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Un discurso de 15 minutos y traslado en helicóptero: el breve operativo de Milei para un nuevo apoyo a Adorni

Un discurso de 15 minutos y traslado en helicóptero: el breve operativo de Milei para un nuevo apoyo a Adorni

El presidente participó en Rosario del homenaje a Manuel Belgrano en medio de un fuerte operativo de seguridad para evitar repudios contra el jefe de Gabinete. Compartió el el acto con el gobernador santafesino Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin y evitó el saludo con Victoria Villarruel.

El Monumento a la Bandera amaneció este sábado con los preparativos de un fuerte dispositivo de seguridad ante la llegada del presidente Javier Milei para la fecha patria en homenaje a Manuel Belgrano. Tres anillos de seguridad, más de 300 policías de Santa Fe y fuerzas federales blindaron al Presidente y el resto del gobierno nacional de posibles muestras de rechazo no solo a su presencia sino a la de su jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

Al Presidente le llevó apenas unos 15 minutos leer su discurso –que no incluyó alusiones provocadoras, y menos anuncios–, que se centró en la figura de Manuel Belgrano, prócer al que intentó vincular con la prédica libertaria, y enseguida partió de Rosario como había llegado: en helicóptero. Sin contacto con la prensa ni declaraciones fuera de las que tenía escritas. Dejó, eso sí, las fotos de su persistente respaldo al jefe de Gabinete investigado por enriquecimiento ilícito.

El Gobierno nacional llegó este sábado al Monumento a la Bandera en Rosario para encabezar el acto oficial del Día de la Bandera, una ceremonia que, lejos de funcionar como gesto de cohesión institucional, se desarrolló bajo una tensión política creciente: la crisis abierta por las causas judiciales que comprometen a Adorni, y la decisión de la vicepresidenta Victoria Villarruel de asistir al evento a pesar de no haber sido invitada por la Casa Rosada.

El Presidente quedó blindado por un operativo para evitar abucheos que incluyó tres anillos de seguridad, más de 300 policías de Santa Fe y fuerzas federales.

La interna con la vicepresidenta volvió a quedar en la escena. El Presidente evitó saludarla y ella le devolvió el desplante reforzando sus críticas al jefe de Gabinete: “Es una acto patrio, no es un acto para apoyar a Adorni y no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni”, dijo en declaraciones a la prensa. Desplazada de las ubicaciones reservadas para las autoridades nacionales, su lugar en el acto estuvo junto a las provinciales.

En el medio, sindicatos locales y otras organizaciones gremiales y sociales habían anunciado una marcha de rechazo a las visitas de Casa Rosada. Pero el fuerte operativo de seguridad los obligó a desistir de la movilización hasta el Monumento a la Bandera.

Durante su discurso Milei definió a Manuel Belgrano como “un gran promotor de la libertad política y económica” y sostuvo que la bandera fue “la representación visible de una causa: la causa de la libertad”.

En una mañana helada, la actividad estuvo encabezada por Javier Milei, acompañado por el gobernador santafesino Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin. El acto incluirá el izamiento de la bandera, la interpretación de Aurora y el Himno Nacional, y tendrá como oradores a Javkin, Pullaro y, en el cierre, al propio Presidente.

Adorni, el invitado incómodo que Milei insiste en sostener

La presencia de Manuel Adorni fue uno de los focos centrales del acto. El jefe de Gabinete atraviesa su peor momento político desde que asumió: enfrenta una causa por presunto enriquecimiento ilícito, luego de que se conocieran meses atrás propiedades no declaradas y un ahorro “en negro” de más de US$500.000, admitido por él mismo. La oposición impulsa una moción de censura en el Congreso tras la presentación de la DDJJ y sectores del propio oficialismo ya no ocultan su incomodidad.

Aun así, Milei decidió llevarlo a Rosario como gesto explícito de respaldo. El Presidente y su hermana Karina Milei consideran que Adorni debe permanecer en el cargo y buscan mostrarlo públicamente como parte del núcleo duro del Gobierno. Este viernes, el mandatario desayunó en Olivos con el jefe de Gabinete en una nueva muestra de respaldo incondicional. Al menos por ahora.

La insistencia presidencial choca con el clima político local: funcionarios de Santa Fe y Rosario expresaron su malestar ante la posibilidad de compartir la foto con un funcionario investigado. Incluso dirigentes aliados, como la concejala rosarina Anita Martínez, pidieron públicamente que Adorni no fuera parte del acto para evitar “empañar un ritual tan valioso”.

Manuel Adorni, entre los Menem, Lule y Martín.

La funcionaria municipal que representa al PRO calificó de “imprudente” el accionar de Adorni en referencia a su situación actual con la Justicia, debido a que es investigado por presunto enriquecimiento ilícito y tardó más tiempo del correspondiente para presentar su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción.

Asimismo, sostuvo que la situación política actual y las disputas personales que atraviesa públicamente, empañarían un acto institucional tan relevante como es el que se realizará el próximo sábado, especialmente para los estudiantes que realizan su promesa de lealtad a la bandera”.

En el texto, escribió dejar “los egos y las mezquindades” de lado para mantener íntegramente el valor significativo del encuentro a llevarse a cabo en el Monumento Nacional a la Bandera.

