Código Postal 5753

Karina Milei se reúne con legisladores provinciales de La Libertad Avanza (LLA), la mesa política vuelve a verse las caras y Santilli va al interior con Luis Caputo.
El Gobierno Nacional iniciará una semana de reuniones con legisladores provinciales de La Libertad Avanza (LLA) y realizará una nueva mesa política en Casa Rosada, mientras que el jefe de Gabinete, Diego Santilli, junto con el ministro de Economía, Luis Caputo, viajarán al interior.
Este lunes, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, mantendrá un encuentro con senadores y diputados de la provincia de Buenos Aires, acompañados por el presidente de LLA bonaerense, Sebastián Pareja. Será en Casa de Gobierno, entre las 15 hs y las 17 hs.
El objetivo del encuentro es dialogar de “cómo se viene trabajando en lo legislativo y en lo político” y, también, sobre “qué estrategia se está planteando de cara al futuro en la provincia”.
Por otra parte, el martes 11 se espera la habitual conferencia de prensa del vocero presidencial, Adrián Ravier, y, posteriormente, a las 13, habrá una nueva mesa política con parte del Gabinete Nacional, en la Casa Rosada.
El jueves 13, el jefe de Gabinete y el ministro de Economía visitarán Catamarca para llevar adelante un encuentro con los gobernadores Raúl Jalil (Catamarca) y Elías Suárez (Santiago del Estero), para poner en marcha la Red de Acueductos y Plantas Potabilizadoras Albigasta.

El Gobierno apunta luego a sesionar el 19 de agosto. La ley de Inocencia Fiscal enfrenta un panorama con más resistencias.
Luego del puntapié inicial del debate sobre la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que impulsa el Gobierno, el oficialismo confía en avanzar rápidamente con la firma del dictamen del mayoría el miércoles próximo en un plenario de comisiones, con vistas a sesionar tentativamente una semana después, el 19 de agosto.
En cambio, el otro proyecto que forma parte de la agenda inmediata del Gobierno en Diputados, la nueva ley de Inocencia Fiscal, enfrenta un panorama con mayores resistencias, y no tendría el camino allanado para la firma del dictamen en un plazo tan corto.
La reunión conjunta de las comisiones de Finanzas (preside Santiago Pauli) y Presupuesto y Hacienda (encabeza Bertie Benegas Lynch) tendrá lugar el miércoles por la tarde, en horario a confirmar, y el objetivo del oficialismo es pasar a la firma del despacho, sobre la base de los acuerdos forjados durante la semana pasada con los sectores aliados.
El martes pasado, se desarrolló una reunión de alto nivel en el Salón de Honor de la Presidencia de la Cámara baja con autoridades del Banco Central, incluido su presidente, Santiago Bausili, con referentes de los bloques dialoguistas y de La Libertad Avanza.
Allí los funcionarios se dedicaron a explicar los puntos centrales de la propuesta que busca prohibir la emisión monetaria sin respaldo para financiar al Tesoro y a las provincias.
Los referentes de los bloques dialoguistas se mostraron receptivos a la iniciativa y acordaron contribuir con la aprobación, aunque algunos bloques pidieron que a cambio el oficialismo considere incluir proyectos propios en el temario de la próxima sesión.
Al día siguiente, tanto Bausili como su vicepresidente, Vladimir Werning, se presentaron en el plenario de comisiones para defender la propuesta y comentaron sus principales lineamientos.
El proyecto elimina la multiplicidad de propósitos que se adjudicaba el Banco Central a través de su Carta Orgánica y mantiene como único mandato el de preservación del valor de la moneda, prohibiendo el financiamiento del Tesoro.
“Volver al mandato único implica principalmente reconocer la naturaleza monetaria de la inflación. La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario generado por un exceso de oferta que conlleva una pérdida del poder adquisitivo del dinero. No debiera ser tarea del Banco Central ocuparse de otros objetivos”, se indica.
La iniciativa, definida por el propio Milei como “la más importante” de esta etapa de su gobierno, busca consolidar a nivel normativo lo que considera una batalla cultural ganada: que está mal imprimir moneda sin respaldo y que la emisión cero es un principio innegociable.
En este marco, se prohíben los adelantos transitorios al Tesoro, los préstamos a las provincias, el uso de letras intransferibles y se limita la transferencia de utilidades a ganancias reales obtenidas por la entidad.
