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En un año, tres plataformas construyeron en Argentina un mercado que no existía. Con el argumento de reducir desperdicios y cuidar el medio ambiente, venden a la clase media pauperizada la comida que antes se donaba a comedores, fuertemente perjudicados por este nuevo “competidor”.
Panchos, hamburguesas y alfajores, rápido y de parado: el achicamiento de la clase media redefine la gastronomía
La bolsa llega sellada. Adentro puede haber cualquier tipo de lácteos, vencidos, a punto de vencer o los que nadie compra. El precio original es de $15.000. La app Cheaf lo cobra a $7.500. Antes de abrirla, la pantalla informa cuántos kilos de dióxido de carbono no fueron emitidos gracias a que la bolsa no se tiró.
“Rescaté comida y ahorré un 50%”, dijo una usuaria frente a la cámara de Telenoche en mayo del año pasado, a unos meses de que Cheaf se instale en el país. La joven había retirado su primera bolsa sorpresa en un Jumbo de Buenos Aires. Adentro encontró unos cuantos potes de yogurt que vencían al día siguiente. Se va contenta a su casa, sintiendo que ahorró y que le hizo un bien al medio ambiente.
Y es que la clase media no solo vive cada vez más a base de comida chatarra. También está consumiendo alimento vencido. O a punto de vencer. Este es el nuevo sistema exitoso de las aplicaciones que crecen en las regiones donde la clase media se licua, vendiendo a mitad de precio los productos que antes los supermercados tiraban o regalaban. “Argentina es el mercado de mayor crecimiento dentro de los países donde operamos”, confirmó Kim Durand, CEO y cofundador de Cheaf, al cumplirse un año de su desembarco.
Cheaf es una aplicación mexicana que conecta supermercados, panaderías y restaurantes con usuarios que compran, con descuentos de entre 50 y 70 por ciento, alimentos próximos a su fecha de vencimiento, en bolsas cuyo contenido se desconoce hasta el momento del retiro. Aterrizó en Argentina el 11 de febrero de 2025 con tres locales. En poco más de un año acumuló 1,4 millones de descargas, 466 comercios adheridos en 77 ciudades de 18 provincias. Es el lanzamiento de mayor crecimiento de su historia regional, que incluye México, Chile y Colombia.
Sin embargo, Cheaf no creció sola. En enero de 2025, la app argentina Kigüi, que devuelve parte del dinero sobre productos ya comprados que están a punto de vencer, cerró rondas de inversión con The Yield Lab y Amazon por US$1,85 millones y sumó 300.000 descargas y 100.000 usuarios activos.
En abril llegó desde Uruguay “Buen Provecho”, con descuentos de entre el 35 y el 50 por ciento en alimentos frescos y excedentes, con planes de alcanzar 1.000 locales en Argentina antes de fin de 2026. “Nos pareció muy importante traer la app acá por su inflación y la caída en el consumo”, razonó Daniela Lejtreger, CEO de la app. Juntas, las tres plataformas construyeron en un año un mercado en expansión que en 2024 no existía.
Cheaf opera exclusivamente a través de la app y se paga con tarjeta. Kigüi reintegra el cashback a una cuenta bancaria o a Mercado Pago. El modelo excluye a quien no tiene acceso al sistema financiero digital. Su público es la clase media venida a menos. Buen Provecho, por ejemplo, apunta a “jefes y jefas de familia de 30 a 50 años” y a “jóvenes de 20 a 30 años con presupuesto limitado”.
Al mismo tiempo que este segmento de la sociedad estira sus bolsillos con una tendencia promocionada como “ética” y “ambiental”, los sectores más postergados, que subsisten en parte gracias al alimento donado a comedores, se ven perjudicados.