Villarruel desafía a la Casa Rosada

La otra protagonista del día fue Victoria Villarruel. Por segunda vez en un mes —ya había sido excluida del Tedeum del 25 de mayo—, la vicepresidenta quedó afuera de la lista oficial de invitados al acto patrio. Aun así, confirmó que viajará a Rosario “de todos modos”, reivindicando su derecho institucional a participar de las ceremonias nacionales.

Victoria Villarruel fue apartada del escenario central pero no evitó cuestionar que el Gobierno convirtiera el acto en otra defensa de Manuel Adorni.

“El sábado estaré en Rosario, mi segunda casa y cuna de mi familia paterna. Siempre es un orgullo visitar la ciudad donde el General Belgrano izó nuestra Bandera por primera vez a orillas del río Paraná” respondio en X la titular del Senado a una usuaria.

En su entorno aseguran que “ella siempre va a los actos patrios” y que no evitará cruzarse con Adorni, con quien mantiene una relación abiertamente hostil. La Provincia de Santa Fe aclaró que, por su investidura, se le hará un lugar aunque no haya sido convocada por Presidencia.

La decisión de Villarruel vuelve a exponer la fractura interna del Gobierno: mientras Milei la margina de los actos oficiales, la vice impulsa en el Senado el tratamiento de proyectos que podrían derivar en la interpelación e incluso la destitución de Adorni.

Un acto patrio atravesado por la política

El acto del Día de la Bandera suele ser una ceremonia institucional, con fuerte presencia escolar y un clima de celebración cívica. Pero este año, la escena estará marcada por:

  • La crisis política del Gobierno, con un jefe de Gabinete investigado y sostenido solo por el Presidente y su hermana.
  • La disputa abierta entre Milei y Villarruel, que ya acumula desplantes públicos y tensiones legislativas.
  • El malestar de las autoridades locales, que buscan preservar el carácter simbólico del acto frente al ruido político nacional.

Mientras tanto, el Gobierno intenta utilizar la fecha patria para mostrar orden interno y recuperar iniciativa política, en un contexto de desgaste acelerado y presiones crecientes desde el Congreso y desde dentro de su propia coalición.

Monumento a la Bandera restaurado

El intendente de Rosario, Pablo Javkin, y el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, inauguraron este jueves las obras de restauración y puesta en valor del Monumento Nacional a la Bandera, tras más de una década de trabajos paralizados.

La obra demandó una inversión superior a los $4.000 millones por parte del Gobierno santafesino, luego de que la Nación desistiera de concluir las tareas. Según se informó, la Provincia asumió una deuda de $1.456 millones con la contratista y destinó otros $2.600 millones para finalizar la intervención.

“Hoy le devolvemos a la Argentina un Monumento Nacional a la Bandera con el esfuerzo de la provincia de Santa Fe y con el corazón de la ciudad de Rosario”, afirmó Javkin durante el acto.

Pullaro, por su parte, sostuvo que la decisión se tomó “con recursos de la provincia de Santa Fe” y remarcó: “Cuando los recursos públicos se administran con austeridad, y cuando no se roba, la plata alcanza en la República Argentina”.

La inauguración incluyó además la primera Promesa de Lealtad a la Bandera frente al monumento restaurado, protagonizada por más de 4.500 niñas y niños de cuarto grado de distintas provincias.

Los trabajos incluyeron la restauración del Propileo, la renovación del sistema eléctrico y de iluminación, la recuperación de esculturas y altorrelieves, la puesta en valor del mástil principal, mejoras en la Sala de las Banderas, la modernización del ascensor de la torre y la renovación de espacios interiores.

Con la finalización de las obras quedaron formalmente iniciadas las actividades oficiales por el Día de la Bandera, que culminarán el sábado con el acto central y los festejos populares en Rosario.

Con información de NA y El Ciudadano de Rosario

"No hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni", dijo Villarruel tras cuestionar su exclusión del acto oficial

La vicepresidenta asistió a la ceremonia en Rosario después de cuestionar su exclusión de la lista de invitados. Durante la jornada volvió a diferenciarse del Gobierno y criticó al jefe de Gabinete.

Victoria Villarruel participó este sábado del acto por el Día de la Bandera en Rosario pese a no haber recibido una invitación formal por parte de la Casa Rosada, en un nuevo capítulo de la tensión que mantiene con el presidente Javier Milei y su entorno político.

Horas antes de la ceremonia, Villarruel había confirmado a través de sus redes sociales que viajaría a la ciudad santafesina para participar de la conmemoración. En su mensaje sostuvo que Rosario es su “segunda casa” y destacó el vínculo familiar que mantiene con la ciudad. “Siempre es un orgullo visitar la ciudad donde Belgrano izó nuestra Bandera por primera vez a orillas del río Paraná”, escribió.

Críticas por la exclusión y cuestionamientos a Adorni

Ya en Rosario, Villarruel cuestionó públicamente no haber sido convocada de manera formal al acto encabezado por el Gobierno nacional.

“No está bien que a un vicepresidente se le niegue la entrada”, afirmó en declaraciones a la prensa. También sostuvo que la situación transmite “un mensaje pésimo” en una fecha que, según remarcó, debería representar a todos los argentinos.

La vicepresidenta intentó separar sus cuestionamientos políticos de la conmemoración patria. “No quiero hacer de esto un acto político. Hoy hay que hablar de la unión de los argentinos y de los valores del general Manuel Belgrano”, expresó.

Sin embargo, luego volvió a marcar diferencias con el oficialismo al referirse a la presencia del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la ceremonia.