“De esta forma se remueven del elenco de atribuciones del Directorio las funciones de orientación del crédito hacia destinos determinados y las políticas crediticias diferenciadas, propias de la banca de fomento y ajenas a la misión de una autoridad monetaria, cuya persecución por la vía de la emisión o de la regulación distorsiva ha demostrado ser ineficaz para sus fines declarados y lesiva para la preservación del valor de la moneda”, explica el proyecto.
Por otra parte, se busca fortalecer la independencia del Banco Central, por ejemplo endureciendo los requisitos para remover al presidente y a los directores del organismo, exigiendo una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso nacional para blindarlos de los cambios en los gobiernos.
“En particular, a partir de la sanción de esta iniciativa, nadie podrá ser removido por resistirse a desviar la política monetaria para cumplir objetivos populistas. Se deja de lado el esquema que permite remociones intempestivas que tengan como fin conseguir una mayor laxitud en la política monetaria para estafar al sector privado mediante el impuesto inflacionario y el señoreaje, los cuales constituyen impuestos no legislados”, se señala.
“Además, la remoción solo podrá ser decretada por el PODER EJECUTIVO NACIONAL previa aprobación de ambas cámaras del H. CONGRESO DE LA NACIÓN con una mayoría de DOS TERCIOS (2/3) de sus miembros presentes”, se indica.
En tanto, se deroga el artículo de la Carta Orgánica que “permite al Ministro de Economía, o a su representante, participar con voz pero sin voto en las sesiones del directorio”.
“Eliminar la presencia permanente de un representante del Tesoro en las reuniones del directorio constituye una delimitación más clara de influencias”, se argumenta.
Con información de NA.

Ante un presente sombrío, los ganadores del modelo eligen creer. Razones detrás de una “mirada positiva”. Síntoma: el foco en la carta orgánica del Central y el negocio de la tierra, mientras la deuda anega a millones de familias. La economía no arranca. ¿Y la política?
Luis Caputo enarbola hoy la máxima convicción de que transcurrirá un año final del gobierno de Javier Milei sin sobresaltos, con sólido crecimiento, y que la reelección del Presidente será poco más que un trámite.
Lo expresa con la predicción de que “puede haber una guerra mundial o una invasión extraterrestre, pero (Axel) Kicillof no va a ser presidente nunca en su vida”. El ministro de Economía porta la teoría de que “esta vez es diferente, porque la gente se dio cuenta de lo que hace el populismo”.
Esa confianza en una coronación inexorable del país que Javier Milei, Federico Sturzenegger y el propio Caputo tienen en mente es, en alguna menor medida, compartida por un ámbito que al gobierno le resulta familiar. Ejecutivos de empresas ganadoras del régimen económico (energía, agro, minería, bancos), en especial, sus directores financieros (CFO), tienden a creer que la receta económica vigente va para largo. La sensación trasciende fronteras. Aunque marquen matices y algún alerta, los bancos internacionales y las agencias calificadoras exhiben en sus ponderaciones que “baja el riesgo político” —sin extinguirse—, y eso se traduce en el precio de los bonos y las refinanciaciones. Traducido: ven pocas chances de una victoria electoral del peronismo realmente opositor en 2027.
Caputo se vuelca cada vez más a la retórica grosera de Milei, pero no llega a sus extremos. El ministro se toma en solfa a “los kukas”, “los kukitas”, “los comunistas” y “los tarados”, sin incurrir en fraseologías del tipo “vamos a hacer mierda a los zurdos” y “vamos a exterminar al kirchnerismo para siempre” que recitaba el mandatario a mediados de 2025. Cuarenta días después de esas predicciones, la lista de La Libertad Avanza perdía por quince puntos frente a las del peronismo en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires.
La “mirada positiva” excede al elenco gubernamental y al mundo financiero. No pocos “líderes de opinión” (empresarios, analistas políticos; docentes, sobre todo de universidades privadas; periodistas; influencers) comparten la percepción sobre la fortaleza del proyecto Milei, a pesar de números de encuestas que marcan un sostenido declive en todos los indicadores sensibles que interesan al oficialismo. La observación alcanza a algunos dirigentes e intelectuales peronistas, progresistas y de izquierda. En ese prisma (pesimista en el último caso), pesa tanto o más el cuestionamiento a la falta de liderazgo y proyecto en el campo opositor, que la descripción de fortalezas de la ultraderecha.
