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Los empresarios del coloquio de IDEA esperan con escepticismo a Alberto Fernández

Los empresarios del coloquio de IDEA esperan con escepticismo a Alberto Fernández

El coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), una de las principales citas anuales del establishment, siempre invita para el cierre al presidente de turno. Los Kirchner nunca fueron porque vieron en IDEA un reducto del poder económico opositor. Pero Alberto Fernández quiso ser distinto y el año pasado participó del coloquio virtual, mientras en un chat público varios empresarios lo descalificaban. “El Presidente dice cosas, que Cristina (Fernández de Kirchner) contradice. El problema de desconfianza es que él no se le planta, parece que manda ella, por eso no le puedo creer”, escribió Héctor Poli, director de Pluspetrol, entre otros. 

Pese a que aquellas críticas irritaron al Gobierno, Fernández decidió asistir este viernes al cierre del coloquio 2021, que por la pandemia se celebra en Costa Salguero, en lugar de la sede habitual de Mar del Plata. El jefe de Estado había pegado un faltazo a último momento al festejo de la Unión Industrial Argentina (UIA) del pasado 3 de septiembre, al que asistieron empresarios como Paolo Rocca (Techint), pero aquello fue antes del descalabro de las primarias. Ahora Fernández, guiado por el nuevo jefe de Gabinete, Juan Manzur, busca reconciliarse con los hombres de negocios: recibió este martes en la Quinta de Olivos a varios de los más importantes -Rocca y Luis Pagani (Arcor) estaban en el extranjero- y viene cumpliendo una gira por fábricas como la de Toyota, donde se encontró también con jefes de las filiales de las automotrices competidoras. En ese contexto, a último momento decidió que asistirá al cierre del encuentro de IDEA.

"Siempre es bueno que venga y escucharlo, pero no tenemos muchas expectativas", dijo uno de los tantos empresarios que en 2015 se había ilusionado con Mauricio Macri y que tres años después vendía sus acciones, títulos públicos y pesos ante la crisis de su gobierno. "La situación económica está mal y las elecciones fueron adversas para el Gobierno, un cóctel que tendrá impacto en el corto plazo. Se necesitan soluciones inmediatas, pero reaccionan mal con (el nuevo secretario de Comercio Interior, Roberto) Feletti con recetas que han fracasado", continuaba el mismo interlocutor, sentado en un sillón del hall de Costa Salguero, mientras intercalaba mensajes por Whatsapp. El problema radica en que en la Argentina han resultados inútiles casi todos los remedios contra la inflación, tanto heterodoxos como ortodoxos o su combinación. Lo demostró el 53,8% de inflación de 2019, último año de la gestión Macri, y lo está ratificando Fernández, que podría superar esa cifra en 2021 si la inflación continúa acelerándose como en septiembre, cuando el índice mensual dio 3,5% y el interanual, 52,5%.

"A Alberto no le creen mucho", se moderaba un abogado de uno de los principales estudios de la City en el mismo hall, mientras en el auditorio se discutía sobre cambio climático, toda una novedad en la agenda de los coloquios. El ejecutivo de un poderoso grupo empresario ratificaba el mismo parecer: "Hay pocas expectativas con el Presidente. Parece un electrón libre. Se junta con empresarios el martes y al día siguiente Feletti congela los precios. Ayer decía que no venía al coloquio y hoy sí. Con él no se sabe qué va a pasar mañana". Los empresarios se preguntan si después del resultado de las legislativas del 14 de noviembre el Gobierno se radicalizará o si buscará la moderación con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

AR

Manzur llega a los Estados Unidos y vuelve a asomar el poder de un empresario aliado del Gobierno

Manzur llega a Estados y vuelve a asomar el poder de un empresario aliado al gobierno

A menos de un mes de asumir sus funciones como jefe de Gabinete, la visita de Juan Manzur a Estados Unidos muestra su vocación, temprana y explícita, por trascender la gestión acotada a los pasillos de Casa Rosada e ilumina el mapa de relaciones del gobernador licenciado en Tucumán. 

