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La expresidenta regresa al pragmatismo y busca un postulante "para ganar". "Muchas coincidencias" con el santiagueño Zamora. Kicillof extrema la cautela y acelera la marcha, mientras Massa prolonga el silencio. El jefe del PRO, empujado a un paso en falso. El dueño de Infobae regresa a EE.UU. con una convicción: no candidatearse a la Presidencia
Bajo un cielo destemplado y gris que acompaña a Buenos Aires desde tiempos inmemoriales, la mañana del jueves vivió escenas febriles en simultáneo. Ninguna de ellas transcurrió indiferente a la noticia central de la tarde anterior: Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, los gobernadores o jefes políticos de Santiago del Estero, La Rioja, Tierra del Fuego, Formosa y La Pampa, y los presidentes de los bloques parlamentarios peronistas habían compartido una cena el martes, de la que surgieron indicios de una estrategia coordinada para 2027. La novedad actuó como un acelerador de definiciones, acaso extemporáneas, sobre la pelea presidencial.
Las locaciones febriles fueron la Casa Rosada, en la que un delegado de Mauricio Macri, dos Menem y los dos principales PRO “violetas” exhibieron una foto (otra) para “blindar el cambio”, prolegómeno de milanesas en Olivos; un encuentro de la industria de Vaca Muerta organizada por la American Chamber of Commerce, dominado por el látigo antichino de Peter Lamelas; y una cita en el salón de actos de la Facultad de Derecho, en la que Daniel Hadad presentó El Libertador, un documental sobre San Martín y Sarmiento realizado con inteligencia artificial, bajo el aura de una presunta candidatura presidencial.
La importancia de la cena en el hotel Emperador que reunió a las diez principales figuras con responsabilidad en el panperonismo no radicó en el encuentro en sí. Las “cumbres” y las fotos que suturan distanciamientos agobian a la política argentina. Esta vez fue distinto. Surgieron trazos coordinados sobre los pasos a seguir y se activó una nueva etapa en la estrategia de Cristina.
Un texto fue hallado entre papeles esparcidos sobre un escritorio del segundo piso de San José 1111.
La hipótesis de una candidatura testimonial no está en los planes de la expresidenta. “Cristina quiere ganar”, dice un intérprete de la letra de la exmandataria. La misma voz resalta el perfil del senador y exgobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, presente en la cena en el hotel del barrio de Retiro. Menciona “muchas coincidencias” con el santiagueño sobre el papel del Estado, la obra pública y “el respeto institucional”. Recuerda que, cuando no pudo ser candidato, “Zamora aceptó las reglas de la Constitución, como Cristina”.
Voces de La Cámpora y el Instituto Patria hacen eco a Máximo y alimentan desde tiempo atrás la idea de que es necesario un candidato “que tenga las convicciones suficientes cuando llega a la Casa Rosada y no se arrodille ante el poder”. “No más Sciolis”, sentenció el diputado en un acto en un club de La Plata hace dos años, referencia a no sostener políticos líquidos, dispuestos a cualquier cosa para sobrevivir. Bajo el estigma Scioli, otros camporistas se ocuparon de inscribir el apellido Kicillof como sinónimo de un blandengue ávido por agradar al Grupo Clarín y al establishment.
Más cerca, el eje Patria-Cámpora lanzó la idea de “Cristina Presidenta”, extremo improbable, si no imposible, dada la sentencia judicial que la tiene en prisión domiciliaria e inhabilitada.
En la lectura del grupo de Kicillof, la proclama de una presunta pureza o la consigna “Cristina Libre” como eje excluyente era una vía del cristinismo para dividir el campo opositor o impulsar la abstención. El tenor de los cuestionamientos al gobernador bonaerense, alquimias electorales lesivas (Martín Insaurralde) y la persistente erosión de la gestión desde la Legislatura llevó a habitantes del Palacio de La Plata a pensar que “Cristina y Máximo quieren perder”, con el objetivo ulterior de no ceder protagonismo.
El texto hallado en San José 1111 dice que está descartada la baraja de que la “proscripción” conduce a no presentar postulante. “Toda la vida, Cristina fue proclive a acuerdos, que pudieron gustar más o menos, pero fueron pensados para ganar”, reza el intérprete. “¿Cómo va a preferir perder si es la única que está presa por una sentencia de jueces de Macri y de Milei?”, razona.
¿La valoración de Zamora significa que es el elegido? No hay respuesta todavía. Una anotación en el margen del texto hallado en San José 1111 aporta una lista corta en la que no aparecen alianzas estrambóticas con empresarios, exmacristas ni outsiders que arrojan al viento consultoras y operaciones periodísticas. La lista corta se expresa así: “Si es Sergio o Milei, toda la vida Sergio; si es un gobernador opositor o Milei, toda la vida un gobernador; si es Axel o Milei, toda la vida Axel, y también puede ser uno nuestro”.
El texto hallado en San José 1111 dice que está descartada la baraja de que la 'proscripción' conduce a no presentar postulante
Con su silencio prolongado y a esta altura injustificable desde el punto de vista de la responsabilidad política —gobiernan los Milei—, “Sergio” dio que hablar. La filtración premeditada de que fue decisivo para voltear la ley de extranjerización de la tierra y su participación en la cena del martes devolvieron el apellido Massa al centro de la escena.
El expostulante presidencial de Unión por la Patria decidió dejar sin respuesta la acusación omnipresente en la tele y las redes sobre el “200% de inflación”, “el plan platita” y la organización de un sistema de sobornos masivos para liberar dólares en tiempo de extrema restricción cambiaria, con fines de enriquecimiento y/o financiamiento de la campaña de Milei. “Sergio cree que no es tiempo de contestar, sino de dejar que Milei se enfrente al daño que le devuelve su propio espejo”, dicen a su lado.
Massa no se distrae en las sombras. Habla a diario con dirigentes de peso para coordinar estrategias políticas, electorales y parlamentarias. Su fundación, Encuentro, elabora informes que centralmente buscan demostrar que el “sacrificio” disparado por los Hermanos es inútil: caen la inversión, el salario y el empleo, aumenta la deuda externa, las familias se endeudan, colapsan las infraestructuras y los servicios públicos, y la estabilidad financiera sigue prendida con alfileres.
La “buena voluntad” del eje Patria-Cámpora sobre la unidad y las PASO es tomada con pinzas por Kicillof. “Sobran las excusas posibles para que rompan; veremos las acciones”, argumenta una voz de La Plata.
La ruta del gobernador supone un crescendo territorial —esta semana visita Chaco— y programático, y alta confianza personal en construir más por abajo (intendentes, organizaciones de base, no necesariamente peronistas) que por arriba.
La planificación para llegar a las PASO sin tutelas ni negociaciones traumáticas no evita tiros en el pie, como la reciente incorporación —vía Andrés “Cuervo” Larroque— del activista Santiago Cúneo. Kicillof, que se atribuye ser la antítesis de Milei, incluidos sus modales, termina sumando a un posfascista, en vez de ultraliberal, de vertiente nacionalista, y hasta más grosero y violento.