La proyección de una Argentina moldeada por los Hermanos Milei por largo plazo tiene en qué apoyarse. La ola ultraderechista lleva ya varios años y se muestra resiliente en economías diversas, como Estados Unidos, Brasil y España. El mapa de Sudamérica es demostrativo al respecto. Además, la mala memoria sobre las últimas experiencias peronistas es reciente, y gran parte de la dirigencia opositora luce ensimismada, sin capacidad de destrabar la puja por el liderazgo. A esa trabazón se dedica una política tan talentosa como Cristina.
El antecedente de 2025 insufla optimismo al mileísmo. La ultraderecha llegó a las elecciones de octubre de 2025 tras un estruendoso fracaso en los comicios bonaerenses, en los que se impusieron las listas con el sello de Kicillof. El rostro de un José Luis Espert sospechado de ser financiado por un narco encabezó la boleta de La Libertad Avanza, mientras un Milei sacado psicológica y políticamente lidiaba con “el Profe” y las coimas del 3% de ANDIS atribuidas a Karina. La economía se acercaba a un precipicio y todas las promesas de calma financiera parecían evaporarse. Con ese mar de fondo, Donald Trump posó su mirada en su aliado, prometió un blindaje político y económico, amenazó con represalias, y ello bastó para agrupar todos los miedos y brindar un triunfo nítido del oficialismo. Fue una situación excepcionalísima, quizás irrepetible, pero que llenó de ilusión al pronóstico de Caputo de que “esta vez es diferente”.
Tomados en frío, los números de las encuestas deberían preocupar a los entusiastas del mileísmo. La aprobación del Presidente pareció estacionarse en un rango de 33% a 40%, un porcentaje no invalidante para dar pelea por la reelección. Kicillof, Cristina y Myriam Bregman alcanzan una popularidad parecida a la del Presidente y Patricia Bullrich, enemiga íntima en un hipotético futuro. Para preocupación del Soez, una constante es que la peor valoración registrable (“pésimo”, “mala”, “muy mala”) sobre él conforma un núcleo muy alto, cercano al 50% de las respuestas. El gobierno tiene que generar mucho miedo o desincentivo en lo que hay enfrente para que Milei recupere una cómoda mayoría.
El dato más significativo que parecen confirmar los sondeos desde hace meses es una evaluación muy negativa y desesperanzada sobre la economía del país y la del propio hogar. Atlas Intel, una consultora brasileña que ganó fama en los últimos años por aciertos en predicciones electorales en América Latina, registró en su informe de julio que sólo 17% de los consultados estima que la situación de su familia es buena y 20% dice que va a mejorar en el próximo semestre. La desesperanza se impone por demolición. El mismo sondeo muestra que la pérdida de apoyo al gobierno radica en segmentos en los que se basó su victoria en 2023: jóvenes de 16 a 24 y zonas geográficas como Cuyo y Centro, donde las diferencias abismales en favor del ultra se revirtieron.
Para preocupación del Soez, una constante es que la peor valoración registrable ('pésimo', 'mala', 'muy mala') sobre él conforma un núcleo muy alto, cercano al 50% de las respuestas
Ello tiene un correlato con la pérdida del poder adquisitivo del salario, aumento del desempleo y un desplome en la vida de los barrios. Más allá de lo que diga una estadística del INDEC, cualquier persona que salga a dar una vuelta lo comprobará en carne propia.
Semejante escenario también habilita evaluaciones muy negativas sobre las perspectivas electorales del oficialismo. El consultor en discurso y estrategia Juan Courel, de la firma Alaska, con experiencia en el país y en América Latina, asevera hace meses que lo más esperable es una victoria de la oposición el año próximo. Con economías de los hogares tan resquebrajadas, un peronismo unido se impondría por un margen considerable. A la hora de contar los votos, el bolsillo y la frustración sobre Milei serán mucho más relevantes —en la mirada de Courel— que el desorden, la falta de propuesta programática, la famosa “autocrítica” ausente y la disputa por el liderazgo, que hoy parece irresoluble. Esos elementos se podrían acomodar en la medida en que se acerque la fecha electoral, con dos salvedades: que haya una estrategia conjunta de las fracciones en pugna y que no se presente un postulante “blando”, que ofrezca imitar las políticas de Milei, pero con buenos modales, para “calmar a los mercados”.
Probablemente hasta el más optimista del Ejecutivo, Caputo, admita que la realidad y su percepción deben cambiar sustancialmente a esta altura del año que viene para que el “paseo” electoral de La Libertad Avanza se concrete. Al ministro no lo ayuda una predicción reciente. En marzo, comenzó a decir que se avecinaba un inédito período de crecimiento. En abril, pronosticó la inminencia de “los mejores 18 meses en muchas décadas”. Un mes más tarde, aclaró que había que comenzar a contar a partir de junio. Nada de eso ocurrió, sino más bien lo contrario. De los 18 meses de fiesta, quedan 16 y todavía no sirvieron ni las papas fritas.