Manzur voló a Nueva York con la excusa de acompañar a Martín Guzmán este viernes en un encuentro con empresarios y potenciales inversores en el consulado argentino en Nueva York. Allí, el jefe de Gabinete oficiará el doble rol de aval y supervisor del ministro de Economía. Según declaró el martes pasado, lo hizo por “indicación del Presidente de la Nación”, lo que no puede más que sorprender si se tiene en cuenta que su antecesor, Santiago Cafiero, no se sumó nunca a la comitiva argentina durante sus 21 meses en el cargo. 

Aún si Alberto Fernández se lo hubiera encomendado, el viaje de Manzur a la Gran Manzana no hace más que reeditar una costumbre que lleva casi una década desde que el tucumano comenzó a amasar un proyecto de poder que se sueña nacional e incluye el peregrinaje repetido en torno a las instituciones que nuclean al establishment norteamericano: la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la Universidad George Washington, el Atlantic Council, el City College de Nueva York, el Centro Woodrow Wilson, la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) son algunas de ellas. 

Detrás de ese circuito de relaciones aparece de manera recurrente el nombre del empresario Gustavo Cinosi, un experto en lobby que tiene aceitado el ida y vuelta entre Buenos Aires y Washington. No hay que descartar que contribuya con la misión de Manzur. El dueño de la franquicia del Hotel Sheraton oficia de nexo permanente entre el peronismo y los círculos de poder de Estados Unidos desde hace por lo menos 15 años. Si en el amanecer del kirchnerismo llegó a desempeñarse como chofer de Carlos Zannini y a constituir sociedades con el financista Jorge Chueco, hace ya bastante tiempo que sus mejores esfuerzos apuntan a regar semillas como las de Manzur y Sergio Massa. 

Con su oficina en el primer piso del edificio principal de la Organización de Estados Americanos en Washington, en la esquina de 17th Street y Constitution, Cinosi tiene un cargo formal y una actuación pública en torno al secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro. Pero además cumple con otro tipo de funciones que, según dicen quienes lo conocen bien, le demandan el más absoluto perfil bajo y la mayor de las reservas. Fuentes bien informadas del Gobierno sostienen que su cercanía con el Departamento de Estado no se reduce a la cuestiones empíricas sino que existe un compromiso orgánico y Cinosi reporta al Bureau of Intelligence and Research. Por eso, el empresario prefiere no hablar en público y por eso, afirma, permite “que se malinforme y se mienta” en torno a su figura. 

La relación del asesor especial de Almagro con Manzur lleva varios años e incluye la organización de encuentros en el Sheraton de Tucumán. Según dice el empresario en conversaciones con la dirigencia del Frente de Todos, Manzur es su amigo y tiene el curioso talento de “no defraudar” a nadie, un eslabón más de la cadena que busca conectarlo con la epopeya de Carlos Menem. 

Aunque sostiene que el ahora jefe de gabinete dispone de un abanico de relaciones que no precisa de sus servicios, Cinosi no solo presta desde hace años su hotel para los foros que organiza Manzur sino que cumple el rol de lazarillo en las visitas a Estados Unidos. En 2017, por ejemplo, el gobernador viajó para reunirse y fotografiarse con Cinosi y con Almagro. En 2019, encabezó una delegación de empresarios de 17 representantes de provincias y municipios argentinos a Washington para firmar un acuerdo de los estados subnacionales nucleados en Zicosur con la OEA. El factotum del encuentro fue Cinosi y uno de los grandes impulsores del viaje fue su gran amigo, Eduardo Eurnekian, también de buena llegada a Manzur. De ese círculo de afinidades forma parte también Massa, ahora relegado en la escena por la irrupción de Manzur. Se trata de un sector del peronismo que circula por los mismos ámbitos en Estados Unidos y que, con la derrota de las PASO y los cambios de gabinete, parece haber ganado preeminencia en el Frente de Todos. 

