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El avance de la variante Delta y el aumento de casos por la "bisagra" del fin de semana XL: ¿puede haber una nueva ola?

El avance de la variante Delta y el aumento de casos por la

Luego de meses de intentos por retrasar el impacto de la variante Delta en Argentina, finalmente la prevalencia de la variante Delta de coronavirus continúa avanzando en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y en CABA representa un 35,9% de las muestras estudiadas. "Lo que observamos en la Ciudad de Buenos Aires es que en las semanas 37 y 38 (hasta el 25 de septiembre) la variante Delta alcanzó el 35,9% de las muestras que secuenciamos, igualando la prevalencia de la variante Gamma (que se originó en Manaos) que hasta el momento era la predominante”, informó el virólogo e investigador Humberto Debat a Télam. Mientras que en la provincia de Buenos Aires "la Delta alcanzó una prevalencia del 37,5%, mientras que Gamma sigue siendo mayoritaria (56,3%) y Lambda (Andina) quedó en un 6,3%".

Cuando la Delta parecía no terminar de llegar al país, los especialistas coincidieron en que se debía “gracias” a la presencia de variantes como Gamma y Lambda, que competían entre sí. El virus original de Wuhan fue totalmente desplazado cuando entraron las variantes que salieron de su propia raíz. Hay una competencia que demora la entrada de Delta al país, que es la más contagiosa. Cuando llegaron Manaos y la inglesa, desplazaron a la de Wuhan. Algo que es más contagioso y más fuerte lo desplaza”, había dicho en agosto Hugo Pizzi, médico infectólogo y epidemiólogo en diálogo con El DiarioAR.

Ahora, la Delta avanza lenta pero segura y coincide con que esta semana fue la primera en cinco meses en la que los casos de Covid-19 dejaron de bajar. El miércoles se registraron en el país 1.218 casos de coronavirus y 33 muertes, mientras que el jueves pasado fueron 1.086 los contagiados y 37 las muertes. Para la médica infectóloga Silvia Ayala, el fin de semana largo por el 12 de octubre fue el “momento bisagra”. “Es comparable a lo que pasó en Semana Santa. Hubo gran movilización de personas y se liberaron actividades. Esta semana se empieza a notar. Hay que ver cómo sigue porque tenemos 55% de población vacunada. Hay que seguirse cuidando, después de un año y medio no podemos tirar tanto sacrificio por la ventana”, alertó.

“Es lo mismo que pasó con el virus original y las variantes Alpha, Gamma y Lambda. Hay una interacción entre las variantes, pero Delta es la más contagiosa. Probablemente la Delta pase a ser la variable predominante hasta que aparezca otra. Es un juego entre variantes. Con esto estamos aprendiendo”, explicó.

Sobre un posible pico de casos de Delta, Ayala advirtió que basta con mirar lo que pasó en países como Reino Unido, Israel y Estados Unidos para entender que es muy probable que suceda. Sin embargo, lo que podría llegar a beneficiar al país es la gran cantidad de infectados con la variante Manaos desde que comenzó la pandemia: “Puede ser que tengamos alguna protección distinta que la concedida por el virus original, pero eso no lo sabemos. No está estudiado qué pasa con la inmunidad natural concedida por la variante Manaos contra la Delta. Esa podría ser una ventaja. Hay que ver qué pasa en Brasil, donde arrasó la variante Manaos. Sería algo interesante para estudiar”.

La infectóloga instó a la población a vacunarse y opinó que el ritmo de inoculación en el país es “muy lento”. “Llevamos 10 meses y tenemos el 55% de la población vacunada con dos dosis. Hay países que en 3 meses vacunaron al 80%. Venimos con un ritmo lento y es urgente completar segundas dosis y trabajar en los jóvenes que no aceptaron la vacunación. Hay mucha tarea por realizar y hay que entender que la vacunación es el camino para el control de la pandemia”, manifestó.

