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El rescate depende del Tesoro y no del Congreso, pero la nueva mayoría demócrata puede volverlo más costoso para Trump. El indicador que mide el peligro de impagar la deuda subió 2,5%, a 852 puntos.
Que el Capitolio (Congreso de EE UU) haya pasado este martes al control de la oposición demócrata no impedirá que en la carrera electoral de 2027, ante una suba de la demanda de dólares contra pesos, el gobierno de Donald Trump active otra vez, como en los comicios de 2025, el swap (canje de monedas) para rescatar a su estrecho aliado Javier Milei. Un rescate semejante no requiere aprobación parlamentaria, sino que lo activa directamente el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Sin embargo, la nueva mayoría demócrata lo podrá cuestionar en voz más alta y entonces se le hará políticamente más caro al presidente republicano. No por nada el riesgo país reaccionó al alza ante el resultado de las legislativas de EE UU.
“La ayuda hasta ahora nunca necesitó al Congreso y el marco legal está vigente”, explica una alta fuente del gobierno libertario. Un economista de acceso frecuente a la administración de Washington lo ratifica, pero advierte: “El rescate es del Tesoro, depende de Bessent, no pasa por el Congreso. Lo que lo complica es que Milei se ve cada vez más como un experimento fallido del que nadie querrá hacerse cargo”. Otra colega del mismo perfil, Marina Dal Poggetto, de la consultora Eco Go, lo confirma: “No necesita aprobación para hacerlo, pero si lo objeta no creo que sea lo mismo”.
Ya en las elecciones legislativas argentinas de 2025, cuando arreciaba la demanda de divisas y Bessent arrojó el salvavidas al gobierno libertario, condicionado a su triunfo, la oposición demócrata puso ese paquete como asunto crítico de la agenda pública de EE UU. Pero, claro, carecía de fuerza en tiempos de hegemonía republicana. Ahora su voz puede escucharse con más ímpetu ante una sociedad estadounidense que castigó este martes en las urnas a Trump.
“Un dato de color interesante de uno de los grandes ganadores de ayer, el candidato demócrata Abdul El-Sayed (Michigan), fue que criticó en su momento la ayuda que Trump y Bessent le dieron a Argentina”, comentó este miércoles en la red X el analista político Lucas Romero. El-Sayed había escrito en 2025: “No, no deberíamos rescatar al líder radical de la extrema derecha de Argentina. En cambio, deberíamos financiar Medicaid (seguro de salud) aquí en casa”. En 2027, otro rescate de Trump a Milei sería aún más cuestionado, y habrá que ver si los republicanos que aspiran a sucederlo en 2028 están dispuestos a pagar el precio.
En ese contexto, el riesgo país argentino reaccionó a la victoria demócrata con una suba del 2,5%, a 852 puntos básicos. El indicador de peligro de impago de la deuda se mueve al alza cuando cae la cotización de los bonos en dólares.
“Hay una discusión en el mercado sobre si el swap de US$20.000 millones se mantendrá, se eliminará o aumentará para evitar la influencia de China en la región”, opina el analista financiero Marcelo Lipovetzky. “Pero el riesgo país va a seguir subiendo, largo y tendido; para las elecciones podrías estar muy tranquilamente en la zona de 1.500. Porque no obedece a las métricas de Argentina, que son de las mejores de Latinoamérica en términos de superávit fiscal y balanza de pagos (la de divisas), sino al sentimiento de los inversores, que van a seguir vendiendo porque tienen miedo de volver a 2019 (triunfo peronista)”, agrega.
A Christian Reos, analista de la sociedad bursátil Allaria Ledesma, le preocupa que el Gobierno no reaccione para revertir la caída de la demanda de bonos de corto plazo en dólares, que no atraen al mercado pese a que ofrecen un alto rendimiento del 18%. Son títulos que pocos meses atrás se colocaron al 6% u 8%. “El Gobierno podría salir a comprar, pero ahí se nota que la cantidad de dólares está justita... Mientras, el riesgo país sube porque no hay tomadores de bonos a largo plazo, ni inversores institucionales locales, ni extranjeros; queda todo en manos de fondos chicos e inversores minoristas. En Argentina no hay fondos de pensión ni seguros ni reservas en el Banco Central ni fondos en la Anses (Administración Nacional de la Seguridad Social) porque todo el capital fue comido por el kirchnerismo; por eso hay alta volatilidad e incapacidad de reacción del Gobierno”, opina Reos.