Una razón funda el acuerdo del hotel Emperador para defender las PASO como herramienta: los tres principales actores confían en sus fuerzas. Cristina se apoya en su popularidad y un nuevo giro pragmático, para el que Zamora asoma con credenciales. Si en las provincias corre un clamor antiporteño y anticonurbano, qué mejor que un santiagueño. Kicillof acumula victorias electorales y demuestra un piso relativamente alto en encuestas. El quiebre con el eje Patria-Cámpora, que exigiría la construcción de un nuevo horizonte, podría darle el impulso que necesita. Massa no cesa de mover botoneras y probó su eficacia acelerando en la última milla hasta la medianoche en que se inscriben las candidaturas. Alguien muy cercano baraja un plan b para postular a Massa o a un massista a la gobernación bonaerense.
La dupla parlamentaria José Mayans-Germán Martínez hizo un trabajo quirúrgico para evitar un temprano naufragio de la mesa del Emperador. Los comensales se dividieron tareas para clausurar el intento del Ejecutivo de eliminar las PASO, con el fin de convencer, pero no de sumar a otros gobernadores u opoficialistas a los próximos encuentros, que se anuncian muy próximos. Quieren preservar un perfil nítidamente opositor.
Hadad demostró dos veces este año una capacidad de convocatoria que difícilmente exhiba otra persona o institución en la Argentina, ni siquiera las embajadas más seductoras (Estados Unidos, las grandes de Europa, Brasil) en sus fiestas anuales. La primera cita, en abril, motivó que un círculo rojo amplio se trasladara a La Matanza —exotismo para gran parte de sus protagonistas— en ocasión del doctorado honoris causa otorgado al fundador de Infobae. La segunda, con una lista de invitados aun más amplia, tuvo lugar el jueves a las 9 en el salón más señorial de la Universidad de Buenos Aires, en Derecho.
El arco de asistentes incluyó a las nomenklaturas del PRO, la UCR, La Cámpora y varios gobernadores; más empresarios y multimillonarios que rara vez aceptan mezclarse en auditorios tan amplios; jueces, fiscales, periodistas, artistas, lobistas y eventeros.
Para resumir la foto de quienes estuvieron presentes en la cumbre de Hadad en el Salón de Actos de Derecho, resulta más ilustrativo repasar las ausencias. De la política, faltaron representantes del kicillofismo (invitados con insistencia) y del trotskismo (no invitados). Kicillof y Myriam Bregman, dos de los dirigentes mejor valorados en las encuestas, dijeron ausente, a diferencia de un expresidente (Macri), seis gobernadores y media docena de presidenciables pasados y presentes.
La representación oficialista fue discreta: el secretario de Medios, Fabián Fernández, un delegado de Santiago Caputo y dos senadores de La Libertad Avanza (LLA). La que no fue discreta fue la Fanfarria Alto Perú del Regimiento de Granaderos, que abrió la jornada.
Entre los apellidos y grupos históricos del rubro empresarial, se sintió la ausencia de Paolo Rocca o alguien del Techint, de relación siempre tirante con Infobae. La asistencia fue casi perfecta en la subcategoría de dueños y directivos de empresas mediáticas, con una ausencia estelar: Clarín. De La Nación, ningún Saguier se dejó fotografiar, sí varios de sus columnistas.
De los ganadores VIP de la era Milei, no apareció Leonardo Scatturice (Flybondi, negocios de Inteligencia), aunque sí Georgie Neuss, del Grupo Neuss, y Augusto Marini, del ascendente Cale Group (Carajo, Blender, material ferroviario, negocio de la salud, estaciones de servicio y lo que venga).
En cuanto a jueces y fiscales, predominó, sin ser excluyente, la línea Lorenzetti. Una ausencia cantada en el mundo diplomático: nadie de la embajada china.
Hadad coronó en Derecho su semana de mayor exposición en mucho tiempo. Comenzó el domingo por la mañana, en una lúcida entrevista que realizo el periodista Mariano Martín en la radio Futurock. Allí, Hadad admitió barajar la hipótesis de una candidatura presidencial.
Hadad dijo a los suyos en las últimas horas que considera 'incompatible' su papel como dueño de Infobae con una carrera política, y que no está dispuesto a dejar la conducción de un medio
Sin redondear definiciones, el empresario periodístico dejó la misma sensación en varios reportajes durante la semana. Elevó el tono de sus críticas al gobierno de Milei, incluso hasta más allá de lo que suele asumir la agenda de Infobae, ciertamente más centrista que lo que expresaban los medios del Grupo a principios de siglo, antesala del duro argumentario derechista que los Hermanos instalaron en Casa Rosada.
Hadad concedió una gracia en su breve discurso. Recordó que dos de los cuatro primeros presidentes argentinos (Mitre y Sarmiento) fueron periodistas: “Esperemos que no se repitan esos errores”.
Finalmente, no es lo que parece. Con la mira en afincarse en Argentina a partir de enero, el empresario regresa a su casa en Miami “convencido” de que no será candidato a Presidente. Dijo a los suyos en las últimas horas que considera “incompatible” su papel como dueño de Infobae con una carrera política, y que no está dispuesto a dejar la conducción de un medio que participa con gran difusión mediante ediciones locales en la vida pública de los mercados más importantes de habla castellana. Observa que en varios de esos países fueron electos presidentes que no estaban en los planes hasta meses o semanas antes de las respectivas elecciones —como podría ser su caso—, pero descree que ello pueda lograrse sin un partido político ni presencia territorial —que no tiene—.
Hadad afirma que su futuro está “en la sociedad civil, por el camino del medio, ajeno a la polarización”.
Probablemente disparados por la difusión de la cena peronista en el hotel de Retiro, Mauricio Macri y Karina Milei se pusieron de acuerdo para organizar una cumbre entre los alfiles karinistas Lule y Martín Menem, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, el jefe del bloque PRO de Diputados, Cristian Ritondo —hasta allí, tres mileístas puros y un anfibio— y el secretario general del PRO y delegado de Macri, Fernando de Andreis. La reunión, citada el miércoles por la tarde para las 11 del jueves en Casa Rosada, tendría por objetivo explorar una alianza para “blindar el cambio”.
La movida forzó a Macri a exponer una contradicción extraña, no por lo imprevisible, sino por lo veloz. Semanas antes había dado la venia a Hernán Lacunza (ndr: hermano de quien firma, independientes en su relación profesional) para lanzar una candidatura presidencial por el PRO, separada de La Libertad Avanza (LLA), con una agenda aprobatoria del trazo grueso del rumbo económico, pero crítica en aspectos institucionales y políticos. Según expresó Lacunza esta semana en el canal de streaming La Casa ante Esteban Trebucq, un segundo mandato de Milei será peor que el primero, por su “dogmatismo”, la “mala implementación” de políticas y “la incapacidad de reconocer tensiones sociales que se van acumulando”.
No sería la primera vez que un líder da curso a una estrategia de dos tiempos, con fines de negociar más adelante, pero jugar la carta del palo y la zanahoria tan rápido, cuando falta un año para las elecciones, la desgasta como instrumento. Si intenta volver a utilizarla en los próximos meses, estarán avisados propios y extraños.
