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Milei promete espías “despolitizados”: el plan para definir quién entra y quién asciende en la SIDE

Milei promete espías “despolitizados”: el plan para definir quién entra y quién asciende en la SIDE

El Presidente oficializó un estatuto que busca ordenar el ingreso al organismo a partir de 2027. En paralelo, crece el malestar en las delegaciones provinciales por el recorte de recursos. Puertas adentro, las dudas pasan por cuánto hay realmente de nuevo.

La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) vuelve a estar en transformación. Esta vez, Santiago Caputo puso la mira sobre una materia particularmente resistente a los sucesivos intentos de reforma de los servicios argentinos: sus propios agentes. Después de rediseñar el organigrama, redefinir funciones y prometer una inteligencia menos pendiente de las pequeñas guerras de la política doméstica, Javier Milei oficializó ahora un nuevo estatuto que modifica las reglas para entrar a La Casa, hacer carrera y ascender dentro de su estructura.

La reforma había sido anticipada el lunes por la propia Secretaría y quedó plasmada dos días después en el Decreto 1021/2026, publicado en el Boletín Oficial. La norma reemplaza el régimen que regulaba al personal desde 2003 y comenzará a regir el 1° de enero de 2027. En el Gobierno hablan del nacimiento de una verdadera “carrera de agentes” basada en “la idoneidad, el mérito, la transparencia y la profesionalización”, conceptos no siempre fáciles de encontrar juntos en la historia de los servicios argentinos.

Sebastián Pareja, titular de la Bicameral de Inteligencia, junto al Señor 5, Cristian Auguadra, Diego Kravetz y José Lago Rodríguez.

El rediseño llega, además, acompañado de una caja considerablemente más robusta. El proyecto de Presupuesto 2027 destina $181.472 millones a la SIDE, un 87% más que los $97.135 millones con los que había comenzado 2026. La comparación, sin embargo, requiere una salvedad: durante este año Milei reforzó los fondos de inteligencia en casi $80.000 millones y llevó el crédito vigente hasta $176.916 millones.

El nuevo estatuto es, en ese contexto, otra instancia más de un cambio que se pretende mucho más profundo. Cuando el actual titular del organismo, Cristian Auguadra, llegó al quinto piso de 25 de Mayo 11, a fines del año pasado, Caputo ya preparaba la reorganización que terminó plasmada en el DNU 941, firmado por Milei el 31 de diciembre. Aquella norma volvió a repartir funciones dentro de La Casa, pero introdujo también una facultad que chocaba con uno de los principios que el asesor decía querer imprimirle a la nueva SIDE: sacar progresivamente a los espías de la inteligencia interior y hacerlos mirar más allá de las fronteras argentinas.

Es que aquel decreto habilitó a los agentes a aprehender personas ante determinadas circunstancias, una atribución de naturaleza más cercana a las fuerzas de seguridad que a la central de inteligencia exterior que imagina Caputo y que provocó cuestionamientos desde su publicación. La contradicción tampoco pasó inadvertida dentro del Gobierno. “Lo vamos a corregir”, admitieron a elDiarioAR fuentes al tanto de la reforma.

La sede central de la SIDE, en 25 de Mayo 11, a escasos metros de la Casa Rosada.

¿Vuelve la Escuela?

La pieza central del nuevo esquema sería la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), que funciona en la calle Libertad al 1235, en una antigua residencia de estilo francés que perteneció al expresidente Victorino de la Plaza, una casona de amplios salones y jardines incrustada entre los edificios del barrio porteño de Retiro. Allí funciona una institución que durante años perdió buena parte del peso que alguna vez tuvo como puerta de entrada a La Casa.

De acuerdo al decreto presidencial, la SIDE deberá abrir anualmente una convocatoria para su Curso Básico de Ingreso y quienes consigan aprobarlo podrán incorporarse bajo un período condicional de hasta un año. Puertas adentro imaginan una selección inspirada en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN): un examen competitivo y con exigencias académicas que haga para los futuros espías algo parecido a lo que el instituto de Cancillería hace con quienes aspiran a convertirse en diplomáticos.

La casona en la que funciona la ENI y su nuevo escudo.

La apuesta supone devolverle a la ENI una función que el propio sistema fue desdibujando con los años. Además de seleccionar a los nuevos agentes, tendrá a su cargo su formación posterior y podrá establecer acuerdos con universidades e instituciones argentinas y extranjeras. La paradoja es que semejante relanzamiento comienza con una pregunta bastante elemental: quién estará al frente de la Escuela cuando llegue el momento de ponerlo en práctica.

