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La cumbre peronista, la promesa de una PASO que ordene la guerra por el liderazgo y la amenaza a los gobernadores. El llamado de atención para el Gobierno, que se debate entre garantizar gobernabilidad y asegurar una fuerza política que resista al clima político. La búsqueda del Círculo Rojo.
Pedro Lacour - El temor a una derecha dividida obliga a Milei y Macri a ensayar una ¿última? reconciliación
“Hay que ver qué hace el peronismo ahora, tenemos que estar alerta. Yo a estos hijos de puta los conozco, antes me votaban todo y ahora no”, advirtió Patricia Bullrich el día después de la trágica sesión en el Senado en la que el oficialismo pudo aprobar la la Ley de Propiedad Privada a costa de bajar el capítulo sobre extranjerízación de la tierra. La jefa del oficialismo vio los movimientos del peronismo para voltear los votos aliados y anticipó que algo estaba cambiando. Lo mostraban las encuestas y las redes sociales: la culpa no era suya, le insistió a Karina Milei, el “clima de época” había cambiado. Cuatro días después, Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y los gobernadores se reunieron en un hotel por cinco horas por primera vez en años.
El boicot a la extranjerización de tierras generó un cimbronazo al interior de la clase política. Para el Gobierno fue un llamado de atención, una alarma que llevó a que viejos enemigos, como Karina y Mauricio Macri, volvieran a levantar el teléfono y empezaran a medir las condiciones de un acuerdo político de cara a 2027.
Para el peronismo, en cambio, fue como una bocanada de aire fresco, la comprobación de que no todo estaba perdido y de que el respaldo social habilitaba una coordinación interna que permitía fantasear con sumar aliados para frenar a Javier Milei. O al menos sus leyes.
“Les agradezco el gesto que tuvieron el otro día, que demuestra que si todos trabajamos juntos podemos frenarlo. Necesitamos de todos”, proclamó José Mayans, en el Hotel Emperador, mientras miraba a los ojos a casi todos los candidatos presidenciales del panperonismo. Kicillof estaba a su lado, mientras que Massa y el santiagueño Gerardo Zamora lo miraban a unos metros. Cuando Mayans insistió en que “hay que acompañar al que mide mejor y nadie tiene que sacar los pies del plato”, todos los presentes dijeron que sí con la cabeza.
La reunión había sido organizada entre Mayans y Germán Martínez para plantear una mínima hoja de ruta de prioridades legislativas, pero se terminó extendiendo hasta pasada la medianoche. Se repartieron tareas y se ensayaron estrategias para evitar que el Gobierno pueda eliminar las PASO, un anticipo de que esperan que sea el voto popular, y no un acuerdo de cúpula, lo que defina la pelea interna por el liderazgo. “Los otros (gobernadores) van a tener que sacarse la careta. Están con nosotros o están con Milei. Quien ayude a eliminar las PASO está con Milei, que se sepa”, sacó pecho uno de los participantes.
No hubo pases de factura, a pesar de que era la primera vez que Máximo y Kicillof se veían las caras después del raid de insultos y acusaciones cruzadas de los últimos meses. Ninguno hizo referencia a la resistencia de Kicillof a visitar a Cristina Fernández de Kirchner en San José 1111. El líder de La Cámpora, que saludó a todos los presentes con un abrazo, fue el último en tomar la palabra y se limitó a hacer una evaluación territorial de la fuerza del peronismo en cada provincia. “Escuchó a todos y habló bien, fue un análisis objetivo”, suspiró, con alivio, uno de los dirigentes.
Se habló mucho de los otros gobernadores, de los que vienen funcionando como aliados de Milei y que, durante la sesión del jueves, fueron claves para voltear el capítulo de la Ley de Manejo del Fuego. Ninguno tiene expectativas de sumar al salteño Gustavo Sáenz, el catamarqueño Raúl Jalil o el tucumano Osvaldo Jaldo a reuniones futuras. Estos ya dieron a entender que se limitarán a proteger el pago chico y que, incluso, analizan la posibilidad de cerrar un acuerdo político con LLA si Karina lo habilita. Mayans y Martínez esperan, de mínima, aprovechar los desplantes del Gobierno a los mandatarios para convencerlos de ensayar un frente anti Milei en el Congreso.
“De donde menos se espera salta la liebre”, analiza, en tono zen, uno de los armadores peronistas, que ya está haciendo cálculos. El objetivo es claro: evitar que Bullrich pueda sumar 37 senadores para avanzar con la eliminación de las PASO. Algunos gobernadores, como Jaldo, ya anticiparon que no ayudarán al Gobierno a eliminar las PASO. Jalil, en cambio, ya manifestó en público que cree que los partidos tienen que definir sus propias internas. Sáenz es una incógnita: Flavia Royón, la senadora que le responde, fue una de las aliadas que se dio vuelta de manera intempestiva, sin que Bullrich lo anticipara, a la hora de votar la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.
La convocatoria a los gobernadores esconde una amenaza, sin embargo. Si cualquiera que acompañe la eliminación de las PASO apuesta a la reelección de Milei, entonces el peronismo no tendrá otra opción que tener candidatos propios en cada una de esas provincias. El mensaje es “si no podemos ganar, al menos los haremos perder”.
El Gobierno también mira con atención a los gobernadores, a quienes necesita para asegurar la eliminación de las PASO, pero también para garantizar una gobernabilidad que le permita surfear con tranquilidad la campaña de 2027. Mientras el peronismo se reunía en Retiro, Diego Santilli viajaba a Misiones para hacer control de daños y poner la cara después del desplante en el Senado. Intentó convencerlos de avanzar con la reforma del Régimen de Zonas Frías y con la reforma electoral, pero se volvió con las manos vacías.
“El problema es que no tienen plata para ofrecer. Los gobernadores miran que la imagen de Milei es mala, entonces se enojan y empiezan a pedir más”, explica un senador que responde a los intereses de los gobernadores del Norte Grande. Santilli no pudo garantizar ni un decreto para modificar el régimen de energía eléctrica para las zonas cálidas ni el reparto de los miles de pesos destinados a obras viales que se recaudan del impuesto a los combustibles y que el Gobierno, yendo en contra de la ley, utiliza para mantener la ficción del superávit fiscal.
