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La Libertad Avanza decidió aplazar por cuarta vez el tratamiento del proyecto que elimina las restricciones para la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. El debate fue reprogramado para el 6 de agosto.
La Libertad Avanza resolvió este jueves postergar por cuarta vez el tratamiento en el Senado del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, luego de constatar que no contaba con los votos necesarios para avanzar con la reforma que elimina las restricciones a la compra de tierras rurales por parte de extranjeros.
La presidenta del bloque oficialista, Patricia Bullrich, solicitó diferir el debate hasta la sesión prevista para el 6 de agosto, ante las diferencias surgidas con sectores aliados que se resisten a acompañar los cambios a la Ley de Tierras.
La iniciativa impulsada por el oficialismo propone eliminar las limitaciones vigentes para la adquisición de tierras rurales por capitales extranjeros. La legislación actual fija topes a esas operaciones y establece restricciones sobre la superficie que puede quedar en manos de propietarios del exterior.
Durante la jornada ya circulaban versiones sobre un nuevo aplazamiento debido a las dificultades del oficialismo para reunir los apoyos necesarios para aprobar los artículos más controvertidos del proyecto.
La propuesta de pasar el debate a un cuarto intermedio llegó una vez que el Senado completó el tratamiento del resto del temario, que incluyó la aprobación de ascensos diplomáticos, 29 pliegos judiciales y un proyecto referido a la provincia de Tucumán.
Entre los pliegos aprobados se destacó el del juez Víctor Pesino, cuya continuidad en el cargo dependía de la votación debido a que cumplirá 75 años el próximo 27 de julio, edad a partir de la cual requiere un nuevo acuerdo del Senado para permanecer en funciones.
De este modo, el oficialismo volvió a posponer una de las iniciativas centrales de su agenda legislativa, en medio de las dificultades para consolidar una mayoría que le permita avanzar con la reforma de la Ley de Tierras.
Con información de la agencia NA

El oficialismo buscará aprobar en el Senado el proyecto que elimina los límites a la venta de tierras a extranjeros y flexibiliza normas sobre desalojos y manejo del fuego. La oposición intentará frustrar la sesión y bloquear el capítulo más controvertido de la iniciativa.
Veinticuatro horas después de la semifinal que revolucionó al país, el oficialismo abrirá el Senado para aprobar el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que habilita la venta sin límites de las tierras nacionales a los extranjeros. Con el apoyo de los gobernadores y bloques aliados, que lograron introducir cambios al proyecto redactado por Federico Sturzenegger, el Gobierno buscará coronar la semana dandole media sanción a un proyecto que habilita los desalojos exprés para los inquilinos endeudados, flexibiliza la ley ambiental de Manejo del Fuego y elimina el tope del 15% a la venta de tierras a capitales extranjeros.
Será el tercer intento en lo que va del año. Boicoteada sistemáticamente por los coletazos generados por el caso Manuel Adorni, Patricia Bullrich volverá a intentar aprobar la iniciativa insignia de Sturzenegger. El primer intento fue hace un mes, en la misma sesión que el Senado aprobó el pliego de la candidata a jueza que Milei quiso vetar por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. Y el último fue hace unas semanas, cuando la propia Bullrich dejó sin quórum para evitar la moción de censura contra Adorni y presionar, así, para que el Gobierno lo echara. Tres días después, Karina Milei le pidió la renuncia.
En esta ocasión, sin embargo, la prioridad del Gobierno es otra. Los números para aprobar el capítulo de extranjerización de la tierra están justos, y en el oficialismo se mueven con cautela porque están movidos por una urgencia. La urgencia tiene nombre propio: el pliego del juez Victor Pesino, que cumple 75 años el próximo 27 de julio y tiene hasta entonces para conseguir que le aprueben el pliego para continuar cinco años en el cargo. Pesino viene de dejar sin efecto la cautelar que suspendía la reforma laboral y, a su vez, de intervenir uno de los sindicatos más combativos contra el Gobierno, la UOM.