“Es un acto patrio, no un acto para apoyar a Adorni”, sostuvo. Y agregó: “No hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni”.

Para Villarruel, la jornada debía estar centrada en la figura del creador de la bandera y no en respaldos políticos a funcionarios del Gobierno. “Hoy hay que recordar la bandera y recordar la figura de Belgrano. Lo de Adorni está totalmente de más”, concluyó.

Una relación cada vez más distante

La participación de Villarruel en Rosario se produjo en medio de una relación cada vez más deteriorada con el Presidente. El año pasado ambos compartieron la ceremonia oficial por el Día de la Bandera, mientras que en 2025 encabezaron actividades separadas. En aquella ocasión, Milei realizó un acto en el Campo Argentino de Polo y la vicepresidenta eligió viajar a Rosario.

Durante la ceremonia de este sábado también quedaron expuestas algunas señales de la distancia entre ambos. Según consignaron cronistas presentes en el lugar, no hubo un saludo público entre Milei y Villarruel, una situación similar a la registrada durante el Tedeum del 25 de Mayo.

La disputa también se extiende a otros frentes políticos. En las últimas semanas, la vicepresidenta tomó distancia de la estrategia oficial respecto de Adorni y habilitó en el Senado iniciativas impulsadas por sectores opositores vinculadas a los cuestionamientos sobre la situación patrimonial del funcionario.

Aunque desde el Gobierno evitan referirse públicamente al conflicto, la decisión de Villarruel de asistir a Rosario pese a no haber sido incluida entre los invitados volvió a exponer las diferencias que atraviesan la conducción del oficialismo.

Con información de NA

La ciudad del miedo: qué dejó la "Tormenta Negra" en los barrios populares

La ciudad del miedo: qué dejó la

A un mes del megaoperativo desplegado en 15 barrios populares porteños, aún persisten las consecuencias de una intervención que puso en el centro la disputa por quién tiene derecho a habitar la Ciudad. En esta crónica, vecinas, trabajadoras comunitarias y referentas barriales cuentan las huellas que dejaron los allanamientos y las clausuras. 

Ezequiel Adamovsky - Compensar la ineficiencia con sobreactuación

La Legislatura porteña aprobó una ley contra trapitos y Jorge Macri lo celebró en redes: “Te meto preso”

Son las ocho de la noche del 14 de mayo. En Villa Fátima, al sur de la Ciudad de Buenos Aires, una treintena de efectivos de la Policía de la Ciudad irrumpen por uno de los accesos al barrio. En La Carbonilla, en La Paternal, una topadora avanza escoltada por uniformados y móviles. En la 21-24, los agentes recorren los pasillos exigiendo documentos, requisando motos y fotografiando comedores comunitarios. Escenas idénticas se multiplican en simultáneo en Zavaleta, la 31, Ciudad Oculta, Los Piletones, Rodrigo Bueno, Fraga, Barrio Mitre, Ramón Carrillo y Cildañez. Durante tres horas, más de 1.500 efectivos, drones, helicópteros y topadoras desembarcan sobre algunos de los barrios más poblados de la Ciudad. En apenas el 2% de la superficie porteña vive el 6,3% de la población

El Gobierno porteño busca construir una postal donde aparece la topadora como trofeo de gestión. Una topadora que hoy aparece en las calles de la Ciudad en carteles gigantes pegados en las paredes. Pero en esa postal no aparecen las trabajadoras que salen de madrugada, las infancias que juegan en los pasillos ni las redes que sostienen la vida cotidiana. Tampoco las demandas históricas de urbanización, infraestructura y servicios básicos. Lo que se exhibe es una ciudad partida entre quienes merecen ser protegidos y quienes deben ser controlados. 

Uno de los posteos que Jorge Macri comparte en sus redes sociales para mostrar los operativos contra los vendedores ambulantes.

Las luces azules de los patrulleros se reflejan sobre las chapas y los ladrillos a la vista. En cuestión de minutos, el miedo empieza a circular por los grupos de WhatsApp que tienen los vecinos de los barrios. El miedo circula más rápido que cualquier comunicado oficial. 

“El que venga de afuera a molestar a los porteños que sepa que lo vamos a meter en cana. Y si es extranjero, que tenga la certeza de que lo mandamos de vuelta a su país”, declara Jorge Macri ante los micrófonos. El operativo quedó registrada en las redes sociales. Lo que ocurre después, en cambio, sucede lejos de los flashes. Un mes después, ¿qué queda en los barrios cuando se apagan las sirenas?

La Carbonilla: un refugio arrasado

Hace más de dos semanas que no sale el sol en la Ciudad de Buenos Aires. La humedad de las paredes y la que brota del suelo se mezclan con el desagüe de una manguera sobre la vereda angosta y elevada de la calle Perú, en el tercer sector de La Carbonilla, uno de los 50 barrios populares de la Capital Federal relevados por el ReNaBaP. El barrio es una tira que bordea el viaducto del tren San Martín en La Paternal y que creció hacia arriba, pegado a las vías, buscando alcanzar la altura de un tren que se escucha pasar con frecuencia constante durante todo el día. Entrando por Espinosa, antes de doblar por Perú las paredes dicen: “Los delincuentes no están en las villas: están en Puerto Madero”.

En apenas el 2% de la superficie porteña vive el 6,3% de la población. 

