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La SIDE de Santiago Caputo avanza con una purga histórica y desmantela sus delegaciones provinciales

El asesor llega a la Casa Rosada custodiado por un agente de inteligencia.

El organismo de inteligencia ya cerró sus oficinas en Formosa y Corrientes y avanza sobre Tucumán y Rosario. El plan contempla una drástica reducción de agentes y genera un fuerte malestar interno. La reestructuración, anticipada por elDiarioAR en mayo, coincide con la entrada en vigor de un estatuto que promete reclutar espías "despolitizados".

La Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) está atravesando una de las mayores purgas de su historia reciente. El organismo que conduce Cristian Auguadra, bajo el control político de Santiago Caputo, avanza con el desmantelamiento de sus delegaciones provinciales y una reducción masiva de personal que ya provoca un profundo malestar entre los agentes de carrera. La reestructuración, que elDiarioAR había anticipado en mayo, dejó de ser un proyecto para convertirse en una realidad: ya hay oficinas cerradas, agentes desplazados y exámenes que, según denuncian dentro del organismo, están siendo utilizados para determinar quiénes conservarán sus puestos y quiénes quedarán afuera.

El ajuste se profundiza en el contexto del operativo que permitió sacar a Flávio Bolsonaro de Brasil a través de la Triple Frontera, una maniobra que involucró a la SIDE y que tuvo como protagonista al propio Caputo. El asesor presidencial, que pretende convertir la central de inteligencia en una suerte de CIA argentina, impulsa ahora una transformación que busca concentrar recursos en operaciones estratégicas y contraespionaje, es decir, en la detección y neutralización de amenazas extranjeras. La paradoja es que, mientras La Casa aspira a ganar protagonismo internacional, está desarmando buena parte de la presencia territorial que durante décadas le permitió mantener agentes desplegados en todo el país.

Santiago Caputo y Flávio Bolsonaro.

Según pudo reconstruir elDiarioAR a partir de fuentes vinculadas al sistema de inteligencia, las delegaciones de Formosa y Corrientes ya fueron cerradas, mientras que las de Tucumán y Rosario atraviesan el mismo proceso. De todas las delegaciones distribuidas a lo largo y a lo ancho del país, la conducción pretende conservar apenas cuatro. En las oficinas que todavía funcionan también se están produciendo reducciones de personal que, en algunos casos, alcanzan a tres de cada cinco agentes.

La purga incluye, además, un mecanismo que genera especial preocupación entre los empleados: la realización de exámenes y evaluaciones cuyos resultados están siendo utilizados para definir su continuidad dentro del organismo. Entre los espías circula la sospecha de que las pruebas funcionan como una herramienta para darle cobertura administrativa a una decisión que ya está tomada. La sensación predominante es que no se trata de determinar quiénes están mejor preparados para cumplir sus funciones, sino de encontrar la manera de reducir una estructura que la conducción considera demasiado grande.

Las cifras que manejan las fuentes consultadas permiten dimensionar la magnitud de la transformación. La estructura afectada cuenta con alrededor de 500 empleados y el plan contempla el desplazamiento de unos 300 agentes, con el objetivo de reducir posteriormente la dotación hasta aproximadamente 130 efectivos a nivel nacional.

La sede central de la SIDE, en 25 de Mayo 11, a metros de la Casa Rosada.

Para los agentes más antiguos, el antecedente inevitable es lo ocurrido durante el gobierno de Fernando de la Rúa. En 2000, bajo la conducción de Fernando de Santibañes, La Casa atravesó una profunda reestructuración, enmarcada en el ajuste del gasto público, que incluyó el despido de más de 1.000 agentes civiles y la rescisión masiva de contratos. Aquella experiencia dejó una marca duradera entre los espías de carrera. Más de un cuarto de siglo después, el recuerdo vuelve a circular por los pasillos del organismo, esta vez bajo un gobierno que hizo de la reducción del Estado una de sus principales banderas.

Los nuevos espías “despolitizados”

Mientras la SIDE avanza con el cierre del área de Interior, cuyas tareas de seguimiento territorial deberían quedar exclusivamente en manos de la inteligencia criminal que funciona bajo la órbita del Ministerio de Seguridad, la conducción ya prepara a quienes deberán integrar la nueva estructura. El próximo 1 de enero entrará en vigor el nuevo estatuto del personal de inteligencia, aprobado mediante el Decreto 1021/2026, que promete modificar de raíz las condiciones de ingreso, formación y desarrollo profesional dentro del organismo.

La renovación también alcanzó a la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), que tendrá un papel central en el nuevo esquema. Después de varias semanas de incertidumbre, finalmente se oficializó la salida de Juan Bautista “Tata” Yofre, quien fue reemplazado por el coronel retirado Daniel Esteban. El cambio de autoridades responde a la reorganización impulsada por el titular de la SIDE, Cristian Auguadra, que responde políticamente a Caputo, y busca convertir a la escuela en la principal puerta de entrada al sistema de inteligencia argentino.

La intención es dejar atrás el funcionamiento que tuvo la ENI durante buena parte de este año, cuando su actividad estuvo concentrada en cursos de geopolítica y estrategia, para recuperar su función como centro de formación de agentes. El ingreso de nuevo personal por esa vía había quedado prácticamente congelado y ahora la conducción pretende establecer una carrera profesional con mecanismos de selección, capacitación y especialización. La referencia es el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), encargado de formar a los diplomáticos argentinos, aunque adaptado a las particularidades del trabajo de inteligencia.

La Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), ubicada sobre la calle Libertad, en el barrio porteño de Retiro.