Los gobernadores miran las encuestas y detectan que la imagen de Milei está estancada en unos 30-35 puntos, que el voto joven –clave para el triunfo de Milei en 2023– empieza a derrumbarse y que, para colmo, los Menem no detienen la voracidad de la construcción territorial. El reclamo político es sencillo, que pongan un candidato débil y no jueguen a fondo a ganar la provincia, pero ni Martín ni Lule Menem terminan de darles garantías. Los gobernadores sospechan que, cuando llegue el momento, replicarán la estrategia de 2025 y priorizarán la consolidación de LLA en todo el país sobre los acuerdos locales.
Los Menem, puertas adentro, no lo esconden: si funcionó en 2025, ¿por qué no repetir la estrategia en 2027? “Necesitamos gente propia que no se de vuelta por el cambio de clima. Si hubiésemos acordado, Adorni nunca habría sobrevivido a la expulsión. No hay que resignar nada”, advierte un dirigente menemista, que mira con sorna las veleidades acuerdistas que reclama el caputismo. “Massa les dio todo, y fueron y desdoblaron. No podes confiar en los gobernadores. A la mínima que hay ruido político se dan vuelta”, insiste.
En el Gobierno no pasó desapercibido el acto de Daniel Hadad en la Facultad de Derecho con toda la clase política. Los armadores de Karina saben que el Círculo Rojo está en la búsqueda de un candidato que garantice el “rumbo económico” de Milei, pero sin tener que lidiar con el libertario. Lo intentaron con Bullrich, la senadora jugó a diferenciarse y Karina la castigó: la dejó sin candidatura en CABA, le boicoteó la negociación en el Senado y ni sueña con dejarle la vicepresidencia (un lugar que quedará para Menem). En LLA observan que quieren hacer lo mismo con Hadad, y les preocupa el poder de fuego que el empresario pueda llegar a tener desde Infobae.
Distinta fue la actitud de Karina con el PRO, a quien fue a buscar inmediatamente después de la derrota en el Senado. Llamó por teléfono a Macri, acordaron crear una mesa de trabajo y cerraron un pacto de no agresión en las provincias que gobierna el partido amarillo. En LLA advierten que hay cada vez más consenso para dejarle a Macri lo único que realmente quiere, que es la Ciudad de Buenos Aires, pero señalan que el acuerdo no termina de cerrarse por la guerra que Mauricio sostiene con su primo Jorge, el jefe de Gobierno. “Es Mauricio el que anda operando que no puede ser Jorge el candidato porque no le dan los votos”, señalan en LLA.
Es por eso que, en los últimos días, empezó a circular con más fuerza la posibilidad de que Santilli sea candidato en CABA, como una forma de acordar con el PRO y sostener cierto margen de influencia. Y dejarle la Provincia al peronismo. “Que se reagrupen ahí, es un desperdicio el Colo en la Provincia. Que el peronismo se quede con PBA, si quiere”, afirmó un dirigente libertario.
MCM/MG

Las expertas advierten que al invisibilizar a las mujeres en la investigación, se las ignora también en la consulta médica: o se medicaliza o diagnostica de manera errónea debido a una desigualdad que es estructural.
Ir al médico con dolor de espalda y que te diagnostiquen, erróneamente, ansiedad. Tener dolores menstruales y que te receten anticonceptivos, a pesar de que no está demostrado que sirvan para ello. Un diagnóstico de endometriosis que tarda una década en llegar. O una interpretación errónea de un infarto porque las mujeres no muestran los mismos síntomas que los hombres.
Esto es lo que sufren millones de mujeres cuando padecen alguna enfermedad o patología médica, como consecuencia directa del sesgo de género en la investigación y en las prácticas clínicas en la medicina.
Este sesgo sigue estando muy presente desde el inicio de una investigación, cuando se establecen unas preguntas a responder y unos objetivos que cumplir. “Cuando se genera la hipótesis de trabajo, se piensa en una hipótesis en hombres”, confirma María Teresa Ruiz Cantero, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante, en España.
Por ejemplo, cuando se tienen en cuenta únicamente los síntomas de un infarto en hombres, olvidando cómo se manifiesta en mujeres. “Si no se piensa en que las mujeres también pueden padecer infartos, o enfermedades como la espondiloartritis o enfermedades inflamatorias intestinales, desde la hipótesis de trabajo, se las invisibiliza”, explica la experta, que además forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP).
Carme Valls, médica e investigadora sobre los sesgos de género en medicina, y autora de Mujeres invisibles para la Medicina (Capitán Swing), asegura que, al no tener en cuenta a las mujeres en la investigación, “la ciencia que se genera es totalmente androcéntrica”. Históricamente, se ignoró, por ejemplo, que la primera causa de muerte de las mujeres en todo el mundo es la cardiovascular. Pero, si no hay investigación, no se puede hacer prevención de la enfermedad, porque la medicina ni se plantea que las mujeres puedan padecer estas afecciones.
Si el personal sanitario no incorpora una mirada de género, puede atribuir estos síntomas a ansiedad o estrés y retrasar el diagnóstico de una patología potencialmente grave
Anna Pujol, médica y miembro del Grupo de Trabajo de Salud Integral de las Mujeres de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), asegura que en el caso de la enfermedad cardiovascular, “se han tomado como referencia los síntomas estudiados principalmente en hombres, como el dolor opresivo en el pecho irradiado al brazo izquierdo”. Sin embargo, muchas mujeres presentan síntomas distintos, como fatiga intensa, dificultad para respirar, náuseas, mareo o dolor en la espalda y la mandíbula. “Si el personal sanitario no incorpora una mirada de género, puede atribuir estos síntomas a ansiedad o estrés y retrasar el diagnóstico de una patología potencialmente grave”, explica Pujol.
Esto está muy relacionado con que la medicina asumió, históricamente, que nuestros cuerpos son iguales y deben manifestar los síntomas de igual manera. “Realmente no es que las mujeres se quejen de manera diferente, es que la enfermedad expresa sus signos y síntomas clínicos de manera diferente”, confirma Ruiz Cantero.
“Si invisibilizamos a las mujeres en investigación, no hay resultados en mujeres, con lo cual terminamos invisibilizándolas también en la práctica clínica de la asistencia sanitaria”, subraya Ruiz Cantero. Un ejemplo: cuando una mujer va con dolor de espalda al médico por una espondiloartritis, es muy probable que se le diagnostique ansiedad.
