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“¿Cómo sigo trabajando?”: la pregunta que cada vez más jubilados hacen en la Defensoría y las consecuencias en la salud

“¿Cómo sigo trabajando?”: la pregunta que cada vez más jubilados hacen en la Defensoría y las consecuencias en la salud

En la Defensoría de la Tercera Edad reciben cada vez más consultas de personas que están por cumplir 65 años y quieren saber cómo seguir trabajando. La caída del poder adquisitivo, el costo de la vivienda y los gastos de salud empujan a cientos de miles de adultos mayores hacia empleos informales y, en algunos casos, de riesgo.

“No tiene sentido vivir así”: se profundiza la crisis de los jubilados con el colapso de su obra social

Durante años, a la oficina de la Defensoría de la Tercera Edad que creó Eugenio Semino llegaban personas para asesorarse sobre cómo acceder a la jubilación. Pero las consultas cambiaron. Ahora, quienes están por cumplir 65 años preguntan cómo hacer para no jubilarse. “¿Cómo sigo trabajando?”, pregunta la gente mayor. El fenómeno comenzó hace dos años y, advierten, sus efectos sobre la salud física y mental son cada vez más preocupantes. “La oficina cambió de función porque todos saben que jubilarse, hoy, es caer en la indigencia”, dice Semino.

“Llego a mi casa totalmente estresado de la calle, con dolor en el estómago y las articulaciones de tanto estar sentado. Nunca pensé pasar mis últimos años así”, cuenta a elDiarioAR Jorge “Cacho” Smokvina, jubilado de 74 años. Seis días a la semana trabaja unas ocho horas como conductor de Uber y DiDi, en un auto que compró con todos sus ahorros para poder seguir trabajando.

Hace unas semanas, dos hechos expusieron crudamente algunas de las situaciones que atraviesan los adultos mayores. Un taxista de 80 años se quedó dormido mientras manejaba en San Telmo y chocó contra una columna de una estación de servicio. Trabajaba entre las 22 y las 6. Días después, en Cipolletti, la Justicia investigó como un pacto suicida la muerte de Jorge Horacio Ortiz, de 75 años. Su esposa, Mabel Ester Marx, sobrevivió. Ambos cobraban jubilaciones mínimas y destinaban casi todo el ingreso al alquiler. Pagaban $600.000 por un departamento cuya renovación superaba el millón de pesos y exigía tres millones por adelantado. Dejaron una carta en la que explicaban que no podían afrontar el costo.

Cada vez más adultos mayores se acercan a la Defensoría de la Tercera Edad para preguntar cómo hacer para no jubilarse y seguir trabajando.

Según el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), presentado a fines de agosto, el malestar psicológico en personas de 65 años pasó del 19,5% en 2017-2019 al 34% en 2024-2025. Entre quienes integran el estrato socioeconómico más bajo alcanza al 51,8%. El mismo relevamiento indica que el 46% de los hogares con personas mayores declaró ingresos insuficientes y que el 35,2% debió postergar o resignar atención médica o medicamentos por motivos económicos, el valor más alto de toda la serie.

“Es impresionante la cantidad de amputaciones que estamos teniendo por falta de seguimiento de la diabetes”, dijo Semino. En los hogares más pobres, ese porcentaje trepa al 55%. “Hay gente que nos está marcando un rojo en este semáforo de observación de la población”, explicó Solange Rodríguez Espínola, que coordinó el estudio.

El otro dato del fenómeno aparece en el mercado laboral. A fines de 2025, 686.160 personas de 65 años o más trabajaban en los 31 principales aglomerados urbanos, un 32,6% más que en 2016, frente al 17,8% del empleo general. La tasa de actividad llegó al 18,9%. Pero también empeoraron las condiciones laborales. El 48,1% trabaja por cuenta propia y la informalidad entre los asalariados mayores de 65 años trepó del 47% al 55,7%. En un año, los mayores de 66 con empleo desprotegido pasaron de 19.700 a 42.000, según el Instituto Argentina Grande.

“Ahora tengo un emprendimien...”, dice a elDiarioAR Nancy Yulán, que se jubiló como bibliotecaria y docente en Letras, y se detiene. “No me gusta llamarlo emprendimiento. Yo no soy emprendedora, soy trabajadora. Pero no me quedó otra. No puedo seguir mangueando a mi familia para el alquiler así que empecé a recorrer librerías de libros usados y me puse un puesto”, cuenta. Nancy es una de las personalidades más combativas de los jubilados en el Congreso que reclaman al Gobierno nacional. “Cada vez se complica más ir los miércoles porque todos estamos endeudados y tenemos que salir a trabajar o vender en la calle”, dice.

Nancy tuvo que armar un puesto de libros en Villa Luro para poder pagar el alquiler.

“Sí o sí tengo que salir a hacer de chofer todos los días para pagarme el techo, no me queda otra. No sé qué voy a hacer cuando se me rompa el auto. Intento no pensar en eso”, retoma Cacho Smokvina.

El emprendimiento de la bibliotecaria y licenciada en Letras, Nancy Yulán. Es una de las personalidades más combativas de los jubilados ante el reclamo con el Gobierno nacional.

“Empecé bien, me volvía con guita fresca, pero ya no”, cuenta. “El libro es lo último”. Otros jubilados, agrega, van a Once, compran mercadería y la revenden. “Todos los jubilados que nos manifestamos los miércoles estamos revendiendo cosas”.

“Tengo una relación perversa con el Uber”, dice a elDiarioAR Osvaldo Paloma, otro jubilado que trabaja de conductor. Cada mañana, mientras maneja, sintoniza Blackie, una radio de jazz que lo ayuda a “relajarse” y “pensar en otra cosa”. “El auto me da plata para los remedios y, al mismo tiempo, estar acá sentado tanto tiempo me quita salud, años de vida”.

Una jubilación que no alcanza

En septiembre, la jubilación mínima quedó en $428.633 y el bono se mantiene en $70.000 desde marzo de 2024. La canasta que calcula la propia Defensoría, que incluye farmacia, comida, vivienda y limpieza, llegó en marzo a $1.824.682. El haber mínimo cubre poco más de una cuarta parte de ese costo.

