del “interior productivo” y la avenida del medio, poblada por nombres con recorrido en derechas tradicionales, la UCR y el peronismo, y se decantaron por vedettes, tarotistas, evangelistas, entrepreneurs y streamers que les acercó la boleta que punteó Karina Milei.

La oda al “empresario héroe” se monta sobre una negación muy abarcativa: no existe el Estado que invierte (o invertía) miles de millones de dólares por año para sostener el mejor sistema universitario público de América Latina, ni una organización científica en más de un sentido modélica para la región. Ambos, universidades e investigaciones científicas (Conicet, INTA, INTI, hoy en proceso de desmantelamiento), proveen profesionales y avances técnicos que terminan generando negocios y ganancias empresariales, que jamás son mencionados en las reuniones de la elite. Tampoco tienen ningún valor las promociones impositivas ni los blanqueos periódicos, que condonan cada tanto miles de millones de dólares de evasión —y se terminan compensando con la recaudación del IVA o rebajas de jubilaciones—; ni los planes sociales y un sistema de pensiones universal que previenen caos social. La protección a través del manejo del tipo de cambio o del comercio exterior, o la provisión barata de electricidad, que han lastrado el equilibrio de las cuentas públicas —y en más de un sentido, se tornaron contraproducentes— tampoco son tenidas en cuenta en las sesiones de autoayuda de los hombres de negocios.

Universidades e investigaciones científicas (Conicet, INTA, INTI, hoy en proceso de desmantelamiento) proveen profesionales y avances técnicos que terminan generando ganancias empresariales, que jamás son mencionados en las reuniones de la elite

Generosidad ultra

Todo este magma de “sentido común” que supo leer y potenciar Milei para llegar a la Presidencia habilitó una transferencia de recursos de pobres a ricos, en pleno desarrollo.

Los negocios de petróleo, gas, soja y maíz generan ganancias exuberantes, pero el ímpetu por bajarles impuestos y retenciones no parece tener fin. Los US$1.600 millones que el Estado dejó de cobrar cuando el Ministerio de Economía habilitó a la desesperada unas 72 horas de “retenciones cero” al agro en septiembre pasado se suman a los US$570 millones que en 2026 dejará de percibir el fisco por otra ronda de algarabía. En la producción de Vaca Muerta y de litio en Norte, especialistas marcan que la carga impositiva ya se ubica entre las más bajas de Sudamérica, pero algunas firmas locales demoran decisiones porque estiman que el Gobierno puede darles todavía más, mediante reinterpretaciones del generosísimo RIGI.

La línea quedó trazada de entrada. En noviembre, la recaudación sobre los bienes de la cúpula económica se redujo en un 68%, que se explica tanto por un descenso de la tasa dispuesta en diciembre de 2023 como por un anticipo abonado en 2024, mientras las jubilaciones se encuentran en un piso en décadas. Hay plata para gastar US$300 millones en aviones F16 que Dinamarca procuraba sacarse de encima, pero no hay partida para la expansión de cloacas ni de conexiones de agua en el presupuesto 2016. La lista sigue con el desfinanciamiento histórico del Conicet y las universidades.

El palo en la rueda

La prédica libertaria puntualiza en “el costo laboral” y la “carga impositiva” como dos de los principales males del país.

Con este “escenario base”, en parte heredado y en parte buscado, el Ejecutivo se apresta a implementar la reforma laboral, con voluntad de aprobación en diciembre, y otra impositiva, todavía en un estado difuso.

Milei repite una estrategia que ya utilizó Macri. Acelera el deterioro del mercado de trabajo, para después ofrecer la hiperflexibilización como solución a los problemas autogenerados.

El palo en la rueda propia

Desde diciembre de 2023, cuando asumió el ultra, hasta septiembre pasado se habían perdido 185.700 o 2,8% de los empleos formales registrados en el sector privado, según la Secretaría de Trabajo. En el segmento estatal, el procentaje de descenso es similar. El balance general es un aumento de la desocupación, en parte compensado por un alza abrupta de autónomos y monotributistas, de 121.000 puestos, 5%. Como explicó Bullrich en la convención de Techint, eso no es malo, “porque los jóvenes no quieren depender de nadie”. Prefieren pedalear.

Milei es el rey de la minería y el petróleo, pero en ese segmento, el derrumbe de empleos en 21 meses alcanzó el 7,5%.

La consultora Invecq, de los economistas Matías Domecq, Matías Sturt y Santiago Bulat, realizó una interesante presentación en la jornada de Techint.