El dolor y patologías femeninas se enmascaran en muchas ocasiones en la ansiedad. Ruiz Cantero y su equipo están realizando un estudio para comprobar este sesgo, y reconoce que algunos médicos de atención primaria confirman que tienden a pensar en que las mujeres principalmente sufren estrés y ansiedad, dejando en un segundo plano un diagnóstico más detallado.
“Ellos mismos reconocen que, con cuatro minutos de promedio para atender pacientes, se cometen sesgos de este tipo, de confundir el diagnóstico”, resalta Ruiz Cantero. “Por ejemplo, en un caso que pusimos de enfermedad inflamatoria intestinal de Crohn, que es una patología altamente discapacitante, se confundían con cáncer de colon y piden pruebas para ello. Es un sesgo de confirmación porque quieren confirmar lo que pensaron y, básicamente, se equivocan”, confirma la experta, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento correcto.
Hay un problema de infradiagnóstico, un problema de invisibilidad, y cuando un médico evalúa a las mujeres, continúa el infradiagnóstico, valorando mal los análisis clínicos
Según Pujol, uno de los síntomas que con más frecuencia se normaliza en las consultas es la astenia, es decir, el cansancio extremo o la sensación persistente de falta de energía. “A menudo se atribuye a las múltiples responsabilidades familiares, laborales o de cuidados que asumen muchas mujeres, lo que puede llevar a infravalorar causas médicas subyacentes”, explica la médica. Sin embargo, detrás de este síntoma pueden encontrarse patologías muy frecuentes como la anemia o el déficit de hierro, alteraciones tiroideas o enfermedades autoinmunes, cuya prevalencia es significativamente mayor en mujeres.
Un estudio de 2019, realizado en la Universidad de Copenhague por David Westergaard, reveló que las mujeres sufren retrasos en los diagnósticos de 770 enfermedades. “El diagnóstico de cáncer se retrasa dos años y medio, y el de diabetes cuatro años y medio, cuando la diabetes de tipo adulta es mucho más prevalente en mujeres que en hombres”, explica Valls. “Hay un problema de infradiagnóstico, un problema de invisibilidad, y cuando un médico evalúa a las mujeres, continúa el infradiagnóstico, valorando mal los análisis clínicos”, concluye la médica.
Si hablamos de enfermedades que solo padecen las mujeres, como la endometriosis, la edad media de su diagnóstico es alrededor de 36 años. Sin embargo, los síntomas aparecen mucho antes, tan pronto como en la adolescencia, pero no son correctamente detectados. De hecho, tarda en diagnosticarse entre diez y doce años.
Valls advierte que un gran problema reside en confundir lo frecuente con lo normal. Es frecuente que las mujeres tengan menos hierro en sangre, por ejemplo, pero no es lo normal. “Los análisis clínicos son valorados a la baja en las mujeres. Por centímetro cúbico, los valores que ponen a la derecha de referencia, dicen falsamente que las mujeres tienen que tener menos hierro por centímetro cúbico de sangre”, asegura la experta. “Cuando vamos al médico y decimos que estamos cansadas, el médico nos dice, ‘tiene un poco de anemia, le falta un poco de hierro. Esto es normal porque está menstruando’. No, estoy sangrando demasiado y eso me hace fallar”, sostiene.
Además, hay un estereotipo de percibir a las mujeres cuando expresan el dolor con un mayor grado de emocionalidad. Según Pujol, “el dolor también se banaliza con demasiada frecuencia”. Un ejemplo muy común son los dolores menstruales, que históricamente se consideraron una parte “normal” de la menstruación. “Sin embargo, en muchos casos pueden ser la manifestación de patologías como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), la adenomiosis o la endometriosis, una enfermedad que sigue presentando importantes retrasos diagnósticos pese a afectar a millones de mujeres en todo el mundo”, subraya la médica.
Otros síntomas como el dolor pélvico crónico, las migrañas, los trastornos del sueño o determinados síntomas digestivos también suelen ser infravalorados o atribuidos erróneamente al estrés o a factores emocionales.
La falta de investigación y sesgo de género en la medicina se traduce al mismo tiempo en una excesiva medicalización. Así, ante cualquier proceso alterado —como el ciclo menstrual—, en lugar de estudiar las causas en detalle, se recetan en muchos casos anticonceptivos. Valls advierte: “Es la única vez que se da un fármaco sin que se haya demostrado que sirva para eso”.
Según un estudio del Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCF), las mujeres tienen un mayor riesgo, entre 1,5 y 1,7 veces superior, de sufrir reacciones adversas a los medicamentos. Esto se debe a que no se contemplan cómo las diferencias biológicas afectan a la absorción y respuesta de los tratamientos. Es decir, la investigación de los efectos y eficacia de los fármacos tiene como modelo clínico las características de un hombre, sin siquiera contemplar cómo puede ser su consumo en mujeres.
El principal riesgo es asumir que hombres y mujeres responden igual a los fármacos cuando se sabe que existen diferencias en su peso y composición corporal, el metabolismo hepático, la función renal y la influencia hormonal.
“Un ejemplo muy conocido es el del zolpidem, un fármaco utilizado para el insomnio. Se observó que las mujeres lo eliminaban más lentamente y presentaban niveles más elevados del medicamento a la mañana siguiente, aumentando el riesgo de somnolencia, accidentes y caídas”, explica Pujol. Como consecuencia, las autoridades estadounidenses recomendaron reducir la dosis en mujeres.
Las expertas coinciden en que es necesario incorporar una perspectiva de género en las consultas, para intentar corregir los diagnósticos erróneos y tardíos que reciben muchas mujeres.
Según Pujol, “la perspectiva de género también implica reconocer situaciones que afectan de forma desproporcionada a las mujeres, como la violencia de género”. Una paciente que acude al médico de manera regular por dolor crónico, insomnio, ansiedad o cefaleas puede estar manifestando las consecuencias de una situación de violencia. “Si el personal de salud no contempla esta posibilidad y no realiza una exploración adecuada, puede limitarse a tratar los síntomas sin identificar la causa subyacente”, advierte la médica.
Además, la perspectiva de género puede también ayudar a detectar enfermedades infra diagnosticadas en hombres. “Por ejemplo, el cáncer de mama suele asociarse casi exclusivamente al sexo femenino, lo que puede hacer que tanto los pacientes como el personal sanitario minimicen un bulto mamario en un hombre y retrasen su estudio”, concluye Pujol.