Por último, se refirió al levantamiento de la obligatoriedad del uso de barbijo en espacios públicos y si bien coincidió en que el riesgo es muy bajo cuando no hay contacto en espacios abiertos, “si están abrazados y amontonados hay que usar el barbijo igual porque la variante Delta se contagia también al aire libre”. “Hay que seguir cuidándonos, mínimo como respeto a nosotros mismos”, concluyó.

SC

Sigue sin haber verdaderos líderes contra la crisis climática, ¿quién dará el paso en la cumbre de Glasgow?

Sigue sin haber verdaderos líderes contra la crisis climática, ¿quién dará el paso en la cumbre de Glasgow?

El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó el reciente informe del IPCC sobre la crisis climática es un "código rojo" para la humanidad. "Estamos al borde del abismo", dijo.

Habría cabido esperar que esas palabras hicieran sonar algún tipo de alarma en nuestra sociedad. Pero como en tantas ocasiones anteriores, nada de eso ocurrió. La negación de la crisis climática y ecológica es tan profunda que ya casi nadie se da por enterado. En una crisis que no se está tratando como tal, las sucesivas advertencias existenciales siguen ahogándose en el flujo diario de noticias y la constante marea de acciones que se hacen pasar por ecológicas para lavar la imagen.

Y sin embargo todavía hay esperanza. Pero es una esperanza que comienza con la honestidad.

La ciencia no miente. Los hechos son muy claros, aunque nos neguemos a aceptarlos. Nos negamos a reconocer que en este momento nuestra elección es entre salvar un planeta vivo o salvar nuestro insostenible estilo de vida. No somos capaces de reconocerlo porque queremos tener las dos cosas. Exigimos tener las dos cosas.

Pero la verdad innegable es que llevamos mucho retraso como para lograr eso. Por muy incómoda que suene, esta es la realidad que nuestros líderes han elegido para nosotros con sus décadas de inacción. Sus décadas de blablablá.

La ciencia no miente. Necesitamos que nuestra reducción anual de emisiones tenga un nivel de inmediatez y de profundidad como nunca se ha visto en el mundo si queremos mantenernos por debajo de los objetivos fijados en el acuerdo de París de 2015 y minimizar así los riesgos de desencadenar reacciones en cadena irreversibles y fuera de nuestro control. Como no tenemos una solución tecnológica que en un futuro previsible pueda lograrlo por sí sola, eso significa que debemos hacer cambios fundamentales en nuestra sociedad.

Hoy vamos camino hacia un mundo que a finales de este siglo será 2,7 grados centígrados más caluroso, y solo si los países cumplen con todos los compromisos que han asumido. En la actualidad, están lejos de cumplirlos. Citando una vez más a Guterres, estamos "aparentemente a años luz de alcanzar nuestros objetivos de acción climática".

De hecho, estamos yendo cada vez más rápido en la dirección contraria. La previsión hoy es que en 2021 tendremos el segundo mayor incremento de emisiones jamás registrado, con una estimación de emisiones mundiales para 2030 un 16% superior a los niveles de 2010.

Según la Agencia Internacional de la Energía, sólo el 2% del estímulo en gasto público para "reconstruir mejor" se ha invertido en energías limpias; mientras que la producción y combustión de carbón, petróleo y gas recibieron 5,9 billones de dólares en subvenciones solo durante 2020. La producción mundial de combustibles fósiles prevista para el año 2030 representa más del doble de lo que sería coherente con la meta de calentamiento de los 1,5 grados centígrados.

Esta es la forma que tiene la ciencia de decirnos que ya no podemos alcanzar nuestros objetivos sin un cambio de sistema. Lograr esos objetivos requeriría incumplir contratos y abandonar negociaciones y acuerdos en una escala inimaginable, y eso sencillamente no es posible dentro del sistema actual.

En resumen, estamos fracasando en alcanzar unos objetivos que, para empezar, son absolutamente insuficientes. Y eso no es lo peor. En mi propio país, Suecia, una investigación periodística reciente concluyó que los objetivos climáticos del país solo estaban contabilizando un tercio del total neto de emisiones, ya que faltaban por registrar las emisiones derivadas de organismos vivos, de territorios, de bienes importados, de la combustión de biomasa, de las inversiones de los fondos de pensiones, etc... Es razonable suponer que no se trata de un fenómeno exclusivamente sueco.