El famoso “costo laboral” no se verifica como un peso muy superlativo en la comparación con países como Brasil y Uruguay, que han tenido una mejor performance económica que Argentina en la última década y no han pasado por traumas tan profundos. Al incluir conceptos como aguinaldo, vacaciones, aportes a la Seguridad Social, indemnizaciones y aviso de despido, el costo sobre el salario promedio de trabajadores registrados alcanza 61% en Uruguay, 63% en Brasil y 68% en Argentina. En la comparación con el resto de América Latina, Argentina se destaca por un mayor peso en la Seguridad Social, y está en el segmento inferior en el rubro vacaciones.

La diferencia sí se vuelve abismal en el contraste con Paraguay, en el que el “costo laboral” representa 44% del salario. Eso sí. Los paraguayos de 65 años o más que reciben jubilación contributiva son 11,9% (más de 90% en Argentina), otro 50% recibe una pensión no contributiva (Observatorio del Gasto Público de Desarrollo en Democracia) y sólo 34% tiene seguro de salud (no hay PAMI). Hasta ocurre el milagro de que la jubilación mínima en Paraguay (US$167) es inferior a la de Argentina (US$230), perforada por el Gobierno de los Milei. Es tal la informalidad en el vecino del norte, que se calcula que sólo 1,5% llegan a completar los 30 años de aportes al llegar a la edad de jubilarse (OIT).

El dogma Sturzenegger es inmune al dato. La motosierra en manos del ministro de Desregulación se apresta a desbaratar la mecánica de las vacaciones, fraccionándolas y repartiéndolas durante meses no veraniegos. Es decir, irrumpe en un rubro en el que el marco regulatorio argentino presenta menos costos que en Brasil (que duplica, porque los brasileños tienen más días de vacaciones) y Uruguay (33% más), y similar a Chile y Colombia, según Invecq.

Algo similar ocurre con las indemnizaciones, otra bestia negra que afecta a los “héroes” del emprendedorismo. Argentina está en un status similar a Chile y Uruguay.

El deterioro del mercado laboral argentino se ubica en el creciente empleo informal. Alcanza 36,8% de los asalariados, pero si se consideran los monotributistas, una categoría que Gobiernos como los de Macri y Milei se especializan en hacer crecer a paso firme, suman 42%. Se necesitan 27 monotributistas con un ingreso de $2 millones mensuales para alcanzar un aporte a la Seguridad Social similar al de un solo trabajador registrado con el mismo sueldo, informó Invecq.

Es decir, el déficit se encuentra en que el segmento que realiza aportes (58%) no alcanza para cubrir un sistema jubilatorio que abarca a casi todos los mayores de 65 años.  

El blanqueo lanzado por Milei en 2024 generó una registración de 16.703 trabajadores que estaban en la informalidad, 0,3% del total. Equivalen a apenas un tercio de los puestos formales en el sector privado que se destruyeron entre junio y septiembre.

Los gobiernos que “insertan a Argentina en el mundo” lanzan blanqueos a mansalva y tienden a extender los períodos de prueba al infinito. El blanqueo lanzado por Milei en 2024 generó una registración de 16.703 trabajadores que estaban en la informalidad, 0,3% del total. Equivalen a apenas un tercio de los puestos formales en el sector privado que se destruyeron entre junio y septiembre.

Sturzenegger ideó otra solución para un problema que no es tal, el monto indemnizatorio, que se encuentra acorde al equilibrio de la región. En todo caso, el incremento del costo está asociado a la alta litigiosidad, que en cantidad de juicios acumulados en los últimos doce meses, se encuentra cerca del pico de 2017, en una dinámica que parece asociada a las crisis económicas antes que a la deslealtad del empleado al que le gusta ir a tribunales.

La solución elegida por el Gobierno ultra consiste en transferir tres puntos de los aportes a la Seguridad Social a un fondo de asistencia laboral (FAL). Esa caja actuará como un seguro para la empresa a la hora de despedir empleados. Como acumulará un volúmen latente, mayormente sin uso, se transformará en un activo financiero, sujeto a compras, ventas y cotizaciones. Es decir, se desfinanciará todavía más a la Agencia Nacional de Seguridad Social que paga las jubilaciones, lo que podría leerse como otra transferencia de ingresos regresiva.

El “coloso” liberal ya implementó un régimen por el estilo en 2024, pero fue aprobado ignorado por los empresarios. Sturzenegger encontró la solución. Transforma la norma en obligatoria y transfiere el costo a los jubilados.

Carga tributaria sobre el PBI de Argentina comparada con OCDE y América Latina

Sturt, de Invecq, evaluó que que el 28% de la carga tributaria total sobre el PBI es acorde a un país con el desarrollo intermedio de Argentina. Es unos puntos mayor al promedio latinoamericano (21,5%), el doble que en Paraguay (14%), inferior a la de los países de la OCDE (32%) y unos veinte puntos inferior a los países más desarrollados del norte de Europa.