“Saben que la tasa de sustitución en Argentina es muy baja, ronda el 50%. Entonces, antes de llegar a los 65, empieza a buscar trabajo”, explica Semino a elDiarioAR. En la Defensoría atienden entre 200 y 400 casos por día. Según Semino, muchos de quienes consiguen trabajo lo hacen en negro y en condiciones precarias.

“Donde vivo, en la zona de Mataderos, los remises que cruzan entre Capital y provincia son manejados durante la noche por personas de 70, 80 y hasta 90 años, muchas veces con vehículos en pésimo estado. También trabajan como serenos nocturnos y en seguridad. Son tareas crueles y peligrosas para una persona mayor”, describe.

El problema también alcanza a los derechos laborales. “El viejo muchas veces no demanda ni inicia un juicio laboral porque necesita conservar ese ingreso”, sostiene. “Sigue siendo bueno trabajar a cualquier edad”, dice Semino. “Pero el que trabaja por necesidad, pierde por obligación”.

Cada vez más jubilados trabajan en en aplicaciones como Uber para sobrevivir.

El costo sobre el cuerpo y la mente

En la Facultad de Psicología de la UBA, otra oficina hizo un movimiento similar al de la Defensoría. Hasta febrero, Paula Hermida dirigía el Programa de Preparación para la Jubilación. Desde marzo, el programa se llama “Trabajo y envejecimiento: cambios en la identidad laboral”. Cambió el nombre porque también cambió el perfil de quienes llegan.

“Cuando empecé mi tesis doctoral, en 2009, el perfil de las personas jubiladas que entrevistaba era el de propietarios de sus viviendas”, cuenta a elDiarioAR Hermida, investigadora del CONICET. “Hoy encontramos muchas personas que llegan a la jubilación sin ser propietarias y tienen que seguir pagando un alquiler con ingresos mucho menores”.

Su equipo dejó de estudiar la salida del mercado laboral y comenzó a analizar la permanencia. A fines de 2025 relevaron a 125 trabajadores del Área Metropolitana, con una edad promedio de 65 años. Los resultados son preliminares, pero muestran inseguridad sobre la estabilidad laboral, problemas con los superiores y, sobre todo, una percepción de trato injusto.

Cacho dejó de ir al cine, dejó de comer carne y compra las marcas más baratas. Lo que no puede resignar es el ahorro para una eventual reparación del auto. “Estoy obligado a tener un ahorro. Si llega a romperse el coche, ¿yo qué hago?”.

“En este momento de la vida nosotros tendríamos que estar contenidos socialmente, tendríamos que estar en una etapa de jubileo”, dice. Y agrega: “La jubilación es el jubileo, disfrutar los últimos años de la vida. Y, sin embargo, tenemos que hacer otro esfuerzo”.

LN/MG

Sin vuelta atrás, Kicillof se acerca a la pregunta clave: ¿Qué lo diferencia de Cristina?

Sin vuelta atrás, Kicillof se acerca a la pregunta clave: ¿Qué lo diferencia de Cristina?

La pelea por el liderazgo cambia la lógica del peronismo y achica el margen de error. El significado del plenario en Avellaneda. Se avecina un crescendo de definiciones programáticas y fronteras políticas. La foto con Cúneo cuesta cada vez más caro.

“Que lo diga, que lo diga”, le cantaban ayer por la tarde a Axel Kicillof desde las primeras filas del acto en Villa Domínico, Avellaneda, en el cierre del plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro. Sus partidarios le pedían que anunciara la candidatura presidencial que se viene cocinando hace años. Ante la insistencia, Kicillof se rio varias veces, pero no concedió. La metódica estrategia diseñada en La Plata estableció que la postulación será lanzada oficialmente en marzo. “Que lo postule todo el mundo, es lo mejor que nos puede pasar”, razonan en la gobernación bonaerense.

Si bien no lo dijo, pegó en el palo. “Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa que nos deje terminar con este modelo, pero, sobre todo, que nos permita empezar una etapa distinta”, propuso ante unos 20.000 partidarios. En el escenario, acompañaron ministros, legisladores, sindicalistas e intendentes bonaerenses y porteños, y representantes de provincias en las que Kicillof viene tejiendo hace tiempo, muchas veces con anuencia no explicitada de sus gobernadores, algunos impensables.

Hubo espacio en el predio de la Universidad Tecnológica Nacional para abordar cuestiones cruciales que suelen quedar eclipsadas en la doble pelea ante Javier Milei y Cristina. Kicillof mencionó “el indicador más doloroso de todos”, porque “están creciendo los suicidios”, que atribuyó a “tanta privación, tanta angustia, tanta incertidumbre y desprotección”. En 2025, se registraron 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes, casi 60% más que en 2017 y el cuádruple de la tasa de homicidios.

Renuente a anunciar medidas concretas de un eventual gobierno nacional —el método elegido lo impide—, Kicillof fue por la negativa: “Seguro, no dejaría que el futuro de nuestros hijos quede en manos de cuatro empresas tecnológicas internacionales; no dejaría a nuestros pibes entregados a las aplicaciones de apuestas… No entraría en guerras que no son nuestras; no apoyaría ni genocidios, ni invasiones”. El gobernador bonaerense subsanó al menos elípticamente una respuesta confusa y descomprometida, impropia de lo que piensa, que había dado hace un mes en Uruguay, al ser consultado por los crímenes de guerra cometidos por Israel.

Axel Kicillof habla en el predio de la UTN en Villa Domínico, el 19 de septiembre de 2026

La hoja de ruta trazada por la mesa chica de Kicillof supone un crescendo de definiciones y fronteras políticas. Ayer también insistió en sellar acuerdos con otros opositores a Milei, varios de los cuales han hecho un culto en décadas recientes de pactar con cualquiera menos el kirchnerismo. No hay escenario que Kicillof imagine que lo haga desistir de la postulación: ni una muy poco probable candidatura de Cristina, ni un pacto entre San José 1111, Sergio Massa y gobernadores peronistas.

No entraría en guerras que no son nuestras; no apoyaría ni genocidios, ni invasiones

En la oficina de Kicillof manifiestan una voluntad de no llegar a ningún acuerdo con los Kirchner que implique reestablecer la jefatura política de la expresidenta. La única posibilidad de pacto que barajan es que, de cara a unas primarias presidenciales obligatorias, los hipotéticos rivales desistan de competir, lo que daría a Kicillof una posición de negociación de mucha mayor fortaleza.

