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Cachi, el pueblo salteño de origen diaguita que le dijo no a la explotación minera

Cachi, el pueblo salteño de origen diaguita que le dijo no a la explotación minera

Cachi, el pueblo que está al pie de una de las montañas más altas del continente, el de los mantos de pimientos rojos que se secan al sol, por donde pasa el  Camino del Inca o Qhapac Ñan, fue declarado "Municipio No Tóxico y Ambientalmente Sustentable" en noviembre del año pasado. Un grito, una señal contracorriente que retoma la histórica resistencia de ese pueblo diaguita en contra de la opresión de la conquista española.  Ubicado a 2531 metros de altura, para sus habitantes el agua es un recurso clave, vital, que están dispuestos a cuidar para garantizar siembras, cosechas y para que caminar por sus calles continúe siendo una experiencia de paz, en contraste con el vértigo de los grandes centros urbanos.

"Soy nacida, criada aquí y provengo de una familia de agricultores, sé de la importancia de las tareas en el campo y del valor que esto tiene para mi pueblo", afirma a elDiario.AR la concejala cacheña Nieves Barrios, de 37 años, autora junto a su par Jorge Moya, de la ordenanza que fue aprobada por unanimidad y que bloquea todo tipo de emprendimiento minero en ese municipio. La norma se sancionó el último día hábil de noviembre de 2022 y taxativamente prohíbe la actividad minera metalífera a cielo abierto, minería de litio y cualquier otro método extractivo. Además, también establece la prohibición del uso de aguas para estas actividades. El Concejo Deliberante del pueblo tiene cinco miembros y ese día se dejaron de lado las diferencias partidarias para votar a favor de la normativa. Nieves milita en el Frente de Todos y Moya es radical pero en el abordaje de este tema no hubo diferencias y contaron con el apoyo de sus pares. 

La histórica sesión fue también el resultado de una movilización del pueblo que se encendió a fines de octubre de 2022 cuando un medio local hizo público un edicto judicial que determinaba que en ese municipio se habían hallado yacimientos de oro y cobre, y había trascendido que una empresa comenzaría a realizar tareas para su posible explotación. De inmediato reaccionaron en contra las comunidades indígenas de Cachi, Fuerte Alto, El Agarrobal, La Aguada, Las Trancas, Las Pailas, Cóndor Huasi y Pucará Angastaco, entre otras. Entre todas, acordaron un documento que hicieron público en el que se expresaron en contra de cualquier emprendimiento minero que avance sin la previa consulta a los pueblos originarios, como lo establece la Constitución Nacional de 1994. 

Así, junto a otros vecinos del pueblo, la plaza cacheña por donde circulan turistas todo el año se convirtió en la sede de asambleas autoconvocadas, en las que todos -con diferencias de matices- coincidieron en que la puesta en marcha de un emprendimiento minero pondría en jaque las actividades sobre las que se sostiene la vida en el valle: la agricultura, la ganadería y el turismo. Se realizaron cinco encuentros, todos durante el atardecer, en los que a veces participaron de manera activa ocasionales turistas, que manifestaron el interés porque el lugar no pierda su esencia y que lo convirtió en uno de los destinos más visitados del norte argentino, integrado al maravilloso y extenso recorrido de la mítica ruta nacional 40, que atraviesa el pueblo.    

Luis Burgos integra el colectivo que administra la radio FM Ambrosio Casimiro que se encuentra en el paraje La Aguada, en la zona de Cachi Adentro, siete kilómetros al oeste del pueblo, en donde hay vestigios y señales de que por allí pasa el Camino del Inca. En esos días, la radio se convirtió en uno de los canales claves de difusión de las asambleas, sus debates y resoluciones, sobre todo, para los habitantes que viven en los más alejados rincones, en medio de las montañas. "Nos pusimos a la par de la Asamblea de Autoconvocados, hasta con el cura del pueblo, porque era imprescindible participar. Se hicieron y difundimos capacitaciones que nos dio hasta una geóloga, que nos hizo dimensionar el potencial impacto ambiental que habría en la zona si avanza la minería. Eso nos dio elementos para defender nuestra postura, la dimos a conocer en el valle y ahí dimensionamos el rol que cumplimos como medio de comunicación", reflexionó Burgos a elDiario.AR. Así como el antiguo Qhapac Ñan fue clave para la comunicación del imperio y la difusión de las noticias, la radio es hoy un canal fundamental para los alejados pueblos vallistos, a donde no llegan las señales de telefonía celular e internet.