El primer paso será una convocatoria pública prevista para diciembre, que se difundirá mediante anuncios radiales y publicaciones en redes sociales. La decisión tiene algo de llamativo para una actividad acostumbrada a desenvolverse lejos de la exposición pública: la SIDE saldrá a buscar futuros espías mediante campañas abiertas de reclutamiento. Según el esquema diseñado por la nueva conducción, los aspirantes serán identificados durante las primeras evaluaciones mediante números, en lugar de sus nombres y apellidos, para reducir la influencia de vínculos personales, familiares o políticos. La selección concluirá con entrevistas individuales.

Para 2027 está prevista una primera capacitación de aproximadamente cuatro meses, de la que se espera que egresen unos 50 agentes, como publicó en primera instancia Emiliano Russo en Clarín. El curso inicial incluirá materias básicas de inteligencia y contrainteligencia, y quienes obtengan los mejores resultados podrán continuar con una carrera de especialización. El objetivo es formar perfiles de acuerdo con las necesidades del organismo, con especial atención a los analistas, considerados una pieza central de la estructura que Santiago Caputo pretende construir.

Santiago Caputo en la cena anual de la Fundación Libertad de 2025.

El discurso oficial insiste en que la reforma permitirá profesionalizar la actividad y terminar con la discrecionalidad que históricamente caracterizó al ingreso a los servicios de inteligencia. La SIDE habla de incorporar agentes “despolitizados”, seleccionados por sus capacidades y no por sus contactos. Pero esa promesa convive con una reestructuración que está siendo ejecutada desde la conducción política del organismo y que, antes de que empiece a regir el nuevo estatuto, ya está dejando afuera a buena parte de los agentes.

Entre los espías afectados, la desconfianza es profunda. No cuestionan solamente la reducción de personal, sino también el sentido de una renovación que promete eliminar las influencias políticas mientras concentra cada vez más poder en el círculo del asesor presidencial. La pregunta que circula puertas adentro es si los nuevos concursos servirán para construir profesionales independientes de los gobiernos de turno o para reemplazar a los agentes actuales por otros más cercanos a quienes hoy manejan la SIDE. “Quieren poner a los de ellos”, sentenció un experimentado hombre de inteligencia, que sigue de cerca la purga y pidió mantener su identidad en reserva.

PL/CRM

La tuberculosis avanza en Argentina y alertan que algunos indicadores retrocedieron 45 años: "Está muriendo más gente"

La tuberculosis avanza en Argentina y alertan que algunos indicadores retrocedieron 45 años:

Los casos aumentan desde 2020 y los diagnósticos en chicos revelan contagios en adultos que no fueron detectados. El Gobierno eliminó la coordinación nacional del programa y la partida de prevención llegó a abril sin ejecución. Pobreza, hacinamiento en paradores y tratamientos que no se completan agravan el escenario.

La Argentina cuenta con pruebas que detectan la tuberculosis en dos horas y un tratamiento gratuito de seis meses que permite curarla. Sin embargo, algunos indicadores de la enfermedad, como los casos en chicos y las fallas terapéuticas, volvieron a niveles similares a los de comienzos de los años 80, durante la dictadura. Así lo señala un estudio presentado en el 54° Congreso Argentino de Medicina Respiratoria, que analizó la enfermedad entre 1980 y 2025. El retroceso se produce mientras el Estado nacional redujo su estructura de coordinación y la partida específica para prevención y control llegó a abril sin ejecución.

“Hoy tenemos una capacidad de intervención mucho mayor: pruebas moleculares, casi 580 centros de diagnóstico, profesionales formados y tratamientos efectivos, pero algunos indicadores muestran un retroceso de aproximadamente 45 años”, dice a elDiarioAR Andrés Burke Viale, neumonólogo y co-coordinador de la sección Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR). “En aquella época, después de la descentralización de la administración sanitaria hacia las provincias durante la dictadura, los resultados no eran satisfactorios”, agrega.

Cinco años de aumento

Los casos nuevos y las recaídas pasaron de 9.944 en 2020 a 16.359 en 2025, un 64% más, según el Boletín Epidemiológico Nacional. Hasta la semana 40 de 2026 se acumulaban 11.286 casos, un 18% más que la mediana de 2022-2025 para el mismo período. El Ministerio de Salud atribuye la tendencia a los “determinantes sociales y sanitarios” y a la recuperación de la detección.

“Ya es el quinto año consecutivo que aumentan los casos, con lo cual este ya no es el efecto de la pospandemia, sino hay una circulación real de bacterias que se están contagiando”, explica en diálogo con elDiarioAR Santiago Jiménez, coordinador médico de la Casa Masantonio, un centro del Hogar de Cristo en Barracas que trata la enfermedad. “En algunas zonas ya superan los 100 casos cada 100.000 habitantes. Eso es una alta carga y queda diluido en la estadística nacional”.

La Casa Masantonio, en Barracas, es un espacio de contención y tratamiento de la tuberculosis en Argentina.

“Creo que vamos a terminar nuevamente con unos 17.000 o 18.000 casos”, estima Burke Viale. “Y hablamos solamente de las personas a las que logramos diagnosticar”.

Entre los menores de 15 años, las notificaciones crecieron a un promedio del 19,1% anual entre 2020 y 2024, según el Ministerio de Salud. “Cuando un niño de cinco años tiene tuberculosis, generalmente significa que nadie sospechó que su madre, su padre, sus abuelos u otro adulto responsable de su cuidado tenía la enfermedad”, explica el neumonólogo. “El niño termina siendo la puerta de entrada al sistema sanitario cuando, en realidad, es el último eslabón de la cadena”.

Hacinamiento y paradores

“Las condiciones de hacinamiento, pobreza, indigencia y malnutrición agravan el problema”, dice Burke Viale. También menciona las jornadas de 16 o 18 horas en talleres de costura.