Desmarcarse de un gobierno al que el PRO le aportó ministros, alianzas provinciales, segundas líneas y fuerza parlamentaria más orgánica para todo servicio que la de los caóticos bloques de LLA, representa un problema para cualquiera que plantee un discurso opositor desde el macrismo. No en vano, las figuras más visibles del partido y quienes ocupan cargos ejecutivos en provincias son en su mayoría acuerdistas, aunque un gobernador exprese reparos en estas horas por haber ido tan rápido al pie de la Casa Rosada.
Pero quien postule un PRO independiente tiene una chance: la posibilidad de emancipar su decisión política de lo que un tercero intente acordar.
Milei abochorna a padres que procuran enseñar a sus hijos que no se grita ni se insulta, y que a los discapacitados se los asiste, no se los agravia; deja perplejas a personas que no conciben agredir al presidente de Brasil en su propio país. Mucho más importante, ofende y defrauda a quienes están ahogados en préstamos tomados para sus gastos cotidianos, y lo que escuchan como respuesta oficial es que es “un problema entre privados” y “nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse”. Ni hablar del tendal de despedidos o trabajadores que ven su empleo degradado y reciben el consejo de mudarse a Catamarca o Neuquén para trabajar en minería o petróleo, mientras se enriquecen los de $LIBRA, ANDIS y los créditos VIP del Banco Nación.
Entre esos millones de argentinos, unos cuantos se percibirán “liberales”, “antikirchneristas”, “republicanos”, “apolítico” y “de derecha”, pero sabrán sacar cuentas de la utilidad del sacrificio infinito, tanto ético como económico.
SL

Karina Milei reabrió el diálogo con el expresidente y sus delegados tuvieron el primer encuentro formal en la Casa Rosada. Con 2027 cada vez más cerca, el oficialismo busca cerrar una fuga de votos que podría complicar la reelección.
Cristina archiva la fantasía testimonial, Macri precipita una jugada y Hadad descarta ser candidato
La relación entre Javier Milei y Mauricio Macri parece condenada a empezar de nuevo. Se acercaron cuando el libertario necesitaba ganar una elección, imaginaron una sociedad política que nunca terminó de concretarse, acumularon reproches, volvieron a encontrarse alrededor de unas milanesas, dejaron de hablar y hasta permitieron que sus partidos compitieran entre sí. Cada reconciliación pareció contener las razones de la pelea siguiente. Ahora, cuando falta poco más de un año para las presidenciales, La Libertad Avanza y el PRO descubrieron que quizás ya no tengan demasiado tiempo para seguir ensayando rupturas.
El último deshielo ni siquiera necesitó una conversación entre los dos protagonistas. Macri retomó esta semana el contacto con Karina Milei, quien siempre le desconfió, y alcanzó ese intercambio para destrabar una relación que llevaba meses congelada. Cristian Ritondo y Fernando de Andreis llegaron el jueves a la Casa Rosada para reunirse con Diego Santilli y los primos “Lule” y Martín Menem. La conversación se extendió durante casi dos horas.
Formalmente, hablaron de la agenda legislativa. Pero detrás de las leyes, el calendario empieza a imponer una discusión más urgente: cómo evitar que libertarios y macristas lleguen separados a 2027. No hubo grandes anuncios, pero sí una decisión que mostró la intención de darle continuidad al intento: la mesa volverá a reunirse cada quince días.
La preocupación por una virtual fragmentación del electorado de derecha ganó terreno dentro del Gobierno durante las últimas semanas. La Libertad Avanza consiguió ocupar buena parte del espacio que durante años perteneció al PRO y Milei conserva un núcleo electoral propio. Pero una presidencial plantea otra lógica. Una oferta competitiva dentro del mismo universo puede quitarle los puntos necesarios para dificultar una victoria en primera vuelta y alterar las condiciones de un eventual ballotage. “No podemos regalar cinco o seis puntos por una pelea entre nosotros”, resume uno de los dirigentes que participa de las conversaciones con el macrismo.
La historia empezó de una manera muy diferente. Después de las elecciones generales de 2023, Macri fue decisivo para abrirle a Milei las puertas de una parte importante del electorado de Juntos por el Cambio. El respaldo de Patricia Bullrich y la estructura que se puso detrás del libertario para enfrentar a Sergio Massa inauguraron una sociedad construida alrededor de una urgencia: impedir una victoria del peronismo.
Milei ganó. Y casi inmediatamente apareció la pregunta que atravesaría toda la relación posterior: ¿qué lugar debía ocupar Macri dentro del nuevo poder? El expresidente imaginó que el respaldo brindado en el momento de mayor fragilidad podía transformarse en influencia sobre el rumbo del Gobierno. Milei alimentaba esa expectativa con elogios. Lo recibía en Olivos y nunca ocultaba su admiración. Macri, a su vez, se veía en condiciones de aportar experiencia, cuadros técnicos y una estructura partidaria que el libertario todavía no tenía.
Pero las expectativas nunca terminaron de coincidir. La sociedad que había funcionado para ganar el ballotage comenzó a mostrar sus límites apenas hubo que repartir poder. “Mauricio siempre creyó que en algún momento iba a existir un acuerdo político más amplio. Eso nunca pasó”, explican todavía en su entorno.
La diferencia se convirtió en una fuente permanente de reproches. Cerca del expresidente comenzaron a acumular una lista de compromisos que consideraban incumplidos y decisiones de las que, según se quejaban, se enteraban cuando ya estaban tomadas. “Nos llamaban para acompañar, pero nunca para discutir antes qué se iba a hacer”, sintetiza un dirigente amarillo que siguió de cerca varios de aquellos intentos de acercamiento. En la Casa Rosada nunca reconocieron que el respaldo de hace tres años le otorgara a Macri derecho a intervenir sobre la composición del Gobierno.
Karina Milei fue todavía más resistente. Entendió desde el comienzo que construir La Libertad Avanza como fuerza nacional implicaba disputar precisamente el espacio que durante casi dos décadas había ocupado el PRO. Mientras Macri imaginaba una convergencia, la secretaria general trabajaba para desarrollar una estructura libertaria que no dependiera del partido amarillo. “Karina nunca quiso una fusión. Quería construir algo propio y, si podía, llevarse a los mejores dirigentes del PRO”, describe alguien que conoce las discusiones de aquellos meses.
La escena del jueves expuso esa transformación con una ironía difícil de pasar por alto. Santilli, uno de los dirigentes que durante años encarnó el recambio del PRO, se sentó del lado del Gobierno para negociar con los enviados de Macri. El actual jefe de Gabinete es, además, una de las figuras que aparecen en las conversaciones para disputar la gobernación bonaerense en 2027.
La última cena entre Milei y Macri graficó a la perfección aquellos desencuentos. En noviembre pasado, se encontraron en Olivos alrededor de las habituales milanesas, pero el expresidente salió molesto después de enterarse de que Manuel Adorni sería designado jefe de Gabinete en lugar de Guillermo Francos. El nombre tenía una carga política difícil de soslayar para el fundador del PRO: apenas unos meses antes, Adorni había encabezado la lista libertaria que derrotó al partido amarillo en las elecciones locales de la ciudad de Buenos Aires de mayo de 2025. Ese día, Macri había llegado a la quinta presidencial con otras expectativas sobre la reorganización del Gobierno. No volvieron a hablar.