El presentador anunció un programa para una posible candidatura presidencial al frente de un tercer partido, manifestando así su intención de abrir una nueva versión del trumpismo sin Trump.
En uno de sus cuentos, Ray Bradbury imagina una nave que viaja a un planeta para intentar resolver una incógnita: ninguna de las misiones anteriores regresó. Una vez allí, la tripulación descubre con sorpresa que ese lugar está habitado por sus antepasados. Los astronautas encuentran la casa de su infancia e incluso a sus padres muertos y a los afectos perdidos. El reencuentro anula toda posibilidad a la razón: se hunden en el mar de las emociones perdidas. Cuando intentan salir a flote, ya es tarde. Quedan atrapados allí para siempre.
Al repasar el decálogo que Tucker Carlson presentó como programa para una posible candidatura presidencial al frente de un tercer partido con el que pretende enfrentar en Estados Unidos al trumpismo y a los demócratas, se tiene la sensación de que cada promesa, cada propuesta, remite a la recuperación de una Arcadia perdida, un lugar que solo existe en el inconsciente colectivo al que solo se llega a través del arte o, en el caso que nos toca, del espectáculo.
Aunque la figura de Trump se asocia a un empresario del sector inmobiliario, se olvida que su popularidad, antesala de su proyección política, proviene de sus años al frente de The Apprentice, un concurso televisivo en el que hizo famosa la frase You´re fired! (¡Estás despedido!) para despachar a los concursantes eliminados (¿hay un gesto más trumpiano?). Tucker Carlson también es un presentador que alcanzó la fama en la pantalla de Fox apoyando las candidaturas de Trump. Como Carlson, además de showman es un buen escritor, gran parte de la agenda presidencial surgió de su programa. La sociedad del espectáculo, tal como la describió Guy Debord, en su máximo esplendor.
Trump, Abelardo de la Espriella, nuevo presidente de Colombia, o Javier Milei no gobiernan: espectacularizan. Según señala el escritor Christian Salmon en su ensayo La Tyrannie des bouffons [La tiranía de los bufones], la credibilidad de estos dirigentes no reside en la coherencia, sino en el descrédito generalizado que ellos mismos alimentan contra el sistema. Un sistema, el orden democrático, que según los programas de estos líderes se restaura con un regreso a los viejos calendarios. Hacer América grande otra vez (MAGA) promete Trump; volver a la Generación del 80 en Argentina (la élite conservadora que gobernó entre 1880 y 1916), invoca Milei.
Tucker Carlson da un giro (de modo): no se ajusta al perfil del bufón. Su figura no remite a Jerry Lewis; se presenta con el envase de Julio Iglesias, pero tiene peso específico. El periodista Andrew Marantz lo define como un clásico emergente de la élite, educado en colegios privados, “una criatura consumada del establishment de Washington D.C.”. A diferencia del plantel de los bufones, empezando por Trump, es un orador elocuente capaz de decir prácticamente cualquier cosa —incluso lo contrario de lo que afirmó ayer— y hacer que resulte creíble.
En España apenas se lo conoce, pero él sí parece entender muy bien el país al punto de ser capaz de interpretarlo desde su propia mirada. En noviembre de 2023, cuando se registró en el Congreso la Ley de Amnistía, Carlson viajó a Madrid para entrevistar a Santiago Abascal y tuvo la deferencia de acompañarlo en una de las manifestaciones diarias de la ultraderecha frente a la sede del PSOE en la calle Ferraz. No hay registro de su voz coreando a los que gritaban “¡Que te vote Txapote!” o “Guardia Civil, empuña tu fusil”, pero sí dejó una entrevista de media hora con Abascal donde articuló un relato tan elocuente como esas consignas.
La conversación grabada en la terraza de un hotel de la Plaza Colón de Madrid, en la que Carlson presenta a Abascal como “un líder que no tiene miedo” podría despertarlo en alguien que ignore la historia española, ya que comienza acusando al actual gobierno de querer “controlar el país de manera ilegal ofreciendo una amnistía a los terroristas” y matiza que algo similar ocurrió en la década del treinta del siglo pasado “cuando miles de personas, en su mayoría cristianos, fueron masacrados, recibieron tiros en la cabeza o fueron enterrados vivos en el inicio de la Guerra Civil Española”.
Esa entrevista no fue emitida en Fox, sino en la cuenta de Carlson en X (17,8 millones de seguidores). Ya que a esa altura Rupert Murdoch lo había despedido presumiblemente por las fake news sobre el fraude de las elecciones de 2020, con las que Carlson (entre otros miembros de la cadena) difundieron a conciencia acusaciones falsas alegando que las máquinas de votación de la empresa Dominion Voting Systems se habían utilizado para alterar los recuentos de votos en las elecciones presidenciales. Murdoch pagó 700 millones de euros de indemnización, mucho menos que los 1.600 millones que pretendía la empresa pero, posiblemente, la cabeza de Carlson, el presentador estrella de la televisión de EE.UU. y principal altavoz de Trump, hizo la diferencia.
En los seis años que estuvo al frente de Tucker Carlson Tonight fue, sin duda, la voz más influyente de la ultraderecha mediática. Durante este período, Donald Trump tuvo el poder ejecutivo, pero Carlson marcó la agenda ideológica. Andrew Marantz señala, como ejemplo, un documental que Carlson produjo y emitió en Fox llamado Let Them Eat Bug [Que coman insectos] donde asegura que la “casta” (la élite liberal estadounidense) para luchar contra el cambio climático pretende imponer una dieta que incluye insectos. “¡Los ejecutivos de Davos te están metiendo grillos por la garganta!”, alerta Carlson. Si el cambio climático altera, como es evidente, el suministro de alimentos, Carlson toma esta verdad y la modifica con contenido propio. La limitación del consumo de carne sugerido por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), blanco de las críticas de Trump por su agenda globalista y sus regulaciones, le ofrece este relato. El eslogan I will not eat the bugs [No me comeré los bichos] se hizo rápidamente popular.
Después de la Fox, Carlson armó su propia plataforma de medios, Tucker Carlson Network (TCN) en lo más profundo de los bosques de pinos de la zona rural de Maine. Desde allí dramatiza su disidencia con la política bélica de Trump. Asegura que instó al presidente “docenas de veces” a que no atacara Irán y cuando se desató el conflicto creyó que algo fundamental se había roto, “no solo entre dos hombres, sino dentro del propio movimiento”.