Se dirime el liderazgo

La disputa entre Kicillof y Cristina lleva dos años en la superficie, pero había empezado bastante antes. La composición del primer gabinete de Kicillof en la provincia de Buenos Aires (2019-2023) dio lugar a forcejeos, que quedaron eclipsados por la pelea mayor de los Kirchner con Alberto Fernández. Ahí se fue toda la energía del Frente de Todos.

Aquella instancia de 2023 en la que el eje Instituto Patria-La Cámpora intentó digitar la candidatura presidencial de Kicillof y la posterior fallida imposición del impoluto Martín Insaurralde como compañero de fórmula para la gobernación terminaron de encender el conflicto. Lo que se manifestaba en sordina pasó a la luz pública.

La relatada prescindencia de Cristina entre su hijo Máximo Kirchner y su “hijo político” Kicillof se esfumó hace rato. Hoy impera el desplante y la crítica mordaz como manifestaciones cabales de lo que piensa la exmandataria. En el último encuentro entre Cristina y Kicillof, el 1 de octubre pasado, en el living de San José 1111, ella intentó recomponer la cadena de mando, sin éxito. Desde entonces, para el mundo Kirchner, el gobernador pasó a ser un “desleal”, si la descripción cuida las formas, o directamente un “traidor”. Para Kicillof, los Kirchner y La Cámpora están inmiscuidos en un espiral personalista con el fin de preservar el “legado” y las cajas, por encima del objetivo de derrotar al gobierno ultraderechista.

La rivalidad conduce a la formulación de una pregunta frecuente en círculos políticos y periodísticos sobre qué es lo que realmente diferencia a los Kirchner y Kicillof. “Que se dejen de joder”, reclaman los streamings peronistas, si tienen una tarde en la que no imitan las groserías del Soez. Otros manifiestan incredulidad. “No encuentro ninguna diferencia económica de fondo”, se quejan. En general, reducen la disputa a una cuestión psicologista o infantil. “Nadie entiende nada”, braman.

La pregunta sobre “qué diferencia realmente” a la expresidenta y el gobernador elude la pugna por la conducción del poder en sí misma, base normal de los choques en un mismo grupo político. Entre quienes se supone que están de acuerdo en trazos generales —por eso comparten partido—, más que programas, se dirime el liderazgo y los modos para llevarlo a cabo, y la trama de relaciones.

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el balcón de San José 1111

Por citar algunas de las internas más importantes de la democracia, Carlos Menem y Antonio Cafiero fueron protagonistas de la Renovación Peronista. En 1988, saltaban a la vista las diferencias de estilo, de terminales con las tribus del peronismo y los poderes fácticos, o de representatividad del AMBA versus el interior profundo, pero no había mayores distancias entre la vaga e inexplicada “revolución productiva” de Menem y los postulados de Cafiero.

¿Por qué Cristina subió y bajó candidatos, mandó al freezer a unos y consagró a otros? Porque pudo

En las internas antimenemistas entre José Bordón y Chacho Álvarez (1995), y Fernando de la Rúa y Graciela Fernández Meijide (1998), hubo perfiles más conservadores (Bordón y De la Rúa) y otros más progresistas (Chacho y Graciela), pero los segundos estaban tan o más convencidos que sus rivales de prolongar la convertibilidad sin el capítulo de la impudicia menemista. Al final, De la Rúa ganó la primaria, y lo de la impudicia no pudo ser.

Similar abordaje cabe para la derecha actual. Patricia Bullrich le hizo bullying de mil maneras a Horacio Rodríguez Larreta en la carrera de 2023, pero los equipos económicos eran casi compartidos. ¿Qué diferencia “programática” existe en la interna en ciernes entre Bullrich y Milei?

La disputa por el liderazgo no deslegitima la interna del peronismo. Cristina durante décadas obturó la disidencia en lo que se podría llamar peronismo de centroizquierda, puesto bajo el branding “kirchnerismo”. Se podrá cuestionar la amplitud de la expresidenta, pero la potestad de definir los límites de lo desafiable y de designar binomios presidenciales con un dedo paralizante no hizo más que confirmar su liderazgo.

¿Por qué Cristina subió y bajó candidatos, mandó al freezer a unos y consagró a otros? Porque pudo. Esa lógica llegó a su fin con el despertar de Kicillof, más allá de cómo salga la aventura.

La trampa autorreferencial

La expresidenta está recluida en su departamento de Constitución, con años de prisión domiciliaria por delante. Le esperan juicios inminentes, todos redundantes en el turbio vínculo económico con el constructor Lázaro Báez. Cristina está impedida de ser candidata y, aunque podría tener voz en alguna red social, decide callar, con motivo, porque alguno de los jueces que la condenaron con saña podría privarla de la palabra si no le gusta algún mensaje. La paradoja es que Milei y Mauricio Macri, ambos autoproclamados autores intelectuales de la condena, tienen hoy menos popularidad que su enemiga presa.

Kicillof avanza por un camino que saque al peronismo de la trampa autorreferencial de los Kirchner, volcados a narrar la infalibilidad y grandeza de Cristina como razón primordial desde hace años. La pretensión se hace todavía más inverosímil con el recuerdo reciente del papel de la vicepresidenta del gobierno del Frente de Todos.

Los desafíos del gobernador bonaerense son muy agudos, tanto por arriba como por abajo. Debe trascender las fronteras de su provincia y llegar con igual fuerza a los barrios populares de Córdoba, Rosario, Comodoro Rivadavia y Salta, así como superar los límites que impone su condición de kirchnerista ante sectores medios y dirigenciales. No puede en ese tránsito perder su identidad, porque se licuaría y pasaría al olvido, como tantos otros que lo intentaron.  

Más allá de cuánto deba diferenciar su propuesta económica de la de San José 1111, sobre unos y otros pesa una demanda de certezas programáticas. Al menos desde 2011, con dos mandatos peronistas transcurridos (Cristina II y Alberto), el peronismo no acierta un camino de crecimiento sustentable, sin desequilibrios que deriven en crisis inflacionarias.