Una vez más, el déficit está en la composición de la recaudación fiscal y en la alta evasión. Son bajos los ingresos por impuestos a los segmentos altos (bienes personales, Ganancias a las personas) y altos los asociados al consumo masivo, que se superponen en algunos casos (IVA, ingresos brutos provinciales, tasas municipales, combustibles). La evasión del IVA llega a 37% en Argentina, muy superior a la registrada en Colombia, Uruguay y Chile.

Ante la suma de distorsiones en los recursos del Estado y la distribución del ingreso, el dogma libertario propone enaltecer la evasión, desmantelar los organismos de control, reducir impuestos a los ricos y sectores con hiperganancias asociadas a los recursos naturales y cargar el peso del ajuste en jubilados, docentes y científicos.

El soberano se expresó en octubre y apoyó el rumbo.

SL

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Javier Milei firma el proyecto de reforma laboral enviado al Senado, el 10 de diciembre de 2025. A su lado, Manuel Adorni.

La nota fue actualizada a las 12 del 14 de diciembre con detalles de la licitación del gasoducto de Vaca Muerta.

Al menos 16 muertos en un ataque terrorista contra una fiesta judía en la playa de Bondi, en Sídney

Al menos 16 muertos en un ataque terrorista contra una fiesta judía en la playa de Bondi, en Sídney

Al menos 38 personas permanecen ingresadas en el hospital tras el ataque que la policía ya ha confirmado como un atentado terrorista. Uno de los hospitalizados es un civil musulmán que le arrebató el fusil a uno de los terroristas

Al menos 16 personas han muerto en un tiroteo en la playa de Bondi, en Sídney, en lo que la policía australiana ha confirmado como un “ataque terrorista” contra una celebración judía. Uno de los fallecidos es uno de los agresores, abatido por la policía. Las fuerzas de seguridad han detenido también a otra persona, que está en estado crítico.

Hay 38 personas heridas en el incidente, que han sido trasladadas a hospitales cercanos, aunque las autoridades sanitarias no han dado más información sobre su estado de salud. Hay además dos agentes heridos.

El ataque ha ocurrido alrededor de las 18:45 de la tarde. Estaba prevista la celebración de un evento por la festividad judía de Janucá en un parque muy próximo a la playa en la que han comenzado los disparos. En un principio, la policía australiana no había encontrado relación entre ambos hechos, pero las últimas declaraciones de los encargados de la investigación ya confirman que se trata de un “ataque diseñado con la comunidad judía como objetivo”.

Un oficial de policía observa a la gente que desaloja la playa de Bondi en Sídney, el 14 de diciembre de 2025

“Ha ocurrido un ataque terrorista devastador en la celebración de Janucá de la playa Bondi”, ha dicho el primer ministro de Australia, Anthony Albanese. “Es un ataque dirigido a la comunidad judía australiana en el primer día de Janucá. En lo que debería haber sido un día de felicidad, de la celebración de la fe, un acto de terrorismo cruel y antisemita ha golpeado el corazón de nuestro país”, ha declarado el dirigente. Albanese ha insistido en que “no hay lugar para el odio” en Australia y ha prometido trabajar para “erradicarlo”.

Las fuerzas de seguridad del país han encontrado también un dispositivo explosivo improvisado cerca de la playa, del que se ha encargado el escuadrón antibombas, según la policía.

El Cine Sunset, en el Pabellón Bondi, evacuado tras el tiroteo en la playa el 14 de diciembre de 2025

El primer dirigente político en calificar el incidente de terrorismo ha sido Christopher Minns, jefe de Gobierno de Nueva Gales del Sur, la región de Sidney. Minns ha calificado el tiroteo como “un acto cobarde y aterrador de violencia” y afirmado que “el objetivo fue la comunidad judía”.

Mientras, el jefe de la policía de Nueva Gales del Sur, Mal Lanyon, ha advertido que la investigación “apenas ha comenzado” y que todavía no puede descartarse ninguna hipótesis sobre el suceso, incluida la posibilidad de que haya un tercer sospechoso.

“La Policía está en el lugar y se proporcionará más información a medida que esté disponible”, señalan las autoridades.

Los testigos del tiroteo grabaron cómo un civil se acerca sigilosamente a uno de los tiradores y le arrebataba el fusil después de un forcejeo. En las imágenes se observa cómo otro hombre armado sigue disparando desde su posición sobre un puente.

Según informan medios australianos, como ABC o The Australian, el civil se llama Ahmed Al Ahmed y es un comerciante musulmán de 43 años. Vive en Sydney, está casado y tiene dos hijos. De acuerdo a otros testimonios, Ahmed recibió dos disparos en un brazo, por lo que tuvo que ser hospitalizado.