Este trauma es el disparador de su carrera presidencial. Según Politico, la presentación a las elecciones es bastante peregrina y, por su parte, Ralph Nader, el eterno líder del tercer partido en discordia, cree que si Carlson fuera en serio, se sumaría al Partido Libertario, fundado por Murray Rothbard y que aboga por la desaparición total del Estado.
Mientras tanto, Carlson avanza y hace unos días leyó un manifiesto con diez propuestas para respaldar su candidatura.
A lo largo de dos horas y con el título It’s Time to Save America [Es hora de salvar a Estados Unidos], el presentador manifestó su intención de abrir una nueva versión del trumpismo sin Trump, una variante que promete al país liberarlo de la “clase Epstein” (en alusión al pederasta Jeffrey Epstein), en la que ve converger a los dos grandes partidos, incapaces de frenar una contienda nuclear y sumisos ante la explosión de la inteligencia artificial.
El marco que plantea es la decadencia del país y la recuperación, cómo no, de las esencias, a través de un programa que señala que para construir, como observa Salmon en el accionar populista, es necesaria la destrucción. Por esta vía se encadenan una serie de sofismas, a cuál más abstracto: recuperar el optimismo, restablecer la decencia (“solo un país indecente libra guerras sin verse obligado a ello”) y rescatar la belleza. ¿Qué pasaría, se pregunta, si alguien hubiera abandonado el país hace cuarenta años y regresara ahora? Vería un país con mucha más gente (inmigrantes) y menos atractivo, responde. Incluso se llega a poner lírico: teníamos ciudades con encanto, tejados a dos aguas, todo estaba limpio y la gente se esforzaba. La belleza ennoblece, dice Carlson y remata (citando a Keats, nada menos): la belleza es verdad.
Más allá de que se presente a las elecciones (si lo hiciera mejoraría las posibilidades demócratas), la novedad es el arraigo de una narrativa que promete el regreso al País de Nunca Jamás.
Nunca sabés el pasado que te espera, suelen decir los cubanos. Las novedades que trae esta gente forman parte de esa sorpresa.

La expresidenta regresa al pragmatismo y busca un postulante "para ganar". "Muchas coincidencias" con el santiagueño Zamora. Kicillof extrema la cautela y acelera la marcha, mientras Massa prolonga el silencio. El jefe del PRO, empujado a un paso en falso. El dueño de Infobae regresa a EE.UU. con una convicción: no candidatearse a la Presidencia
Bajo un cielo destemplado y gris que acompaña a Buenos Aires desde tiempos inmemoriales, la mañana del jueves vivió escenas febriles en simultáneo. Ninguna de ellas transcurrió indiferente a la noticia central de la tarde anterior: Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, los gobernadores o jefes políticos de Santiago del Estero, La Rioja, Tierra del Fuego, Formosa y La Pampa, y los presidentes de los bloques parlamentarios peronistas habían compartido una cena el martes, de la que surgieron indicios de una estrategia coordinada para 2027. La novedad actuó como un acelerador de definiciones, acaso extemporáneas, sobre la pelea presidencial.
Las locaciones febriles fueron la Casa Rosada, en la que un delegado de Mauricio Macri, dos Menem y los dos principales PRO “violetas” exhibieron una foto (otra) para “blindar el cambio”, prolegómeno de milanesas en Olivos; un encuentro de la industria de Vaca Muerta organizada por la American Chamber of Commerce, dominado por el látigo antichino de Peter Lamelas; y una cita en el salón de actos de la Facultad de Derecho, en la que Daniel Hadad presentó El Libertador, un documental sobre San Martín y Sarmiento realizado con inteligencia artificial, bajo el aura de una presunta candidatura presidencial.
La importancia de la cena en el hotel Emperador que reunió a las diez principales figuras con responsabilidad en el panperonismo no radicó en el encuentro en sí. Las “cumbres” y las fotos que suturan distanciamientos agobian a la política argentina. Esta vez fue distinto. Surgieron trazos coordinados sobre los pasos a seguir y se activó una nueva etapa en la estrategia de Cristina.
Un texto fue hallado entre papeles esparcidos sobre un escritorio del segundo piso de San José 1111.
La hipótesis de una candidatura testimonial no está en los planes de la expresidenta. “Cristina quiere ganar”, dice un intérprete de la letra de la exmandataria. La misma voz resalta el perfil del senador y exgobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, presente en la cena en el hotel del barrio de Retiro. Menciona “muchas coincidencias” con el santiagueño sobre el papel del Estado, la obra pública y “el respeto institucional”. Recuerda que, cuando no pudo ser candidato, “Zamora aceptó las reglas de la Constitución, como Cristina”.
Voces de La Cámpora y el Instituto Patria hacen eco a Máximo y alimentan desde tiempo atrás la idea de que es necesario un candidato “que tenga las convicciones suficientes cuando llega a la Casa Rosada y no se arrodille ante el poder”. “No más Sciolis”, sentenció el diputado en un acto en un club de La Plata hace dos años, referencia a no sostener políticos líquidos, dispuestos a cualquier cosa para sobrevivir. Bajo el estigma Scioli, otros camporistas se ocuparon de inscribir el apellido Kicillof como sinónimo de un blandengue ávido por agradar al Grupo Clarín y al establishment.
Más cerca, el eje Patria-Cámpora lanzó la idea de “Cristina Presidenta”, extremo improbable, si no imposible, dada la sentencia judicial que la tiene en prisión domiciliaria e inhabilitada.
En la lectura del grupo de Kicillof, la proclama de una presunta pureza o la consigna “Cristina Libre” como eje excluyente era una vía del cristinismo para dividir el campo opositor o impulsar la abstención. El tenor de los cuestionamientos al gobernador bonaerense, alquimias electorales lesivas (Martín Insaurralde) y la persistente erosión de la gestión desde la Legislatura llevó a habitantes del Palacio de La Plata a pensar que “Cristina y Máximo quieren perder”, con el objetivo ulterior de no ceder protagonismo.
El texto hallado en San José 1111 dice que está descartada la baraja de que la “proscripción” conduce a no presentar postulante. “Toda la vida, Cristina fue proclive a acuerdos, que pudieron gustar más o menos, pero fueron pensados para ganar”, reza el intérprete. “¿Cómo va a preferir perder si es la única que está presa por una sentencia de jueces de Macri y de Milei?”, razona.