Desde hace semanas, el gobernador bonaerense y sus ministros resaltan el concepto “orden fiscal” como uno de los requisitos del crecimiento. Para una estrategia tan pensada y orgánica como la de Kicillof, la alusión tiene un significado político y económico, que explicitará, por ejemplo, en la reunión con bonistas e inversores que mantendrá el martes en Manhattan, en el marco de una visita que podría incluir una foto con el alcalde Zohran Mamdani.

Apenas menciona el “orden fiscal”, el casi candidato presidencial enfatiza que no está dispuesto a extender el ajuste de Milei. “Si sigue cuatro años, no hay ciencia, no hay desarrollo, no hay más país”, advirtió ayer.

Kicillof establece que la reactivación del consumo es un primer paso indispensable para salir del cono recesivo al que empujó el dogma de Milei y Luis Caputo, en su tercer año de motosierra, camino al cuarto. ¿El precandidato peronista está dispuesto a devaluar algo y reestablecer barreras a las importaciones para cortar la dinámica de cierre de empresas y destrucción de empleo? ¿En qué medida? ¿Baraja aumentar impuestos a los ricos y retenciones al agronegocio y el petróleo para financiar medidas de impulso al consumo vía aumentos de jubilaciones y restablecimiento de la obra pública? ¿Se plantará ante el FMI para reformular la montaña de préstamos electorales concedidos a Macri y Milei en 2018 y 2025? Un mar de incógnitas que, por ahora, Kicillof no aclara.

Aun en horas bajas, Cristina hace y deshace. ¿Por qué, después de años de denuncias del lawfare, mientras lleva a cabo una demanda ante instancias internacionales, la expresidenta ordena al bloque de senadores votar el pliego de uno de los pasajeros del viaje que organizó Clarín a Lago Escondido y facilita varios ascensos de jueces por el estilo? Una vez más, porque puede.

Kicillof, en cambio, no tiene ese crédito. Un líder tiene un margen para incurrir en contradicciones y hacer tragar sapos a sus seguidores, como el voto a los jueces de Lago Escondido, dándose el lujo de decir que es un tema “aburrido y técnico”, o soslayar la responsabilidad por el persistente impulso político a Insaurralde, como hizo días atrás la senadora cristinista Juliana di Tullio. El desafiante tiene menos espacio para esas maniobras.

Hasta ahora, Kicillof salió indemne de casos de corrupción en su propio gobierno, porque una gran mayoría entendió que afectaron a funcionarios impuestos por Cristina o Sergio Massa. A la cabeza de su propio proyecto, ese margen lógicamente se esfumará.

Entre los kicillofistas, hay cultores convencidos de aquella máxima de Perón sobre los ladrillos que se hacen con bosta y barro. Puede ser, pero hay que tener cuidado, porque si reina el pragmatismo irreflexivo, sale mal.

“Sos una mierda Bergman (Myriam Bregman), sos una basura… sos una mierda prostituta. Te vendés, sos empleada de (Héctor) Magnetto, chupapija de (George) Soros (Bregman es judía). Por qué no te vas a la puta que te parió, Bergman. Llévense toda la escoria feminista de pañuelos verdes, toda la mierda cloacal del progresismo, hay que echarlas a patadas en el culo del peronismo. Sos el enemigo, sos basura”.

El autor de esa diatriba difundida en redes sociales es Santiago Cúneo, incorporado recientemente al PJ Bonaerense con honores por Andrés “El Cuervo” Larroque, uno de los principales armadores políticos de Kicillof.

Se trata de un conocido antisemita televisivo, con paso por Crónica TV, que fue sucesivamente macrista, kirchnerista y morenista en años recientes, y ahora encontró espacio en el peronismo de Kicillof, bajo la inteligencia de que era mejor subirlo al barco para evitar la fuga de un puñado de votos.

Bregman está obviamente afectada por el ataque, uno de los mayores que recibió en público en su vida. Con todo derecho, el Frente de Izquierda usará el caso como arma electoral. Feministas del gobierno de Kicillof manifiestan estupor, sin alzar la voz como colectivo. La ministra de Mujeres y Diversidad, Estela Díaz, ayer repudió los dichos de Cúneo en el plenario de Diversidades del encuentro en Villa Domínico.

No alcanza. Entre los kicillofistas que se atreven a hablar del tema, prima la idea de que se trató de simple una foto que no sella una adhesión, y que el gobierno bonaerense tiene para exhibir la acción del Ministerio de Mujeres, único en su tipo que quedó en pie entre los gobiernos provinciales tras la oleada antifeminista que llegó con Milei.

Como si fuera una cuestión de equilibrio y un proyecto político pudiera albergar una dosis de progresismo y otra de fascismo.

SL

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Sin anuncios sobre candidatura, Kicillof vuelve a desafiar a la interna: "Las nuevas canciones se componen colectivamente"

Sin anuncios sobre candidatura, Kicillof vuelve a desafiar a la interna:

En medio de las tensiones con La Cámpora, el gobernador bonaerense encabezó este sábado un plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro en la UTN de Villa Domínico. Fue el de mayor alcance territorial realizado hasta ahora por el MDF. También criticó al Gobierno por provocar una "verdadera catástrofe.

No hubo anuncio de una candidatura presidencial –como se amagó en la semana– pero se le pareció bastante. El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, encabezó este sábado en Avellaneda un acto en el que puso en marcha su proyecto federal y lanzó un mensaje a la interna del PJ repitiendo una de las frases que más provoca al kirchnerismo, la que compara a la renovación con la necesidad de componer nuevas melodias: “Las nuevas canciones se componen colectivamente”, dijo.

Así, el acto se convirtió en una nueva demostración de su intención de extender a todo el país el espacio político que construyó inicialmente en la provincia de Buenos Aires y en momentos en que persisten las tensiones internas con La Cámpora. El encuentro fue el de mayor alcance territorial realizado hasta ahora por el MDF.

Pero durante el plenario del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), hubo sobre todo, críticas al Gobierno: “Este modelo que aplican desespera, angustia y desintegra y esa desintegración está golpeando en todos lados: en los barrios familias, escuelas y trabajos”. Y advirtió: “Este modelo está rompiendo los lazos sociales. Tanta desprotección está haciendo crecer el peor problema de todos: está haciendo crecer los suicidios. Nadie puede permanecer indiferente, nadie puede acostumbrarse a esa situación”.