Sin duda, el primer paso para abordar la crisis climática es incluir en las estadísticas todas nuestras emisiones reales para obtener un panorama mundial fiable. Esto nos permitiría evaluar la situación y empezar a hacer los cambios necesarios. Ningún líder mundial ha propuesto y mucho menos adoptado un enfoque similar. En vez de eso, todos recurren a tácticas de comunicación y de relaciones públicas para aparentar que están haciendo algo.

Un ejemplo de manual es el Reino Unido, un país con una producción anual de 570 millones de barriles de petróleo y gas. Un país con reservas de petróleo y gas equivalentes a 4.400 millones de barriles más que esperan a ser extraídas en la plataforma contintental. Un país que figura entre los diez mayores emisores de la historia.

Nuestras emisiones permanecen en la atmósfera hasta mil años y ya hemos emitido en torno al 89% del máximo de dióxido de carbono (CO2) que nos permitiría no sobrepasar el calentamiento de 1,5 grados centígrados (con una probabilidad de 66%). No es solo por tener en cuenta el asunto de las emisiones históricas y de la equidad. Se trata de entender que lo ya emitido supone el 90% de toda la crisis.

Entre 1990 y 2016, el Reino Unido redujo sus emisiones territoriales en un 41%. Pero si incluimos otras emisiones del país, como las derivadas del consumo de bienes importados, de la aviación internacional y del transporte marítimo, la reducción se parece más a un 15%.

Y eso sin contar con la combustión de biomasa, como la que se produce en la planta de Drax en Selby. Se trata de una central eléctrica muy subvencionada, y considerada "renovable" que, según los análisis, figura en el primer lugar del Reino Unido por sus emisiones de CO2; y en el tercero para toda Europa. A pesar de todo eso, el Gobierno sigue considerando al Reino Unido como un líder mundial en la lucha contra el cambio climático.

Por supuesto, el Reino Unido no es en absoluto el único país que acude a la contabilidad creativa para medir sus emisiones. Es la norma. China, con diferencia el mayor emisor de CO2 del mundo, afirma ser un "pionero" ecológico comprometido a dejar "un mundo limpio y hermoso a las generaciones futuras" a la vez que prepara la construcción de 43 nuevas centrales eléctricas de carbón para sumar a las 1.000 ya en funcionamiento.

O el Gobierno de Estados Unidos, que afirma "escuchar a la ciencia" aunque entre otras muchas decisiones imprudentes haya anunciado recientemente su plan de permitir la extracción de petróleo y gas en millones de acres, lo que podría permitir la producción de hasta 1.100 millones de barriles de petróleo crudo y 4,4 billones de pies cúbicos de gas. Estados Unidos es, con diferencia, el mayor emisor de la historia y el primer productor de petróleo del mundo. Nada de eso parece impedirles afirmar sin rubor que lideran la lucha contra el cambio climático.

La verdad es que no hay líderes contra el cambio climático. Todavía no. Al menos no entre los países de ingresos altos. El nivel de concienciación pública que haría falta para que apareciera un verdadero liderazgo, así como una presión de los medios como nunca se vio antes, simplemente no existen.

La ciencia no miente y tampoco nos dice qué hacer. Pero sí traza un panorama de lo que hace falta. Por supuesto, somos libres de ignorarla y de seguir negándola. O de seguir escondiéndonos detrás de estadísticas incompletas, lagunas y contabilidades creativas. Como si a la atmósfera le importaran nuestras construcciones teóricas. Como si fuera posible discutir con una ley de la física.

Como dijo Jim Skea, uno de los principales científicos del IPCC, "limitar el calentamiento a los 1,5 grados centígrados es posible dentro de las leyes de la química y la física, pero hacerlo requeriría cambios sin precedentes".

Para que la cumbre del clima COP26 de Glasgow sea un éxito harán falta muchas cosas. Pero sobre todo hará falta honestidad, solidaridad y valentía.