Su director es Juan Bautista “Tata” Yofre, cuya continuidad quedó en el centro de rumores durante las últimas horas. El exjefe de la SIDE en tiempos menemistas salió a desmentir una salida y contó en X que, después de una “larga conversación” con Auguadra, ambos coincidieron en que “lo importante es la unidad del organismo para servir a nuestro presidente y al país”. La aclaración pública, sin embargo, convive con movimientos previos. Según pudo saber elDiarioAR, Yofre viene pensando desde hace meses en dejar el cargo y ya había transmitido esa intención. Sin embargo, cerca suyo dejan en claro que, si finalmente decide marcharse, será en buenos términos y no como consecuencia de una pelea con la conducción.

Cuánto hay de nuevo

La presentación oficial promete una ruptura bastante más profunda de la que algunos avezados del organismo encuentran cuando bajan a la letra del estatuto. Los escalafones, las jerarquías, la capacitación, la estabilidad y el régimen disciplinario no nacieron con este decreto: con diferentes formatos, ya formaban parte de las reglas que ordenaron la vida interna de La Casa. “Hay modificaciones, pero también bastante de presentar con otro envoltorio cosas que ya existían”, resumió a elDiarioAR una fuente con experiencia en el sistema de inteligencia.

La promesa más ambiciosa acaso sea otra. En el comunicado con el que presentó la reforma, el Gobierno aseguró que pretende construir un cuerpo de inteligencia “despolitizado”, una definición particularmente difícil de separar de la historia del organismo que busca transformar. La SIDE acumula desde hace décadas verdaderas capas tectónicas de agentes identificados, vinculados o referenciados en los distintos espacios políticos que fueron pasando por el poder. Radicales, peronistas, kirchneristas y macristas dejaron en diferentes momentos cuadros propios o funcionarios asociados a sus administraciones.

La puerta de 25 de Mayo 11, sede central de la SIDE, a metros de la Casa Rosada.

La gestión de Milei tampoco llegó a La Casa desde afuera de esa lógica. Durante sus primeros años hubo incorporaciones directas en posiciones jerárquicas y fuentes del sistema cuestionan que algunos de esos desembarcos se produjeran sin experiencia significativa en inteligencia. Una de ellas describió “una cantidad importante de gente que llegó sin conocer el oficio y directamente a puestos altos”.

El cambio potencialmente más importante está, por eso, en la puerta de entrada. La convocatoria periódica y el examen de la ENI apuntan a reducir el margen para los nombramientos directos, aunque tampoco la planta condicional constituye una novedad. “Si hay algo que puede marcar una diferencia es que entrar deje de depender de quién te lleva y vuelva a existir un mecanismo regular de selección”, explicó una fuente con experiencia en el sistema.

El verbo no es casual. Según reconstruyó, hasta la entronización de Antonio “Jaime” Stiuso como figura dominante de la inteligencia en 2002 existían concursos para incorporarse al organismo, una práctica que después comenzó a perder peso. “A partir de ahí se dejó de concursar y la Escuela se fue vaciando de sentido. La ENI dejó de ser realmente la puerta de entrada a la SIDE”, resumió la fuente.

En 2004, Gustavo Beliz mostró por primera vez el rostro de Stiuso en televisión, lo que le costó un juicio y años de exilio.

Del organigrama a la realidad

La distancia entre lo que se anuncia y aquello que efectivamente puede hacerse aparece también en la transformación más amplia que Caputo viene impulsando. Desde comienzos de año, la conducción presenta como objetivo orientar a La Casa hacia la inteligencia exterior. Detrás está una vieja aspiración del asesor: construir una suerte de “CIA argentina”, una central menos concentrada en la dinámica interna —terreno en el que, consideran oficialmente, solo debe moverse el Ministerio de Seguridad— y con mayor capacidad para obtener y analizar información sobre amenazas y actores externos. El problema es que una doctrina puede modificarse mucho más rápido que las capacidades necesarias para ejecutarla.

Fuentes con experiencia dentro del sistema advierten que todavía faltan estructuras propias de obtención de información fuera del país y cuadros analíticos especializados capaces de procesarla. “Podés decidir que ahora querés mirar al mundo, pero eso no significa que de un día para otro tengas los ojos para hacerlo”, graficó una de ellas.

Santiago Caputo, el asesor de Milei que maneja las riendas políticas de la SIDE.

Malvinas ofrece un buen ejemplo. La SIDE produjo este año informes sobre el proyecto petrolero Sea Lion que llegaron hasta Milei y reconstruyó parte de la actividad alrededor de las islas mediante imágenes satelitales y el seguimiento de buques. Pero fuentes críticas del organismo señalan que buena parte de ese material podía obtenerse a través de fuentes abiertas y que no existe todavía una estructura propia de reunión alrededor de las islas que permita presentar ese trabajo como la demostración de una nueva capacidad operativa exterior.

La transformación tiene, además, un costo interno que comenzó a sentirse lejos de la sede central. El repliegue territorial que acompaña al nuevo modelo alcanzó a las delegaciones provinciales de la SIDE, donde distintas fuentes describen un clima de malestar por el ajuste de recursos. Mientras la conducción busca concentrar capacidades en Buenos Aires y privilegiar las nuevas prioridades del organismo, en otros puntos del país los agentes sienten que el rediseño se traduce, por ahora, principalmente en menos margen para trabajar. “Se la están llevando toda y a nosotros nada”, resumió, en extrema reserva, uno de los afectados.