Tras la noticia de supuestos yacimientos mineros, los concejales cacheños pidieron informes al Poder Judicial y a las autoridades mineras salteñas, desde donde les comunicaron que la información publicada en el Boletín Oficial de esa provincia se había consignado con un error y que el lote minero no se encontraba en Cachi sino en el municipio lindero de Molinos, a los pies, hacia el oeste, del Nevado de Cachi -o cumbre del Cerro Libertador General San Martín- de 6380 metros de altura, que es destino habitual de expediciones de montañistas argentinos y del extranjero, en especial de Europa. Por eso, es habitual oír voces con acento inglés, francés e italiano, en los bares y comedores que están alrededor de la plaza del pueblo. 

Aun así la Asamblea de Autoconvocados avanzó en los debates porque en el lote minero en cuestión se encuentra el nacimiento del río Luracatao, la esencial fuente de vida de la región. Debido a que el yacimiento no tendría la cantidad de mineral suficiente que justificaría una millonaria inversión para su explotación y por la frontal oposición vecinal, la firma Los Yacones SRL, a nombre de quien está la propiedad en Molinos, comunicó de manera oficial a la Jueza del Juzgado de Minas de Salta que abandonaba los estudios de factibilidad para un emprendimiento minero. "Igual no nos quedamos tranquilos y decidimos perfeccionar ordenanzas que ya existían, desde 2007, en contra de la minería de uranio y el uso del agua. Y así nació nuestro proyecto más integral", señaló Nieves a este medio.

Unos días después de la sanción el intendente radical Américo Liendro, que no participó de las asambleas pero sí envió en su representación al secretario de gobierno Manrique Burgos, promulgó la norma. "La comunidad siempre supo de mi postura sobre la minería porque soy originario cacheño y me identifico con las necesidades de mi pueblo. Mi familia me acompañó en la decisión de ir en contra del impacto negativo que provoca la minería, así que no dudé en promulgar la ordenanza, aun cuando desde el gobierno provincial hay un fuerte apoyo a esta actividad. Pero para eso vivimos en democracia, podemos pensar distinto y nada me ata a un cargo, primero están los principios", reflexionó el intendente, en diálogo con este medio.

Antes que finalice el 2022, Cafayate fue la sede de un encuentro de concejales de distintos pueblos vallistos y de diversos partidos políticos que están en contra del impacto de la minería. Deliberaron, entre otros, representantes de los municipios La Poma, Payogasta, Molinos y Seclantás. El objetivo es que en todos ellos, al igual que en Cachi y en Cafayate, sus concejos deliberantes sancionen ordenanzas como la aprobada en noviembre por el cuerpo deliberativo cacheño. La tarea no será fácil, aseguran, en una provincia como Salta que hizo de la explotación del litio y del oro, una fuente de ingresos de dólares de mucha relevancia para el erario público.

DC/MG

Los trabajos y los días de los tres primeros meses de Lula 3

Los trabajos y los días de los tres primeros meses de Lula 3

«¡Fiesta! ¡Linda! ¡Alegre! ¡Con música! ¡Con militantes negras, con mujeres indias! ¡Con muchos deficientes! ¡Con hombres gay!». Con Jair Bolsonaro de vacaciones en Disney World, confraternizando con terraplanistas, comenta la periodista Eliane Cantanhêde, Brasil pudo dedicarse seriamente a festejar la democracia. El 1° de enero, bajo un cielo sin nubes, una recicladora urbana afrodescendiente le colocó la faja a Luis Inácio Lula da Silva: por tercera vez en su vida, el obrero fundador del Partido de los Trabajadores (PT) desfiló en el Rolls Royce presidencial saludando a la gente de a pie en Brasilia.

