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El jefe de Gabinete buscó cerrar cuestionamientos en el plano judicial, pero evitó responder sobre inconsistencias y conflictos abiertos. Entre las dudas patrimoniales, el cierre de la unidad $LIBRA y el ajuste en el PAMI, la exposición mostró más tensiones que certezas.
Manuel Adorni construyó su exposición ante la Cámara de Diputados como un relato guionado y casi sin fisuras. Su objetivo fue dar cuenta de un gobierno que corrige desvíos históricos, jaqueado por una oposición que conspira contra ese rumbo y una gestión que, aun con demoras, avanza en la dirección correcta. Pero a medida que el jefe de Gabinete se adentró en los temas más sensibles empezaron a aparecer zonas de tensión que desbordan ese esquema y dejan expuesta una distancia entre el discurso oficial y la dinámica real.
El primer punto aparece en su propia defensa patrimonial. Adorni insistió en que no hubo “ocultamiento alguno” en sus declaraciones juradas y que las denuncias buscan instalar “una hipótesis incorrecta”. Sin embargo, ese planteo convive con inconsistencias concretas: en su presentación como candidato en 2025 omitió consignar su casa en el country Indio Cua, una propiedad adquirida como bien ganancial, junto con la deuda hipotecaria asociada, pese a que la normativa exige declarar ese tipo de activos.
No se trata de un detalle técnico. Es, más bien, un punto que tensiona el corazón del argumento oficial: la idea de transparencia como diferencial político. En ese sentido, la apelación a anexos reservados y a formalidades administrativas aparece más como una forma de encapsular el problema que de resolverlo.
Algo similar ocurre con las acusaciones por conflictos de interés. Allí, Adorni negó de manera tajante cualquier irregularidad. Afirmó que es “falso” que haya intervenido para favorecer contrataciones de terceros con vínculos previos y aseguró que no existe contrato alguno entre la TV Pública y su amigo, el periodista Marcelo Grandio. Sin embargo, según publicó la periodista Martina Garbarz, existen seis contratos con la productora Imhouse vinculada a Grandio que suman $97.943.995. Otra vez, el mecanismo fue reducir el debate a su dimensión legal, donde el oficialismo se siente más cómodo.
El caso $LIBRA sintetiza esa lógica con mayor nitidez. Durante su exposición, el jefe de Gabinete volvió a enmarcar las denuncias como parte de una ofensiva opositora, pero omitió un dato clave: el propio Gobierno decidió disolver en mayo de 2025 la Unidad de Tareas de Investigación creada apenas tres meses antes para analizar ese entramado. La unidad había sido concebida como una herramienta para recabar información y asistir a la Justicia. Su cierre, formalizado por decreto presidencial, dio por concluida esa tarea tras la remisión de los datos recolectados.
En materia educativa, el discurso volvió a apoyarse en la idea de reformas estructurales y planificación de largo plazo. Adorni habló de transformación, de cambio de época, de un nuevo paradigma. Sin embargo, en paralelo, el conflicto con las universidades sigue abierto y sin resolución de fondo. La Ley de Financiamiento Universitario continúa sin aplicación efectiva, en un contexto de reclamos persistentes por recursos. La brecha entre la ambición del discurso y la implementación concreta vuelve a hacerse visible.
El caso del PAMI introduce un elemento aún más sensible, porque impacta de manera directa en la vida cotidiana. Adorni sostuvo que las prestaciones continúan con normalidad y buscó transmitir una imagen de estabilidad en el sistema de salud. Pero esa afirmación convive con decisiones recientes del propio organismo, como la eliminación de la cobertura total de medicamentos para más de 1,7 millones de afiliados. Lejos de ser un ajuste marginal, se trata de una modificación estructural que redefine el acceso a prestaciones básicas. En ese marco, la idea de “normalidad” queda tensionada por una política que, en los hechos, recorta beneficios sobre una población particularmente vulnerable.
Algo parecido ocurre en el área de discapacidad, donde el Gobierno sostiene un discurso de ordenamiento y eficiencia, pero la implementación de políticas específicas sigue siendo fragmentaria. La falta de aplicación plena de marcos normativos vigentes y las dificultades en el acceso a prestaciones configuran un escenario que contrasta con la narrativa de reorganización y mejora del sistema.