En esa callecita angosta solían estacionar carros cartoneros, armarse puestos de venta ambulante y, frente a la casa de Mari, sostenerse un techo y un cartel: “Comedor y merendero Patria Grande”. Mari es la coordinadora del espacio. De la puerta de su casa salen corriendo dos niñas, sus nietas, que esperan en la vereda a los profes que vienen a ayudarles con la tarea. En este hogar la cocina no descansa; la casa crece en vertical buscando el sol, como casi todas las del barrio, donde viven unas cuatro mil personas según el último censo, aunque los vecinos aseguran que son muchas más. Esta tarde hay mate cocido, chocolatada y facturas. El comedor cumple seis años; nació en el aislamiento de la pandemia por una necesidad colectiva que Mari supo escuchar.

“En el grupo de WhatsApp leía que la gente tenía hambre. No podía seguir viendo eso. Con mi familia empezamos a cocinar. Como no podíamos salir, subíamos o bajábamos la comida en un balde con una soga. Era caricaturesco, pero fue la forma que encontramos para sobrevivir”, se ríe Mari al contarlo.

El Operativo Tormenta Negra se desplegó durante más tres horas. Más de 1.500 efectivos, drones, helicópteros y topadoras desembarcaron sobre algunos de los barrios más poblados de la Ciudad. El miedo todavía persiste.

Mari es salteña, pero construyó su vida en la Ciudad de Buenos Aires. No recuerda con precisión las fechas, pero calcula que llegó hace diecisiete años, cuando la mayor de sus nietas, era apenas una bebé. Hasta hace un mes, las personas que llegaban a buscar la vianda o los niños que asistían al apoyo escolar esperaban todos bajo un techo que la comunidad había armado enfrente. Era una instalación precaria pero vital para que los días de lluvia la olla no se llenase de agua y los chicos estuvieran resguardados de la intemperie. Sin embargo, las topadoras del operativo “Tormenta Negra” se llevaron puesto el refugio. “Los que nos gobiernan no nos quieren. A los que vivimos en las villas, a los que son extranjeros, a quienes venimos de otras provincias. Nos desprecian”, dice Mari. 

La noche del 14 de mayo, al mismo grupo de WhatsApp vecinal, que en la pandemia fue una contención, comenzaron a llegar los mensajes desesperados de la irrupción de la Policía porteña al barrio. Mari recuerda: “Fue desesperante. En los audios las vecinas gritaban que se estaban llevando todo, deteniendo gente, tirando mercadería. Preguntaban:¿qué buscan?, ¿qué buscan?”.

—Buscan plantar miedo—responde hoy Mari.

El operativo en números

Al día siguiente de la “Tormenta Negra”, un silencio denso cubrió las villas. En las escuelas públicas del sur y de Retiro, las aulas quedaron semi vacías. Muchas madres decidieron no mandar a sus hijos a clases. El rumor de nuevas razzias, el sonido de los helicópteros de la noche anterior aún presente, y el temor infundado pero inoculado a las deportaciones calaron hondo.

Mientras tanto, las casillas de correo electrónico de los ciudadanos porteños recibieron un boletín oficial titulado de manera pomposa: “El operativo más grande de la historia en las villas de la Ciudad”. El mail celebraba los números de la saturación policial como un triunfo de guerra: “Llevamos adelante ‘Tormenta Negra’, el operativo de control y seguridad más grande de la historia en todas las villas de la Ciudad, con más de 1.500 policías desplegados en simultáneo. Hubo 27 detenidos, 5 búnkers de droga cerrados, 25 comercios clausurados, 113 motos y 64 autos secuestrados”. El texto advertía: “se terminó la Ciudad dividida entre lugares donde cumplir la ley es opcional. Ningún porteño de bien tiene por qué vivir con miedo. Los únicos que tienen que tener miedo son los delincuentes”.

No desbarataron ninguna organización delictiva. Fue una puesta en escena para la televisión

Moni Vecina del Barrio 31

“No desbarataron ninguna organización delictiva,—sostiene Moni desde su puesto en el paseo de compras de la Villa 31, en Retiro— Fue una puesta en escena para la televisión”. Moni cría y mantiene a sus hijos sola, sin un empleo formal ni un ingreso fijo que le garantice llegar a fin de mes. Sostiene el hogar mientras los más grandes todavía estudian. En su puesto vende lo que puede y lo que va consiguiendo: un día accesorios, otro día collares para perros u ojotas. Su economía, como la de tantas en el barrio, es de subsistencia diaria. “Nuestra bronca tiene que ver con que manejamos capitales mínimos. Lo poco que podemos poner sobre una mesa. La vecina de al lado vende ajos: no trae un camión, trae cinco bolsas, los pela, los vende para seguir adelante y vienen y se lo sacan”, dice.

Para ella y sus vecinas, el operativo “Tormenta Negra” empezó mucho antes de que llegaran las topadoras: los días previos, los rumores de allanamientos corrían por los pasillos. Por eso, ese 14 de mayo, Moni decidió levantar su puesto al mediodía. El temor a que le confiscaran la mercadería la obligó a refugiarse en su casa, pegada a la ventana y al teléfono. Según Moni, están viviendo bajo una persecución psicológica constante:

—A veces te piden el DNI para entrar a tu propio barrio. 