Muerto Pelé, Lula es el brasileño más famoso del mundo. Símbolo de su país, del Mercosur, del Sur Global, de la Democracia, de las Elecciones Directas Ta, de la Organización Obrera de base, de la Resistencia organizada contra la Dictadura, de la Reducción eficaz de la Pobreza, de la Amazonia verde y oxigenada, símbolo de la vieja Izquierda proletaria y de la Nueva Izquierda progresista, Lula es también un político experto en  retórica simbolista. Su primer acto de gobierno fue inmunizarse contra un juego de palabras. Para que nadie dijera  ‘Lula subiu a rampa do Palácio do Planalto y subieron los precios’, ordenó seguir pagando el subsidio a los combustibles que pagaba Bolsonaro.

El pájaro de plumas de cristal

Con Gabinetes de ministros avaros en carteras ,  Michel Temer y Bolsonaro simbolizaban la responsabilidad fiscal y su perfil de jefes de gobiernos austeros En sus tres mandatos, Lula pobló de Ministerios los inmuebles de la Esplanada, el área que el plano de Brasilia reserva al personal de cada Administración. Repudio de la penuria neoliberal, símbolo y prenda de una agenda plural de urgencias, todas y cada una, impostergables.

Símbolo en el símbolo, sobre 37 juras ministeriales,el Presidente petista asistió sólo a dos. A la de su vice Geraldo Alckmin, el ex rival al que en el balotaje presidencial de 2006 derrotó con el 60,33% de los votos. Varias veces gobernador de San Pablo, el más poblado y rico de Brasil, Alckmin renunció en 2022 al partido de toda su vida, el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña, el pertido neoliberal de Fernando Henrique Cadoso) para afiliarse al PSB (Partido Socialista Brasileño) y acompañar a a Lula en el binomio ganador. Educado por el Opus Dei, y médico anestesista de profesión, Alckmin asumió al frente del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio.

Por sobre todo, Lula racionaba su asistencia  para otra asunción, posterior a la suya propia, que bussc guionada como jubilosa continuación espectacular de la asunción presidencial. Una ceremonia diseñada con regocijada minuciosidad, y celebrada el 11 de enero, de acuerdo con el libreto, en el Palacio de Planalto. Puntuales, a las 5:00 de la tarde, entraron en escena las dos protagonistas: Sonia Guajajara, primera ministra indígena de la historia de Brasil, y Anielle Franco, militante negra, a cargo de la cartera de igualdad racial, hermana de la concejal carioca Marielle Franco, asesinada en 2018. Vestidas una con plumas y otra con textiles de motivos africanos, descendieron tomadas de la mano, la rampa helicoidal que lleva al Salón Noble de Planalto. Centenares de personas, incluido el Presidente, incluida la ex presidenta Dilma Rousseff, aplauden; algunas, lloran.

Las cámaras captaron el cuadro viviente, poderoso, irresistible. La imagen de las que son mucho más que dos recuerda actualiza la de Lula diez días antes, el día de su asunción, el primer domingo del mes que era también el primer domingo del año, cuando marchó del brazo del cacique Raoni Metuktire. Sin embargo, la continuidad es ilusoria. Está fracturada. Tres días atrás, el 8 de enero, el segundo domingo del mes y del año, en una tarde sin nubes,  una sublevación popular derechista que había asaltado Brasilia invadió y vandalizó el Palacio de Planalto. Las cámaras también captan los vidrios rotos, testimonio de la violencia del asalto.

Tótems de la derecha, tabúes de la izquierda

Último país de América en abolir la monarquía y la esclavitud, Brasil fue, desde la emancipación de Portugal declarada en 1822 una referencia conservadora en todo el continente. La Ley Áurea de la princesa Isabel acabó con la esclavitud en 1888, y en 1889 un Golpe de Estado racista y resentido con la abolición tumbó al Imperio y derrocó al emperador Pedro II. Coroneles golpistas y masónicos fundaron la República. La única sangre derramada en defensa del Imperio derribado fue de libertos afrodescendientes y de campesinos católicos nordestinos. Un lema del filósofo positivista francés Augusto Comte modernizó para siempre la bandera nacional: Ordem e Progresso.

