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Indulto, reglas de juego y la reunión que no será: la interna peronista a un año de la detención de Cristina

Indulto, reglas de juego y la reunión que no será: la interna peronista a un año de la detención de Cristina

Por primera vez, el cristinismo empieza a hablar de un indulto para CFK en el caso de ganar las elecciones. La bandera de "Cristina Libre" como estrategia de acumulación política de cara a 2027. Kicillof, enojado con La Cámpora, se impone contra la lógica transaccional y pide PASO en todos los niveles.

Cristina Fernández de Kirchner no quiere escuchar nada sobre mudarse a Santa Cruz o una quinta en el conurbano. El mes que viene se cumple un año desde que está presa en su departamento de Constitución y, pese al restrictivo régimen de visitas al que la Justicia la tiene sometida, insiste en establecerse en el centro político del país. Son pocos los dirigentes que la pueden ir a ver en persona –algunos muy cercanos no se reúnen desde que la Corte Suprema ratificó su condena–, pero Máximo Kirchner y su círculo chico la mantienen al tanto de todo lo que sucede. A la distancia, desde un exilio penitenciario, CFK se sienta sobre una base del 30% de los votos y alienta el clamor por su liberación. 

En el cristinismo empezó a hablarse de indulto. Una novedad. La ex presidenta siempre fue tajante en su negativa a recibir un indulto presidencial, así se lo advirtió a Alberto Fernández, incluso, en los tiempos del Frente de Todos. CFK quiere que se deje constancia de su inocencia y de las irregularidades del proceso judicial que la condenaron a 6 años de prisión y la inhabilitaron para ocupar cargos públicos. Un indulto, en cambio, implicaría admitir su culpabilidad. Por eso, desde que la llevaron detenida a San José 1111, la expresidenta priorizó encarar una estrategia internacional: ir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y litigar ahí su inocencia.

Andrés Larroque colocó carteles de

La agenda “Cristina Libre” sigue activa, en el país y en el exterior. El próximo 20 de junio, el kirchnerismo organizará un “banderazo” en Parque Lezama con motivo del Día de la Bandera y del primer aniversario de la confirmación de la prisión domiciliaria de la expresidenta. “No hay democracia con Cristina proscripta”, repite Oscar Parrilli, el ex secretario de la Presidencia de CFK que, en la última reunión del Consejo del PJ, no solo afirmó que la democracia era “trucha”, sino que “el candidato del año que viene es trucho porque ella va a estar proscripta”. Un mensaje a Axel Kicillof

En las últimas semanas, sin embargo, una conversación comenzó a abrirse al interior del cristinismo. Trucho o no, el candidato o candidata del peronismo de 2027 tendría la obligación de “trabajar para crear las condiciones de un indulto”. Este viraje se explica, por un lado, por las duras condiciones de la detención de CFK, quien solo puede ver tres personas por día, dos días a la semana y durante no más de dos horas. Una situación que, según un pedido de acceso a la información pública que hicieron Vanesa Siley y Rodolfo Tailhade desde el Consejo de la Magistratura, sólo comparte el 1,76% del total de detenidos con prisión domiciliaria de la Argentina. 

Cristina Fernández de Kirchner cuando declaró en Comodoro Py por la Causa Cuadernos.

Según este mismo informe, CFK cuenta con menos permisos de salida que el 99,14% de los condenados por narcotráfico o el 84,4% de los condenados por delitos de lesa humanidad. La expresidenta solo puede salir de su casa por temas médicos –para visitar a su hijo Máximo, quien fue internado hace un par de semanas, hubiese tenido que pedir un permiso especial–, y desde su entorno cuestionan: “¿Los narcos y los genocidas pueden ir a la Iglesia y Cristina no? Es irrisorio e irracional”. 

El otro motivo es estratégico. El indulto a CFK, insisten algunos dirigentes cristinistas, es una condición necesaria para comenzar un eventual gobierno desde un lugar de fortaleza política. Un mensaje a la Justicia. “El primer gesto de autoridad del próximo presidente va a ser generar las condiciones para el indulto y enfrentarse al Joder Judicial. Preguntale a Adorni, si no. Tenés que ser inteligente porque si no no te van a dejar gobernar”, advierte un dirigente de La Cámpora muy cercano a la expresidenta. 

Con CFK presa, advierten en el cristinismo, ningún presidente peronista puede sentirse seguro de que lo dejarán gobernar con tranquilidad. 

Mayra Mendoza y Teresa García durante un acto en el PJ por el aniversario del nacimiento de Eva Perón.

El problema es el día después. Aún ganando las elecciones, Cristina advierte que costará mucho volver a construir el entramado productivo y de consumo que arrasó la gestión libertaria. No será fácil, demandará muchos años y, además, tendrá la dificultad agregada de tener que lidiar con un despótico cronograma de pagos al FMI. Y todo con una Justicia hostil, que el kirchnerismo nunca pudo –nunca supo– aggiornar

“El candidato va a tener que tener coraje, además de medir bien. Porque quien asuma va a tener que enfrentarse a la Justicia y al Círculo Rojo, ¿vos crees que Axel tiene ese coraje?”, se pregunta, retóricamente, una importante dirigenta peronista cercana a la expresidenta. 

La respuesta es clara –no cree que Kicillof pueda tener el “coraje”–, pero la clave es el silencio posterior. ¿Hay alguien que tenga el coraje? “No”, admite, reconociendo así la base de la debilidad de Cristina de cara a la negociación de 2027: la expresidenta no tiene un candidato propio. 

Teléfono descompuesto

Una cosa es segura: Cristina elegirá una figura para competirle a Kicillof en 2027 y esa figura no será Sergio Uñac, por más que el ex gobernador presuma que tiene la bendición de la expresidenta. El nombre aún no está definido. Podría ser una fórmula integrada por “Wado” de Pedro y el ex gobernador santiagueño, Gerardo Zamora. O un revival de Sergio Massa, que aguarda expectante a que el dedo de CFK lo señale y lo bendiga con la legitimidad que necesita para conseguir su revancha. 

Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner no hablan desde el cierre de listas del año pasado.

Otra cosa es segura: Kicillof no llamará a Cristina para reunirse en la brevedad. Todas las semanas hay intentos de acercamiento. Dirigentes bonaerenses que, pese a la guerra fría, funcionan como vasos comunicantes entre ambos espacios. Gabriel Katopodis, Federico Otermín, Mariano Cascallares y Mariel Fernández hacen de intermediarios y sostienen, junto a un reducido grupo de intendentes, la unidad atada con alambres del peronismo bonaerense. Pero casi ninguno cree que vaya a ser posible reunir a Kicillof y CFK este año. 