Incluso en el frente económico, donde el oficialismo construye su principal fortaleza, aparece una tensión interna que el propio Adorni dejó entrever. El jefe de Gabinete reconoció que “algunos de los resultados todavía no muestran un impacto directo en la vida cotidiana” y atribuyó ese retraso a una “operación golpista” durante la campaña. La explicación desplaza la responsabilidad hacia factores externos, pero al mismo tiempo revela la dificultad de traducir logros macroeconómicos en mejoras perceptibles para amplios sectores de la sociedad.
Según su propia exposición, la gestión evidencia resultados “contundentes y positivos”. Y, en efecto, ese es el núcleo del relato oficial. Pero en varios de los temas más sensibles el discurso deja ver una distancia persistente entre esa narrativa de orden y la complejidad del presente. Lo que quedó planteado en el recinto no fue solo una disputa entre oficialismo y oposición. Se trató de algo más estructural: hasta qué punto el Gobierno puede sostener un relato de coherencia y control cuando, en los márgenes de su propia exposición, empiezan a acumularse señales que lo contradicen.
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El jefe de Gabinete hizo un esfuerzo para no reaccionar ante los cuestionamientos durante el informe de gestión. Una vez que Milei abandonó el recinto, el tono de Adorni decayó y solicitó gozar de un cuarto intermedio luego de cada tanda de preguntas. Le preguntaron por el desfinanciamiento del PAMI, el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario y su situación patrimonial.
Manuel Adorni hizo un esfuerzo sobrehumano para no reaccionar durante las siete horas que duró el informe de gestión. No se rió ni respondió a las chicanas de la oposición. No pestañeó cuando le preguntaron por su viaje a Aruba, la custodia policial de su esposa o el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario. El vocero oficial del gobierno libertario se limitó a agarrar con fuerza la taza de té que tenía delante y repetir, en tono monocorde, el guion que redactaba concienzudamente luego de cada tanda de preguntas. Le habían pedido que no improvisara, que aburriera y así lo hizo.
Una vez que Javier Milei y el Gabinete abandonaron los palcos, el ánimo de Adorni decayó. Las respuestas se fueron volviendo más apagadas, aplanadas por los cuartos intermedios que el jefe de Gabinete iba solicitando para organizar sus respuestas. Cada vez que un diputado opositor le preguntaba por las vacaciones o viajes que había realizado, repetía: “Los miembros de esta cámara quieren asemejar gasto privado con gasto público. He afrontado los pagos de todos los viajes que realice. No se trataron de obsequios de ningún tipo”.
“Hoy sí tiene cara de deslomado”, ironizó, en un momento, la diputada de Patria Grande, Natalia Zaracho.
Adorni, cansado y alicaído, no se corrió del guion. El momento más álgido fue cuando, después de que casi una docena de diputados le preguntaran cuándo iba a renunciar, el jefe de Gabinete atinó a sacar pecho y provocar: “No cometí ningún delito y voy a probarlo en la Justicia. No voy a renunciar, estoy acá dando la cara”. La bancada libertaria estalló en aplausos, así como la militancia que había quedado en los palcos: durante toda la sesión, los hermanos Milei bajaron línea para que se notara el respaldo de toda La Libertad Avanza. Aún cuando, en privado, varios oficialistas se preguntan por qué no lo echaron.
La oposición, sin embargo, aprovechó para disparar toda la munición del último par de meses: deudas en el PAMI, ley de emergencia en discapacidad, caída del consumo y financiamiento universitario, por un lado, y la causa de enriquecimiento ilícito, por el otro. Adorni hizo todo lo posible para desentenderse de todos los temas, pero se vio acorralado ante la necesidad de tener que justificarse, una y otra vez, sobre sus gastos personales.