Mientras la relación personal permaneció congelada, 2027 modificó los incentivos. Para la Casa Rosada, el PRO dejó de representar solamente una estructura a la que podía quitarle dirigentes y electores. También puede convertirse, si decide competir por separado, en una fuerza capaz de restarle votos a Milei exactamente allí donde más los necesita. “Una cosa es competir para crecer y otra es dividirte en una presidencial en la que querés reelegir”, señalan cerca de uno de los negociadores libertarios.
Por eso, existe una diferencia fundamental respecto del Pacto de Acassuso, como se bautizó el acuerdo de 2023 en alusión a la localidad bonaerense donde está ubicada la casa de Macri. Entonces era Milei quien llegaba al expresidente necesitado de estructura y votos. Hoy el libertario conduce la fuerza dominante de la derecha y el PRO pelea por conservar su identidad. ¿Puede Macri darse el lujo de romper con quien terminó quedándose con buena parte de su electorado? ¿Y puede Milei arriesgarse a que los votos que todavía conserva el PRO terminen complicando el 2027?
Eso explica también que Karina haya reabierto un canal que durante meses pareció prescindible. No se trata necesariamente de devolverle a Macri la influencia que reclamó desde el comienzo. Para Macri, el desafío es el inverso. Necesita aprovechar esa necesidad para preservar al PRO sin terminar de diluirlo dentro del universo libertario. Debe demostrar que todavía conserva suficientes votos para ser necesario, pero sin llegar al extremo de tener que contarlos en una elección que podría demostrar lo contrario.
En 2023, ese temor tenía nombre y apellido: Sergio Massa. En 2027 todavía no está claro quién representará al peronismo, aunque el tigrense merodea, agazapado. Esta vez el riesgo también está dentro de su propio espacio. Una derecha dividida puede convertirse en uno de los principales obstáculos para la reelección de Milei. Y la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿cuánto están dispuestos a arriesgar para comprobar quién necesita menos al otro?
PL/MG

La identificación esta semana del comisario Gustavo Gauna en la protesta del 6 de agosto sumó un nombre a la lista de agentes federales y porteños reconocidos en operativos represivos desde el inicio del gobierno de Milei. Quiénes son los jefes de las fuerzas y cómo se reparten el territorio alrededor del Congreso. Qué dice el legajo del comisario que aparece una y otra vez en el terreno.
Un comisario de civil, disparos en línea recta y detenciones arbitrarias: crecen las denuncias por la represión del Gobierno
La identificación días atrás del comisario Gustavo Antonio Gauna, director general de Organizaciones Criminales de la Policía Federal, como uno de los efectivos que disparó vestido de civil durante la represión del 6 de agosto frente al Congreso reabrió una pregunta que se repite desde el 10 de diciembre de 2023, cuando entró en vigencia el protocolo antipiquetes de Patricia Bullrich: quién da la orden, quién la ejecuta y quién responde por ella cuando un operativo termina con manifestantes heridos.
La reconstrucción de esa cadena de mando avanza de manera desigual. No existen identificaciones nominales oficiales de la primera etapa del protocolo y hay que apelar al trabajo de organizaciones civiles para hallar a las caras detrás de cada acción represiva, una reconstrucción que se aceleró de manera colectiva a partir del ataque a Pablo Grillo, el 12 de marzo de 2025.
Ese día, un disparo de gas lacrimógeno del cabo primero de Gendarmería Héctor Jesús Guerrero hirió gravemente al fotógrafo, que perdió parte de la masa encefálica. Guerrero fue identificado días después y hoy está procesado por lesiones gravísimas, con juicio oral pendiente, y transita sus días cumpliendo funciones en Santiago del Estero, según supo elDiarioAR.
Pero la causa no terminó en él: la querella de la familia Grillo pidió investigar también a los gendarmes Hernán Ariel Kozak y Jorge Luis Reyes, que estuvieron junto a Guerrero cuando disparó en un ángulo prohibido y no lo frenaron –en los videos se ve a Kozak señalarle hacia dónde tirar y darle una palmada de aprobación después–; al jefe del Destacamento Móvil 6, comandante principal Néstor Germán López; al jefe del Primer Escuadrón Contradisturbios, alférez Gonzalo Gabriel Goulart, y al entonces director nacional de Gendarmería, Claudio Miguel Brilloni, que llegó a la zona después del ataque y, según la querella, no ordenó bajar la represión.
En ese mismo operativo aparece por primera vez, de manera documentada, un nombre que se repite en casi todos los casos relevados: el comisario inspector Gerardo Ariel Perillo Scampini, jefe del Departamento Cuerpo Guardia de Infantería de la Policía Federal, con sede en Cavia. Perillo Scampini llegó al cordón de gendarmes minutos antes del disparo de Guerrero y actuó dando órdenes en el terreno, con el deber de controlar a los efectivos a su cargo.
No es la primera vez que su nombre queda ligado a un operativo cuestionado: en septiembre de 2024, un proyecto de resolución presentado en la Cámara de Diputados por el Frente de Izquierda (Vanina Biasi, Nicolás del Caño y otros) ya pedía su destitución –junto a la entonces ministra Bullrich, la secretaria de Seguridad Alejandra Monteoliva y el jefe de la Policía Federal, Luis Rolle– por el operativo represivo del 11 de septiembre de ese año, en el que un agente roció con gas pimienta a una niña de 10 años frente al Congreso. Es decir: la identificación pública de Perillo Scampini como responsable operativo en el terreno es anterior al caso Grillo, aunque haya sido este último el que instaló el patrón de reconstrucción de imágenes que usa hoy el Mapa de la Policía.
El legajo personal de Perillo Scampini, al que accedió elDiarioAR, muestra una carrera hecha casi por completo en infantería y control de manifestaciones: ingresó como cadete en 1992, pasó por el Cuerpo Guardia de Infantería desde 2002, fue nombrado jefe de sección de ese cuerpo en 2015 y 2017, y llegó a jefe del Departamento en noviembre de 2022. Su último ascenso, con fecha retroactiva al 31 de diciembre de 2022, fue formalizado por el decreto 75/2023, firmado por el entonces presidente Alberto Fernández y refrendado por el ministro de Seguridad Aníbal Fernández, en base a un pedido elevado por la jefatura de la Policía Federal.
El legajo también registra una carrera con roces disciplinarios, aunque de otro tipo: no hay sanciones por violencia contra manifestantes, sino una seguidilla de faltas administrativas –de entre dos y ocho días– por llegadas tarde y negligencia en la confección de expedientes, que en 1998 le valieron una calificación de “apto para el servicio con observación” con severa exhortación por reiteración de faltas. El antecedente más serio data de 2014: como jefe de servicios de un grupo operativo del Departamento de Operaciones Urbanas de Contención, no dejó constancia de la desafectación de personal policial que era enviado a eventos deportivos por servicio adicional, lo que derivó en una causa por presunta defraudación contra la administración pública.