En Córdoba, el Banco de Alimentos que suministra productos a organizaciones y comedores atraviesa desde fines de 2025 una caída pronunciada en las donaciones de supermercados: pasó de recolectar 15 bultos por sucursal a obtener apenas cinco. Los productos próximos a vencer que antes llegaban a la institución se canalizan ahora hacia las plataformas de descuento. El resultado es una lista de espera de comedores barriales que piden auxilio y no pueden ser incorporados por falta de stock.
“Desde septiembre del año pasado cayó la donación de alimentos sobre todo de supermercados, que pasaron de entregarnos 15 a cinco bultos. Las aplicaciones que ofrecen productos a punto de vencer son un competidor muy importante, porque la gente aprovecha los descuentos. Esos alimentos antes venían en gran cantidad y ahora está siendo muy reducido”, confirmó Alejandro Ruíz Díaz, del Banco de Alimentos de Córdoba. “Tratamos de darle un poco a cada uno. Por ahí el combo no sale con la cantidad de kilos que salía antes, pero la idea es que pueda alcanzar a más organizaciones”, agregó.
Isabel de Elizalde, de la panadería Hausbrot, uno de los locales que se sumó a Cheaf, explicó la transición a la Agencia de Noticias de Comunicación de la UBA: “Con la situación del país se hizo complicado sostener tanta cantidad de donaciones y cuando leímos sobre Cheaf nos pusimos en contacto con ellos.”
El discurso de estas plataformas habla de toneladas rescatadas, kilos de CO2 evitados, consumo responsable. Ese relato está construido sobre un problema real, ya que Argentina desecha 16 millones de toneladas de alimentos por año, el 12,5 por ciento de su producción agroalimentaria, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. La retórica es la sostenibilidad, pero el motor es la caída del consumo.
Las ventas en supermercados cayeron un 11% durante 2024, según el INDEC, y los autoservicios mayoristas –refugio de quienes compran en cantidad para estirar el presupuesto– se hundieron un 15%. Además, los precios de los servicios –gas, electricidad, transporte– aumentaron entre 350% y 707% en el primer año de la gestión Milei, según un informe del Centro RA de la UBA.
Fue la clase media la que absorbió el impacto con mayor virulencia. Un relevamiento del Instituto Argentina Grande sobre los microdatos de la EPH-INDEC del segundo trimestre de 2025 reveló que el 53% de los hogares de ingresos medios debió gastar sus ahorros, vender pertenencias o endeudarse para llegar a fin de mes, superando incluso a los sectores de menores ingresos. La morosidad en créditos personales alcanzó el 9,1%, el registro más alto de la serie histórica. Lo que antes era un colchón, hoy es una lona.
“Creo que la gente usa la app más por la cuestión del ahorro. Lo ambiental suena bien y está bueno como conducta de vida, pero a la gente realmente la mueve la plata, no la mueve que se tire una galletita y se desperdicie”, dijo a ANCCOM Marino Steiner, dueño del almacén Oliva Don Mateo, uno de los comercios adheridos a Cheaf.
“Miren lo que me pedí por $8.000 PESITOS”, celebró esta semana La Jefa del Ahorro, la cuenta más influyentes del universo del ahorro, uno de los rubros que más creció entre los creadores de contenido. Mostraba una imagen con 6 yogures y un queso crema. “Existe una app donde los locales arman paquetes con la comida que sobró del día...”, explicaba.
“No podés promocionas las sobras”, la cruzó un usuario. “Es la versión virtual y cool de llevar un carro y pedir las sobras del día en la panadería”, agregó otro. “Se llama 'cheaf', en otros países se llama SER POBRE”, protestó un tercero. “Manusma” se quejó de la tómbola: “A nosotros nos decía 'lácteos' y nos clavaron 6 margarinas que estaban a 4 días de vencer”.
Pero otras se sintieron satisfechas. “Las bolsas de Cheaf son una maravilla, por 20 lucas me vino una torta cabsha, dos muffins, una masa de tarta y una tarta de frutas”, dijo un usuario. “Rescaté una bolsa de lácteos y me vino una horma de queso. Te lo entregan con el valor real, entonces podés ver cuánto ahorrás. Esa bolsa costaba más de 11 mil pesos y yo la pagué 7 mil”, agregó otra.