En la sociedad AdCap, de Javier Timerman, evalúan que “en general, el resultado implica un sesgo negativo para los activos argentinos, aunque la dinámica electoral local seguirá siendo el principal determinante de su desempeño”. “Si bien el mercado anticipaba una victoria demócrata, su magnitud superó lo incorporado en los precios. Además, el resultado llega en un contexto de creciente cautela y menor apetito global por el riesgo. Como referencia, los indicadores de High Yield (alto rendimiento) que seguimos ya se encuentran en niveles de mediados de marzo de 2025, previos a la fuerte corrección posterior al Liberation Day (el día en que Trump impuso aranceles al comercio mundial). Los activos globales que más han caído en las primeras horas luego del resultado están asociados al desarrollo de tecnologías relacionadas con la IA, por cautela ante la posibilidad de mayor regulación”, añaden en AdCap.
“Para Argentina, la principal inquietud es si el respaldo estadounidense al mercado cambiario volvería a estar disponible en 2027, en caso de ser necesario”, continúa el grupo de Timerman. “La derrota republicana introduce incertidumbre, pero creemos que está sobredimensionada: la administración Trump utilizó el Exchange Stabilization Fund (ESF, Fondo de Estabilización Cambiaria), cuyo uso no requirió aprobación del Congreso. Por eso, el interrogante pasa más por la disposición política a repetir el apoyo que por una restricción legislativa inmediata. Mientras tanto, la incertidumbre electoral doméstica podría sostener la demanda de cobertura, incluso con un dólar global más débil”.
En cuanto a los bonos soberanos en dólares, los que influyen en el riesgo país, “el resultado estadounidense constituye un factor adverso, aunque esperamos que su desempeño siga más ligado a la dinámica electoral argentina y a la acumulación de reservas”, prosiguen en AdCap. “Según nuestras estimaciones, la probabilidad de reelección de Milei se ubica cerca del 50%, desde un máximo de 83% en julio pasado”.
AR

La Casa Rosada confía en que el vínculo estratégico con Estados Unidos sobrevivirá al avance demócrata, pero reconoce que el escenario político cambió. El futuro de la asistencia financiera y la falta de interlocutores con la oposición estadounidense concentran las preocupaciones.
Javier Milei eligió el silencio. Mientras Donald Trump intentaba asimilar una derrota electoral mucho más contundente de lo previsto, su principal aliado sudamericano, que viajó a España para participar de la Cumbre Iberoamericana, evitó cualquier pronunciamiento público sobre el resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos. En cambio, el Presidente compartió en su cuenta de Instagram una frase que, en medio del desconcierto que atraviesa a la derecha internacional, adquirió una resonancia particular: “El éxito no está en vencer siempre, sino en no desanimarse nunca”. Una reflexión sobre la derrota y la perseverancia, aunque sin ninguna referencia explícita a Trump ni a los comicios estadounidenses.
El mensaje apareció mientras en la Casa Rosada comenzaban a procesar las consecuencias de una elección que modificó considerablemente el escenario político en Washington. En el Gobierno esperaban un avance demócrata, pero no una derrota republicana de semejante magnitud, con resultados adversos incluso en distritos que durante décadas habían permanecido bajo control conservador. La pérdida de ambas cámaras del Congreso dejó a Trump frente a una oposición fortalecida y abrió interrogantes sobre su capacidad para sostener algunas de sus principales iniciativas durante los próximos dos años.
La primera reacción del oficialismo argentino fue intentar separar la suerte electoral de Trump de la relación estratégica que Milei construyó con Estados Unidos. La explicación es que el vínculo bilateral responde a intereses que exceden la afinidad personal e ideológica entre ambos presidentes. Sin embargo, puertas adentro reconocen que el resultado representa un golpe político para una administración que convirtió su cercanía con la Casa Blanca en uno de los principales activos de su política exterior.
“La relación con Estados Unidos es lo que nos importa”, resumieron a elDiarioAR desde la Casa Rosada, en un intento por quitarle dramatismo al resultado. La definición sintetiza la postura que el Gobierno pretende sostener de ahora en adelante: preservar el alineamiento estratégico con Washington, independientemente de las dificultades que Trump deba enfrentar durante los próximos dos años. La apuesta es que la derrota republicana no altere el respaldo político y financiero que la administración estadounidense le brindó a Milei desde su regreso a la Casa Blanca.