Después de haber sido cercano al gobierno de Mauricio Macri, Cinosi se anotó desde el primer momento como aliado de la alianza de los Fernández. Ya en su tiempo de candidato, el ahora Presidente estuvo en dos oportunidades en encuentros organizados en el Sheraton de Tucumán junto al ahora jefe de Gabinete, en junio y septiembre de 2019. Más adelante, Cinosi apareció en México para reunirse con Fernández apenas unos días después de su triunfo en las elecciones generales. Llegó junto al entonces encargado de Asuntos del Hemisferio Occidental Maurice Claver Carone y al halcón republicano Elliot Abrams, famoso por haber liderado la operación de los contras en Nicaragua en los años ochenta. Esa inexplicable incursión respondió, según dice el asesor de Almagro, a un pedido del presidente Fernández. Poco después, el golpe de Estado en Bolivia -que Almagro no condenó después de haber denunciado fraude de Evo Morales- y la pelea por el sillón del BID que Claver Carone le ganó a Gustavo Beliz volvieron a encontrar a Alberto y Cinosi en veredas separadas.

Desplazado entonces del rol de nexo con Washington, el dueño de Sheraton dejó trascender en más de una oportunidad que era la primera vez en años que un gobierno argentino no pagaba por tener relaciones con Estados Unidos. Como prueba, la contratación de las empresas Arnold & Porter y Glover Park Group para que Tom Shannon hiciera lobby por Argentina durante la negociación de la deuda de los acreedores privados. 

La llegada de Manzur a la jefatura de gabinete vuelve a poner al empresario y lobista muy cerca del gobierno argentino. El poder de Cinosi es materia de discusión dentro y fuera del gobierno nacional. Entre los enemigos de su cosecha, figuran desde sectores del Gobierno que rechazan el acercamiento a Washington y reclaman mayor dureza con el Fondo hasta voceros de la embajada norteamericana que recelan de sus modos y sus aliados. Mientras algunos lo califican como un vendedor de humo bien entrenado, otros requieren de sus servicios en forma constante. Acostumbrado al fuego cruzado, Cinosi no habla pero también juega. 

DG

De Narváez, el aliado inesperado del albertismo que quiere influir en la política

De Narváez, el aliado inesperado del albertismo que quiere influir en la política

El almuerzo del martes pasado no fue el primer cara a cara de Francisco de Narváez y Alberto Fernández en La Rosada. El actual presidente y el empresario ya se habían reunido en la Casa de Gobierno. La cita previa ocurrió hace más de 16 años. En febrero de 2005, De Narváez pidió una audiencia con el presidente Néstor Kirchner. ¿Motivos? “Tengo unos estudios sobre el sistema previsional que quisiera poner a disposición del gobierno”, fue el argumento formal que el empresario le dio por teléfono al entonces jefe de Gabinete de Kirchner, Alberto Fernández.

El exdueño de Casa Tía coqueteaba con la posibilidad de saltar a la política desde hacía cuatro años. Su interés por la presentación pública se le despertó junto a su examigo Mauricio Macri, con quien para ese momento ya estaba distanciado. A principios de 2005, De Narváez ya tenía definido en qué partido e identidad política desembarcar. Pero aún no decidía en qué rama del peronismo iba a militar. En las presidenciales de 2003 había apoyado a Carlos Menem en el balotaje que no se concretó. Había respaldado al riojano como mecenas y potencial ministro de Desarrollo Social, en un hipotético gabinete menemista. Pero el dos veces presidente se bajó de la competencia contra Kirchner, ante una derrota segura. 

En diciembre de 2003, De Narváez ofrendó un mea culpa público al kirchnerismo través de la prensa. Desde la tapa de la revista Poder, al ex financista de la campaña de Menem se lo presentaba como “El primer arrepentido”. En la nota se explicaba que “en los noventa abrazó al neoliberalismo y vendió sus empresas. Financió la última campaña de Menem y hoy adhiere al kirchnerismo”. Y De Narváez completaba la explicación: “Conocí al presidente Kirchner a través de su gestión, como la mayoría de los argentinos. Convengamos que cuando lanzó su candidatura era básicamente un desconocido en la política nacional. En esta primera etapa me ha sorprendido mucho y positivamente. Coincido mayoritariamente con lo que está haciendo el gobierno, que tiene una propuesta casi revolucionaria al encarar cambios estructurales que van a hacer una Argentina diferente”.