Y están quienes la usan de forma estratégica: “Viene bien para la merienda en el parque, o si es el cumpleaños de tu nene y vienen muchos amiguitos, comprás panificados y te olvidás”, cerró una usuaria en la reseña de Google Play.
LN/MG

Entre influencers, inteligencia artificial, estrellas de Hollywood y drogas para adelgazar, cada vez más mujeres viven atrapadas en la exigencia de ser flacas. Especialistas advierten cómo las redes sociales, el mercado y los mandatos sobre la feminidad profundizan una relación cada vez más violenta con el cuerpo.
La delgadez siempre fue presentada como una aspiración social, aunque detrás de ese ideal se esconde un problema que atraviesa generaciones. Ahora, además, a esa presión se le suman algoritmos, inteligencia artificial, influencers que dicen qué hacer, una industria farmacéutica que vende inyecciones “mágicas” y una sociedad cada vez más perdida entre lo virtual y lo real.
En ese contexto, la extrema delgadez de figuras como Demi Moore o Nathy Peluso volvió a instalar debates sobre los cuerpos, los modelos de belleza y las nuevas formas de presión estética.
Antes se llamaba dieta. Ahora se llama detox. O wellness. O hábitos saludables. Ya no se habla solamente de bajar de peso, sino de “desinflamar”, “limpiar el cuerpo”, “verse mejor”, “sentirse bien”. La lógica es más sofisticada, pero el mensaje sigue siendo el mismo: hay que achicarse.
Los detox están de moda hace rato. Se venden jugos verdes, ayunos intermitentes, desayunos proteicos y rutinas imposibles bajo la promesa de bienestar y éxito personal. La disciplina aparece como virtud máxima: si no vas al gimnasio, si no comés orgánico, si no controlás tu cuerpo, pareciera que también fracasás en todo lo demás.
Pero hacer dieta también es un privilegio de clase. Las comidas orgánicas que muestran las celebridades de Hollywood son, en Argentina, inaccesibles para gran parte de la población. Aun así, el ideal circula igual. Y muchas intentan alcanzarlo.
Una pregunta abierta en Instagram bastó para que aparecieran cientos de respuestas. “¿Cómo se sienten con su cuerpo hoy?”, decía la consigna. Mujeres de entre 20 y 75 años hablaron de frustración, cansancio, obsesión, tristeza e impotencia. Todas atravesadas por lo mismo, sin importar la edad.
“Estoy a dieta desde muy chica. Después nunca paré”, contó una de ellas. Otra relató: “Fui hace poco a una clínica médica. Le conté que venía haciendo dieta y me recetó Ozempic directo, sin preguntarme nada”.
Muchas describieron una relación conflictiva con la comida desde la infancia. “Hay algo que se repite: si estás mal, dejás de comer. Es una forma de tapar algo. La dieta es muy común, pero atrás hay otra cosa: obsesión, perfección, control. Y ahí aparece la dismorfia. Te mirás al espejo y te ves gorda, aunque no sea así”, explicó una entrevistada.
Otra resumió el efecto de las redes sociales en una frase brutal: “Tengo la mente destruida. El algoritmo me debe escuchar, porque me empieza a mostrar formas mágicas de conseguir el cuerpo perfecto”.
Betina Lippenholtz, investigadora y coautora del libro Investigar con IA, explicó cómo funcionan esos mecanismos invisibles que terminan moldeando consumos, inseguridades y deseos.
“Las empresas toman información de cualquier plataforma: un like, una pausa, una búsqueda, un posteo, incluso una foto de bikini que miraste tres segundos. La inteligencia artificial aspira toda esa información y crea una fórmula para devolverte exactamente aquello que, aunque no lo hayas pedido, le dijiste que querías”, señaló. “La IA no escucha. Lee. Recibe datos y devuelve datos. Tu huella digital funciona como migas de pan”, agregó.