“Mientras usted se creía gracioso diciendo que se deslomaba en Nueva York, ¿sabe cómo le dice la gente? La gente le dice Aloe Vera, porque cada día le descubren más propiedades. Y no es gracioso. No es gracioso porque usted hizo de la burla de los periodistas, la burla de las personas con discapacidad, una forma de actuar”, apuntó Myriam Bregman, quien más temprano había protagonizado uno de los principales cruces con Milei cuando todavía estaba en el recinto. “Asesinos”, les gritó el presidente, luego de que los diputados de izquierda lo acusaran de ser “cómplice del genocidio palestino”.
“Gracias por no renunciar”, lo chicaneó, a contramano del resto de los diputados, el cristinista Rodolfo Tailhade, y deslizó: “Como me dedico a cazar corruptos hace 20 años hay algunas cosas que le quiero preguntar”. Hubo risas en la bancada peronista, pero también en la libertaria. Algunos oficialistas, incluso, lo aplaudieron irónicamente. Adorni, en cambio, no levantó ni una ceja. Solo atinó a mirarlo fijamente.
Tampoco pestañeó cuando Tailhade se refirió a la custodia policial de su esposa, Betina Angeletti. “¿Usted sabe que su esposa tiene custodia policial, un auto oficial, y tres equipos que cumplen servicio de custodia? ¿Sabe que su esposa usa esta custodia para ir a la manicura, para llevar chicos a la escuela y para ir a la Fernetería?”, apuntó. La Fernetería es un bar en Palermo.
Adorni no dijo nada al principio, pero fueron los diputados de LLA quienes salieron a responder por él. “Mentira”, gritó uno. “Se robaron todo”, agregó otra. Martín Menem había bajado línea interna: el jefe de Gabinete no podía arriesgarse a enojarse y pisar el palito, así que tendrían que hacerlo los diputados por él.
El riojano hacía equilibrio. Para afuera, buscaba mediar y controlar el recinto. Pero puertas adentro agitaba, bajo la línea de Karina Milei, que los diputados oficialistas salieran en defensa de Adorni. Hubo un solo momento en el que se enfureció y, en un gesto arbitrario que en su primer año como presidente de la Cámara de Diputados solía hacer seguido, le empezó a cortar el micrófono al radical Pablo Juliano. ¿El motivo? No le gustaba que tuteara a Adorni.
“Cuando uno no puede explicar lo obvio no podés decir que vas a terminar con la casta”, apuntó Juliano, y Menem le cortó la palabra. El radical volvió a intentarlo, y el riojano repitió la maniobra. “Le voy a seguir interrumpiendo la palabra si no trata de ‘usted’ al jefe de Gabinete”, le espetó, furioso, el presidente de la Cámara de Diputados.
El golpe más duro contra Adorni, sin embargo, se lo dio el jefe de bloque peronista, Germán Martínez, quien puso el dedo en la llaga de lo que nadie quería decir en público. Es decir: que ni los propios querían salir en defensa del jefe de Gabinete. “Usted es un lastre, un collar de sandías. No vinieron por usted, vinieron por el presidente. Es más, varios están buscando quedarse con su lugar. ¿Usted cree que está en condiciones de cumplir con las tareas de administración del país? ¿Cuánto tiempo le dedicó a prepararse para venir acá y cuánto tiempo le dedicó a solucionar problemas?”, atizó.
Martínez no terminó ahí, sino que subió la apuesta. “Los diputados del oficialismo tampoco creen en usted. Soy prudente y no digo las cosas que me dicen en los pasillos”, deslizó. Y remató: “Hoy usted no coordina el gabinete, hoy no tiene la confianza del Congreso o los gobernadores. Solo tiene la confianza del presidente. La figura del jefe de gabinete no fue creada para que el presidente viniera a protegerlo, sino al revés”.
Adorni tomó la palabra sobre el final, e intentó levantar el ánimo. “No voy a aceptar injurias de quienes sumieron al país en la pobreza más extrema. Ustedes no tienen derecho de pedirle explicaciones judiciales a nadie”, espetó, con ahínco, entre los aplausos de los diputados libertarios. “Adorni, Adorni”, cantaron desde las bancadas oficialistas, con el objetivo de terminar la jornada con un mensaje: pese a las recriminaciones internas, LLA se abroquelaba en defensa del jefe de Gabinete.