De Narváez buscaba congraciarse con el gobierno en nombre de su doble condición: hombre de la política en ciernes y empresario aún activo. En 2004, estaba listo para poner 440 millones de dólares para comprar la cadena de supermercados Disco. Pero necesitaba que el oficialismo le aprobara la transacción. Para conseguirlo, había difundido una solicitada en los diarios que rebosaba de fe nac & pop. "Estoy dispuesto a invertir en una empresa como Disco, porque creo en nuestro país y creo que es posible reconstruir el empresariado nacional pensando en el bienestar de la población", planteaba. Pero no hubo caso porque el grupo chileno Cencosud, dueños de la cadena de hipermercados Jumbo, se terminó quedando con Disco.

Si bien se cayó esa compra, su rama de intereses ya excedía largamente el supermercadismo y el retail. De Narváez sabía que para jugar a la política en serio necesitaba de un complemento: medios de comunicación. En 2002, cuando los canales estaban vulnerables en sus balances y listos para ser fagocitados por cualquier actor mayor, había hecho una oferta por Canal 9 (le ofreció a Marcelo Tinelli ser socios en la compra y mudar ahí sus programas), otra por Telefé y una última para entrar en Ideas del Sur, la productora de Marcelo Tinelli. Pero ninguna prosperó y, para 2005, su nuevo plan era apropiarse del canal América. Algo que lograría unos meses más tarde.

Así, en febrero de 2005, la reunión con Kirchner se concretó en el despacho presidencial. Lo recibió Alberto Fernández, y a la media hora apareció Néstor Kirchner. Esa era la dinámica habitual de las citas con el ex presidente. En el encuentro, el estilo atolondrado e informal de Kirchner contrastó con la solemnidad de De Narváez. “Señor presidente, le agradezco mucho su tiempo”, fue su línea de apertura, mientras le tendía la mano firme y miraba los ojos estrábicos de Kirchner.

En el almuerzo del martes pasado con Alberto Fernández, más un grupo de empresarios y los dirigentes Juan Manzur, Eduardo “Wado” De Pedro, Sergio Massa y Máximo Kirchner, De Narváez se volvió a mostrar bastante formal. Al presidente lo trataba sin falta de usted. Hasta que en un momento Alberto Fernández lo interrumpió: “Tuteame, Francisco, nos conocemos hace mucho”, pidió el Presidente. 

En el cara a cara de 2005 con Kirchner y Fernández, el empresario pelirrojo planteó algunas dudas sobre la estabilidad a futuro del sistema previsional argentino. Un sistema, el de las AFJP, que el gobierno estatizaría tres años después. El objetivo real de De Narváez era acercarse al oficialismo. Y así fue interpretada la escena por Fernández.

Dos meses después, De Narváez fue incluido en el seleccionado de empresarios que iba a acompañar a Kirchner y Cristina Fernández en una gira por Alemania. El objetivo del viaje era conseguir inversiones y renegociar la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional. Más de 15 años más tarde, Martín Guzmán acumula citas en Nueva York y Washington, el tironeo con el FMI volvió a ser tema de conversación durante las tres horas de lunch en La Rosada. Y existió otro déjà vu: el martes, De Narváez se ofreció para acompañar al Presidente y a sus ministros en alguna gira oficial próxima, a la pesca de inversores.  

“Destaco la convicción del Presidente de que va a haber un acuerdo con el FMI, el mejor acuerdo posible para los argentinos. Y cumplible. Porque no tenemos la mejor trayectoria en ese sentido”, comentó De Narváez en Radio Mitre el miércoles pasado. El actual dueño de WalMart ofició de vocero del encuentro. Se atrevió a contradecir la tapa del diario Clarín, en un gesto destacado por Alberto Fernández vía twitter. 