El resultado es un bombardeo constante de contenido personalizado sobre dietas, ejercicios, tratamientos estéticos y cuerpos perfectos. El algoritmo monetiza la inseguridad.
La prueba también llegó con la propia inteligencia artificial. Ante una consulta sobre cómo adelgazar rápido con inyecciones, ChatGPT respondió recomendando distintas drogas para bajar de peso, entre ellas Ozempic, explicó sus usos y hasta sugirió cómo conseguirlas. Los posibles efectos adversos solo aparecieron después de insistir con preguntas específicas.
Ozempic nació como un medicamento para tratar la diabetes tipo 2, pero en los últimos años se convirtió en una de las drogas más buscadas para adelgazar.
Julieta Tkatch, médica especialista en endocrinología del Hospital Durand, explicó que el problema no está necesariamente en el medicamento, sino en el uso indiscriminado y en la expectativa que se genera alrededor. “Para la obesidad y ciertas comorbilidades es una herramienta muy buena. La droga es segura y efectiva, y vino a cambiar el paradigma en el tratamiento de la obesidad”, sostuvo.
Sin embargo, advirtió que muchas personas llegan al consultorio buscando una solución mágica. “El paciente tiene que entender que esto es un proceso. Vivimos en una sociedad resultadista, donde todo tiene que pasar rápido. Y bajar de peso no es la excepción”. Tkatch también remarcó cómo las exigencias estéticas alcanzan cada vez más a mujeres jóvenes. “Vemos chicas divinas haciéndose tratamientos innecesarios todo el tiempo. Esta droga también forma parte de ese universo estético”.
En la institución La Casita, especializada en trastornos de la alimentación, trabajan con adolescentes y familias atravesadas por estas problemáticas. Una de las frases que aparece en sus redes resume gran parte del conflicto: “No se trata de la comida. Nunca lo fue”.
Paula Hernández, coordinadora del espacio, explicó que el culto a la delgadez se naturalizó al punto de convertirse en un ideal aspiracional permanente. “Cada vez más chicas consultan por este problema. Muchas vienen de familias dietantes o donde existe un culto muy fuerte a la delgadez. Además están atrapadas por las redes sociales y sienten que siendo flacas pertenecen”, explicó. Cuando se le preguntó si la delgadez sigue asociada a la felicidad, respondió sin dudar: “Absolutamente”.
Para Débora Tajer, doctora en Psicología, profesora de la UBA y psicoanalista, la presión sobre el cuerpo femenino no puede separarse de los mandatos históricos sobre la feminidad. “No es algo intrínseco a las mujeres, sino un entramado social y cultural que se transmite de generación en generación”, explicó.
“La sociedad patriarcal convierte a las mujeres en cuerpos: cuerpos para la procreación, para el sexo, para los cuidados. No somos sujetos, somos objetos valorados por el cuerpo. Por eso todo se deposita ahí”, sostuvo. Según Tajer, existe además toda una maquinaria económica construida alrededor de esa exigencia. “El cuerpo es un lugar donde se hacen negocios. Hay una oferta comercial permanente para que las mujeres intenten alcanzar un ideal imposible”.
Mientras tanto, entre filtros, algoritmos y promesas de felicidad instantánea, la relación con el cuerpo parece volverse cada vez más cruel. Como escribió Naomi Wolf en El mito de la belleza: “Nuestra insatisfacción sigue devorando nuestro tiempo, energía y alegría. Y generando dinero”.
LS/CRM

El sistema fue presentado como una herramienta de inteligencia artificial para anticipar escenarios sociales, pero generó cuestionamientos por el posible cruce masivo de datos personales y sospechas de vínculos con la firma tecnológica Palantir.