Por supuesto, la emergencia climática y ecológica es solo el síntoma de una crisis de sostenibilidad mucho mayor. Una crisis social. Una crisis de desigualdad que se remonta al colonialismo y más allá. Una crisis basada en la idea de que algunas personas valen más que otras y de que eso les da el derecho de explotar y robar su tierra y sus recursos. Todo está relacionado. Es una crisis de sostenibilidad en la que todos saldrían beneficiados si se abordara. Pero es ingenuo pensar que podemos resolver esta crisis sin afrontar sus raíces.

Todo puede parecer oscuro y sin esperanza. Con el alud de informaciones y el aumento alarmante de episodios climáticos, el sentimiento de desesperación es más que comprensible. Pero debemos recordar que aún podemos revertir esta situación. Si estamos dispuestos a cambiar, es totalmente posible.

La esperanza está a nuestro alrededor. Porque lo único que realmente hace falta es un líder mundial o un país rico o un gran canal de televisión o un periódico importante que haga una apuesta por la sinceridad y trate de verdad a la crisis climática como la crisis que es. Un líder que incluya todas las cifras y que tome medidas audaces para reducir las emisiones con el ritmo y la profundidad que exige la ciencia. Todo podría ponerse en marcha hacia la acción, la esperanza, el propósito y el sentido.

El reloj sigue corriendo. Las cumbres siguen celebrándose. Las emisiones siguen creciendo. ¿Quién será ese líder?

Traducido por Francisco de Zárate.

Los desplazados por la crisis climática triplican a los desterrados por violencia

Los desplazados por la crisis climática triplican a los desterrados por violencia

La crisis climática provocó más de 30 millones de desplazamientos en 2020, el número más alto desde el 2012 y tres veces mayor a los desplazamientos generados por conflictos y violencia, aseguró la Fundación Acnur Argentina, que destacó que "no existe un lugar seguro frente al cambio climático, es una emergencia global".

"El cambio climático es la crisis que define nuestra época, y el desplazamiento por desastres es una de las consecuencias más devastadoras del fenómeno", destacó la Fundación que sostiene, además, que se generaron 30,7 millones de desplazamientos en más de 140 países y territorios.

De los 30,7 millones de desplazamientos, 14 millones corresponden a inundaciones; 13,6 millones a tifones, ciclones y huracanes; 1,2 a incendios descontrolados; 518 mil a erupciones volcánicas; 137 mil a terremotos; 46 mil a temperaturas extremas; 32 mil a sequías y 988 mil a otras tormentas.

"El cambio climático está forzando a millones de personas a huir de sus hogares para salvar sus vidas. Se producen inundaciones que arrasan comunidades enteras, sequías que generan hambrunas masivas, tormentas y ciclones que destruyen casas, escuelas, hospitales e historias de vida", precisaron en un comunicado.

Carolina Martinenghi, directora de Comunicaciones de Fundación Acnur Argentina, afirmó que los países frágiles son los que corren el mayor riesgo de exposición. Las personas en situación de vulnerabilidad en países afectados por el conflicto suelen padecer consecuencias desproporcionadas".

"Los refugiados, desplazados internos y apátridas se encuentran en el frente de la emergencia climática", explicó Martinenghi,

Según Acnur, el 80% de los refugiados proceden de los países más vulnerables y menos preparados para adaptarse al cambio climático. Además, 7 de cada 10 desplazados internos (66%) viven en un país de este tipo.

"La escasez de recursos naturales va en aumento en muchas partes del mundo donde se ha dado acogida a las personas refugiadas. El ganado y los cultivos luchan por sobrevivir en lugares donde las condiciones se tornan cada vez más áridas, frías o húmedas y esto pone en riesgo los medios de vida", dijo Martinteghi. Y agregó que sin una acción rápida y ambiciosa, "los desastres climatológicos podrían duplicar el número de personas que precisan asistencia humanitaria hasta alcanzar los 200 millones anuales en 2050".