Carlos III, jefe de Estado en Australia, condena el “atroz” atentado antisemita

La comunidad internacional ha lamentado y condenado el atentado.

El rey Carlos III del Reino Unido y su esposa, Camila, se mostraron “consternados y profundamente entristecidos por el atroz ataque terrorista antisemita” perpetrado este domingo.

“Nuestros corazones están con todos los que se han visto tan terriblemente afectados, incluidos los agentes de policía que resultaron heridos mientras protegían a miembros de su comunidad”, dijo en un comunicado el monarca, que también es jefe de Estado de Australia.

También expresaron sus condolencias a las víctimas los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina, quienes dijeron “acompañar en su dolor a la comunidad judía”.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, también condenó el atentado.

“Estoy horrorizado y condeno el atroz ataque mortal perpetrado hoy contra familias judías reunidas en Sídney para celebrar Janucá”, escribió Guterres en X. “Mi corazón está con la comunidad judía de todo el mundo en este primer día de Janucá, una festividad que celebra el milagro de la paz y la luz que vence a la oscuridad”, añadió.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se ha sumado a las condolencias.

“Estados Unidos condena enérgicamente el ataque terrorista en Australia dirigido contra una celebración judía. El antisemitismo no tiene cabida en este mundo. Nuestras oraciones están con las víctimas de este horrible ataque, la comunidad judía y el pueblo de Australia”, escribió Rubio en un mensaje en X.

Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU), el Líbano y Jordania también condenaron este domingo el ataque, así como Israel, cuyo primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, relacionó el “llamamiento a un Estado palestino” por parte de Australia con el tiroteo masivo.

“Su llamamiento a un Estado palestino echa leña al fuego del antisemitismo. Recompensa a los terroristas de Hamás”, recordó hoy Netanyahu haberle trasladado a Albanese hace unos cuatro meses.

Martín Kohan: “La identidad argentina, como toda identidad, transcurre en crisis, entre lo que se levanta y se cae”

Martín Kohan: “La identidad argentina, como toda identidad, transcurre en crisis, entre lo que se levanta y se cae”

Acaba de publicar “Argentinos, ¡a las cosas!”, un libro que se detiene en objetos, espacios y héroes inesperados para pensar en la argentinidad. Por qué la imagen de una pizzería, una ruta infinita, un mural de Maradona derrotado, un vestido que flota o una tumba olvidada le sirvieron para desplegar conexiones lúcidas sobre lo que se considera el ser argentino.

Entrevista - Hernán Ronsino: “La lectura ofrece otro vínculo con el tiempo, en un mundo donde parece que está prohibido aburrirse”

Valiéndose del pulso de un croquis más que de la rigidez de un mapa. Merodeando las figuras insoslayables y a la vez echando luz sobre los pasos de algunas menos recorridas. Un libro en tránsito, en gerundio, en territorio para tironear de la argentinidad, para detenerse, apenas por un rato, en algunas cosas eminentemente argentinas. O, mejor, en sus rastros. El escritor Martín Kohan acaba de publicar Argentinos, ¡a las cosas! (Seix Barral, 2025), un ensayo crítico compuesto por veinticinco fragmentos dedicados a observar con maestría y de manera desprejuiciada eso que se suele englobar bajo el paraguas de la argentinidad. 

Ya desde el gesto de alejarse de los hitos para reparar en la idea de cosas –una palabra llave, una palabra que para cualquier hablante argentino refiere a muchas cosas–, el escritor da cuenta de los vaivenes que hacen a cualquier identidad. Identidad, en su mirada, es crisis, es movimiento, es contingencia. Identidad argentina, en sus palabras, es la lectura de una constelación difusa de huellas: el equívoco de la imagen de la pizzería Los Inmortales, el mural de Martin Ron que representa a un Maradona derrotado, la tumba olvidada de Rivadavia en Plaza Miserere y su permanencia en los cuadernos escolares a través de su firma, la piedra movediza de Tandil sustituida por otra ficcional, literaria.

Argentinos, ¡a las cosas!, de Martín Kohan.

– Tu nuevo libro está armado a partir de cosas. Pero estas cosas lo son en un sentido amplio: son objetos, pero también lugares, escenarios como el Hotel Edén, en Córdoba. O son cosas entre cosas, como un pasillo. ¿Qué te llevó a unir todas estas dimensiones tan disímiles?