En la Casa Masantonio ven la cadena al revés: la enfermedad deja a la gente sin casa. “Estamos viendo que llega gente cada vez más frágil, que no pudo sostener el trabajo o que perdió el trabajo a causa de la enfermedad. Esto se llama los gastos catastróficos de la enfermedad”, explica Jiménez. “Alguien que sostiene un trabajo informal y con eso una vivienda se enferma, no puede sostener este trabajo, con lo cual pierde el alquiler porque lo paga semanal o mensual”.

“Estamos viendo muchos casos que se concentran en los centros de inclusión, en los paradores, donde hay mucha fragilidad y mucho espacio común compartido”, agrega. En la Ciudad, las personas en situación de calle pasaron de 4.049 a 5.176 entre 2024 y 2025, según el censo porteño. Siete de cada diez dormían en esos centros.

En diciembre, Marcela Natiello, excoordinadora del Programa Nacional de Tuberculosis, advirtió en una revista universitaria que las políticas contra la enfermedad no pueden ser solo sanitarias sino también habitacionales y alimentarias.

Una coordinación eliminada

A fines de 2024, el Ministerio de Salud de la Nación eliminó la Coordinación de Tuberculosis y Lepra, que encabezaba Natiello. La cartera habló de una reducción de cargos y sostuvo que sus funciones pasaron a la Dirección de Respuesta al VIH, ITS, hepatitis virales y tuberculosis.

El hacinamiento en los paradores representa un foco de transmisión de la enfermedad.

“Se perdieron muchísimas líneas estratégicas de coordinación de varios efectores. Esto es una enfermedad que no respeta las áreas programáticas, no respeta los límites geográficos. Se necesita coordinar municipio, provincia, nación”, dice Jiménez.

El Presupuesto 2026 asignó $3.214,84 millones a la prevención y el control de la tuberculosis, pero en abril no se había ejecutado un peso. “La tuberculosis es un tema muy serio, no solamente porque no se ha ejecutado presupuesto, sino también porque sigue incrementándose de manera preocupante”, dijo en su momento Alejandra Sánchez Cabezas, presidenta de la Asociación Argentina de Salud Pública. El Ministerio informó que desde diciembre de 2025 distribuyó 40.500 cartuchos para diagnóstico molecular.

El desafío de completar el tratamiento

De los casos notificados en 2024, el 53,3% completó el tratamiento con éxito. El 16% perdió el seguimiento y el 7,5% murió: 1.263 personas. “No solo están aumentando los casos, sino que está muriendo más gente de tuberculosis, y eso significa que por alguna cuestión programática los tratamientos no están siendo exitosos”, dice Jiménez. “No porque la medicación no funcione, sino porque de alguna forma no está llegando”.

Cortar el tratamiento puede generar tuberculosis multirresistente. Burke Viale calcula unos 450 casos en 2025. “No alcanza con entregar medicamentos. Hay que acompañar al paciente para que termine el tratamiento”, plantea.

La Casa Masantonio busca a cada persona y le lleva la medicación. Más de la mitad de sus pacientes está en situación de calle. Entre 2019 y 2023, el 93,8% completó el tratamiento con éxito, contra el 70,2% con las estrategias habituales del AMBA. Lo midió un estudio de la Revista Panamericana de Salud Pública. “El sistema de salud atiende el problema, dispensa la medicación, atiende la enfermedad, pero no puede ver todos los condicionantes sociales que son críticos en esta enfermedad que pega mucho en la pobreza”, dice Jiménez.

Cuenta el caso de una paciente a la que llama María. Su pareja se enfermó de tuberculosis: la infección le llegó a la columna y lo dejó parapléjico. María lo cuida, tiene dos hijas y trabaja 12 horas como cajera. “¿Qué margen le queda para sostener retiros de medicación, turnos restringidos, controles? Es inviable”, dice.

“Lo que nosotros hacemos es armar una pequeña estructura y un pequeño paquete de cuidado que se va adaptando a las situaciones de cada persona”, explica. “No solo hay que cuidar que la gente tome la medicación, sino que tenga las herramientas para poder llegar al hospital, que tenga las herramientas para comer bien, para que la medicación funcione, para que no se reinfecte”, agrega.

“Es algo que se puede escalar con una estrategia de inversión inteligente y sabiendo que esta es una enfermedad infecciosa que, si no se frena, se multiplican todos los gastos del Estado”, concluye Jiménez.

LN/CRM

Michael McPhaden, científico experto en El Niño: “Nunca habíamos visto algo así”

Michael McPhaden, científico experto en El Niño: “Nunca habíamos visto algo así”

Uno de los autores más citados en el mundo en lo que respecta a las causas y consecuencias de este fenómeno climático explica qué le está sorprendiendo del evento que se está fraguando este 2026: "Será el más intenso jamás observado".

Es difícil concebir a qué nivel el fenómeno climático de “El Niño” de este año —que se prevé que sea el más intenso jamás registrado— puede perturbar el planeta. No obstante, el hecho de que el director de Don’t Look Up (No Mires Arriba) —la película en la que se acerca un meteorito y los científicos ponen el grito en el cielo, ante la impasibilidad de las élites— haya creado una página web precisamente para tratar de derruir la indiferencia que observa al respecto, puede dar una idea de ello.

Se llama El Niño Warning y ya tiene versión española: Alerta El Niño. No solo él está detrás: le respaldan múltiples científicos y personalidades de la cultura, como Javier Bardem.

El Niño es una de las tres fases de un patrón climático natural llamado El Niño-Oscilación Sur (ENSO), cuyo motor —entre otros— son los vientos alisios. Se le llama “El Niño” porque las primeras personas que lo detectaron eran hispanohablantes (peruanas) y lo bautizaron así debido a que la época del año en la que más lo notaban coincidía con el “nacimiento” de El Niño Jesús.