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El jefe de Gabinete defendió la legalidad de sus traslados, negó irregularidades en su patrimonio y atribuyó las denuncias a “operaciones políticas” de la oposición. El Presidente siguió el inicio de la intervención desde un palco en el recinto y lo arengó al ingresar.
Manuel Adorni eligió el recinto de la Cámara de Diputados como escenario para dar su versión más completa frente a las denuncias que lo rodean. En medio de su primera presentación de informe de gestión, el jefe de Gabinete interrumpió el hilo argumental y se dedicó a responder, punto por punto, las acusaciones por sus viajes, su patrimonio y la inclusión de su esposa en una comitiva oficial. “Sé que muchos quisieran hacer un juicio público a mi persona”, advirtió, en una frase que funcionó como paraguas de todo lo que vino después. “No cometí ningún delito y voy a probarlo en la Justicia”, lanzó. Más tarde, durante uno de los momentos de respuestas a las preguntas de los periodistas, insistió: “No voy a renunciar, estoy acá dando la cara”.
El descargo tuvo un eje central: correr la discusión del terreno político al judicial. Adorni insistió en que las principales denuncias ya fueron analizadas por la Justicia y que no se encontraron irregularidades. Se detuvo especialmente en el viaje a Estados Unidos de marzo de 2026, uno de los puntos más cuestionados. “Tanto el Ministerio Público Fiscal como el Poder Judicial ya se expidieron sobre este tema. No existió delito ni irregularidad”, afirmó ante un recinto con presencia completa del gabinete nacional y bajo la mirada directa del presidente Javier Milei, que siguió la intervención solo durante la primera hora. El mandatario estuvo en un palco junto a su hermana Karina y los ministros Luis Caputo y Sandra Pettovello.
Según explicó Adorni, la comitiva fue aprobada conforme a la normativa vigente y su integración responde a una decisión discrecional de la Presidencia. Recordó que formó parte de la delegación que acompañó a Milei en actividades oficiales en Miami y Nueva York en marzo, y aclaró que su esposa viajó como invitada únicamente en el vuelo de salida y regresó luego en un vuelo comercial. “Se comprobó judicialmente que no hubo ningún gasto de viático, alojamiento, comida o de cualquier otro tipo por parte del Estado Nacional”, subrayó.
El argumento fue reforzado con una definición política: “Cuando se le permite a la Justicia actuar, se caen las operaciones”. Adorni buscó así transformar el eje de la discusión. No eludió, sin embargo, el impacto del tema. Recordó que pidió disculpas a los argentinos “entendiendo que mi conducta debe ser siempre clara”, pero cuestionó que esas disculpas hayan sido utilizadas por sectores de la oposición como una herramienta para “obstaculizar la gestión”.
Otro tramo relevante estuvo dedicado a sus viajes personales y su patrimonio. Allí, Adorni fue más frontal. Acusó a la oposición de intentar “mezclar gasto privado con gasto público” y de equiparar su vida personal con actos de gobierno. “Ni constitucional, ni penal, ni civilmente son comparables”, afirmó. “Las manifestaciones sobre costeo externo son tendenciosas y falsas”, repitió, dos veces.
La defensa se extendió también al terreno de las declaraciones juradas. Adorni denunció que se intenta “dar por probada mediáticamente una hipótesis incorrecta” y reivindicó el cumplimiento de la Ley de Ética Pública. Explicó que su patrimonio fue informado conforme al esquema vigente, que distingue entre un componente público y un anexo reservado que incluye los bienes de su grupo familiar.
Ese anexo, detalló, se encuentra bajo la órbita de la Oficina Anticorrupción y solo puede ser consultado ante un requerimiento judicial. Según su versión, ese paso ya ocurrió y la información fue puesta a disposición de la Justicia. “Las autoridades judiciales son las competentes para investigar”, insistió, en una línea que buscó reforzar la idea de que el caso debe resolverse fuera del Congreso.