El presidente Javier Milei presentó este viernes el denominado “Gemelo Digital Social”, una plataforma de inteligencia artificial impulsada por el Ministerio de Capital Humano que busca centralizar información estatal y anticipar escenarios vinculados a políticas sociales. El anuncio fue difundido a través de un video publicado en redes sociales, donde el mandatario sostuvo que “Argentina se adelanta al futuro” y calificó la iniciativa como “un cambio de paradigma” en el uso de IA aplicada a la gestión pública.
La herramienta, desarrollada bajo la órbita del ministerio encabezado por Sandra Pettovello, fue presentada como un sistema capaz de “simular escenarios, anticipar impactos y optimizar decisiones en tiempo real” mediante el cruce de múltiples bases de datos. Según el video oficial, el objetivo es construir “una sola visión” de la información social para acompañar a las personas “desde la infancia hasta la autonomía”.
El lanzamiento quedó rápidamente envuelto en polémica por las sospechas de un eventual vínculo con Palantir Technologies, la firma de análisis de datos ligada al magnate Peter Thiel, quien semanas atrás visitó a Javier Milei en la Argentina. Palantir es conocida por desarrollar sistemas de inteligencia y vigilancia utilizados por organismos como la CIA, el FBI y la NSA, además de colaborar en tareas de seguridad y defensa en distintos países.
Aunque el Gobierno no confirmó oficialmente ninguna asociación con la compañía, el anuncio despertó cuestionamientos de dirigentes políticos, especialistas en tecnología y organizaciones vinculadas a los derechos digitales. Uno de los que reaccionó fue el programador y divulgador tecnológico Maximiliano Firtman, quien escribió en redes sociales: “¿Se acuerdan de Peter Thiel? Su empresa, Palantir, vende un servicio que se llama ‘Gemelo Digital’, justo como el programa que presentó el presidente con ese video editado en estilo estafa piramidal”.
También se pronunció el diputado nacional Esteban Paulón, quien cuestionó el alcance de la iniciativa y presentó un pedido de informes en el Congreso. “¿Gemelo o Gran Hermano? El anuncio sobre la implementación del programa ‘gemelo digital social’ es preocupante y nos hace acordar a lo peor de Orwell y 1984”, señaló. Además, sostuvo que el Gobierno “avanza en un plan que vulnera la privacidad y el cuidado de datos personales”.
En la misma línea, el exdiputado Alejandro Rodríguez advirtió sobre el posible uso político de la información recolectada. “Milei le entrega a Palantir el manejo de datos de las personas que debe resguardar el Estado. ¿Para qué? Para uso electoral y de negocios”, cuestionó.
Las críticas también llegaron desde el ámbito especializado en inteligencia artificial. El analista Ariel Garbarz alertó sobre la capacidad de este tipo de sistemas para integrar información sensible de múltiples organismos públicos y privados. Según indicó, plataformas de este tipo podrían conectar datos provenientes de DNI, Anses, bancos, salud, educación, migraciones, telecomunicaciones y geolocalización, reduciendo “la entropía observable” de la sociedad mediante vigilancia algorítmica.
A las repercusiones políticas y técnicas se sumó además un pedido formal de acceso a la información pública presentado por la Fundación Vía Libre ante el Ministerio de Capital Humano y la Agencia de Acceso a la Información Pública. En el documento, la organización expresó su “fuerte preocupación” por el posible impacto del sistema sobre la privacidad y la protección de datos personales.
La presentación reclama precisiones sobre la normativa que habilita el programa, el tipo de datos que serán utilizados, los organismos estatales involucrados y la eventual participación de empresas tecnológicas privadas. También consulta si existieron reuniones con representantes de Palantir o con Peter Thiel en el marco del desarrollo del proyecto.
Además, la fundación pidió detalles sobre eventuales decisiones automatizadas tomadas por el sistema, posibles sesgos algorítmicos y medidas de seguridad para resguardar la información personal de millones de ciudadanos.