La Cámpora responsabiliza a Kicillof, pero Kicillof desconfía de quienes dicen querer reunirlos después de un año sin verse las caras. El gobernador bonaerense está furioso y observa que, detrás de todos los cuestionamientos ante su supuesta falta de firmeza o de empatía ante la situación judicial de Cristina, se esconde otra estrategia más de La Cámpora para deslegitimar su candidatura. Como sucedió la semana pasada en un teatro en La Plata, cuando durante un acto de formación política, un grupo de militantes de La Cámpora de Quilmes interrumpió la exposición de Kicillof para exigirle que se pronunciara sobre la libertad de Cristina. 

Axel Kicillof junto a Federico Otermin y Veronica Magario en el acto en La Plata que fue interrumpido por dos militantes de La Cámpora

Lo que para algunos es un gesto de debilidad –La Cámpora, por más que lo intente, no logra mancillar la imagen del gobernador–, para Kicillof fue una afrenta más. Un capítulo más en la larga historia de fuego amigo que comenzó, para el gobernador, cuando en un acto de Máximo en Atlanta la militancia empezó a cantar contra la consigna de Kicillof sobre “componer nuevas canciones”. “Cristina es la conducción, vamos a ver si lo entienden. Y si querés otra canción, vení, te presto la mía”, le cantaron y, desde entonces, la interna fratricida entre La Cámpora y el hijo político de CFK llegó a un punto de no retorno. 

Está convencido de que está durmiendo con el enemigo”, grafica un funcionario kicillofista, aludiendo a la tensa relación con La Cámpora en el Gabinete y la Legislatura bonaerense. Cada vez es más difícil ponerse de acuerdo y, aunque nadie planea oficializar la ruptura, el quiebre es un hecho y no tiene vuelta atrás. Solo queda, advierten en La Plata, fijar reglas de juego básicas que permitan ordenar la interna y llevarla a buen puerto. Es decir, una candidatura de unidad. 

Axel Kicillof durante la inauguración de una escuela en San Vicente

¿Cuáles son estas reglas de juego para el kicillofismo? Una PASO nacional para dirimir candidaturas nacionales. Y una PASO provincial, para dirimir quién competirá para suceder a Kicillof en la Provincia de Buenos Aires. El gobernador no quiere saber nada de una lógica transaccional, y eso es lo que está generando, en parte, la irritación de La Cámpora. 

“¿Sabés por qué no hay reunión? Porque Cristina le va a pedir a Axel algo que Axel no está dispuesto a dar: la vicepresidencia o la gobernación. O ambos. Y Axel no está dispuesto a dárselo”, suspira, agotado, un funcionario bonaerense.

MCM/MG

Las fichas argentinas en el ajedrez de Peter Thiel: quién es quién en el tablero local del tecnomagnate de Palantir

Las fichas argentinas en el ajedrez de Peter Thiel: quién es quién en el tablero local del tecnomagnate de Palantir

El millonario tecnofascista se mostró jugando un torneo de ajedrez en Almagro días atrás, pero lo que más oculta es la trama de funcionarios, empresarios y técnicos que articulan sus intereses para desembarcar en el país y hacer negocios en energía, datos, inteligencia y defensa.

Peter Thiel, en gira sudamericana: tras ver a Milei, se reunió con el presidente de Paraguay y visitó Chile y Brasil

Cuando Peter Thiel pagó los $3.000 de inscripción en el club Torre Blanca de Almagro y se sentó a jugar al ajedrez el sábado pasado por la mañana, la imagen fue tan pintoresca que casi todos los medios lo cubrieron como una rareza turística. Un multimillonario de Silicon Valley entre jubilados y pibes de barrio, posando con la medalla del tercer puesto. Pero Thiel lleva más de un mes instalado en Buenos Aires, compró una mansión de US$12 millones en Palermo Chico, inscribió a sus hijos en un colegio porteño y está en la construcción de una agenda de influencia que busca ampliar en la Argentina sus negocios en IA y su plataforma Palantir para el cruce de bases datos ciudadanos para la videovigilancia, la seguridad y la defensa del poder estatal.

Thiel no desembarca en solitario en el país, sino que tiene un grupo de “embajadores” y anfitriones que le permiten hacer pie aquí y le abren puertas del poder, incluso el de la Casa Rosada. Para entender la agenda de intereses de Thiel, vale con ver las distintas fichas de figuras locales en su tablero de ajedrez.

Red de influencia de Peter Thiel en Argentina Grafo de vínculos entre Peter Thiel y funcionarios, empresarios y empresas clave en Argentina dirige nexo estrategia validación Peter Thiel Cofundador de Palantir Palantir Datos, IA y vigilancia Alec Oxenford Embajador en EE.UU. Javier Milei Presidente de Argentina F. Sturzenegger Ministro desregulación Santiago Caputo Asesor presidencial empresarios M. Galperin MercadoLibre / tech N. Szekasy Fondo Kaszek / VC M. Mindlin Pampa Energía E. Elsztain IRSA / tierra Thiel / Palantir Funcionarios introductores Poder ejecutivo Empresarios
Red de influencia de Peter Thiel en Argentina. Elaboración propia.

El introductor: Alec Oxenford

Alec Oxenford, cofundador de OLX y hoy embajador argentino en Washington, fue el nexo original. En mayo de 2024 llevó a Thiel a la Casa Rosada por primera vez y publicó en sus redes que el magnate creía que las ideas de Milei eran “relevantes a nivel global”. Esa visita fue el primer contacto institucional entre Thiel y el Gobierno. Hubo luego dos más.

Oxenford no es un diplomático de carrera: es un emprendedor tech devenido embajador, que organiza la Argentina Week en Nueva York para atraer inversores y opera como traductor entre el mundo de Silicon Valley y la Casa Rosada. Fue él quien construyó el puente. Los que vinieron después lo cruzaron.

El anfitrión: Federico Sturzenegger

Una de las reuniones más significativas de Thiel en Buenos Aires no fue en Casa Rosada, sino en el domicilio particular de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado. Una cena privada, sin protocolo, con el canciller Pablo Quirno, el economista y exvicepresidente del Banco Central y del Banco Nación Lucas Llach, según reconstruyó Infobae

Sturzenegger es un funcionario que encarna lo que Thiel viene a buscar: un Estado que se desmonta a sí mismo. “El país ya no funciona como en tiempos de Roca. Mejor que vengan millonarios e inviertan”, comentó a elDiarioAR un funcionario ligado al ministro y que está muy activo en aplicar políticas desregulatorias.

