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Las sesiones extraordinarias arrancan con expectativa en la Casa Rosada, en medio de una Patagonia en llamas y los gobernadores presionando por recursos. El Presidente reafirma su condición de outsider mientras su entorno se sumerge en el poroteo fino de la reforma laboral.
A días de que comiencen las sesiones extraordinarias en el Congreso, el Gobierno entra en zona decisiva con una paradoja en el centro: la agenda legislativa se cocina en la mesa política, pero con Javier Milei ausente. Mientras su núcleo más cercano —con su hermana Karina a la cabeza— se reunía una y otra vez para ordenar el temario, el Presidente eligió correrse. Su semana no transcurrió en Balcarce 50 sino principalmente en Mar del Plata, en el marco de un “tour de la gratitud” que combinó discurso en la Derecha Fest, fotos con militantes y una noche en el teatro para cantar junto a su exnovia Fátima Florez.
En el oficialismo lo leen como parte de un método. Milei no se ausenta porque esté corrido del poder, sino porque ejerce el poder de otra manera. “Él ordena desde otro lugar”, sintetiza un dirigente del círculo libertario. Mientras la política tradicional se concentra en el poroteo, las comisiones y el articulado sensible de Ganancias, el Presidente sigue apostando a intervenir desde otro registro, más performático que institucional, como lo hizo en el festival de Jesús María al cantar con el Chaqueño Palavecino. “La discusión es cultural”, repiten cerca suyo.
Ese plano, sin embargo, chocó de frente con la urgencia. Mientras Milei se sumaba al clima festivo de la costa, los incendios en la Patagonia avanzaban y obligaban al Gobierno a anunciar un DNU de Emergencia Ígnea, transferencias extraordinarias y gestos hacia gobernadores que reclamaban respuestas inmediatas. El contraste fue brutal: un país en llamas en el sur y un Presidente en modo “rockstar” arriba de un escenario.
En Balcarce 50 lo reconocen en privado: el fuego se convirtió en un problema político. No porque el mileísmo haya cambiado su lógica fiscal, sino porque el fuego expone un límite. El ajuste no sirve como explicación cuando las llamas avanzan. Y, al mismo tiempo, porque varios de los gobernadores que presionan por recursos son los mismos que el Gobierno necesita como socios para aprobar la reforma laboral. “No es solo apagar el fuego, es sostener la agenda”, deslizan en un despacho oficial.
Esa prudencia se vio incluso en el paso reciente de Milei por el Foro de Davos. A diferencia de otras ocasiones, el Presidente no fue con un discurso incendiario ni con la voluntad explícita de incomodar al auditorio global. Esta vez el objetivo era otro: no hacer olas. “No era momento de patear el tablero afuera”, admiten en la Casa Rosada. El mandatario eligió bajar el tono, cuidar la escena internacional y evitar sobresaltos en un momento en que el Gobierno necesita mostrar previsibilidad hacia afuera mientras negocia reformas difíciles hacia adentro.
Es que la “modernización laboral” no se define solo en general, sino también en particular. El Senado es un tablero donde cada voto vale doble y donde el oficialismo, sin mayoría propia, necesita que el “clima” que construye Milei se traduzca en acuerdos concretos. La paradoja libertaria es que un gobierno que llegó prometiendo prescindir de la “casta” depende hoy, para su reforma central, de la casta federal: mandatarios provinciales que negocian fondos, impuestos y obras con la misma lógica de siempre.
En esa tarea, el rol de Diego Santilli se volvió central. El ministro del Interior pasó enero en modo embajador itinerante: visitó Chubut, Chaco, Mendoza, San Juan, Salta, Neuquén y Entre Ríos, y cerró la semana con una escala en Corrientes, donde se reunió con el gobernador Juan Pablo Valdés y anunció el envío de $3.000 millones en ATN por las inundaciones. En la Casa Rosada lo describen como el traductor del humor provincial: el que escucha el reclamo, mide el costo político y vuelve con el poroteo en la mano, en un momento en que cada voto en la Cámara alta se negocia como parte de un paquete mayor.