JIB

El Presidente se hizo eco de un lanzamiento del ministerio de Sandra Pettovello. Aseguran que sirve para "simular escenarios, anticipar impactos, optimizar decisiones en tiempo real".
El Gobierno lanzó este viernes una plataforma de inteligencia artificial que busca cruzar datos ciudadanos para el desarrollo de políticas públicas. El presidente Javier Milei difundió este viernes un video en el cual dio a conocer al primer “Gemelo Digital Social”, una herramienta de desarrollada por el Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello.
El anuncio está alineado a la flamante política libertaria conectada al magnate Peter Thiel, dueño de Palantir, quien visitó a Milei semanas atrás y que se instaló con su familia en Buenos Aires. Palantir es un sistema de entrecruzamiento de datos ciudadanos que ya funciona en varios países con objetivos finales en videovigilancia, defensa y seguridad.
“ARGENTINA SE ADELANTA AL FUTURO, PORQUE EL FUTURO NO ESPERA. Por primera vez, nuestro país lidera el futuro social. El Ministerio de Capital Humano presenta el Gemelo Digital: un cambio de paradigma en la política social con el uso de Inteligencia Artificial. MAGA. VLLC!”, expresó Milei en un mensaje que publicó en sus redes sociales.
En el video posteado por Milei se ven diversas imágenes con una voz en off que indic: “Por primera vez Argentina lidera un cambio de paradigma en políticas sociales con Inteligencia Artificial. Antes había información dispersa, decisiones sin precisión, fragmentación institucional”.
“El futuro empieza hoy, el primer Gemelo Digital Social para simular escenarios, anticipar impactos, optimizar decisiones en tiempo real. Políticas basadas en evidencia, múltiples fuentes, única base de datos”, añade. El video tiene un curioso error de tipeo porque habla de “predicir el futuro”.
Asimismo, señala: “IA que identifica lo relevante, proyecta escenarios, convierte la experiencia social. Inteligencia pública. Una sola visión, múltiples dimensiones. Primer sistema que ayuda a predecir el futuro desde la infancia hasta la autonomía anticipando el impacto social de cada etapa”. Y concluye: “Convocamos a los principales actores del mundo, primer modelo global que permite tomar mejores decisiones liderado por el Ministerio de Capital Humano. De la resistencia reactiva al Estado que anticipa”.
elDiarioAR consultó en Capital Humano detalles al respecto pero no obtuvo respuesta. Sí hubo otras repercusiones: “Milei le entrega a Palantir (Thiel) el manejo de datos de las personas que debe resguardar el Estado ¿Para qué? Para uso electoral y de negocios”, cuestionó el exdiputado Alejandro “Topo” Rodríguez, director del Instituto Consenso Federal. “Para el poder, una sociedad libre, dispersa, contradictoria y no totalmente integrada tiene alta entropía. Palantir reduce esa entropía observable conectando DNI, CUIT, ARCA, ANSES, migraciones, bancos, salud, educación, justicia, aduanas, telecomunicaciones, cámaras, geolocalización y redes”, advirtió el especialista en IA Ariel Garbarz.
Sin confirmación oficial de un desembarco de Palantir, elDiarioAR reveló el avance de marcos regulatorios bajo el mileísmo orientados a facilitar el ingreso de la empresa del tecnofascista Thiel al país, en medio de cambios impulsados por el Gobierno en materia de protección de datos personales, seguridad y vigilancia estatal.
Palantir Technologies es uno de los principales proveedores globales de plataformas de análisis de datos para gobiernos. Sus sistemas permiten integrar información proveniente de distintas agencias, cruzar bases de datos y generar análisis predictivo en áreas como seguridad, inteligencia y defensa. Hoy una mega compañía de espionaje que trabaja con la CIA, el FBI y la NSA. Estuvo detrás de los operativos antimigratorios de la ICE. Y también está en Medio Oriente donde colabora con las fuerzas israelíes para identificar objetivos en Gaza.