La fallida promesa sobre el crecimiento supersónico combina con la formulada por el propio ministro y Milei en cuanto a la inflación. Un paper de un doctorando que el Presidente dijo haber leído lo llevó a vaticinar que la inflación comenzaría con cero en agosto. Fue la enésima postergación de la meta. Más bien, si empieza con dos, podría respirar aliviado.
Corresponde evaluar cuáles son los motores político y económico de los que se puede valer el gobierno para llegar triunfante en los términos que dice Caputo.
El Presidente y el ministro se ocupan de aclarar que cuentan con una única receta económica, innegociable. Voluntariosos afinan el lápiz y computan renglón por renglón si Caputo “abrió la billetera” y acepta desenchufar un poco la motosierra, con algún subsidio por acá o algún aliciente presupuestario por allá, o deja correr el dólar a costa de un poco más de inflación.
Suelen ser observaciones sobre aspectos marginales, que se desdicen al mes siguiente. La recaudación, resentida tras años malos, exhibe bajas que se aceleran, mientras el Ejecutivo profundiza los beneficios impositivos y cambiarios para Vaca Muerta, minería y agro. Al resto de los sectores, que emplean a la mayor parte de la población de las grandes ciudades —industria, comercio, construcción y sector público—, más recortes. En el altar de “la meta fiscal”, se mantiene la resistencia a reponer el presupuesto universitario, pese a una orden judicial. Cierra todo, hasta un coro de niños, excepto los cursos de inglés de la esposa de Sturzenegger, los fondos de la SIDE que administra Santiago Caputo, la canaleta que conduce a medios como Carajo y La Derecha Diario, los sueldos superlativos de los jueces que planchan causas y los viajes impúdicos de Milei a Miami, Madrid o Tel Aviv.
Cierra todo, hasta un coro de niños, excepto los cursos de inglés de la esposa de Sturzenegger, los fondos de la SIDE, la canaleta que conduce a medios como Carajo y La Derecha Diario y los viajes impúdicos de Milei a Miami, Madrid o Tel Aviv.
¿Dónde está el foco económico del Ejecutivo? ¿En los 5,8 millones de endeudados que padecen tasas usurarias, con retrasos en el pago superior a los 90 días, sobre un universo de 20 millones de tomadores de crédito?
Con el objetivo de “sellar” el rumbo, el gobierno impulsó dos leyes centrales en el último mes. La reforma de la carta orgánica del Banco Central y la ley de extranjerización de la tierra. La primera incluye un objetivo burdo: blindar el cargo del Central a partir del próximo mandato, la mentada “independencia”.
El actual presidente de la autoridad monetaria, Santiago Bausilli, era socio de Caputo en la consultora Anker antes de que ambos retornaran a la función pública en diciembre de 2023. Otros economistas de esa empresa giraron entre el directorio del Banco Central y el Palacio de Hacienda a vuelo de decreto. Varios de ellos, indistintamente, suelen realizar anuncios conjuntos y dan la “batalla cultural”, mientras posan en reuniones con Milei, pulgares arriba, y sacan créditos subsidiados del Banco Nación. El intento de “dotar de independencia” y delimitar objetivos del Banco Central —tan “eterno” hasta que se conforme otra mayoría parlamentaria que lo revierta— es fiel reflejo del “institucionalismo” de la derecha argentina: vale para los otros.
En cuanto al proyecto de ley de extranjerización de la tierra, sirvió para que la fundada sospecha de un negocio turbio, diseñado ad hoc para algún megamillonario, despertara en su contra una alianza social variada e inesperada. Los senadores “del medio” se vieron forzados a sumarse al bloque opositor y sentar un precedente sobre cuán firme es la mayoría oficialista hasta llegar a las elecciones. Derrota política sin atenuantes.
Tras el trimestre dilapidado en salvar a Manuel Adorni, llegó una “nueva estrategia de comunicación”. El vocero Adrián Ravier se transformó de inmediato en costo hundido. En Casa Rosada evaluaron que era hora de tomar la iniciativa, aflojar un poco con X y las batallas a cargo de Lilia Lemoine y los racistas de Carajo, para que la voz de Milei potenciara su centralidad.