Ese juego se da, además, en un contexto social ambiguo. La última medición del Monitor de Opinión Pública de Zentrix mostró que el 74,7% de los encuestados siente que sus ingresos pierden contra la inflación, pero esa percepción no se traduce linealmente en un castigo político. En noviembre, el 55% se había manifestado a favor de avanzar con una reforma laboral incluso en un escenario de deterioro salarial. La sociedad, para muchos, empieza a vivir con menos como nueva normalidad, mientras mira el cambio de reglas como promesa de mediano plazo.
Ahí aparece, también, el sentido profundo de actos como la Derecha Fest. No es solo un evento partidario. Se trata de un dispositivo: Milei vuelve a esos escenarios porque ahí se produce el combustible simbólico de su gobierno, con su condición de “outsider” en el centro. “Eso es lo que lo mantiene arriba”, explican en su entorno. Es su forma de sostener la iniciativa incluso cuando el Congreso impone tiempos más lentos, grises y negociados.
Recién ahí aparece el otro dato que domina el clima interno: pese a todo, en la Casa Rosada hay expectativa y confianza. “Estamos bien encaminados”, repiten, haciendo oídos sordos a las amenazas por posibles protestas en la calle. Creen que comienzan el 2026 con una agenda clara, con las voluntades trabajadas y con un esquema aceitado. Pero la pregunta es si esa forma de ejercer el poder alcanza cuando llega la hora de contar votos.
Porque febrero no será solo un mes de discursos: será el mes del Senado y de las virtuales concesiones inevitables. Los cambios en la legislación laboral que el Gobierno quiere hacer pasar no se aprueban con épica sino con acuerdos, y las sesiones extraordinarias pondrán a prueba esa tensión permanente entre el Milei que domina la conversación pública y una mesa chica que intenta, a contrarreloj, convertir esa conversación en ley.
PL/MG

Menos horas extras en la práctica, salarios negociados por empresa y no por sector, vacaciones fraccionadas por semana, despidos más baratos y pagados en 12 cuotas y desfinanciamiento de los sistemas jubilatorio y de salud algunos de los ítems que más trastornarán el trabajo. Pero la lista no termina ahí.
Los gobernadores de la oposición moderada discuten con el gobierno de Javier Milei por las rebajas impositivas que están incluidas en el proyecto de flexibilización laboral y que les afecta sus ingresos coparticipados. La CGT centra su rechazo a lo que los libertarios llaman “modernización” en el hecho de que se debilitan los sindicatos, figuras claves para defender los derechos de los trabajadores más allá de que muchos gremialistas se hayan dedicado más a enriquecerse ellos que a proteger a sus representados. Pero más allá de los reclamos genuinos de gobernadores y sindicalistas la iniciativa de reforma laboral que el Gobierno quiere votar el 11 de febrero en el Senado incluye una serie de puntos polémicos que afectan la vida cotidiana de los empleados, tanto los que están registrados como aquellos que no pero que también suelen recurrir hasta ahora a los tribunales a exigir su indemnización por despido con el resarcimiento por los derechos violados.
Por eso, presentamos acá esos ítems que más afectan los derechos de los trabajadores en relación de dependencia formal, encubierta o informal, a partir del análisis pormenorizado que elaboró la consultora de asuntos públicos BLapp y otro en conjunto entre el Instituto Argentina Grande, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el Grupo Paternal, el programa Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) de la Universidad de San Martín, el Centro de Estudios Derecho Al Futuro (Cedaf), la Fundación SES y el colectivo Futuros Mejores:
AR/MG

Ya hay aviones publicitarios en la costa y pintadas en la Ruta 2. Sus operadores, el sindicalista Juan Pablo Brey y Eugenio Casielles, trabajan en instalar su figura en todo el territorio nacional. Las consecuencuas de la interna peronista.