El motivo del oficialismo para convocar la sesión en las vísperas del receso invernal es aprobar el pliego de Pesino, y la oposición apuesta a utilizarlo en su favor. Envalentonados por la victoria de Argentina sobre Inglaterra, el peronismo apuesta a voltear la sesión antes de que llegue el momento de tratar el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El jefe de interbloque, José Mayans, viene conversando con algunos senadores más díscolos del radicalismo y de fuerzas provinciales con el objetivo de convencerlos de rechazar, al menos, el capítulo de extranjerización de las tierras.
“Estamos muy cerca de voltear el capítulo 3, pero dependemos de algunos radicales”, deslizó una senadora peronista que, hasta último momento, venía poroteando la sesión. El capítulo 3 es el que modifica la Ley de Tierras sancionada en 2011 con el objetivo de poner límites a la venta ilimitada de tierras en el país, especialmente en zonas de recursos naturales o hídricas.
Bullrich negoció cambios hasta la semana pasada con el objetivo de conseguir los votos de algunos radicales, como Maxi Abad o Daniel Kroneberger. Habilitó límites para la venta de tierras a empresas con capital de estados extranjeros, así como dobles conformes –del Congreso Nacional y del gobernador– para las zonas de frontera. Pero la jefa del oficialismo no está segura aún de tener el número. Lo sabrá recién el jueves a la mañana, cuando los senadores que vienen de festejar el triunfo de la Argentina se sienten para dar quórum.
MCM/CRM

En una semifinal destinada a quedar en la memoria colectiva, el campeón del mundo derrotó 2-1 a Inglaterra con una remontada deslumbrante y se clasificó para la final del Mundial, donde el domingo buscará revalidar el título en Nueva York.
En una tarde histórica, cuyas secuencias el futuro exhibirá en loop hasta saberlas de memoria, Argentina, el campeón del mundo, el cuadro de Lionel Messi, el genio crepuscular cuyo equipo ha venido cincelando el ciclo futbolístico más grande de su rica historia, es otra vez finalista de un Mundial. La inolvidable, emocionante victoria ante Inglaterra por 2 a 1 lo coloca nuevamente en una final. Será el domingo a las 16 en Nueva York.
Bailan los argentinos en Atlanta. Saben que la victoria adquiere una relevancia de una profundidad desconocida hasta aquí, no solo porque se ganó un partido con una carga simbólica extraordinaria, sino porque se logró con los mejores argumentos posibles, con un fútbol superlativo desplegado a partir de verse otra vez en el piso.
Desde entonces, desde que Inglaterra abrió el marcador, Argentina sometió a su rival, que quedó reducido a una mueca, el eco lejano de lo que tanto asustaba. Fueron cuarenta minutos eléctricos y llenos de fútbol en los que los británicos -que llegaron como favoritos- solo se dedicaron a revolear la pelota, a encallarse cerca de su área, a esperar. Todo ese ciclo de dominio entra derecho al museo de nuestros mejores recuerdos.
Antes había habido un partido muy distinto, de una respiración contenida, aquietada. Ese primer tiempo fue como una pulseada pero jugada solo con los dedos. Nadie se animaba a entregarse del todo, sabiendo que era mucho lo que había para perder. Era un duelo de colmillo y filo, de miradas torvas y roces. Esperable por cierto: una semifinal del Mundial tiene este tipo de ingredientes, una coreografía de gestos hostiles y pocas jugadas elaboradas.
La tensión se sentía en la atmósfera cargada del Atlanta Stadium: de las tribunas caía un murmullo permanente y pesado, como el rumor que antecede a una avalancha. Cada tanto se producía un estallido, pero por cosas nimias: una gambeta, una posición ganada en la cancha, un córner que se cedía. Poco, muy poco. El partido era una bomba que nadie desactivaba, estaba ahí, viva, con sus cables al aire pero con ninguno de los dos equipos con capacidad para desactivarla.
Hasta el cooling break parecía un poco más Inglaterra, con amenazas mas latentes por sus costados, peligro encarnado tanto por Spence, su lateral izquierdo, como por Rogers, su delantero por la derecha.