– La secuencia la podría describir más o menos así: hay una condición en la palabra “cosa” que es al mismo tiempo muy concreta, muy específica, y también muy difusa. De hecho está la novela de David Viñas, Cosas concretas: no hay nada más concreto que una cosa. Y, al mismo tiempo, “cosa”, “coso” o “cosito” es el camino que transitamos para resolver los casos en los que no tenemos la palabra exacta. La palabra “cosa” engloba objetos, lugares, figuras. En algún momento hasta llegué a pensar que, si el libro tenía un subtítulo, podía ser “cosas, lugares, figuras”. Pero me pareció que “cosas” englobaba todo y fue a parar al título. Y la idea de cosas también nos lleva a esos lugares donde se alojó una marca o una huella que uno pueda leer. La “cosa” puede ser efectivamente un objeto concreto o un lugar o una figura. Pero también, en el momento en el que uno pone ahí la mirada a ver qué rastros tiene, lo convierte en cosa. Es como partir de la pregunta “¿qué cosa es esto?”. Un pasillo, sí. O un campo de batalla. La palabra “cosa” me parecía que permitía abarcar todo. Al momento de reunirlas, el criterio fue el de recapitular y repasar para ver dónde aparecía un destello que me permitiese una lectura. Hay un pacto mío, digamos, que no sé con quién es pero finalmente queda en el lector, que es que son todos lugares en los que estuve. O sea, que se puso en juego concretamente mi percepción real. Son lugares en los que hay o hubo cosas que vi. Y, más allá de que esto no está dicho en el libro, en mi percepción, en mi relación real empírica con esos objetos algo surgió como destello de significación. 

– Para seguir con las cosas del libro, y aunque creo que a vos te interesa lo común en el sentido de lo que es de todos, acá no fuiste a los lugares comunes que se mencionan casi automáticamente cuando se dice Argentina, como el colectivo, la birome o el dulce de leche. ¿Por qué ese gesto? ¿Querías correrte un poco? 

– De eso me di cuenta en alguna conversación cuando alguien me preguntó “¿qué estás escribiendo?”. Enseguida me salió decir “un libro sobre cosas argentinas”. Me encontré inmediatamente teniendo que aclarar que no era sobre el mate, el poncho ni el dulce de leche. En ese caso, creo que habría sido un libro sobre la tipicidad argentina, sobre dónde reconocer lo típicamente argentino. Y la idea de cosa y la idea de huella, que son las que me interesaban acá, no responden al criterio de tipicidad. Por definición, la idea misma de huella supone algo que no es directamente reconocible, que no es típico. Me parece que, al mismo tiempo, eso permite rastrear qué tipo de relación se entabla en la indagación de lo argentino, que no es exactamente ahí donde se vuelve reconocible. Si hubiese planteado una galería de objetos típicos, uno armaría un recorrido de la condición argentina más reconocible, más establecida. Yo trato de pensar más bien, no en términos de originalidad, pero sí de formulaciones donde la Argentina se ve y no se ve. Se manifiesta y se escurre. Es que la identidad argentina, como toda identidad, transcurre en crisis, entre lo que se levanta y se cae. En la contingencia. Por eso me interesa más pensar la idea misma de argentinidad que no es exactamente una afirmación. Casi te diría que es la manera en que Borges piensa lo argentino. Que es, justamente, refractando y desconfiando de la tipicidad y de la sobreactuación de lo reconocible. Y casi como dejando que aflore como fatalidad. No hace falta subrayarlo, actuarlo, remarcarlo, y no hace falta exponer lo argentino en su tipicidad. Interrogarse estas cosas es que lo argentino esté, no esté, se reconozca, se desdibuje. Se pueda aferrar, pero también que un poco se pierda. Que haya algo de argentino ahí pero que nunca sea simplemente una afirmación, un reconocimiento. Esta es mi manera de leer no solo la identidad argentina sino todas. 

Martín Kohan nació en Buenos Aires, en 1967.

– Pensaba que la última vez que te entrevisté fue por la salida de ¿Hola?, el réquiem para el teléfono. En este libro, sin embargo, no hay réquiem, no hay despedida porque las cosas siguen firmes ahí, te las cruzás por la calle. Tampoco hay evocación, como ocurría en la serie con recuerdos que armaste en tu libro Me acuerdo.

– Sí, en Me acuerdo también los recuerdos son objetos que se coleccionan. No hay secuencia. No es el despliegue de una rememoración. Es una colección de recuerdos. Y, obviamente, se arman series, que (Walter) Benjamin llama mejor que series, cuando Benjamin dice “constelaciones”. Porque la serie no deja de tener una linealidad. La constelación, en cambio, compone figuras. Maradona, por ejemplo, en este libro aparece y después vuelve. Y uno resuena en el otro, en la otra. Como en los recuerdos de Me acuerdo que resuenan o rebotan uno con otro más allá de lo que uno mismo registra en la escritura. Pero lo pensé como una colección y fue una especie de repaso de lugares o de cosas ligadas a mi desplazamiento real.