El avance del evangelismo político: “Dios, Patria y Libertad” como nueva bandera del oficialismo
“¿Afiches? Afiches no, que ensucian la ciudad”, se quejó, entre risas, Dante Gebel, desde su casa en California. El sindicalista peronista Juan Pablo Brey, su armador político y el principal impulsor de su candidatura, le acaba de avisar que empezaron a poner afiches que dicen “Dante presidente”. El pastor influencer nunca dice que no. Tampoco dice que sí: deja hacer, tanto a Brey y los peronistas huérfanos que buscan en Gebel una salida a la espiral internista, como a Eugenio Casielles y los libertarios heridos del primer mileísmo. Está a la espera –de encuestas, de armados territoriales consolidados, de timing político–, pero no importa: para sus armadores, la campaña ya comenzó.
Durante el mes de diciembre y enero, Casielles y Brey se abocaron a instalar su candidatura. Brey lo conoce de toda la vida –su padrino es Daniel Darling, el CEO de la River Church, la mega iglesia con espacio para 4800 personas donde Gebel oficia sus servicios hace 11 años– y fue quien empezó con la idea de candidatearlo a presidente. No fue el primero, sin embargo: con 3,2 millones de suscriptores en Youtube, el pastor evangélico fue seducido por varios espacios, incluida La Libertad Avanza de Javier Milei hace un par de años.
Gebel siempre dijo que no. Nació en San Martín, pero hace 15 años que no vive en Argentina, aunque en su entorno aseguran que tiene un departamento que alquila en Capital. Suele ir durante el año cuando hace parada en la Argentina, por lo general durante su gira por el show “Presidante” –un espectáculo de humor y reflexiones sobre la vida, no religioso, en el que fantasea con cómo sería ser presidente por un día– con el que recorrió el país el último año. Sabe que, si tuviera que instalarse en la Argentina, lo más probable es que su familia no lo acompañará.
La presidencia de Milei, sin embargo, cambió el escenario. “¿Cuál es el problema de que no viva en Argentina si hoy tenemos que habla con el perro muerto? A la gente no le importa”, repiten los armadores del incipiente gebelismo cada vez que algún dirigente o sindicalista les preguntan qué hacen con Gebel. El argumento, que sostiene Brey junto a varios sindicalistas de Fuerza Argentina que participan del operativo clamor “Gebel 2027” –Aeronavegantes (como Brey), metrodelegados, empleados textiles, entre otros–, es que la oposición a Milei está atomizada y desarticulada, encerrada en las internas del PJ, y que hay que buscar afuera un candidato que pueda ganarle las elecciones.
El pastor aún no se decidió a confirmar su lanzamiento. Está a la espera de que se acerque el año electoral y en su entorno anticipan que el anuncio, si llega, será a mitad de año. No tiene una postura definida ni mucho menos un plan de gobierno. Sus voceros se apresuran en hablar de “una Argentina industrial basada en el trabajo” en una suerte de paráfrasis de la doctrina justicialista sin los vicios del justicialismo. Es decir, sin decir que es peronista.
No hay precisiones ni programa. Solo un chispazo de ideas basadas en su show, en el que habla de implementar medidas sobre el hogar, la vejez, el tiempo y “las cosas”. “No importa el programa. Eso lo resolvés con equipos técnicos. Un presidente tiene que saber hablar, nada más”, argumenta un dirigente de su espacio. Ese es el plan: contratar, a partir de febrero, un conjunto de perfiles técnicos con los que comenzar a diseñar un programa económico, político y social que permita dar un basamento programático y electoral a la fantasía de la candidatura presidencial de Gebel.
No se buscará ahondar en temas religiosos. Muchos de sus armadores políticos no son evangélicos, sino católicos, y advierten que el objetivo es escaparle a la agenda evangélica. El propio Gebel es un pastor que no le gusta que lo llamen pastor, sino que prefiere que le digan comunicador y se queja a menudo de “los religiosos que le dan urticaria” en muchas de sus charlas (e incluso en la iglesia durante sus sermones). Mantiene una relación tirante con la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), que está más alineada con Milei (quien mantiene un fuerte vínculo con el evangelismo local).