En la iniciativa Ponchos Azules que lanzó la Fundación y que será entregada a António Guterres, Secretario General de la ONU, en el marco de la próxima Conferencia de Las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26), se reclama emisiones cero en 2050, reducir la huella ambiental y economía sostenible. El objetivo es recolectar 500.000 firmas.

"Este es el compromiso para ayudar a las personas que se ven obligadas a huir debido a los desastres climáticos", destacó Martinenghi.

Con información de agencias.

IG

“Yo era peronista, pero ahora cambié”: el crecimiento del trotskismo en el conurbano

“Yo era peronista, pero ahora cambié”: el crecimiento del trotskismo en el conurbano

“Yo siempre fui peronista, toda mi vida. Milité y todo. Pero acá en el barrio no le importamos al Gobierno. Nos trataron como basura, de negros de mierda, cuando solo queríamos entrar un poco de agua o comida. La izquierda fueron los únicos que se acercaron a ver qué necesitábamos, estuvieron con nosotros cuando nos reprimían. Vimos la mano solidaria en ellos. Y eso me llevó a cambiar del peronismo al partido de izquierda”.

Esther Ardovino habla en la entrada de su casa: una construcción a medio terminar con las paredes desnudas de pintura. Domina el gris, el revoque grueso, manchas oscuras de humedad. Tras una cortina de tela que hace las veces de puerta principal, se escucha un televisor encendido. En el techo hay una antena de televisión satelital. En el piso de tierra con manchones de pasto, dos perros se revuelcan. Salta por ahí un conejo.

Formalmente, legalmente, la casa –aún– no es de Esther. Pero ella –40 años– y dos de sus cuatro hijos –21, 19, 12 y 4 años– ya la hicieron propia. Plásticos rectangulares blancos delimitan su terreno de veinte metros por nueve. También hay una tranquera de madera algo desvencijada. Cada vecino tiene su propiedad delimitada de forma casera. Es el barrio Los Ceibos del kilómetro 32 de la Ruta Nacional 3, González Catán, partido de La Matanza, pero ella lo llama “barrio recuperado 23 de Agosto”. 

El 23 de agosto del 2020, en plena pandemia, fue la fecha en que unas 350 familias ocuparon estas casas que formaban parte de un plan de viviendas que la Acumar (la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo) dejó abandonado hace más de diez años. También es la fecha en que militantes del ahora Frente de Izquierda-Unidad (FITU) comenzaron a acercarse en solidaridad con la toma, como ya habían hecho en Guernica, partido de Presidente Perón.

El acompañamiento de la izquierda a los sectores vulnerables parece no haber sido en vano en términos electorales, y quedó más cristalizado que nunca en las últimas PASO. La noticia que dominó las primarias fue la derrota contundente del peronismo, pero hubo una gran novedad en el ex FIT: se ubicó por primera vez como tercera fuerza en la provincia- también lo fue en la Nación. Y si se repiten los resultados en noviembre, además de lograr dos bancas en el Congreso y en la Legislatura bonaerense, en La Matanza –bastión histórico del PJ– podría hasta llegar a meter un concejal. 

“Es evidente que hay un fenómeno electoral. Y la explicación tiene que ver un poco con la referencia que uno va conquistando, sobre todo con el acompañamiento a las tomas, al laburante, a las mujeres, a los estudiantes”, argumenta Nathalia González Seligra, candidata a diputada nacional por el FITU, que acompañó a elDiarioAR en la recorrida por González Catán. 

Algunos datos duros grafican el fenómeno: en toda la provincia de Buenos Aires, el FITU hizo la mejor primaria desde su fundación, hace ya una década atrás. Alcanzó el 5,2% (430 mil votos), el doble que en 2011. Su mayor apoyo está en el conurbano: unos 366.000 votos. Y puntualmente en La Matanza, obtuvo 6,75% (44 mil votos) para diputados nacionales y 7,49% (casi 49 mil votos) para concejales. El crecimiento no solo es importante con respecto al 2011, sino también con 2017: en localidades como González Catán, Laferrere, Rafael Castillo y Virrey del Pino creció entre el 90 y el 130% en cuatro años. 