La esquina de Perú y Espinosa, en La Carbonilla

Villa Fátima: no te dejan vivir, no te dejan trabajar

El discurso oficial del Gobierno de la Ciudad parece un eslogan de ordenamiento urbano. Las palabras elegidas no son nuevas: orden, limpieza, recuperación del espacio público. Sin embargo en el merendero de La Carbonilla, en los comedores del Bajo Flores, las feriantes de la 31, en la Junta Vecinal de Villa Fátima escuchan otra cosa. “Este Gobierno nos quiere hacer creer, y les quiere hacer pensar a los sectores medios, que nosotras somos el problema de todo lo que no se hace en la Ciudad”, sostiene Nadia Aguilera, presidenta de la Junta Vecinal de Villa Fátima.

Para ella este ensañamiento tiene que ver con la campaña electoral y un odio de clase histórico: “No pueden entender que somos todos clase trabajadora: el que se levanta a las cinco de la mañana para ir a una PyME, el que labura en un restaurante, el que junta cartón o las compañeras que sostienen los comedores. El negocio de ellos es que no te dejan vivir porque no te dejan trabajar”. 

No pueden entender que somos todos clase trabajadora: el que se levanta a las cinco de la mañana para ir a una PyME, el que labura en un restaurante, el que junta cartón o las compañeras que sostienen los comedores. El negocio de ellos es que no te dejan vivir porque no te dejan trabajar

Nadia Aguilera Presidenta de la Junta Vecinal de Villa Fátima.

En Villa Soldati, dentro de la Comuna 8, se emplaza Villa Fátima. Ahí vive Nadia hace cuarenta años. Llegó de la mano de su familia cuando tenía apenas cinco, desde Lanús, en una época en la que el barrio era un trazado de calles de tierra, ranchos y chapas. Hoy es psicóloga social, militante política, parte de la Junta Vecinal y lleva su origen como bandera: “Tengo mi identidad villera, soy villera y no lo voy a negar”, dice orgullosa. 

Como presidenta de la Junta Vecinal del barrio Nadia describe otra realidad, asegura que con la gestión de Jorge Macri y las políticas nacionales, la economía de subsistencia se encuentra “totalmente aplastada”. La persecución ya no es solo discursiva, sino material: el Ministerio de Espacio Público confisca mercaderías constantemente, tira la comida de las mujeres que salen a buscar el mango a la esquina. “Es de una crueldad total. ¿Cómo podés tirar comida acá?”, sintetiza.

Esa asfixia se transformó en violencia policial la noche del 14 de mayo. Mientras el operativo avanzaba por los accesos, Mónica —vecina de Fátima, pastelera y trabajadora de la cooperativa gastronómica Che que Rico— estaba conectada a una reunión de la Mesa Nacional de Barrios Populares discutiendo, paradójicamente, la urbanización y la necesidad de una presencia productiva del Estado. Los golpes insistentes en la puerta interrumpieron la pantalla: su compañero subió corriendo a buscar los papeles de la cooperativa porque los estaban allanando.

Al bajar, Mónica se topó con una comitiva de inspectores y policías que pretendían entrar por la fuerza. Cuando les exigió la orden judicial, los agentes se retractaron sobre la marcha alegando que se trataba de una “inspección”. En un barrio densamente poblado, fueron directo a buscar el espacio que gestionan las compañeras de La Poderosa. Mónica dice que “el sinsentido era total”, los mismos efectivos que montaban el despliegue, patrullan la zona a diario, les compran comida o les piden agua caliente para el mate. Saben que hacen funcionar una olla popular tres veces por semana y talleres deportivos para veinte niñes en una de las canchitas del barrio. 

El sinsentido era total”, dice Moni. Los mismos efectivos que montaban el despliegue, patrullan la zona a diario, les compran a los vecinos comida o les piden agua caliente para el mate

Sin embargo entraron igual: armas largas, escudos, palos, cascos y pasamontañas. “Verlos de frente y tan cerca causó espanto y una sensación total de desamparo”, repasa Mónica verborrágica. La requisa se topó con la legalidad: los libros contables estaban en regla, las facturas de las maquinarias al día y el local contaba con certificados de desinfección vigentes e infraestructura de higiene industrial que, irónicamente, se había financiado y rendido años atrás a través de programas públicos de promoción del trabajo. Al no encontrar irregularidades, los agentes se limitaron a marcar tres sugerencias menores de mejora y colocaron una faja de clausura preventiva. Antes de irse, y de manera burlona felicitaron a las trabajadoras por la limpieza del lugar: “Te apuntan con armas y pasamontañas y después te felicitan”. 

El impacto del operativo generó miedo, pero también potenció la bronca y la necesidad de organizarse:

—¡Algo tenemos que hacer!—arenga Nadia. 

La frase se repite en cada asamblea barrial tras el operativo.

Los operativos de la Policía de la Ciudad se ensañan también con los comedores de los barrios populares.

¿De qué hablamos cuando hablamos de inseguridad?

Para quienes habitan las villas porteñas, la palabra seguridad tiene otra semántica: implica la certeza de tener luz en invierno para no congelarse, la garantía de que una ambulancia pueda ingresar ante una emergencia, poder acceder a conexión de internet, contar con presupuesto en los Centros de Salud Comunitaria, tener a acceso al agua potable y vacantes escolares en el propio distrito que eviten que los niños crucen plazas desoladas a oscuras al regresar de la escuela. 

—Cuando pedimos seguridad, pedimos eso; no pedimos que nos amedrenten, nos peguen un palazo y nos manden para adentro de la casa— sostiene Nadia Aguilera.