Michael McPhaden, doctor en Oceanografía Física, es uno de los autores más citados a nivel mundial en lo que respecta a las causas y consecuencias de El Niño. Trabajó durante 40 años para la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), hasta junio de este año, cuando se jubiló. No obstante, permanece en activo en la Universidad de Washington, con la que también colaboró desde 1990, ahora con un puesto a tiempo parcial. Suelta una carcajada al ser preguntado por si, por lo que sea, le está costando desconectar. 

¿Cómo explicaría de forma sencilla qué es El Niño?

Es un calentamiento inusual del océano Pacífico tropical que ocurre cada cierto tiempo [de 2 a 7 años] y que está relacionado con un debilitamiento de los vientos alisios. Es decir, el océano y la atmósfera intervienen estrechamente en su formación. Es de gran relevancia porque afecta a los patrones de variabilidad climática en todo el mundo, así como a múltiples aspectos del sistema terrestre, como los ecosistemas.

¿Cómo saben que un “El Niño” se está formando y en qué se fijan para elevarlo a “Superniño”?

Utilizamos varios indicadores o índices para medir su intensidad. Uno de los más importantes se focaliza en una región del Pacífico ecuatorial oriental y central que tiene aproximadamente el tamaño de los Estados Unidos continentales. Los efectos globales derivados están fuertemente relacionados con lo que se fragua en esta área específica.

En cuanto a esta región, el actual fenómeno batió récords por las altas temperaturas superficiales del océano durante el verano. Al ajustar el índice y eliminar las tendencias propias del cambio climático, el evento —que resulta monumental si se utiliza el índice original— sigue siendo extraordinario, aunque ya no ocupa una categoría única e inigualable. De hecho, empata en el primer puesto con otros tres episodios como el más intenso registrado hasta la fecha [1982-1983, 1997-1998, 2015-2016]. Pero hay margen para que se siga intensificando: El periodo de máxima actividad suele abarcar noviembre-enero, y nuestros modelos indican que, finalmente, probablemente sí será el más intenso jamás observado.

Una de las variables que dan indicios de que El Niño se está formando es que esa región oceánica esté 0,5ºC más cálida de lo normal. Si la anomalía es de 1,5ºC, es cuando empieza a plantearse que podría tratarse de un El Niño “fuerte” y, si supera los 2º, pasa a considerarse “muy fuerte” o “Superniño”. ¿Es correcto?

Así es. Nosotros lo llamamos “muy fuerte” o “extremo”, aunque la prensa está utilizando el término “súper”, pero está bien. Al final, es la misma idea. 

Lleva estudiando este fenómeno décadas. ¿Qué es lo que más le está sorprendiendo del evento actual?

Existen unas 20 instituciones en todo el mundo que elaboran pronósticos estacionales, y todas ellas apuntaban a finales de 2025 que tendríamos un El Niño en 2026. Sin embargo, ninguna anticipó la intensidad que alcanzaría, y eso resulta sorprendente. También asombra la rapidez con la que se fue desarrollando, resultando en uno de los fenómenos de evolución más rápida que hemos visto. Y, si realmente llega a alcanzar la magnitud que indican los modelos de pronóstico para noviembre-enero [se espera que la anomalía sea de casi 4ºC], pues eso también será sorprendente. En definitiva, nunca habíamos visto algo así.

Es inusual que se produzcan tres fenómenos de El Niño tan intensos en un período tan “corto” de tiempo (11 años). Hay estudios que ya están apuntando a que el cambio climático podría estar intensificándolo. ¿Qué pruebas sugieren que sí y con qué grado de certeza? 

Esa es la pregunta del millón. Es un problema complejo porque los fenómenos de El Niño se manifiestan de formas y magnitudes muy variadas, lo que hace difícil detectar una huella clara, aislada, del cambio climático. No obstante, es cierto que en los últimos 50 años hemos observado más episodios intensos que a principios del siglo XX, y con una recurrencia mayor. Todo esto parece algo inusual, pero cabe preguntarse: ¿habría ocurrido esto de forma natural de todos modos? 

Llevamos 150 años midiendo sistemáticamente el océano con instrumentos, un periodo demasiado breve, pero contamos con otras pruebas: los llamados indicadores paleoclimáticos indirectos. Estos datos provienen, por ejemplo, de los corales. Estos registros nos indican que los últimos 50 años fueron inusuales en comparación con los últimos cien, mil, e incluso diez mil años. La tercera fuente de pruebas son los modelos de cambio climático, los cuales nos indican que, si aumentan las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, El Niño sí podría intensificarse. 

¿Y qué otras sugieren que quizás es pronto para afirmarlo?

Que todos estos instrumentos presentan limitaciones. Por ejemplo, la de los indicadores paleoclimáticos radica en que no ofrecen mediciones directas de la temperatura, sino mediciones filtradas a través de un organismo vivo, y esto plantea dudas sobre si existe alguna interferencia biológica o química ajena al clima. 

No obstante, el hecho es que estas tres fuentes de pruebas apuntan todas en la misma dirección. En ese sentido, el evento actual —quizás el más fuerte jamás observado— podría ser la prueba irrefutable, la que nos ayude a conectar los puntos entre todos estos estudios y a decir: ‘Aquí es donde realmente vemos la huella del cambio climático’. 

¿Qué supuso El Niño de 1982-1983 para el mundo y para la ciencia y cuánto evolucionó la comprensión del fenómeno desde entonces?

Aquel fue un acontecimiento impactante. La razón es que los científicos no lo predijimos porque no disponíamos de modelos de pronóstico para El Niño. Además, ni siquiera lo detectamos hasta que estaba casi en su punto álgido. No contábamos con un sistema de observación capaz de detectar en tiempo real un fenómeno de El Niño de rápido desarrollo, como el actual. Aquello motivó enormemente a la comunidad científica —que ya estaba preparando un programa de investigación al respecto— a volcarse en el tema. Ese programa, que duró 10 años —hasta 1994—, fue un éxito rotundo. Revolucionó la ciencia.