Durante su conferencia de prensa de este martes, cuando todavía no se habían abierto las urnas, el vocero presidencial, Adrián Ravier, había intentado despegar al Gobierno de una eventual derrota republicana. “Nuestra relación con los Estados Unidos no depende de una elección legislativa, no depende tampoco de quién sea presidente. Nosotros nos alineamos estratégicamente con los Estados Unidos como parte de nuestra política de Estado también”, sostuvo ayer. La definición buscaba anticiparse a un escenario adverso que terminó siendo todavía más complicado de lo previsto.
La cautela oficial contrasta, además, con la posición que Milei había expresado durante su última visita a Washington, cuando destacó la importancia de que Trump saliera fortalecido de los comicios. El libertario apostó desde el comienzo de su gestión a una relación privilegiada con el republicano, al punto de convertir esa cercanía en una de las principales cartas de presentación de la Argentina ante los mercados internacionales. Ahora deberá administrar las consecuencias de una derrota que debilita a su aliado sin poner en riesgo los canales de interlocución construidos durante los últimos años.
La derrota de Trump encontró a Milei lejos de Buenos Aires. El Presidente ya había partido rumbo a España, acompañado por el canciller Pablo Quirno, para participar de la Cumbre Iberoamericana, mientras parte de su equipo político permanecía en Washington. Una delegación de funcionarios y legisladores argentinos había viajado a Estados Unidos para participar de un programa de observación electoral y encuentros institucionales organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham) y el Centro de Estudios Americanos (CEA).
Entre los representantes oficialistas se encontraban el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem; el vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt; y el subsecretario de Asuntos Legales y Técnicos, Ignacio De la Riva, además de diputados de La Libertad Avanza y otros bloques. La visita incluyó actividades vinculadas con la Cámara de Comercio, la embajada argentina y el Departamento de Estado. La ausencia de integrantes de la conducción política del Gobierno también había obligado a suspender la reunión de la mesa política prevista para esta semana en Balcarce 50.
La presencia de funcionarios argentinos en Washington coincidió con un resultado que plantea una dificultad adicional para la estrategia diplomática de Milei: la Casa Rosada construyó una relación privilegiada con el universo republicano, pero prácticamente no desarrolló vínculos políticos de peso con los demócratas. Durante la conferencia del martes, Ravier evitó confirmar si la delegación argentina aprovecharía el viaje para mantener contactos con dirigentes de ese partido. “No tengo en este momento la agenda de ellos en Estados Unidos como para confirmar las reuniones que van a mantener, pero sí es importante la presencia de Argentina acompañando los comicios allí”, respondió.
La nueva composición del Congreso estadounidense vuelve más relevante esa incógnita. Los demócratas tendrán mayores herramientas para controlar las decisiones de la administración Trump, impulsar investigaciones y condicionar algunas de sus iniciativas. Aunque el presidente norteamericano conservará importantes atribuciones en materia de política exterior, su margen de maniobra será más estrecho y deberá convivir con una oposición que acaba de recibir un fuerte respaldo electoral.
Para el Gobierno argentino, el principal interrogante pasa por el futuro del apoyo financiero estadounidense. El respaldo de Trump y del secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue determinante para sostener la estrategia económica de Milei durante 2025, cuando Washington intervino para respaldar al peso argentino. En la Casa Rosada confían en que ese compromiso se mantendrá y recuerdan que el Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro estadounidense permite realizar determinadas operaciones sin necesidad de una autorización previa del Congreso.
Sin embargo, una cosa es conservar la posibilidad legal de asistir a la Argentina y otra muy distinta es hacerlo bajo la vigilancia de un Congreso controlado por los demócratas. La nueva mayoría podría impulsar investigaciones sobre las intervenciones financieras realizadas por Bessent, exigir documentación y someter a un mayor escrutinio cualquier nuevo paquete de asistencia.
La preocupación no pasa necesariamente por la interrupción inmediata de la ayuda, sino por la posibilidad de que cualquier nuevo auxilio financiero resulte políticamente más costoso para Trump, apenas diez días después de la victoria de Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro en Brasil, otro resultado adverso para los principales aliados internacionales de Milei. Aunque en la Casa Rosada evitan establecer paralelismos automáticos con la situación argentina, el retroceso de dos referentes de la derecha internacional alimentó las discusiones sobre el escenario político de 2027.