Para los chicos de las villas porteñas, la discusión excede la seguridad: se trata también de quién tiene derecho a permanecer en una ciudad cada vez más cara y excluyente. 

La ofensiva sobre los barrios populares ocurre en un momento en que los procesos de urbanización se encuentran estancados por el desmantelamiento de la política nacional de integración socio-urbana. La eliminación del Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), que financiaba obras de infraestructura en barrios populares de todo el país, dejó proyectos frenados y recursos paralizados.

Al día siguiente de la

En este escenario, la desprotección también se profundiza por la eliminación de políticas públicas de género a nivel nacional y local. Sin embargo, donde el Estado se retira, las redes feministas comunitarias se cargan la vida al hombro. En La Carbonilla, Mari, como muchas otras mujeres, combina sus jornadas laborales fragmentadas —limpiando casas particulares en otros barrios de la Ciudad o en el conurbano— con el cuidado de toda la comunidad. En los comedores no solo se atajan las ollas: se gestionan trámites online, se median problemas de infraestructura con la Defensoría del Pueblo y se contienen las situaciones de violencia machista que el andamiaje institucional decidió ignorar.

Ese laburo de cuidado cotidiano hoy también sufre el acoso de la sospecha burocrática. El Gobierno de la Ciudad impuso controles estrictos sobre los comedores, obligando a las cocineras a utilizar aplicaciones digitales para registrar los datos de cada vecino que retira una vianda, bajo la premisa oficial de que las raciones son falsas. Nadia cuenta que en el comedor de Villa Fátima, donde asisten a más de 200 personas diarias pero solo reciben insumos para 140, las mujeres deben sumarle la carga de la vigilancia digital a la tarea comunitaria para justificar la existencia del hambre.

Nadia cuenta que en el comedor de Villa Fátima, donde asisten a más de 200 personas diarias pero solo reciben insumos para 140, las mujeres deben sumarle la carga de la vigilancia digital a la tarea comunitaria para justificar la existencia del hambre

Las historias de Mari, Nadia, Moni y Mónica no son aisladas. Son algunas de las voces que permiten ponerle cuerpo a una realidad que también aparece en las estadísticas. En marzo de 2026, el séptimo informe de La cocina de los cuidados, un espacio de monitoreo integrado por el CELS, la UTEP y colectivos territoriales, reveló que el 56% de los hogares debió hacer ajustes en la cantidad o calidad de sus alimentos por falta de recursos. Lejos de la supuesta “normalización” económica que publicita el Gobierno, el tejido de subsistencia se está rompiendo en su eslabón más sensible: los comedores comunitarios. Según el informe, el subgrupo de personas que asiste a comedores o recibe mercadería creció significativamente, pero el 60% de ellas denuncia que hay menos disponibilidad de alimentos que antes. 

Las requisas del operativo “Tormenta negra” y las fajas de clausura, como la que recibió la cooperativa Che que Rico o el hostigamiento al merendero de La Carbonilla, ocurren en un contexto donde seis de cada diez personas debieron recurrir al desahorro, al crédito formal o familiar o incluso a un trabajo extra para llegar a fin de mes. 

—Nosotros somos parte de la ciudad, aunque les pese a todos. Movemos la economía, somos fuerza de trabajo y esto tendría que ser valorado; sobre todo el trabajo de las mujeres— sostiene Nadia.

MC/MG

La autora intentó consultar a distintos funcionarios del Gobierno de la Ciudad para conocer su posición sobre los operativos y sus consecuencias en los barrios populares. La respuesta fue que no estaban realizando entrevistas.

Este artículo fue publicado por Latfem y es reproducido por elDiarioAR a partir de un convenio de publicación para difundir periodismo especializado y de calidad.

La Legislatura porteña aprobó una ley contra trapitos y Jorge Macri lo celebró en redes: "Te meto preso"

La Legislatura porteña aprobó una ley contra trapitos y Jorge Macri lo celebró en redes:

"Aprobamos una ley para meter presos a estos delincuentes que se creen dueños de la calle y viven de extorsionar a la gente de bien. Ley y orden", posteó en redes sociales el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires junto a un video. La norma alcanza también a limpiavidrios.

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó este jueves, por mayoría con 36 votos positivos, una reforma clave al Código Contravencional propuesta por el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, que tiene como fin seguir estableciendo el orden público en las calles de Buenos Aires con fuertes penas; una de ellas es que establece días de detención de manera efectiva contra los trapitos (cuidacoches) y limpiavidrios.

Si sos trapito, te meto preso. Aprobamos una ley para meter presos a estos delincuentes que se creen dueños de la calle y viven de extorsionar a la gente de bien. Ley y orden”, posteó en redes sociales el alcalde porteño junto a un video.

La nueva norma (6961) también prevé sanciones para los clubes u organizaciones que promuevan o participen de esta actividad.

Acordada con legisladores de otras fuerzas políticas, desde esta modificación se amplía la capacidad de los controles del Gobierno de la Ciudad y se extienden los horarios de prohibición en eventos masivos; además, se le brinda facultad a la policía porteña para detener a los trapitos que se apropian del espacio público y extorsionan a vecinos y turistas.

Además, se aprobaron leyes de financiamiento de la Línea F de Subte; el Programa de Desendeudamiento Familiar que establece una línea exclusiva de créditos a través del Banco Ciudad, orientada a la cancelación y refinanciación de deudas personales previas, bajo condiciones más favorables que las vigentes en el mercado; la desregulación de la VTV, que incluye talleres mecánicos privados y concesionarias para hacer el control vehicular y modifica los plazos para hacerlo; y la regulación del vapeo y productos emergentes de tabaco y/o nicotina, entre otras normativas.