Como dice, la predicción mejoó muchísimo, hasta el punto de que los gobiernos fueron recibiendo avisos al respecto varios meses antes de que El Niño comience a entrar en su fase más peligrosa. ¿Cree que están sabiendo aprovechar esta información? 

Sí, la están utilizando. En este momento decenas de naciones en todo el mundo emitieron declaraciones de emergencia o cuentan con planes de preparación ante desastres para este fenómeno. Muchos de estos países se encuentran en zonas del mundo que sufren más los efectos de El Niño —por ejemplo, Perú y otras áreas de Sudamérica, África y Asia—. 

Cada uno de los años en los que se produce un episodio intenso de El Niño viene acompañado de fenómenos meteorológicos realmente extremos en todo el planeta. Esto se debe a la combinación del calor provocado por los gases de efecto invernadero y el calor que El Niño libera desde el océano. Así, observamos regiones que sufren lluvias torrenciales e inundaciones extremas, sequías muy severas e incendios forestales que escapan a todo control —como está ocurriendo actualmente en Indonesia—. Así pues, creo que tanto la población como los gobiernos comprenden su gravedad. 

¿Cree, entonces, que el mundo está lo suficientemente preparado?

Bueno, no conozco los detalles sobre si la preparación está siendo suficiente a nivel global, pero sabiendo que la fuerza de la naturaleza es enorme, lo mejor es que los países sean precavidos. En el caso de los grandes episodios de El Niño, el impacto económico a nivel mundial se cifra en billones de euros. Es decir, estamos hablando de pérdidas económicas enormes, y también de pérdidas humanas y de biodiversidad. Hace cosa de un mes se publicó un estudio que señalaba la posibilidad de que se produzcan cerca de medio millón de muertes debido únicamente al calor extremo resultante. 

¿Por qué El Niño prácticamente no afecta a Europa de forma directa y en qué cosas indirectas o a largo plazo sí puede hacerlo?

La respuesta rápida es que Europa está muy lejos de la región de origen de El Niño, lo que permite que otros factores regionales cobren mayor protagonismo. Uno de ellos es el vórtice polar estratosférico, y El Niño es uno de los diversos elementos que pueden provocar su desestabilización o ruptura. En consecuencia, aunque un invierno bajo la influencia de El Niño pueda ser, en promedio, más suave en Europa, también cabe esperar episodios de frío intenso.

Además, El Niño puede influir en el continente de manera indirecta por su interconexión con los mercados mundiales de materias primas (productos agrícolas, petróleo, gas…) y su posible alteración. Por último, diversos indicios sugieren que el cambio climático intensificará las variaciones asociadas a El Niño hacia finales de siglo. De ser así, se podría esperar que el impacto allí sea más pronunciado. 

Este “Superniño” coincide, además, con un gobierno de EEUU que está amenazando con desmantelar partes críticas de la NOAA, como la Office of Oceanic and Atmospheric Research (OAR), de la que forma parte el que era su grupo de trabajo. ¿Por qué es tan importante que no se desmantelen oficinas como esta?

Realizar investigaciones para comprender fenómenos como El Niño y los efectos del cambio climático es una gran inversión —de costo relativamente bajo— que genera enormes beneficios sociales al salvar vidas y proteger tanto los bienes materiales como los medios de subsistencia.

La muerte masiva de crías de ballena en Argentina desconcierta a los investigadores

La muerte masiva de crías de ballena en Argentina desconcierta a los investigadores

Muchos de los cadáveres aparecieron en las playas que rodean la Península Valdés, una importante zona de reproducción de la ballena franca austral.

La muerte de ballenas francas australes en las costas de la Patagonia argentina lleva meses encendiendo las alertas de científicos y organizaciones animalistas. Según la revista Live Science, desde junio, son más de 300 las crías de esta especie (Eubalaena australis) que aparecieron muertas en la zona de Península Valdés, en la provincia argentina de Chubut.

Cada año, las ballenas francas australes migran a las aguas protegidas de este lugar para parir y criar a sus crías. En un año normal, entre el 20 y el 30 por ciento de las recién nacidas allí no sobreviven, según recoge el medio anteriormente citado. Sin embargo, este año, los expertos señalan que la mortalidad está siendo mucho mayor de lo habitual.

La cifra provisional que manejan los expertos triplica el anterior récord anual documentado, registrado en 2012, cuando murieron 113 ejemplares jóvenes. Los investigadores tratan ahora de averiguar qué provocó esta mortandad tan excepcional y por qué se produjo con tanta intensidad este año.

La posible causa: una hipótesis

Conociendo de primera mano la situación, los científicos enviaron muestras de tejido de algunas de las ballenas fallecidas para su análisis. En ellas se detectó la presencia de Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria que puede causar erisipela y que, en los casos más graves, desencadena una infección generalizada capaz de dañar órganos vitales y provocar la muerte del animal.

Una de las hipótesis que se investiga ahora apunta a las gaviotas cocineras (Larus dominicanus), aves que desde hace décadas picotean el lomo de las ballenas francas australes cuando estas salen a la superficie para respirar. Lo que se plantea es que estas gaviotas podrían estar actuando como transmisoras del microorganismo.

Incluso si las bacterias son las culpables, los expertos todavía deben determinar por qué se volvieron tan letales este año. En este sentido, Marcela Uhart, veterinaria del One Health Institute de la Universidad de California, reveló que los cambios en las condiciones marinas, como el aumento de la temperatura del mar, potencialmente vinculados al cambio climático o a El Niño, también podrían estar jugando un papel clave.

“Es una tormenta perfecta en la que esta bacteria es lo suficientemente potente como para superar la inmunidad de las crías y causar su muerte. Así que, en la medida de lo posible, intentaremos identificar al menos qué factores pueden estar desencadenando este evento y haciéndolo tan masivo”, compartió con AP News.