“Hablan del equilibrio, de la estabilidad y el orden, pero no hay estabilidad si las familias no llegan a fin de mes, no hay orden si los hogares están tapados de deudas y no hay estabilidad si los negocios están vacíos y al trabajador le aumenta todo menos el ingreso. Con Milei el país está cada vez más desequilibrado, con menos derechos, menos trabajo y más endeudamiento y especulación”, dijo en otro tramo de su discurso.

Bajo la consigna “A organizar la esperanza”, el plenario se realizó en el campus de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Villa Domínico, ubicado en Ramón Franco 5050, y contó con la presencia de dirigentes políticos, sindicales y sociales de distintos puntos del país. Allí, el gobernador bonaerense afirmó: “Con Milei a la Argentina no solo no le va bien, se está produciendo una verdadera catástrofe. El desafío que tenemos por delante es el de cambiar el rumbo económico”.

Y destacó: “Lo primero que tenemos que recuperar es el orgullo y la convicción de que esto que nos pasa no es inevitable. Hay otro camino: el problema no es la Argentina, es Milei. Por eso, a todos los que están sufriendo les digo: hay que resistir, hay que luchar y hay que aguantar porque falta menos para terminar con esta pesadilla”.

La convocatoria abarcó a representantes de distintas provincias, además de dirigentes de la Ciudad de Buenos Aires y los 135 municipios bonaerenses.

La jornada comenzó a las 11 con mesas de debate dedicadas a distintas áreas, entre ellas educación, salud, ciencia y universidad, trabajo y producción, mujeres y diversidades, juventudes, seguridad y justicia, obra pública y hábitat, cultura y deportes, y comunidad y organización.

El plenario aparece también como un nuevo movimiento de Kicillof en la construcción política hacia las elecciones de 2027. Aunque el gobernador todavía no lanzó formalmente una candidatura presidencial y ha insistido en definir este período como una etapa de construcción, sectores que integran el MDF ya promueven públicamente su postulación.

“El único interés que nos debe guiar es el interés nacional. Para eso, nuestro país debe tener un proyecto argentino, pensado para la Argentina, por los argentinos y en beneficio de nuestro pueblo. Ese proyecto debe ser de desarrollo, federal, productivo y con eje en la justicia social”, dijo Kicillof en otro tramo de su discurso.

La interna con La Cámpora

El encuentro fue convocado en medio de una nueva escalada de la disputa entre el kicillofismo y sectores de La Cámpora. En los últimos días, una de las críticas más duras llegó de Mayra Mendoza, quien acusó al gobernador de haber tomado la decisión de “dividir al peronismo” y cuestionó su relación con los municipios que no forman parte de su espacio político.

En ese contexto, el gobernador bonaerense señaló: “El desafío no es describir el sufrimiento, sino ofrecer una salida. Esa alternativa que tenemos que construir no puede estar basada ni en el odio ni en la nostalgia: tiene que ser capaz de volver a despertar expectativas. Una nueva mayoría no va a surgir por arte de magia ni de una negociación secreta entre dirigentes: será desde abajo, a la luz del día y de cara a la sociedad”.

Las diferencias atraviesan tanto la construcción nacional de Kicillof como la discusión por el futuro del peronismo bonaerense. Pese a los intentos de bajar la tensión dentro del PJ, el gobernador mantuvo su agenda territorial y la expansión del MDF hacia otras provincias.

En ese contexto, el plenario de Avellaneda buscó exhibir capacidad de movilización y, especialmente, darle una dimensión federal a un espacio que nació con fuerte anclaje bonaerense. Kicillof ya realizó durante este año distintas recorridas fuera de la provincia para establecer vínculos con dirigentes territoriales, sindicales y políticos.

Con información de la agencia NA

Bullrich se despega, los aliados se rebelan y el Gobierno se pisa solo con el Presupuesto

Bullrich se despega, los aliados se rebelan y el Gobierno se pisa solo con el Presupuesto

La avanzada contra las personas con discapacidad expuso la descoordinación interna del Gobierno. La rebelión de los aliados y los tiros en el pie. El Plan Bullrich.

Pedro Lacour - Las vidas de Daniel Hadad: de periodista “más odiado” a empresario al que el poder le rinde honores

–Si avanzan con esto no les vamos a voltear el capítulo, les vamos a voltear todo el Presupuesto. 

–Vamos a seguir trabajando como veníamos, no cambia nada. 

La respuesta de la bullrichista Silvana Giudici al ex gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, fue nerviosa, acelerada. Como Martín Menem y Patricia Bullrich, la diputada se enteró que el Gobierno había vuelto a declararle la guerra a las prestaciones por discapacidad cuando le empezaron a llover mensajes de periodistas en el teléfono. Los aliados se enfurecieron y el Gobierno quedó expuesto en una descoordinación interna que amenaza con volver invivibles los últimos meses antes de la campaña. Especialmente cuando un sector del círculo rojo todavía presiona por un insider que mantenga el rumbo económico de Milei sin Milei. 

Como siempre, la primera en reaccionar fue Bullrich. Indignada porque Luis Caputo envió el Presupuesto 2027 sin avisarle nada a nadie, ni siquiera durante la reunión del martes de la mesa política –donde se consensuó que había que tener cuidado con el tema discapacidad–, la ex ministra salió a quemar las naves. Responsabilizó en público a Caputo, se quejó de que la habían dejado como una “tonta” y acusó a su propio Gobierno de tensionar la relación con los aliados. Y después hizo lo impensable: subió un video cantando un tema de Lali Espósito, una artista a quien el Presidente detesta. 

La jefa del oficialismo en el Senado, que ha mutado de afiliaciones partidarias como de ropa, estaba exultante con las repercusiones. Bullrich hizo de los videoclips su forma predilecta para enviar mensajes políticos internos: cada vez que quería pelearse con Karina Milei, con Menem o con el propio Presidente, su equipo de comunicación le confeccionaba un video musicalizado con algún tema pop. Esta última vez, aprovechando el paso en falso de Caputo, Bullrich fue por Lali. La primera opción fue “La tonta”, de Jimena Barón, pero en su equipo pensaron que hubiese sido “demasiado fuerte”. El chiste se cuenta solo. 