PL/MC

Trump dice que llegó a un acuerdo para “asumir el control permanente sobre la seguridad en Groenlandia”

Trump dice que llegó a un acuerdo  para “asumir el control permanente sobre la seguridad en Groenlandia”

El presidente de EE.UU. sostiene: "Trabajamos con representantes de Dinamarca y Groenlandia para garantizar que los Estados Unidos tengan PARA SIEMPRE la capacidad total de hacer lo necesario en Groenlandia para asegurar y defender la seguridad tanto de Groenlandia como de los Estados Unidos de América"

Donald Trump afirmó que llegó a un acuerdo con Dinamarca sobre Groenlandia. Así lo publicó en Truth Social, sin que aún haya habido reacción por parte de Dinamarca.

“Me complace anunciar que los Estados Unidos de América han llegado a un acuerdo con el Reino de Dinamarca y Groenlandia que otorga a los Estados Unidos el control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades en Groenlandia, abordando por completo TODAS nuestras numerosas inquietudes”, ha señalado el presidente de EE.UU.

Según Trump, “esto no supondrá NINGÚN COSTO para los Estados Unidos. Bajo mis instrucciones, trabajamos con representantes de Dinamarca y Groenlandia para garantizar que los Estados Unidos tengan PARA SIEMPRE la capacidad total de hacer lo necesario en Groenlandia para asegurar y defender la seguridad tanto de Groenlandia como de los Estados Unidos de América”.

“Además”, dijo Trump, “a partir de ahora, ningún adversario de EE.UU. podrá tener jamás una base ni presencia militar en Groenlandia, ni realizar inversiones sensibles allí, sin nuestra aprobación expresa por escrito”.

“Durante más de 100 años”, según el presidente de EE.UU., “los presidentes han conocido la importancia estratégica de Groenlandia, pero NINGUNO de ellos pudo hacer nada al respecto. Me enorgullece ser el presidente que ha abordado esta situación tan importante de manera permanente y definitiva”.

Según Trump, se trata de un acuerdo “vida infinita; ¡no tiene fecha de caducidad! Iniciaremos de inmediato el proceso para desarrollar una importante presencia militar en la zona adecuada de Groenlandia (hay muchas disponibles). Trabajaremos con el pueblo de Groenlandia en su desarrollo y construcción. Esta solución es excelente para los Estados Unidos de América, Dinamarca, Groenlandia y todos nuestros aliados. Esperamos trabajar con el maravilloso pueblo de Dinamarca y Groenlandia hacia un futuro magnífico en relación con esta vasta y altamente estratégica extensión de territorio. ¡La protegeremos celosamente! Este es un sueño hecho realidad para los Estados Unidos de América; un sueño muy importante, histórico y especial”.

La conversación pendiente sobre el placer: una iniciativa regional se proponer hablar sobre el goce

La conversación pendiente sobre el placer: una iniciativa regional se proponer hablar sobre el goce

Cuando los discursos conservadores avanzan sobre la educación sexual, hablar de placer también puede ser una forma de resistencia. El Centro del Placer Latinoamérica trabaja en 11 países para incorporar el deseo, el consentimiento, la autonomía corporal y el bienestar a las conversaciones sobre sexualidad.

Risas cómplices de algunas, silencios de otras que a veces es asombro o vergüenza. Silencio que también es escucha atenta. Eso ocurre en un bar, en una reunión alrededor de la cocina –ese espacio donde se hornean saberes–, en un patio de una casa campesina, y en otros tantos lugares y escenarios diversos donde las mujeres hablan de placer y sexualidad. Tímidamente en general, con más desparpajo otras.

Estas charlar también se dan entre varones, con sus propias características.

Los diálogos de unas y otros ocurren en una América Latina atravesada por retrocesos en educación sexual y debates sobre cuerpos, género, sexualidad y derechos humanos. Por eso, es más necesario que nunca ampliar la manera en que la sociedad aborda la sexualidad. Ese es el desafío de una iniciativa regional feminista.

¿Por qué nos cuesta hablar de placer?

“Porque durante mucho tiempo hemos hablado de sexualidad, principalmente desde el miedo, la prevención del embarazo, las infecciones, la violencia, y todo aquello que debemos evitar. Y aunque todo eso es muy importante, dejamos muy poco espacio para hablar del deseo, el bienestar integral, el consentimiento y todo aquello que nos hace sentir bien. Además, nuestra cultura todavía está muy atravesada por la culpa, por la vergüenza cuando hablemos de sexualidad”.

La reflexión es de Angie Muñoz del Centro del Placer Latinoamérica alojado en el Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (Promsex). Están trabajando en 11 países de la región.