 

El sindicato y la pandemia

Uno de los nodos de influencia más importantes de la izquierda en el conurbano es el gremio docente de La Matanza: la seccional del Suteba tiene 10 mil afiliados, siendo 25 mil docentes los que hay en todo el partido. La secretaria gremial, Romina Del Plá, es la segunda en la lista de Nicolás del Caño y podría volver a ingresar a la Cámara baja en noviembre. “Cada docente tiene llegada a las familias”, apunta González Seligra, que también es docente y dirigente, sobre la importancia estratégica de la organización. 

De hecho, fue una maestra de la secundaria Número 30 quien informó al sindicato sobre la toma de las casas abandonadas por la Acumar. La familia de uno de sus alumnos iba a participar. “Desde el gremio vinimos a solidarizarnos –recuerda González Seligra–. Y la juventud de la izquierda vino a laburar con ellos, acompañarlos en el asentamiento, buscaron apoyos en el barrio”. Desde el Suteba se organizaron colectas para los vecinos de la toma, y se reclamó al Consejo Escolar de La Matanza bolsones de alimentos y computadoras y libros para los más de 600 alumnos en edad escolar que identificaron en el barrio.

Y la ocupación de las casas está conectada con la pandemia, porque expuso la fragilidad del tejido social del conurbano. Según señala el investigador del CONICET Rodrigo Carmona en el libro “El conurbano bonaerense en pandemia. Alcances y desafíos desde una perspectiva multidimensional” (Ediciones Universidad Nacional de General Sarmiento), la cuarentena afectó a más de 730 mil personas que identifica como “trabajadores/as más precarios, esto es, asalariados/ as informales y trabajadores/as independientes”.

“Yo quisiera trabajar pero con esto de la pandemia no tenemos trabajo nosotras las mujeres”, dice a elDiarioAR Alejandra Galarza, vecina de Esther. “Uno quiere trabajar, no es que somos vagos. Pero no hay, y si hay, te dan miseria. No podríamos conseguir jamás otra cosa que no sea de limpieza”. Alejandra llegó a la toma con su hija y tuvo que pelear con su cuñado cuando le quiso vender a un tercero la casa que ellas habían ocupado. “La casa no es para lucrar, sino para vivir –asegura–. No tenemos casa y no podemos pagar un alquiler, porque si pagas un alquiler no podes comer”.

La pandemia también fue lo que motivó a Esther a participar de la ocupación: vivía junto a sus hijos y 7 familias más en un terreno de diez por veinte en el kilómetro 26. “Con el Covid encerrados, aislados, todo el tiempo mirando tele que nos decía que nos íbamos a morir, tenía mucha psicosis de que alguien de afuera traiga el Covid. Vi que éramos demasiados y dije basta, hasta acá llegué”, recuerda. Resistió dos meses a la intemperie antes de poder mudarse definitivamente. Incluso se contagió de coronavirus y sufrió un cuadro de neumonía. 

En La Matanza hay 129 barrios vulnerables y es el distrito con más asentamientos informales de toda la provincia: más de 55.000 familias viven en condiciones más que precarias, según el Registro Público Provincial de Villas y Asentamientos Precarios (RPPVAP). Pero los vecinos del 23 de Agosto denuncian que el municipio de Fernando Espinoza solo actuó a través de la policía para reprimir la toma y prohibirles ingresar alimentos, agua, materiales. En las casas abandonadas había ratas y los terreros eran puro pastizales; “un aguantadero”, en palabras de Esther. 

 ¿Una grieta en el poder local?

El espinozismo sería otro de los procesos que habría influido en el crecimiento de la izquierda, según entiende González Seligra. Desde el 2005 gobierna el distrito, pero el año pasado sufrió una larga protesta de los empleados municipales –históricos aliados del intendente– en reclamo de una mejora salarial. La crisis obligó al gobernador Axel Kicillof a intervenir y dictar la conciliación obligatoria a través del Ministerio de Trabajo bonaerense.