La postura de Gebel sobre el matrimonio igualitario y el aborto, sin embargo, será motivo de conflicto. “Le dijimos a Juan que queremos tener un programa respecto al feminismo y los recursos naturales”, advirtió un sindicalista que participó del lanzamiento de “Consolidación Argentina”, el espacio que nuclea a los empresarios, sindicalistas y dirigentes políticos que participan del operativo clamor gebelista.
El armado todavía está en construcción, pero el objetivo es terminar de ponerlo en marcha en febrero, luego del debate de la reforma laboral (que tiene a toda la pata sindical gebelista en plan de lucha). Se organizará una nueva reunión del grupo “Consolidación argentina” y, hasta entonces, Brey y Casielles recorren el país reuniéndose con gobernadores, intendentes y legisladores locales para trabajar en un esquema territorial que permita impulsar la candidatura de Gebel en todo el país.
Ya visitaron Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe y Misiones, y de todas las provincias se volvieron con un compromiso territorial de colaborar con la candidatura de Gebel. El último jueves se organizó un gran asado en Mar del Plata, en el que participaron también empresarios que vienen colaborando con aviones publicitarios que recorren la costa con el nombre de Gebel. Las pintadas en la ruta 2, mientras tanto, juegan a cuenta del aparato sindical y la colaboración de algunos referentes bonaerenses.
El objetivo es continuar armando y armando hasta que Gebel tome una decisión, que dependerá, en gran medida, del nivel de apoyo que sus laderos le puedan conseguir en la Argentina. El operativo está en marcha y no son pocos los dirigentes peronistas que miran con curiosidad el fenómeno. Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y toda la plana mayor del panperonismo hacen averiguaciones, aunque advierten que, por ahora, Gebel no representa una amenaza. En eso sí coinciden los tres socios principales del peronismo.
MCM/MG

Llegaron a las librerías durante 2025. De qué se trata cada una de ellas.
Como ocurre desde hace un par de años, una vez más desde este espacio aprovecharemos que en el verano el mundo editorial suele entrar en una pausa para ofrecer una selección –arbitraria, claro– de algunos libros publicados durante 2025 que no llegaron a tener la cobertura que se merecían. Bajo el rótulo de Lecturas de verano se rescatan publicaciones que salieron en los últimos meses, que por falta de tiempo quedaron afuera de los balances de fin de año o, simplemente, que vale la pena tener en cuenta como opción para quienes estén buscando lecturas por estos días.
Esta segunda entrega de 2026 (la primera se puede leer en este enlace) está compuesta por tres novelas escritas por tres autoras contemporáneas en las que se destaca el frenesí: de la fascinación por un mundo nuevo e inquietante a un amor que arrebata y la obsesión por la obra de una pintora con una vida misteriosa.
1. Nada especial, de Nicole Flattery. “Ya nada me iba a separar de mi máquina de escribir, ni las enfermedades ni el agotamiento. Mi cuerpo se prolongaba, se volvía parte de la máquina. Conocía cada uno de los resortes que había bajo cada tecla: mi vida reducida al abecedario. Era cierto que yo había salido de la nada, pero era igual de cierto que era la única persona que podía encargarse de esto”. Con esas palabras describe Mae la atracción que le produce un trabajo que encuentra cuando creía que el mundo iba a darle la espalda para siempre: ser mecanógrafa de Andy Warhol, que escribe un libro experimental rarísimo a partir de conversaciones grabadas que conserva con sus amigos artistas.