Para ello, se pactaron entrevistas con Luis Majul, Esteban Trebucq, Gabriel Anello y Eduardo Feinmann, periodistas de los multimedios La Nación y Clarín. Jonathan Viale no volvió a entrevistar al mandatario desde aquel histórico episodio que todo el mundo recuerda.
El problema fue que Milei no tenía nada nuevo para decir. Un cúmulo de cifras inventadas o incomprobables, agresiones, insultos y disparates históricos, que —muy significativamente— generan cada vez menos rating televisivo y conversación en las redes.
Si el “motor económico” parece circunscripto a dos ejes, superávit fiscal y peso apreciado, el “motor político” está atado a un único protagonismo, el de Milei, que alguna vez generó entusiasmo o repulsa, y hace tiempo pasó a entonar un repertorio gastado. Los otros dos vértices del extinto “triángulo de hierro”, Karina y Santiago, no suman voz propia. La hermana, porque carece del don de hilar frases en público, y el segundo, porque su fuerte es hablar por otros medios.
Al oficialismo le quedan las figuras con volumen propio que pertenecieron al PRO, como Diego Santilli y Patricia Bullrich. Rigen allí también algunos limitantes. La senadora lidiará de ahora en más con la sospecha fundada de que, si ve una hendija, se tentará por ser ella quien represente al oficialismo el año próximo. Karina lo sabe mejor que nadie y se dedicará a tratar de mantener esa puerta cerrada.
El jefe de gabinete, con menos peso real que Bullrich, vale más por su partido que por sí mismo. Qué hará Mauricio Macri con el PRO, si impulsará una carta propia o dejará que su partido sea absorbido por los Milei, es por ahora una pregunta abierta.
SL

Mientras el Presidente busca convertirse en articulador internacional, Karina ordena la política doméstica alrededor del 2027. El traspié en el Senado expuso los límites de la épica libertaria y una nueva prioridad en la Casa Rosada: preservar aliados, aceptar concesiones y evitar peleas que compliquen la reelección.
María Cafferata - Enemigos íntimos: Villarruel marca su ruptura definitiva con el Gobierno y piensa en un armada para 2027
Javier Milei quiere liderar la nueva derecha latinoamericana, pero primero tiene que conseguir que los gobernadores argentinos lo ayuden a reelegirse. Entre esas dos ambiciones, una épica y otra bastante más terrenal, comenzó a ordenarse buena parte de la política del Gobierno para los próximos meses. Mientras el Presidente recorre la región convencido de que llegó el momento de proyectar su influencia más allá de las fronteras, en la Casa Rosada Karina Milei construye una estrategia mucho más pragmática: evitar peleas innecesarias, preservar aliados y aceptar que algunas de las reformas de la revolución libertaria pueden esperar.
La última semana ofreció una postal difícil de mejorar. Mientras el Senado desarmaba parte de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada ante la resistencia de los bloques provinciales, Milei estaba en Ecuador junto a Daniel Noboa. Desde allí continuó hacia Colombia, donde el viernes participó de la asunción de Abelardo de la Espriella. Afuera, un Presidente que pretende convertirse en articulador de una nueva generación de gobiernos de derecha. Adentro, un oficialismo que debió retirar capítulos de una de sus leyes prioritarias para no romper con los mismos aliados que necesita para sostener su agenda y, sobre todo, llegar competitivo a 2027.
La distancia entre ambas imágenes es menos contradictoria de lo que parece. Milei puede imaginar una transformación continental porque Karina está cada vez más concentrada en garantizar las condiciones para que siga gobernando después del año próximo. Para la secretaria general de la Presidencia, la prioridad empieza y termina en la reelección de su hermano. Y si para conseguirla hay que negociar con gobernadores que hasta hace poco integraban la “casta”, moderar reformas o abandonar temporalmente la pretensión de pintar de violeta cada provincia, el costo parece haber dejado de ser un problema.
“No sirve de nada ganar todas las peleas ahora si después perdemos la elección”, grafica una fuente al tanto de la estrategia que se impulsa en Balcarce 50. El giro encierra una ironía para un Gobierno que hizo de la intransigencia una identidad. Milei llegó a la Casa Rosada prometiendo no negociar las ideas y convirtió cada concesión en sinónimo de debilidad. Casi tres años después, mientras intenta exportar ese modelo al resto del continente, su principal armadora política trabaja para garantizarle un segundo mandato mediante una estrategia que depende precisamente de aquello que el Presidente siempre despreció en público.