“El placer no es un lujo ni un privilegio. Es una dimensión esencial del bienestar humano y está profundamente vinculado con la autonomía, la dignidad, la salud y la posibilidad de vivir relaciones libres de violencia y culpa”, aporta Rossina Guerrero, directora ejecutiva de Promsex.

El Centro del Placer Latinoamérica está trabajando en 11 países de la región para poder hablar sobre el placer sin prejuicios.

Cuando se ingresa en la web de la iniciativa hay una invitación a explorar sin prejuicios.

La otra pregunta para Angie es cuales son los avances en América Latina y Caribe para sacar del silencio lo placentero.

Ella dice que “cada vez más organizaciones, activistas y profesionales van incorporando el enfoque del placer, el consentimiento y la autonomía corporal de sus acciones. Vemos que hay alto interés para poder seguir abriendo este diálogo”.

Vivimos en una región muy rica en cuanto a su diversidad cultural, lo que también implica retos para llevar adelante una campaña de este tipo.

“Tenemos retos culturales, políticos y también de acceso a la información –reconoce la activista–. Todavía hay muchos prejuicios alrededor de la sexualidad y vivimos en un contexto de avances de discursos conservadores que quieren restringir nuestros derechos. Y también nos encontramos que hay muy poco material en español y en portugués, que son los idiomas de toda América Latina y el Caribe. Entonces, es difícil poder encontrar material desde este enfoque”.

Angie trae a la conversación un tema central: la avanzada de discursos conservadores en la región de la mano de la derecha. Entonces, en este contexto ¿es posible generar la conversación sobre el derecho al placer?

“Sí –responde con convicción–, y justamente por eso es que es sumamente necesario hablar de estas temáticas”.

Agrega que desde PROMSEX han aprendido que “incluso en contextos adversos podemos encontrar formas de abrir estas conversaciones, adaptándonos a cada realidad de cada país, pero sin embargo nunca renunciando al enfoque de derechos”.

-–¿Cómo hablar de placer en contextos donde las personas están en situaciones vulnerables?

–Angie Muñoz: Tenemos que reconocer que no todas las personas tienen las mismas condiciones para poder ejercer sus derechos y eso es sumamente importante. Para hablar del placer necesitamos también tener acceso a la información y hablar de cómo llegamos a esta información. Necesitamos autonomía corporal, acceso a servicios de salud, seguridad y que no haya ningún tipo de violencia ni discriminación. El placer no puede convertirse en una exigencia. Es un derecho de cada persona a decidir sobre su cuerpo, sobre sus límites y sus deseos.

El Centro del Placer Latinoamérica forma parte de The Pleasure Project, una organización internacional que promueve la integración del placer y el bienestar en los programas de salud sexual y reproductiva a nivel global.

La iniciativa regional adaptó una guía de la ONG internacional y la llamó Voces del Placer, donde en la introducción invitan a las personas que enseñan educación sexual a que hablen con confianza, claridad y sin prejuicios, y a que abracen el deseo, la alegría, la felicidad y el placer como dimensiones centrales de la sexualidad.

Otro eje del Centro es un curso que hicieron con participantes de diferentes países “para que puedan replicar aprendizajes en sus propios territorios”, explica Angie.

“También hemos utilizado metodologías lúdicas para hablar del consentimiento, el deseo, la autonomía de una manera muy cercana y segura”, añade.

Durante mucho la sexualidad estuvo relacionada con el miedo, la prevención del embarazo, las infecciones, la violencia, y todo aquello que debemos evitar.

De acuerdo con información recopilada por The Pleasure Project, más de 100 iniciativas alrededor del mundo han incorporado enfoques basados en placer y bienestar dentro de programas de salud y de educación sexual. Asimismo, una revisión de investigaciones científicas desarrolladas entre 2005 y 2023 concluyó que integrar el placer en las intervenciones de salud sexual contribuye significativamente a mejorar el uso del preservativo, entre otros hallazgos.

Actualmente, un grupo internacional de especialistas de países como India, Pakistán, Etiopía, Reino Unido, Bélgica y Estados Unidos trabaja en el desarrollo de indicadores globales de bienestar sexual y reproductivo que permitan evaluar si las personas pueden vivir su sexualidad de manera libre, satisfactoria y autónoma.

Volverán las risas cómplices. También los silencios, aunque quizás ya no sean los mismos. Habrá preguntas, dudas, vergüenzas y nuevas palabras para nombrar lo que antes no se nombraba. En esas conversaciones —en un bar, alrededor de la mesa de una cocina, en el patio de una casa campesina— también puede empezar a cambiar la manera en que una sociedad habla de sexualidad. Y entonces el placer ya no será aquello que se evita decir, sino una parte posible de una vida vivida con autonomía, dignidad y libertad.