Sturzenegger esta semana disertó en Viena.

El estratega: Santiago Caputo

El asesor presidencial se reunió con Thiel semanas antes de que el magnate se instalara definitivamente en Buenos Aires. Sin cargo en el organigrama pero con control de facto de la Secretaría de Inteligencia del Estado, cuyas facultades fueron ampliadas por DNU en enero de 2026 al punto tal que permitiría el desembarco de Palantier, un sistema de entrecruzamiento de datos ciudadanos que ya funciona en varios países con objetivos finales en videovigilancia, defensa y seguridad.

Como uno de los arquitectos de la estrategia de alineamiento con Washington, Caputo mismo hizo un análisis en X alineado a los fundamentos más filosóficos de Thiel, quien descree de la democracia en los términos actuales y advierte el fin de la civilización occidente. Según escribió el estratega de Milei, el mundo se encamina hacia una “carrera mineralística” entre grandes potencias, y Argentina “decidió jugar con los Aliados y no con el Eje”. 

La semana pasada Caputo viajó a Washington días después, se reunió con Brian Mast, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, y con Michel Jensen, asesor de Seguridad Nacional de Trump para América Latina. Lo que conversó con Thiel antes de ese viaje es parte del mismo tablero. El miércoles pasado Caputo compartió un posteo de Palantir sobre el programa de la empresa destinado a neurodivergentes.

El mensaje de Palantir reposteado por Caputo.

El presidente: Javier Milei

Milei recibió a Thiel en Casa Rosada y calificó el encuentro de “maravilloso”. Para el Presidente, Thiel no es solo un inversor: es una validación ideológica. El magnate había dicho públicamente, en un evento en Miami en noviembre de 2024, que Argentina era “una versión extrema” de tendencias que avanzan más lentamente en economías desarrolladas, y que “sería muy bueno que a Argentina le vaya bien” para que otras economías no tengan que recorrer “100 años de declive” antes de tener “su propio Milei”. 

Milei, que construyó su identidad política sobre la idea de ser un experimento global, recibió a Thiel como a un par. Pero la relación no es simétrica: uno tiene el poder del Estado y el otro tiene el capital, la tecnología y la agenda.

Milei recibió a Peter Thiel semanas atrás en la Casa Rosada.

Los empresarios: Galperin, Elsztain, Mindlin, Szekasy

El círculo empresario que rodea a Thiel en Buenos Aires tampoco es aleatorio: mantuvo reuniones al menos con Marcos Galperín, Nicolás Szekasy, Marcelo Mindlin y Eduardo Elsztain. El fundador de Mercado Libre comparte con Thiel el universo ideológico del libertarianismo tech y tienen vínculos de larga data en Silicon Valley. Szekasy, cofundador de Kaszek –el fondo de venture capital más importante de América Latina– opera en un territorio complementario al de Founders Fund, el vehículo inversor de Thiel. Mindlin, de Pampa Energía, y Elsztain, de IRSA y Cresud, cierran los otros dos ejes: la energía y la tierra.

Elsztain invitó a Thiel a disertar ante los más ricos de la Argentina en el Foro Llao Llao el 1 de mayo pasado pero el magnate se ausentó porque estuvo en Brasil. Sin embargo, Thiel habría estado en el lujoso hotel de Bariloche semanas antes. Además de Brasil también viajó a Paraguay y Chile.

Para entender por qué esos sectores importan, hay que mirar los análisis del ingeniero Ariel Garbarz, especialista en IA y docente de la UTN, la UBA, la UNLA y el MIT, en sus redes sociales. Garbarz construyó un análisis técnico-político que arranca desde la Teoría de la Información de Shannon y termina en una conclusión política taxativa: “Palantir no necesita ponerse la banda presidencial. Le alcanza con controlar el tablero.” Sus láminas muestran, con datos duros, qué significa en términos concretos el proyecto de data center de 500 MW que Palantir tiene en carpeta para Argentina. Un complejo así, operando 24/7, consumiría 4.380 GWh por año: equivalente al consumo anual de 500.000 hogares y al 21,9% de la generación media anual de Yacyretá. “No es tecnología limpia”, escribe Garbarz. “Es una ciudad eléctrica privada chupando energía pública.”

Por su lado, Valeria Di Croce, autora de “El arca de Milei”, lo explica en términos estructurales: “Todas las empresas del capitalismo de plataforma que hacen uso de algoritmo no funcionan sin una infraestructura: es una pirámide que en su base requiere mucha energía, después los semiconductores, después los centros de datos, después el desarrollo de IA y recién al final tenés el token. Argentina tiene la energía –la base de la pirámide–, no tiene los chips, pero tiene condiciones climáticas para los data centers. En ese marco es clave Peter Thiel.” Y agrega la dimensión que cierra el mapa de Elsztain: “Los agronegocios y los alimentos tienen que ver con una paranoia de ellos sobre un futuro con guerra nuclear. Argentina les garantiza acceso a alimentos de calidad.”

“Pensar que le vamos a entregar la Patagonia o cosas así es de teorías conspirativas”, rechazó un alto funcionario consultado por elDiarioAR.

La empresa: Palantir

Pero detrás de todos los hombres está la empresa. Y la compañía no es un actor pasivo en este cuadro. Palantir opera en dos plataformas principales: Gotham, orientada a inteligencia y defensa; y Foundry, orientada a gobiernos y corporaciones. La lógica de Palantir no es vender un producto: es “enchufarse al sistema nervioso del Estado”, advierte Garbarz.

Si integra bases de identidad, migraciones, economía, salud, educación, justicia, seguridad, comunicaciones y geolocalización –todas disponibles en el Estado argentino–, el resultado no es una base de datos más grande. Es otra cosa: una máquina que predice escenarios, detecta riesgos, perfila personas, segmenta poblaciones y recomienda acciones. “El dato aislado informa”, resume Garbarz. “El dato integrado gobierna.”

Por su lado, Amnistía Internacional aseguró en un documento reciente que organismos defensores de derechos humanos también alertan que la tecnología de Palantir “podría utilizarse para la vigilancia masiva de ciudadanos, el análisis de datos sensibles y la persecución de la disidencia”. Incluso podrían interferir en las elecciones: “Las tecnologías de vigilancia no son neutrales”.