– ¿Fue buscado el hecho de que las cosas fueran de distintos lugares de Argentina? Porque hay bastante de Buenos Aires, pero escribiste sobre figuras o lugares de varios puntos del país.

– Fatalmente me aparece más la Ciudad de Buenos Aires porque vivo acá y porque es donde paso más tiempo. Pero acá me ocurrió algo parecido a cuando estás en un período de escritura de cuentos. Por ejemplo, me pasó con Desvelos de verano. Esos cuentos tienen como una unidad de atmósfera, de universo, fue toda una época que yo pasé en ese terreno, más allá de que hice otras cosas en el medio. Para mí escribir ese libro era poner la imaginación, incluso la memoria, en sintonía estival a ver qué aparecía. Como estímulo de imaginación, te diría. Fue como ponerse en esa temperatura a ver qué aparece. Y es al mismo tiempo recuerdo e imaginación, son las dos cosas combinadas, porque uno recuerda e imagina al mismo tiempo. Acá también fue algo así: un poco ir a buscar y un poco dejar que vengan cosas a partir de lugares donde estuve. A muchos los repasé, fui y no apareció nada. Estuve en San Juan, por ejemplo, y nada. Pero escribir no es un ejercicio de mera aplicación, no es así como surgen las cosas. Como estoy casado con una psicoanalista (N. de la R: se refiere a Alexandra Kohan), a veces me pregunto si la atención flotante tendrá algo de eso. Seguramente no. Porque esto no es exactamente estar distraído, tampoco es estar exactamente concentrado. El concentrado quiere ir a San Juan y decir “a ver, esta es la casa de Sarmiento” o “estuve en tal calle”, “el Valle de la Luna tal cosa”. Para mí eso es demasiado aplicado. A la vez, para escribir tampoco es que hay que dejar las cosas libradas a que algo aparezca por sí solo. Es una especie de punto medio que implica sondear, merodear, a ver si alguna huella aparece. 

Me interesa pensar la idea misma de argentinidad que no es exactamente una afirmación. Diría que es la manera en que Borges piensa lo argentino. Que es, justamente, refractando y desconfiando de la tipicidad y de la sobreactuación de lo reconocible. Y casi como dejando que aflore como fatalidad

– Fuiste detrás de huellas como alguna estatua, la placa que marca el edificio donde vivió alguna vez el Che Guevara en Rosario. ¿De qué modo te sirvió la idea de huella para pensar la identidad en general y la argentina en particular?

– Claro, la idea de huella ya supone la presencia de algo que estuvo y a la vez no está exactamente. Con la identidad hay algo en este sentido para evitar la plenitud de la afirmación y también de la negación total. Todas las identidades tienen que ver con asumirlas a través de posibles crisis. En mi caso particular, salvo el hecho de mi identidad como hincha de Boca, todas las demás identidades están hechas de crisis. Ser judío, por ejemplo. Hay una formulación de lo judío que consiste justamente en una pregunta que no va a tener respuesta, pero que también es una pregunta irrenunciable. Por eso me parece que la identidad consiste en preguntar una y otra vez algo que nunca se va a terminar de responder. Asumir una identidad es asumirla en crisis. Afirmarla y hacerla vacilar a la vez. Podría decir también que mi relación con la identidad masculina está hecha de eso. Mi identidad judía está hecha de eso. Mi identidad argentina está hecha de eso. Mi identidad de egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires está hecha de eso. ¿Las desecho? No. ¿Las descarto? No. ¿Las abandono? No. ¿Las asumo en plenitud como afirmación plena? Tampoco. Siempre es revisión y puesta en crisis, e insisto, como manera de asumir esas identidades, no como descarte. Con la idea de huella se puede percibir al mismo tiempo lo que está y lo que estuvo, pero no está. El vestido sin Evita, por ejemplo. En la página inicial del cuento El Sur, Borges lo expone con esa maestría que tenía para concentrar en pocas palabras las cosas, con Juan Dahlmann, nieto de un pastor alemán que llega en 1870, que unas décadas después ya se sentía “hondamente argentino”. ¿Cómo fue, cómo se arma eso? Borges para mostrarlo en Dahlmann hace una enumeración de cosas, como un daguerrotipo, una espada, “el hábito de ciertas estrofas”. Me parece que ahí hay una idea de cómo se hace lo argentino, pero sobre todo dónde se manifiesta. Si yo tengo que pensar en una referencia de afinidad contra los que buscan la esencialidad inmóvil de lo argentino, uso esa página de Borges.   