SM/MG

La bronca como forma de hacer política

La bronca como forma de hacer política

Milei convirtió el enojo social en una fuente de legitimidad política al presentar la expresión sin filtros como una forma de autenticidad. Ahora, la oposición busca disputar ese territorio: la “Marcha de la Bronca” pone en escena una pregunta central de la política argentina actual: quién logra convertir el malestar en una causa y hacer que su bronca sea reconocida como justa.

Javier Milei llegó al poder conectando emocionalmente con una parte de una sociedad enojada, cansada y frustrada. Oficialistas y opositores, desde lugares muy distintos, coinciden en eso. Unos celebran esa conexión como una forma de autenticidad; otros la denuncian como manipulación. El propio Milei reivindicó siempre esa lectura sobre sí mismo, la de alguien que vino a decir aquello que mucha gente sentía y que no podía, o no se animaba, a decir.

Sin embargo, ambas interpretaciones parten de un supuesto parecido. Las emociones serían algo que la política utiliza, una suerte de recurso para convencer, movilizar o fidelizar votantes. Tal vez allí haya un equívoco. La política siempre estuvo atravesada por emociones y ninguna democracia consiguió prescindir de ellas. Uno de los aspectos novedosos del fenómeno Milei no fue haber llevado las emociones a la política sino haber modificado el lugar que ocupan dentro de la legitimidad política.

Durante buena parte de la modernidad, gobernar implicaba también controlar los cuerpos, las palabras, los impulsos y las emociones. Norbert Elias mostró cómo la modernidad occidental estuvo acompañada por un largo proceso de autocontrol emocional y de incorporación de reglas de civilidad. Las instituciones democráticas se construyeron, en buena medida, sobre una idea sencilla, aunque no siempre explícita, según la cual aquello que sentimos debe atravesar alguna forma de mediación antes de convertirse en acción pública. Las leyes, los partidos, los procedimientos, los expertos, la burocracia e incluso ciertas formas de cortesía cumplían esa función. No se trataba de eliminar las pasiones, sino de encauzarlas y transformarlas en decisiones capaces de ser compartidas con otros.

Milei parece haber invertido esa relación. En su caso, la exhibición de las emociones sin filtros puede convertirse en una fuente de legitimidad. El enojo no necesita moderarse para resultar creíble; muchas veces ocurre exactamente lo contrario. Cuanto menos elaborado aparece, más auténtico parece. Sus insultos, sus gritos, sus lágrimas, sus peleas en las redes, la exposición de su vida privada o la centralidad de sus vínculos personales no funcionan necesariamente como desbordes que deberían ser corregidos, sino como pruebas de que allí hay alguien que no oculta lo que siente y que eso es lo verdadero.

Frases como “él es así”, “no tiene filtros” o “dice lo que piensa” dejaron de describir solamente una personalidad para convertirse en una manera de hacer política. Pablo Semán propuso una imagen particularmente elocuente para entender este fenómeno. Milei fue, para una parte de la sociedad, algo parecido al grito que ya estaba dentro de mucha gente antes de que él lo pronunciara. Un sector encontró en él a alguien dispuesto a decir, sin editar, sensaciones de frustración, desconfianza, humillación acumulada y orfandad de representación que durante mucho tiempo no habían encontrado un lenguaje político capaz de expresarlas.

Quizás allí se encuentre una de las claves para entender el atractivo contemporáneo de las nuevas derechas. No prometen solamente menos Estado sino que presagian menos intermediarios entre el individuo y el mundo. En ese sentido, existe una continuidad entre el programa económico del libertarismo y esta nueva gramática afectiva. Ambos desconfían de las instancias que se interponen entre el individuo y aquello que considera propio, ya sea el mercado, la política o sus propios sentimientos.

Pero hay algo más que resulta decisivo. La emoción por sí sola nunca alcanza para producir legitimidad. No cualquier enojo es considerado justo ni cualquier forma de expresarlo consigue ser aceptada. Para convertirse en una emoción políticamente poderosa, la bronca necesita inscribirse en una determinada idea de lo que es injusto, intolerable o digno de ser reparado.

Eso es lo que ocurrió con Milei. Su enojo contra “la casta”, los “vagos”, los “ladrones” o los “zurdos” no aparecía simplemente como la expresión de un temperamento. Se presentaba como una respuesta frente a una injusticia anterior. Detrás de la bronca había una determinada idea de justicia, asociada al mérito, al esfuerzo, a la libertad y al rechazo de los privilegios. La emoción encontraba así un marco moral que permitía comprenderla y, para sus seguidores, legitimarla. El desborde podía ser leído como sinceridad porque aparecía ligado a una causa considerada justa.

La bronca como espejo

Por eso resulta interesante mirar qué ocurre ahora en el campo opositor. Este sábado una convocatoria bautizada “Marcha de la Bronca” recorrerá varias ciudades del país. Surgida de asambleas y coordinadoras impulsadas por el Frente de Izquierda y sindicatos combativos, fue incorporando a organismos de derechos humanos, agrupaciones estudiantiles, feministas y jubilados autoconvocados. La movilización llega después de una jornada previa que sus organizadores presentan como decisiva para que el Gobierno retirara un proyecto de ley.