“'¿La señora vicepresidenta está de acuerdo’?. La respuesta fue ‘Sí'”, reveló además De Narváez sobre la charla reciente en La Rosada. La consulta, dirigida al presidente, buscaba constatar si Cristina Kirchner avalaba un posible acuerdo con el FMI.

En 2005, la comitiva se completaba con Julio De Vido, los ministros de Educación, Daniel Filmus, y de Economía, Roberto Lavagna; el canciller Rafael Bielsa; el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini; el vocero presidencial, Miguel Núñez; el gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner; los senadores Miguel Ángel Pichetto y Carlos Reutemann. Por los empresarios, iban el presidente de Siemens, Matthias Kleinhempel, antes de que se confirmara el pago de coimas en la confección de DNI durante el menemismo; Víktor Klima, de Volkswagen; Carlos Wagner, de la Cámara Argentina de la Construcción, y Alfredo Roman, de Exolgan. 

Cuando Oscar Parrilli lo llamó para invitarlo, De Narváez le encargó a su asesor en economía que le preparara un discurso. ¿Quién era su voz autorizada en esa materia? El actual senador Martín Lousteau, quien todavía colaboraba en la fundación narvaecista Unidos del Sud. El empresario le pidió que le preparara un discurso de tipo keynnesiano para lucirse frente a los industriales alemanes y el presidente argentino. 

El 11 de abril de 2005, políticos y empresarios partieron en un Boeing enorme cedido por Aerolíneas. Fueron cuatro días de gira por Alemania. Una mezcla de lobby de alto vuelo y turismo social por el portal de Brandeburgo y el campo de concentración de Dachau. Ante la cámara de industriales de Munich, De Narváez dio su discurso en inglés, con letra de Lousteau. De Narváez ahora asegura que ya entonces Cristina Kirchner le había resultado soberbia.

“Durante el viaje lo mirábamos como lo que progresivamente fue dejando de ser: un parvenu, alguien que merodeaba la política por ocio, por esplín, una melancolía sin causa definida, una angustia vital. No se lo tomaba en serio como empresario, ni mucho menos como político. Era ‘apenas’ millonario”, recuerda poéticamente el entonces canciller, Rafael Bielsa.

Pese al gesto de acercamiento mutuo, De Narváez terminó jugando para el duhaldismo en las legislativas de octubre de 2005. Fue la elección que determinó el quiebre en la sociedad entre Kirchner y el expresidente Duhalde. El empresario nacido en Colombia integró, como candidato a diputado nacional, la boleta del lomense en La Provincia. Ocupó el cuarto lugar en la lista de diputados. Si bien su espacio perdió contra el que encabezaba Cristina Kirchner, De Narváez accedió a una banca. Fue su puerta de entrada a una carrera que tendría su pico de gloria cuatro años después, en las legislativas de 2009. 

Ahora, El “Colorado” ya no cuenta con ambiciones electorales. Aunque sí pretende ser un actor con juego propio en la mesa del poder. “No tengo ninguna aspiración de ocupar cargo político”, aclaró a la salida del encuentro con el presidente. “Pero sí quiero influir sobre las políticas públicas. Eso tiene que ver con mi rol de empresario. Salí muy entusiasmado de la reunión”, aseguró el dueño de Walmart.

AF

La inflación de septiembre salta a 3,5% y rompe la tendencia a la baja de los últimos cinco meses

La inflación de septiembre salta a 3,5% y rompe la tendencia a la baja de los últimos cinco meses

Después del respiro de agosto —mes en que se registró una inflación de 2,5%, que rompió por primera vez en 11 meses el piso del 3%— los datos vuelven a complicar las chances de que el Gobierno cumpla con su promesa de mejorar el poder adquisitivo de los argentinos y argentinas. Según informó este jueves el Indec, los precios subieron en promedio 3,5% en septiembre, lo que vuelve a colocar el índice por encima de la barrera que había logrado perforar y a acercarlo a los valores de fines de 2020 y principios de 2021. 