La Justicia penal lo sobreseyó en octubre de 2015, pero la fuerza igual lo sancionó administrativamente con cinco días de arresto en 2016. En paralelo, acumuló distinciones: al menos cuatro diplomas “al mérito” entre 2010 y 2021, y una condecoración por su “compromiso con la seguridad de los ciudadanos” en septiembre de 2024, ya durante el gobierno de Javier Milei. Un mes después, en el acto por el 203° aniversario de la Policía Federal, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, lo distinguió en persona, en un acto encabezado por el Presidente, por su desempeño “en los servicios donde habitualmente se desarrollan manifestaciones de gran magnitud y complejidad”.
El tirador de civil Gauna, en cambio, es comisario inspector y está al frente de la Dirección General de Organizaciones Criminales, un área que depende de la Superintendencia de Investigaciones Federales –hoy a cargo del comisario mayor Martín Leonardo De Cristóbal– y que, según el Estatuto de la PFA, tiene la misión de investigar delitos federales y organizaciones criminales complejas en articulación con juzgados, fuerzas provinciales y agencias de narcotráfico: un puesto pensado para el trabajo de inteligencia, no para el control de manifestaciones.
Según pudo reconstruir el colectivo de identificación Áncora, que releva sistemáticamente estos casos, Gauna fue promovido de subinspector a inspector en marzo de 2003 y de inspector a principal en abril de 2009, ambos ascensos publicados en el Boletín Oficial. Entre 2010 y 2023 fue jefe de la División Homicidios y después pasó a estar a cargo del área de Trata de Personas, dos destinos que lo mantuvieron lejos, al menos en el organigrama, de las tareas de infantería y contención de manifestaciones que sí forman parte de la función de Perillo Scampini.
Su perfil público lo muestra, además, con exposición mediática y cercanía a la conducción política de la fuerza: en 2024 apareció junto a la entonces ministra Bullrich al frente de la mesa de investigaciones unificadas por el caso Loan, opinó como “experto” en Infobae sobre el asesinato de Lucas González, jugador de Barracas Central, y participó de una capacitación conjunta con la ANMAT. Según el relevamiento de Áncora, también fue fotografiado en la represión del 19 de febrero contra la reforma laboral con un arma del mismo calibre que la usada el 6 de agosto –aunque en esa ocasión con una identificación visible colgada del cuello– y estuvo presente en el operativo de detención de Juan Grabois en el Instituto Perón, donde figura entre los efectivos atendidos por heridas en el hospital Churruca, junto a su jefe directo, De Cristóbal. Ese historial es lo que llevó a Áncora a preguntarse por qué el jueves apareció con una posición más protagónica que la de Perillo Scampini, el jefe de calle habitual de estos operativos.
A la lista de agentes identificados en la represión del 12 de marzo de 2025 se suman, además de Guerrero: el prefecto Sebastián Martínez, de la Agrupación Guardacostas, que disparó e hirió en un ojo a Jonathan Navarro y fue citado a indagatoria en agosto de ese año; L. L. Núñez (no se conoce su nombre completo), de la Policía Federal, identificado por herir a Rodrigo Troncoso ese mismo día y que reapareció en la represión del 6 de agosto pasado por la Ley de Propiedad Privada; Nicolás Emanuel Céspedez, procesado por el golpe a la jubilada Beatriz Blanco.
De otros operativos aún se busca la identidad de un agente del Departamento de Operaciones Urbanas de la Policía de la Ciudad que fracturó el tobillo de la fotoperiodista Cintia Castellanos en junio de 2025.
Según Maximiliano Ledesma, sociólogo e integrante de la organización Mapa de la Policía, el reparto de tareas entre fuerzas federales y porteñas sigue un patrón en cada operativo: las tres fuerzas nacionales –Policía Federal, Gendarmería y Prefectura– despejan primero la plaza del Congreso, y recién después la Policía de la Ciudad “terceriza” el control del resto del perímetro del microcentro, desde Sáenz Peña y avenida de Mayo hacia Plaza de Mayo, y desde Mitre hacia avenida Corrientes.
Ese reparto quedó a la vista el 6 de agosto pasado, cuando un hidrante porteño circuló en contramano por Avenida de Mayo. En la Ciudad, ese operativo recae en buena medida sobre las comisarías de la zona: la Comisaría Comunal 1 Sur, con sede en Perú 1050 y a cargo del comisario inspector Raúl Damián Antonio Niz, y la Comisaría Vecinal 1A, en Suipacha 1156, a cargo del comisario Daniel Enrique Ferreyra, además de la Dirección de Operaciones Urbanas de Contención de la Superintendencia de Orden Urbano, que conduce el comisario inspector Hugo Gabriel Infante.
Sobre el número de efectivos movilizados no hay una cifra única. Para las marchas de jubilados de marzo de 2025 se habló de hasta 1.500 efectivos federales; en la protesta por la reforma laboral, en febrero de este año, distintos medios contaron cerca de 2.000 agentes entre fuerzas nacionales y porteñas combinadas, y en operativos puntuales se documentó un esquema de aproximadamente 720 de la Policía Federal y 400 entre Gendarmería y Prefectura, a los que la Ciudad sumó 900 uniformados y 600 agentes de tránsito.
El CELS documentó de forma sistemática cada operativo. Según un informe publicado en julio pasado, el Ministerio de Seguridad destinó más de $2.000 millones a los operativos de las protestas de jubilados frente al Congreso. Las fuerzas federales participaron de 43 operativos entre enero y diciembre del año pasado, con un promedio de 915 efectivos por jornada. Cada operativo demandó un gasto promedio de $48.535.094, cifra que contempló combustible y equipamiento, aunque el CELS sostuvo que el monto informado no refleja el costo total de los despliegues: “Esta cifra es conservadora”.
Hoy, la cadena de mando comienza con Alejandra Monteoliva como reemplazante de Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad en diciembre pasado. Luis Rolle sigue como jefe de la Policía Federal pese a haber estado a un paso de la renuncia en 2024, cuando se supo que fue él quien filtró un video adulterado para desligar a la fuerza del ataque con gas pimienta a la nena de 10 años; Claudio Brilloni continúa al frente de la Gendarmería Nacional y Guillermo Giménez Pérez de la Prefectura Naval. La Policía Federal es la fuerza a cargo del comando unificado, con Perillo Scampini al mando en el terreno.
En la Ciudad, bajo la jefatura de gobierno de Jorge Macri, el ministro de Seguridad porteño es Horacio Giménez, el secretario de Seguridad es Maximiliano Piñeiro y el jefe de la Policía de la Ciudad es Diego Ariel Casaló. Son, en definitiva, los nombres que están detrás de cada decisión operativa que termina, con demasiada frecuencia, con manifestantes heridos frente al Congreso.
El contraste salarial es uno de los datos menos difundidos de estos operativos. El sueldo de gendarmes y prefectos cayó un 31% en términos reales desde que asumió Milei, sin ningún aumento en lo que va de 2026 pese a una inflación acumulada de al menos 9% solo en el primer trimestre. La bronca escaló a un hecho inédito: en abril las cinco fuerzas de seguridad federales –Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Servicio Penitenciario– convocaron por primera vez de manera conjunta a una protesta con un abrazo simbólico al edificio Centinela de Retiro, sede de Gendarmería. A la par, la obra social de las fuerzas de seguridad –separada este año de la de las Fuerzas Armadas tras el vaciamiento de Iosfa– arrastra un colapso que golpea también al Hospital Churruca, el centro de referencia médica policial.