A primera vista, parece la escena inversa de la que veníamos describiendo. Una parte de la sociedad está enojada con Milei, no por Milei. Pero quizás convenga mirarla con el mismo lente. El nombre elegido no es un detalle. No se llama “marcha por el salario” ni “jornada de protesta”. Se llama marcha de la bronca. Una emoción se convierte en el nombre mismo de una acción política. También aquí aparece una desconfianza hacia los intermediarios tradicionales. Sus impulsores llaman a no esperar los tiempos de la CGT, a la que cuestionan por su pasividad, ni los cálculos electorales del peronismo, al que reprochan negociar con el Gobierno. La consigna es organizar el enojo “desde abajo”.

Pero hay una diferencia importante y allí aparece, quizás, la cuestión central. Si la bronca necesita de un marco moral para volverse legítima, ¿qué es aquello que permite que esta bronca pueda ser reconocida como justa? En este caso, el malestar se inscribe en una determinada experiencia de la injusticia. La caída del salario real, el endeudamiento familiar, los despidos, el cierre de pequeñas empresas y el deterioro de las condiciones de vida aparecen como razones que permiten transformar un estado de ánimo en una demanda. La bronca no se presenta simplemente como bronca sino como una respuesta frente a algo que se considera injusto.

No hace falta suponer que existe un consenso absoluto alrededor de esa idea de justicia. Basta con advertir que hay valores y experiencias capaces de hacer que un sentimiento deje de ser puramente individual y pueda convertirse en una causa pública. El salario, el trabajo, las condiciones de vida, la defensa de ciertos derechos pueden funcionar, para distintos sectores sociales, como ese lenguaje común que permite decir que una bronca no es solamente una bronca, sino la reacción frente a algo que no debería estar ocurriendo.

Y aquí aparece algo más interesante todavía. La disputa política parece consistir cada vez menos solamente en quién tiene el mejor programa o quién representa mejor una determinada identidad ideológica. También consiste en quién consigue ponerle nombre al malestar de una época y convertirlo en una causa.

Todos estos componentes nos permiten pensar que la política argentina parece atravesar así una transformación profunda. Las emociones dejaron de ser aquello que la política debía moderar o mantener bajo control para convertirse en una de las principales fuentes de legitimidad. La autenticidad emocional adquirió un valor político propio y, con ella, también ganó importancia la capacidad de ponerle un nombre al malestar, de expresar aquello que otros sienten y de convertir esa experiencia en una causa colectiva.

Milei entendió esta transformación antes que muchos de sus adversarios. Su innovación no consistió en descubrir que la gente estaba enojada, sino en convertir ese enojo en una forma de autoridad política. Si lo siento, puedo decirlo; si puedo decirlo sin filtros, entonces estoy diciendo una verdad que otros ocultan. Durante estos últimos tres años, esa operación le permitió ocupar un lugar privilegiado en la representación del malestar social.

Pero una vez que esa forma de hacer política se instala, deja de pertenecer exclusivamente a quien consiguió imponerla. La desintermediación se vuelve una regla disponible para otros actores y la bronca puede comenzar a circular en distintas direcciones, buscando quién consiga darle una forma reconocible y políticamente eficaz.

Ahí aparece una cuestión que quizás sea central para comprender la disputa que se abre. La fuerza política de una emoción no depende solamente de su intensidad ni de la capacidad de expresarla sin filtros. Depende también de las razones que una sociedad está dispuesta a reconocer detrás de ella. La bronca necesita apoyarse en alguna idea de justicia, en una experiencia compartida de aquello que se considera injusto, intolerable o digno de ser reparado. Es ese pasaje el que transforma un sentimiento en una demanda y una demanda en una causa política.

La disputa que viene puede ser, entonces, menos una disputa por quién consigue expresar más bronca que por quién logra construir alrededor de ella una interpretación convincente de la realidad. Quién puede decir qué está pasando, quiénes son los responsables, qué merece ser reparado y qué idea de justicia permite reunir experiencias individuales dispersas en una experiencia colectiva.

En ese sentido, la cuestión decisiva quizás no sea quién tiene más derecho a enojarse, sino quién consigue que su bronca sea reconocida como justa. ¿En qué marco moral logra encuadrar el enojo? La batalla mediática es instalar ese marco moral desde el cual las expresiones “sin filtro” nos interpelan. Porque cuando una sociedad acepta que una emoción expresa una injusticia, esa emoción deja de pertenecer solamente a quien la siente. Se vuelve lenguaje político, forma de representación y, eventualmente, una manera de disputar el poder.

Santiago Canevaro es Investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET). Doctor en Ciencias Sociales, magíster en Antropología Social (IDAES/UNSAM) y sociólogo por la UBA.