MC

Una compañía canadiense irrumpió en librerías de todo el mundo comprando miles de ejemplares sin recorrido comercial. Los libreros denuncian que su objetivo es alimentar un algoritmo y deshacerse de los volúmenes.
El primer pedido le pareció normal, el segundo ya lo hizo sospechar. Marçal Font, propietario de la librería de segunda mano Fènix de Badalona, lleva semanas viendo cómo una misteriosa empresa canadiense le compra libros extraños: principalmente ejemplares en catalán que llevan años en su almacén, todos de no ficción y sin apenas salida comercial.
“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, apuntó este librero, que sospecha que quien hace las compras es un robot.
No es el único al que le ocurrió. Hay una veintena de librerías en España que también han vendido ejemplares a esta compañía desde finales de abril. Algunas incluso recibieron pedidos de más de mil libros, muchos de ellos descatalogados. Lo mismo está ocurriendo en tiendas de Alemania, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia…
Los libros elegidos van desde una edición sobre el mundo de los castellers en Granollers (Barcelona) en los años '70, hasta un manual técnico sobre cómo hacer vino, actas de congresos celebrados hace 50 años o dietarios de la Guerra Civil.
“De media suelen ser libros de unos cinco o diez euros, con poco valor”, apuntó Font, “y muchos son prácticamente imposibles de encontrar”.
El sector está desconcertado. ¿Para quién está comprando esta empresa decenas de miles de libros y los hace mandar a un centro logístico de EE.UU.? ¿Para qué quiere estos ejemplares que llevan años pillando polvo?
Este viernes, otra compañía de Silicon Valley (EE.UU.) vinculada a la IA contactó con una libreria de viejo española, que prefiere no revelar su nombre, y le planteó un un pedido de más de 3.000 libros.
El objetivo, según apuntan diversas fuentes, es entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) antes de destruir estos volúmenes y reciclar su papel.
La apuesta no es nueva. Una investigación de The Washington Post desveló en enero un proyecto secreto de la startup Anthropic, que opera la herramienta de IA Claude, para “escanear y destruir todos los libros del mundo”, según señalaba un informe interno de la compañía.
“No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”, remarcó el documento.
La estrategia se enmarca en la necesidad de seguir alimentando esta tecnología una vez ya nutrida de toda la información disponible en Internet.
“Cuando el conocimiento gratuito se agotó, las empresas corrieron a repositorios piratas de e-books para seguir alimentando sus modelos”, explicó Xavier Vinaixa, experto en IA y una de las personas que tiró del hilo de este caso. “El uso de estos recursos desencadenó demandas millonarias por violación de derechos de autor”, añadió.
Las tecnológicas se enfrentaron entonces, explicó Vinaixa, a lo que se conoce como el “data wall”: sin textos nuevos, inéditos y largos para entrenar el algoritmo, la IA corría el riesgo de sufrir un estancamiento cognitivo y acabar incluso alimentándose de documentos creados por su propia tecnología.
La solución que encontraron estas compañías fue comprar en librerías de segunda mano de todo el mundo, normalmente ejemplares totalmente marginales de no ficción.
Un juez federal de EE.UU. dictaminó que la práctica es legal porque el uso que se hace de los libros es “transformativo”. Es decir, que no sustituye a las obras originales, sino que las emplea para crear algo nuevo: en este caso, un modelo de inteligencia artificial. El magistrado llegó a comparar el entrenamiento del algoritmo con “enseñar a escribir a estudiantes”.
La práctica, sin embargo, genera rechazo en parte del sector porque implica la destrucción física de los ejemplares para optimizar el proceso: cuando los libros llegan a la planta de procesamiento, se les corta el lomo, las páginas se escanean de forma automatizada y, posteriormente, los volúmenes se trituran para convertirlos en pasta de papel.