Dentro del oficialismo, sin embargo , hay quienes eligen redoblar la apuesta. Juan Pablo Carreira, conocido en las redes sociales como Juan Doe y responsable de la comunicación digital del Gobierno, reclamó que el Partido Republicano no modere sus posiciones después de la derrota. Su mensaje reflejó la postura de un sector del universo libertario que interpreta el revés electoral no como una señal para revisar el rumbo, sino como un motivo para profundizarlo. ¿TMAP?
PL / NB

Primero Lula da Silva en Brasil y ahora la ola demócrata en Estados Unidos: el peronismo observa que los aliados de Javier Milei empiezan a derrumbarse y saborea la posibilidad de una victoria. LLA matiza la derrota de su principal socio político y mira los mercados.
“Beautiful morning”, tuiteó, irónica, Cristina Fernández de Kirchner por la mañana. El peronismo estaba exultante ante la derrota electoral de Donald Trump en Estados Unidos. Los mensajes de entusiasmo llegaban desde todas las tribus, incluso de aquellas que habían viajado a Washington y se encargaban de ir anunciando, durante la madrugada del recuento, el minuto a minuto de cada estado norteamericano. Primero Lula da Silva en Brasil y ahora la ola demócrata en Estados Unidos: los aliados de Javier Milei empezaban a derrumbarse y el peronismo, aliviado, empezaba a saborear la posibilidad de una victoria.
“Esto es una paliza”, exclamó, eufórico, uno de los dirigentes peronistas que viajó a Washington cuando comenzaron a llegar las primeras señales de que el candidato demócrata de Texas, James Talerico, vencería al republicano Ken Paxton. El chiste se repetía en las redes sociales y se compartía en conversaciones privadas: que un demócrata ganara Texas era como que el peronismo ganase la provincia de Córdoba. La derrota de Trump era un sacudón para las expectativas futuras de Milei, y en el peronismo se celebraban las victorias demócratas en distritos conservadores –como Texas o Kentucky– como si fueran propias.
La lectura que predominaba en las tropas kicillofistas y massistas era que la derrota de los republicanos, más que anticipar un fracaso electoral de Milei, lo aceleraba. “Esto va a afectar las posibilidades de una nueva ayuda financiera el año que viene”, deslizó un referente cercano a Sergio Massa, quien agregó: “Encima Milei es mufa: lo que toca lo hunde”, ironizó. No fue el único: el ministro de Gobierno bonaerense, “Carli” Bianco, hizo el mismo chiste en sus redes sociales a la medianoche: “Te liquida. Fin”, tuiteó.
“Acá lo importante es que la ultraderecha no se sienta imparable”, explicó una funcionaria con asiento en La Plata, en donde también se celebraba el revés electoral de Trump, aunque con cautela. La noche anterior, después de un fin de semana de tensiones con La Cámpora, Axel Kicillof se había reunido con Máximo Kirchner para allanar el camino en la previa de la reunión del consejo del PJ bonaerense. En ese encuentro, que se realizó cuando ya se estaban cerrando las urnas en Estados Unidos, se acordó que Kirchner continuaría al frente del congreso del PJ, que es el órgano que designa la junta electoral del partido (que aprueba o rechaza las candidaturas).
Según fuentes de ambas tribus, el encuentro transcurrió con cordialidad: “La suficiente paz para que el partido pueda transitar un proceso electoral”, graficaron en el kicillofismo. La reunión del PJ bonaerense será a las 17 en La Plata, donde el partido tiene sede, y se espera que haya comentarios y festejos por el resultado de las elecciones en Estados Unidos.
Mientras el peronismo intercalaba euforia con cautela, el Gobierno guardaba silencio. En la Casa Rosada esperaban una derrota, pero la dimensión de la victoria demócrata en algunos distritos los tomó por sorpresa. Empezaron a barajar hipótesis y pusieron el foco en la migración del voto joven y blanco, que había acompañado a Trump en 2024 y que ahora se había volcado hacia los candidatos demócratas.
Según una encuesta post electoral que realizó la BBC y que compartió el consultor Gustavo Córdoba, el 70% de los menores de 30 años había votado al Partido Demócrata. “Hay un nuevo balance de poder en la sociedad norteamericana”, precisó el director de Zubán Córdoba.