María Victoria Castilla es Licenciada en Antropología (UNLP), magíster en Ciencias Sociales (FLACSO-México) y Doctora en Antropología (CIESAS-DF). Investigadora independiente del CONICET y docente de grado y posgrado en UNSAM-UNLAM.

De los amigos que ya no se llaman al riesgo de 'hablar' solo por audios: “Me resulta raro”

De los amigos que ya no se llaman al riesgo de 'hablar' solo por audios: “Me resulta raro”

La llamada telefónica vive horas bajas frente a la asincrónica comodidad del mensaje de voz o texto. ¿Cómo afecta la pérdida de espontaneidad a nuestras relaciones?

El hijo de Vanessa tiene 12 años y solo habla por teléfono cuando interpreta a algún personaje. Por ejemplo, juega a que tiene una oficina y llama con un auricular con cable a los números de sus familiares. También hace de encuestador o de recepcionista de hotel y siempre tiene otros accesorios, como hojas o sellos, para poder desarrollar su papel. Para él, hablar de viva voz a través de un aparato es una ficción, como ha visto en series o películas. Todavía no tiene celular propio, pero, en caso de tenerlo, tampoco lo usaría para llamar: la única vía para comunicarse por voz con sus amigos, más allá de hacerlo de forma presencial, es cuando juegan a la videoconsola online. Y no hablan de sus cosas, sino de lo que sucede en la pantalla.

La propia Vanessa (48 años) reconoce que le da mucha pereza hablar por teléfono y que casi no llama ni a su propia progenitora, de ahí que su hijo identifique las conversaciones telefónicas con el pasado. Ella no se siente aislada ni cree que, de esta manera, cuide menos a quienes quiere, porque mantiene un contacto constante a través de mensajes de texto. Es solo una cuestión de preferencias a la hora de elegir una herramienta u otra. A Tania, que se define como introvertida, la posibilidad de relacionarse sin tener que llamar le supuso un alivio. “Me incomoda hablar por teléfono, si no le veo la cara al otro me resulta raro”, declara. Por eso tampoco hace videollamadas ni envía demasiados audios, porque “es como hablar sola y tampoco hablo sola”. Las pocas veces que habla por teléfono necesita hacerlo en un lugar con pocos estímulos externos, porque, si no, pierde la atención de la conversación. Eso le supone “hacer un esfuerzo grandísimo, y luego me agoto mentalmente”.

La ansiedad que provoca recibir una llamada telefónica entre la generación Z y los millennials es un tema del que se habló en profundidad. Se considera un método invasivo, incómodo y poco efectivo en cuestiones de gestión del tiempo. Según una encuesta de la plataforma Bankmycell, los entrevistados consideran que no se sabe cuánto va a durar una llamada y prefieren métodos más rápidos. Sin embargo, en ocasiones, escribir un texto o grabar una nota de voz puede durar lo mismo que una llamada o incluso más. La broma de ‘esta reunión podría haber sido un mail’ se puede aplicar a ‘este audio podría haber sido una llamada’. De hecho, muchas personas incluyen un chascarrillo del tipo ‘aquí va mi podcast’ cuando graban una nota de voz de varios minutos.

El único detonante para telefonear a amigos que viven aquí es un chisme o que haya pasado algo 'heavy' y no podamos encontrarnos ese día, que suele ser lo habitual

Eva 43 años

Además, para eliminar o suavizar esa sensación de intrusión de la llamada, existe la posibilidad de concertar una cita previa cuando se quiere tener una charla larga o sin límite de tiempo. Por ejemplo, Begoña (46 años) siempre se manda un mensaje con la amiga con la que más habla por teléfono para saber si está disponible. Prefieren este método porque así “hablamos más de seguido”. Clara (29 años) también utiliza este sistema con las personas a las que llama, que en su caso cada vez son más. Sus interlocutores se encuentran en un abanico de edad que va de los 25 a los 45 años: “Estamos un poco quemados de chatear y de pantallas. Diría, además, que mis amigos más jóvenes son los que más lo están”.

¿Bajaron las llamadas o aumentaron los audios?

La percepción de Ana (36 años) es que esos audios son los principales sustitutos de la conversación telefónica y empeoraron la comunicación: “Los dejo sin contestar la mitad de las veces o viceversa”, sostiene, y añade que extraña hablar con sus amigas mientras realiza labores domésticas como “flavar los platos o limpiar la casa. Ahora escucho podcasts”. Eva (43 años) se comunica con sus conocidos por texto, audio de WhatsApp o llamada telefónica, aunque reconoce que esta última vía está en descenso. “Sobre todo llamo a amigos que no viven en la ciudad, pero, cuando ocurre, tenemos cafés telefónicos de al menos una hora”, comenta, y matiza: “El único detonante para telefonear a amigos que viven aquí es un chisme o que haya pasado algo heavy y no podamos encontrarnos ese día, que suele ser lo habitual”.