El descargo avanzó luego sobre otro de los ejes sensibles: las acusaciones por supuestos conflictos de interés. Allí, Adorni negó de manera tajante cualquier irregularidad. Afirmó que es “falso” que haya intervenido para favorecer contrataciones de terceros con vínculos previos y aseguró que no existe contrato alguno entre la TV Pública y su amigo, el periodista Marcelo Grandio. Sin embargo, según publicó la periodista Martina Garbarz, existen seis contratos con la productora Imhouse vinculada a Grandio que suman $97.943.995.
Adorni sostuvo que esos contratos ya fueron incorporados en las causas judiciales en trámite y que cualquier eventual incompatibilidad debe ser evaluada por la Justicia. “No existen ni existieron contratos entre el Estado Nacional y mi cónyuge, ni directa ni indirectamente”, enfatizó, antes de remarcar que no hubo incumplimiento alguno al régimen de incompatibilidades previsto en la Ley de Ética Pública. Según agregó, sus declaraciones juradas no registran los vínculos que se intentan construir.
El cierre de su intervención fue, también, un mensaje institucional y político. Adorni pidió a los legisladores que no intenten avanzar sobre causas en trámite y advirtió que hacerlo implicaría “incumplir la Constitución Nacional”. “Ni yo en mi carácter de jefe de Gabinete, ni ustedes como legisladores podemos arrogar el conocimiento de esas causas. Serán los jueces y solo ellos quienes deberán resolverlas”, planteó.
Adorni había comenzado su discurso con un fuerte tono político y centrado en la defensa de la gestión, Manuel Adorni inició su exposición ante la Cámara de Diputados confrontando con el kirchnerismo, al que definió como el “populista trágico que nos hundió en la decadencia”. La escena ya estaba cargada antes de que empezara a hablar. Cuando hizo su ingreso, Milei rompió el murmullo con un grito que se escuchó con claridad: “¡Vamos, Manuel!”.
“Este gobierno y este presidente solo se deben a la gente común, a los argentinos de a pie”, planteó el jefe de Gabinete en los primeros minutos, en una apelación directa a la legitimidad social como principal escudo político. La fórmula no es nueva, pero aparece recargada en este contexto: la idea de un oficialismo que no responde al sistema sino que lo enfrenta y que representa “al que trabaja, al que estudia y al que se esfuerza”.
El discurso avanzó rápidamente hacia una lectura más estructural. Adorni habló de un “arduo camino de reformas” orientado a “devolver a los argentinos todo lo que les fue arrebatado”, y cargó contra el legado del populismo, al que atribuyó “maldad, arrogancia o simplemente limitación intelectual”. No se trató solo de una crítica política sino de una impugnación cultural, en línea con la lógica de “batalla” que atraviesa al oficialismo desde su llegada al poder.
En ese marco, el jefe de Gabinete planteó que la actual gestión está haciendo “lo que el sistema político se negó a hacer durante más de 100 años”: transformar una “nación rentista y conservadora” en una economía “pujante” y capaz de crecer de manera sostenida. Sobre ese eje, Adorni buscó además diferenciarse de la lógica electoral que, según dijo, primó en gobiernos anteriores. “Nuestra visión no está ordenada en torno a ganar la próxima elección”, sostuvo, sino en proyectar “los próximos 10, 20, 30 años” del país.
Pero en ese mismo movimiento apareció una admisión calibrada. El jefe de Gabinete reconoció que algunos de los resultados obtenidos “todavía no muestran un impacto directo en la vida cotidiana de todos los argentinos”, y atribuyó ese desfase a lo que definió como una “operación golpista” del kirchnerismo y la izquierda durante la campaña electoral del año pasado.
Según su reconstrucción, ese clima político tuvo efectos concretos en la economía. Adorni habló de un riesgo país que “se disparó” por la posibilidad de un triunfo opositor, de una dolarización del 40% de la base monetaria en medio de una corrida “de las más importantes de los últimos años” y de tasas de interés que se quintuplicaron, “estresando al límite” el crédito. El resultado, dijo, fue un deterioro que “trajo serias dificultades para la gente a pie y afectó negativamente el bolsillo de los argentinos”.