En el ecosistema libertario comparten, inicialmente, el mismo diagnóstico. El encargado de sentar postura fue Santiago Caputo, uno de los pocos que estuvo comentando los resultados electorales durante la madrugada del recuento. “Según las encuestas a boca de urna de CNN, los demócratas ganaron esta noche entre los hombres blancos jóvenes por una diferencia de 17 puntos porcentuales. En 2024, Trump había ganado entre ese mismo grupo por una diferencia de 28 puntos”, señaló el asesor monotributista, que hace una semana ayudó a organizar la fuga de Flavio Bolsonaro, a través de su cuenta oficial de Twitter.
Pese al golpazo, en el Gobierno intentaron matizar el impacto de la derrota. “Hay que recordar que, en la historia de Estados Unidos, solo dos presidentes lograron ganar las elecciones de medio término: Roosevelt en 1934 y Bush en 2002”, explicó uno de los funcionarios del Ejecutivo que viajó a Washington a participar como veedor de las elecciones. La preocupación principal de LLA era el impacto que la elección tendría sobre el valor del dólar y los mercados, luego de varios días de suba del riesgo país.
“Los presidentes suelen perder las elecciones de medio término. Y ahora la situación que queda es la inversa a la que tenía Trump: una mayoría que no te permite hacer nada relevante”, sumó un dirigente del caputismo que se quedó en la Argentina, pero estuvo en contacto con varios interlocutores republicanos durante la noche.
Milei, mientras tanto, no emitió ningún comentario oficial sobre la derrota de su padrino político. Desde Madrid, a donde viajó a participar de la Cumbre Iberoamericana, el Presidente se limitó a compartir algunas reflexiones que denunciaban que la izquierda estaba llevando a la civilización “contra la pared”. Pero no hizo mención alguna sobre el fracaso de Trump o sobre las consecuencias que podrán tener sobre su propio futuro político.
En el peronismo afilaban los cuchillos: para muchos, la derrota de Trump representaba un golpe mortal a la gobernabilidad de Milei a unos pocos meses del inicio de la campaña electoral. Se abría un nuevo escenario, con la posibilidad de comenzar a tejer alianzas con sectores de la oposición que, hasta ahora, habían funcionado como aliados del Gobierno. “Cuando el barco se hunde todos empiezan a despegarse”, vaticinó un importante dirigente del peronismo.
MCM/CRM

Los perfiles, los mensajes y las tácticas de los demócratas que ganaron en las 'midterms' son tan variados como Estados Unidos, pero apuntan a un relevo generacional y marcan en los dos partidos el final de una década turbulenta.
James Talarico, antiguo seminarista, “progresista cristiano” y recién elegido senador de Texas con 37 años, cita a menudo los Evangelios. Abdul El-Sayed, médico de Detroit, ganó en Michigan con un mensaje crítico hasta con su propio partido y la seguridad en sí mismo del “Bruce Springsteen musulmán”, según un asesor (el cantante también lo apoyó). La pediatra Annie Andrews arrasó en Carolina del Sur con un mensaje centrado en el peligro para la salud de las políticas antivacunas del Gobierno. Adam Hamilton, pastor metodista de 62 años y exrepublicano, logró el primer escaño para el Partido Demócrata en Kansas desde 1932 con una llamada a la concordia.
Los perfiles, los mensajes y las tácticas de los demócratas que ganaron este martes son tan variados como el país, pero apuntan a una nueva generación descontenta con el statu quo. La profundidad de la derrota del Partido Republicano y su estrecha relación con Donald Trump explican las victorias en lugares muy diferentes. Los candidatos más progresistas estaban concentrados en la Costa Este y el Medio Oeste, pero las victorias por mayor margen y más sorprendentes por el entorno más conservador fueron en el sur y suroeste del país, donde los demócratas se presentaron como moderados en busca de consenso.
Según Hamilton, fue una victoria “contra la grosería y la crueldad”. Para Talarico, “contra los multimillonarios” y la “política de la división”.
“Los malos perdieron”, dijo El-Sayed antes de reírse de que JD Vance tenga que tomarle juramento para el cargo y que Trump tenga que llamarle “senador”. “Parece que hemos hecho un poco de historia”, dijo Andrews, que le dio las gracias a su contrincante republicana y le deseó “lo mejor” para ella y su familia, la del difunto senador Lindsey Graham.