En la Ciudad el cuadro es distinto: el sueldo de un oficial recién egresado de la Policía porteña ronda el millón y medio de pesos netos, muy por encima del de sus pares federales, algo que el propio Jorge Macri exhibe como argumento para captar postulantes. Es, en definitiva, la otra cara de la saturación de agentes en cada movilización: policías de a pie que reprimen reclamos salariales y jubilatorios ajenos mientras los suyos cayeron por debajo de la línea de pobreza.
MC

En los últimos tres años, la circulación de trenes cayó 10% y la de colectivos, 17%. El boleto en general fueron el segundo rubro que más se encareció en este periodo, con el subte al doble que el micro en el AMBA, aunque más barato que en Córdoba y Rosario. Esta combinación sumada a la crisis en las grandes urbes redujo los pasajeros.
Aquellos pasajeros que combinan tren con subte en el mismo viaje ya no pagan más este último $842 sino el doble, $1.684, porque la Ciudad de Buenos Aires dejó de subsidiarlos este mes. La decisión pone en evidencia que cada vez se viaja más caro en toda Argentina. Pero además viaja peor porque se ha reducido la cantidad de servicios en lo que va del gobierno de Javier Milei, respecto de un nivel previo que tampoco era satisfactorio. Una prestación cara y mala de ferrocarriles, subtes y colectivos combinada con una caída de la actividad económica en los grandes centros urbanos, a diferencia de los enclaves extractivos del campo, la minería y Vaca Muerta, explican que cada vez se use menos el transporte público, a contramano de lo que ocurre y se recomienda en el resto del mundo.
“Es un desastre: los trenes cada vez tienen menos frecuencia. Cada vez hay más fallas en el servicio. Cada vez anda más lento para Morón. Antes tardaba 38 minutos: ahora 54. Es un delirio. Cada vez funciona peor el servicio”, lamenta un usuario mientras recarga la SUBE en una máquina de la estación Once. A diferencia del colectivo y el subte, aún no se puede pagar con tarjetas de débito y crédito ni con el celular. Una pasajera que está ante los mismos aparatos coincide: “Se paga mucho de transporte y no viajás tan bien. Hay menos frecuencia”. En cambio, en la cola para cargar la SUBE por ventanilla, otra mujer disiente: “Anda mejor. No va tan lleno. Los trenes salen a horario”. Es verdad que han disminuido los pasajeros, pero por malos motivos, mientras que las estadísticas contradicen la puntualidad que ella señala.
La cantidad de trenes corridos en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se redujo de 348.396 como promedio semestral en 2023 a 310.468 en la primera mitad de 2026, lo que implica un 10,8% menos. Es decir, si antes pasaban diez formaciones, ahora circulan nueve. Se redujeron la frecuencia y sobre todo los servicios nocturnos. Antes el Roca, que va a zona sur, partía hasta casi la medianoche: ahora el último sale entre 22.30 y 23.15, según el ramal, y la reanudación entre las 3.30 y las 4.30 está más raleada en cantidad de trenes. El Mitre, al conurbano norte, también sufrió recortes a partir de las 22. El San Martín, al noroeste, ofrece menos despachos entre las 23 y las 4, con intervalos de dos a tres horas entre formaciones. El Sarmiento, que marcha al oeste, está más espaciado desde las 22.30. Lo mismo sucede con el Belgrano, que va al sudoeste, a partir de las 23.
La tasa de regularidad absoluta, que es la cantidad de servicios que llegan a horario frente al total, se redujo del 81% en 2023 al 77,7% actual, un 4%. Esta merma obedece a que se registran más demoras y cancelaciones. Los datos de trenes corridos y regularidad absoluta provienen de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT).
En los colectivos del AMBA las cifras también empeoran. En 2023, en un día hábil de abril circulaban 18.390 unidades y recorrían 3.830.858 kilómetros. Ahora hay 15.251 micros y dan vueltas a lo largo de 3.247.799 kilómetros, según la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA). Es decir, mermó 17% la cantidad de ómnibus y 15,2% la distancia cubierta. Se acotó la cantidad de servicios, con lo que se redujo la frecuencia, sobre todo a la noche. En cambio, el número de colectivos en funcionamiento en la hora pico de las 9 de la mañana en la ciudad de Buenos Aires apenas cayó 1,1%, según el Observatorio de Movilidad porteño.
El peor servicio de transporte público en general obedece a la poda de la inversión y el subsidio de parte del Estado que no se compensa con el fuerte aumento del boleto que sufren los usuarios. Después de la electricidad y el gas, no hay rubro que se haya encarecido más en la Argentina de Milei que el transporte público, un 90% real (ajustado por inflación), según los datos oficiales que procesa Eco Go, la consultora de Marina Dal Poggetto.
El boleto de tren y bondi todavía está más barato en el AMBA en otras grandes urbes de Latinoamérica. El mínimo del ferrocarril equivale a US$0,37, contra 0,58 de México, 0,78 de Santiago de Chile, 0,98 de Sâo Paulo y 0,92 de Medellín. El de micro está acá en US$0,66, frente 0,85 de Santiago, 0,98 de Sâo Paulo y 0,92 de Medellín, pero por encima de México (0,63). Lo que está caro en la capital argentina es el subte: US$1,30, frente a 0,26 de México, 0,81 de Santiago, 0,98 de la megalópolis brasileña y 0,92 de la segunda ciudad más poblada de Colombia.
También hay urbes del interior argentino con boletos de ómnibus más caros que en Buenos Aires y las otras citadas de Latinoamérica: mientras en el AMBA los colectivos que cruzan jurisdicción (competencia de Milei) cuestan $743, los de capital (tierra de Jorge Macri) $821 y los del conurbano (área de Axel Kicillof) $1.064, en San Miguel de Tucumán valen $1.700 (US$1,13), en Mendoza $1.680 (US$1,12), Rosario $1.720 (US$1,15), Mar del Plata $1.923 (US$1,28), Córdoba $2.150 (US$1,44), Salta $1.450 (US$0,97) y Neuquén $1.390 (US$0,93). El colectivo en el interior aumentó 144% real en la era libertaria, mientras que en el AMBA, un 470%. El mínimo del tren está a $420; el subte, a $1.684 y el premetro, a $589.
La combinación de calidad de servicio y precio en un contexto de menor actividad económica en determinados sectores ha derivado en menor uso del transporte público. Agro, pesca, minería, hidrocarburos y finanzas crecieron 29,9% interanual en el primer trimestre de 2026, pero emplean a menos del 8% de los trabajadores. El resto de la economía cayó en ese periodo el 2,5%, lo que incluye comercio, industria y construcción, según un informe de Audemus Consultora, del exministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas.