El cierre de ese primer tramo volvió sobre la reivindicación de resultados. “A dos años, cuatro meses y 19 días de gestión”, precisó, Adorni aseguró que la marcha del gobierno “evidencia resultados contundentes y positivos”, apoyados en los informes de cada área. Una afirmación que, previsiblemente, será puesta a prueba en el intercambio con la oposición, que ya llega al recinto con una batería de cuestionamientos preparados.
PL/MC

Desde cuestionamientos a la cobertura mediática hasta un cruce con insultos, el mandatario volvió a profundizar su enfrentamiento con periodistas.
El presidente Javier Milei volvió a cargar contra los medios de comunicación este miércoles, en lo que se suma a una nueva embestida contra el periodismo en medio de un clima de creciente tensión con la prensa.
Durante su exposición en la Expo EFI, el mandatario cuestionó con dureza la cobertura mediática y apuntó contra lo que definió como “barbaridades” difundidas por distintos medios. “Las barbaridades que dicen los medios de comunicación nunca las vi en mi vida. Entiendo que no me quieran, pero por lo menos primero los datos”, lanzó al inicio de su discurso.
En esa línea, reclamó que el debate público se dé “con los datos arriba de la mesa” y denunció la existencia de “mentiras y calumnias”, reforzando su postura crítica hacia periodistas y empresas periodísticas.
Horas antes, la tensión había escalado en el Congreso de la Nación Argentina, donde Milei protagonizó un nuevo episodio de confrontación directa con cronistas acreditados.
Tras acompañar la exposición del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la Cámara de Diputados, el Presidente abandonó el recinto en medio de preguntas de la prensa. Ante una consulta sobre si las explicaciones del funcionario eran suficientes, respondió sin detenerse: “Es suficiente. ¡Chorros!”.
La escena reflejó el clima de una jornada marcada por la tensión entre el Gobierno y los medios, en un contexto en el que la sala de periodistas de la Casa Rosada continúa cerrada y sin fecha de reapertura tras la decisión oficial de restringir el acceso.
El cruce se produjo además en medio de cuestionamientos de la oposición a Adorni, quien debió dar explicaciones sobre su patrimonio, sus bienes y sus viajes, sin lograr despejar completamente las dudas planteadas en el recinto.
El episodio, que se viralizó rápidamente en redes sociales, volvió a poner en evidencia la relación cada vez más conflictiva entre la administración de Milei y el periodismo, con reiteradas descalificaciones públicas que profundizan la confrontación.
JIB

La Cámara rechazó un recurso de la Anses y confirmó la cautelar que ordena devolver el beneficio, mientras el Gobierno anticipó que recurrirá a la Corte Suprema.
La Sala III de la Cámara Federal de la Seguridad Social rechazó este miércoles un recurso extraordinario federal presentado por la Anses y dejó firme la medida cautelar que obliga a restituir la pensión por vuidez a Cristina Fernández de Kirchner.
Tras conocerse el fallo, el Ministerio de Capital Humano confirmó que el Estado nacional recurrirá en queja ante la Corte Suprema de Justicia para intentar revertir la decisión.
La polémica comenzó a fines de 2024, cuando la Anses dio de baja, mediante la Resolución 1092, la jubilación presidencial y la pensión como viuda de Néstor Kirchner que percibía la exmandataria.
La administración nacional tomó esta determinación tras la confirmación de la condena en la causa Vialidad.
Sin embargo, los jueces Juan Fantini Albarenque y Sebastián Russo consideraron que el organismo previsional no podía eliminar el beneficio de pensión por “cuestiones de honor”.
El tribunal estableció una distinción técnica entre ambas prestaciones: mientras avaló la suspensión de la jubilación correspondiente al cargo de presidenta debido a la condena judicial, ordenó que la pensión por viudez debe ser restituida al considerar inadmisible su baja por vía administrativa.
Desde el Ministerio de Capital Humano cuestionaron la reciente decisión judicial al sostener que “afecta el principio de legalidad” y que no contempla la “prohibición expresa del derecho al cobro” derivada de la condena e inhabilitación de la exmandataria.
Con información de Noticias Argentinas
JIB