Y este año, al calor de las PASO, el propio Espinoza rechazó las internas y decidió él mismo postularse como primer concejal en una candidatura testimonial. La jugada dejó heridos a los movimientos sociales que también tienen peso territorial en el distrito, como el Movimiento Evita o Somos Barrios de Pie. Por lo bajo, hay quienes aseguran que en septiembre se repartieron boletas del FdT cortadas, sin el segmento a concejales

Pese a todo, la hegemonía del PJ es una constante en La Matanza: gobierna desde el retorno de la democracia y, aunque perdió votos, en las PASO ganó de manera contundente. La boleta de Espinoza para concejal le sacó 19 puntos a Juntos (46% contra 27%) y casi 40 al FITU. El poder de Espinoza, según González Seligra, se mantiene en “la resignación de la gente de vivir años y años sin cambios: si no te resignás, el municipio te marca y te buchonea, como a las personas en las tomas”. 

“Yo era peronista porque en La Matanza todo el mundo es peronista. El que no dice que es peronista no es matancero”, asegura Esther entre risas. “En 2019 voté a Alberto, convencida”. Pero en las PASO 2021 no solo votó al FITU, sino que incluso aceptó ser candidata a concejal, aunque en un lugar relegado. “Peleamos para organizar democráticamente a los propios vecinos y que sean ellos mismos los que se planten ante sus problemáticas –pondera González Seligra–. En las tomas hay punteros peronistas que viven ahí, que siempre van a marcar la cancha”.

Consciente de que el Frente de Todos perdió 174.000 votos en el distrito con respecto a las PASO de 2019, en la categoría de diputados nacionales, el sábado pasado Máximo Kirchner estuvo en Villa Palito junto a Espinoza, a 14 km de Los Ceibos. Entregaron 800 escrituras a familias que viven en ese barrio matancero, urbanizado tras una promesa que hizo el por entonces presidente Néstor Kirchner en 2004; es decir, hace más de 17 años. “Las cosas cambian cuando el pueblo entra donde se toman decisiones”, dijo en el acto el líder de La Cámpora.

La situación en el barrio de Esther y Alejandra es bien distinta. Hay una causa judicial por “usurpación” y el paisaje está poco urbanizado: el gas es de garrafa, la luz está “colgada”, el agua la comparten desde un tanque. No hay asfalto, cordón cuneta, veredas, árboles. No hay plazas, escuelas, salitas de salud. No pasa el transporte público. Pero si lo que escasean son los servicios básicos, lo que sobra es la voluntad para subsistir. Detrás de la casa de Esther, un mural pintado con el puño de una mano izquierda le avisa a quien entra al barrio: “Estamos de pie”.

 MC/WC

"En el metro cuadrado de la gente": más cercanía, objetivo de la campaña del FdT a 25 días de la elección

"El metro cuadrado de la gente", repite Antoni Gutiérrez Rubí, el consultor catalán que diagramó y coordina la Campaña del "Sí" con la que el Gobierno trata de remontar, con expectativas difusas, el sablazo del 12-S. Es lo que los dirigentes llaman territorialidad y que, de cara a las elecciones del 14 de noviembre, se recorta como la única herramienta que el peronismo puede desplegar como un plus: la cercanía, el "mano a mano", la ingeniería electoral del día de votación que en el Frente de Todos (FdT) presumen decisiva luego de una PASO en la que la concurrencia electoral estuvo abajo del 70% y que, en algunas barriadas, fue menor al 60%.

"El metro cuadrado" es el nuevo tip, el término fetiche del lenguaje oficial. Alberto Fernández lo ejercitó en sus bajadas, las charlas mano a mano con docentes, trabajadores y vecinos -que ayer tuvo un episodio con alumnos secundarios en Lomas de Zamora- como registro directo de las demandas y malestares de los distintos sectores.

Hay, como contó elDiarioAR, un eje particular de estos días: la suba de precios, que fue de 3,5% en septiembre y tuvo un rebrote más intenso en octubre, lo que generó la reacción oficial del congelamiento. "Pocas cosas, más de metro cuadrado de cada uno que la inflación, que la heladera", dicen en Casa Rosada donde enumeran como otra demanda de cercanía la inseguridad.