Una promesa de campaña: “Los trapitos son una mafia”

El Jefe de Gobierno, Jorge Macri, desde el día de su asunción al cargo instruyó a la Policía de la Ciudad con el objetivo de intensificar los operativos contra trapitos tanto en los espectáculos como en los eventos deportivos.

Al respecto, Macri dijo: “Lo dije desde el primer día: los trapitos son una mafia, se creen dueños de la calle y viven de extorsionar a los porteños. Ahora los metemos presos. Con los delincuentes, tolerancia cero”. Y agregó: “Ya no hay más advertencia, te meto preso”.

En este contexto, entre mayo de 2025 y mayo de 2026 la Ciudad realizó un total de 13.149 contravenciones, pero fueron insuficientes. En tal sentido, Macri agregó luego de presentar el proyecto que la Legislatura convirtió hoy en ley: “¿Cuánto le importa una multa a un trapito? Se le ríen en la cara a la Policía”.

Por eso, lo que hasta ahora era cuidar coches o limpiar parabrisas de manera ilegal y que se penaba con multas que resultaban incobrables, desde ahora, con estos cambios, si bien seguirá siendo una contravención, tendrá penas más severas.

¿Qué dice la Ley “Anti Trapitos” sobre las sanciones?

Respecto de las sanciones, estas varían según el contexto y el nivel de organización. Por eso, tanto trapitos como limpiavidrios serán detenidos en el marco de eventos masivos o bien cuando se los encuentre en las calles de la Ciudad en lugares como, por ejemplo:

En eventos masivos

  • Cuando se demuestre la existencia de una organización previa o una banda organizada, las penas serán de 20 a 50 días de detención.

Cuidacoches en las calles

  • Se prevé la detención por entre 10 y 30 días para quien cuide coches de manera ilegal en cualquier calle o lugar de la Ciudad.

Jefes, organizadores o promotores

  • Tendrán penas de hasta 60 días de cárcel.

Contra los aprietes

  • Las penas se duplican ante situaciones de violencia o acoso generalizado en la calle. Dice el Artículo 1º: “Cuando la conducta esté basada en la desigualdad de género o sea realizada con intimidación y/o persistencia y/o cometida aprovechando la vulnerabilidad del conductor o del entorno, la pena se elevará al doble”.

Trabajo comunitario y multas

  • Los días de “utilidad pública” o trabajo comunitario que se pueden sumar como pena pasan de 2 a un período de 20 a 45 días. Y las multas económicas que antes iban de $50.000 a $285.000 se elevan fuertemente, fijándose a partir de $1.139.988 (1.200 a 7.000 UF).

Quita de planes sociales

  • Aquellos que actúen en forma organizada en eventos masivos podrán ser inhabilitados por hasta dos años para acceder a programas sociales, subsidios o beneficios estatales de la Ciudad.

¿Cómo será el control sobre los eventos masivos?

Serán más rigurosos y tendrán estas características:

Alcance

  • La prohibición y las nuevas penas se aplicarán en cualquier tipo de evento dentro de la Ciudad (antes solo deportivos o artísticos masivos).

Radio extendido

  • El área de prohibición y control se amplía hasta 50 cuadras a la redonda de donde se realice el evento.

Mayor cobertura horaria

  • Los controles ya no empezarán 3 horas antes y terminarán 2 horas después; ahora la prohibición regirá desde 6 horas antes del inicio del evento y hasta 3 horas después del final.

Sanciones para clubes e instituciones

  • La ley apunta también a cortar los vínculos de financiamiento o complicidad institucional. Si se demuestra que integrantes de un club, institución u organizador participan directa o indirectamente de la actividad ilegal, el Gobierno porteño podrá aplicar:

Se duplican las multas

  • El castigo económico pasa de 10.000 UF a 20.000 UF, lo que equivale a un salto de $10 millones a aproximadamente $20 millones.

Clausuras prolongadas

  • Las penalizaciones edilicias y de funcionamiento para las instituciones serán de hasta 90 días de clausura, cuando hasta ahora eran de un máximo de 30 días.

Compensar la ineficiencia con sobreactuación

Compensar la ineficiencia con sobreactuación

Jorge Macri convirtió la comunicación política en un sustituto de la gestión. el Gobierno porteño recurre a la espectacularización de la seguridad y a la confrontación con la provincia de Buenos Aires para disimular la falta de gestión en áreas como transporte, vivienda, salud y educación. El regreso de "civilización o barbarie".

Jorge Macri encontró la clave del éxito político: ya que gobernar bien no se le da, puede compensar su total ineficiencia con puestas en escena que simulen que está haciendo cosas. Buenas cámaras, algún dron, cartelería, listo. 

Todos recordamos su famosa campaña electoral, sacando pecho por una ampliación del subte totalmente imaginaria. Al día de hoy, casi tres años después, la famosa Línea F, que en su cartelería parecía un logro notable de su gestión, ni siquiera está licitada. De hecho, la gestión PRO en Buenos Aires fue la primera que detuvo completamente la expansión de la red. Desde que llegó Mauricio Macri al poder en 2007, el subte porteño, pionero en América Latina, que no había detenido su crecimiento ni siquiera durante la crisis de 2001, prácticamente quedó congelado (salvo por algunos pocos kilómetros que ya estaban iniciados antes de que asumiera). Desde entonces, varias capitales de la región y del mundo, incluyendo algunas que comenzaron hace poco, aventajaron a Buenos Aires en cantidad de kilómetros de subterráneo. Amante de las excusas, Mauricio primero culpó al gobierno kirchnerista, que supuestamente no le dejaba contraer créditos, para olvidar del todo el asunto cuando él mismo fue presidente y tuvo la lapicera.