El análisis demográfico de datos del New York Times, el más completo y rápido hasta la fecha, muestra que el giro hacia el Partido Demócrata fue especialmente pronunciado entre los jóvenes, en particular los hombres, y los hispanos, en comparación con las presidenciales de 2024.
La era Trump se termina, pero lo que venga después está lleno de incógnitas mientras los dos grandes partidos se reconstruyen después de una década turbulenta. En el arranque de la carrera presidencial de 2028, no hay una única lección salida de estas elecciones más allá del repudio del actual presidente y sus políticas. Incluso el mensaje que triunfó no es único.
Según la encuesta de la agencia AP, los votantes aseguran haberse movilizado por la subida de precios –punto para los demócratas que insistieron en centrarse en la vida cotidiana–, el estado de la democracia –del abuso de las libertades civiles a la persecución de migrantes, punto para quienes subrayaron los principios– y en la oposición a los centros de datos, el último símbolo del impacto de los tecnoligarcas– punto para los defensores del mensaje contra la desigualdad y la corrupción–.
La mayoría de los votantes dicen en la encuesta que su voto es una forma de expresar su oposición a Trump. Pero el presidente ya no se puede presentar a las elecciones de 2028 por la limitación de mandatos.
Los aspirantes demócratas necesitarán un mensaje claro y común más allá de la oposición a uno de los políticos más polarizadores de toda la historia del país. Los candidatos republicanos tendrán la tarea aún más difícil de volverse a definir sin el hombre que marcó sus vidas y sus carreras de manera tal vez irreversible.
En el concurrido listado de posibles aspirantes demócratas a la Casa Blanca, la líder según las encuestas ahora para las primarias de 2028 es Kamala Harris, la vicepresidenta derrotada en 2024 por Trump. El segundo más popular es Gavin Newsom, el gobernador de California que asegura que no se presentará contra su colega de partido, también californiana. Pero las elecciones de este martes abrirán también más oportunidades para la nueva generación de demócratas.
Entre las estrellas emergentes está Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista de Nueva York del ala progresista del Partido Demócrata y que ha dado pasos para atraer a votantes más conservadores y más allá de la Costa Este. Incluso ha despertado críticas de los activistas más a la izquierda por haber criticado algunas de las posiciones del pasado o su retórica.
Ocasio-Cortez, que fue reelegida este martes en su distrito de Queens y el Bronx con el 79% de los votos, insiste en que el partido tiene que hacer un esfuerzo para abrirse a votantes y activistas de todo tipo en un país muy variado. Según publicaba el New York Times, incluso le ha pedido a sus compañeros del grupo socialista dentro del partido que tengan una “cultura más inclusiva” y eviten la “intimidación” a líderes y votantes, en particular sobre la guerra de Gaza.
Una de las posibilidades para la popular política, que acaba de cumplir 37 años, es presentarse al Senado, una plataforma previa habitual para carreras presidenciales.
La lista es larga y todavía puede incluir a algunos de los que aseguran que no quieren presentarse, como Jon Ossoff, experiodista de investigación y popular senador de Georgia, reelegido este martes por 18 puntos y bautizado ya como “el nuevo Barack Obama” por su carisma y su capacidad retórica. Con 39 años, es ahora el senador más joven. Talarico le quitará ese título en enero, cuando tome posesión.
Ossoff es ahora el favorito en el mercado de apuestas, si bien las encuestas muestran que aún es poco conocido en el país.
El reto dentro del Partido Republicano es todavía mayor después de una década en la que Trump ha sido la única marca reconocible. Los favoritos en las encuestas para las primarias republicanas son ahora el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio. Antiguos críticos del presidente han defendido en los dos últimos años sus políticas, su personalidad, sus insultos y su agenda aunque estuviera en contradicción con sus propios mensajes durante años. Vance ha dado los primeros pasos para separarse de su legado.
“La razón por la que hemos perdido es la guerra”, escribió Vance en un mensaje en redes este miércoles. “Si alguien quiere argumentar que mereció la pena, que mereció la pena perder el Senado para los próximos seis años, que lo haga”.