– Una de las figuras que traés en el libro es la de Bernardino Rivadavia. Por un lado, sí, es quien le da nombre a la avenida más larga, pero también pareciera estar desplazado. De hecho hablás sobre el lugar donde están sus restos, un mausoleo un poco olvidado en medio de la Plaza Miserere, en Once. ¿Por qué te interesaba su figura?

– ¿Vos sabías que Rivadavia estaba ahí?

– No, la verdad es que no. Y eso que paso seguido por ahí para tomarme el colectivo.

– Bueno, yo no hice una averiguación exhaustiva y no soy sociólogo, pero le fui preguntando a mucha gente y casi nadie sabía que los restos de Rivadavia están ahí, en la plaza de Once. A diferencia de otras figuras, como la de San Martín o Belgrano, que han tenido preponderancia y una especie de paridad, con Rivadavia pasa que, aunque tuvo un lugar central, es como si no estuviera. Uno piensa “la avenida más larga” o “el sillón de Rivadavia” y decís “está por todos lados”. Yo mismo viví varios años a cuatro cuadras del Parque Rivadavia e iba muy seguido a ver libros. Nunca pensé en Rivadavia. Más allá de la anécdota personal, algo pasa ahí, me parece, que tiene que ver con esta condición particular de su figura, que no es exactamente el olvidado y el perdido. Porque si lo querés dar por olvidado y por perdido, Rivadavia está demasiado. Pero si querés señalarlo como una presencia central, no está. Entonces Rivadavia me permitió en el libro traer algo diferente, volver sobre esa tumba. Está ahí como si no estuviera.

– Donde sí está omnipresente, como recordás, es en los cuadernos escolares, ahí aparece hasta con su firma.

– Claro. Y lo de la firma me interesó, otra vez, porque es la escritura como huella. ¿Qué huella más personal puede haber que las propias manos? Bueno, en Boca en algún lugar están las huellas de los pies, pero claro, son futbolistas. 

La identidad consiste en preguntar una y otra vez algo que nunca se va a terminar de responder. Asumir una identidad es asumirla en crisis. Afirmarla y hacerla vacilar a la vez

– Se podría pensar este libro, también, como una mirada tuya sobre la heroicidad. Hay héroes más evidentes, como San Martín o Gardel, pero otros menos esperables o en la derrota, como ese mural de Maradona que describís. ¿Te interesaba en particular pensar la heroicidad, en los héroes en general? 

– Fue un asunto para mí el de los héroes, de hecho escribí la tesis de doctorado sobre San Martín. Vos vas a cualquier lugar del mundo y en las plazas hay estatuas de alguien subido a un caballo. Figuras destacadas, evidentemente, todos los países tienen. Pero la configuración de la historia argentina estuvo particularmente centrada en héroes. Este punto fue una disputa historiográfica en el siglo XIX, cuando se preguntaron si había que escribir una historia de grandes hombres o no. Yo escribí esa tesis con un abordaje crítico, una revisión crítica, alrededor de cómo se construye la idea de un “padre de la patria”. Y, aun así, siempre vuelvo a la idea de un padre de la patria, como si a aquellos que no lo tuvieran les faltara algo. Pienso, no sé, en Francia. ¿Hay héroes? Sí. ¿Hay padres de la patria? No. ¿Le falta algo? No. ¿Es más débil esa formulación? No. En todo caso es otra manera de conjugar una expresión de identidad. Los padres fundadores en Estados Unidos no son exactamente esa clase de figuras o tampoco funciona del mismo modo en Brasil con Tiradentes. Todas estas variables evidentemente me interesan mucho, con lo cual, la idea de lo argentino aun pensado desde las cosas me llevó a mirar una diversidad de héroes. Pero también a la posibilidad de verlos caídos, derrotados, sancionados. Estoy pensando San Martín caído, Maradona derrotado, Belgrano sancionado.  

– Luis Firpo, otro de los que mencionás, el boxeador que tira del ring a Dempsey pero no gana.

– Firpo derrotado, claro. Y la idea de pensar que son héroes con eso. Ni siquiera a pesar de eso. Son héroes con eso. Creo que eso me permitió, por mi propio interés en ver qué pasa con los héroes, volver a esta sintonía; si lo querés afirmar rotundamente, se cayó. Si querés darlo por caído, se recupera. Al pensarlos así también hay una manera de entender la identidad que funciona en esa misma clave: la querés acercar se cae, la querés erigir se desploma. Entonces hay que intentar ver las dos cosas al mismo tiempo, como comprobé con las estatuas de San Martín. Lo ves en un ángulo al mismo tiempo erguido y caído y no queda otra que ver las dos cosas a la vez. 