Los nuevos elementos: el “Gemelo Digital Social” y más

Justo este viernes el Gobierno lanzó un programa de IA de Capital Humano llamado “Gemelo Digital Social”. “El futuro empieza hoy, el primer Gemelo Digital Social para simular escenarios, anticipar impactos, optimizar decisiones en tiempo real. Políticas basadas en evidencia, múltiples fuentes, única base de datos”, ofrece el video que posteó Milei.

El embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, dijo el 13 de mayo que el país “tiene una oportunidad histórica para convertirse en una potencia energética” y las empresas norteamericanas ayudarán a “fortalecer la seguridad energética”. Dos meses antes, la embajada había publicado un documento sobre cooperación en energía nuclear. Y el ministro de Defensa, Carlos Presti, publicó esta semana un texto en La Derecha Diario donde plantea cómo proteger la infraestructura crítica de Vaca Muerta, cómo garantizar la soberanía en el Atlántico Sur y cómo enfrentar ciberataques: las mismas preguntas que Palantir, Anduril y las empresas tecnomilitares del ecosistema de Thiel dicen poder responder.

En esa línea parece estar el “súper-RIGI” que Milei anticipó y que se esperaba conocer el detalle del proyecto de ley este viernes: un régimen especial para la inversión de empresas de inteligencia artificial, entre otras industrias que aún no están en el país. Manuel Tufró, experto en seguridad del CELS, lo advirtió con precisión: estas tecnologías “se adoptan sin ningún tipo de estudio previo ni discusión política más amplia sobre si son necesarias y para qué se van a usar”. 

El tablero de Thiel tiene muchas fichas. Las piezas se mueven entre la energía, los datos y la inteligencia. El rey está en Casa Rosada. La reina, en Palantir. Y todos los peones —funcionarios, empresarios, asesores, embajadores— parecen moverse en una sola dirección: la que marca el mismo hombre que el sábado pasado se sacó una foto con la medalla del tercer puesto en un club de barrio de Almagro.

MC

Un reencuentro entre el editor y la niña de la foto, cincuenta años después

Gabriela Schroeder, hija de desaparecidos uruguayos, y Robert Cox, exdirector del Herald, delante de la tapa del diario que denunció el secuestro de la mujer y sus hermanos

A partir de una nota de este diario, una hija de dos uruguayos asesinados por la dictadura y el exdirector del Buenos Aires Herald se volvieron a ver. En mayo de 1976, Gabriela Schroeder y dos hermanos fueron entregados a su abuelo tras una épica edición periodística de Robert Cox. No se habían reencontrado.

El periodista, 92 años, bastón en mano, espera erguido, con una sonrisa cálida, muy propia de su rostro, a metros de la puerta de entrada. Mediodía soleado y templado en el inicio del otoño de Buenos Aires. Gabriela baja del auto y camina decidida. Se dan un abrazo sentido y, a la vez, con la distancia propia de dos personas que se vieron una única vez, cincuenta años atrás, el 31 de mayo de 1976.

—Me acuerdo perfectamente de tu abuelo, un hombre valiente.

—Gracias por todo.

Gabriela Schroeder y su tío Damián Schroeder viajaron desde Montevideo para este encuentro. Es 28 de marzo y Robert Cox está próximo a regresar a Charleston, Carolina del Sur, donde vive varios meses al año. Suele permanecer en Buenos Aires durante los actos de conmemoración de las víctimas del terrorismo de Estado.

En aquella oportunidad de 1976, Gabriela Schroeder y sus dos medios hermanos, Victoria y Máximo Whitelaw, acababan de ser liberados tras girar por casas de represores y el centro clandestino de detención de la calle Bacacay, en Flores, destinado a víctimas de países del Cono Sur. Gabriela tenía cuatro años, Victoria, uno, y Máximo, tres meses. La madre de ellos, Rosario Barredo, y el padre de los dos más pequeños, William Whitelaw, habían sido desaparecidos y luego asesinados junto a dos prominentes políticos uruguayos, Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini.

Gabriela Schroeder y Robert Cox, el 28 de marzo de 2026.

Juan Pablo Schroeder, el “hombre valiente” para Cox, “extraordinario” para Gabriela, se precipitó a viajar desde Montevideo a Buenos Aires, al enterarse del secuestro de la pareja Barredo-Whitelaw (ambos tupamaros), y de los tres niños. Plena tormenta de terror en el Rio de la Plata. Una persona lo escuchó: Cox.

El director del Buenos Aires Herald volcó toda la presión periodística y personal con la que contaba para que aparecieran los hermanitos. Publicó su foto en tapa del diario y encaró personalmente al ministro del Interior y jerarca represor, Albano Harguindeguy: “Tienen que devolver a los nietos”.  

Los devolvieron en un hospital de Florida, norte del conurbano, y de allí fueron trasladados en ambulancia a una comisaría, donde fue a buscarlos el abuelo Schroeder, un exitoso abogado de Montevideo, con afinidades por el Partido Nacional y varios hijos de izquierda y/o tupamaros. Gabriela recuerda el encuentro con su abuelo ataviado con un saco que, a los ojos de aquella niña de cuatro años, le pareció enorme.

Cox escribió el reencuentro en una crónica publicada en el Herald, el 31 de mayo.

“Vi a los chicos ayer por la tarde, mientras jugaban con juguetes desparramados en una habitación en la casa de un primo (en alusión al departamento de Gustavo Schroeder, tío de Gabriela, frente al Jardín Botánico). Parecían estar saludables y felices, a pesar del calvario. Gabrielita, de cuatro años, no dijo nada acerca de lo que pasó, pero le contó a uno de la familia Schroeder que papi estaba cuidando a su mami, que estaba enferma”.

El 23 de marzo pasado, elDiarioAR publicó la historia de cómo un pequeño periódico dirigido a la comunidad británica, los docentes de inglés, las embajadas y los ejecutivos de empresas extranjeras había sido decisivo para salvar la vida de los tres niños de las garras de la coordinacion de las dictaduras del Cono Sur, mientras casi toda la prensa guardaba un silencio cómplice. La carta de agradecimiento de Schroeder a Cox, rescatada por David Cox años más tarde, lo explica todo.

“Al heraldo de la trompeta, y adhiriendo a la causa, su nombre ha quedado para siempre grabado en mi vida y en la de mi familia. Cuando regresé a Montevideo, iba acompañado por el retrato de mi hija y las fotografías de los niños rescatados que aparecieron en la primera plana de su periódico”.