En las últimas horas, Ron DeSantis, el gobernador de Florida que intentó ser candidato en 2024 y que se presentaba como un Trump más moderado, también ha dicho que la guerra de Irán ha sido “un gran dolor de cabeza” para los votantes. “Tenemos que ser sinceros. La gasolina está más alta. Perjudica a la gente, a la gente trabajadora, y está más alta por este conflicto. Esto es un hecho”, dijo tras el resultado para su partido. Él no se presentaba a la reelección, y el gobernador elegido en Florida, Byron Donalds, es un fiel defensor de Trump. Donalds es el primer afroamericano en el cargo.
Lo que tienen en común la mayoría de los aspirantes es que pertenecen a una generación más joven y nueva en la política después de una década marcada por políticos especialmente mayores. El relevo abre una nueva era más allá de Trump y del contexto que ayudó a su ascenso.
“No sé qué nos traerán los próximos dos años. La política de Estados Unidos me sigue sorprendiendo”, escribe el historiador Garrett Graff. “Pero lo que sé es que el proyecto inacabado de Estados Unidos tiene ahora mejores oportunidades. La reconstrucción con mayúsculas es posible”.
Graff publica este mes un libro sobre como Estados Unidos ha mejorado a lo largo de la historia, America in 25 Revolutions. Sigue siendo optimista pese a los “largos capítulos oscuros”, como contaba en una entrevista a elDiario.es en septiembre.
“Cuando lo mides no a través de años, sino a través de generaciones, es un país que siempre se ha esforzado por ser mejor, más fuerte, más justo y más igualitario en casa. No quiere decir que lo hayamos hecho todo bien, pero desde luego este es un momento donde los estadounidenses necesitan esperanza y optimismo”, decía. ¿Así que hay vida después de Trump? Su respuesta fue rotunda: “Sí”.

El presidente de EE.UU. se llevó una paliza histórica en las elecciones de mitad de mandato, perdiendo el control del Congreso en unos comicios que él mismo presentó como plebiscitarios, mientras JD Vance ya está culpando a la guerra de Irán desatada por Trump y Netanyahu.
“El cambio de régimen se produjo en Texas y Kansas, no en Teherán”. La frase, de un activista de derechos humanos, define muy bien lo que pasó en estas midterms en Estados Unidos. De la misma manera que los estadounidenses se entregaron al trumpismo hace dos años sabiendo lo que hacían, este martes decretaron el principio del fin de la era trumpista en unas elecciones de mitad de mandato que han supusieron una derrota histórica para el partido del Gobierno, en este caso el republicano.
Y lo hicieron con votantes de Donald Trump que votaron demócrata porque la agenda ultra de la Casa Blanca empeoró sus condiciones materiales de vida: el precio astronómico del diésel –6,3 dólares de media el galón, cuando hace un año era de 3,7–, como consecuencia de la guerra ilegal en Irán, repercute directamente en los gastos de producción de granjeros y ganaderos del centro de EE.UU., además de en todos los procesos industriales a lo largo y ancho del país.
Trump intentó remediarlo a la desesperada rehabilitando a Vladímir Putin y al petróleo ruso, pero sin éxito en las gasolineras estadounidenses.
De la misma manera, los aranceles unilaterales de Trump repercutieron en el coste de la vida de los votantes, hasta el punto de que se aprobó una amnistía temporal para la carne de Argentina y Brasil con el fin de buscar una bajada de los precios que no se llegó a producir, pero que sí logró enfadar a los productores en estados como Nebraska.
Trump prometió mejorar la vida de la gente, y lo que trajo fue guerra e inflación, regalando a los demócratas la autopista política del affordability, la preocupación por el coste de la vida.
Las urnas marcaron a los estadounidenses el inicio del fin de la era de Trump, un presidente de 80 años que entra en el tramo final de su segundo mandato, sin posibilidades de reelección, y que planteó las elecciones del martes como un plebiscito sobre su gestión. “Votad pensando que estoy en la papeleta”, no paró de decir desde principios de septiembre.
Y todo apunta a que eso es precisamente lo que hicieron los votantes, teniendo en cuenta que sólo el 30% de los encuestados aprueba su gestión.