Luego de ese primer corte, el campeón apareció en escena. Fue a través de Messi, como no podía ser de otro modo. El genio de Rosario se sacó a dos ingleses de encima y otros dos lo bajaron. El estadio rugía. El ídolo mundial había dicho presente. Tras el tiro libre, hubo un rebote y tomó la pelota Enzo Fernández, cuyo disparo salió muy cerca del ángulo derecho de Picksford. Enzo también avisaba. La sangre le hervía a todos pero él tenía el pie caliente. Era el primer tiro al arco del partido. Iban 32 minutos de juego. Nunca en la historia de las eliminaciones de Mundial dos equipos habían tardado tanto en llegar a un disparo.
Era un partido de momentos, o peor: de micro momentos. La pelota se escondía, esperando el menor descuido rival, que no aparecía. Todo era así, con los nervios agarrotándolo todo.
El segundo tiempo arrancó con una gran jugada de Julián Alvarez que Picksford sacó al córner en el primer palo. Había colaborado en la elaboración el jornalero Giuliano Simeone, cuyo atolondrado rastrillaje no tuvo nada de glamoroso, es cierto, pero le dio rédito al equipo en situaciones puntuales.
Hasta que llegó el gol que lo cambió todo. El de Gordon, quien lo consiguió ganándole la espalda a Molina, el costado más vulnerable del equipo en lo que va del Mundial. Había sido una jugada larga y rápida en la que Tagliafico había rechazado la pelota a medias. Atribulados, los dos laterales, un karma de este equipo desde hace años, estuvieron involucrados en la jugada.
Pero el tanto despertó al campeón, que reaccionó y arrinconó a su rival. Todo pasó a ser del equipo de Messi, que incluso jugó, por momentos, en modo ya no 2022, sino 2012, porque hizo apiladas dignas de su tiempo de esplendor, no porque los tiempos actuales no lo fueran, sino porque descolla por otras vías. Un centro suyo terminó con un cabezazo de Nico González -había ingresado por Paredes- que fue salvado por Picksford.
Todo era de Argentina, que con dos cabezazos -una vía que se revelado como un atributo inesperado- casi convierte. Uno fue de MCAllsiter -al palo- y otro de Nico Gonzalez. El campeón merecía el empate. Pero Inglaterra transitaba su propia cruzada: un fuerte que parecía inexpugnable.
Desesperado, Scaloni quemó las naves: entró Lautaro Martínez por Tagliafico. Antes había ingresado De Paul, que enseguida tomó contacto con la pelota y generó claros, distribuyó pases se asoció con Fernández, que jugó de cinco y tuvo un segundo tiempo consagratorio. Pero el fuerte británico no cedía.
Hasta que cayó el imperio. Otra vez Enzo, el de los goles importantes, el que no había jugado mal pero había rendido por debajo de sus posibilidades hasta aquí, marcó el empate. Un derechazo combado que dibujó una elipsis preciosa, tocó la red e ingresó de lleno en la historia contemporánea.
Qué decir entonces del segundo gol, el de la victoria, el que barnizó de épica la inolvidable tarde de Atlanta. Conmovedor como ha sido hasta aquí, a sus 39 años, Lionel Messi tomó la pelota sobre la derecha del ataque y se desmarcó de un defensor al que le lleva 20 años, 20 años de gloria, por otra parte. Nico O´Reilly tenía un pedazo de leyenda delante suyo y se rindió a sus pies, la dejó pasar. El centro de derecha del rosarino cayó como una emboscada en el corazón del área, donde aparecía Lautaro Martínez. El cabezazo del Toro viajó a la red y se convirtió de inmediato en postal: ese gol será visto decenas de veces por las futuras generaciones.
Había sido tal el dominio de Argentina durante el segundo tiempo que Inglaterra ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, mucho menos aún de elaborar alguna jugada aceptable, digna de la jerarquía de sus jugadores. Desaparecidos Bellingham y Kane, el equipo de Tuchel se rindió ante la grandeza argentina, que ni siquiera le cedió una chance de empate.