El dato estuvo impulsado, sobre todo, por las subas en prendas de vestir y calzado (6%), en donde impactó el elemento estacional del cambio de temporada, seguida por bebidas alcohólicas y tabaco (5,9%), donde incidió principalmente la suba de cigarrillos. La tercera división con mayor ascenso del mes fue salud (4,3%), impulsada en gran medida por el encarecimiento de las prepagas.

Los alimentos, que en agosto habían subido apenas 1,5% por contener bajas importantes en carnes y verduras, subieron 2,9%; todavía por debajo del promedio general pero 1,4 puntos porcentuales por encima del mes anterior. "Así como los meses previos señalábamos que aunque la inflación bajaba el ítem alimentos, de mayor sensibilidad social, seguía alto, ahora hay que resaltar ocurre lo contrario”, apuntó Lorena Giorgio, economista jefa de Equilibra. Sin embargo, algunos productos básicos mostraron alzas muy fuertes, como por ejemplo la leche (aumentó 8,1% en el mes), la harina (6,1%) y el aceite (5,8%).

En los primeros 10 meses del año la inflación acumulada fue de 37%, muy por encima del pronóstico trazado inicialmente (29%). Si se compara con octubre de 2020, la variación interanual de los precios asciende a 52,5%, acercándose a los niveles récord de 2018 y 2019. 

La inflación núcleo, que deja fuera a los bienes y servicios regulados o con fuerte impacto estacional, también subió y marcó 3,3%. "La inflación de agosto había estado unos puntos por debajo de la que preveíamos y parte de ese ajuste se evidenció en el dato de septiembre", señaló Giorgio. "Octubre arrancó movido por el arrastre que dejó septiembre, y por eso el congelamiento de precios de alimentos y otros productos básicos cobra relevancia en este contexto. Esperamos que la inflación mensual de octubre cierre en torno al 3%", sumó. 

A la economista el dato informado por Indec la sorprendió, como a la mayoría de sus colegas. El registro oficial superó ampliamente las estimaciones privadas, que anticipaban una inflación del 2,8% mensual para septiembre, según el relevamiento de expectativas que realiza el Banco Central. Hacia adelante el mercado anticipaba que el dato volvería saltar por encima del 3% a partir de diciembre y que entre octubre de 2021 y marzo de 2022 el promedio mensual se ubicaría en torno al 3,2%. Con el número informado hoy, que ya adelanta las estimaciones más negativas, todos los pronósticos se revisarán nuevamente al alza. 

Para diciembre de 2021 quienes participan del relevamiento del Banco Central proyectaron que la inflación anual alcanzará 48,2%, 3 puntos porcentuales por encima de la que —descartado el 29% inicial— proyectó Martín Guzmán (45,1%) en el presupuesto 2022.

Ayer el flamante secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, anunció un acuerdo con las empresas de consumo masivo para retrotraer al 1° de octubre los precios de una canasta de 1.245 productos y mantenerlos congelados hasta el 7 de enero. Si bien Feletti dijo que los fabricantes y distribuidores "entendieron" la urgencia de bajar la inflación y "nadie dijo que no", la propuesta generó malestar en el sector empresario, que hace apenas tres meses logró que se desarticulara Precio Máximos, un programa de congelamiento similar pero más abarcativo, que duró desde marzo de 2020 a junio de 2021.  

"[La medida anunciada por Feletti] no es una política antiinflacionaria; no se puede frenar un proceso inflacionario como el que tenemos con controles de precios, y ya lo vimos muchas veces antes. Sí puede tener un efecto transitorio y desacelerar una canasta de bienes por algunos meses; puede ser un buen complemento si hubiera una política más integral", evaluó Joaquín Waldman, economista de Ecolatina.  