A mediados de los ‘60, Mae tiene 17 años, vive con una madre alcohólica y un padrastro un poco perdido pero afectuoso con ella; no soporta a sus compañeras de colegio y decide que es hora de pegar algún tipo de volantazo vital. Entonces empieza a caminar por Nueva York, se ratea de clases, sube y baja escaleras mecánicas en tiendas de ropa que nunca se podría comprar. Un día, de manera accidental y luego de una experiencia que Mae prefiere no recordar, llega ese trabajo insólito y con él llega un mundo inquietante que la joven primero observa con escepticismo y luego con fascinación.
Nada especial se detiene en esos años formativos para Mae, donde no faltan los excesos, las dudas acerca de la identidad, el desenfreno, las inseguridades, el arte, las apariencias, los vínculos sospechosos y las amistades entrañables. Narrada a partir de las observaciones muy agudas de la protagonista y con descripciones tan filosas como precisas, Nicole Flattery logra componer una novela magnética.
Flattery nació en County Westmeath, Irlanda, en 1990. Estudió teatro y cine en Trinity College, donde también obtuvo un máster en Escritura creativa. Su primer libro, el volumen de relatos Show Them a Good Time (2019) recibió numerosos premios y será publicado este año en la Argentina por Eterna Cadencia Editora.
La novela Nada especial, de Nicole Flattery, fue publicada por Eterna Cadencia Editora con traducción de Paula Galindez.
2. El accidente, de Blanca Lacasa. Una novela brevísima, contundente. Como el flechazo que une a sus protagonistas, como ese segundo en el que se cruzan y el mundo se abre ante ellos como una madeja de posibilidades que deben desentrañar. Contada con minuciosidad y también fragmentariamente, en una tercera persona cercana a la mirada de ella, la historia tiene en el centro el encuentro entre dos jóvenes –una chica y un chico– que parecen gustarse. O algo así. Los dos están en pareja –ella con un chico, él con otro chico–, pero apenas empiezan a intercambiar palabras se activa entre ellos un mecanismo de flirteo que, pese a sus dudas, los imanta sin piedad.
En ese camino siempre torcido de la seducción, plagado de gestos a medias, de desconcierto, de chispa y de desencuentros, se multiplican para ellos las preguntas sobre qué es lo que de verdad les está pasando (¿un arrebato, una especie de amor loco? ¿las –siempre muy humanas– ganas de gustar, de empujar el deseo? ¿una piedra más en la ruta de la autodestrucción?). Entre esos interrogantes, que la autora despliega con gracia y vértigo a lo largo de las páginas de El accidente, se filtra también el sonido de la época, con los mecanismos muchas veces resbaladizos que ofrecen los mensajes de chat, los audios, las fotos o canciones compartidas a través del teléfono. Con esos elementos y a partir de una historia pequeña que despliega un escenario universal reconocible por muchos, Blanca Lacasa echa luz sobre lo accidental de las relaciones humanas, sobre lo incierto y lo precario; sobre eso que al tiempo que nos une a otros, irremediablemente se escapa.
Lacasa nació en Madrid, en 1972. Es escritora y periodista. Ha colaborado en numerosos medios de comunicación en la sección de cultura. Es autora de libros dedicados al público infantil y del ensayo Las hijas horribles (2023).
La novela El accidente, de Blanca Lacasa, salió por Libros del Asteroide.
3. La flamenca, de Ana Montes. “La flamenca cuenta la historia de una obsesión: un matiz de rojo raro, particularismo, que la protagonista descubre en cierto cuadro de una pintora olvidada y busca una y otra vez en la vida. Nunca lo encuentra, por supuesto, pero los frutos de sus asedios van formando una colección, como reliquias de un museo doméstico”, apunta Alan Pauls apenas se traspasa la tapa de este libro de la argentina Ana Montes, que salió a mediados de 2025 por el sello Seix Barral.
La pintora olvidada a la que hace referencia el escritor es la argentina Emilia Gutiérrez (1928-2003), apodada La Flamenca. Se trata de una figura que obsesiona a la enigmática protagonista de esta novela, tanto como ese particular rojo que la artista alguna vez consiguió con sus manos. Tras la muerte de su padre, esta mujer decide irse a vivir a una casa en las afueras de Buenos Aires. Lleva con ella un óleo de Gutiérrez y un pájaro enjaulado.