Kohan también es docente en la Universidad de Buenos Aires, donde enseña Teoría Literaria, y en la Universidad Nacional de las Artes.

– En algunos textos pensás también una idea de éxito y de fracaso, de ascenso y de caída. Una supuesta Argentina con un esplendor que a veces está en el pasado y otras veces se arma como pura promesa. 

– A veces lo pienso como algo chistoso: no debe haber ningún himno nacional de ningún país que diga “somos una nación desgraciada”, “qué país de morondanga” o “nacimos para la miseria” (risas). Siempre esas escenas están ligadas a alguna clase de exaltación de lo propio. Pero uno podría conceder que hay algo en el caso argentino, insisto siempre recelando de la idea de que tenemos algo especial, con esa noción de que la Argentina estaba destinada a ser el Estados Unidos de América del Sur. O por esa expectativa de supuesta potencia, por la idea de  supuestamente conjugar lo mejor de lo europeo con la destreza de la naturaleza sudamericana. Me parece que en el caso argentino ese mito de preponderancia es lo que hace que el desencuentro con el destino de grandeza se sienta especialmente frustrante. En estos años, en concreto, estamos volviendo a escuchar sobre esta suerte de mitología retroactiva, que es que ese destino sí estuvo, lo que pasa es que lo perdimos. No era un destino, no está demostrado que los cuatro climas hagan un gran país, la inmigración europea existió y fue significativa pero tampoco resuelve ni garantizada nada. Hay muchísimos elementos para contrarrestar ese mito. Sin embargo, es interesante ver cómo funciona, cómo circula. Sobre todo en la discusión política actual; es muy importante resolver que ese destino de grandeza no era un destino porque no hay destinos. Porque la historia se hace o se deshace. Y es mentira que la Argentina fue primera potencia mundial. Es bastante importante hoy en día desmentirlo. Los historiadores que dedicaron su vida a estudiar eso lo intentaron y fueron insultados por el presidente de la nación. Entonces, aunque ese destino de grandeza se ponga en duda, el efecto de desencuentro es verdadero. Y el efecto de desencuentro remite al prócer que se cayó, al héroe noqueado o a la final perdida, como parte de la identidad, no como elementos que la contrarrestan. Si vos partís de la base del paradigma de la identidad como plenitud y como afirmación, entonces el tropiezo, la caída, la derrota van a aparecer como momentos de debilidad. Si vos no pensás la identidad como la plenitud de una afirmación sino desde una crisis, la cosa cambia. Me parece que por eso una identidad no termina nunca de caer. No termina de afirmarse tampoco, pero no termina de explotar.

– Hablabas de tus crisis en relación con el judaísmo o con el hecho de ser argentino. ¿Tu identidad como escritor también entró en esa dinámica alguna vez?

– Mirá, siempre estuve muy dispuesto a revisar una por una mis identidades. Estuve en Moscú y cuando vi el mausoleo de Lenin me estremecí. Mientras me estremecía pensaba “¿es muy marxista o es muy anti marxista esto que me está pasando?” (risas). Porque la escena tuvo mucho de aurático, una carga de religiosidad frente al cuerpo-objeto sagrado que no responde al marxismo. Ahí mismo dije “¿este es mi gran momento como marxista o es mi tropiezo como marxista?”. Y creo que en el fondo la idea es conjugar las dos. Con la identidad de escritor, creo que no hay crisis porque no es una identidad que yo asuma ni pretenda. Creo que fue como una derivación, como lo de Dahlmann: “el hábito de ciertas músicas” y un sentimiento de ser argentino. Leyendo entrevistas de otros o hablando con gente me di cuenta de que yo nunca quise ser escritor. Nunca me apareció la idea como tal, nunca la mencioné. Cuando era chico no quería ser escritor, quería ser arquero. Siempre agrego en broma “igual que Milei”, solo que ante mi fracaso en esa ilusión no me la agarré con un país (risas), no me la agarré con 40 millones de personas. En mi caso, el deseo siempre fue escribir y ser escritor fue una derivación de eso, no premeditada, no buscada. Y en algún sentido no asumida, salvo porque un día una pareja que tuve me dijo: “Dejá de decir que no sos escritor porque quedás como un boludo. Escribís, publicás, están los libros, sos escritor” (risas). Al cabo de ciertos años y al cabo de un puñado de contingencias resultó que no es lo mismo buscar esa identidad de escritor que asumirla. Ocurrió. Ni destino, ni mandato. Ocurrió. Desde una pasión de un hacer que es escribir. De la escritura derivó un escritor. La escritura nunca fue el insumo necesario para constituir al escritor. La escritura fue un fin en sí mismo.

AL/CRM