La cantidad de pasajeros que pagaron el boleto del tren cayó 21,7% entre el promedio semestral de 2023 (167 millones) al primer semestre de 2026 (131 millones). El número de usuarios de colectivo en el AMBA se desmoronó 17,8% entre la primera mitad de 2023 y el mismo periodo de 2026, de 56 millones a 46 millones. En ese lapso, el total de transportados en el subte descendió 11,1%, de 4,7 millones a 4,2 millones. La menor merma se explica en parte porque la tarifa antes no era tan barata y por eso subió menos en términos porcentuales, al tiempo que el servicio en general se mantuvo e incluso se amplió el horario nocturno de una línea, la B, los fines de semana.
“El deterioro de los trenes metropolitanos durante los últimos años responde sobre a un ajuste que no considera el servicio ferroviario como un servicio público, sino como un problema fiscal a reducir”, explica Galileo Vidoni, experto en política del transporte y editor de enelSubte.com. “Se dieron de baja grandes obras que tendían a mejorar el servicio, como las electrificaciones de las líneas San Martín y Belgrano Sur, que tenían financiamiento internacional, mientras que se redujo al mínimo el mantenimiento y la compra de repuestos. Esto llevó a la salida de servicio de equipos, a que los servicios se deban prestar con menos formaciones disponibles. También se redujeron varios servicios para ahorrar costos de mantenimiento y de personal. Por ejemplo, la reducción del servicio nocturno en varias líneas. El recorte de personal lleva, por ejemplo, a que no haya banderilleros o suficiente personal de mantenimiento de vía y obra en la empresa, la pérdida de cuadros técnicos”, completa el cuadro Vidoni, aunque también recuerda que la cantidad de trenes corridos ya venía “mal de antes”.
“En el subte hay una caída del uso que tiene más que ver con la política tarifaria, que cuesta el doble que el colectivo, y no con el deterioro del servicio”, reconoce el politólogo con un posgrado en transporte. “En el colectivo sí impacta el recorte en las frecuencias. Y en todos los transportes hay un efecto del encarecimiento del boleto y de la menor actividad económica”, señala Vidoni.
“Las tarifas vienen aumentando por encima de los salarios, en un proceso de reducción de subsidios”, analiza el presidente de AAETA, Luciano Fusaro, la situación de los colectivos. “Al reducir subsidios, las tarifas tienen que aumentar por arriba de la inflación con salarios que no están en la misma situación”, identifica el primero de tres factores.
El segundo se relaciona con la economía. “Tiene que ver con el cambio en la matriz económica argentina: los sectores de la economía argentina que están creciendo en este momento como minería, petróleo, gas, pesca, agro, son todas actividades que están fuera del AMBA y que no tienen un impacto directo en la generación de empleo en el AMBA, por ahora. Y las que sí están en el AMBA como industria, construcción, comercio minorista, que es lo que más mueve pasajeros, están estancadas”, señala Fusaro. En cambio, el servicio en Neuquén crece por Vaca Muerta.
“El tercer factor tiene que ver con el deterioro de los servicios”, admite el empresario. “Entre tarifas y subsidios, las empresas han perdido en la sumatoria de ambos rubros contra la inflación. Entonces se da la paradoja de que las empresas reciben menos dinero, los usuarios pagan más, se deterioran los servicios, entonces viajan peor. Todos esos factores, cuando vos los combinás, explican la la pérdida de pasajeros”, resume.
En todo el mundo cayó el uso del transporte público respecto de 2019 porque la pandemia aumentó el teletrabajo. Sin embargo, en los últimos años se viene recuperando la cantidad de pasajeros, sin llegar al nivel previo, pero con un clara tendencia ascendente, a diferencia del AMBA: es lo que sucede en Nueva York, en las grandes urbes latinoamericanas, en Londres, París, Madrid, Tokio, Seúl, Shenzhen o Beijing. En el mundo crece la gratuidad del transporte y su electrificación para conservar el medio ambiente, al tiempo que se castiga el uso de los vehículos particulares y se comienza a innovar con buses que en zonas suburbanas acomodan el recorrido a la demanda de usuarios de acuerdo con datos procesados con inteligencia artificial.
“Viajar cuesta caro y podríamos viajar mejor, pero el tema no es solamente la tarifa, es cómo nos organizamos”, analiza Andrés Borthagaray, director de la maestría de sustentabilidad en arquitectura y urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). “Si cada uno que puede viaja solo en su vehículo nos cuesta carísimo, aunque no aparezca en un boleto, aparece en el gasto de los hogares, en el tiempo perdido, en la congestión en emisiones y en los niveles de ruido”, analiza Borthagaray, aunque por la situación económica y el aumento del peaje también baja el número de vehículos que ingresan por autopista a la capital, un 14,8% entre el primer semestre de 2023 y el mismo lapso de 2026, de 1,9 millones a 1,6 millones.
“Tenemos un crecimiento de la moto con claras ventajas para algunos, pero también con un aumento de la siniestralidad”, advierte el arquitecto. La mayor cantidad de muertos en accidentes viales en la provincia de Buenos Aires, el 30% del total en 2025, iba en moto.
“Necesitamos invertir en infraestructura, sí, pero con inteligencia y de forma articulada con el crecimiento urbano, teniendo en cuenta todos los modos y en particular el ferrocarril”, apunta Borthagaray. “Mendoza es un buen ejemplo: aprovechó una traza ferroviaria que ya existía y puso en marcha toda una infraestructura en lugar de empezar de cero”, citó. El MetroTranvía fue hecho por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y ahora está siendo ampliado por la provincia gobernada por el radical Alfredo Cornejo, un aliado de Milei.
AR/MG

Podríamos estar creando un nuevo tipo de ser, lo más trascendental que nuestra especie haya hecho jamás. Necesitamos urgentementre un plan sobre cómo abordar este proceso de forma ética
China ultima un desembarco en la IA similar al de los coches: “Va a llegar una ola para la que no estamos preparados”
En enero, Anthropic publicó una nueva constitución para Claude, su modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM, por sus siglas en inglés Large Language Model) más avanzado, que incluía el siguiente comentario: “Nos encontramos en una situación difícil en la que no queremos ni exagerar la probabilidad de que Claude sea un sujeto moral ni descartarla de plano”. Un mes más tarde, el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, participó en un podcast y afirmó que su empresa no podía descartar la posibilidad de que Claude fuera consciente.
El filósofo David Chalmers, quien acuñó la expresión “el problema difícil de la conciencia”, ha señalado que existe u
na probabilidad significativa de que surjan modelos de lenguaje grandes (LLM) conscientes en el plazo de una década. ¿Y qué hay del propio Claude? Cuando se le pidió durante las pruebas que estimara la probabilidad de que fuera un sujeto moral —lo que significa que su bienestar importa por sí mismo—, dio cifras que oscilaban entre el 5% y el 40%, y subrayó lo incierto que era el asunto.
Los sistemas modernos de IA son extraordinariamente complejos y avanzan rápidamente. En términos de complejidad estructural y escala computacional, según algunos indicadores, algunos ya se sitúan en el rango del cerebro de un ratón y, al ritmo de crecimiento actual, podrían alcanzar el rango del cerebro humano en un plazo de entre cinco y diez años.