Tapa del Buenos Aires Herald del 28 de mayo de 1976.

Al releer la historia que los tuvo como protagonistas, Cox y Gabriela Schroeder tuvieron ganas de verse, y acá están, seis días después de publicada la nota, en Pilar, en la casa de Uki Goñi, cronista de aquella redacción del Herald y uno de los sostenedores de la memoria del diario.

Goñi desplegó en una gran pantalla de una computadora la tapa del Herald del 27 de mayo de 1976, con el título “Ayúdenme a salvar a los chicos”, junto a dos caritas serias de Gabriela y Victoria, y un bebé de semanas, Máximo, con una mano que se posa sobre él, probablemente de Rosario Barredo.

Quien editó ese título y la niña mayor de las fotos miran ahora una portada en blanco y negro que está entre las más importantes de la prensa gráfica argentina, si es que salvar tres vidas destinadas a desaparecer o ser fraguadas por los represores amerita en algún ranking de relevancia.

Se ve que Bob y Gabriela no son de lágrima fácil, aunque los abrazos se repiten y se van aflojando. En cambio, Damián Schroeder —el tío más joven, el menor de siete hermanos, entre ellos, Gabriel, padre de Gabriela, asesinado en un supuesto enfrentamiento en Montevideo, en 1972— casi no puede hablar sin llorar.  

Años difíciles

Cox vive años difíciles. En 2023 murió su esposa y madre de sus hijos, Maud Daverio, mucho más que un apoyo espiritual en la denuncia de las atrocidades de la dictadura cívico-militar, que celebraban personas de su entorno social, profesional y familiar. También falleció hace poco el hijo mayor de la pareja Cox-Daverio. El periodista apenas soporta que Donald Trump gobierne Estados Unidos, el país que lo recibió del exilio argentino en 1980 y al que ahora ve bajo el signo “fascista”.

La denuncia de la dictadura y la memoria de sus crímenes fueron un pilar de la vida de Cox desde 1976 hasta hoy, tanto como la mirada crítica hacia el Herald de las décadas posteriores, incluido el período en que lo dirigió quien escribe (2013-2017).

Gabriela Schroeder, Robert Cox, Uki Goñi y Damián Schroeder, en Pilar, el 28 de marzo de 2026

Cox debió lidiar con sus propios prejuicios y equivocaciones. En el momento en que el director recibía el pedido de auxilio de Schroeder y tantos otros —en un comienzo, familias con ascendencia anglo; luego, todo el mundo desamparado—, estaba convencido de que Jorge Rafael Videla era el general probo necesario para reestablecer la democracia y doblegar al “terrorismo”. Los secuestros y las desapariciones que las páginas del Herald denunciaban eran obra —a su entender— de militares radicalizados y herederos de la Triple A. El periodista se afirmó en esa explicación hasta el mismo momento en que partió el avión que lo llevaría a una primera escala del exilio en París, junto a Maud y sus cinco hijos, en diciembre de 1979.

El director del Herald circunscribió la responsabilidad de las amenazas recibidas por él y su familia a represores “duros” como Carlos Guillermo Suárez Mason y Emilio Eduardo Massera. Recién en los primeros meses de la década de 1980, Cox comprendería la magnitud cabal del papel de Videla y el exministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz en el terrorismo de Estado. Asimiló el giro. Desde entonces, nunca cesó el reclamo de justicia, ni intentó maquillar su grado de adhesión al golpe de Estado de 1976. Enfrentó implacablemente a los cínicos que apostaron por “dar vuelta la página”.

Los silencios

Gabriela dedicó los últimos quince años a llenar silencios que prevalecieron en sus grupos de pertenencia y su país.

Ese “consenso” que desde este lado del Río de la Plata se vive con cierta admiración, porque permite la charla civilizada entre expresidentes de signo opuesto, para la hija de Gabriel Schroeder y Rosario Barredo tiene una contracara dolorosa.

Aunque el reclamo de memoria, verdad y justicia de Uruguay tiene presencia y protagoniza marchas masivas cada 20 de mayo —fecha instaurada en honor a Michelini, Gutiérrez Ruiz, Barredo y Whitelaw—, el acuerdo de convivencia incluyó un capítulo de impunidad y olvido, llevado a cabo por instituciones y cierta nomenklatura política, en forma sutil, como quien disimula.

No fue sólo una cuestión de extupamaros, blancos, colorados y represores que entendieron que era mejor no juzgar. Dos veces, en 1989 y 2009, una ajustada mayoría de los uruguayos votó por no derogar la ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, forma oriental de llamar a una impunidad, que apenas pudo ser sorteada en juicios puntuales en las décadas recientes.  

En el diálogo con Cox, Gabriela Schroeder da cuenta de una resistencia desde el fondo de su alma al destino de ser apropiada por los represores. Un integrante de la patota que secuestró y robó a la familia el 13 de mayo de 1976 —probablemente el oficial del Ejército uruguayo José Nino Gavazzo, un coordinador del Plan Condor y jefe de los grupos de tareas— le llevó algunos de sus juguetes sustraídos de la casa familiar en la calle Matorras 310, Caballito, a uno de los domicilios en los que estuvo alojada. Gabriela se recuerda irascible, rebelde y acusatoria hacia las familias por las que transitó en esas tres semanas. “Me dieron una muñeca negra que trajeron de mi casa y la descogoté en el acto”. Escuchado medio siglo más tarde, el acto de resistencia causa una sonrisa.

Rosario Barredo, embarazada de Máximo, con sus hijas Gabriela y Victoria

El terrorismo de Estado se encontraba en su apogeo y lo que siguió se complicó todavía más para los Schroeder. En cuanto organizó los papeles, el abuelo regreso con su nieta y los otros dos hijos de su nuera a Montevideo. Allí siguieron los allanamientos y la persecución a tíos de Gabriela.

Esteban Schroeder —quien viajó junto a Gabriela a un homenaje en la Legislatura porteña a los cuatro desaparecidos uruguayos, que impulsó el legislador Leandro Santoro el jueves pasado— fue la siguiente víctima. En junio de 1976 fue secuestrado por la dictadura y permaneció desaparecido 55 días en el centro de detención 300 Carlos, y luego fue legalizado como preso. En febrero de 1977, salió en libertad. Al poco tiempo, su padre, Juan Pablo Schroeder, sufrió un ataque cerebral y permaneció hemipléjico hasta su muerte, en 1981.