En Brasilia, por delante de los palacios de gobierno de arquitectura modernista, desde el golpe de Estado de 1964 cinco veces un general nacionalista sucedió en el poder a otro general desarrollista en Brasilia.

Cuando en 1985 un político civil asumió la presidencia en Brasil, la arquitectura de la nueva capital diseñada por el comunista Oscar Niemeyer había sido tan reproducida por los medios que, perdido su carácter de obra de arte laica, había ganado un aura religiosa. Extinto el milagre económico de un Brasil que crecía a tasas de un 14% anual, misticismo y nostalgia se resistían a fenecer. Brasilia era prosaico símbolo de la dictadura militar latinoamericana más larga del siglo XX, a la cual había servido de escenografía y santuario.

Golpistas con palos y con piedras que odian la hoz y el martillo

Edificios públicos de pisos y columnas de hormigón y muros exteriores de cristal figuran en todo slogan fotográfico de Brasilia. El 8 de enero, cientos de opositores virulentos, armados con piedras y palos, llegados a la capital brasileña en decenas de transportes colectivos, rompieron cuanto era de vidrio y estropearon cuanto era de madera, tela, plástico u otro material vulnerable en las arquitecturas modernistas, brutalistas, funcionalistas de las sedes de los tres Poderes del Estado. Parecía el ataque del Paleolítico resentido contra el Neolítico.

Al final de la tarde del segundo domingo del mes, un millar y medio de golpistas fueron detenidos por las fuerzas policiales. Sus procesos judiciales están en curso. Entre los cargos penales que se les formulan está el de ataque contra la Democracia, en flagrancia: atacaron a la democracia porque los edificios que son la sede de los Tres Poderes del Estado son el símbolo de la Democracia. ¿Quien ataca el símbolo ataca la cosa, cuando el primer mérito de todo símbolo es el de no ser en absoluto una cosa, esa cosa? El palacio de Planalto, la sede de una presidencia que Bolsonaro había abandonado una semana antes, ¿simboliza la Democracia? ¿O es nomás comodidad periodística, metonimia prosaica, como el Palacio de López o La Moneda designan a los Ejecutivos paraguayo y chileno?

Una gacetilla firmada por Lula, por los presidentes de las dos Cámaras del Congreso y por la presidenta de la Corte Suprema condena los actos «terroristas, vandálicos, delictivos, golpistas» de los asaltantes. «Terroristas» es metáfora, aclaran, porque en Brasil es delito o xenófobo o racista. "Golpistas", con piedras y palos en edificios públicos vacíos, ¿buscaban derribar a las autoridades elegidas?

Para el gobierno, los asaltantes eran golpistas que hicieron menos de lo que intentaban (frustrados en su tentativa).

Para Bolsonaro, según tuiteó desde Florida, la sublevación era una manifestación opositora que hizo más de lo que debía cuando vandalizó la propiedad ajena (no fueron frustrados en sus excesos). En apariencia, se comportaron, atacantes derehistas y autoridades electas, como manifestantes de izquierda y como un gobierno inepto o cooptado. Según ocurrió, según una analogía favorita de Bolsonaro, en el «estallido social» chileno de octubre de 2019.

Mientras Lula cumple sus primeros cien días en el gobierno, Gabriel Boric ha cumplido su primer año en la presidencia. Juró en La Moneda, sucediendo al centroderechista Sebastián Piñera, el 11 de marzo de 2022. Lula y Boric significaban el retorno de la izquierda al poder en sus países. Los dos sufrieron al inicio de sus períodos dos catástrofes protagonizadas, de diversa manera, por la derecha: la derrota del proyecto de Consitución antipinochetista en el 'plebiscito de salida' y el asalto a Brasilia de la oposición sublevada. Los dos acontecimientos secuestraron sus agendas, lo cual ha sido lamentable para la administración. Está por verse, sin embargo, si el saldo de estas contingencias no resultará positivo para la izquierda. A José Antonio Kast y a Bolsonaro les va mejor cuando polarizan: es lo que saban hacer. No es el caso de Boric y de Lula, que son mas que el Apruebo, que son más que el PT.