Pero, aunque a primera vista parece que la llamada telefónica está de capa caída, los datos recogidos por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) no son tan contundentes. Aunque los más jóvenes (16-24 años) ampliaron sus vías comunicativas asíncronas con mensajes de texto, audios y otras formas de comunicación, esto no significa necesariamente que hayan dejado de llamar. Ahora hay más opciones y una conversación puede empezar con un mensaje de texto, seguir con un audio de voz y terminar con una llamada de celular. El estudio tiene una matización importante: las conclusiones se extraen de la medición de los minutos de llamadas de los operadores, así que las llamadas de una hora de Eva pueden compensar el declive de las conversaciones sincrónicas por voz de Ana.

Las generaciones millennial y Z utilizan de forma más activa la mensajería y son los mayores quienes mantienen las cifras más altas de llamadas de voz

Por otro lado, una encuesta realizada por YouGov en Reino Unido informa de que las generaciones millennial y Z utilizan de forma más activa la mensajería y son los mayores quienes mantienen las cifras más altas de llamadas de voz. Un ejemplo es el de Marcos (32 años), que declara que no dejó las llamadas puntuales con sus amigos. Nunca tuvieron costumbre de utilizar el teléfono de esa forma: “Desde el principio hablamos por Messenger y luego por WhatsApp”. Sí utiliza la comunicación de voz asíncrona mediante audios muy largos que tanto envió como recibió.

¿Es mejor la comunicación vía llamada telefónica?

Ricardo (42 años) considera que la llamada telefónica es la vía principal para conservar una buena relación con sus amigos de toda la vida. Aunque también utilizan los mensajes de texto o las notas de audio para comentar algo específico, mantener conversaciones sincrónicas “es insustituible”. El audio le resulta práctico para comentar un tema en concreto que quizá necesite “varias escuchas”, pero con la llamada “es cuando se sacan temas conflictivos y se habla de verdad. Diría que incluso invita más a la conversación profunda que la típica visita de cortesía”.

Ferran Lalueza, profesor de comunicación en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), opina que no se puede afirmar que el método de comunicación tradicional sea mejor que los más recientes, sino que cada uno tiene sus ventajas y desventajas. “La gente más joven opta típicamente por enviar un audio o un texto de tal manera que la persona que lo recibe pueda contestar cuando le resulte más conveniente, lo cual no deja de ser práctico y de algún modo también permite mantener el control absoluto sobre la dinámica de la conversación”, observa. De esa forma, se puede corregir el texto o volver a grabar el audio antes de enviarlo si no se quedó conforme con la primera versión, por lo que, desde un punto de vista práctico, “su ventaja es incontestable”. La cara B de este método es que se pierde esa espontaneidad de la que hablaba Ricardo, que permite mostrarse tal y como uno es.

A la hora de tolerar un desacuerdo o una crítica, en persona podés gestionarlo de una manera u otra. Pero en diferido, si no tenés buena gestión (...), puede repercutir en la capacidad de desenvolverse en lo social

Patricia Lodeiro y Alba López Cabello psicólogas

Patricia Lodeiro y Alba López Cabello, del centro de psicología CAIP, coinciden en gran parte con Ferran Lalueza, pero inciden en que una gran desventaja es la pérdida de oportunidades para desarrollar habilidades comunicativas. Ellas comentan que cada vez se encuentran con más personas en terapia que tienen dificultades a la hora de conectar y relacionarse. “Pese a que puedan estar muy conectados a nivel de redes, por ejemplo, se encuentran muy solos”, afirman. Además, la costumbre de tener cada vez más conversaciones asincrónicas se retroalimenta y es fácil acomodarse a esa distancia, que luego se hace patente en la socialización en persona. “Por ejemplo, a la hora de tolerar un desacuerdo o una crítica, en persona podés gestionarlo de una manera u otra. Pero en diferido, si no tenés buena gestión podés estar enojado y a lo mejor mandar un mensaje diplomático cuando se te haya pasado, pero a lo mejor no lo contestás y evitás conflictos, lo que puede repercutir en la capacidad de desenvolverse en lo social”, detallan.

En cuanto al papel de la edad en la manera de utilizar estas herramientas, no consideran que puedan dar una respuesta determinante, porque son varios los factores que intervienen, como la personalidad o el funcionamiento. “Las nuevas tecnologías podrían haber supuesto un avance en la capacidad de integración de algunas personas que no crecieron con ellas y que antes tenían dificultades para comunicarse”, puntualizan, “mientras que para los nativos digitales es diferente desde el principio”. No puede afirmarse con contundencia qué método es mejor o peor, pero la balanza parece inclinarse un poco hacia la perspectiva de Ricardo: “Por su propia naturaleza, el mensaje o el audio no invita a ser espontáneo o a divagar como la llamada. Y, si no podés ser espontáneo y divagar con tus amigos, ¿con quién lo vas a hacer?”.