Cuando el árbitro marcó el final, el Atlanta Stadium pareció levitar, suspendido en el aire por el hito futbolístico que había sucedido en el césped. Guiado por la sabiduría de su capitán, el campeón había vuelto a demostrar que no piensa bajarse de la cima. El domingo en Nueva York irá a defender lo que le pertenece. Su fuego sagrado, el rojo de sus corazones rojos, quema y arde como sus triunfos.

Tras la victoria ante Inglaterra, la Albiceleste afrontará ahora el desafío más difícil como es jugar la final del Mundial ante España, a su vez vencedor de Francia en semifinales.
Argentina le ganó este miércoles agónicamente a Inglaterra en el Estadio Atlanta y ya hay final confirmada: se enfrentará a España el próximo domingo 19 de julio en el estadio MetLife de Nueva Jersey.
En el estadio, lindero al estado de Nueva York, la acción comenzará a las 16 horas en Argentina y a las 21 en España, y contará con un show en el entretiempo de media hora en lugar de los 15 minutos habituales, a la usanza del fútbol americano. Transmitirán los canales TyC, Telefé y la TV Pública.
El búnker de la Argentina siempre estuvo en Dallas, Texas, y de allí deberán trasladarse este domingo a la costa este, para jugar nada menos que la final de este extenso Mundial 2026.
El escenario será el MetLife Stadium, un moderno recinto con capacidad para 82.500 espectadores y fue inaugurado en 2010 con un costo estimado de 1.600 millones de dólares. No posee techo que cubra el campo de juego, pero cuenta con ubicaciones VIP y albergó la final de la Copa América 2016 y la del Mundial de Clubes 2025, además del Super Bowl XLVIII en 2014. También fue escenario de grandes conciertos, eventos religiosos, partidos de hockey sobre hielo (NHL) y lucha libre (WWE).
La FIFA dio a conocer el listado de artistas que animarán la fiesta de clausura en la final de la Copa del Mundo. El acto arrancará 90 minutos antes del pitazo inicial (13.30, hora local), según informó la FIFA. Nada menos que Laura Pausini, Nicole Scherzinger, Robbie Williams y el streamer IShowSpeed serán parte de la ceremonia, a los que se sumará Tom Cruise y otros invitados especiales, se anunció. Además, la galardonada cantante Jennifer Hudson interpretará una versión especial del himno de Estados Unidos en los minutos previos al inicio de la final.
Nuestro conjunto va por la cuarta estrella, tras los mundiales de Argentina 78, México 86 y Qatar 22, lo que lo hace campeón vigente hasta el domingo, en tanto que España buscará su segunda estrella, tras la obtenido en Sudáfrica 2010.
CC

Miles de aficionados tiñen la ciudad de albiceleste durante todo el Mundial y estallan de júbilo con el pase de su selección a la final.
Crónica - La Argentina de Messi remonta a Inglaterra en otra batalla épica y se cita con España en la final
Qué bonito es el fútbol. Y, probablemente, nadie lo vive como los argentinos.
Unas 3.000 personas se reuniron en un hotel de l’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) para bancar a la Selección albiceleste en un partido con una altísima carga emotiva, culminado con una histórica remontada que lleva al equipo de Leo Messi a su segunda final consecutiva.
No es que este miércoles se haya reunido más gente porque se trate de una semifinal o porque el partido era a las 9 de la noche. Es el sexto evento que organiza la Filial Argentina de Barcelona en este Mundial y en todos se agotaron las entradas, también cuando el partido se celebró a las 4 de la madrugada en un día laborable.
“No me preguntes, no tiene ningún sentido”, explicaba Sebastián Romero, 42 años, cuestionado por la manera en la que los argentinos viven este deporte.
La fiebre argentina se notó durante el Mundial en la capital catalana. Se vio en el subte, los días de partido, con vagones repletos de camisetas albicelestes. También en las plazas tras una eliminatoria de madrugada, con miles de personas cantando en Arco de Triunfo a las 6 de la mañana con el sol ya asomando en la ciudad.