Lo del Presupuesto fue la excusa perfecta para volver a diferenciarse. Como lo fue el pliego de la cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, Verónica Michelli. O sus declaraciones sobre los límites del modelo económico de Milei si este no derrama, en algún momento, sobre la economía real. La senadora se lo repite incluso al propio Presidente en público, delante de otros funcionarios. Lo hizo en la última reunión de Gabinete y Milei estuvo casi una hora explicando por qué los indicadores económicos eran todos positivos. Fue ese intercambio lo que lo llevó a advertirles a sus legisladores, unas horas más tarde, que no se dejaran “psicopatear”.

Están en Alicia en el País de las Maravillas”, se quejó, irritada, la senadora cuando salió de la reunión. Apenas se quedó media hora. 

Desorden interno

Algunos dirigentes libertarios hablan de mala fe, la mayoría lo atribuye a una falta de inteligencia interna. “No hubo maldad, pasa que somos un quilombo”, suspiró, resignado, un alfil menemista, que admitió que el riojano se enteró del contenido del Presupuesto como el resto: el martes a la noche, cuando ya todo el mundo lo tenía en sus manos. “Y si Menem no lo sabía, eso significa que Karina tampoco”, agrega, malicioso, un ex PRO devenido en libertario. 

La decisión de enviar un Presupuesto que barre contra todos los derechos adquiridos de las personas con discapacidad, luego de haber perdido seis votaciones en el Congreso, expuso como pocas cosas el nivel de desarticulación interna del Gobierno. Un desorden originario en LLA que Karina intentó resolver con el desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete. Los problemas, sin embargo, continúan allí. 

En la misma semana que Santilli encadenó reuniones con seis gobernadores distintos para avanzar con la aprobación del Presupuesto y la eliminación de las PASO, los legisladores que responden a esos mandatarios discutían a los gritos con Menem, Giudici y el jefe del oficialismo en Diputados, Gabriel Bornoroni. “No cuidan ni a los propios, viejo”, se quejó, furioso, un legislador de una provincia del Norte que había acompañado la sesión opositora y negociaba, hace una semana, dar un gesto al oficialismo y acompañar sus propuestas para discapacidad y endeudamiento familiar.

Santilli recibió conjuntamente a Raúl Jalil, de Catamarca; Juan Pablo Valdés, de Corrientes; Gustavo Sáenz, de Salta; y Osvaldo Jaldo, de Tucumán.

Tras una semana de negociaciones con radicales, PRO y provinciales, el propio Gobierno terminó arruinando los intentos de Menem para evitar una nueva derrota en el Congreso. Se organizaron reuniones de emergencia. El riojano se reunió, primero, con los radicales y les prometió que nada de lo que decía el Presupuesto se aprobaría. Luego, Menem llamó a los legisladores libertarios más cercanos y les ordenó que volvieran de sus provincias para hacer control de daños. “Solo los que leemos de corrido”, ironizó, con maldad, uno de los presentes. 

El bloque libertario no se caracteriza por el orden interno, pero hicieron lo posible para bajar el perfil durante las dos reuniones de comisión emplazadas por la oposición. La línea del riojano, que pretende aprovechar los últimos tres meses que quedan antes de que arranque la campaña, era sencilla: nadie dice nada, nadie reacciona, quietos. Similar a la que planteó Karina durante la última reunión con legisladores libertarios. 

No le peguen a los gobernadores aliados, portense bien hasta febrero”, les exigió la secretaria de la Presidencia, quien está a cargo, junto a los Menem, de cerrar las alianzas provinciales. A unos metros estaba la senadora salteña María Emilia Orozco, que quiere ser gobernadora de la provincia y aprovecha cada oportunidad que puede para cuestionar a Gustavo Sáenz, uno de los peronistas que se volvieron aliados clave del Gobierno. 

Milei durante la cadena nacional por Malvinas, rodeado de todo su gabinete.

El traspié del Presupuesto desarmó la estrategia en solo 48 horas. La conducción libertaria asegura que los aliados fueron apaciguados, que todo marcha de acuerdo a lo planeado, pero el malestar se extiende al interior del propio oficialismo. “Hay un eslabón intermedio que está fallando. Y algunos están empezando a ver si hay algo en el medio”, desliza un dirigente del centro del país que se sumó hace tres años a LLA. 

Ese “algo en el medio” tiene nombre y apellido y es Patricia Bullrich. Es un secreto a voces que la senadora libertaria no quiere que el Gobierno elimine las PASO porque fantasea con la posibilidad de ir a una interna con Milei. Es ella, denuncian en el menemismo, quien está boicoteando la aprobación de la reforma electoral en el Senado. 

La senadora se mueve con cautela. Las encuestas que le llegan todas las semanas le muestran escenarios parejos: en sondeos sobre un futuro ballotage, a veces gana el peronismo, a veces gana Milei. No observa, de momento, que la crisis política del presidente sea terminal y está convencida de que Milei todavía tiene herramientas para mejorar su situación. No saca los pies del plato. No todavía.

Solo le falta decir el que gana conduce, el que pierde acompaña”, comentó un senador peronista que fantasea con la posibilidad de que Bullrich se presente como candidata en 2027. Está convencido de que es la única que le puede ganar a Milei.

MCM/MG

Las vidas de Daniel Hadad: de periodista “más odiado” a empresario al que el poder le rinde honores

Las vidas de Daniel Hadad: de periodista “más odiado” a empresario al que el poder le rinde honores

Fue símbolo mediático de los noventa, sobrevivió al desprestigio del menemismo y construyó con Infobae una segunda vida que lo llevó al centro del establishment. A los 65 años, su condición zigzagueante hace que todavía no descarte una candidatura presidencial.

María Cafferata - Bullrich se despega, los aliados se rebelan y el Gobierno se pisa solo con el Presupuesto

El velocímetro ya había pasado los 180 cuando Daniel Hadad volvió a acelerar. A pocos metros, sobre otras motos, Rodolfo Galimberti y Jorge “Corcho” Rodríguez hacían lo mismo. Recorrían una de las rectas del autódromo de la ciudad de Buenos Aires hasta rozar los 280 kilómetros por hora. Durante un rato, dieron vueltas al circuito como tres amigos que habían ido hasta allí solamente para correr. Desde los costados, la escena atraía algunas miradas. Ninguno de los tres parecía registrarlas. Habían ido a divertirse.