Sin embargo, la medida funciona al menos desde lo gestual: busca establecer una referencia en las góndolas y dar señales de que el problema que más complica la vida diaria de la población está siendo abordado. Incluso marca un quiebre con la exsecretaría, Paula Español, que hasta último momento había estado trabajando en la renovación de Precios Cuidados con una idea de aumento promedio del 5%.

Según un relevamiento en negocios de cercanía de 20 distritos del conurbano bonaerense hecho por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci) —estudio que el Ministerio de Desarrollo Social mira de cerca— en septiembre la canasta básica alimentaria aumentó 2,2%. El mayor impulso lo dieron los productos de almacén (3,1%), seguidos de verdulería (3%). El precio de la carne subió menos, 0,67%. 

"El repunte de los aumentos de los productos de las canastas básicas por encima del 2% impide la recuperación del deteriorado poder adquisitivo de las familias de los sectores populares y explica los elevados niveles de pobreza y de indigencia que se mantienen estables a lo largo de este período", apunta el informe.

"En esta perspectiva de continuidad indetenibles del procesos inflacionario es difícil ver que en este segundo semestre podamos asistir al inicio de un genuino proceso de descenso de la pobreza y la indigencia. Para las familias y personas pobres e indigentes salir de esa situación se convierte en un horizonte cada vez más lejano", señala el texto. 

Martín Guzmán admitió en una exposición reciente que la reducción de la inflación es "el objetivo más importante de la política económica". Según su versión, la cartera que conduce ya había anticipado que marzo de 2020 sería el mes con mayor tasa de inflación intermensual (algo que se concretó, con un pico de 4,8%), derivada de el impacto de la pandemia y la valorización de los commodities a nivel global, que impulsó el precio de los alimentos. "Dijimos que desde entonces habría una tendencia decreciente, con algún vaivén por cuestiones estacionales y actualización de precios regulados", explicó. 

Guzmán proyecta que a partir de octubre se verá "una reducción de la tasa de inflación interanual". Sin embargo, ata ese objetivo a la posibilidad de seguir "ordenando" la macroeconomía. 

DT

Entre dudas y recelo interno, el Gobierno ensaya la "migración" de planes sociales a empleos

Entre dudas y recelo interno, el Gobierno ensaya la

Claudio Moroni trabaja sobre el texto último, la letra fina, de un decreto para darle marco legal y soporte político al programa de migración de planes sociales a puestos de empleo. La normativa, que inicialmente sería un decreto, y que antes de aterrizar en la secretaria Legal y Técnica circuló entre Trabajo y Desarrollo Social la cartera que conduce Juan Zabaleta, tiene un marco similar al del proyecto que días atrás presentó Sergio Massa.

En simultáneo, en estas horas, Alberto Fernández firmará un convenio con empresarios y sindicalistas del sector de la gastronomía y la hotelería para que beneficiarios del plan Potenciar puedan incorporarse a la actividad privada en puestos de empleo de esa actividad. Están vigentes, actualmente, convenios similares con UOCRA, de la construcción, y con la UATRE, de trabajadores rurales.

Ese rubro, que empezó a rebotar luego de la crisis de la pandemia y que estiman que generaría 100 mil nuevos puestos de trabajo, puede convertirse en un caso emblema del modelo de migración de planes a empleo, aunque hay varias discusiones cruzadas sobre el formato tanto en el gobierno como en el mundo gremial. La foto es dramática: en la pandemia, los empleos formales según la UTHGRA cayeron de 57 mil a 35 mil en CABA, con una baja de 22 mil puestos de trabajo.

La música es parecida: la "transformación" de planes sociales, que están concentrados en el Potenciar, en empleos formales y de convenio. Pero la letra tiene matices y refleja visiones en algún punto antagónicas. O, de mínima, interpretaciones sobre los alcances reales de esa iniciativa y los riesgos de que no se convierta en una herramienta "flexibilizado", según apuntan en sectores del oficialismo.