Según datos del Ayuntamiento, en Barcelona hay más de 53.500 argentinos empadronados. La cifra no para de crecer y se dobló respecto a 2019, cuando había 26.300. La provincia es también el lugar con más vecinos de esa nacionalidad en todo el país, con más de 86.600 de los 450.000 repartidos por España.
“Ahora ser argentino en Barcelona es mucho más fácil”, explica Diego Justo, uno de los organizadores del evento. “Antes no había ningún plan que recordara a lo que hacemos en nuestro país”.
Cuando falta media hora para que empiece el partido, la cola da la vuelta a todo el hotel. Se ven camisetas albicelestes, muchas, pero también del Barça con el 10 de Messi; del Nápoles con el 10 de Maradona y hasta del Atleti con el 14 del ‘cholo’ Simeone.
“Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta, es un inglés”, gritan ya en la cola ante la mirada atónita de algunos turistas que se hospedan en el hotel.
No todos son argentinos. Ricard Gómez, Joan Peña y tres amigos más son de Barcelona y están en la fila hablando en catalán. “Quiero que gane Argentina por Messi”, admite Joan. “Y, por otro lado, teníamos ganas de vivir el fútbol como lo hacen los argentinos”.
Dentro del hotel, en una sala de convenciones con cinco pantallas gigantes y decorada con trapos con motivos de River Plate, los asistentes no dejarán de cantar ni un segundo. Tampoco pararán los tambores y el incesante ritmo de la cumbia en una fiesta que durará hasta la madrugada.
Los aficionados animan y cantan —o gritan— como si el equipo de Scaloni les pudiera escuchar en Atlanta. El calor es abrasador y en la primera pausa de hidratación algunos ya se sacaron la camiseta.
Diego Justo explica que empezaron a organizar eventos para ver Argentina en un bar durante el mundial de 2014. Rápidamente, vieron que los argentinos de la ciudad echaban de menos poder ver el fútbol rodeados de sus compatriotas.
“La entrada en el primer bar donde organizamos los encuentros era por orden de llegada y solo cabían 500-600 personas”, recuerda Justo. “Había gente que dormía en la calle la noche antes para tener sitio”.
Le pregunto si él notó que cada vez hay más argentinos en la ciudad. “Por supuesto”, responde. “Esto es una cadena: viene uno y está bien aquí, se da cuenta de que también puede comer asado y jugar al fútbol. Entonces trae al amigo, al primo y al hermano y cada vez somos más”.
No resulta fácil hablar con nadie porque en la sala nadie para de cantar ni un segundo. El gol de Gordon en el minuto 55 ni siquiera se notará. Ni un lamento, ni un grito de rabia, solo un aumento de los decibelios de los tambores y de los cánticos.
Pasan los minutos y algunos empiezan a pensar que la magia, esta vez, no va a ocurrir. “Este año creo que no va a ser”, confiesa Sebastián Romero en un ataque de honestidad. “Siempre vamos al filo y no siempre puede acabar bien”.
Pero la sala de convenciones tiembla con el zapatazo de Enzo que le da el empate a Argentina. El ambiente y el ruido de antes del gol era una broma comparado con el éxtasis que empieza en el minuto 85. Unos se suben a hombros de los otros, la gente se abraza, y la sensación en la sala es de que, porque no, los astros tal vez se vuelvan a alinear para la albiceleste.
La locura por el gol del empate todavía no amainó en la sala cuando, en el 93, se confirma la remontada argentina con el gol de Lautaro. Todo retumba de nuevo, todavía más fuerte, y vuelve a sobrevolar por este hotel en las afueras de la ciudad la sensación de que esa afición y ese equipo están tocados por una varita mágica.
El júbilo es indescriptible y transversal, menos para Emiliano. Este colombiano, vigilante del evento, auguraba una noche tranquila cuando Inglaterra parecía que se iba a clasificar. Incluso le había escrito a su mujer que tal vez llegaría antes a casa.
“Me tocará aguantar la fiesta hasta las dos de la madrugada”, confiesa resignado. “No lo entiendo pero este equipo siempre se acaba saliendo con la suya”.