¿La valoración de Zamora significa que es el elegido? No hay respuesta todavía. Una anotación en el margen del texto hallado en San José 1111 aporta una lista corta en la que no aparecen alianzas estrambóticas con empresarios, exmacristas ni outsiders que arrojan al viento consultoras y operaciones periodísticas. La lista corta se expresa así: “Si es Sergio o Milei, toda la vida Sergio; si es un gobernador opositor o Milei, toda la vida un gobernador; si es Axel o Milei, toda la vida Axel, y también puede ser uno nuestro”.
El texto hallado en San José 1111 dice que está descartada la baraja de que la 'proscripción' conduce a no presentar postulante
Con su silencio prolongado y a esta altura injustificable desde el punto de vista de la responsabilidad política —gobiernan los Milei—, “Sergio” dio que hablar. La filtración premeditada de que fue decisivo para voltear la ley de extranjerización de la tierra y su participación en la cena del martes devolvieron el apellido Massa al centro de la escena.
El expostulante presidencial de Unión por la Patria decidió dejar sin respuesta la acusación omnipresente en la tele y las redes sobre el “200% de inflación”, “el plan platita” y la organización de un sistema de sobornos masivos para liberar dólares en tiempo de extrema restricción cambiaria, con fines de enriquecimiento y/o financiamiento de la campaña de Milei. “Sergio cree que no es tiempo de contestar, sino de dejar que Milei se enfrente al daño que le devuelve su propio espejo”, dicen a su lado.
Massa no se distrae en las sombras. Habla a diario con dirigentes de peso para coordinar estrategias políticas, electorales y parlamentarias. Su fundación, Encuentro, elabora informes que centralmente buscan demostrar que el “sacrificio” disparado por los Hermanos es inútil: caen la inversión, el salario y el empleo, aumenta la deuda externa, las familias se endeudan, colapsan las infraestructuras y los servicios públicos, y la estabilidad financiera sigue prendida con alfileres.
La “buena voluntad” del eje Patria-Cámpora sobre la unidad y las PASO es tomada con pinzas por Kicillof. “Sobran las excusas posibles para que rompan; veremos las acciones”, argumenta una voz de La Plata.
La ruta del gobernador supone un crescendo territorial —esta semana visita Chaco— y programático, y alta confianza personal en construir más por abajo (intendentes, organizaciones de base, no necesariamente peronistas) que por arriba.
La planificación para llegar a las PASO sin tutelas ni negociaciones traumáticas no evita tiros en el pie, como la reciente incorporación —vía Andrés “Cuervo” Larroque— del activista Santiago Cúneo. Kicillof, que se atribuye ser la antítesis de Milei, incluidos sus modales, termina sumando a un posfascista, en vez de ultraliberal, de vertiente nacionalista, y hasta más grosero y violento.
Una razón funda el acuerdo del hotel Emperador para defender las PASO como herramienta: los tres principales actores confían en sus fuerzas. Cristina se apoya en su popularidad y un nuevo giro pragmático, para el que Zamora asoma con credenciales. Si en las provincias corre un clamor antiporteño y anticonurbano, qué mejor que un santiagueño. Kicillof acumula victorias electorales y demuestra un piso relativamente alto en encuestas. El quiebre con el eje Patria-Cámpora, que exigiría la construcción de un nuevo horizonte, podría darle el impulso que necesita. Massa no cesa de mover botoneras y probó su eficacia acelerando en la última milla hasta la medianoche en que se inscriben las candidaturas. Alguien muy cercano baraja un plan b para postular a Massa o a un massista a la gobernación bonaerense.
La dupla parlamentaria José Mayans-Germán Martínez hizo un trabajo quirúrgico para evitar un temprano naufragio de la mesa del Emperador. Los comensales se dividieron tareas para clausurar el intento del Ejecutivo de eliminar las PASO, con el fin de convencer, pero no de sumar a otros gobernadores u opoficialistas a los próximos encuentros, que se anuncian muy próximos. Quieren preservar un perfil nítidamente opositor.
Hadad demostró dos veces este año una capacidad de convocatoria que difícilmente exhiba otra persona o institución en la Argentina, ni siquiera las embajadas más seductoras (Estados Unidos, las grandes de Europa, Brasil) en sus fiestas anuales. La primera cita, en abril, motivó que un círculo rojo amplio se trasladara a La Matanza —exotismo para gran parte de sus protagonistas— en ocasión del doctorado honoris causa otorgado al fundador de Infobae. La segunda, con una lista de invitados aun más amplia, tuvo lugar el jueves a las 9 en el salón más señorial de la Universidad de Buenos Aires, en Derecho.
El arco de asistentes incluyó a las nomenklaturas del PRO, la UCR, La Cámpora y varios gobernadores; más empresarios y multimillonarios que rara vez aceptan mezclarse en auditorios tan amplios; jueces, fiscales, periodistas, artistas, lobistas y eventeros.
Para resumir la foto de quienes estuvieron presentes en la cumbre de Hadad en el Salón de Actos de Derecho, resulta más ilustrativo repasar las ausencias. De la política, faltaron representantes del kicillofismo (invitados con insistencia) y del trotskismo (no invitados). Kicillof y Myriam Bregman, dos de los dirigentes mejor valorados en las encuestas, dijeron ausente, a diferencia de un expresidente (Macri), seis gobernadores y media docena de presidenciables pasados y presentes.
La representación oficialista fue discreta: el secretario de Medios, Fabián Fernández, un delegado de Santiago Caputo y dos senadores de La Libertad Avanza (LLA). La que no fue discreta fue la Fanfarria Alto Perú del Regimiento de Granaderos, que abrió la jornada.
Entre los apellidos y grupos históricos del rubro empresarial, se sintió la ausencia de Paolo Rocca o alguien del Techint, de relación siempre tirante con Infobae. La asistencia fue casi perfecta en la subcategoría de dueños y directivos de empresas mediáticas, con una ausencia estelar: Clarín. De La Nación, ningún Saguier se dejó fotografiar, sí varios de sus columnistas.
De los ganadores VIP de la era Milei, no apareció Leonardo Scatturice (Flybondi, negocios de Inteligencia), aunque sí Georgie Neuss, del Grupo Neuss, y Augusto Marini, del ascendente Cale Group (Carajo, Blender, material ferroviario, negocio de la salud, estaciones de servicio y lo que venga).