Máximo y Victoria Whitelaw se exiliaron con su familia paterna en Lyon, Francia. Regresaron a Uruguay con el retorno de la democracia, pero ambos hermanos emigraron ya como adultos a Europa. Él reside en Ginebra como ejecutivo de comercialización del gigante petrolero Total y ella es consultora ambiental radicada en Bruselas. No se les conocen inquietudes públicas sobre la lucha por la memoria, pese a que la mayor manifestación política anual de Uruguay es en memoria de sus padres. Gabriela no juzga a sus hermanos, con los que no tiene una relación fluida. “Hay mil formas distintas de enfrentar un dolor tan grande”.

El camino de Gabriela no fue lineal. Terminado el secundario en Montevideo, partió a Chile, un país en el que había vivido con su madre hasta la caída de Salvador Allende, en septiembre de 1973. Se recibió de ingeniera en acuicultura y desarrolló una carrera profesional. Chile, su segunda (o tercera) patria, no era ajena a la impunidad que reinaba en su Uruguay natal.

En Uruguay no prosperó algo parecido a una organización como HIJOS de Argentina, que ayudara a los hijos de desaparecidos a reconstruir una trama para conocer mejor a sus padres

Recién se asumió como víctima cuando ya era madre de tres hijos, hoy en sus veinte. Los procesos y condenas judiciales en Argentina por los campos de concentración Automotores Orletti y Bacacay, por los que pasaron muchas víctimas extranjeras, y una terapia la ayudaron a comprender que ella misma, secuestrada, con sus juguetes profanados, desaparecida dos semanas, reaparecida una madrugada oscura en un hospital, sus padres asesinados, atormentada junto a sus hermanos, era también una víctima de dos dictaduras cívico-militares, la uruguaya y la argentina.

Gabriela Schroeder, antes de ser secuetrada

En Uruguay no prosperó algo parecido a una organización como HIJOS de Argentina, que ayudara a los hijos de desaparecidos a reconstruir una trama para conocer mejor a sus padres. Gabriela cree que también faltan espacios institucionales consolidados. Aunque importantes sectores del Frente Amplio reivindican la memoria histórica, el máximo líder reciente de esa alianza, José Mujica, fue un mentor de los extupamaros que prefirieron “no reabrir heridas”, otro de los eufemismos de la impunidad.

Gabriela Schroeder habla fuerte y claro en la tarde de Pilar: “Para el Estado uruguayo, yo soy un 'familiar' de desaparecidos. No hay una voz ni un reconocimiento a los niños que fuimos víctimas. Tampoco en la prensa”.

Gutiérrez Ruiz, el “Toba”, fue presidente de la Cámara de Diputados por el Partido Nacional. Michelini es un apellido fundacional del Frente Amplio. El Toba y Zelmar aparecieron muertos en el mismo auto Torino junto a Barredo y Whitelaw, en una intersección del barrio de Flores Sur.

Ya de por sí, la pertenencia a Tupamaros genera distancia en el segmento de Uruguay en el que campea la teoría de los dos demonios. En el momento de su desaparición seguida de muerte, la pareja había salido del MLN- Tupamaros hacia la organización Nuevo Tiempo. Se suma que Whitelaw fue señalado como administrador de los fondos obtenidos de secuestros extorsivos de la organización armada. Ese elemento fue utilizado por el represor Gavazzo y otros personeros de la dictadura para desviar la responsabilidad hacia una disputa por dinero dentro de la guerrilla.

Gabriela no tiene certezas sobre el papel de Whitelaw en la tenencia de esos fondos, pero confirma que en la casa de Matorras 310, arrasada por el grupo de tareas, había dinero escondido.

En la tarde del jueves, en el acto de la Legislatura, estuvieron presentes el expresidente Julio María Sanguinetti, del Partido Colorado —firme defensor de la ley de Caducidad—, el presidente Yamandú Orsi, la vicepresidenta Carolina Cosse y varios referentes del Frente Amplio, así como representantes del peronismo, el PRO y otros bloques, y organismos de derechos humanos. Gabriela, Facundo Gutiérrez Ruiz y Santiago Gutiérrez Silva —hijo y nieto de Héctor Gutiérrez Ruiz—, y Rafael Michelini —hijo de Zelmar— recibieron reconocimientos por sus familiares asesinados.

En la enésima contradicción, Gabriela Schroeder siente a su “Buenos Aires querido, pero también el lugar en el que viví los mayores horrores”.

En el atardecer del sábado, el Buquebús comienza a moverse hacia Montevideo. Dice que sintió a las calles porteñas como propias, y que son su segunda casa, incluso más que las de Santiago, donde vivió 25 años.

Facundo Gutiérrez Ruiz, Gabriela Schroeder, Esteban Schroeder y Santiago Gutiérrez Silva, en la puerta de la Legislatura, el 21 de mayo de 2026. Los Gutiérrez son hijo y nieto de Héctor Gutiérrez Ruiz y los Schroeder, hija y hermano de Gabriel Schroeder.

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SL

Tedeum, Gabinete y mesa política: la semana en la que Milei intentará bajar la tensión interna

Tedeum, Gabinete y mesa política: la semana en la que Milei intentará bajar la tensión interna

El oficialismo llega al 25 de Mayo atravesado por el avance del caso Adorni, el enfrentamiento entre Santiago Caputo y Martín Menem y las dudas sobre el funcionamiento del círculo íntimo libertario. Rumores de una inminente cumbre entre el asesor y Karina Milei.

La DDJJ de Bullrich para presionar a Adorni: la casa y el campo de siempre, más $9.000.000 que le debe el Estado

La Casa Rosada llegará al 216° aniversario de la Revolución de Mayo atravesada por una paradoja cada vez más visible. Mientras Javier Milei intenta volver a concentrar la agenda pública con el envío al Congreso de un nuevo paquete de proyectos de ley, el corazón político del oficialismo volvió a entrar en una zona de turbulencia. La demora en la declaración jurada de Manuel Adorni y la pelea abierta entre Santiago Caputo y Martín Menem, terminaron alterando el delicado equilibrio interno del Gobierno justo cuando el Presidente buscaba exhibir una etapa de mayor estabilidad política.