Los libreros de segunda mano llevan semanas inmersos en una profunda contradicción: por un lado, nunca habían vendido tantos libros. Por otro, tienen serias dudas sobre el destino de estos ejemplares. Hasta el punto de que alertaron al Ministerio de Cultura de lo que está ocurriendo.
“No somos sólo comerciantes sino que tenemos funciones de preservación, conservación y restauración del patrimonio bibliográfico”, apuntó Miguel Ángel Ortega, librero y presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo. “Resultaría muy contradictorio que estuviéramos vendiendo libros con la finalidad de destruirlos”.
“Estamos ante una forma de expolio literario”, opinó Font, el librero de Badalona, que mientras habla con este periódico recibió otro pedido de la empresa canadiense. “Estamos viendo el tsunami que viene, creo que las instituciones deben intervenir”.
Font explicó que con estas prácticas no se perderá, por ejemplo, lo que publicó Mercè Rodoreda. “Lo que está en riesgo es el libro que explica qué hizo Rodoreda el día que fue a algún lugar”, precisó. “De lo que se alimenta esta IA es de esta literatura secundaria”.
En foros especializados de todo el mundo hay cientos de mensajes de libreros asustados ante un aumento inusual de los pedidos. Los mensajes en Reddit, de libreros americanos, empezaron en enero. Al principal foro de Alemania las dudas llegaron a finales de abril.
“Ayer recibí un pedido (un libro). Lo envié. Durante la noche, recibí diez pedidos distintos, cada uno de un libro, algunos de los cuales eran consecutivos y estaban relacionados temáticamente”, escribió un librero alemán en un foro especializado.
Las primeras publicaciones versaban sobre si las compras podían ser un engaño. Pasadas unas semanas y tras constatar que el dinero llegaba a los vendedores, el debate se centró en quién está comprando miles de volúmenes sin recorrido comercial y por qué lo hace de una manera tan extraña: de manera escalonada y con costes de envío que en ocasiones triplican el precio de un ejemplar.
“Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre”, alertó Ortega, que definió como “perversa” la situación a la que se enfrentan. “Te entran escalofríos si te hacen un gran pedido y no sabes qué ocurrirá con los libros”.
Carlos Hernández, propietario de la librería de viejo Mautalos en Madrid, vendió a esta empresa unos 200 libros en el último mes y no es tan pesimista. “Mucha parte de nuestro stock son libros que la gente quiere tirar”, explicó por teléfono. “Incluso muchos de los que vendo los recoge gente en los contenedores”.
Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre
La empresa que está adquiriendo de forma masiva estos libros, Zoom Books, tampoco explica abiertamente cuál es el destino final de estos ejemplares que, en muchos casos, carecen de salida comercial.
Formalmente, Zoom Books se dedica al reciclaje y la compraventa de libros, pero la empresa tenía hasta cinco publicaciones en su web sobre comprar ejemplares de segunda mano para alimentar algoritmos de IA y después destruirlos. Los posts también recordaban que a través de su plataforma se cumplían los requisitos legales para hacerlo.
Ninguna de estas publicaciones está ya disponible en la web de Zoom Books, pero esta redacción pudo acceder a su contenido tras introducir las direcciones en tres modelos de IA —Gemini, ChatGPT y Claude: todos coinciden a la hora de describir el contenido eliminado.
“Zoom Books es una librería de segunda mano; compramos excedentes y existencias usadas y las revendemos”, explicó la empresa en un comunicado remitido a elDiario.es, en el que niega colaborar directamente con Anthropic.
Este periódico preguntó a la compañía si podía confirmar que sus libros no se destruían o se utilizaban para entrenar modelos de IA. También preguntó por las publicaciones eliminadas de la web en las que defendían estas prácticas.
“No hacemos comentarios sobre nuestros clientes ni sobre nuestros acuerdos comerciales, que están sujetos a acuerdos de confidencialidad”, se limitó a responder la compañía.