En cuanto a jueces y fiscales, predominó, sin ser excluyente, la línea Lorenzetti. Una ausencia cantada en el mundo diplomático: nadie de la embajada china.
Hadad coronó en Derecho su semana de mayor exposición en mucho tiempo. Comenzó el domingo por la mañana, en una lúcida entrevista que realizo el periodista Mariano Martín en la radio Futurock. Allí, Hadad admitió barajar la hipótesis de una candidatura presidencial.
Hadad dijo a los suyos en las últimas horas que considera 'incompatible' su papel como dueño de Infobae con una carrera política, y que no está dispuesto a dejar la conducción de un medio
Sin redondear definiciones, el empresario periodístico dejó la misma sensación en varios reportajes durante la semana. Elevó el tono de sus críticas al gobierno de Milei, incluso hasta más allá de lo que suele asumir la agenda de Infobae, ciertamente más centrista que lo que expresaban los medios del Grupo a principios de siglo, antesala del duro argumentario derechista que los Hermanos instalaron en Casa Rosada.
Hadad concedió una gracia en su breve discurso. Recordó que dos de los cuatro primeros presidentes argentinos (Mitre y Sarmiento) fueron periodistas: “Esperemos que no se repitan esos errores”.
Finalmente, no es lo que parece. Con la mira en afincarse en Argentina a partir de enero, el empresario regresa a su casa en Miami “convencido” de que no será candidato a Presidente. Dijo a los suyos en las últimas horas que considera “incompatible” su papel como dueño de Infobae con una carrera política, y que no está dispuesto a dejar la conducción de un medio que participa con gran difusión mediante ediciones locales en la vida pública de los mercados más importantes de habla castellana. Observa que en varios de esos países fueron electos presidentes que no estaban en los planes hasta meses o semanas antes de las respectivas elecciones —como podría ser su caso—, pero descree que ello pueda lograrse sin un partido político ni presencia territorial —que no tiene—.
Hadad afirma que su futuro está “en la sociedad civil, por el camino del medio, ajeno a la polarización”.
Probablemente disparados por la difusión de la cena peronista en el hotel de Retiro, Mauricio Macri y Karina Milei se pusieron de acuerdo para organizar una cumbre entre los alfiles karinistas Lule y Martín Menem, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, el jefe del bloque PRO de Diputados, Cristian Ritondo —hasta allí, tres mileístas puros y un anfibio— y el secretario general del PRO y delegado de Macri, Fernando de Andreis. La reunión, citada el miércoles por la tarde para las 11 del jueves en Casa Rosada, tendría por objetivo explorar una alianza para “blindar el cambio”.
La movida forzó a Macri a exponer una contradicción extraña, no por lo imprevisible, sino por lo veloz. Semanas antes había dado la venia a Hernán Lacunza (ndr: hermano de quien firma, independientes en su relación profesional) para lanzar una candidatura presidencial por el PRO, separada de La Libertad Avanza (LLA), con una agenda aprobatoria del trazo grueso del rumbo económico, pero crítica en aspectos institucionales y políticos. Según expresó Lacunza esta semana en el canal de streaming La Casa ante Esteban Trebucq, un segundo mandato de Milei será peor que el primero, por su “dogmatismo”, la “mala implementación” de políticas y “la incapacidad de reconocer tensiones sociales que se van acumulando”.
No sería la primera vez que un líder da curso a una estrategia de dos tiempos, con fines de negociar más adelante, pero jugar la carta del palo y la zanahoria tan rápido, cuando falta un año para las elecciones, la desgasta como instrumento. Si intenta volver a utilizarla en los próximos meses, estarán avisados propios y extraños.
Desmarcarse de un gobierno al que el PRO le aportó ministros, alianzas provinciales, segundas líneas y fuerza parlamentaria más orgánica para todo servicio que la de los caóticos bloques de LLA, representa un problema para cualquiera que plantee un discurso opositor desde el macrismo. No en vano, las figuras más visibles del partido y quienes ocupan cargos ejecutivos en provincias son en su mayoría acuerdistas, aunque un gobernador exprese reparos en estas horas por haber ido tan rápido al pie de la Casa Rosada.
Pero quien postule un PRO independiente tiene una chance: la posibilidad de emancipar su decisión política de lo que un tercero intente acordar.
Milei abochorna a padres que procuran enseñar a sus hijos que no se grita ni se insulta, y que a los discapacitados se los asiste, no se los agravia; deja perplejas a personas que no conciben agredir al presidente de Brasil en su propio país. Mucho más importante, ofende y defrauda a quienes están ahogados en préstamos tomados para sus gastos cotidianos, y lo que escuchan como respuesta oficial es que es “un problema entre privados” y “nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse”. Ni hablar del tendal de despedidos o trabajadores que ven su empleo degradado y reciben el consejo de mudarse a Catamarca o Neuquén para trabajar en minería o petróleo, mientras se enriquecen los de $LIBRA, ANDIS y los créditos VIP del Banco Nación.
Entre esos millones de argentinos, unos cuantos se percibirán “liberales”, “antikirchneristas”, “republicanos”, “apolítico” y “de derecha”, pero sabrán sacar cuentas de la utilidad del sacrificio infinito, tanto ético como económico.
SL

Karina Milei reabrió el diálogo con el expresidente y sus delegados tuvieron el primer encuentro formal en la Casa Rosada. Con 2027 cada vez más cerca, el oficialismo busca cerrar una fuga de votos que podría complicar la reelección.
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La relación entre Javier Milei y Mauricio Macri parece condenada a empezar de nuevo. Se acercaron cuando el libertario necesitaba ganar una elección, imaginaron una sociedad política que nunca terminó de concretarse, acumularon reproches, volvieron a encontrarse alrededor de unas milanesas, dejaron de hablar y hasta permitieron que sus partidos compitieran entre sí. Cada reconciliación pareció contener las razones de la pelea siguiente. Ahora, cuando falta poco más de un año para las presidenciales, La Libertad Avanza y el PRO descubrieron que quizás ya no tengan demasiado tiempo para seguir ensayando rupturas.
El último deshielo ni siquiera necesitó una conversación entre los dos protagonistas. Macri retomó esta semana el contacto con Karina Milei, quien siempre le desconfió, y alcanzó ese intercambio para destrabar una relación que llevaba meses congelada. Cristian Ritondo y Fernando de Andreis llegaron el jueves a la Casa Rosada para reunirse con Diego Santilli y los primos “Lule” y Martín Menem. La conversación se extendió durante casi dos horas.