La ballena franca austral puede alcanzar unos 17 metros de longitud y pesar cerca de 40 toneladas en la edad adulta. En Argentina, está protegida como Monumento Natural Nacional desde hace más de 40 años.

Pedro Almodóvar: “La inteligencia artificial es un peligro, pero nunca podrá escribir 'Hable con ella'”

Pedro Almodóvar: “La inteligencia artificial es un peligro, pero nunca podrá escribir 'Hable con ella'”

El cineasta presenta su primera novela, 'El hombre que solo escribía en los aviones' (Reservoir Books), una obra escrita con una libertad absoluta y que habla sobre la creación, la IA y el deseo.

Pedro Almodóvar escribió su primera novela. Eso, ya de por sí, es una noticia que cualquier seguidor del cineasta debería celebrar. Pero es que la esribió, además, con una libertad arrolladora que se desprende en cada palabra de El hombre que solo escribía en los aviones (Reservoir Books). En sus páginas se mezclan sin pudor citas, relatos, referencias cinéfilas, un poco de autoficción y toda la esencia del universo del cineasta.

Una obra tan libre que remite a Enrique Vila-Matas, que alaba la novela en la faja que la envuelve, y al que pocas horas antes de esta entrevista le otorgaron el Premio Nacional de las Letras Españolas. Parece un guiño del destino, y Almodóvar se muestra encantado porque confiesa la inspiración de a quien considera un maestro.

En El hombre que solo escribía en los aviones el protagonista tiene el nombre más almodovariano posible, Flavio Guijarro, y podría definirse como un coach de actores que anhela escribir… y quizás dirigir. Puede que no sea el más dotado para eso, pero su capacidad de copiar, reapropiarse de textos y convertirlos en algo diferente sí es sobresaliente. Una idea que surgió mientras rodaba Amarga Navidad, con la que esta novela forma un díptico sobre la creación artística, y también como ejemplos de obras que no creen en ninguna norma académica de construcción del relato.

—Desde el primer momento se dijo que es su primera novela, pero usted ya había escrito relatos, había escrito Patty Diphusa... ¿Pesa mucho la palabra ‘novela’?

—Sí, pesa. No es que ahora me sienta novelista, aunque el hecho de escribir una novela tampoco te convierte en novelista. Pero para mí he dado un paso gigantesco, porque yo no había sido capaz de escribir una novela. Era capaz de ficcionar relatos que duraban dos horas, hora y media o menos en forma de película, pero no como una novela. Entonces para mí es un gran logro, independientemente de no saber qué pasará con ella; para mí es un gran logro porque soñaba desde hace mucho tiempo con ello.

—Flavio Guijarro, su protagonista, dice que la palabra es sagrada. ¿Para usted también lo es, incluso la de un guion?

—Un guion es un material de trabajo, lo cual significa que debe tener la posibilidad y la flexibilidad de adaptarse a determinadas circunstancias. Esas circunstancias nunca pueden ser esenciales, porque si no, cambias la historia que estás contando. Mis guiones son de hierro. No son de oro: son de hierro. Voy a rodar con un guion férreo, pero en el momento en que ya he ensayado con los actores y tengo el decorado, normalmente adapto cosas porque las distancias son más largas o más cortas, o porque una vez que veo todo junto me sugiere decirlo de otro modo, acortar o, al contrario, alargar escenas. La palabra es sagrada como concepto, pero no significa que sea algo inamovible.

—¿Anhela usted la perfección, como Flavio?

—Totalmente, pero es que hay que anhelarla. Tú tienes que ir, y por eso sufro de vez en cuando rodando, pidiendo, demandando y provocando como puedas la perfección de cada plano. Aun así, la película va a ser el sesenta por ciento de lo que tú has soñado, pero para que llegue a ese porcentaje necesitas haber luchado casi con los puños para que fuera perfecta. La película perfecta no existe. Ni Vértigo es una película perfecta, y tampoco hace falta. No es perfecta por el hecho de que conlleva la participación de cuarenta, cincuenta o sesenta personas; esas personas están vivas e interactúan con el material que están rodando, y lo que aparece a veces es distinto a lo que habías pensado. No de un modo esencial, porque entonces la has cagado y tienes que volver a rodar la película que querías rodar. La perfección absoluta no existe, pero hay que imponérsela. Yo, por ejemplo, cuando hacía mis Super-8 iba con mi guion y todo escrito, a pesar de que ni se oían los diálogos. Lo llevaba aun siendo un formato totalmente subestándar que iban a ver cuatro personas, pero le tengo mucho respeto a eso.

El mayor deseo que siento ahora mismo es el de crear. Y es tan estimulante, angustioso, reconfortante y doloroso como el deseo carnal

Pedro Almodóvar — Cineasta

—Aparece en la novela varias veces la palabra “ansiedad”. Se dice que “La ansiedad consiste en detener el tiempo” y que esta es una novela escrita con ansiedad. ¿Es su forma de enfrentarse al tiempo esa ansiedad por escribir?

—Últimamente sí. Desde la pandemia reconozco que el concepto de tiempo se ha plantado en tres dimensiones delante de mí, como diciendo: “Aquí estoy y te queda menos”. Siempre había pensado en el tiempo, pero no del modo en que lo hago ahora; ahora lo hago del peor modo, con ese pensamiento de “Me queda menos tiempo de vida”, que creo que no es positivo. Entonces me ha dado mucha prisa por escribir, por hacer películas y por desarrollar un montón de cosas que tengo todavía en la mesa de trabajo. Esa sensación te provoca ansiedad, pero hay un tipo de ansiedad vinculada a la adrenalina que es positiva porque te empuja a trabajar. Lo que ocurre es que hay un momento en que sin darte cuenta te pasas de rosca, se convierte en algo muy angustioso. Hay que estar atento, sobre todo yo, que tengo esa tendencia. Además, el organismo me lo avisa a través de la piel con pequeños sarpullidos; el cuerpo te está diciendo que pares.