AGB

Lucha de clases

Lucha de clases

¿Qué significa una clase? ¿Para qué vamos a aprender? Las formas de instrucción son maneras de control social. Sin embargo, hay posibilidades aún de tomar una clase sin hacerlo para llenar un currículum o conseguir una maestría. Una clase donde nadie tenga que llegar con una recomendación para ser aceptado. La clase debería ser un anticasting. En el bar de hipsters son todos hispters con pensamientos de hipsters. Pero un lugar ideal para una clase es donde se mezclan diferentes edades y formas de pensar y ver las cosas. Eso forma el caldo. Y, en el caldo, ningún elemento es más preponderante que otro, no hay hilemorfismo. 

Imagino una clase donde el que la imparte no estudia lo que tiene que “enseñar” sino que trae los textos y los lee entre los alumnos. Un maestro que aprende a la par, pero es el dínamo que hace funcionar el corazón de la clase. La filosofía es el amor a la sabiduría. Hermosa frase para los señaladores de libros. Para mí, la filosofía es la creación de conceptos, pero no de conceptos que expliquen y tranquilicen, sino conceptos que nunca terminan de cerrarse, que no tranquilizan nada, que generan más y más preguntas. 

En El modo de existencia de los objetos técnicos, un libro hermoso de Gilbert Simondon, él habla sobre cierto tipo de tecnofilia, dice que el hombre que quiere dominar a sus semejantes suscita el pensamiento de la máquina androide, busca construir la máquina de pensar, para llegar algún día a la máquina de querer, a la máquina de vivir, para quedarse detrás de ella algún día, sin angustia. Esto es el robot, dice Simondon, un ser que sólo logra interioridad en las películas de ciencia ficción. 

Pensemos en la Hall 9000 la computadora con interioridad de Stanley Kubrik en Odisea 2001, que tiene en su programación un plan secreto y que ve que los astronautas de la nave que ella controla se ponen paranoicos. Para poder escapar a su control, uno de los astronautas le dice al otro que se pongan los trajes espaciales y salgan a hablar al exterior de la nave, para que Hall no los escuche. Pero ahí vemos una subjetiva de Hall que lo que hace es leer los labios de los astronautas y saber qué están tramando. Si los astronautas hubieran sido jugadores de fútbol, hubiesen hablado tapándose la boca con la mano y Hall 9000 se perdía todo. Los jugadores -algunos de los hombres más ricos del planeta- y la gente pobre que sale a la calle a robar son extremadamente conscientes del panóptico en que vivimos. 

Simondon deja al robot para los escritores, pero le pide a los humanos que piensen como poetas su relación con la máquinas: “El verdadero perfeccionamiento de las máquinas, aquel del cual se puede decir que eleva la tecnicidad, corresponde no a un acrecentamiento del automatismo, sino, por el contrario, al hecho de que el funcionamiento de una máquina presente un cierto margen de indeterminación”. Para Simondon, esto que otros considerarían una falla es lo que permite a la máquina cierta sensibilidad para una información exterior. Y pasa a poner un ejemplo magistral no sólo para pensar a las máquinas sino a los humanos entre ellas y, en definitiva, la composición orgánica de una clase: “Una máquina puramente automática, completamente cerrada sobre ella misma, solamente podría ofrecer resultados sumarios. La máquina que está dotada de una alta tecnicidad es una máquina abierta, y el conjunto de máquinas abiertas supone al hombre como organizador permanente, como intérprete viviente de máquinas, unas en relación con otras.

Lejos de ser el vigilante de una tropa de esclavos, el hombre es el organizador permanente de una sociedad de objetos técnicos que tienen necesidad de él como los músicos tienen necesidad del director de orquesta. El director de orquesta sólo puede dirigir a los músicos por el hecho de que toca como ellos, tan intensamente como todos ellos el fragmento ejecutado, los modera o los apura, pero se ve igual de moderado o apurado que ellos, de hecho, a través de él, el grupo de músicos modera y apura a cada integrante. Y el director es para cada uno de ellos la forma en movimiento y actual del grupo mientras existe: es el intérprete mutuo en relación con todos”. 