Eso sí, Trump prefiere hacer como si no fuera con él. Este mismo miércoles se pronunciaba así sobre el impacto de la guerra en Irán en la derrota electoral: “Es cierto en gran medida porque provocó una ligera subida del precio de la gasolina a corto plazo. Pero, al mismo tiempo, si tuviera que volver a hacerlo, lo haría de nuevo porque, a largo plazo, es la única solución. No se puede permitir que Irán tenga un arma nuclear. No hay otra opción. Hay que hacerlo. No se puede permitir que Irán tenga un arma nuclear, o todo lo que ves aquí podría dejar de existir algún día, y quizá este edificio sea el único que quede en pie. Probablemente, esa sea la razón principal: el precio, no la guerra. El precio. Y te digo que, si yo me hubiera presentado a las elecciones, habríamos ganado”.
Trump entra de lleno en el terreno del pato cojo, el del presidente que ya no tiene capacidad de convencer a nadie porque está de salida y se queda sin resortes para imponer su voluntad.
Tiene el Congreso en contra. Es verdad que no todos los demócratas son iguales y que los del establishment se financian de los mismos bolsillos que los republicanos del otro lado del pasillo y son más dados a la colaboración con la Casa Blanca que el ala progresista. Pero también es cierto que hay poco apetito por llegar a acuerdos con un presidente que les insulta cada día y que lleva dos años saltándose los límites de sus atribuciones, en constantes choques con el legislativo, el judicial y la prensa.
Y los demócratas tienen dos vías fundamentales: el control de las partidas presupuestarias y las comisiones de investigación. La primera vía es más efectiva e incide directamente sobre lo que se puede o no se puede hacer. La segunda tiene efectos fundamentalmente políticos o mediáticos.
Mientras los demócratas se encaminan a unas primarias para las presidenciales de 2028 en las que la familia progresista querrá presentar batalla, como ya hizo en el pasado con Bernie Sanders, y para las que la congresista Alexandria Ocasio-Cortez es la mejor situada, los republicanos ya empezaron a navajearse.
Así, JD Vance, vicepresidente de la Administración Trump que inició los bombardeos en Irán de forma unilateral e ilegal el 28 de febrero pasado en Irán, ya culpó a la guerra de la debacle en las midterms. No esperó ni 24 horas.
Según un encuestador citado por Vance, las cuatro principales preocupaciones de los estadounidenses tenían que ver con la agenda ultra de Trump: “Acabar con la guerra; centrarse en el coste de la vida y la inflación; poner a Estados Unidos primero; y cambiar nuestra relación con Israel”.
“Nuestros votantes acudieron a las urnas. Y las cuatro razones anteriores son las que llevaron a muchos de ellos a votar a los demócratas”, señala Vance: “La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche. Si quieren argumentar que valió la pena, que perder el Senado durante los próximos seis años mereció la pena, háganlo. Argumentad que fue un precio que valió la pena pagar. Pero todo el mundo sabe por qué hemos perdido. Y cualquier conversación honesta sobre hacia dónde vamos a partir de aquí debe empezar por ahí. A quienes estáis cabreados y queréis decir: 'Os lo dije', tenéis razón, nos lo dijisteis. Canalizad esa energía para votar a los republicanos que comparten vuestra visión del mundo. A quienes simplemente estáis cabreados por los resultados, tenéis motivos para estarlo. Aprovechemos esa ira y volvamos al trabajo de salvar nuestro país”.
El argumento de Vance, que no lo expresó públicamente desde el inicio de los bombardeos sobre Irán el pasado 28 de febrero, sí fue manifestado por algunos referentes del mundo MAGA en los últimos meses, como Tucker Carlson, Marjorie Taylor Greene y Megyn Kelly, que veían una contradicción entre el America First y bombardear Irán de la mano de Israel.
Hasta tal punto es así, que el propio Carlson, que hizo campaña con el líder MAGA en las presidenciales de 2024, afirmó hace unos días que Trump estaba dispuesto a lanzar un ataque nuclear contra Irán.
El movimiento de ruptura de Vance con respecto a Trump tendrá consecuencias para lo que queda de legislatura: el vicepresidente es el miembro del gabinete que tiene más difícil distanciarse de la Casa Blanca, pero tampoco lo tendrá fácil otro posible candidato, como Marco Rubio, quien siempre fue generoso en regalarle el oído al presidente.
Fuera quedan otros menos salpicados por las acusaciones de corrupción contra la familia Trump y su entramado económico, así como por su agenda ultra, como es el caso del gobernador saliente de Florida, Ron DeSantis, que ya concurrió en el pasado a las primarias republicanas.
Mientras tanto, Trump está entrando de lleno en el final de su mandato vapuleado en las urnas y con un cisma interno.