La autora plantea de este modo un juego de espejos, donde se cruzan situaciones que le ocurren al personaje de la novela con escenas de la vida de la propia pintora, quien en un momento decidió dejar su arte y pasar más de tres décadas encerrada porque los colores le producían alucinaciones. La flamenca es entonces una novela de merodeo, de fragmentos, de días narrados con sutileza donde se suceden momentos de sueño y con otros de realidad electrizante. Como los cuadros más hipnóticos, como las vidas más deslumbrantes.
Ana Montes nació en Buenos Aires, en 1992. Es escritora, pintora, licenciada en Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Escritura Creativa por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Es autora de los libros Poco frecuente (2021) y Meditación Madre (2022). En 2024, La flamenca fue finalista del Premio Hispanoamericano de Narrativa Las Yubartas y, el año anterior, del Premio Estímulo a la Escritura “Todos los tiempos el tiempo”.
La novela La flamenca, de Ana Montes, salió por Seix Barral.
AL/CRM

La Administración Trump continúa con la publicación de miles de documentos sobre Epstein que comprometen todavía más al hermano del rey de Inglaterra, ya salpicado desde hace meses por el escándalo.
Como una cadena de montaje: los archivos de Epstein revelan cómo conseguía víctimas menores de edad
La publicación por parte de la Administración Trump de nuevos archivos de Jeffrey Epstein en el marco de su investigación, sacó a la luz nuevas imágenes comprometedoras para Andrés Mountbatten-Windsor, antes el príncipe Andrés de Inglaterra, hermano del rey Carlos III.
Se trata de dos fotografías en las que Andrés aparenta tener entonces unos cuarenta años -hoy tiene 65- aparece vestido de manera informal con unos 'jeans' y una remera blanca.
En una de las dos imágenes, Andrés mira de frente a la cámara, mientras que en la otra tiene una mano sobre el vientre de la mujer, que muestra una actitud pasiva. Al fondo se aprecia la presencia de otra persona con los pies encima de una mesa, en lo que parece un ambiente desenfadado.
Pero hay más: en los archivos de Epstein revelados, aparecen correos que pueden comprometer aún más a Andrés, como los que Epstein escribió en agosto de 2010 prometiéndole enviarle a Londres a una joven “rusa, de 26 años, inteligente y hermosa, de fiar y que ya tiene tu email”. El destinatario del mensaje firmaba como “HRH (Su Alteza Real) el Duque de York”.
En la serie de correos aparecen además invitaciones cruzadas entre Epstein y Andrés a visitarse en sus respectivas residencias. La invitación de Andrés a Epstein al mismo Palacio de Buckingham (residencia oficial de la entonces reina Isabel) se produjo en septiembre de 2010, solo un mes después de que Epstein dejara de estar en arresto domiliciario y cuando ya era público y notorio su perfil de depredador sexual.
“Encantado de que vengas aquí a BP (siglas del Palacio de Buckingham). Ven con quien tú quieras, yo voy a estar libre de 4 a 8”, escribe el que parece ser Andrés, a lo que Epstein respondió: “Nos vemos a las 4”.
Andrés, sobre el que se acumulan las pruebas de su amistad con Epstein y los indicios de que participó junto a él en abusos sexuales -en algunos casos con menores como víctimas- fue despojado el pasado octubre del título de príncipe por su hermano el rey, ya que los pasos de Andrés para desvincularse de la familia real no habían sido suficientes para el monarca.
Carlos III le ordenó entonces abandonar también el palacio que ocupa en Windsor -por el que pagaba un simbólico “grano de pimienta”- antes de que terminase el año, pero el traslado aún no se ha consumado. Los medios británicos publicaron fotografías de camiones de mudanza estacionados en Windsor este mes de enero, sin que se sepa con certeza su destino.