Más inactivo incluso que su primo y que Horacio Rodríguez Larreta, Jorge Macri se dedica fundamentalmente a generar narrativas represivas. Los videos de policías de la Ciudad violentando a manteros o señoras que venden paltas, presentados como una gesta heroica por la ley y el orden, inundan las redes, incluso a pesar de que, en lo que va de 2026, la venta callejera no habilitada en verdad creció. Los mismos videos proliferan respecto de los desalojos de viviendas ocupadas, incluso si las órdenes las imparten jueces desde sus juzgados y no Macri desde su despacho. El mayo vino el llamado operativo “Tormenta Negra”: el Estado porteño abandonó sus políticas para los sectores más vulnerables, pero no se privó de mandarles 1500 efectivos policiales a que irrumpieran simultáneamente, con armas largas y pasamontañas, en las villas. El propio Jefe de Gobierno se hizo filmar ingresando en una de ellas, cual Rambo, en una narrativa visual militarista que criminalizaba de manera indiscriminada a todos los habitantes. El resultado: algunos detenidos (la mayoría por tenencia de drogas) y clausuras de comercios no habilitados. Nada que no pudiese producirse en cualquier otro barrio porteño si hubiese ganas de dar un espectáculo similar. Como le recordó a Macri una vecina, si lo que querían era capturar narcos, el barrio a visitar debió haber sido Nordelta.

En esta vocación de tapar incompetencia con narrativa visual, hace unos días llegó el colmo del absurdo. En el llamado “Operativo Muro”, Macri mandó a su policía a desplegarse simultáneamente en todos los accesos a la Capital, simulando un bloqueo. “Blindar la Ciudad”, decían que era lo que hacían. Aunque cueste creerlo, el Jefe de Gobierno promocionó su nueva puesta en escena con el eslogan “Un muro contra la barbarie de Kicillof” y una fotografía aérea de CABA con la silueta de un muro de luces azules separándola del Gran Buenos Aires. Presuntamente, esa sería la temible residencia de la “barbarie” de la que los “civilizados” porteños necesitan ser protegidos. Ah, y también hay que cobrarle a los que quieran visitar el Ecoparque sin ser porteños. Y que paguen si visitan nuestros hospitales, sí señor. ¿Por qué vamos a gastar dinero en esos bárbaros que nos amenazan? 

Es agotador, en estos tiempos idiotas, tener que volver a explicar todo el tiempo lo mismo. ¿Hay que explicar de nuevo que hay una conexión obvia entre la narrativa de la “civilización” vs. “barbarie” y el racismo espantoso que nuestras élites han promovido durante décadas? ¿Hace falta volver a señalar que la antigua paranoia de Buenos Aires de ser “invadida” por “bárbaros” que vienen de afuera forma parte de ese discurso clasista y racista? Volvamos a decirlo, entonces. Aunque canse.

La Ciudad de Buenos Aires no podría “blindarse” aunque quisiera: cada día los porteños reciben en su territorio cientos de miles de trabajadores que cruzan desde el conurbano, viajando mucho y muy mal, para atender sus comercios, trabajar en sus empresas, construir sus viviendas, limpiar sus casas, cuidar a sus hijos. La Ciudad depende completamente de ellos. Sin ellos, la economía de la Ciudad literalmente colapsaría. Jorge Macri no les agradece que hagan la riqueza de los porteños. Para ellos, mejor un muro imaginario y tratarlos como bárbaros. Y para los porteños, circo. 

Digamos también, de nuevo, que la ciudad de Buenos Aires goza de una cantidad interminable de privilegios que le vienen del hecho de que el resto del país la haya consagrado su capital. Los miles de empleos públicos del aparato del Estado, las decenas de miles de empleos y los impuestos que le brindan las sedes de las multinacionales y los bancos que necesariamente deben estar aquí. Etcétera, etcétera. Debería darle vergüenza a un gobernante que gozara de todos esos privilegios cobrarle unos pesos más a un bonaerense o chaqueño que quiera visitar el Ecoparque. Sobre todo, además, porque el antiguo Zoológico de Buenos Aires, que el macrismo desmanteló para convertirlo en el Ecoparque, fue pagado con fondos de la nación y luego regalado a la ciudad. Otro privilegio de los porteños.

Lo triste del caso no es solo que los votantes porteños no aprecien y ni agradezcan esos privilegios y el trabajo de los habitantes del conurbano. Lo triste es que, desde hace tantos años, se conformen con gobiernos que hacen tan poco. Lo triste es que, viviendo en el distrito más rico del país, con arcas públicas comparables a las de ciudades europeas, consientan en no tener política de vivienda, ni de transporte. En tener las escuelas y hospitales tan descuidados. En carecer de espacios verdes y ver cómo venden los pocos que hay para hacer negocios inmobiliarios.

La Ciudad podría estar mucho mejor. Solo depende de que dejemos de conformarnos con manipulación de temores absurdos y puestas en escena baratas.