El episodio dejó además una sensación incómoda dentro del propio oficialismo: que, por primera vez en varios meses, la agenda defensiva volvió a imponerse sobre la ofensiva. En distintos despachos de Balcarce 50 admiten que el caso Adorni empezó a generar un desgaste inesperado, no sólo por la investigación judicial en sí, sino porque golpea sobre uno de los pilares discursivos de Milei: la idea de una administración moralmente distinta al resto del sistema político. La preocupación crece además porque la demora en la presentación de la documentación patrimonial ya no aparece únicamente como un problema judicial. También empezó a convertirse en un problema político y comunicacional para un Gobierno que hizo de la transparencia uno de sus principales argumentos identitarios.

Milei al centro de la foto del gabinete, el día de la presentación del informe de gestión de Adorni.

En ese contexto, la semana que arrancará este lunes con el Tedeum del 25 de Mayo en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires aparece en la Casa Rosada como mucho más que una secuencia protocolar. De movida, marca la ruptura total con la vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien fue no invitada a la ceremonia.

Después de días atravesados por internas, operaciones cruzadas y reuniones suspendidas, el Gobierno apuesta a reordenar la escena pública con una nueva reunión de gabinete convocada para después de la ceremonia religiosa y un nuevo encuentro de la mesa política previsto para el martes a las 11.

En Balcarce 50 esperan con atención la homilía del arzobispo Jorge García Cuerva. Cerca del Presidente descuentan un mensaje “duro”, en línea con las últimas intervenciones de la Iglesia frente al deterioro social, aunque creen que también habrá referencias a la baja de la pobreza que el oficialismo convirtió en uno de sus principales argumentos políticos de las últimas semanas. La expectativa oficial alrededor del discurso ocurre además en un contexto de recomposición del vínculo institucional con la Iglesia, luego de la reunión que mantuvieron días atrás distintos representantes eclesiásticos con los ministros Sandra Pettovello y Pablo Quirno. Todo eso, además, mientras vuelven a crecer las versiones sobre una posible visita del papa León XIV a la Argentina en noviembre.

El canciller Pablo Quirno, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello y el secretario de Culto, Agustín Caulo, se reunieron con el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva.

Pero detrás de la agenda institucional, el clima político del Gobierno sigue marcado por una acumulación de tensiones que el oficialismo todavía no consigue terminar de ordenar. El caso Adorni se transformó en el principal foco de preocupación interna. Aunque Milei decidió blindarlo políticamente y descarta pedirle la renuncia, la demora en la presentación de su declaración jurada completa empezó a generar incomodidad incluso entre funcionarios que hasta hace pocos días defendían el manejo del tema sin reparos. La Justicia esperaba recibir esta semana la documentación patrimonial pendiente, pero en el Gobierno ya deslizan que podría postergarse hasta fines de mayo o incluso comienzos de junio.

La situación tensionó además las relaciones dentro del gabinete. Patricia Bullrich quedó aislada después de reclamar públicamente que Adorni presentara “de inmediato” su situación patrimonial, pero aun así participaría de la reunión de gabinete del lunes, pese a las versiones que circularon en los últimos días sobre un supuesto corrimiento impulsado por Karina Milei. Su presencia volverá a ser observada como un indicador del delicado equilibrio interno que intenta preservar el oficialismo.

Patricia Bullrich y Manuel Adorni en el despacho de la senadora.

Como telón de fondo aparece además la interna cada vez menos subterránea entre Santiago Caputo y Martín Menem, que estalló durante el fin de semana pasado alrededor de la cuenta de X @PeriodistaRufus. La pelea obligó al propio Milei a intervenir para bajar la tensión. Desde entonces, distintos sectores del oficialismo empujan una instancia de recomposición interna que podría tener un gesto simbólico fuerte en las próximas horas: una eventual cumbre entre Karina Milei y Santiago Caputo, algo que no ocurre desde hace meses, pero que fuentes del entorno del asesor niegan.

La relación entre los dos principales polos del poder libertario nunca terminó de romperse formalmente, pero sí atravesó un progresivo enfriamiento político desde las disputas por el armado territorial y el caso Spagnuolo. Por eso, la sola posibilidad de una foto o una reunión entre Karina y Caputo ya es leída dentro de La Libertad Avanza como un intento de Milei por reconstruir equilibrios internos en un momento delicado.

Karina Milei y Santiago Caputo, los dos vértices del poder libertario, siempre en tensión.

El martes, a las 11, la mesa política volvería a reunirse después de una semana atravesada por cortocircuitos. Allí confluyen, además de la hermana del Presidente y el asesor estrella, los primos Menem, Adorni y otros funcionarios del círculo más cercano al Presidente. La incógnita no pasa sólo por quiénes se sentarán finalmente alrededor de la mesa, sino por el verdadero estado de situación del oficialismo después de varios días en los que, apuntan en Balcarce 50, las operaciones cruzadas terminaron desplazando el eje económico que Milei intenta volver a poner en el centro de la escena.

En la Casa Rosada sostienen que la economía sigue siendo el principal activo del Gobierno y creen que la desaceleración inflacionaria y la baja de la pobreza les permiten atravesar el ruido político sin costos inmediatos. Pero la semana que arranca pondrá a prueba algo más profundo: la capacidad del oficialismo para ordenar su propia dinámica interna mientras intenta sostener el blindaje alrededor de Adorni y contener una estructura de poder que, pese a los esfuerzos por exhibir disciplina, vuelve a mostrar fisuras cada vez más visibles.

PL/MG

No te va a gustar

No te va a gustar

La discusión entre Brad Mehldau y un crítico del New York Times, sumada al rechazo que recibió Fito Páez por presentar su nuevo disco en vivo, abre una misma pregunta de fondo: qué lugar queda para el gusto, el riesgo y la incomodidad artística en una época cada vez más atravesada por la lógica del consumo y la satisfacción inmediata.

Las polémicas estéticas parecen, en un mundo al borde de ciento cincuenta ataques de nervios, un divertimento tan extravagante como lo eran las discusiones sobre el peso del alma entre filósofos medievales. Así y todo, creo que justamente por eso tienen valor: cuando todo se vuelve mercancía y obsesión utilitaria, los debates abstractos e inútiles se convierten en un fuego sagrado que más que nunca hay que mantener encendido. O es la excusa que me inventé para interesarme por dos conversaciones sobre crítica, gusto y cultura que vi pasar en estos días.