¿Qué significa una clase? ¿Para qué vamos a aprender? Sin duda el mejor lector es el que cuando empieza a leer no le preocupa entender. Gilles Deleuze fue un lector intenso de Simondon. A sus clases iba gente de cualquier edad, personas que no sabían nada de filosofía, como el caso de ese padre e hijo que lo iban a escuchar “porque es hermoso lo que dice aunque no entendamos nada”. O la señora que después de la clase se iba al mercado a comprar las cosas para cocinar y le contó a una alumna de Deleuze: “No sé de que va, pero estas clases me ayudan a vivir”. Para Deleuze una clase es “una especie de materia en movimiento musical, donde cada grupo toma lo que le conviene. Todo no conviene a cualquiera. Un curso es emoción. Si no hay emoción no hay inteligencia, ningún interés, no hay nada”. 

Deleuze se interesó en la filosofía de Raymond Ruyer, quien en una conferencia opone la relación mecánica del comportamiento animal, cuando éste, impulsado por una fuerte causalidad, va en línea recta hacia su alimento. En cambio, si se presenta un peligro para él, el encuentro con el obstáculo es un impulso para que el animal cree. Por eso las malas lecturas son mejores que las buenas lecturas, las lecturas con obstáculos hacen que te emancipes: eso le debe haber pasado al joven Masotta tratando de acercarse al plato de comida lacaniano sin saber francés. 

Como tengo un profundo dolor porque se me impide ver a dos de mis seres más queridos, llamé a mi Sensei de karate y le pedí estar en el dojo todo el tiempo que pudiera ser posible. Le dije que crecía en mi un enemigo oscuro y poderoso que no me dejaba dormir y que utilizaba las pasiones tristes para derribarme. Es un enemigo hábil, porque me conoce más de lo que yo lo conozco a él. Se me ocurrió que una de las formas de enfrentarlo era en un kumite libre, en el dojo. Tomé muchas horas de clases seguidas hasta que empecé a ver. En un momento, mientras estaba en un kumite libre con un compañero -el kumite es la pelea-, el Sensei paró la clase y nos dijo que en kumite -en la pelea- pensar estrategias es peligroso. “Pensar es tarde”, nos dijo. Mucho después, volviendo a mi casa, de noche, asocié esas palabras a las de Jiddu Krishnamurti, cuando dice que el pensamiento es dolor.

FC

Incels, multiversos, Sara Ahmed y aire acondicionado

Incels, multiversos, Sara Ahmed y aire acondicionado

Algo Prestado es un podcast de elDiarioAR realizado por Tamara Tenenbaum, junto a un invitado cada semana. Está alojado en Spotify, plataforma líder para la publicación de podcast, y también en otras aplicaciones de streaming.

TT

Grafomanía

Grafomanía

Anoche soñé con un caracol gigante. Estaba entre hojas, lo levantaba, recién ahí me daba cuenta de su tamaño y de que en efecto era un caparazón habitado aún por una criatura grande y muy babosa. Lo apoyaba en el piso y el bicho se desplegaba. Su cuerpo no paraba de emerger y era largo y muy viscoso. Luego se convertía en una serpiente verde fluorescente que masticaba las plantas que cuido y me escupía los trocitos a la cara, una serpiente atrevida. Intentaba capturarla pero, por supuesto, era muy huidiza.

Agustín y yo el año pasado estábamos ambos escribiendo guiones situados en la selva amazónica. La suya más amazónica de verdad, la mía más litoraleña. Pero tupida lo mismo. Compartimos un poco nuestros procesos. Él viajó a Colombia y me trajo El río, un largo ensayo del antropólogo canadiense Wade Davis que lleva como subtítulo “Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica”. Es un libro largo para ser un ensayo, con tamaño y peso de bestseller. Tardé en empezarlo por eso mismo, su peso y tamaño, y algo de sospecha también. Pero, como buena -un poco- grafómana los libros grandes me suelen entusiasmar más que los breves: si me va a gustar, que dure por lo menos. El libro es fascinante desde el principio. Tiene mucho de ficcionado, asumo, como debería ser, o de puesta en escena al menos, con diálogos por ejemplo, puestas en situación. Y su modo de contar, como con las cosas que me gustan o que están bien, hace que me encuentre descubriendo que me interese el camino del peyote o cómo luce el puerto de Santa Marta o si Adalberto los va a dejar o no entrar a la aldea. Davis es, evidentemente, un escritor además de un explorador botánico. Y escribe cosas como estas, en una supuesta conversación que tuvo con su antecesor Tim Plowman, en Santa Marta justamente, antes de emprender la Sierra Nevada:

 A medida que pasaba la tarde, cambiamos de tema y hablamos de botánica, en particular de un libro nuevo muy comentado que afirmaba que las plantas reaccionan a la música y la voz humana. A Tim la idea le parecía ridícula.