Massa apuró la semana pasada un proyecto que elaboró su equipo económico y tiene dos capítulos. Uno vinculado con la migración de planes a empleos registrados, mediante el cual un beneficiario de un plan Potenciar se incorpora a un trabajo formal y hasta doce meses, sigue cobrando ese aporte del estado mientras el privado debe pagarlo hasta llevar su salario al mínimo del convenio, algo que varía según la actividad. El otro título grueso del plan Massa es el blanqueo de trabajadores, un formato que remite a un sistema que instauró Cristina Kirchner en el 2009 y que permitió, según el registro de entonces, que se "blanqueen" más de 530 mil trabajadores. La dinámica legislativa de ese proyecto está en zona gris, en parte por las tensiones entre el oficialismo y la oposición, y cruzado por la tensión propia de la previa electoral. Pero, además, "el proyecto Massa es de Massa", según define una voz oficial a elDiarioAR, no fue consensuado con el Ejecutivo ni tuvo el OK de las áreas involucradas.

Así y todo, el decreto que prepara Moroni tiene similitudes con el proyecto aunque intenta, señalan fuentes oficiales, ser más riguroso para evitar un riesgo: que los empresarios usen ese marco para cambiar trabajos formales actuales por trabajadores con el beneficio del Potenciar. Es sobre ese punto que aparece unas de las objeciones más fuertes y viene del sector gremial. En Gastronómicos dicen que antes de incorporar a beneficiarios que requieren capacitación, se debería priorizar a aquellos trabajadores del sector que perdieron sus puestos durante la pandemia. "Primero habría que apuntar a los que vienen del sector y quedaron en la calle, antes de ir a formar gente", apuntó una fuente sindical. No hay, afirma una fuente de Gastronómicos, universos compartidos entre los ex trabajadores de la actividad y los beneficiarios del plan Potenciar. Distinto es lo que ocurre, por caso, con la UOCRA que reservó el 10% de su bolsa de empleo -donde están registrados unos 70 mil trabajadores- como un "cupo" para planes Potenciar.

Pero el ruido más fuerte tiene una matriz conceptual y, a la vez, política sobre el alcance real de un programa de migración de planes a empleo. Lo conceptual se vio en la presencia de Fernández, hace una semana, en un encuentro con organizaciones sociales junto a Máximo Kirchner. Parece de léxico pero es filosófica: la diferencia entre trabajo y empleo, una idea que se alimenta en las críticas a los "planeros".

"Se comete un error grave cuando desde el propio gobierno se habla de convertir planes en trabajo. La mujer que recibe un Potenciar y cuida chicos en una guardería comunitaria o está en una cooperativa, trabajan. Esa gente trabaja y cobra por ese trabajo que le permite, a veces, subsistir. Lo que no tiene es un empleo formal", apunta un dirigente involucrado en el debate sobre los planes.

Se cruzan, de fondo, otros dos asuntos. Uno que agita la política y supone que las organizaciones sociales se resisten a la conversión de planes en empleos porque eso supone que pierdan poder político. Otro, que plantean desde las organizaciones como el Movimiento Evita y la UTEP, que hablan de los "límites" de la migración de planes a empleos a partir de la incapacidad del sector privado de generar una cantidad de puestos para cubrir un universo de varios millones de argentinos con problemas de empleo.

Emilio Pérsico relató en alguna ocasión que el plan Empalme de la era de Mauricio Macri, un formato similar al que se propone con el Potenciar, solo incorporó a 6 mil trabajadores, una cifra ínfima sobre el universo de personas con problemas de empleo que según la UTEP ronda los 12 millones. De esos 12 millones solo 1 millón recibe planes Potenciar mientras 2,5 millones de mujeres cobra la AUH o la tarjeta Alimentar.

En el registro de la Economía Popular figuran casi 3 millones de personas y hay 5,8 millones de trabajadores privados registrados. No se avisora proyección posible que permita incorporar a ese universo a esquemas convencionales de empleo. Por ese motivo, Pérsico minimizó el sistema "puente" y lo comparó con el "empalme" de Macri. Por eso mismo, Moroni apura un decreto para evitar que el formato termine, en algún punto, siendo "flexibilizador".

PI