“Galimba”, uno de los nombres más conocidos de Montoneros, había dejado muy atrás la militancia revolucionaria y el exilio para reinventarse en el mundo de los negocios. El “Corcho” Rodríguez era otro personaje perfectamente adaptado a la fauna de la década: adorador del dinero, habitué de la noche porteña y amigo de famosos y políticos, su noviazgo con Susana Giménez terminaría de convertirlo en una celebridad por derecho propio. Hadad, de la misma generación que Rodríguez, estaba en pleno ascenso y empezaba a convertirse en uno de los periodistas con mayor llegada al poder. Los tres eran, cada uno a su manera, criaturas de una Argentina en la que mundos que parecían incompatibles habían empezado a mezclarse con sorprendente facilidad.

Hadad mostró desde joven una habilidad que con los años convertiría casi en un método: moverse entre mundos distintos y acercarse a personajes que rara vez aparecían juntos en una misma fotografía. La escena del autódromo era casi una miniatura de la vida que terminaría construyendo, entre otros colegas periodistas, empresarios y banqueros. Hadad aprendería a circular entre todos ellos como pez en el agua.

Su propia trayectoria también tendría algo de ese nado permanente. Quienes lo conocen desde hace décadas describen una manera particular de moverse. Hadad rara vez avanza en línea recta. Prefiere la diagonal: tantear el terreno, conservar interlocutores en lugares enfrentados y evitar, siempre que pueda, quedar encerrado demasiado pronto en una posición. Esa condición zigzagueante lo acompañó tanto en los negocios como en su relación con la política y ayuda a explicar una trayectoria que hoy lo posiciona en la carrera por una candidatura presidencial en 2027.

Daniel Hadad durante la presentación del documental El Libertador, en la Facultad de Derecho.

Hacerse un lugar

Mucho antes de convertirse en el zar de los medios, Hadad aprendió a rebuscárselas. Nació en Buenos Aires en 1961 y creció lejos de los círculos que frecuentaría de adulto: su padre era vendedor y su madre, maestra. Esa distancia entre el origen y el empresario que décadas después recibiría presidentes y magnates en sus oficinas forma parte de la historia que él mismo cultivó sobre su vida: la del hombre que llegó desde afuera y aprendió rápido cómo entrar.

Estudió Derecho en la Universidad Católica Argentina (UCA), pero los tribunales nunca parecieron ofrecerle lo que encontró en el periodismo. Un micrófono servía para hacer preguntas, aunque también podía cumplir una función bastante más interesante: abrir puertas. Hadad entendió temprano que la profesión permitía acceder a personas y lugares que de otra manera quedaban reservadas para unos pocos. Y empezó a aprovecharlo.

La política apareció casi enseguida. En los primeros años de la democracia se acercó a la Fundación Universitaria del Río de la Plata, la FURP, una institución dedicada a la formación de jóvenes dirigentes que durante décadas reunió, y continúa haciéndolo, a figuras provenientes de la política, el empresariado, la diplomacia y el periodismo. Uno de sus rasgos distintivos fue siempre su vínculo directo con el establishment norteamericano, a través de programas e intercambios que permitían a sus integrantes entrar en contacto con centros de poder de los Estados Unidos. En 1984, con 23 años, Hadad viajó allí y tuvo una primera aproximación a ese mundo al que volvería una y otra vez. Aquel país terminaría ocupando un lugar persistente en su imaginario, primero como referencia para pensar los medios y los negocios y, muchos años después, como plataforma para la expansión de Infobae.

Daniel Hadad junto a sus compañeros de camada de la FURP, en 1984.

Pero la principal escuela estaba en Buenos Aires. Hadad comprendió que en el periodismo argentino una buena agenda podía valer tanto como una buena primicia y se dedicó a construir la suya con paciencia. Conseguir números de teléfono era apenas el comienzo. Después había que llamar, sostener el vínculo, saber escuchar y, sobre todo, evitar cerrar puertas. Era una época, además, en la que la frontera entre entrevistar al poder y frecuentarlo podía ser bastante tenue.

Antes de instalarse en ese mundo, Hadad también hizo calle. En enero de 1989 era cronista de exteriores de Teledós Informa, el noticiero conducido por Pinky, cuando le tocó cubrir uno de los episodios más violentos de aquellos años: el copamiento del Regimiento de Infantería Mecanizada 3 de La Tablada por parte del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Hadad transmitió desde el lugar mientras el Ejército intentaba recuperar sangrientamente el cuartel, en una cobertura extensa y caótica que se convirtió en una de sus primeras apariciones televisivas.

Hadad en el Salón Blanco de la Casa Rosada.

Al poco tiempo, Hadad descubrió que había otra alternativa, menos expuesta y acaso más decisiva, para la carrera que terminaría construyendo: la cercanía con quienes tomaban las decisiones. Bernardo Neustadt encarnaba por entonces ese modelo mejor que nadie. Acercarse a su mundo significaba empezar a circular por otros ambientes, en los que aprendió una lección que después llevaría mucho más lejos: para influir no alcanzaba con conseguir la entrevista. Era mucho mejor ser dueño del micrófono.

El momento histórico ayudó. La llegada de Carlos Menem a la presidencia abrió una década en la que, al calor de las privatizaciones, se reordenaron fortunas, aparecieron nuevos empresarios y cambió de manos buena parte del poder. Los medios formaron parte de esa transformación. Periodistas que hasta entonces cobraban un sueldo descubrieron la vocación empresarial, mientras banqueros y contratistas descubrían, por su lado, las ventajas de tener cerca una radio, un canal o un diario. Las fronteras entre unos y otros se volvieron convenientemente borrosas.

Oveja negra

Para comienzos de los 2000, Hadad ya había conseguido poder, dinero y audiencia. Lo que todavía no había conseguido era respetabilidad. En buena parte del periodismo argentino seguía siendo un apellido incómodo, demasiado pegado al menemismo, a sus negocios y a algunos de los personajes que habían prosperado alrededor del poder a fines del siglo pasado. Hadad podía llegar hasta los despachos más importantes del país, pero eso no significaba necesariamente que le abrieran con la misma facilidad las puertas del prestigio.