La apuesta regional, mientras tanto, nunca había parecido tan posible. En el oficialismo consideran que el mapa político latinoamericano atraviesa un desplazamiento que puede darle a Milei un lugar privilegiado. La sintonía con Noboa, la llegada de De la Espriella al poder en Colombia y la expectativa por una eventual vuelta del bolsonarismo en Brasil alimentaron una lectura que el Presidente viene transmitiendo a sus colaboradores: ya no alcanza con ser una referencia ideológica de las nuevas derechas. Ahora pretende convertirse en su articulador político.
El canciller Pablo Quirno incluso dejó abierta esta semana la posibilidad de que Buenos Aires sea sede próximamente de una cumbre de presidentes identificados con ese espacio. Sería un primer intento por darle una expresión concreta a una red que Milei comenzó a construir mucho antes de que varios de sus actuales integrantes llegaran al poder y que ahora pretende transformar en una instancia de coordinación entre gobiernos.
Mientras tanto, la incipiente carrera electoral empieza a condicionar. El resultado en el Senado generó cuestionamientos sobre la falta de timing con la que se impulsó una iniciativa que afectaba intereses particularmente sensibles de las provincias. La secuencia terminó funcionando como una advertencia para la etapa que comienza. El Gobierno puede tener proyectos, votos y aliados, pero no necesariamente las tres cosas al mismo tiempo. Y Karina parece decidida a evitar que la vocación reformista de algunos sectores del oficialismo termine poniendo en riesgo relaciones políticas que considera imprescindibles para el año próximo.
Esa lógica empezó a extenderse mucho más allá del Congreso. La estrategia electoral que diseña la secretaria general supone revisar uno de los principios que guiaron la expansión inicial de La Libertad Avanza: la idea de que el partido debía competir con sello propio en todo el país y desplazar progresivamente a las estructuras provinciales tradicionales. La experiencia acumulada en el poder y, sobre todo, la perspectiva de una elección presidencial comenzaron a modificar aquella pretensión.
La prioridad ahora es Milei. En el karinismo consideran que toda la arquitectura electoral de 2027 debe quedar subordinada a garantizar su reelección, incluso si eso obliga a cerrar acuerdos con dirigentes que hasta hace poco eran considerados adversarios. En algunas provincias, la conveniencia puede pasar por fortalecer La Libertad Avanza; en otras, por evitar una confrontación con gobernadores capaces de aportar gobernabilidad, estructura territorial o simplemente neutralidad durante la campaña presidencial.
El fantasma de Mauricio Macri sobrevuela esas discusiones. En la Casa Rosada recuerdan que Cambiemos llegó al poder con una coalición competitiva, consiguió avanzar con parte de su programa y, sin embargo, terminó perdiendo la reelección cuatro años después. “De nada sirve construir un partido enorme si después te quedás sin Presidente”, sintetiza una fuente. Ninguna expansión territorial, ninguna disputa por una gobernación y ninguna reforma legislativa justifican, bajo esa lógica, poner en riesgo el objetivo principal.
Eso no significa que Milei haya abandonado su vocación de confrontar. El Presidente sigue construyendo su identidad alrededor de una batalla ideológica que considera global y encuentra precisamente en el exterior uno de los escenarios más cómodos para desplegarla. La transformación del mapa regional fortaleció esa pulsión. Milei fue uno de los primeros dirigentes de la nueva derecha latinoamericana en llegar al poder y considera que eso le concede una ventaja sobre quienes vinieron después. “Quiero decirle que ha sido un faro para nosotros”, llegó a decirle, sin ir más lejos, De la Espriella cuando lo recibió en Colombia.
Durante sus primeros años, Milei cultivó vínculos con referentes que todavía eran oposición y participó de encuentros partidarios que muchas veces despertaron cuestionamientos por la utilización de viajes presidenciales para actividades de carácter ideológico. Ahora algunos de aquellos dirigentes comenzaron a convertirse en presidentes.
Noboa es uno de esos interlocutores con los que Milei busca profundizar esa relación. Tanto el triunfo de Keiko Fujimori en Perú como la llegada de De la Espriella en Colombia también ampliaron el tablero. Pero, de cara al futuro, Brasil aparece como la pieza que podría terminar de cambiar la dimensión de la apuesta. En el Gobierno siguen con particular atención la posibilidad de que el bolsonarismo vuelva al poder y creen que un eventual cambio político en Brasil permitiría conformar un eje regional con un peso muy diferente al que el libertario podía imaginar cuando asumió la Presidencia.