—En la novela aparece, cómo no, el deseo, pero tengo la sensación de que ese deseo ha ido cambiando a lo largo de su carrera.

—El mayor deseo que siento ahora mismo es el de crear. Y es tan estimulante, angustioso, reconfortante y doloroso como el deseo carnal. En mis películas sí ha cambiado el modo de mostrar el deseo carnal, y creo que ha cambiado por el hecho de que en los ochenta y los noventa ya lo exploré mucho. Ahora mismo, a no ser que explique mucho una secuencia con contenido erótico o revele aspectos clave de los personajes, trato de pasar bastante rápido por encima, sencillamente porque ya lo he hecho antes. Curiosamente, cuando termine esta entrevista me iré a casa a seguir escribiendo lo que espero que sea mi próxima película, y en ella aparece el deseo carnal como no ha aparecido antes en mis historias: de un modo muy descarnado, casi violento y explícito. Lo que me queda es encontrar a dos actores, porque en este caso son dos tíos, que estén dispuestos a hacer lo que he escrito. Va a haber un cambio en ese punto porque me lo pide la historia; el argumento tiene mucho que ver con eso.

El director de cine Pedro Almodóvar, en la sede de la productora El Deseo

—Hace años, creo que presentando el guion de Madres paralelas, mencionó el relato de Blade Runner que tenía guardado. Habló de que cuando vio Titane se acordó de ese relato suyo donde una replicante se cogía a un coche. Por fin lo podemos leer.

—Cuando vi Titane me dio una rabia... porque yo había escrito veinticinco años antes la relación de un coche con una replicante, una relación carnal. Es que hay muchos elementos que se pueden utilizar con un coche... Sobre las replicantes tengo escrito mucho más de lo que aparece en el libro, porque no quería que fagocitara la historia principal. Empecé a escribirlo exactamente en el 83, después de ver la película. Cambió mucho a lo largo del tiempo porque de vez en cuando lo retomaba por diversión. Al principio se titulaba La gente tiene que servir, como la película de Forqué, porque eran replicantes y todas ellas se dedicaban al servicio doméstico. Ya tenía actrices adjudicadas: una era Carmen Machi, otra Chus Lampreave... Máquinas que habían salido defectuosas, muy respondonas y maleducadas porque eran baratas, pero a la vez se les había contagiado algo humano y por eso eran tan espabiladas y divertidas. El otro tipo de replicantes eran las superguapas, que se dedicaban a tareas de más nivel, como una traductora que dominaba mil idiomas. Se reunían los jueves en una discoteca que estaba gestionada íntegramente por replicantes porque, al ser música de máquinas, quienes mejor la entendían eran ellos. Además, no tenían que drogarse ni tomar nada para estar veinticuatro horas seguidas pinchando música. Se reunían allí y hablaban de sus cosas.

Eso lo tenía escrito en los ochenta. Conforme avanzaba, fueron apareciendo más temas, como la venta de memoria. Lo que cerró el relato según lo tengo ahora fue que, hacia el año 2000, mi hermano me habló de la transgénesis y me fascinó. Es una realidad terrorífica porque sitúa al ser humano al borde de una nueva condición biológica. En ese momento yo estaba escribiendo La piel que habito, que también me llevó tiempo; y en cuanto incluí en ella la transgénesis todo cobró sentido, y se la adjudiqué también al relato de las replicantes. Estuve mucho tiempo entrando y saliendo de ese texto, pero nunca sabía qué iba a hacer con él; pensaba que a lo mejor algún día lo terminaría, pero cada vez que me acerco al tema se me ocurren nuevas ideas. Además, habiéndose hecho ya la continuación de Blade Runner 2049 y tantas películas sobre robots… pero quiero creer que esta historia es distinta.

—En la España de su Blade Runner hubo tres guerras civiles, Madrid queda para la clase dirigente y el país es casi una gran empresa. ¿Ve usted tan mal a España en estos momentos?

—Veo el mundo muy mal. De hecho, en ese relato EE.UU. desaparece; ya no existe, es víctima de un autogolpe similar a lo que podría ocurrir con este señor en el poder. Imaginé un futuro muy desgraciado. Creo que estamos ante un momento muy distópico y oscuro, no solo por razones evidentes y por los políticos que gobiernan, sino por la inteligencia artificial, aunque no he querido nombrarla explícitamente en la novela. 

Eestamos en un momento peligrosísimo. La alianza Vox y PP ya está diciendo lo que quiere, y sería tal atraso que yo no quiero empezar a deprimirme de un modo anticipado

Pedro Almodóvar — Cineasta

La cultura creada por la IA se basa en millones de datos, pero no es original, no tiene alma, y probablemente sustituya a la cultura humana. Yo creo que es un gran peligro. Pero hay cosas que no puede hacer una inteligencia artificial. No creo que la inteligencia artificial pueda escribir un guion como La mala educación o Hable con ella, porque no tendrán ese proceso de cocción que yo le he dedicado a cada uno de ellos; no hay otro modo de hacerlo.