El cambio de época terminó de dejarlo del lado equivocado de la fotografía. El 2001 modificó el clima cultural de una parte del periodismo. Con la llegada de Néstor Kirchner al poder, una sensibilidad progresista que durante los noventa había ocupado un lugar más contestatario ganó centralidad en redacciones, radios y canales. Hadad reunía demasiados atributos del mundo que empezaba a quedar bajo examen.

Daniel Hadad y Marcelo Longobardi, dupla televisiva de los años noventa.

Pocas piezas retratan mejor aquella distancia que Vale todo, la biografía no autorizada que Romina Manguel y Javier Romero publicaron en 2004. El libro reconstruía el ascenso de Hadad, sus negocios y sus relaciones políticas, empresariales y financieras. Pero quizás el documento más revelador del clima de época esté antes de que empiece la investigación: en el prólogo que escribió Jorge Lanata.

Lanata no se anduvo con sutilezas. Presentó a Hadad como “uno de los personajes públicos más odiados de la Argentina” y lo ubicó entre las personas acusadas por hechos de corrupción vinculados con su trabajo. Pero fue bastante más lejos. Para él, Hadad era una metáfora de un sector del país que había quedado “fascinado con el ejercicio del poder desnudo” y había colaborado con la construcción de la cultura menemista. En una de las comparaciones más brutales del texto, colocó a Hadad junto a nombres como Raúl Moneta, Gerardo Sofovich o Jorge Asís, a quienes describió como los “Astiz del menemismo”. Una suerte de “grupo de tareas” que habría hecho el “trabajo sucio” desde los medios.

Vale Todo, la biografía no autorizada de Daniel Hadad escrita en 2004 por Romina Manguel y Javier Romero.

El tono del prólogo hoy resulta llamativo no sólo por lo que dice sobre Hadad, sino por lo que revela del periodismo que lo juzgaba. Lanata describía los años de Menem como “los años de la cocaína” y asociaba aquella década con el éxito rápido, el cinismo y la indiferencia frente a sus consecuencias sociales. En ese relato, Hadad dejaba de ser simplemente un empresario periodístico que había crecido cerca de un gobierno para convertirse en la encarnación mediática de todo aquello que una parte del nuevo mainstream periodístico quería dejar atrás.

Hadad era la oveja negra.

Veinte años después, la fotografía sería casi exactamente la inversa.

Vaca sagrada

Una tarde de abril de 2026, Hadad recibió un doctorado honoris causa en la Universidad Nacional de La Matanza. Bastaba mirar las butacas para entender cuánto habían cambiado las cosas. Había jueces, ministros, empresarios y dirigentes peronistas, macristas y libertarios, muchos de ellos acostumbrados a enfrentarse entre sí. Esa tarde habían encontrado algo en lo que ponerse de acuerdo: homenajear a Hadad.

De derecha a izquierda, Daniel Hadad, su pareja Viviana Zocco y Mauricio Macri, en la presentación del documental

La universidad celebró su aporte al periodismo y la expansión internacional de Infobae. Hadad escuchó los elogios y agradeció emocionado. “Esto es un mimo al alma”, dijo. El empresario cuya biografía no autorizada había servido para hurgar en las zonas más turbias de la relación entre medios, dinero y política recibía ahora la máxima distinción de una universidad pública rodeado por una muestra bastante representativa del poder argentino. La oveja negra se había convertido en vaca sagrada.

Infobae fue decisivo en esa metamorfosis, aunque el camino hasta allí tuvo bastante menos de epopeya de lo que después podría sugerir el resultado. Hadad apostó temprano por internet, pero terminó concentrándose por completo en el portal después de desprenderse, bajo presión durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, de C5N y de sus radios, que quedaron en manos del empresario Cristóbal López. Él siempre presentó aquella salida como traumática. “Tuve que vender”, le dijo entonces a Oscar González Oro. En una de las entrevistas de su reciente raid mediático volvió sobre aquel momento: recordó que el 12 de octubre de 2012 entregó los medios y que al día siguiente salió a la calle y sintió que no tenía “a dónde ir”.

La expresidenta Cristina Kirchner junto a Daniel Hadad en 2017.

La salida forzada terminó empujándolo hacia el activo que había conservado y que por entonces ocupaba un lugar bastante más lateral en su imperio. Infobae pasó de ser aquel hermano menor a convertirse en el centro de todo. Con redacciones y audiencias en distintos países, el portal alcanzó una dimensión internacional que ninguno de sus medios anteriores había tenido. Y el éxito hizo algo más: le dio a Hadad una legitimidad que el viejo dueño de Radio 10 nunca había terminado de conseguir.

Después llegaron los reconocimientos. La UBA premió su trayectoria, recibió el Konex de Platino, la Legislatura porteña lo declaró Ciudadano Ilustre. Este año, el Congreso Judío Latinoamericano volvió a distinguirlo en Montevideo, en un encuentro al que asistió el presidente Yamandú Orsi. Para entonces, Hadad ya no buscaba ingresar al establishment. Era parte de él.

Daniel Hadad en las oficinas de Infobae.

En ese sentido, quizás la posibilidad presidencial sea menos extravagante si se la mira como el último movimiento de una trayectoria construida precisamente a fuerza de correr un poco más lejos cada vez que alcanzaba una meta. Manguel y Romero cuentan una anécdota que parece escrita para este momento. Una tarde de primavera, cuando Hadad todavía no había lanzado Radio 10, almorzaba con Galimberti en la vereda del restaurante Lola, en Recoleta. Hadad estaba cansado y le confesó a su amigo que tenía un límite: “El día que tenga dos palos verdes me retiro”.

“El Loco”, como apodaban a Galimberti sus amigos, no le creyó. Le respondió que cuando tuviera dos millones iba a querer cuatro. Hadad aceptó el desafío: entonces se retiraría cuando llegara a cuatro. “No. Ahí vas a querer ocho. Cuando tengas ocho, dieciséis”, retrucó el ex montonero.

Más de dos décadas después, Hadad tuvo bastante más que una radio. Manguel y Romero encontraron en aquella conversación una definición que terminaría sobreviviendo al resto de su libro: “Hadad desde muy chico fue estirando el elástico de sus ambiciones de manera que, una vez alcanzadas, siempre hubiese un poquito más”.

PL/MG