La eventual cumbre en Buenos Aires sería un paso en esa dirección. Quirno evitó por ahora confirmar que exista una fecha, pero tampoco descartó la posibilidad. En el Gobierno imaginan una instancia que permita coordinar posiciones entre presidentes que comparten una mirada similar. La referencia inevitable es el Grupo de Lima, aunque en la Casa Rosada todavía no existe una definición sobre el formato que podría adoptar una eventual articulación.
Milei pretende ocupar el centro de esa fotografía. No solamente como anfitrión, sino como el dirigente que llegó antes, sobrevivió a las dificultades iniciales de su gestión y consiguió demostrar que una derecha más radical que la tradicional podía gobernar y sostenerse en el poder. La reelección argentina adquiere, desde esa perspectiva, una dimensión que excede incluso la política doméstica: sería la confirmación que necesita para presentar su experiencia como un modelo exportable.
PL/MG

El rol de la vicepresidenta en el rechazo al capítulo de extranjerización de las tierras y sus declaraciones sobre la salud mental del presidente oficializaron su quiebre con el Gobierno. Las conversaciones con el peronismo y una apuesta a candidatearla para romper el voto libertario.
Pedro Lacour - Milei quiere liderar la derecha regional, pero primero necesita a los gobernadores para reelegirse
–No hay duplicidad en esto. ¿Estás dispuesta?
-–Yo por la patria estoy dispuesta a cualquier cosa.
Grandilocuente, Victoria Villarruel selló su ruptura con el Gobierno 48 horas antes de que se debatiera la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Reunida con un senador peronista en su despacho del Congreso, la vicepresidenta aceptó colaborar con la oposición para voltear el capítulo de extranjerización de tierras. Armó un listado de senadores con los que tiene buena relación y, a pedido del bloque peronista, se puso a llamarlos para convencerlos de no acompañar la iniciativa.
No era la primera vez que Villarruel jugaba en contra de los intereses de su ex compañero de fórmula. Los funcionarios libertarios más concesivos hablan de “exceso de institucionalismo”, pero los más duros –entre los que se encuentra el propio Presidente– la llaman abiertamente “kirchnerista” y “traidora”. En la última semana, sin embargo, la vice pasó a operar como opositora y, quienes conversan con ella, aseguran que está pensando en 2027.
Empezó con la resolución para que Anabel Fernández Sagasti pudiera sesionar de manera remota, un pedido que la senadora camporista le hizo personalmente a la vice, yendo en contra de los intereses del resto del bloque peronista. El resultado estaba parejo y, pese a que los armadores de la oposición ya advertían que tenían dos votos de ventaja, Villarruel intervino para facilitar uno más en contra de la ley.
Unos días antes, en privado, ya le había advertido a José Mayans que, en caso de empate, ella estaba dispuesta a desempatar en contra del Gobierno. Milei tuvo que adelantar su viaje a Colombia para que ella se hiciera cargo del Ejecutivo y así quedara imposibilitada de votar en la sesión.
“Otra que Cobos”, ironizaban en el Senado, en donde la postura de la vice ya era un secreto a voces hace un mes. La misma Villarruel se la había expuesto a Bullrich en una pelea por WhatsApp la noche del triunfo argentino sobre Inglaterra. “Como se nota que la integridad territorial no les importa nada. Ustedes nos quieren rifar, pero no nos vamos a poner de acuerdo. Vos ya tomaste partido y yo tomo partido por Argentina”, le espetó, vía chat, la vice a la jefa del oficialismo en el Senado.
En Casa Rosada intentaron bajarle el precio a su rol en la derrota. “Hace tiempo que juega con esas reglas, es un costo hundido”, señaló un dirigente del caputismo que, como muchos funcionarios en diálogo con este medio, se preocupó menos por su juego “a lo Cobos” que por los cuestionamientos que la vice había hecho, hace una semana, a la salud mental del Presidente.
“Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”, denunció Villarruel, a través de su cuenta de Twitter, como respuesta al comentario de un usuario que comentaba un posteo de Lilia Lemoine que la acusaba de tener una sociedad política con Axel Kicillof, Marcela Pagano y el presidente de la AFA, “Chiqui” Tapia.
Para el Gobierno, Villarruel cruzó una línea roja. En menos de 24 horas, tanto el jefe de Gabinete, Diego Santilli, como el canciller, Pablo Quirno, le pidieron la renuncia a través de los medios de comunicación. “Si (Villarruel) no está de acuerdo o piensa que el Presidente está en esa condición, que además es un comentario pseudo golpista, que se corra”, se quejó Quirno, en declaraciones televisivas. “Yo no desestabilizo a nadie. Tengo apego y respeto por las instituciones del país y la Constitución nacional, todo lo hago por amor a la Patria”, le respondió Villarruel.