La tarde del jueves, Rubí -que tiene su búnker en el Complejo C- estuvo en Casa Rosada y desplegó el argumento de la cercanía frente al jefe de Gabinete Juan Manzur y un scrum de ministros: de Eduardo "Wado" De Pedro a Gabriel Katopodis, de Juan Zabaleta a Matías Lammens, una charla en el Salón Eva Perón en la que estuvieron, además, Aníbal Fernández. Carla Vizzotti y Elizabeth Gómez Alcorta. De afuera del ecosistema Balcarce 50, se sumó Martín Insaurralde, jefe de gabinete de Axel Kicillof, que oficia de "jefe de campaña".

Una revisión de la hoja de ruta de la campaña a 25 días de la elección, 24 horas después de que comenzó la veda de anuncios oficiales. Es una fecha que altera la agenda porque en las últimas tres semanas, el gobierno anudó una lluvia de planes y medidas, dinámica que desde ahora no podrá repetir. Una de ellas, la del bono cultural para jóvenes, fue "frenada" por la jueza María Romilda Servini de Cubría.

La cumbre del atardecer del jueves se repetirá con intendentes este viernes pasado el mediodía, con Manzur e Insaurralde al frente. Hay un hilo que une todas las piezas de rompecabezas oficial: este sábado, en los municipios que gobierna el FdT habrá operativos de control de precios, despliegue para fiscalizar que se cumpla el congelamiento ordenado por el Gobierno pero que tiene, además, un factor político y de campaña: volver a mostrar al peronismo activo, en la calle, al frente de una política que figura al tope de las demandas de los votantes, la inflación.

En el encuentro de ministros nacionales con Rubí, estuvo también Roberto Feletti, que explicó la política oficial en materia del congelamiento, que se convertirá en la primera prueba de fuego de la campaña del "metro cuadrado" cuando el sábado, en el conurbano los intendentes hagan operativos de control de precios.

Con el mismo eje, el Presidente encabeza este viernes un almuerzo en la residencia de Olivos con intendentes del conurbano. Participa una primera línea del Gobierno: el jefe de Gabinete Juan Manzur; el canciller Santiago Cafiero; los ministros de Desarrollo Social, Juan Zabaleta; de Obras Públicas, Gabriel Katopodis; de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez; del Interior, Eduardo De Pedro; de Seguridad, Aníbal Fernández, de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi; y de Transporte, Alexis Guerrera; el secretario General de la presidencia Julio Vitobello; el secretario de Hábitat, Santiago Maggiotti; la titular de Aysa, Malena Galmarini; el administrador general de Vialidad Nacional, Gustavo Arrieta; y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa, Máximo Kirchner.

Los intendentes, según el diagnóstico general que se hace en el Frente de Todos (FdT), son las piezas esenciales para intentar remontar la elección. No hay, salvo casos aislados, dirigentes que crean posible que se pueda dar vuelta el resultado y pocos especulan con que se logre un empate. Pero, de mínima, el oficialismo quiere que no se amplíe la diferencia, los casi 6 puntos que Juntos le sacó al FdT en las primarias del 12 de septiembre.

El tip del metro cuadrado está integrado a la campaña del Sí, que apunta a dar mensajes positivos y empujar a la oposición a estar del lado del "no". "Nosotros salimos a controlar precios, a cuidarle el bolsillo a la gente, a defender a las familias y Juntos, de Larreta a Jorge Macri, dicen que eso no sirve y que va a haber desabastecimiento", explican en el Gobierno.

Al positivismo que propone Rubí se le agregan algunos otros elementos específicos, uno de ellos vinculado a evitar el lenguaje político convencional y otro referido a que no haya actos políticos ni de campaña, sino que todo el despliegue sea de cercanía, casa por casa. "Los actos y los discursos políticos no sirven para nada: son endogámicos, todo para nosotros", especifica un campañista.

PI