-¿Por qué diablos le importaría a una planta Mozart?- recuerdo que preguntó-. Y aún si fuera así, ¿por qué debe eso impactarnos? ¿Con que las plantas coman la luz no es suficiente?

Prosiguió hablando de la fotosíntesis en la forma en que un artista describiría los colores. Dijo que al atardecer el proceso se invierte y que a esa hora las plantas emiten pequeñas cantidades de luz. Se refirió a la savia como la sangre verde de las plantas, y explicó que la clorofila es estructuralmente casi igual a la sangre humana, sólo que las plantas reemplazan el hierro en la hemoglobina por el magnesio. Habló de la manera como crecen las plantas y de una semilla de hierba que produce noventa y seis kilómetros diarios de pelos radicales, o sea nueve mil seiscientos kilómetros en el curso de una estación; de cómo un campo de centeno exhala quinientas toneladas de agua diarias; de una flor que para alcanzar su plenitud penetra a través de un centímetro de pavimento; de cómo el amento del abedul produce cinco millones de granos de polen; de árboles que viven cuatro mil años. Al contrario de todos los botánicos que había conocido, no estaba obsesionado por la clasificación. Para él los nombres en latín eran como poemas japoneses o versos. Los recordaba sin hacer esfuerzo, encantado particularmente por su origen.

-Cuando uno pronuncia los nombres de las plantas- dijo en cierto momento-, pronuncia los nombres de los dioses.

Hace poco un amigo se autodefinió como grafómano. Dice que escribe porque no puede no hacerlo, no puede parar de escribir. A mí eso no me pasa para nada, no así, pero mirándolo bien sí que es algo que siempre hice y con los usos más diversos, eso sí. Y uno de los múltiples usos de escribir porque sí ha sido el de copiar párrafos de libros que quería retener. Antes de la Internet, tenía más sentido: copiar para tener. Pero creo que no se trata solo de eso. Creo que el párrafo fuera de contexto crea algo nuevo, empieza de cero, se libera de su contexto.

No soy académica: de lo que he leído, visto o estudiado sólo puedo ver o retener lo que en efecto puedo sentir, lo que de algún modo se materializa porque ya estaba previamente dentro mío: alguien que nombra o pinta algo que yo ya sentí y que eso que veo, leo u oigo, activa.

A los nueve años tuve un sueño que en ese momento creí revelador o trascendental, del que desperté turbada. Soñé que estaba con mi familia en un museo de culturas originarias y que de repente una figura de un indio cobraba vida. Y me decía que tenía que contar la historia de cómo habían sido diezmados. En mi sueño había un héroe que era el manco Páchac, creo que lo llamé, y mezclaba las pirámides con el imperio inca. En mi sueño habían sido arrasados y yo lo tenía que contar. Existieron el inca Manco Cápac y otro inca, Pachacútec.

No lo recuerdo pero es probable que hayamos leído acerca de ellos en la escuela o fuera de ella y que yo pensara que me había venido en sueños el nombre, y la denuncia. Sí recuerdo estar en trance todo ese día siguiente, con la necesidad de escribir ese relato, que al final no tuvo más que una página de largo y se llamó La mano del valiente legendario. Supongo que el relato no era bueno, y no creo que la historia que me pidió que contara aquel hombre en sueños haya llegado muy lejos, no difundida por mí por lo menos, pero acaso sí fue un primer registro de que a lo mejor escribir sí sirviera para algo y sí fuera algo así como un servicio, o una vocación. Y no sólo grafomanía pura, más allá del placer del papel la tinta el sonido de la tecla y la secuencia de letrita y letrita tras letrita.

RP