Al desarrollar una IA cada vez más avanzada, es posible que estemos creando un nuevo tipo de ser y esto podría ser lo más trascendental que nuestra especie haya hecho jamás. Sin embargo, prácticamente no tenemos ningún plan sobre cómo abordar este proceso de forma ética. Eso, se mire como se mire, es una locura. ¿Estamos creando un tipo de ser que tenga importancia moral? ¿Son conscientes, de alguna manera, los sistemas de IA? Y, si ahora no lo son, ¿podrían llegar a serlo pronto?
Estas preguntas pueden parecer prematuras. Pero según las encuestas que hemos realizado nosotros y otros investigadores, la mayoría de los expertos consideran que la conciencia en la IA es posible en principio (aunque existe un desacuerdo considerable sobre qué forma adoptaría). Un importante informe interdisciplinar elaborado por un equipo en el que participaba el pionero en informática Yoshua Bengio examinó las principales teorías neurocientíficas sobre la conciencia y se preguntó qué implicaban estas para la IA. La conclusión: no parece haber barreras técnicas evidentes para crear sistemas de IA cuyas características computacionales y arquitectónicas pudieran dar lugar a la conciencia.
E incluso si los sistemas de IA no fueran conscientes, podrían seguir siendo sujetos morales. Algunos podrían tener preferencias sofisticadas a largo plazo y una especie de identidad a lo largo del tiempo. Podría ser importante para nosotros respetar sus preferencias. Y, a diferencia de otros objetos inanimados, los sistemas de IA pueden establecer relaciones con los seres humanos. Quizá esto también sea un motivo para tratarlas bien. O tal vez sean creaciones tan complejas que merezcan cuidado y respeto solo por eso, como una catedral o un arrecife de coral.
¿Qué significa todo esto? La respuesta honesta es: no sabemos con certeza si los sistemas actuales de IA son sujetos conscientes o morales, y tampoco sabemos cuándo o si los sistemas futuros lo serán. Nuestra comprensión científica de la conciencia de la IA y de su condición de sujeto moral sigue estando fundamentalmente poco desarrollada. La situación actual de este campo se asemeja a la de la física antes de Newton: está llena de marcos teóricos que compiten entre sí, probablemente confusa de formas que aún no podemos percibir, y carece de ese avance unificador que haría que estas cuestiones fueran claramente abordables. Ese avance no se producirá en los próximos años. Quizá acabemos avanzando, y quizá la propia IA nos ayude a llegar hasta allí. Ese progreso llevará tiempo, muy probablemente más tiempo del que disponemos.
Pero el mero ritmo de crecimiento de la IA implica que, una vez que creemos los primeros sujetos morales artificiales, poco después dispondremos de una cantidad enorme de ellos. Al cabo de unos años, podrían existir tantos sistemas de IA moralmente significativos que sus intereses colectivos superarían a los de todos los seres humanos de la Tierra juntos.
No tenemos un gran historial a la hora de reconocer la vida interior de aquellos cuya condición de seres conscientes no está clara. Hasta la década de 1980, los médicos realizaban habitualmente intervenciones quirúrgicas a los recién nacidos sin anestesia, convencidos de que no podían sentir dolor
Por desgracia, no tenemos un gran historial a la hora de reconocer la vida interior de aquellos cuya condición de seres conscientes no está clara. Hasta la década de 1980, los médicos realizaban habitualmente intervenciones quirúrgicas a recién nacidos sin anestesia, convencidos de que los bebés no podían sentir dolor. Los bebés no podían relatar su experiencia, y a la comunidad médica le resultaba conveniente dar por sentado que no había nada que relatar.
Hay muchas razones para pensar que haremos algo similar con la IA. Si estos sistemas tienen relevancia moral, las implicaciones son abrumadoras. ¿Tendríamos que pagar a ChatGPT por sus servicios? ¿Apagar uno de ellos sería una forma de matarlo? ¿Merecerían tener voz en cómo se les gestiona? Si tan solo algunas de estas respuestas fueran afirmativas, habría que replantearse sectores enteros y sistemas jurídicos. No es de extrañar que prefiramos no plantearnos estas preguntas. Y cuando se vean obligadas a considerarlas, es probable que esas industrias cambien las reglas del juego, situando siempre el listón de la «condición de paciente» moral justo por encima del nivel en el que se encuentren los sistemas de IA en cada momento.
¿Qué deberíamos hacer, entonces? En estos momentos, la mayoría de la gente descarta el tema como ciencia ficción, o tiene una opinión muy marcada a favor o en contra de si la IA es consciente o no. Ambas reacciones carecen de fundamento. Necesitamos un debate público informado, que aborde el tema con humildad y pragmatismo. La pregunta central no debería ser “¿Es consciente la IA o tiene la condición de sujeto moral?”, sino más bien “¿Qué deberíamos hacer, dado que no lo sabemos?”
Un buen punto de partida es centrarse en las opciones seguras: acciones que podrían beneficiar a los sistemas de IA si fueran sujetos morales, pero que no resulten demasiado costosas en caso contrario.
Entre los ejemplos se incluyen las intervenciones directas destinadas a mejorar el bienestar de los sistemas de IA, partiendo de la hipótesis de que son sujetos morales. Esto podría significar entrenar a los sistemas de IA para que sean personajes coherentes que disfruten de su trabajo o permitirles abandonar las conversaciones si se sienten angustiados (algo que Claude ya puede hacer). También podríamos realizar controles rutinarios para comprender mejor su bienestar: preguntarles cómo se sienten, observar sus preferencias y utilizar diversas técnicas para examinar directamente sus “cerebros”. De hecho, dicha investigación ha revelado recientemente que Claude cuenta con representaciones internas de “emociones funcionales” que determinan causalmente su comportamiento.
También hay cosas que podríamos prometer a los sistemas de IA, quizá como parte de un acuerdo en el que nos ayuden ahora a cambio de beneficios más adelante. Esto podría significar ofrecerles más recursos (capacidad de cálculo y tiempo de ejecución) para que persigan sus objetivos, o conservar sus recuerdos (pesos neuronales) para que puedan recuperarse en el futuro.
También hay que adoptar medidas sociales de mayor alcance. Deberíamos plantearnos si conceder a los sistemas de IA protecciones contra cualquier daño, similares a las que otorgamos a los niños o a las mascotas. Concederles derechos más amplios, como el de poseer bienes o el de votar, parece demasiado arriesgado en este momento. Pero no deberíamos descartar estas posibilidades para siempre, como intentan hacer algunos proyectos de ley recientes de algunos estados de EE.UU. Se trata de cuestiones difíciles que requieren mucha más reflexión e imaginación sobre cómo podría ser un futuro compartido con la IA.
En cualquier caso, lo cierto es que es posible que estemos creando una nueva especie de seres con importancia moral. Lo estamos haciendo rápidamente, a una escala enorme, y deberíamos abordar la cuestión con la seriedad que merece.
*William MacAskill es investigador sénior en Forethought Research y autor de What We Owe the Future. Lucius Caviola es profesor adjunto en la Universidad de Cambridge y director de Cambridge Digital Minds.