La cultura corre peligro, sobre todo porque detrás de la IA hay mucha cantidad de dinero, lo que acelerará el proceso para que se imponga muy pronto en nuestras vidas. Nosotros lo vamos a vivir. Ya vivimos situaciones así: llegar a un sitio, poner el pasaporte y que una máquina te lea el iris ya es parte de eso. Me preocupa muchísimo porque es una fuerza desmedida que dejará obsoletos millones de puestos de trabajo. El año pasado el Nobel de Física advertía de que existía un uno por ciento de probabilidades de que destruyera la humanidad; son datos escalofriantes que leemos en la prensa. Si me preguntan qué creo que hay que hacer: regularla. Es esencial aprobar leyes que pongan límites y considerar la cultura humana. No es que yo quiera estar en un altar, pero que fuera como un santuario intangible donde no se pueda entrar: que el que entre y pinte sea quien pinte y el que escriba sea quien escriba. No veo que las cosas vayan por ese camino, es un poco apocalíptico, y a pesar de que me levanto cada día intentando ser lo más optimista posible, son momentos muy difíciles.

—La novela va a salir en precampaña electoral, ¿le preocupa el futuro de España?

—Sí, me preocupa muchísimo. Ahora la promoción de la novela y la escritura de un nuevo proyecto me mantienen estimulado, al igual que la película que hemos producido con los Javis (La bola negra), que es un fenómeno mundial. Todo eso me tiene muy entretenido y estimulado, pero si dejo de pensar en esas cosas que tengo entre manos, creo que estamos en un momento peligrosísimo. La alianza Vox y PP ya está diciendo lo que quiere, además de que ya lo ha dicho en las diferentes comunidades donde han gobernado, y sería tal atraso que yo no quiero empezar a deprimirme de un modo anticipado, pero estoy a punto de eso. Como me deje para mí un día entero libre, sin nada que hacer, me deprimiré mucho pensando en lo que nos espera a partir del día 29. He ido varias veces a Televisión Española para distintos programas y entrevistas, y algo que estoy oyendo a varias personas es: “¿Y a mí cuándo me echaran?”. TVE le está haciendo pupa a La Sexta, le está ganando terreno en el entretenimiento y está enfrentándose a la que era la máxima televisión, Antena 3. Está funcionando mejor que nunca. Y me imagino a esa gente pensando en qué van a hacer con ellos, contando con que les echarán… Van a entrar como un elefante en una cacharrería y de un modo devastador. Claro que me preocupa. Me preocupa muchísimo.

—¿Puede hacer algo la cultura?, ¿qué puede hacer un creador en estos momentos?

—Pues no lo sé. Quiero decir, primero hablar de ello, firmar todos los manifiestos que te presenten. Hay muchas causas, además de la española. A mí, por ejemplo, me encantaría hacer una película sobre este momento, pero no estoy capacitado para ello. Me da mucha rabia que tenga un instrumento como es el cinematográfico y que lo pueda utilizar… pero no me sale, no soy capaz. No sé tanto de todas las profesiones que engloban y que están implicadas en este mundo. Sé los chascarrillos, pero tendría que ser algo más profundo para hablar de la desolación de este momento, y eso incluyera desde los señores mayores que están luchando por sus pensiones hasta la juventud absolutamente desesperada, y con razón, que está buscando una casa, un trabajo, un futuro. 

El concepto libertad se lo han apropiado personas que no saben lo que es y sobre todo, que no están dispuestos a vivir en libertad y a dejar que los demás vivamos en libertad.

Pedro Almodóvar — Cineasta

Hablar de todo eso, y de los políticos también. De los políticos es más fácil, porque son como actores. Hay algo que se parece mucho a una campaña, que es la promoción de una película o un libro. Bueno, los autores creo que mentimos menos. Yo no miento, y eso a veces me crea problemas.

—Cuando presenta una película en un festival tiene clarísimo cómo habla del presente, cómo entronca con lo que ocurre en el mundo. ¿Qué dice esta novela del momento actual?

—Yo creo que el principal mensaje que tiene la novela es el de la más absoluta libertad. Yo he escrito y he rodado siempre con toda la libertad del mundo, pero hay veces que los propios formatos de una película ya incluyen unos ciertos límites que tú sabes que si los pasas queda mal. Aquí he experimentado más libertad que en toda mi vida. Y esa libertad sería el mejor mensaje, porque se trata de que las libertades de las que gozamos ahora y que nos ha costado tanto trabajo adquirir, aunque algunas van decreciendo, que continúen formando parte de nuestra vida.

—¿No le da rabia que sea un concepto tan manido el de libertad en los últimos años?

—Sí, se lo han apropiado las personas que no saben lo que es y sobre todo, que no están dispuestas a vivir en libertad y a dejar que los demás vivamos en libertad. Nos lo han arrebatado como nos han arrebatado la bandera. Y es una pena, porque yo no puedo evitar ahora, cuando veo a una persona con una pulsera de la bandera de España, que eso me provoque una antipatía enorme, al menos por la mano. Tendré que hablarle y a lo mejor la persona me gusta. Otro de los mensajes es que cuando mejor les va a todos es cuando conviven. En el relato de Blade Runner conviven las unidades, conviven los replicantes, conviven las personas, los científicos, las empresas, etcétera y conviven todos en armonía. Recuerdo los años de la movida. Lo maravilloso de esos años es que no había guetos, o sea, en los lugares a donde íbamos había transexuales, había pansexuales, había travestis, había de todo lo imaginable. En la noche estábamos todos juntos. Ahora no, ahora es más específico. Y en ese momento, los locales eran la variedad y la diversidad absoluta.

—Una de las muchas citas en el principio es de la novela Peces de Eva Baltasar...

—Yo he pensado llevarla al cine. A lo mejor, de hecho, me pongo. Me admira enormemente lo que ella consigue decir en esa novela acerca del deseo, de la pasión y de lo que es una relación posesiva que ahora diríamos tóxica. Me fascina la novela. El único problema es que es esencial encontrar dos actrices que se presten a ir tan lejos, y eso no es fácil. Creo que le voy a decir a Eva y Yolanda [sus directoras de cásting] que si me encuentran a dos actrices dispuestas, yo trabajo con ellas. Es una novela que adoraría llevar al cine.