La vice sabe que tiene los días contados. No hay futuro posible para ella en La Libertad Avanza, y por eso ya comenzó a buscarlo en otro lado.
Hay algunos dirigentes marginales del peronismo que vienen sugiriéndolo hace rato, como Guillermo Moreno. Pero fue Miguel Ángel Pichetto –el ex candidato a vice de Mauricio Macri que se reconcilió con Cristina Fernández de Kirchner y trabaja, ahora, en un proyecto de ley para devolverle la capacidad de ser candidata– quien lo expuso con claridad a principios de esta semana: “Villarruel va a ser candidata porque en la política los resentimientos y el desprecio generan reacción. Ese electorado existe. Puede ser 4 puntos, pero es el electorado nacionalista, católico, de base militar, que en su momento apoyó a Milei y ganaron las elecciones”, aseguró el diputado peronista.
Villarruel tiene hace tiempo la fantasía de convertirse en el rostro “productivista” y “nacionalista” de un proyecto conservador alternativo a Milei. Su principal asesor es Mario “Pato” Russo, el consultor político que la conectó, allá por 2021, con Milei para fortalecer la candidatura del mediático anarcocapitalista. El desembarco de Russo como Director General del Cuerpo de Asesores del Senado hace un año coincidió con el interés de la vice de perfilarse de cara a 2027, y es él quien viene gestionando el andamiaje digital con el que busca posicionar a Villarruel.
Russo es uno de sus vínculos con el ecosistema peronista, así como su bravucón personal. Tiene varias denuncias por amenazas de parte de otros asesores y legisladores, al punto que la senadora libertaria María Emilia Orozco hizo una cuestión de privilegio en su contra en la sesión del jueves pasado. Lo acusó de tener “actitudes violentas” contra sus compañeros y solicitó que se lo removiera del cargo. La senadora libertaria se refería a los insultos y amenazas que había recibido el prosecretario parlamentario, Cristian Larsen, por parte de Russo en WhatsApp (a los que accedió elDiarioAR).
Russo no está solo detrás de la instalación de Villarruel, sino que hay también un amplio sector del peronismo que aspira a candidatearla el año que viene como un mecanismo para romper el voto libertario en las elecciones presidenciales.
El peronismo hace la misma cuenta que Karina Milei: la elección la gana quien logre fracturar al adversario político sin romper el propio electorado. La hermana presidencial apuesta a eliminar las PASO y cerrar filas con gobernadores y aliados. El peronismo, mientras tanto, mira alternativas que le permitan romper el voto libertario –así como se hizo en 2023 con la candidatura de Milei para romper el voto de Patricia Bullrich– y resistir a la propia disgregación interna.
La imagen de Villarruel, sin embargo, no es buena. La última encuesta de Atlas Intel le dio un 22% de imagen positiva y un 64% de imagen negativa, muy por debajo de otros dirigentes de la centroderecha como Mauricio Macri o Jorge Macri. Milei, en cambio, la supera por más de 15 puntos: la única dirigente oficialista que tiene menos imagen positiva que ella es, curiosamente, Karina Milei.
A la mala imagen de Villarruel se le suma otro problema: la resistencia que hay en gran parte del kirchnerismo a vincularse con una dirigencia que hizo carrera política denunciando que los genocidas condenados por delitos de lesa humanidad eran presos políticos. La Villarruel que organizaba visitas de estudiantes para ver a Rafael Videla a la cárcel o la que escribió dos libros junto a Alberto “El Gato” González, oficial de Inteligencia de la ESMA que fue condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, entre ellos las violaciones a muchas de las detenidas.
“Yo con Villarruel no voy ni a la esquina”, advierte una dirigenta de confianza de CFK, que dialoga seguido con la propia Villarruel. La expresidenta tuiteó, en su momento, que había que pedirle “pericia psiquiátrica” a quienes decían que Villarruel era peronista. Pero no son pocos los dirigentes de su entorno que vienen impulsando la candidatura de la vice como un mecanismo para dividir el voto libertario, sin importar lo poco que mida.
“Ella se está preparando para el año que viene, le puede sacar 5 puntos al tipo”, se entusiasma un importante dirigente cristinista que ya empezó a conversar con la vice, y agrega: “Después vemos cómo lo armamos”.
MCM/MG