Formalmente, hablaron de la agenda legislativa. Pero detrás de las leyes, el calendario empieza a imponer una discusión más urgente: cómo evitar que libertarios y macristas lleguen separados a 2027. No hubo grandes anuncios, pero sí una decisión que mostró la intención de darle continuidad al intento: la mesa volverá a reunirse cada quince días.
La preocupación por una virtual fragmentación del electorado de derecha ganó terreno dentro del Gobierno durante las últimas semanas. La Libertad Avanza consiguió ocupar buena parte del espacio que durante años perteneció al PRO y Milei conserva un núcleo electoral propio. Pero una presidencial plantea otra lógica. Una oferta competitiva dentro del mismo universo puede quitarle los puntos necesarios para dificultar una victoria en primera vuelta y alterar las condiciones de un eventual ballotage. “No podemos regalar cinco o seis puntos por una pelea entre nosotros”, resume uno de los dirigentes que participa de las conversaciones con el macrismo.
La historia empezó de una manera muy diferente. Después de las elecciones generales de 2023, Macri fue decisivo para abrirle a Milei las puertas de una parte importante del electorado de Juntos por el Cambio. El respaldo de Patricia Bullrich y la estructura que se puso detrás del libertario para enfrentar a Sergio Massa inauguraron una sociedad construida alrededor de una urgencia: impedir una victoria del peronismo.
Milei ganó. Y casi inmediatamente apareció la pregunta que atravesaría toda la relación posterior: ¿qué lugar debía ocupar Macri dentro del nuevo poder? El expresidente imaginó que el respaldo brindado en el momento de mayor fragilidad podía transformarse en influencia sobre el rumbo del Gobierno. Milei alimentaba esa expectativa con elogios. Lo recibía en Olivos y nunca ocultaba su admiración. Macri, a su vez, se veía en condiciones de aportar experiencia, cuadros técnicos y una estructura partidaria que el libertario todavía no tenía.
Pero las expectativas nunca terminaron de coincidir. La sociedad que había funcionado para ganar el ballotage comenzó a mostrar sus límites apenas hubo que repartir poder. “Mauricio siempre creyó que en algún momento iba a existir un acuerdo político más amplio. Eso nunca pasó”, explican todavía en su entorno.
La diferencia se convirtió en una fuente permanente de reproches. Cerca del expresidente comenzaron a acumular una lista de compromisos que consideraban incumplidos y decisiones de las que, según se quejaban, se enteraban cuando ya estaban tomadas. “Nos llamaban para acompañar, pero nunca para discutir antes qué se iba a hacer”, sintetiza un dirigente amarillo que siguió de cerca varios de aquellos intentos de acercamiento. En la Casa Rosada nunca reconocieron que el respaldo de hace tres años le otorgara a Macri derecho a intervenir sobre la composición del Gobierno.
Karina Milei fue todavía más resistente. Entendió desde el comienzo que construir La Libertad Avanza como fuerza nacional implicaba disputar precisamente el espacio que durante casi dos décadas había ocupado el PRO. Mientras Macri imaginaba una convergencia, la secretaria general trabajaba para desarrollar una estructura libertaria que no dependiera del partido amarillo. “Karina nunca quiso una fusión. Quería construir algo propio y, si podía, llevarse a los mejores dirigentes del PRO”, describe alguien que conoce las discusiones de aquellos meses.
La escena del jueves expuso esa transformación con una ironía difícil de pasar por alto. Santilli, uno de los dirigentes que durante años encarnó el recambio del PRO, se sentó del lado del Gobierno para negociar con los enviados de Macri. El actual jefe de Gabinete es, además, una de las figuras que aparecen en las conversaciones para disputar la gobernación bonaerense en 2027.
La última cena entre Milei y Macri graficó a la perfección aquellos desencuentos. En noviembre pasado, se encontraron en Olivos alrededor de las habituales milanesas, pero el expresidente salió molesto después de enterarse de que Manuel Adorni sería designado jefe de Gabinete en lugar de Guillermo Francos. El nombre tenía una carga política difícil de soslayar para el fundador del PRO: apenas unos meses antes, Adorni había encabezado la lista libertaria que derrotó al partido amarillo en las elecciones locales de la ciudad de Buenos Aires de mayo de 2025. Ese día, Macri había llegado a la quinta presidencial con otras expectativas sobre la reorganización del Gobierno. No volvieron a hablar.
Mientras la relación personal permaneció congelada, 2027 modificó los incentivos. Para la Casa Rosada, el PRO dejó de representar solamente una estructura a la que podía quitarle dirigentes y electores. También puede convertirse, si decide competir por separado, en una fuerza capaz de restarle votos a Milei exactamente allí donde más los necesita. “Una cosa es competir para crecer y otra es dividirte en una presidencial en la que querés reelegir”, señalan cerca de uno de los negociadores libertarios.
Por eso, existe una diferencia fundamental respecto del Pacto de Acassuso, como se bautizó el acuerdo de 2023 en alusión a la localidad bonaerense donde está ubicada la casa de Macri. Entonces era Milei quien llegaba al expresidente necesitado de estructura y votos. Hoy el libertario conduce la fuerza dominante de la derecha y el PRO pelea por conservar su identidad. ¿Puede Macri darse el lujo de romper con quien terminó quedándose con buena parte de su electorado? ¿Y puede Milei arriesgarse a que los votos que todavía conserva el PRO terminen complicando el 2027?
Eso explica también que Karina haya reabierto un canal que durante meses pareció prescindible. No se trata necesariamente de devolverle a Macri la influencia que reclamó desde el comienzo. Para Macri, el desafío es el inverso. Necesita aprovechar esa necesidad para preservar al PRO sin terminar de diluirlo dentro del universo libertario. Debe demostrar que todavía conserva suficientes votos para ser necesario, pero sin llegar al extremo de tener que contarlos en una elección que podría demostrar lo contrario.
En 2023, ese temor tenía nombre y apellido: Sergio Massa. En 2027 todavía no está claro quién representará al peronismo, aunque el tigrense merodea, agazapado. Esta vez el riesgo también está dentro de su propio espacio. Una derecha dividida puede convertirse en uno de los principales obstáculos para la reelección de Milei. Y la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿cuánto están dispuestos a arriesgar para comprobar quién necesita menos al otro?
PL/MG