La primera, un poco más alejada de nuestro hemisferio: hace casi un mes, el New York Times publicó una lista de “los treinta compositores de canciones americanos vivos más grandes de los últimos treinta años”. Más allá de que estas listas estén hechas para pelearse, me interesó sobre todo la discusión que se dio entre Jon Caramanica, uno de los autores del ranking, y Brad Mehldau, tal vez el pianista de jazz vivo más importante (¿con la sola competencia de Keith Jarrett?). El debate está bien resumido en este textazo de Mehldau , que se revela como un crítico cultural y autor de un nivel como para humillar a los que nos dedicamos teóricamente a escribir y encima no sabemos tocar en el piano más que el feliz cumpleaños. Mehldau está muy enojado porque Caramanica no solo no puso en la lista a Billy Joel (uno de los cantautores favoritos de Mehldau), sino que encima tuvo el tupé de justificarse diciendo, en pocas palabras, que Billy Joel es reiterativo, que está todo bien con él, a “mucha gente que quiero le gusta” (frase que Mehldau interpretó, creo que correctamente, como una acusación de que se trataba de un gusto poco sofisticado) pero no le parecía suficientemente innovador como compositor como para que valiera la pena incluirlo en la lista. Mehldau es músico, y de los más exitosos de su medio: está en una posición bastante rara en el siglo XXI, que es que realmente no necesita ya quedar bien con ningún crítico ni con ningún medio, ni siquiera con músicos mainstream. Lena Dunham no se animó a criticar a Taylor Swift en nada en su memoir; Mehldau no se priva de hacerlo, no por alguna animosidad contra ella, todo indica, sino por lo que para él representan esos críticos de cincuenta años que se creen demasiado cool para Billy Joel pero se pasan la vida glorificando a artistas pop casi adolescentes para demostrar que, aunque sean críticos de rock de cincuenta años, están en la onda.

Más allá del chusmerío y lo bueno que es Mehldau insultando (yo si fuera Caramanica cambiaría de trabajo, de país y de planeta después de semejante paliza), lo interesante es el argumento central: a Mehldau no le molestaría si a Caramanica le gustaran mucho las canciones de Taylor Swift, o si realmente considerara que Young Thug es mejor compositor que James Taylor. Lo que le molesta a Mehldau es que Caramanica se pase el día escribiendo sobre pop, o sobre rap, o sobre lo que sea que se vea joven y canchero en el momento correspondiente, sin que quede claro que genuinamente le interesen esos géneros o autores como manifestaciones musicales. Para Mehldau, Caramanica incurre en un pecado muy frecuente hoy en la crítica musical y en la crítica cultural en general: pensar que su trabajo consiste en un análisis sociológico, frío y supuestamente refinado de “fenómenos culturales”, que prescinde no solo del análisis formal sino, y mucho peor, de una relación real, afectiva y entusiasta con la obra en cuestión. Está perfecto escribir una, dos, o tres notas, digo yo parafraseando a Mehldau, sobre por qué se pone de moda tal artista, quiénes lo escuchan y cuál es su atractivo, incluso si uno no lo vive en carne propia: pero ¿cuándo se volvió poco cool, efectivamente, estudiar y analizar con placer las cosas que a una efectivamente le gustan? Me parece particularmente interesante la relación que Mehldau establece entre este gusto personal y emotivo y la crítica musical que vale la pena: si a una efectivamente no le gusta, por caso, Romeo Santos, es obvio que lo que escriba sobre Romeo Santos va a ser externo y frío. Lo que dice Mehldau es que además de externo y frío ese análisis será chato. Hacer crítica musical no es hacer ciencia: la distancia con la obra no siempre “suma”. Lo pienso en términos de mi propia práctica, en las veces en que he caído en eso que dice Mehldau, y me pregunto si alguna vez escribí algo interesante sobre algo que no me interesara, o que me interesara “como fenómeno”, que es casi decir lo mismo. Creo que efectivamente Mehldau tiene razón: cuando dejamos de confiar en nuestro propio oído o nuestras propias lecturas, en los que realmente nos emociona y lo que no, terminamos refugiados en una sociología de café que quizás nos sirve a algunos adultos para entender “en qué anda la juventud”, pero rara vez le sirve a nadie para pensar mejor en la música que escucha. Que no sé si es lo único que debería hacer la crítica, pero seguro es parte de su tarea: más en un momento en que todo está cerca y disponible, y quizás lo mejor que puede hacer el periodismo por nosotros es ayudarnos a curar y pulir la sensibilidad propia, el criterio personal.

Y después estuvo la polémica de Fito: hace unos días, también, Rodolfo Páez recibió una respuesta hostil en el Movistar Arena cuando, en lugar de tocar los hits que la audiencia esperaba, dedicó toda la primera parte de su concierto a una presentación audiovisual de su nuevo disco Novela. Hay mil detalles y mil lecturas disponibles: para algunos, Fito rompe el pacto con el público haciendo un concierto muy distinto de lo que venía ofreciendo; para otros, la gente tiene derecho a aburrirse, sacar el teléfono, levantarse e irse, aunque no a silbar o abuchear. Más allá de todas estas posibilidades, que tienen cada una su grano de verdad, me dan ganas de pensar, sobre todo, en esta idea del contrato con el artista: ¿cambió ese contrato en los últimos años? Los “Flaco, tocá muchacha” existieron siempre; las redes solo los amplifican. Me cuesta, sin embargo, no pensar que efectivamente la palabra contrato no es inocua en este contexto: que si antes era metafórica, se vuelve una palabra con mucho peso en un mundo cada vez más transaccional, en el que el cliente siempre tiene la razón. De hecho la gente entró al Instagram de Fito a dejar sus insultos en vivo, como si se tratara de reseñas en Google Maps: muchas respuestas hacían alusión al precio de las entradas, o a “vine con mis hijos y se durmieron”, como si eso tuviera alguna relación con el artista. No sé si está bien o mal, pero si me atrevo a aventurar esta intuición: yo no creo que Fito le haya faltado el respeto a su audiencia, pero incluso si lo hubiera hecho, antes nos aguantábamos las locuras de los artistas con mucha más entereza, y eso tenía un valor. Pasarla mal en un concierto, aburrirse o asquearse tenía un valor, y hoy ya no lo tiene; sobre todo comparado con “valores reales” como el dinero de la entrada o una salida en familia que solo tenía que dejarnos a todos de buen humor. Lo curioso es que la conversación de Mehldau pone el acento en lo que te gusta, y la de Fito en lo que no te gusta, pero en el fondo, y quizás hasta en la superficie, los dos están hablando de lo mismo.

TT/MG